¿En qué quedamos?. ¿El partido de Liga es tan importante que vamos a ir a por él o la Copa lo condiciona todo?. Es lo que tiene el hacer preguntas de manual: que te encuentras respuestas que siguen fielmente el libro de instrucciones.
La corrección política y la hipocresía impiden preguntar (y responder) en voz alta, la cuestión principal. Cómo plantear el primer partido, el del sábado... pero de verdad. Y el aficionado, que no es de ayer, se pone en la piel de Caparrós y Jiménez y piensa lo que él haría si le dejaran decidir.
Jiménez cuenta con ventaja en esta partida de ajedrez. Juega con blancas, porque tiene la iniciativa que le da el marcador del primer partido, y tiene más piezas que poner sobre el tablero. El Sevilla podría hacer cuatro o cinco cambios entre los dos partidos sin que su estructura se resintiera demasiado. Además, su tercera posición en la Liga, lejos de los dos primeros, pero con bastante ventaja también sobre sus perseguidores, le permite especular con los puntos en juego el sábado sin demasiados agobios.
Caparrós juega con negras. No le queda más remedio que salir a ganar el miércoles, porque sólo la victoria (y ni siquiera todas) le da paso a la final. El técnico cuenta además con muchas menos piezas que su rival y tiene una dependencia absoluta de su 'reina'. Porque todo el juego del Athletic está basado en la 'reina'. Peones, alfiles o torres tienen una importancia secundaria en el tablero. La 'reina' es el eje y todos sabemos quién es esa 'reina'.
A Jiménez le basta con neutralizar la 'reina' del rival, incluso puede permitirse un intercambio de piezas, 'reina' por 'reina', porque el resto de sus piezas blancas están mejor colocadas y tienen un juego más potente que las negras sobre el tablero.
Universalmente aceptada esta premisa, la pregunta es si Caparrós se va a arriesgar a hacer jugar a Llorente el sábado o lo va a guardar para el miércoles a salvo de inoportunas lesiones u otros imponderables. Si por algo se caracteriza el técnico del Athletic es por conocer la cara B del fútbol, esa por la que no se pregunta en público aunque todo el mundo sepa de su existencia.
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