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miércoles, 25 de febrero de 2009

Athletic-Sevilla: ¿rotación, táctica, estrategia o picaresca?

El calendario nos ha colocado en medio de un dilema de difícil resolución, en un nudo gordiano que ni siquiera la espada de Alejandro podría resolver de un tajo. El doble enfrentamiento contra el Sevilla abre una serie de interrogantes que el periodismo plantea con corrección política para que técnico y jugadores respondan echando mano del manual de tópicos. El partido inmediato es el más importante. Sería una locura no ir a ganar el partido de Liga. No podemos desperdiciar los tres puntos... son frases manidas que venimos oyendo a lo largo de la semana pronunciadas por los mismos que han afirmado cosas como, la Copa no se nos quita de la cabeza o está claro que hasta el partido contra el Sevilla vamos a vivir partidos como éste, tal y como dijo Caparrós después del empate contra el Recre.
¿En qué quedamos?. ¿El partido de Liga es tan importante que vamos a ir a por él o la Copa lo condiciona todo?. Es lo que tiene el hacer preguntas de manual: que te encuentras respuestas que siguen fielmente el libro de instrucciones.
La corrección política y la hipocresía impiden preguntar (y responder) en voz alta, la cuestión principal. Cómo plantear el primer partido, el del sábado... pero de verdad. Y el aficionado, que no es de ayer, se pone en la piel de Caparrós y Jiménez y piensa lo que él haría si le dejaran decidir.
Jiménez cuenta con ventaja en esta partida de ajedrez. Juega con blancas, porque tiene la iniciativa que le da el marcador del primer partido, y tiene más piezas que poner sobre el tablero. El Sevilla podría hacer cuatro o cinco cambios entre los dos partidos sin que su estructura se resintiera demasiado. Además, su tercera posición en la Liga, lejos de los dos primeros, pero con bastante ventaja también sobre sus perseguidores, le permite especular con los puntos en juego el sábado sin demasiados agobios.
Caparrós juega con negras. No le queda más remedio que salir a ganar el miércoles, porque sólo la victoria (y ni siquiera todas) le da paso a la final. El técnico cuenta además con muchas menos piezas que su rival y tiene una dependencia absoluta de su 'reina'. Porque todo el juego del Athletic está basado en la 'reina'. Peones, alfiles o torres tienen una importancia secundaria en el tablero. La 'reina' es el eje y todos sabemos quién es esa 'reina'.
A Jiménez le basta con neutralizar la 'reina' del rival, incluso puede permitirse un intercambio de piezas, 'reina' por 'reina', porque el resto de sus piezas blancas están mejor colocadas y tienen un juego más potente que las negras sobre el tablero.
Universalmente aceptada esta premisa, la pregunta es si Caparrós se va a arriesgar a hacer jugar a Llorente el sábado o lo va a guardar para el miércoles a salvo de inoportunas lesiones u otros imponderables. Si por algo se caracteriza el técnico del Athletic es por conocer la cara B del fútbol, esa por la que no se pregunta en público aunque todo el mundo sepa de su existencia.

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jueves, 5 de febrero de 2009

San Mamés decidirá

Antes del partido hubiera firmado perder por 2-1 en Sevilla. Y después del partido...también. Perder por la mínima en el partido de ida de una semifinal de Copa habiendo marcado un gol, no es un mal resultado para el Athletic, ni mucho menos. Es verdad que encajar el tanto de la derrota en la prolongación, deja un poso de decepción, pero a los efectos de la eliminatoria ese gol no es tan trascendente. Es verdad que con el empate a uno, el Athletic estaba virtualmente clasificado y que le bastaba con empatar sin goles en San Mamés, pero creo que el empate a cero es un resultado imposible si sobre el terreno están el Sevilla y el Athletic. Los de Caparrós estaban obligados a marcar al menos un gol en el partido de vuelta, y ahora también lo están. Y si el asunto se analiza desde el punto de vista anímico, tan importante en el fútbol y más en el Athletic, a los leones les viene mejor saltar al césped obligados a ganar, que hacerlo especulando con la posibilidad de que el empate también les vale.
No es éste un equipo que sirva para especular, como se pudo comprobar en el Sánchez Pizjuán. Su apuesta por defender el gol que marcó Llorente al filo del descanso, acabó con el equipo no atrincherado en su área, sino aplastado contra su propia portería, que no es lo mismo. Tanto es así, que los dos goles del Sevilla llegaron en remates prácticamente en el área pequeña, tal fue su presión.
Le vino bien el agua al Athletic durante el primer tiempo, no porque favoreciera su juego, que el fútbol de los Yeste, Orbaiz o Llorente no se parece en nada al que apunta el tópico del balonazo, sino por lo que perjudicó la circulación del Sevilla. Los de Jiménez quedaron frenados en el inmenso charco en el que se convirtió el terreno y la ralentización del juego facilitó las cosas a los de Caparrós, que se limitaron a defender con orden las previsibles acometidas de un Sevilla que no entendió cómo se juega en esas circunstancias.
Cuando Llorente consiguió cumplir el objetivo de marcar al menos un gol en Sevilla, hubo quien ya se vio en la final de Valencia. Craso error. El equipo local demostró durante toda la segunda parte que es un rival temible hasta el último minuto por su capacidad de presionar al rival a lo largo de todo el campo. El Athletic se echó atrás, primero voluntariamente, y después porque no le quedó más remedio, superado como estaba en todas las facetas del juego. Con el césped más seco, el Sevilla pudo hacer su juego y ahí demostró que es superior al Athletic. Así de claro. Hacía tiempo que los de Caparrós no se veían metidos en tantos problemas en un partido y al final lo pagaron con una derrota que puede considerarse un triunfo por su cortedad.
Salir vivos de Sevilla era el objetivo y el Athletic puede darlo por cumplido. Conseguir aplazar la resolución de la eliminatoria para San Mamés ya es un triunfo después de jugar noventa minutos en un escenario tradicionalmente inaccesible y ante un rival con una gama de recursos lo suficientemente variada como para hacer daño a un equipo que lo basa casi todo en una entrega fuera de lo común. Ocurre que el Sevilla también sabe apelar a la heroica pero además tiene calidad. Y es bueno que lo recuerden quienes ya se relamen con el ambiente, la presión, y todas esas cosas que se anuncian para el partido de vuelta. San Mamés decidirá, es obvio, pero que nadie olvide que el Athletic tendrá enfrente un rival con su misma capacidad de combate y un punto más de calidad individual.
Queda un mes para ese partido, una eternidad en el reloj del fútbol. Pueden ocurrir muchas cosas hasta entonces. Desde lesiones hasta cualquiera de las circunstancias que hacen a este deporte imprevisible, aunque menos de lo que pueda parecer a primera vista.
Este mes que queda por delante constituye una magnífica ocasión para comprobar hasta qué punto Caparrós sabe gestionar a su plantilla para navegar sin problemas en la Liga y llegar en el mejor momento de forma al partido más importante que jugará el equipo en mucho tiempo. Al club y a la afición, este mes les servirá para mantener viva la llama de la ilusión, que no es poco. El Athletic salió vivo de Sevilla y, lo que es mejor, se siente vivo, una sensación que tratándose de fútbol, puede llegar a ser determinante.

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