La cuestión de las salidas de Llorente y Javi Martínez pudo tener su influencia en la primera media hora del partido contra el Betis. El equipo se encontraba con su público por primera vez después de todo el lío y saltó al campo con cara de preocupación y ansiedad. Se le pasó en media hora y después rindió más o menos conforme a lo que se esperaba de él. En el Manzanares no había motivo para seguir guardando las ausencias, que decían las novias antiguas cuando su amado se embarcaba para meses. El Athletic ya había superado el primer trago, se había dado un homenaje ante aquellos finlandeses y el partido pintaba de otra forma, difícil, como siempre en el Manzanares, pero nada que no fuera normal.
Sin embargo, la catástrofe fue aún mayor que el día del Betis; en el marcador y sobre el césped. Es demasiado simplista achacar la debacle solo a un estado mental.
Hubo paralelismos entre ambos partidos. Por ejemplo, una salida aseadita acabó arruinada por un error individual que a su vez hundió en la miseria al equivocado. Ante el Betis la absurda pérdida de balón de Iturraspe que provocó el primer gol llevó al centrocampista a la caseta después de completar los peores veinte minutos de su vida. Frente al Atlético, después de casi veinte minutos de estar en el campo con cierto decoro, un error de marcaje de San José imperdonable hasta para un infantil, provocó el primer gol, y llevó al central a una pérdida de confianza que le dejó en el vestuario en el descanso.
En estos tiempos de estadísticas y datos se comentan mucho los nueve goles que ha encajado el Athletic en estos dos partidos. La cifra, que dice mucho, diría más si se acompañara del consiguiente análisis. El Athletic está jugando con tan solo uno de sus titulares del año pasado en la defensa: Iraola. Faltan Amorebieta, Javi Martínez y Aurtenetxe. Les sustituyen Gurpegui, un centrocampista reconvertido tras todo un año parado por lesión; San José, un jugador que desde que regresó del Liverpool nunca ha tenido continuidad y que llegó a asomarse a las alineaciones gracias a una plaga de lesiones de compañeros, e Iñigo Pérez, un lateral improvisado al que le faltan muchas cosas para rendir en ese puesto. Las únicas alternativas a mano para el técnico son Ekiza, cuya hoja de servicios se limita a cuarenta y dos partidos en dos años en Primera División, o recurrir al Bilbao Athletic.
Faltan pues los dos centrales titulares: uno porque se quiere ir y el otro porque prefirió jugar en mayo con Venezuela a pesar de estar arrastrando un serio problema de pubis y postponer su intervención quirúrgica para después del verano perdiendo un mes precioso de recuperación.
También se puede recordar el largo y cálido verano cuando se echa un vistazo al centro del campo y se observa su composición y rendimiento ante el Atlético de Madrid. Muniain en el banquillo, renqueante después de su participación en los JJOO y la alteración de su tiempo de descanso natural; Herrera deambulando por el campo, los días pares con pubalgia; los impares, al cien por cien, sin mantener un ritmo y un calendario normal de entrenamientos. Prefirió ir a Londres, a jugar "al menos tres minutos", con la complicidad de un seleccionador irresponsable. De su juego depende mucho el desarrollo del ataque del Athletic. Si no funciona, la conexión con Susaeta o De Marcos se desactiva. Y Herrera no está funcionando. El Athletic apenas consiguió llevar el balón más allá del círculo central durante buena parte del encuentro.
Para terminar de analizar el equipo que cayó con estrépito ante el Atlético de Madrid, se puede añadir otro dato, aunque éste tenga una interpretación positiva a medio y largo plazo: uno de los tituales que aguantaron todo el partido, Ismael López, estaba jugando con el Lugo en Segunda B hace cuatro meses. Se supone que nadie le exigirá ahora responsabilidades o le achacará que no tomara el liderazgo en los peores momentos. Compañeros más veteranos sucumbieron en el desastre general.
¡Claro que el equipo está sufriendo lo ocurrido durante el verano!, pero es que durante el verano han ocurrido muchas cosas, no solo las que más se comentan en bares y tertulias. El Athletic como colectivo está sufriendo las consecuencias de actitudes y errores individuales que se han producido fuera y dentro del campo. Y lo malo es que lo que ha ocurrido fuera de los terrenos de juego tiene ahora una solución bastante más complicada que los fallos puntuales que se pueden producir en un partido.
El equipo causó una impresión penosa en el Manzanares pero tampoco ninguna de las circunstancias del partido le favoreció lo más mínimo. Error grave en el primer gol, fuera de juego no señalado en el segundo; posible penalti a Herrera no visto; penalti en contra cuando el grupo empezaba a respirar con los cambios...Exhibición de Falcao marcado, es un decir, primero por San José y después por ¡Iturraspe!.
Fue un desastre colectivo que se gestó a partir de una cadena de errores individuales que abarcó un amplísimo catálogo. El Athletic es ahora mismo una construcción de palillos que se derrumba con el mínimo contacto. Los dirigidos por Simeone les dieron una paliza por actitud, por ganar todos los choques, por correr más, por estar más concentrados... por circunstancias en las que no puede fallar ni el peor Athletic. Pero estas cosas suelen suceder y generalmente suelen tener una explicación que tiene más que ver con el fútbol que con la psicología. Si los pilares básicos del equipo no están o están cuarteados, a nadie le puede extrañar que el edificio se derrumbe. Se trata de reconstruirlo cuanto antes con tranquilidad y raciocinio, dos elementos que, por lo que se ve a simple vista, no están abundando últimamente en el entorno rojiblanco.
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