Mostrando entradas con la etiqueta Iñigo Cabacas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iñigo Cabacas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de julio de 2012

Una lección de dignidad

Han pasado tres meses desde la muerte de Iñigo Cabacas, el joven seguidor del Athletic a quien un pelotazo de la Ertzaintza segó la vida mientras estaba celebrando el triunfo de su equipo ante el Schalke 04. Tres meses en los que un silencio espeso ha ido cayendo sobre el caso confirmando las primeras sospechas, las que apuntaban a que la intención de los responsables de aclarar lo sucedido era precisamente diluir las responsabilidades en el olvido que produce el paso inexorable del tiempo. Desde el primer momento se trató de desviar la atención; las fuentes oficiales apelaron primero al escenario de la tragedia, los alrededores de una herriko taberna, como si el paisaje explicara por sí mismo determinadas situaciones, hablaron del hallazgo de una porra extensible para apuntalar su teoría de la pelea multitudinaria que justificó la intervención policial. Cualquier cosa con tal de negar la evidencia que, tozuda, sigue interpelando a un responsable político escondido que solo asoma la cabeza para agredir a las víctimas de este caso.
Ahora se ha sabido, porque así lo ha hecho saber la familia a través de este comunicado, que Rodolfo Ares ha ofrecido a los padres de Iñigo Cabacas una indemnización económica para cerrar el caso ante la imposibilidad material de avanzar en la investigación y concluir quién fue el autor del disparo que acabó con la vida del joven. La oferta habla por sí sola de la catadura moral del individuo. Ares debe saber que la indemnización, en su caso, la establecerá la sentencia de un juez; lo otro, lo que ofrece el consejero, no es una indemnización; es una suerte de chantaje, es la indigencia moral de poner precio a una muerte; es insultar la memoria de Iñigo Cabacas y agredir a su familia diciéndoles tomen este dinero y olvídense del asunto.
Parecía difícil caer más bajo, pero se ve que tipos como el actual consejero de Interior son capaces de superarse a sí mismos. Tres meses después, sin ningún avance reseñable en la investigación, sin datos de interes aportados a los tribunales, esa es la solución que ofrece el responsable último de la policía vasca: dinero a cambio de justicia. Cómo pudimos ser tan ingenuos quienes pensamos que el consejero de Interior presentaría su dimisión en los días posteriores al suceso, cuando desde la propia Ertzaintza salían a la luz las reservas de los agentes por la utilización de un material peligroso y poco controlable, como lo demuestra el hecho de su retirada a raiz de la muerte de Iñigo.
El verbo dimitir no se conjuga en ciertas instancias. Es más fácil, como ha vuelto a hacer Ares, apelar a la ideología de la abogada que representa a la familia para contaminar el caso. Si ya lo hizo en el primer momento insistiendo en la cercanía de la herriko taberna, cómo no iba a recurrir ahora a la trayectoria política de Jone Goirizelaia. Los padres de Iñigo Cabacas llevan tres meses dándole una lección de dignidad pero está claro que la talla política y moral del consejero no da para más.
llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: Athletic lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar

domingo, 15 de abril de 2012

Victoria en tono menor

Había demasiadas sensaciones ajenas al fútbol para esperar un gran partido en San Mamés. Habían pasado demasiadas cosas la última semana como para que la gente estuviera a lo que hay que estar cuando se va a un campo. Había demasiados condicionantes externos que acabaron marcando el rumbo de un partido tristón, jugado en tono menor por el Athletic, como si los leones hubieran acudido a San Mamés en régimen de servicios mínimos.
La ceremonia del fútbol requiere de un ritual complejo que complementa la mera disputa de un partido por dos equipos. El fútbol es pasión, ambiente, ruido... todo lo que faltó en San Mamés. Por esa razón, esos raros partidos que se juegan a puerta cerrada no suelen ser fútbol tal y como lo entendemos en su globalidad; porque el silencio que les rodea nos suena raro. Y el choque contra el Mallorca tuvo bastante de partido a puerta cerrada por la actitud del público, que tuvo más presente lo que pasó en una calle de Bilbao que lo que estaba pasando sobre el bien cuidado césped de la catedral. Las pancartas en el graderío, las ikurriñas con crespón negro...estaban en las antípodas del ambiente festivo y apasionado que rodea un partido y condiciona las acciones de los jugadores. El recuerdo de Iñigo Cabacas estaba por encima de cualquier otra consideración. La muerte violenta del joven hincha del Athletic no podía pasar desapercibida en San Mamés, y no pasó.
Fue un partido raro, con muy poquita historia. Se diría que los jugadores de los dos equipos se vieron cohibidos por el ambiente que les rodeaba y optaron también por el silencio futbolístico. No hubo gritos en forma de grandes jugadas sino un susurro continuo de fútbol ramplón y previsible, a tono con la tarde tristona.
Afortunadamente, el Athletic se encontró con un Mallorca inerte, un rival que no dio señales de vida a lo largo de los noventa minutos; ni siquiera el tiro de Bigas a la base del poste merece ser tenido en cuenta por lo aislado de la acción en el contexto del partido.
La cosa se le puso de cara al Athletic muy pronto. A los doce minutos Ibai Gómez botó una falta desde la banda derecha dándole al balón la trayectoria y la velocidad precisa. Fue un centro de esos que van diciendo a un delantero remátame y, claro, Llorente no despreció la invitación. Libre de marca en el área pequeña, su cabezazo hizo honor a la calidad del servicio.
Se suponía que ese gol obligaría al Mallorca a cambiar sobre la marcha el guión que traía desde el vestuario, pero no hubo tal. Al Athletic le bastó con aplicarse en una presión ordenada para mantener prácticamente al rival en su campo hasta el descanso. Estuvo más cerca el segundo gol de los rojiblancos que la reacción insular, pero tampoco tenían los de Bielsa una tarde especialmente inspirada.
Por segunda vez consecutiva, antes ocurrió contra el Sevilla, Bielsa maniobró a lo largo de la segunda parte como un entrenador al uso y no como el genio imprevisible capaz de apostar por la alternativa más inesperada. De nuevo prefirió ir consolidando al equipo a medida que pasaban los minutos. Nada más regresar del vestuario retiró a Herrera para reforzar la defensa con Ekiza y posteriormente dio un respiro a Llorente dando entrada a Toquero. El regreso de Gabilondo a San Mamés después de muchos meses de ausencia, fue otra noticia del partido.
Lógicamente, Caparrós maniobró en dirección contraria. Apostó por Chori Castro y la presencia del delantero dio algo más de profundidad a un Mallorca que seguía muy romo. El cambio de dibujo del Athletic permitió a los balerares una presencia más continuada en territorio rival, pero todas las ocasiones de la segunda parte fueron rojiblancas. Si el Athletic no amplió su ventaja fue por una cuestión de desacierto en el último pase o en el remate.
Sólo las numerosas desgracias que ha sufrido el Athletic en los últimos minutos, mantuvo a la afición inquieta hasta el final, pese a la inoperancia del Mallorca. Un análisis despojado del factor último minuto desvela que el equipo de Bielsa sumó uno de los triunfos más cómodos de toda la temporada.
Esa comodidad hubiera sido más evidente si Toquero llega a marcar lo que en tiempos pretéritos, cuando lo políticamente correcto era un concepto desconocido, se dio en llamar el gol del cojo. Hoy sería el gol del disminuido físico,que suena mejor pero describe peor. Para los más jóvenes, nos remontamos a los tiempos en los que el Reglamento no permitía cambios. En aquellos tiempos si alguien caía lesionado en el transcurso del partido, quedaba desterrado a la posición de extremo derecho. Allí, pegado a la banda, inválido y desvalido, acababa olvidado por compañeros y rivales, que se despreocupaban del lisiado hasta que en el despiste, cazaba algún balón suelto y lo llevaba a la red. El larguero impidió que Toquero marcara el gol del cojo. La madera privó al bravo delantero del premio que merecía su coraje. Su acción fue la única de todo el partido que arrancó el rugido de la grada; la única que nos devolvió al fútbol en una tarde en la que todos estuvimos con la cabeza en otra parte.
llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: Athletic lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar

martes, 10 de abril de 2012

El fútbol no mató a Iñigo Cabacas

Cinco días después de ocurridos los hechos siguen sin aclararse ni las circunstancias ni las causas de la muerte de Iñigo Cabacas. La comparecencia del consejero de Interior, Rodolfo Ares, no aclaró nada. Como siempre. Nunca un ministro o consejero de Interior ha aclarado nada que tenga que ver con las fuerzas bajo su responsabilidad. Desde aquel "dos a uno a nuestro favor" que define la catadura moral de un Martín Villa devenido con los años en consejero de un grupo multimedia 'progresista' y tertuliano demócrata de toda la vida, los sucesivos reponsables del departamento del que dependen las fuerzas de seguridad han preferido siempre buscar mil excusas para explicar las más injustificables actuaciones de los agentes a su mando. Y cuando no han conseguido ocultar lo evidente y ha intervenido la Justicia, las sentencias han sido de una benevolencia asombrosa o le ha faltado tiempo al poder ejecutivo para arreglar el asunto con un indulto.
A la espera del resultado de la autopsia, todas las evidencias y testimonios apuntan a que Cabacas murió a consecuencia de un pelotazo disparado por la Ertzaintza aunque es obvio que, también en este caso, hay que mantener la presunción de inocencia hasta el final, con independencia de la versión oficial y por encima incluso de la lamentable intervención del consejero de Interior quien en su comparecencia deslizó una mentira interesada y dejó caer una insinuación que le retrata. Mintió cuando situó la agresión que sufrieron algunos hinchas del Lokomotiv en el mismo escenario en el que se ha producido la muerte de Iñigo Cabacas, cuando aquellos hechos ocurrieron en la zona peatonal de la calle Ercilla, muy lejana de María Díaz de Haro, y trató de establecer una relación de causa-efecto subrayando la cercanía de una herriko taberna del lugar donde cayó mortalmente herido el infortunado joven, como si dicha cercanía pudiera justificar por sí sola algún tipo de actuación policial.
Pero también resulta forzado establecer la misma relación causa-efecto entre el partido que disputó el Athletic contra el Schalke y los incidentes que acabaron con la muerte de una persona, como de una forma un tanto simplista se está haciendo en algunos sectores desde que se conoció lo ocurrido. El partido no tuvo nada que ver, al margen de que su celebración propiciara la presencia de una multitud en las calles donde se concentran la mayor parte de los bares de la zona centro. Los incidentes no obedecieron a nada relacionado con el partido, ni hubo intervención de seguidores del equipo rival que pudiera explicar algún altercado callejero.
Por establecer una comparación, a Aitor Zabaleta le asesinó una manada de alimañas a las puertas del Vicente Calderón por ser hincha de la Real Sociedad. A Iñigo Cabacas le mató, presuntamente, una pelota disparada por un ertzaina, por estar tomando una cerveza a las puertas de un bar, como otros miles de personas lo estaban haciendo en la misma zona en aquel momento. Le pudo ocurrir a cualquiera que pasara por allí y eso es lo verdaderamente grave y lo que debería preocupar también al consejero de Interior. Cabacas era seguidor del Athletic y estaba contento y celebrando el éxito de su equipo, dos circunstancias que se hubieran repetido en el noventa por cien de los casos de ser otra la víctima, porque los seguidores del Athletic coinciden prácticamente con el censo del territorio y todos estábamos celebrando el triunfo aquella noche.
La muerte de Iñigo Cabacas es un hecho tremendo que, sin embargo, no ha levantado la ola de condenas oficiales que suelen suscitar otros hechos muchas veces bastante menos dramáticos que la pérdida de una vida humana, pero relacionarla con el fútbol en general o con un partido concreto parece fuera de lugar. Eso mismo han debido de pensar los responsables del Athletic o al menos eso cabe deducir del silencio que han mantenido durante todo este tiempo. La inclusión a última hora en la web oficial de una escueta nota de dos líneas solidarizándose con el dolor de la familia y amigos de la víctima, suena a que el club no ha aguantado la presión y ha renunciado a sostener su idea inicial. Los hechos ocurrieron la noche del jueves y Cabacas murió la mañana del lunes. Tiempo suficiente para decir algo si el Athletic se hubiera sentido concernido. Su silencio hacía indicar que no era así. Emitir un comunicado treinta horas después de ocurrido el fallecimiento es, cuando menos, desconcertante. En descargo del Athletic habrá que recordar que sea cual sea la decisión que tome, siempre habrá un importante sector de opinión pública al que le parecerá fatal.
Las circunstancias de la muerte de Iñigo Cabacas deben ser aclaradas cuando antes y deben depurarse las responsabilidades profesionales, políticas y penales, si las hubiera, de aquellos que intervenieron en algo que todos los indicios describen como una actuación desmesurada de las fuerzas de la Ertzaintza para resolver un incidente callejero.
Y harán bien los responsables de la seguridad pública y el propio Athletic, en analizar lo que está ocurriendo en los últimos tiempos en torno a los partidos del equipo rojiblanco. Anderlecht, Viena, Oviedo, Slovan, PSG, Lokomotiv, Schalke 04... ya son demasiados los encuentros que se han saldado con incidentes más o menos graves, estos sí directamente relacionados con la celebración de los partidos y ocurridos dentro o en las inmediaciones de los estadios. Es evidente que algo pasa y urge poner remedio.
llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: Athletic lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar