Los 3.000 obstáculos, el 400 vallas, los 100 lisos y ahora...los 60 metros tontos que el nuevo San Mamés aportará al atletismo mundial gracias a la iniciativa del Gobierno vasco. Estamos ante lo que probablemente será una de las mayores estupideces que se van a cometer desde los poderes públicos, un récord de indudable valor teniendo en cuenta lo caro que está batir una marca en esa disciplina de la estupidez pública.
Recapitulemos. Se trataba de que el Gobierno vasco participara en la financiación del nuevo campo del Athletic, algo que ni por asomo entraba en los planes del gabinete de Patxi López, si es que este gabinete tenía algún plan previsto de antemano. La primera reacción, que suele ser la que vale por lo sincera, fue una negativa rotunda a invertir un euro en la infraestructura. Rápidamente, su socio preferente de Gobierno, en boca de Basagoiti, se lanzó en plancha a exigir el compromismo de participación, a lo que el Gobierno contestó a dos voces: en el mismo momento en el que la portavoz mantenía la negativa en rueda de prensa, otro consejero hacía pública la intención del Gobierno de entrar a la financiación con algunas condiciones.
Quiso el destino, la mala suerte, o los proverbiales problemas de comunicación de este Gobierno (entonces todavía no habían reforzado el área con fichajes), que el propio lehendakari López terciara en la discusión, manifestando en público que San Mamés debería acoger otros deportes como el rugby o el atletismo cuando no hubiera fútbol. Loado sea el Altísimo y sea por siempre alabado, porque López pronunció los nombres de estos dos deportes en lugar de esquí alpino y motociclismo, por ejemplo. El caso es que López dijo atletismo y desde aquel mismo momento, la única preocupación de su gobierno fue encajar algo que recordara a ese deporte en la nueva instalación para justificar el desembolso.
El resultado de tantos desvelos ha sido esta, digamos, pista de sesenta metros que irá debajo de una de las tribunas, acompañada por unos fosos de saltos de longitud y de pértiga. Sigamos dando gracias al cielo porque a nadie se le ha ocurrido incluir los lanzamientos de jabalina y martillo, aunque será mejor no dar pistas.
Así están las cosas en este país. Un Gobierno se compromete a invertir 55 millones de euros en una infraestructura deportiva, para justificar su decisión apela al uso público de la instalación y el resultado es una recta de sesenta metros en el sótano de una de las tribunas, que ni siquiera servirá para que los futbolistas la utilicen como zona de calentamiento (como se apresuró a afirmar alguna autoridad ¿competente?) porque se encuentra justo enfrente de la tribuna en la que están previstos los vestuarios.
Pero qué podemos esperar si el lehendakari delegó la fase final de la negociación al consejero de Interior. Eso sí, el marrón de explicar lo inexplicable les correspondió a los señores y la señora de la foto. De izquiera a derecha don Manuel Salinero, secretario general de Lehendakaritza; doña Blanca Urgell, Consejera de Cultura; y don Patxi Mutiloa, director de Deportes. Obsérvese el entusiasmo de quien está en el uso de la palabra y los diferentes semblantes de sus compañeros de mesa: el gesto contrito y la mirada adusta y elusiva de quien trata por todos los medios de que el bochorno no se le note en el rostro, en contraste con la arrebolada y tierna mirada de la que ocupa el centro de la imagen, ante cuyos ojos ya parecen correr como gacelas los futuros campeones mundiales de los 60 metros tontos.
Menéame
GBookmarks: marcar