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viernes, 7 de septiembre de 2012

Herrera: un caso delicado que merece una explicación

Ander Herrera ha pasado por el quirófano en Munich. Es el final previsible de una historia que se ha prolongado demasiado en el tiempo y que abre una serie de interrogantes que el club haría bien en responder porque la información es el mejor antídoto contra el rumor.
Los asuntos médicos suelen ser unos de los más delicados en el mundo del fútbol. La baja de un futbolista, por lo que afecta a la inversión económica y al equilibrio deportivo, tiene más trascendencia que la baja laboral de un dependiente de comercio, pongamos por caso y sin ánimo de ofender ni minusvalorar la salud de nadie. El Athletic hizo en su día un importantísimo esfuerzo económico para contratar a Ander Herrera (no deducible, por cierto, del importe del nuevo San Mamés) y el retorno, de momento, no se corresponde con lo invertido. Una lesión de menisco apartó al jugador de los terrenos de juego durante mes y medio y después una pubalgia lastró su rendimiento durante prácticamente el resto de la temporada. Puede calcularse que el Athletic no ha disfrutado todavía de un Herrera en plenitud, más allá de dos meses. Una lesión de menisco es un gaje del oficio; el asunto de la pubalgia es otro cantar.
Los asuntos médicos suelen ser en no pocas ocasiones causa de conflicto en el seno de los equipos. Los profesionales no suelen perder ocasión para recordar que la medicina no es una ciencia exacta y que por lo tanto su trabajo no puede estar sujeto a plazos ni condiciones, ni esperarse de ellos que estén en posesión del don de la infalibilidad. Ocurre que los entrenadores suelen querer saber con cierta antelación con quiénes y con cuántos pueden contar en cada fase de la temporada y no es raro que del choque de los intereses de unos y de otros salte la chispa del conflicto.
Si hablamos de intervenciones quirúrgicas o lesiones más o menos habituales, tanto musculares como óseas, todo el mundo puede acogerse a un protocolo definido por la costumbre que tasa en un tiempo determinado el periodo de recuperación. Pero la pubalgia es el tipo de lesión en la que con más vigor se acogen los galenos al argumento de la inexactitud de la ciencia que practican, no porque desconozcan su origen, sus características y el método para su curación, sino porque se manifiesta por medio de un dolor que como viene se va, que aparece en el momento menos pensado y que desaparece cuando nadie lo espera.
Esta peculiaridad ha favorecido que Herrera se haya pasado meses deshojando la margarita de la intervención quirúrgica. Las molestias y los dolores tienen un componente de subjetividad que hace prácticamente imposible calibrar con certeza hasta dónde alcanza el mal. Si no hay rotura o fractura visible solo el paciente es capaz de establecer dónde se encuentra el umbral de su dolor. Y en este caso parece evidente que Herrera ha tenido una alta capacidad de sufrimiento para estirar su situación hasta alcanzar el objetivo que perseguía, que no era otro que su participación en los Juegos Olímpicos. De no mediar su convocatoria para esta cita, lo lógico hubiera sido que tras aguantar la competición con su club, pasara por el quirófano al día siguiente de disputado el último partido.
A falta de una información más detallada, da la impresión de que en este caso el jugador ha antepuesto sus intereses a los del club y éste ha pecado de indecisión o de falta de autoridad para imponer una determinación que suponía la ausencia de Herrera de los Juegos. El criterio del servicio médico del Athletic está directamente aludido, pero también las instancias superiores de la institución.
El asunto salpica también a la Federación Española, a su seleccionador y a su servicio médico. Y no pueden apelar al desconocimiento porque fue el propio Milla, a la sazón seleccionador, quien no tuvo empacho en confesar que llevó al jugador a sabiendas de sus problemas físicos. De hecho no contó con él como titular en ningún partido y el propio Herrera se refirió a una especie de pacto con el técnico según el cual le bastaba con que jugara "tres minutos" en la competición olímpica. Milla hizo una preselección que jugó un par de amistosos antes de anunciar su lista definitiva. Los descartados estaban en plenitud de condiciones y tan ilusionados como Herrera por acudir a una cita como la olímpica.
Es un tema ciertamente delicado en el que es muy arriesgado entrar por la pendiente de los juicios de valor, aunque no faltarán los osados que pontificarán lo suyo.
Lo único que queda claro a simple vista es que el principal perjudicado es el Athletic, que no podrá disponer de sus principales valores los próximos diez o doce partidos. La imagen del jugador también ha quedado dañada desde el punto de vista del seguidor rojiblanco, puesto que la impresión general apunta a que ha antepuesto sus intereses a los del club que le paga. Y aunque las comparaciones sean muy odiosas, nadie duda de que también a Iraola le hubiera gustado ser campeón de Europa; no lo es porque, también víctima de la temida pubalgia, prefirió protegerse y descansar durante el verano.
Los servicios médicos del Athletic, su coordinación con el equipo técnico y la autoridad última del club, quedan también bajo sospecha.
Todo es cuestionable y todo es comprensible. Los Juegos Olímpicos son una cita que un futbolista solo encuentra una vez en su vida y es hasta cierto punto lógico que la ilusión pueda con otras consideraciones. La posibilidad de disputar dos finales y de lucirse en Europa también son motivo suficiente para aguantar el dolor e incluso disimularlo o directamente negarlo en manifestaciones públicas. Todo es humanamente comprensible si se parte de un concepto básico cuando nos referimos a estos niveles en el deporte: la profesionalidad. Cada uno de los implicados en este caso sabrá en su fuero interno si se ha comportado como un profesional. Es una pregunta que se tienen que hacer y responderse ellos mismos. Los católicos le llaman a eso contrición de los pecados y propósito de enmienda; los marxistas, autocrítica. Pueden elegir cualquiera de las dos modalidades. Ambas les vendrán bien para el futuro.
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martes, 28 de agosto de 2012

La suma de errores individuales provoca
el desastre colectivo del Athletic

Se empeñan algunos en pintar al Athletic como un colectivo en estado de shock y en achacar a una parte de lo ocurrido durante este largo y cálido verano todos los males que ha sufrido el equipo en el arranque liguero. Puede tener su influencia, claro, el asunto de las deserciones de dos de los jugadores más importantes y lo complicado que está siendo el desarrollo de este tema, pero da la impresión de que son otras de las cosas que han ocurrido este verano las que están haciendo mucho más daño al Athletic.
La cuestión de las salidas de Llorente y Javi Martínez pudo tener su influencia en la primera media hora del partido contra el Betis. El equipo se encontraba con su público por primera vez después de todo el lío y saltó al campo con cara de preocupación y ansiedad. Se le pasó en media hora y después rindió más o menos conforme a lo que se esperaba de él. En el Manzanares no había motivo para seguir guardando las ausencias, que decían las novias antiguas cuando su amado se embarcaba para meses. El Athletic ya había superado el primer trago, se había dado un homenaje ante aquellos finlandeses y el partido pintaba de otra forma, difícil, como siempre en el Manzanares, pero nada que no fuera normal.
Sin embargo, la catástrofe fue aún mayor que el día del Betis; en el marcador y sobre el césped. Es demasiado simplista achacar la debacle solo a un estado mental.
Hubo paralelismos entre ambos partidos. Por ejemplo, una salida aseadita acabó arruinada por un error individual que a su vez hundió en la miseria al equivocado. Ante el Betis la absurda pérdida de balón de Iturraspe que provocó el primer gol llevó al centrocampista a la caseta después de completar los peores veinte minutos de su vida. Frente al Atlético, después de casi veinte minutos de estar en el campo con cierto decoro, un error de marcaje de San José imperdonable hasta para un infantil, provocó el primer gol, y llevó al central a una pérdida de confianza que le dejó en el vestuario en el descanso.
En estos tiempos de estadísticas y datos se comentan mucho los nueve goles que ha encajado el Athletic en estos dos partidos. La cifra, que dice mucho, diría más si se acompañara del consiguiente análisis. El Athletic está jugando con tan solo uno de sus titulares del año pasado en la defensa: Iraola. Faltan Amorebieta, Javi Martínez y Aurtenetxe. Les sustituyen Gurpegui, un centrocampista reconvertido tras todo un año parado por lesión; San José, un jugador que desde que regresó del Liverpool nunca ha tenido continuidad y que llegó a asomarse a las alineaciones gracias a una plaga de lesiones de compañeros, e Iñigo Pérez, un lateral improvisado al que le faltan muchas cosas para rendir en ese puesto. Las únicas alternativas a mano para el técnico son Ekiza, cuya hoja de servicios se limita a cuarenta y dos partidos en dos años en Primera División, o recurrir al Bilbao Athletic.
Faltan pues los dos centrales titulares: uno porque se quiere ir y el otro porque prefirió jugar en mayo con Venezuela a pesar de estar arrastrando un serio problema de pubis y postponer su intervención quirúrgica para después del verano perdiendo un mes precioso de recuperación.
También se puede recordar el largo y cálido verano cuando se echa un vistazo al centro del campo y se observa su composición y rendimiento ante el Atlético de Madrid. Muniain en el banquillo, renqueante después de su participación en los JJOO y la alteración de su tiempo de descanso natural; Herrera deambulando por el campo, los días pares con pubalgia; los impares, al cien por cien, sin mantener un ritmo y un calendario normal de entrenamientos. Prefirió ir a Londres, a jugar "al menos tres minutos", con la complicidad de un seleccionador irresponsable. De su juego depende mucho el desarrollo del ataque del Athletic. Si no funciona, la conexión con Susaeta o De Marcos se desactiva. Y Herrera no está funcionando. El Athletic apenas consiguió llevar el balón más allá del círculo central durante buena parte del encuentro.
Para terminar de analizar el equipo que cayó con estrépito ante el Atlético de Madrid, se puede añadir otro dato, aunque éste tenga una interpretación positiva a medio y largo plazo: uno de los tituales que aguantaron todo el partido, Ismael López, estaba jugando con el Lugo en Segunda B hace cuatro meses. Se supone que nadie le exigirá ahora responsabilidades o le achacará que no tomara el liderazgo en los peores momentos. Compañeros más veteranos sucumbieron en el desastre general.
¡Claro que el equipo está sufriendo lo ocurrido durante el verano!, pero es que durante el verano han ocurrido muchas cosas, no solo las que más se comentan en bares y tertulias. El Athletic como colectivo está sufriendo las consecuencias de actitudes y errores individuales que se han producido fuera y dentro del campo. Y lo malo es que lo que ha ocurrido fuera de los terrenos de juego tiene ahora una solución bastante más complicada que los fallos puntuales que se pueden producir en un partido.
El equipo causó una impresión penosa en el Manzanares pero tampoco ninguna de las circunstancias del partido le favoreció lo más mínimo. Error grave en el primer gol, fuera de juego no señalado en el segundo; posible penalti a Herrera no visto; penalti en contra cuando el grupo empezaba a respirar con los cambios...Exhibición de Falcao marcado, es un decir, primero por San José y después por ¡Iturraspe!.
Fue un desastre colectivo que se gestó a partir de una cadena de errores individuales que abarcó un amplísimo catálogo. El Athletic es ahora mismo una construcción de palillos que se derrumba con el mínimo contacto. Los dirigidos por Simeone les dieron una paliza por actitud, por ganar todos los choques, por correr más, por estar más concentrados... por circunstancias en las que no puede fallar ni el peor Athletic. Pero estas cosas suelen suceder y generalmente suelen tener una explicación que tiene más que ver con el fútbol que con la psicología. Si los pilares básicos del equipo no están o están cuarteados, a nadie le puede extrañar que el edificio se derrumbe. Se trata de reconstruirlo cuanto antes con tranquilidad y raciocinio, dos elementos que, por lo que se ve a simple vista, no están abundando últimamente en el entorno rojiblanco.
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lunes, 20 de agosto de 2012

Mensaje de esperanza desde el caos

Seis remates a puerta, cinco goles. Un balón perdido absurdamente en una zona comprometida; una contra que remata un rival libre de marca entre tres rojiblancos dentro del área; un mal centro que se convierte en un lujo tras tocar en un defensa; un despeje a los pies del rival más desmarcado dentro del área grande mientras toda la defensa hace la línea en el área pequeña; un defensa se descuelga rompiendo un fuera de juego que debía ser de libro. Así llegaron los cinco goles del Betis al Athletic ayer en San Mamés: errores propios, montones de errores propios; ni pizca de suerte en los rebotes; una sensación generalizada de caos. Y a todo esto, el portero, fusilado en cuatro de los cinco remates, bien es cierto, tirándose siempre al lado contrario a por donde entró el balón. Pero esa, la del portero, me temo que será otra historia este año.
Menos mal que Ander Herrera nos informó la semana pasada que se encuentra al cien por cien. Si no nos lo llega a decir no nos hubieramos dado cuenta. Porque contra el Betis lo disimuló muchísimo. Lento, sin pase ni desborde, ciego a la hora de buscar al compañero...un desastre. Lo mismo que Iturraspe, agravada su actuación por el error que costó el primer gol a los seis minutos. Se hundió con todo el equipo el centrocampista de Abadiño, y nunca mejor empleada la frase. Bielsa lo tuvo que retirar del campo a los 23 minutos después de comprobar que Ander no estaba dando una a derechas. A derechas, ni a izquierdas. Pocas veces se ha visto en San Mamés a un jugador tan patéticamente perdido.
Con Iturraspe y Herrera apagados o fuera de servicio, el Athletic fue incapaz de superar la presión adelantada del Betis, que buscó las cosquillas del rival en su propia área. No había manera de que el Athletic sacara el balón jugado desde atrás, y las constantes pérdidas en el centro del campo, por culpa la mayoría de las veces por eso que en el tenis llaman errores no forzados, sembró el pánico en una defensa de cartulina en la que solo se alineaba uno de los titulares del año pasado.
Al Betis le entró todo, pero es que es muy difícil que no te entre cuando tiras tan a placer. Sin un dique de contención por delante, Gurpegui y San José sufrieron lo que no está en los escritos, siempre en desventaja ante los atacantes rivales, pero también muy lentos y desubicados en acciones que un central debe resolver por sus propios medios. La primera media hora de la Liga en San Mamés fue una pesadilla. Por momentos daba la impresión de que la estatua de Don Diego plantada en el punto de penalty hubiera supuesto un mayor obstáculo para los béticos.
Los entrenadores tienen cosas incomprensibles. Bielsa, también. Debe de ser por aquello que decía un antiguo miembro del Athletic cargado de ironía. Los entrenadores despachan directamente con Dios después de desayunar. Y en esas charlas descubren cosas del fútbol inaccesibles para el resto de los mortales aficionados. Esa debe de ser una de las razones por las que el técnico de Rosario sigue insistiendo con Iñigo Pérez en el lateral izquierdo; o por lo que eligió empezar el partido con Toquero en el eje del ataque dejando a Aduriz en el banquillo. Le preguntas a un turista japonés que ayer se hacía fotos con Marijaia y te dirá: Toquero es muy bueno levantando balones desde la banda, pero como nueve no funciona. Bueno, pues Toquero otra vez como nueve hundiéndose con todo el equipo, como Iturraspe.
Bielsa rectificó pronto, pero ya era tarde. La entrada de Ruiz de Galarreta por Iturraspe llevó a Iñigo Pérez al eje del centro del campo y a De Marcos al lateral. En el descanso Herrera y Toquero se quedaron en la caseta y entraron Ibai Gómez y Aduriz. Fue otra cosa, digamos que más canónica, y el partido cambió como de la noche al día. Un pase sutil de Aduriz preludió el primer gol de De Marcos y después un San José imperial cabeceó dos corners a la red remontando un partido que hacía tiempo que se daba por perdido.
Fue esta reacción del Athletic una de las señales positivas que se pudieron percibir en San Mamés. Este equipo tiene alma; coraje suficiente para sobreponerse a la adversidad y calidad y recursos como para competir a un nivel muy alto. Si la primera media hora del partido fue un caos, la primera media hora de la segunda parte nos devolvió a un Athletic capaz de trenzar juego, de buscar las bandas, de hacer daño con muy poquito, como recordábamos haberlo visto el año pasado. Sin Amorebieta, Aurtenetxe, Muniain y la pareja de dos en el campo, no está nada mal el rendimiento que ofreció el equipo durante bastantes minutos.
Otro mensaje para la esperanza, quizá el mejor y más importante, lo emitió la grada. El público de San Mamés volvió a estar en su sitio dando una lección de comportamiento, responsabilidad y apoyo a los colores. Recibió al equipo con una ovación que sonó más fuerte y cariñosa de lo habitual. Sostuvo a los jugadores y les animó sin un solo reproche mientras contemplaba la debacle; vibró y disfrutó con la remontada; asumió con resignación el chasco final y despidió a los suyos con unos aplausos reconfortantes de verdad. Nadie aludió a los ausentes. La grada emitió un mensaje muy claro al césped. Vosotros sois nuestro equipo y vamos a estar con vosotros por encima de todo. La ovación que se llevó el desolado Iturraspe cuando fue sustituído en el minuto 23 solo se puede escuchar en San Mamés.
Hubo un mensaje de esperanza en medio del caos. Las gentes rojiblancas llegaron al campo hartas de un verano inaudito, hasta las narices de estar en boca de todos y de no ganar para sustos y disgustos. San Mamés sonó como un ¡ya está bien!, una catarsis colectiva que se hubiera consumado de culminar el Athletic su remontada. No pudo ser porque este equipo tiene una descomunal vía de agua, capaz de hundir un trasatlántico. Ningún equipo que se tenga por serio puede conceder cinco goles en su campo. Problemas como la pérdida de balones en zonas comprometidas, que se suponían superados el año pasado, volvieron a aparecer con toda su crudeza. El eje de la defensa es una zona demasiado comprometida como para improvisar una solución de la noche a la mañana pero, de momento, no hay otra que aguantar con lo que queda disponible.
Volviendo a los aspectos positivos, no está nada mal que el equipo sea capaz de marcar tres goles, mucho más en unas circunstancias como las de ayer. Ruiz de Galarreta sigue apuntando muy buenas maneras, De Marcos vuelve a aparecer, Aduriz ha regresado con mucha hambre, Susaeta no ha perdido brillo... Hay razones para la esperanza aunque pueda sonar raro decirlo después de lo del domingo.
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miércoles, 1 de agosto de 2012

La profesionalidad mal entendida

Mal asunto éste de Herrera. Malo para el jugador y malo para el Athletic. Si se le añade que Amorebieta protagoniza un caso similar, matices al margen, el tema puede provocar un incendio de proporciones importantes, si no lo ha provocado ya. Los asuntos médicos suelen ser unos de los más delicados en el siempre frágil equilibrio del complejo vestuario de un equipo profesional. La medicina no es matemática, suelen repetir los galenos, y es verdad; pero cuando se maneja material tan sensible el margen de error se estrecha tanto que desaparece. Los entrenadores quieren a sus jugadores en perfectas condiciones y si no lo están quieren saber cuándo lo estarán con la mayor precisión posible. El margen de error del que disponen los técnicos también es mínimo, no les permiten muchas derrotas precisamente, de ahí su exigencia. No se sabe lo que opina Bielsa de quedarse de golpe con dos jugadores menos, si se confirman las peores expectativas en el caso de Herrera, pero seguro que no será nada bueno. Mal asunto.
La osteopatía de pubis es una de las lesiones más temidas por los futbolistas y por quienes cuidan de su salud, no porque sea una lesión de especial gravedad, de esas que dejan fuera de circulación al jugador durante toda una temporada, sino por sus características, tan dispares que impiden un pronóstico certero y complican la decisión sobre su tratamiento. Se trata de una dolencia que en términos populares puede definirse como latosa. Va y viene, los síntomas se agravan o desaparecen y nunca se acaba de saber muy bien el porqué. A veces el descanso es suficiente, en otras el mero hecho de parar la actividad no hace más que agravar la dolencia; los tratamientos conservadores funcionan... o no; el paso por el quirófano no está exento de efectos secundarios que se producen a veces sí, a veces, no. La pubalgia no es una lesión invalidante. El futbolista puede seguir jugando en función de su umbral de resistencia al dolor y de las ayudas farmacológicas que pueda recibir para sobrellevarlo. Muchas veces la decisión final es suya y solo suya, aunque en no pocas ocasiones es el responsable técnico quien decide acabar con la incertidumbre de la duda perpetua y manda cortar por lo sano. Hay casuistica de sobra en ambos sentidos.
Fernando Amorebieta ha sido operado recientemente por la doctora Ulrike Muschaweck. El central acabó la pasada temporada con problemas de pubis, pero eso no le impidió acudir a la convocatoria con Venezuela, con la que jugó en Montevideo el 2 de julio, aunque ya no pudo hacerlo en Chile diez días más tarde. Amorebieta disfrutó de sus vacaciones y regresó a la actividad como todos sus compañeros el 2 de julio. Lo de que regresó a la actividad es una manera de hablar; no pudo completar ningún entrenamiento y acabó en el quirófano. La lectura más simplista anima a calcular que se ha perdido un mes, un tiempo precioso que significa la diferencia entre estar prácticamente disponible para los primeros compromisos del curso, a estar fuera de combate en el tramo inicial. Pero la medicina no es una ciencia exacta, no lo olvidemos.
Menos comprensible es el caso de Ander Herrera. No es ningún secreto que a lo largo de toda la temporada pasada, el centrocampista solo ha rendido en plenitud de condiciones en ocasiones contadas. Llamado a ser titular indiscutible y una de las piezas básicas en el esquema de Bielsa, el técnico tuvo que cuidarlo con mimo, dosificándole los minutos precisamante en atención a los problemas de pubis que estuvo arrastrando todo el año. La lógica de los legos en la materia médica anunciaba una intervención quirúrgica nada más concluir la competición el 25 de mayo o, en su defecto, unas largas y descansadas vacaciones dedicadas al tratamiento de la lesión. Pero no sucedió ni una cosa ni otra. Herrera no renunció a participar en los Juegos Olímpicos y pactó con Milla aunque solo fuera poder jugar tres minutos, según confesión propia. Se deduce por lo tanto que el jugador sabía que no estaba en condiciones, que el seleccionador también lo sabía y que obviamente Federación y Athletic también estaban al cabo de la calle. Y sin embargo, Herrera entró en la vorágine de una competición en pleno verano. Las consecuencias de su decisión están por ver pero las puede adivinar cualquier observador, entre otras razones porque el propio jugador ha confesado en público cuál es su estado físico real.
Es comprensible que un futbolista joven quiera disfrutar de la participación en unos Juegos Olímpicos porque oportunidades como esa solo se producen una vez en la vida, pero su decisión tiene una muy difícil defensa desde el punto de vista profesional. La profesionalidad implica múltiples aspectos que van mucho más allá del mero hecho de cobrar puntualmente por la actividad que se realiza, en este caso jugar al fútbol. La profesionalidad implica también renuncia a muchas cosas, y no solo al ocio o a la vida alegre propia de la juventud. Estar en unos Juegos Olímpicos es muy bonito pero siempre y cuando el enriquecimiento personal no implique un daño importante a la entidad con la que está comprometido el profesional, y en este caso el daño puede ser mayúsculo. Claro que la duda sobre la profesionalidad se puede extender aquí al seleccionador que llama a un jugador tan consciente de sus limitaciones que se conforma con jugar solo "tres minutos". ¿Qué tiene que pensar el siguiente de la lista que estaba en perfectas condiciones y se ha quedado en casa?. Y qué tiene que pensar una Federación que se supone que quiere contar con el mejor equipo posible en una cita olímpica y ve que uno de sus presuntos titulares se queda en el banquillo en el primer partido porque no está en condiciones de competir. Y ¿qué tiene que decir a todo esto el club de origen del jugador, obligado a cederlo a sabiendas de las circunstancias?.
También Andoni Iraola estaba ante una oportunidad única en su carrera de acudir a una Eurocopa. Futbolista veterano ya, a Iraola sí que le quedan pocas ocasiones para alcanzar una cumbre profesional de semejante calibre y, sin embargo, renunció consciente de que su pubis no estaba en condiciones de afrontar el reto.
No se trata de hacer un ejercicio de maniqueísmo ni de confrontar a presuntos buenos con presuntos malos. Se trata de que cada uno extraiga las conclusiones pertinentes para intentar evitar una repetición en el futuro. El viejo enfrentamiento entre los intereses de la Federación y de los clubes está viviendo aquí un capítulo especialmente intenso. El Athletic está resultando muy seriamente perjudicado sin que ni siquiera le quede el derecho a la protesta. Resignación cristiana. El club se juega mañana buena parte de su futuro esta temporada con un equipo cogido con alfileres en el que faltarán cuatro titulares indiscutibles y un quinto estará obligado a intervenir sin apenas entrenamiento con la merma de rendimiento y el riesgo físico añadido que ello supone. La profesionalidad también atañe a quienes organizan todo esto, porque ellos también cobran, se supone que para pensar.
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martes, 3 de julio de 2012

El Athletic aporta cuatro jugadores
a la selección olímpica

Javi Martínez, Muniain, Herrera y San José han sido finalmente los cuatro jugadores del Athletic preseleccionados por Milla para el equipo olímpico. El equipo rojiblanco se convierte así en el más damnificado por al cita de Londres, no solo por el número de convocados, sino porque no podrá contar con ellos en la fase previa de la UEL. El Barcelona, también con cuatro convocados, tiene menos razones para quejarse puesto que Montoya, Thiago Alcántara y Cristian Tello interpretan un papel muy secundario en el equipo que dirigirá Tito Vilanova. El recién fichado Jordi Alba también está en la lista de Milla doblando, como Javi Martínez, presencia en las selecciones absoluta y olímpica. Mata, del Chelsea, es el tercer internacional absoluto que acude a ambas selecciones. El equipo londinense aporta también a Oriol Romeu (ex de la Masía), lo que le convierte en cuarto club en cuanto a número de representantes. El Atlético de Madrid, con Koke, Joel y Adrián, es el tercero con más jugadores tras el Athletic y el Barcelona, aunque solo Adrián puede considerarse un fijo en el primer equipo colchonero.
La selección olímpica es una sub-21 que sirve de termómetro para tomar la temperatura al penúltimo nivel del fútbol estatal. Observamos a jugadores que están dejando atrás la etiqueta de promesas y ya se están convirtiendo en realidades. La lista de Milla permite contrastar el trabajo de cantera de los clubes de élite, y una lectura somera pone al descubierto aspectos interesantes.
Llama la atención, por ejemplo, que el Real Madrid no tenga un solo jugador en esta selección. Se entendería como algo lógico teniendo en cuenta la composición de la plantilla de su primer equipo, pero es que el filial blanco acaba de ascender a Segunda División tras una temporada que cabe calificar de brillante, en la que han destacado varios de sus jugadores, aunque se ve que ninguno ha llamado la atención del seleccionador. No obstante, conviene recordar que Juan Mata, ahora en el Chelsea y antes en el Valencia, se formó en la Ciudad Deportiva del Madrid, a la que llegó a los quince años procedente del Oviedo
El Sevilla, de cuyo fútbol base se han cantado tantas alabanzas en las últimas temporadas, tampoco tiene representación, y el Villarreal, encumbrado también por su inversión en la cantera, aporta solo a Diego Mariño.
Tres clásicos del fútbol base sobre cuyo trabajo no cabe oponer duda alguna porque está suficientemente contrastado a lo largo de muchos años, aportan un jugador cada uno: Iñigo Martínez, la Real; Botía, el Sporting y Alvaro Vázquez, el Espanyol. En esta relación habría que incluir al Valencia, que acaba de traspasar al ya citado Jordi Alba; a Osasuna por la presencia de Azpilikueta, un producto de Tajonar, ahora en el Olympique de Marsella, y Javi Martínez; y al Zaragoza, en cuyas filas se formó el ahora rojiblanco Ander Herrera.
No es el único que procede de otras Ligas. Además de los dos del Chelsea antes citados, en la lista aparecen De Gea, del Manchester United (antes del Atlético de Madrid), Alvaro Domínguez (otro excolchonero), del Borussia Moenchengladbag, y Rodrigo Moreno (brasileño nacionalizado español), del Benfica al que llegó procedente del Real Madrid B en la operación del fichaje de Coentrao.
La presencia de jugadores jóvenes en equipos de otras ligas es signo de los nuevos tiempos en los que la movilidad de los futbolistas alcanza extremos inimaginables hace apenas una década.
En lo que al Athletic se refiere, no cabe ninguna duda de que la disputa de los Juegos Olímpicos es un contratiempo importante para los planes de Bielsa, que se verá privado de tres de sus titulares indiscutibles en las trascendentales eliminatorias previas de agosto, además de ver alterada en cierta medida la planificación de la pretemporada de estos jugadores, alteración que en el caso de Javi Martínez adquiere unas proporciones ciertamente desmesuradas por su doblete internacional. Aunque es cierto que tanto en la selección como en su club están obligados a competir en agosto, no es lo mismo competir en unos Juegos, donde de espera que alcancen un nivel máximo, que én unas previas, donde si bien la exigencia es importante, se puede matizar de alguna manera, sobre todo si acompaña la fortuna en los sorteos.
Es comprensible que al aficionado le siente mal este contratiempo y que no falten quienes censuren a Javi Martínez su paso al frente cuando le inquirieron por sus planes para el verano, pero no es menos entendible que los futbolistas se muestren entusiasmados por acudir a una cita tan especial como lo son unos Juegos Olímpicos. Acumular experiencia internacional y partidos decisivos tampoco les vendrá mal a unos jugadores que hace dos meses evidenciaron su falta de costumbre de afrontar retos que no conceden el mínimo margen de error.
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viernes, 1 de junio de 2012

Balance de un año para el recuerdo (III)

La sala de máquinas del Athletic, la gran aportación de Bielsa

El fútbol se gesta en el centro del campo. La identidad de un equipo se labra en esa amplia zona donde concurren las dos facetas de este deporte: la recuperación del balón y la creación del juego. Es necesario disponer de la herramienta para ponerse a trabajar y la herramienta del futbolista es el balón. Hay quien renuncia y prefiere construir su juego basándose en la sorpresa, en la prestidigitación del mago que muestra sus manos vacías solo un instante antes de desplegar una baraja de naipes o hacer volar a una paloma. Son los magos del contrataque, los que de la nada fabrican una ocasión de gol. No es ese el estilo de Bielsa. Prefiere manejar la herramienta, disponer del balón para crear moviéndolo de aquí para allá, buscando el camino más corto hacia la portería contraria que, como se sabe y al contrario de lo que dicta la geometría tradicional, en el fútbol no es la línea recta. Eso sí, a Bielsa le corre prisa tener el balón y por eso manda a sus hombres a buscarlo alli donde esté con espíritu depredador. Si cuando se trata de proteger la portería al técnico no le importa retrasar su línea defensiva hasta el área pequeña (sobran los dedos de una mano para contar los fueras de juego que provoca la defensa rojiblanca en un partido), cuando toca recuperar, quiere hacerlo muy adelante, cerca de la meta contraria, para que así el camino hasta el gol sea lo más corto posible. La presión adelantada refleja la imagen de un equipo ambicioso hasta la ansiedad; el trabajo desplegado para recuperar el balón en territorio enemigo denota valentía y confianza en las propias fuerzas. Pero hay que hacerlo muy bien para que no se vuelva en contra.
El Athletic tuvo serios problemas para ejecutar la idea de su entrenador durante los dos primeros meses de la competición. El equipo y con él su público, vivió en un sobresalto continuo porque cada error suponía una puñalada en la espalda. Robar el balón arriba requiere una numerosa presencia de jugadores en zonas muy alejadas de la portería propia. Si el rival consigue evitar el asedio, y con un solo pase certero puede eliminar a medio Athletic, la consecuencia inmediata es una situación de peligro ante la portería de Iraizoz. Para terminar de complicar más el tema, Bielsa quitó del centro del campo a Javi Martínez, el jugador más capacitado para la recuperación y lo sustituyó por un Iturraspe que nunca ha destacado por ser un futbolista especialmente aguerrido ni sacrificado.
Pero fue precisamente sobre Iturraspe donde Bielsa empezó a construir su Athletic. Del robar y dar de Javi Martínez el Athletic pasó al robar y crear de Iturraspe. El medio centro es un puesto desde el que se dispone de una visión panorámica de juego y esa es una ventaja sustancial para un futbolista con criterio. Iturraspe ha dado este año un curso completo de un fútbol magnífico a partir de la sencillez de su concepción. Como los más grandes, el chaval de Abadiño ha jugado con ese estilo en el que parece que todo es muy fácil. Pases sencillos al compañero que está de cara, balones en ventaja a los laterales o media vuelta y a empezar de nuevo si no aparecen claras las líneas de pase. Tocar y moverse, pasar y apoyar, sin barroquismos, fácil, como quien no quiere la cosa. Así han jugado siempre los cerebros de los equipos más competitivos. Iturraspe ha sido otro de los grandes beneficiados por la llegada de Bielsa. El año pasado llevaba camino de convertirse en esa eterna promesa de Lezama que acaba rumiando su fracaso en el Albacete o en el Salamanca. Un tecniquillo más, un mingrafía de esos que desesperan a los aficionados que piden legionarios con barba de tres días vestidos de futbolistas. Le costó unos cuantos partidos hacerse con los galones, pero la confianza que depositó en él Bielsa, manteniéndole contra viento y marea, acabó por rendir un magnífico dividendo. El Athletic tiene un cerebro privilegiado en su sala de máquinas que juega y hace jugar al equipo exactamente como quiere el entrenador.
Otro de los que le tienen que regalar una placa labrada a Bielsa es Oscar De Marcos. Al igual que Iturraspe, el de Laguardia estaba el año pasado a punto de engrosar la larga lista de debutantes que han acabado desperdigados por la Segunda B. De Marcos añadía a su aspecto de futbolista frío y poco implicado, su condición de fichaje procedente del Alavés, más dinero malgastado en detrimento de la cantera de Lezama y del fútbol de bronce local, bramaba ese sector de la afición con tendencia al fundamentalismo bizkaitarra. De pronto, De Marcos se ha convertido este año a ojos de ese mismo sector no ya en un legionario de barba cerrada, sino en todo un centurión que es capaz de continuar en el campo con un desgarro en los testículos, sin torcer el gesto ni desmayarse ante la visión de semejante espectáculo debajo del pantalón. Se sabía que era poseedor de una técnica más que apreciable y una velocidad competitiva. Lo que nadie sabía, salvo Bielsa, era que De Marcos es una fiera incansable que corre más a medida que pasan los minutos y que disfruta reventando rivales engañados por su aspecto de niño que nunca ha roto un plato. Su impresionante despliegue ha estado detrás de algunos de los mejores partidos que ha jugado el Athletic. Lástima que en el tramo final el chaval haya sucumbido a su condición humana. Aunque durante los meses de invierno pareció una máquina de acero inoxidable, la primavera nos devolvió a un jugador de carne y hueso, agotado después de tanto esfuerzo. En el tramo final el Athletic ha echado mucho en falta su vigor a la hora de presionar y su capacidad de desdoble en los relevos. Su cansancio ha tenido mucho que ver con la flojera general del equipo en los últimos partidos.
Ander Herrera ha aprovechado en muchos encuentros el dinamismo de De Marcos para sacar a relucir el fútbol exquisito por el que fue fichado del Zaragoza. Una lesión en el tramo inicial y una pubialgia que le ha martirizado durante meses nos han dejado un Herrera intermitente. Cuando ha jugado en plenitud de condiciones se ha revelado como un media punta letal, perfectamente conectado con el medio centro y brillante en la distribución en los metros decisivos, además de atrevido en la jugada individual al borde del área. Lo peor de su temporada han sido esos problemas físicos que han minado su juego y muchas veces le han nublado la mente cuando la claridad de ideas es una de sus mejores virtudes. También habría que achacarle cierta inconsciencia para jugar balones complicados en terrenos comprometidos y una tendencia a la filigrana y el taconazo que seguro que corregirá con el tiempo. Con el balón en los pies disfruta como si estuviera jugando a fútbol sala con los amigos, olvidando que en un partido de Primera División ciertas licencias se suelen pagar muy caras.
Estos tres jugadores han sostenido prácticamente el centro del campo  a lo largo de toda la temporada. Iturraspe ha participado en 35 partidos de Liga, cuatro de ellos como suplente, mientras que De Marcos solo ha faltado a cuatro citas siendo titular en las 34 restantes. Herrera, que como ya se ha dicho, ha atravesado problemas físicos, ha sido titular en 25 ocasiones y suplente en 7, pero aunque ha sido el jugador más sustituido, está en el grupo de los diez que han superado los 2.000 minutos de juego. Iñigo Pérez, el suplente más utilizado en el centro del campo, no llega a los mil minutos de juego. Gabilondo y David López han intervenido en 704 y 402 minutos respectivamente.
Es curioso el caso de Iñigo Pérez. Descartado en principio por Bielsa, acabó teniendo una oportunidad y se ganó la confianza del técnico con una gran demostración en el Sánchez Pizjuán, en uno de los partidos cumbre de la temporada. Ha jugado en el medio centro como relevo de Iturraspe, en la media punta en el sitio de Herrera, y en el lateral izquierdo. Ha acreditado lo que ya se sabía de él: buena técnica y buen golpeo a balón parado, pero no ha terminado de confirmar lo que apuntó en aquel partido de Sevilla. La polivalencia juega a su favor, porque el técnico quiere jugadores de ese corte, pero quizá esa misma dispersión le ha impedido afianzarse en un puesto concreto. Ha terminado la temporada y no está claro si Bielsa se equivocó descartándole o acertó recuperándole.
Mucho más claro ha quedado el papel de Gabilondo. Titular en los primeros tiempos, en los que Bielsa apreció su buena técnica y su compromiso cuando el equipo no tiene el balón, desapareció de las alineaciones para volver solo en momentos muy concretos y casi siempre por causa de fuerza mayor. El de Añorga ya se ha despedido del Athletic dejando una hoja de servicios en la que se subraya su profesionalidad tanto en los buenos tiempos como cuando las cosas le han ido peor.
David López ha jugado menos todavía. Su calidad técnica parecía reclamar una presencia más continuada, pero hubiera tenido que brillar muchísimo más en los escasos minutos que le concedió Bielsa para discutir un sitio a los titulares.
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lunes, 21 de mayo de 2012

El Athletic, de nuevo en la cuenta atrás

Empieza la semana de la final de Copa. El Athletic inicia una nueva cuenta atrás en medio de un ambiente bastante menos explosivo que el que vivió las vísperas de su final europea, cuando el magma rojiblanco lo invadió todo. Da la impresión de que la derrota ante el Atlético de Madrid ha enfriado un tanto aquel ambiente tan caldeado que alcanzó el punto de fusión justo a la hora en la que comenzó el partido con las consecuencias ya conocidas por todos. Era importante extraer algunas conclusiones de aquel encuentro, aprovechar alguna lección del fracaso, y parece que al menos una parte de la afición se está tomando las cosas con más calma en esta ocasión, aunque seguro que la cosa irá in crecendo los días que restan hasta el viernes.
Hay, sin embargo, quien no ha entendido gran cosa de todo aquello y anuncia para hoy mismo una reunión para preparar el asunto de la gabarra a la que asistirá tal número de organismos e instituciones que es más práctico decir que el obispado no estará representado. Si el desembarco de Normandía se hubiera organizado en un reunión con tanta asistencia, probablemente a día de hoy estaríamos todos desfilando al paso de la oca.
Los medios de comunicación, por su parte, siguen a lo suyo, con especiales y recordatorios de todo tipo, que irán también a más, tanto en papel como en minutos de radio y de televisión a medida que se acerque el viernes. Eso en cuando a la prensa local. La que se edita en Barcelona lleva también unos cuantos días jugando la final a su manera, como lo ha hecho siempre, es decir, publicando sin pudor alguno cualquier ocurrencia que consideren interesante para incidir en el estado de ánimo del rival de turno. En este caso han optado por dar rienda suelta al tal manido asunto de los traspasos de jugadores. Hay cosas que no cambian con el tiempo y el papelón de algunos medios impresos de la órbita del Barça sigue siendo el de toda al vida.
En Madrid se cumple también el programa anunciado. Ayer hubo concierto en el escenario de la final y habrá que ver cómo estará el césped el viernes.
La entidad del Barcelona colabora, y no poco, en el enfriamiento del entusiasmo general. No hace falta ser un espectador imparcial para otorgar muy pocas posibilidades no ya al Athletic sino a cualquier rival que se enfrente al equipo catalán, así que la perspectiva de una nueva derrota está muy presente en la familia rojiblanca aunque ello no quiera decir que el equipo viaje derrotado de antemano, ni mucho menos. Es fútbol y siempre existe una posibilidad para la sorpresa, por muy remota que parezca o a pesar de lo oculta que esté.
Falta conocer cómo se encuentran de ánimo realmente los protagonistas al margen de cómo se pronuncien ante los medios de comunicación. De momento ya tenemos una diferencia no menor respecto al partido de Bucarest. Entonces Llorene proclamó, "es el partido de nuestra vida"; ahora Herrera acaba de afirmar que se trata del partido de la vida de Bielsa. No es pequeño el matiz si eso significa descarga de tensión del campo hacia el banquillo. Si la afirmación de Herrera representa el sentir general de la plantilla, no es malo que el equipo de haya desprendido de la responsabilidad histórica que supone para la biografía particular de cada jugador el disputar nada menos que el partido de su vida. A la edad que tienen la mayoría de los rojiblancos y con las maneras que apuntan muchos de ellos, es razonable pensar que les quedan por delante unos cuantos partidos de su vida por disputar. El paso del tiempo les permitirá observar las cosas con otra perspectiva y, sobre todo, tomárselas con más calma.
Naturalidad es la palabra, jugar finales y partidos de la vida con la mayor normalidad posible, como si se tratara de una rutina más de la profesión, es privilegio que solo disfrutan los más grandes. El Barcelona, por ejemplo, que solo en los últimos cuatro años ha jugado unos cuantos partidos de estas características. Para el Athletic suponen una excepción y como tal se las toman. Limitar los movimientos de los aficionados que acuden a Lezama o variar el calendario de comparecencias ante los medios de comunicación en los días que restan hasta la final, son medidas excepcionales que alejan al equipo de la normalidad en vísperas de un partido excepcional. Son medidas que no cabe calificar a priori de buenas o malas, porque en realidad responden más a la parte esotérica del fútbol, la que no responde a un discurso racional. Probablemente incidirán tanto en el resultado final como el color que elija el utillero para la ropa interior o el recorrido que haga el autobús camino del estadio, pero son parte inevitable de la liturgia previa a una final.
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domingo, 6 de mayo de 2012

Trámite y emoción en la despedida liguera
del Athletic en San Mamés

Lo mejor del último partido de Liga en San Mamés ocurrió al final, cuando el árbitro pitó por última vez y las emociones se desbordaron; cuando el público puesto en pie dedicó al equipo una ovación interminable que quiso ser al mismo tiempo reconocimiento a una excelente temporada e impulso ante la histórica cita del próximo miércoles en Bucarest. También fue el momento de despedir a dos jugadores de trayectoria corta como rojiblancos pero que, cada uno a su manera, han sabido dejar huella de su paso por el equipo. Gabilondo, 174 partidos en seis temporadas, no tuvo la fortuna de su parte para despedirse con uno de esos golazos que han acabado siendo su seña de identidad como león. Y es que no ha marcado muchos, veinticuatro, pero casi todos han sido de excelente factura cuando no decisivos. Ante el Getafe el público llegó a celebrar la que pudo ser su última diana, pero el balón, repelido por el larguero, rebotó sobre la línea de gol para encontrarse de nuevo con la madera, que acabó devolviéndolo a las manos del portero. Koikili tuvo peor suerte que su compañero, puesto que ni siquiera tuvo la ocasión de despedirse de su público jugando al menos su último minuto. Noventa y ocho partidos le contemplan. Cifra corta que ni siquiera le da derecho a lucir en su solapa la insignia de oro que el club reserva a los centenarios en partidos. Pero Koikili quedará para siempre en la memoria de los aficionados como el futbolista modesto que de pronto llegó desde la Segunda B y consiguió a hacerse con un sitio en la élite; la reivindicación del fútbol de bronce y el espejo en el que se deben mirar los futbolistas jóvenes antes de perder la esperanza de triunfar en la élite.
También Marcelo Bielsa tuvo su sitio de honor en la última noche de la temporada en San Mamés. La grada entonó ese cántico letal que suele ser preludio de despedidas, pero con la letra gozosamente cambiada. "Bielsa quédate", fue el grito coreado por ese orfeón tan bien afinado después tantas actuaciones estelares como ha protagonizado este año. Fue uno de los momentos cumbre de la noche, junto a aquellos en los que la hinchada arrancó con la marcha triunfal de Aida sin necesidad del preludio del gol, solo porque así se lo pedía cuerpo, porque el equipo y el público se merecían una noche festiva y divertida, al margen de lo que estuviera ofreciendo el partido, que era más bien poco, pero era lo que menos importaba la noche del sábado.
Y es que en las tribunas se hablaba de todo menos del partido. Se celebraba la suerte o se lamentaba el infortunio de quien había resultado agraciado en los sorteos de las entradas o no, se ultimaban planes para Bucarest y se intercambiaban consejos y sugerencias. Todo el mundo estaba en otra parte la noche del sábado, incluso los jugadores del Getafe parecían estar más pendientes de organizarse las vacaciones que de amargar la despedida a los leones.
Lo hubieran tenido más sencillo que nunca de habérselo propuesto porque Bielsa, por fin, se tiró de cabeza a este asunto tan debatido de las rotaciones. Solo Aurtenetxe y Herrera comparecieron en el equipo titular, lo que dio pie a más de un comentario. ¿No era Herrera el que venía padeciendo problemas de pubis durante toda la temporada?. Pues el centrocampista fue de los que jugó los noventa minutos.
Después del descanso saltaron al campo Susaeta, Iturraspe e Iraola. Tres titulares habituales que colaboraron a intensificar el asedio sobre la portería del Getafe y a caldear el ánimo de la grada en los últimos cuarenta y cinco minutos de la temporada. Claro que cuando Iraola se acercó a la banda tocándose la ingle, más de uno debió de pensar que la presencia en el campo de tres titulares, cuatro con Herrera, era un riesgo excesivo en vísperas de una cita histórica. Claro que después del año que llevamos, a Bielsa hay que concederle el beneficio de la duda incluso cuando toma decisiones tan excéntricas para el resto de los mortales como esa de incorporar de golpe a tres jugadores que serán decisivos el próximo miércoles.
Poco cabe decir de un partido que el Athletic, a pesar de las ausencias y del ambiente relajado, mereció ganar por juego y por ocasiones y que se le volvió a quedar en un triste empate sin goles por culpa de su penosa puntería y de la falta de claridad en los metros finales o en el pase decisivo. El empate es lo de menos, aunque los puntos perdidos lleven a los rojiblancos a una posición en la clasificación que no es acorde ni con el juego desplegado ni con los méritos contraídos a lo largo de la campaña. No es justo ni estético ver al Athletic a esa altura de la tabla, pero las cosas son como son y no como nos hubiera gustado que fueran.
Poco importa lo que ocurrió ante el Getafe. Fue un simple trámite impuesto por el calendario, un breve e intrascendente paréntesis apenas abierto y cerrado en medio del discurso que el equipo y la afición vienen declamando desde que el Athletic certificó su presencia en la final de Europa League. ¿A quién le interesa Getafe cuando Bucarest ya asoma en el horizonte?. Estamos en la cuenta atrás de una cita con la historia. Tic, tac, el reloj ya desgrana segundo a segundo el tiempo que nos queda antes de abrazarnos con la gloria.
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miércoles, 2 de mayo de 2012

La visita del Real Madrid le pilla
al Athletic pensando en otras cosas

Ni los socios más veteranos recuerdan una visita del Real Madrid a San Mamés más intrascendente que la programada para esta noche. Ninguna de las numerosas circunstancias que suelen rodear a un partido de fútbol, más incluso si se trata de un clásico como éste, colaboran a incrementar el interés del partido. El Real Madrid llega con el título de Liga en el bolsillo y el Athletic piensa más en las dos finales que tiene que disputar que en una competición cuyo premio mayor, la clasificación para la Champions, ya le queda demasiado lejos. Las ausencias forzosas de los sancionados Iturraspe y Herrera y la del lesionado Amorebieta restan al Athletic el suficiente potencial como para acabar de enfriar el poco entusiasmo que puede despertar el partido. La hora tardía, el día entre semana y la televisión en abierto son los últimos añadidos que faltaban para terminar de ahuyentar a la afición.
De lo que pudo haber sido, un choque eléctrico, tremendo por la entidad y la rivalidad de los dos contendientes, a lo que será, un partido con envoltura de clásico pero vacío de contenido. El interés se centra en un aspecto tangencial del choque como es el recibimiento que dispensará San Mamés al Real Madrid y si, de llegar el caso, el Athletic hará pasillo a su rival en su condición de campeón de Liga.
Salvo algún aficionado recién llegado de una remota provincia china que se ha hecho seguidor de la Liga gracias a los partidos que le han televisado a las doce del mediodía, todo el mundo sabe que San Mamés pitará al Real Madrid con bastante más intensidad de lo que es habitual. La afición rojiblanca todavía está sangrando por la herida de la negativa a ceder el Santiago Bernabéu para la final de Copa, lo que ha provocado la frustración de al menos diez millares de rojiblancos. Quien no quiso ser anfitrión no puede aspirar a convertirse en un invitado bienvenido.
En cuanto a la cuestión del pasillo, efectivamente podría darse el caso de que el Real Madrid saltara al césped de San Mamés como campeón. El Barcelona juega dos horas antes y si los blaugranas no ganan al Málaga en el Camp Nou, la aritmética dará el título a los blancos cuando estén en el calentamiento previo al partido.
En ningún artículo del reglamento de competición está escrito que nadie tenga que hacer pasillo al campeón. Se trata de una costumbre arraigada, como tantas otras que abundan en el fútbol. Una cuestión mezcla de educación y fair play. Tampoco en ningún lugar del reglamento está escrito dónde hay que jugar las finales de Copa; pero un vistazo al historial basta para conocer dónde se ha jugado casi siempre, incluso cuando uno de los finalistas era el propietario del campo. Siempre ha sido, además de otras consideraciones, una cuestión de educación y fair play, la que este año, casualidad, le han faltado a alguien al que el fútbol, el fair play y la educación (y diría que hasta el Real Madrid), le importan un pimiento.
La del famoso pasillo es una discusión ociosa si el Barcelona gana su partido, así que no merece la pena incidir en ella aunque se supone que el Athletic tendrá decidida su postura ante la eventualidad de que se plantee la situación. La grandeza de las instituciones se mide en este tipo de escenarios. El presidente del Real Madrid y su troupe de pelotas, correveidiles y paniaguados ya se han encargado de dejar a la institución blanca a la altura del barro con el asunto de la final. Al Athletic no le hace falta abundar en el asunto. Son ellos los que se han retratado. La educación y el fair play no están reñidos con la verdad y el Real Madrid sabe lo que piensa el Athletic al respecto. Si no se tienen noticias de que se haya suspendido la comida entre directivas (otras de las tradiciones no escritas) se supone que la institución rojiblanca actuara con coherencia en todos los ámbitos.
Es una lástima que ante un duelo entre el Athletic y el Real Madrid se esté hablando más de estos asuntos tangenciales que de los aspectos deportivos. Hubiera sido un gran choque éste, de llegar en otro momento. Ahora solo será un partido interesante, como lo son siempre estos encuentros, aunque se den en el contexto de un torneo veraniego. Pero entre lo interesante y lo apasionante hay toda una gama de matices que establecen una diferencia sustancial.
No hay que olvidar que al Athletic le hacen falta los tres puntos porque, como ha subrayado Bielsa, si ya no puede ser cuarto está obligado a luchar por ser quinto. Conseguir ese puesto puede ahorrar muchos problemas a los rojiblancos el próximo mes de agosto. Se trata de evitar las eliminatorias previas de la UEL y eso pasa por ocupar la quinta plaza o ganar alguna de las dos finales que tiene que disputar el equipo. Pero la necesidad de unos puntos que sirvan para organizar mejor el calendario apremia menos que el entusiasmo que ha desatado en el equipo y en todo su entorno la posibilidad de levantar un trofeo. Esas son palabras mayores que sepultan el discurso racional que recuerda que la Liga todavía no ha terminado para el Athletic. Así lo dice el calendario, pero ahora mismo todo el mundo en el Athletic quiere pasar cuanto antes las hojas del almanaque para llegar a lo que verdaderamente interesa.
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viernes, 27 de abril de 2012

Una noche inolvidable

¿Te acuerdas de aquella noche que eliminamos al Sporting?. ¿Cuántas veces nos haremos esa pregunta de ahora en adelante?. En vísperas de otros momentos históricos, que sin duda llegarán, en épocas malas, que también vendrán, y en los días horribles que, cómo no, también nos tocará sufrir cuando nos entren las dudas y estemos en riesgo de perder la fe en esta maravillosa utopía. La pregunta por sí sola nos animará y nos reconfortará sin necesidad de que nos den una respuesta. La conocemos de sobra. ¿Te acuerdas de aquella noche?. Y nos vendrán a la memoria las imágenes y las sensaciones que vivimos el partido en el que eliminamos al Sporting y San Mamés estalló en el último minuto. Habrá explosiones nucleares más suaves que la que hizo temblar anoche los cimientos de la vieja catedral cuando Llorente marcó el gol que nos ponía en la final.
Recordaremos todo lo que sufrimos los ochenta y nueve minutos anteriores, cómo nos abrazamos a nuestro vecino de localidad, cómo lloramos, cómo reímos, cómo gritamos al viento un grito largo, liberador, cuando vimos el balón dentro de la portería. No sabíamos cómo había llegado hasta allí, pero allí estaba, dentro, y bien dentro. El árbitro señalando el centro del campo y los leones formando una montaña rojiblanca en el corner entre la Norte y la Este. En aquel momento no había crisis, ni paro, ni prima de riesgo, ni problemas de ningún tipo. El mundo había dejado de girar en aquel instante mágico y las imágenes sucedían como a cámara lenta. Abrazos, puños en alto, bufandas al aire. Gol, gol, goool. ¡Estamos en la final!.
Los que no tuvieron la inmensa fortuna de estar en San Mamés, también recordarán siempre aquel momento en el que el Athletic se ganó el pase a la segunda final europea de su historia. Y años más tarde recordarán con detalle dónde estaban viendo el partido, con quién lo vieron, cómo saltaron de alegría, cómo se abrazaron con un desconocido.
¿Te acuerdas cuando eliminamos al Sporting?. Y en la respuesta muda encontraremos todas las razones que nos hacen ser del Athletic desde que vimos la primera luz hasta que nos envuelva la última oscuridad. Somos del Athletic porque solo siendo del Athletic se pueden vivir noches como aquella en la que eliminamos al Sporting.
Analizar el partido desde una perspectiva futbolística es una tarea tan imposible como intentar racionalizar los sentimientos. Anoche San Mamés no fue el escenario en el que se jugó un simple partido de fútbol, sino una inmensa caldera en la que entraron en ebullición tantas emociones que acabaron desbordándola. Por mucho que Bielsa planificara el partido y explicara a cada jugador lo que tenía que hacer en cada momento y circunstancia, nunca hubiera podido explicarles cómo se puede poner freno a un corazón desbocado. Porque ese era el verdadero problema de los jugadores del Athletic anoche, contener el impulso de unos corazones de león latiendo a un ritmo frenético, al ritmo que imponía una grada que empujaba, y empujaba y empujaba, redoblando el ánimo, elevando el diapasón cada vez que intuía que el equipo se quedaba.
Intentaron los rojiblancos tomarse el partido con calma. Javi Martínez y Amorebieta tocaban atrás con paciencia, buscando la salida de Iturraspe, esperando que Herrera o Muniain bajaran a recibir para servir a las bandas. El plan era el esperado: hacerse con el balón y moverlo con calma a la espera del hueco en la muralla rival y sin arriesgar una pérdida que podía ser letal. El Sporting tampoco sorprendió. Presión adelantada para impedir que funcionara la sala de máquinas del Athletic, y velocidad para intentar sorprender a la contra. Ya había hecho lo mismo en su campo.
Todo el buen trabajo que desarrollaban los portugueses en la zona ancha, se les venía abajo cuando el Athletic superaba la primera línea de presión. Atrás, sobre todo los centrales, mostraban una flojera que invitaba al optimismo. Cada vez que los leones ligaban tres pases seguidos, lograban colocar el balón delante de la portería de Rui Patricio. Así llegó el primer gol. Un balón recuperado en el costado derecho por Herrera, centro de Munian al pecho de Llorente y dejada de éste de espaldas a la portería para que Susaeta, de cara, voleara a la red.
Después del arranque dubitativo, el gol tenía que facilitar las cosas, pero si a los del Sporting también les llaman leones, será por algo. Como en Lisboa, tomó el mando Martins, un centrocampista de gran dinamismo y apreciable técnica que supo moverse en los espacios que le dejaba el triángulo Iturraspe, Herrera, Muniain. Desde allí, empezó a catapultar a los veloces Capel y Van Wolfswinkel. No es que Iraizoz pasase apuros, pero los portugueses se mostraban amenazantes desde su dominio del centro del campo. Y es que el gol no hizo variar a Sa Pinto su planteamiento inicial. El técnico conoce muy bien al Athletic y a San Mamés y sabe de las limitaciones de su equipo. Nada de riesgos; paciencia y esperar una oportunidad. Al fin y al cabo, seguían estando a un gol de la final y la zaga del Athletic también se veía comprometida cuando algún portugués enfilaba el área en velocidad.
Llegó el empate en un rebote que cazó el goleador Van Wolfswinkel, pero, afortunadamente, tal y como ocurrió el día del Schalke, la reacción del Athletic fue inmediata y a los portugueses al alegría les duró apenas dos minutos. Otra vez Llorente puso en evidencia a los dos centrales para servir a Ibai el balón que pondría de nuevo en ventaja a los rojiblancos.
Era importante llegar al descanso minimizando el golpe del gol en contra y el Athletic agradeció el acierto de Ibai. Quedaba toda la segunda parte para marcar un tanto más y los leones hicieron méritos suficientes para lograrlo. Rui Patricio desvió lo justo un gran disparo de Susaeta y un magnífico cabezazo cruzado de Javi Martínez a la salida de un corner se encontró con el poste. Es cierto que también Insúa estrelló un saque de falta en la base del poste, pero hubiera sido demasiado que el Sporting cobrara dos goles en tres remates.
Todo el segundo tiempo fue un ejercicio agonístico por parte de Athletic, un canto al esfuerzo y al espíritu de sacrifico de todos y cada uno de los leones, incluídos los espectadores, parte actívisima del encuentro, sosteniendo y empujando al equipo con una modulación de la intensidad del ánimo que no se hubiera podido mejorar ni entrenando. Electricidad en el ambiente y derroche de sudor sobre el césped compusieron un cóctel demasiado fuerte incluso para el áspero paladar de un Sporting aguerrido y coriáceo, bien plantado en su parcela y amenazando siempre con dos flechas merodeando el círculo central.
Era imposible que el fútbol fuera tan cruel como para castigar al Athletic con un fracaso. Quien pone tanto corazón solo merece el éxito incluso en este juego a veces tan injusto. La fortuna se hizo esperar pero al fin se presentó en el momento más oportuno, en ese en el que lo que ocurre es irremediable. Faltaban dos minutos para la prórroga cuando Llorente coló un remate inverósimil entre el poste y el cuerpo del portero. San Mamés estalló y la onda expansiva levantó dos palmos del suelo a cientos de miles de rojiblancos allí donde estuvieran. A los que nos pilló en la Catedral todavía nos tiemblan las rodillas.
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domingo, 8 de abril de 2012

El Athletic y la teoría del perpetuum mobile

En el frontispicio del ideario futbolístico de Bielsa figura su obsesión por el movimiento perpetuo. "En el fútbol no existe circunstancia alguna, no existe motivo alguno para que un jugador esté parado en la cancha. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentro motivo para estar corriendo", asegura el técnico. La frase bien merecería ser colocada en un lugar preferente de San Mamés en edición mármol. A fin de cuentas, si se pueden leer en el antepalco las palabras que les dedicó a los leones el Papa Pío XII cuando le visitaron en el Vaticano, no hay razón para no encargar a un maestro del cincel la reproducción del aserto de un entrenador que está haciendo historia en el Athletic.
Marcelo Bielsa está a punto de conseguir lo que no ha alcanzado la legión de científicos chiflados que, desde el gran Leonardo, se ha dejado las pestañas tratando de dar con la máquina del movimiento perpetuo. El de Rosario ha logrado un prototipo muy acabado en este Athletic que no encuentra motivo alguno para pararse durante los noventa minutos que dura un partido. Lo suyo es moverse continuamente, arriba y abajo, a derecha e izquierda, en oleadas fuera de control o en secuencias de tiempo perfectamente pautadas. Sin descanso, una y otra vez y vuelta a empezar. El rival empieza siguiéndole la corriente y acaba hecho pedacitos, sin ver el momento de que acabe la tortura. Al Sevilla le ocurrió lo que a tantos otros que se han puesto a correr en San Mamés persiguiendo a los rojiblancos. Empezaron con suficiencia, siguieron abriendo la boca y acabaron echando los bofes. Como esta vez no tuvieron la suerte de que el Athletic se suicidara en el último minuto, pueden darse por satisfechos por salir de la catedral con una derrota mínima, que aparenta una igualdad que no existió salvo en los minutos iniciales del partido.
Marcelo Bielsa ha debido de reflexionar después de lo que le ha ocurrido al equipo en tantas ocasiones este año. Amarrar el resultado y cerrar el partido no está reñido con su idea del fútbol, así que ante el Sevilla optó por reforzar la barrera ante Iraizoz llegando a colocar hasta a tres centrales, San José, Ekiza y Amorebieta, en el tramo final del partido. Antes, cuando San José e Ibai sustituyeron a Herrera y De Marcos, el defensa se situó por delante de la línea de zagueros, en la posición de medio centro que había ocupado hasta entonces Iturraspe, que se adelantó unos metros para ocupar el hueco que había dejado De Marcos con su marcha. En el tramo final, sin embargo, hubo repliegue general, con San José haciendo línea con los dos centrales titulares e Iturraspe de nuevo en su sitio. Fue una buena solución porque el Sevilla no vio la manera de superar esa barrera.
También Ander Herrera ha debido de reflexionar, sobre todo después de su prematura sustitución ante el Schalke 04. Frente al cuadro andaluz, Herrera se pareció muchísimo más a aquel futbolista de talento del comienzo de la temporada, sin caer en la tentación de la frivolidad, buscando siempre al compañero mejor situado y tratando de sorprender con el pase genial y arriesgado, pero en terrenos donde se hace daño al rival y no al equipo propio. No hubo rastro de pubialgia mientras estuvo en el campo, aunque la procesión, sin duda, fuera por dentro.
No era la visita del Sevilla de Michel la más agradable para un Athletic que se había pegado una paliza tremenda el jueves europeo, pero los leones la solventaron con un fútbol que a ratos rozó lo genial, sobre todo cuando se encontraron los jugadores de la banda derecha.
Recuperado Iturraspe, el equipo tuvo más claridad en la salida del balón y la pausa imprescindible para romper a un rival enrachado que cuenta con futbolistas de mucho oficio. Los leones ganaron los duelos individuales y el colectivo. El citado Iturraspe pudo con el poderoso Kanoute y el recuperado para la causa, Ekiza, no dio tregua a Negredo hasta acabar anulando al peligroso delantero sevillista. En el medio campo Muniain se las tuvo tiesas con un futbolista tan físico como Medel.
Sobre ese entramado fue construyendo el Athletic su superioridad no sin antes sufrir los mejores minutos del Sevilla, que fueron los del arranque del partido. Poco a poco llegaron las ocasiones y si el marcador no se movió antes del descanso fue porque Llorente no acertó en la boca del gol en dos ocasiones, la segunda complicada, pero la primera, de empujar.
Todo lo que falló en el primer tiempo, lo acertó el delantero nada más iniciarse la segunda parte. Fue una jugada por la banda derecha trenzada por varios rojiblancos con paciencia infinita hasta dejar a Susaeta en una posición cómoda para centrar. El inspiradísimo delantero aprovechó la ventaja para poner el balón con precisión en la cabeza de Llorente, que esta vez, no falló.
El gol tranquilizó al Athletic y apuró a un Sevilla que había querido vivir cómodo a la espera de un contragolpe determinante. Nunca llegó esa jugada. Es más, el equipo andaluz ni siquiera consiguió cobrar un remate entre los tres palos y solo pudo amagar un par de tiros lejanos y sin peligro.
Pudo y debió redondear el resultado el Athletic porque sin disponer del chaparrón de ocasiones de otros partidos, sí tuvo las suficientes como para establecer una distancia más acorde con lo que se estaba viendo en el campo. Susaeta se salió en la banda derecha y solo le faltó redondear su gran actuación con un gol que tuvo en sus botas en un par de ocasiones. Iraola llegó con facilidad a posiciones de ataque, Toquero se precipitó en un par de situaciones de ventaja, el poste cortó un remate de San José, Ibai volvió a reivindicarse como un relevo interesante y Amorebieta lució poderío aprovechando que tenía las espaldas muy bien guardadas.
Fue una lástima que la exhibición sobre el césped no tuviera su correlato en el marcador, pero lo importante es que el Athletic regresó a la Liga con mucho fútbol y, lo que es más meritorio, con una condición física que contradice todas las teorías al respecto. Perpetuum mobile, tic-tac, tic-tac, desde el primer minuto hasta el último, generando energía del sudor derramado, sudando a chorros para generar más combustible. Increíble. Espectacular.
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viernes, 6 de abril de 2012

El Athletic tuvo que emplearse a fondo
ante un Schalke que no se rindió nunca

Hay triunfos y triunfos. El éxito puede llegar de diversas maneras. Puede acontecer de una forma inesperada, por medio de un golpe de fortuna o un saber estar en el sitio adecuado en el momento preciso; mejor que medie el talento, claro, y nunca sobra la perseverancia cuando se trata de ir paso a paso hasta la meta. Si además el triunfo se cimenta en el trabajo y el que lo consigue sabe lo que le ha costado alcanzarlo, su éxito será más duradero. El Athletic ha llegado a las semifinales de la Liga Europa después de escalar los cuartos de final por la cara norte. El Schalke 04 ha sido en el conjunto de la eliminatoria un rival más competitivo que el Manchester United. No digo mejor en términos de calidad futbolística, pero sí más dispuesto a plantar cara hasta el final. El equipo de Bielsa brilló ante los de Ferguson hasta deslumbrar a toda la Europa futbolística. Contra los alemanes no hubo un fútbol tan lustroso; hubo pelea, trabajo, sacrificio, dientes apretados y, sobre todo, puntería afinada para hacer daño en el momento preciso. Si Llorente rescató al equipo en Gelsenkirchen con aquel gol que estableció la igualada cuando más dominaba el Schalke, anoche Ibai consiguió llevar el partido al descanso con empate y Susaeta volvió a igualar el marcador tres minutos después de que Raúl pusiera de nuevo a su equipo en ventaja nada más empezar el segundo tiempo. Fueron goles decisivos que cortaron de raíz las aspiraciones del conjunto alemán devolviendo la serenidad a un Athletic que se vio obligado a jugar casi siempre a contrapelo.
Algún ingenuo pensaría que la ventaja del partido de ida era definitiva y que la suerte de la eliminatoria estaba echada. Craso error cuando se tiene enfrente a un equipo alemán. Este Schalke se metió en la semifinal de la pasada Champions League ganando en el partido de ida de los cuartos en el campo del Inter por 2-5, que se dice pronto por mucho que el Inter sea el único equipo italiano capaz de protagonizar semejante disparate.
En San Mamés, el equipo de los mineros empezó a picar piedra desde el minuto uno. Con cambios significativos en la alineación, Stevens se lo jugó a todo o nada. Presionando al Athletic sobre la línea frontal de su área, los alemanes se hicieron con el balón obligando a los rojiblancos a un juego en el que nunca estuvieron cómodos.
No podían salir los rojiblancos de una forma medianamente organizada porque la pelota no les duraba en sus pies. Faltaba el que la suele mover, Iturraspe, y los rojiblancos lo acusaban porque Javi Martínez no acertaba a suplirle en ese trabajo y porque unos metros más adelante, Herrera no estaba a la altura de lo que exigía la presión de los alemanes. Está bien que un futbolista tenga una concepción lúdica de su labor, que se divierta cuando ejerce su tarea y que repudie esas teorías que emparentan el fútbol con la industria pesada. Pero hasta para divertirse hay que tener un mínimo de sentido común. Herrera les hizo dos regalos a los alemanes impropios de un partido de semejante exigencia. El primero lo solucionó Gorka desviando a corner el remate de Huntelaar. En el segundo solo pudo recoger el balón de la red. A Herrera no le dio tiempo para más porque fue sustituido a la media hora de juego. En la sala de prensa Bielsa dejó claros los motivos: estrictamente futbolísticos, vino a decir el técnico descartando la coartada de que su decisión pudiera estar motivada por las molestias físicas que arrastra el jugador.
El cambio le vino bien a un Athletic agarrotado que empezaba a preocupar a sus seguidores. El equipo recuperó una configuración que ya ha ensayado con buenos resultados: Ibai abriendo el campo por la banda izquierda y Muniain jugando por dentro, cerca de Llorente y de la media luna del área, donde hace daño con su regate. El golazo de Ibai cuando solo faltaban cuatro minutos para el descanso devolvió a San Mamés una tranquilidad que había perdido tras pasarse todo el primer tiempo viendo cómo su equipo jugaba con fuego moviendo el balón a treinta metros de su propia portería, sin la precisión quirúrgica que requería ese juego ante la presión de los alemanes y con los antecedentes de los regalos ya comentados.
Con el marcador como al principio y medio partido consumido, cualquiera hubiera apostado por un segundo tiempo más plácido. Pero calcular en esos términos habiendo alemanes por medio es una frivolidad, como se encargó de demostrar Raúl a los nueve minutos de la continuación marcando un gol perfecto de ejecución precedido de un movimiento pleno de astucia, arrancando desde atrás para llegar con toda la ventaja al borde del área. Y es que el exmadridista ya estaba ocupando para entonces una posición más retrasada para tirar de todo su equipo desde la zona de creación.
Fue una bendición el gol de Susaeta tres minutos después, ratificando la sensación de que el Athletic era capaz de crear peligro en cuanto conseguía trenzar tres pases seguidos. El problema durante muchísimos minutos fue que faltó esa hilazón.
El técnico alemán, de perdidos al río, puso sobre el campo todo lo que tenía, empezando por Farfán, mientras que Bielsa fue retocando su equipo poniendo el acento en la contención, dando entrada primero a Toquero por Llorente y más tarde a San José por Ibai, que pasó en cuestión de 44 minutos de sustituto a sustituido.
El Athletic ganó solidez y encontró algún espacio más en el centro del campo, puesto que el Schalke era un equipo partido por la mitad que ya tampoco tenía la frescura necesaria para seguir apretando como lo había hecho hasta entonces. Los leones pudieron incluso ganar el partido, pese a que los alemanes no bajaron definitivamente los brazos hasta el minuto 85, cuando comprendieron definitivamente que ya no podrían sorprender a la defensa rival, aunque lograran conectar un par de disparos desde el borde del área con cierto peligro.
Hay triunfos y triunfos. Los que estuvieron en San Mamés el día del Manchester y ayer, entienden perfectamente la diferencia. Ayer también hubo bufandas al viento, marcha de Aida e himno cantado a coro por todo el campo, y hubo hasta dedicatoria de los jugadores a los dos fondos, pero a la gente le quedó otro. El entusiasmo desbordado, el éxtasis colectivo después de tumbar al Manchester tras presenciar una obra de arte, se transformó anoche en un resoplido de alivio, un secarse el sudor de la frente con la bocamanga cuando el árbitro pitó el final.
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viernes, 9 de marzo de 2012

Un Athletic de ensueño arrasa al United
en el campo y en la grada

Las nuevas generaciones del Athletic ya tienen algo que contar a sus sucesores. Los 8.000 seguidores que disfrutaron en Old Trafford de un partido memorable podrán pronunciar durante el resto de sus días una corta frase, solo tres palabras, que les identificará como parte de la historia del club: "yo estuve allí".
Llevo viendo partidos del Athletic ininterrumpidamente durante más de treinta años. Por devoción y por obligación profesional he visto prácticamente todos los partidos que ha jugado el equipo desde 198o hasta ayer, incluidos los amistosos de verano, y soy incapaz de recordar una exhibición como la que acabo de presenciar en Old Trafford. El 1-5 de Las Palmas, que sirvió para ganar una Liga fue el resultado de una superioridad aplastante, pero ante un rival inerte abocado al descenso. El 0-1 en el Santiago Bernabéu en el partido de ida de la semifinal previa a la final de Copa que se ganó al Barcelona, fue también un partido en el que el Athletic fue muy superior, esta vez ante un rival de entidad. Fue tal el desempeño de los leones aquel partido, que siempre recordaré el titular de mi crónica: "El Athletic bailó con el cadáver del Real Madrid". Aquel cadáver resucitó en el partido de vuelta y nos obligó a una prórroga y a una tremenda tanda de penaltis. Fue también un partido histórico aquel, pero más por lo heróico del comportamiento del equipo que por el fútbol. Cinco días después, en Valencia, aquellos leones volvieron a dar otra lección de garra y de entrega hasta la extenuación. El vuelo del balón desde la bota de Dani hasta la cabeza de Txema Noriega para marcar el 1-2 fue uno de los instantes más emotivos que he vivido con el Athletic. Como lo fueron la final contra el Barcelona de Maradona, o algunos partidos a cara de perro en el coliseo blaugrana.
Lo de Old Trafford ha sido otra cosa. Por el escenario, por el rival... pero sobre todo por el juego desplegado por un equipo que ha demostrado que es capaz de ganar a cualquiera en cualquier sitio y, lo mejor de todo, que se lo ha creído y que sabe que todavía no conoce dónde están sus límites. Hay muchas formas de ganar, tantas como de perder. El Athletic eligió la mejor manera de ganar en un escenario y ante un rival que le dan a la victoria una repercusión mundial. A estas horas el universo del fútbol ha puesto sus ojos en este viejo club que luce más lozano y joven que nunca. Después de catorce visitas a las Islas, ha llegado la primera victoria allí, y ¡de qué manera!.
Es una noche para la historia. En el teatro de los sueños, el Athletic fue el dream team, un equipo de ensueño, una máquina de hacer fútbol que dejó boquiabiertos a todos los que presenciaron el soberbio espectáculo que ofreció.
Impresiona repasar la alineación del Manchester United, y asusta ver quiénes se han quedado en el banquillo. No nos engañemos. Queríamos soñar y confiábamos en la ambición de este Athletic modelado por Bielsa, pero en nuestro fuero interno temíamos que, de no rozar la perfección, podíamos vivir una pesadilla de noventa minutos.
En no pocas ocasiones el rumbo que puede tomar un partido se puede adivinar en sus primeros compases. Ayer fue uno de esos días. La puesta en escena del Athletic fue más que esperanzadora, cobrando el primer remate en el primer minuto, y llegando con mucha gente al área rival. Los leones le tomaron muy pronto la medida al rival y al partido, mucho antes que un United que empezó quizá con cierta suficiencia, confiado en la dinamita que tiene del centro del campo hacia adelante. Y los hechos parecieron dar la razón a Ferguson cuando a los veinte minutos Rooney fusiló de cerca a Iraizoz tras un excelente movimiento de Chicharito dentro del área. Era no solo el primer remate de los ingleses, sino la primera vez que llegaban al área del Athletic. El gol parecía confirmar que a los equipos más grandes les basta con muy poquito para inclinar los partidos hacia su lado.
Pero lo mejor iba a llegar a partir de ese gol. El Manchester se recostó en su defensa, un poco porque no tenía el balón y otro poco porque entendía que podía hacer mucho daño al Athletic jugando a la contra. Y por momentos dio la impresión de que la cosa les podía funcionar. Los de Bielsa llegaban en oleadas al área de De Gea, pero dejaban a su espalda un vacío que producía escalofríos.
Fueron minutos en los que el Athletic vivió peligrosamente. Pero este equipo se ha acostumbrado a convivir con el riesgo; no sabe jugar de otra forma que no sea con generosidad y ambición, la mirada clavada en la portería rival. No merecía el Athletic, ni de lejos, estar perdiendo el partido y los leones no se resignaron. Catapultados por un Iturraspe gigantesco, Herrera, Susaeta y De Marcos fabricaban fútbol a destajo, trenzaban pases, dibujaban túneles, abrían pasillos para las llegadas de Iraola hasta el borde el área, de Aurtenetxe por el otro lado. Muniain se vaciaba entonces en un trabajo generoso en la recuperación pero poco eficaz en el ataque y Llorente, que ya había sufrido un penalti no señalado cuando el marcador señalaba tablas, a duras penas podía ser frenado por Smnalling.
Era frustrante ver al Athletic creando ocasiones, metiéndose hasta la cocina del United para equivocar el último pase o errar el remate. El repaso futbolístico ya estaba adquiriendo dimensiones considerables cuando Llorente conectó por fin, el remate ganador a un minuto del descanso. El empate era un resultado corto, hacía justicia solo a medias y quedaba medio partido por delante.
Fue en el segundo tiempo cuando el magnífico Athletic de la primera parte creció hasta convertirse en un coloso futbolístico. Ya no le valía al rival su táctica de esperar un contrataque, pero ahora no tenía más remedio que defenderse como podía de la avalancha que se le venía encima. De Gea salvó a su equipo con dos paradones que justifican por sí solos los numerosos errores que ha cometido esta temporada, pero ni el buen portero del United podía ser capaz por sí solo de frenar a un Athletic desatado.
Tocando en corto y en largo, dibujando paredes en la media luna o abriendo a las bandas, los de Bielsa llegaban por todas partes y en manada, de cinco en cinco. El balón y el fútbol eran suyos, pero el marcador seguía señalando una igualada más injusta cada minuto que pasaba.
Ferguson, sin querer, dio más grandeza todavía al triunfo rojiblanco. Metió en el campo a Anderson para reforzar sus posiciones alrededor del círculo central, territorio rojiblanco desde donde sus centrocampistas dibujaban un fútbol sublime. Por momentos pareció que el United recuperaba el resuello y sacaba el orgullo de su grandeza. Los reds estaban siendo barridos en el campo y en la grada y eso no lo podían consentir. Fue entonces cuando llegó la delicatessen de Herrera, elevando un globito sobre los centrales ingleses para que De Marcos lograra, por fin, adelantar al Athletic en el marcador.
El delirio no obnubiló a los leones. Salió Nani a salvar los muebles de los locales, pero a estas alturas el Athletic era una maquinaria perfecta. El gol de Muniain apareciendo de la nada tras un sprint brutal de treinta metros en el minuto 90 estableció en el marcador un pálido reflejo de lo que había ocurrido en el césped. Lástima que la maldición del último minuto se presentara en esta ocasión en forma de penalti en el tiempo añadido. Fue una pena porque el 2-3 final no se corresponde con el baño futbolístico que le dio el Athletic al United.
Decía ayer que lo histórico no era jugar en Old Trafford, sino ganarle al Manchester United. Pues bien el Athletic acaba de escribir una de las páginas más bellas de su larga historia. La de ayer fue una de esas noches en las que ser del Athletic es un motivo redoblado de orgullo. Por lo que hicieron los que vistieron de corto y por lo que hizo, cómo no, ese ejército pacífico que invadió Manchester con las únicas armas de sus bufandas y su inquebrantable fe rojiblanca. Athletic, ¡qué grande!
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domingo, 4 de marzo de 2012

Susaeta ilumina a un Athletic
que añoró a Iturraspe

Sería faltar a la verdad afirmar que el Athletic jugó el derby contra la Real Sociedad con el freno de mano echado, pero durante demasiados minutos lo pareció por la falta de ritmo y de velocidad del equipo de Bielsa. Tampoco reflejaría lo que ocurrió en el partido decir que los rojiblancos jugaron prácticamente todo el encuentro mirando al marcador con el rabillo del ojo y apoyándose en la ventaja mínima de la que disfrutó desde el minuto 24. Puede que en algún momento tuviera la tentación de hacerlo, pero sería más exacto afirmar que durante toda la segunda parte tuvo que correr por detrás de los jugadores de la Real para mantener la victoria. Y tuvo que hacerlo porque no supo sentenciar el partido en un primer tiempo en el que fue muy superior y en el que tuvo, además del gol, un saque de falta de Susaeta al larguero y una ocasión doble, cabezazo de Llorente repelido por Bravo y remate al muñeco del propio Susaeta con el portero chileno vencido en el suelo.
Llegaba la Real Sociedad a San Mamés precedida de una fama que habla de una personalidad contradictoria de equipo indolente con mentalidad frágil que, sin embargo, apunta en ocasiones buenas maneras gracias a sus jugadores más jóvenes. Hablamos de un equipo bastante inofensivo cuando le toca viajar, capaz de culminar actuaciones tan espeluznantes como la que le costó su eliminación de la Copa en Mallorca. Claro que todos esos antecendentes pierden valor para el análisis cuando el equipo guipuzcoano visita San Mamés. El derby es para ellos el partido del año y ganarlo justifica toda la temporada por encima de cualquier otra valoración global.
Así que el Athletic se encontró un rival más aguerrido de lo habitual que inició el partido presionando muy arriba para tratar de impedir la salida del balón de los rojiblancos desde atrás.
Y, lo que son las cosas, el Athletic se encontró con un problema inesperado: el equipo acusó mucho más de lo previsto la falta de Iturraspe. Jugador discutido todavía por muchos por la frialdad con la que desempeña su fútbol, ganó la batalla de la opinión al estilo del Cid, o sea, en ausencia. Para que a la discusión no le falten alicientes, resulta que Javi Martínez volvió al puesto de medio centro que muchos le adjudican como ideal para sus características y, bien sea porque lo extrañó después de tanto tiempo sin aparecer por allí, o porque Zurutuza supo taparle las salidas, lo cierto es que el navarro no acertó a arrancar el juego de su equipo desde la sala de máquinas. ¡Qué cosas!.
Privado el Athletic de una de las bazas que le están haciendo fuerte este año, Herrera tuvo que asumir unos metros más adelante, la responsabilidad de ordenar el juego del equipo. Contó para ello con la ayuda de un De Marcos intermitente y de un Muniain que se empleó con más inteligencia y visión global que en otras ocasiones. Y el Athletic disfrutó, sobre todo, de un Susaeta que avisó, marcó y fue siempre el hombre más incisivo del equipo, supliendo en la tarea de complicar la vida a la defensa rival a un Llorente que no estuvo, ni de lejos, al nivel que estaba acreditando en los últimos partidos.
Los de Bielsa debieron resolver el partido antes del descanso. No lo hicieron y les tocó sufrir durante media hora como penitencia. La Real regresó del vestuario dispuesta a conseguir el gol que le diera el empate. Y de hecho tardó dos minutos en conseguirlo; para su desgracia lo logró en la modalidad fantasma, que es como se definen aquellos goles en los que no queda claro si el balón entró o no, o si lo hizo en su totalidad, como exige el reglamento. La verdad es que fue una jugada muy difícil para el árbitro y para el linier porque el balón está entre la mano y la pierna de Iraizoz. En las imágenes de televisión parece que, efectivamente, el balón entró, pero en este caso, el error, de existir, es comprensible. De hecho, ni los propios jugadores de la Real se extendieron demasiado en la reclamación.
Tampoco nos ajustaríamos a la realidad del partido si resumiéramos su resultado en esa jugada. Es verdad que el Athletic jugó en su propio campo buena parte de esa media hora inicial del segundo tiempo, que perdió el balón y, como dijo Bielsa en la sala de prensa, el control del partido, pero tampoco se recuerdan más ocasiones de peligro cierto de la Real Sociedad cuando disfrutó del dominio de la situación. Un tiro lejano que se iba fuera y que Iraizoz metió dentro para que Griezman no lo aprovechara fue el mayor susto para la parroquia. Se le añade un tirito blando del francés a las manos de Iraizoz en el primer tiempo, después de ganarse el sitio en el área para un remate fácil, y tenemos toda la producción ofensiva de una Real Sociedad con más apariencia que eficacia y con una sobremotivación que le vendría muy bien mantener en otros campos que no fueran San Mamés.
El inspirado Susaeta cerró el partido con un saque de falta magistral cuando quedaban diez minutos para la conclusión. Para entonces, Toquero llevaba un rato largo ocupando el sitio de Llorente e Iñigo Pérez ya estaba reforzando el centro del campo como relevo de Herrera. También Mountanier maniobró desde el banquillo, pero dio la impresión de que favoreció al Athletic con alguno de sus cambios. El afán de reforzar el ataque dando entrada a Agirretxe le llevó a quitar a Aranburu, lo que debilitó el centro del campo realista, concediendo un respiro a los rojiblancos.
El Athletic sumó tres puntos completando un partido que quedó bastante por debajo de otras exhibiciones mucho más brillantes. El equipo estuvo espeso, con un discurso falto de la fluidez de otras ocasiones y jugando un poco a trompicones. Cuando conectaron los jugadores de creación el balón llegó al área rival con facilidad, pero esa conexión ocurrió solo en momentos aislados. Vayan los tres puntos sumados en tono gris por los empates o las derrotas cedidas después de pintar el arco iris sobre el césped. El fútbol da y quita. También los árbitros. El Mateu Lahoz de ayer, es el mismo Mateu Lahoz que pitó no hace tanto al Athletic en el Bernabéu; vaya también lo uno por lo otro.
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