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miércoles, 4 de abril de 2012

Lo importante, lo accesorio y lo superfluo

Está claro que la eliminatoria con el Schalke 04 tiene muy poco que ver con el cruce con el Manchester United. En el ánimo de la afición rojiblanca ha pesado más el nombre del rival que el nivel de la competición. No es lo habitual que unos octavos de final despierten más pasión que unos cuartos, pero así es en esta ocasión y así habrá que tomarlo.
Los diferentes calibres que se pueden utilizar para medir el interés que despierta un partido arrojan resultados más tibios ahora que cuando hace quince días llegaron los ingleses a Bilbao. Las taquillas de San Mamés son el mejor termómetro para medir la fiebre rojiblanca. El club ha sacado ahora a la venta para el público 1.800 entradas, cuando ante el Manchester United las taquillas ni se abrieron tras agotarse las entradas al paso de socios y socios barria. Que se hayan repetido las colas nocturnas merecería otro comentario pero, por resumir, digamos que el asunto se ha convertido en una estupenda disculpa para apuntarse a una gaupasa entre semana.
La fecha vacacional y el resultado del partido de ida tampoco ayudan a despertar pasiones. Sin duda Bilbao será una fiesta en las horas previas al partido, pero no se aprecia en el ambiente el entusiasmo que desbordaban los días anteriores a la llegada de los diablos rojos. Seguro que el gremio de hostelería podría reflejar la diferencia con cifras que siempre son mucho más precisas que la percepción de cada uno.
Con ser significativo el asunto del ambiente que rodea un partido, más si tiene la trascendencia del paso a una semifinal europea, no deja de ser un aspecto accesorio al mismo. Lo que de verdad importa es lo que vaya a pasar en el rectángulo de juego y eso está íntimamente relacionado con la actitud y la concentración de los protagonistas. Afortunadamente, el Athletic ha dado pruebas más que sobradas de que no hay nada que temer al respecto. A lo largo de la temporada los rojiblancos han demostrado que nunca dan un partido por resuelto antes de tiempo y que no se les pasa por la cabeza la posibilidad de minusvalorar al rival, ni por su presumible inferioridad ni por efecto del marcador. Cuando Bielsa decidió alinear a todos sus titulares en el debut copero en Oviedo, envió un mensaje meridianamente claro a sus jugadores, a los rivales y a los aficionados: no hay lugar para la relajación cuando se compite.
Así que al margen de aspectos puntuales, como la posición de Javi Martínez en el lugar del sancionado Iturraspe y la entrada del recuparado Ekiza en el eje de la defensa, está garantizado que el equipo se tomará los noventa minutos que le restan por jugar contra el Schalke 04 con la misma intensidad con que lo hizo frente al United. De las manifestaciones de los jugadores se desprende que tienen interiorizado el discurso de su entrenador y que la ventaja en el marcador no les va a relajar lo más mínimo. Mejor así.
Lo importante, la actitud del equipo, está garantizado y lo accesorio, el ambiente, acabará estando a la altura de las circunstancias, seguro. Pero a esta eliminatoria le acompaña un aspecto cuando menos superfluo y, como poco, desconcertante. Me refiero a esa especie de culto a Raúl que empezaron alimentando desde Madrid pero que, sorprendentemente, está encontrando eco en algunos medios locales. De pronto, la entrañable y tradicional ofrenda floral a Pichichi por parte del equipo debutante en San Mamés, lleva camino de convertirse en un acto a mayor gloria de Raúl por la circunstancia de que el exmadridista es a la sazón el capitán del Schalke y por lo tanto encargado de llevar a cabo dicha ofrenda.
Nadie puede poner en duda la extraordinaria carrera profesional de Raúl, ni su calidad como deportista. El Athletic sabe bastante de sus cualidades porque, vestido de blanco, el delantero ha batido la portería rojiblanca en una docena de ocasiones. Pero eso no debe hacer olvidar que Raúl sigue siendo un rival quien, sin ir más lejos, batió dos veces a Iraizoz, simuló un penalti y tiró de su equipo los noventa minutos del partido de ida. Se comportó como el gran profesional que es y como el rival más peligroso del Athletic. A veces la caballerosidad y el papanatismo están separados por una línea muy fina. Aplaudir a Raúl como se aplaudió a Giggs o a Ferdinand, como despedida y reconocimiento a una carrera, es algo muy propio de la afición de San Mamés. Lo demás sobra porque lo que importa, no lo olvidemos, es eliminar al Schalke 04 y alcanzar la semifinal de la Liga Europa. Ni más ni menos.
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miércoles, 28 de marzo de 2012

Después de la lírica llega el turno de la prosa

No cabe duda de que desplazar a un millar de seguidores a un partido de cuartos de final de la segunda competición europea tiene un mérito indudable y dice mucho de la implicación de la afición del Athletic con su equipo. Pero la cifra no resiste una mínima comparación con aquel ejército de ocho mil rojiblancos que asaltó Manchester en la anterior eliminatoria. El dato sirve como termómetro para tomar la temperatura al choque contra el Shalke 04 en cuartos de final, una ronda que el Athletic no alcanzaba desde que en la temporada 76-77 llegara a la final de la UEFA. LLegar al cruce con el Manchester United se consideró, antes de alcanzarlo, un objetivo en sí mismo; una vez logrado, el equipo elevó la apuesta y culminó sus dos mejores partidos del año eliminando al mítico equipo inglés. Hasta el momento, ahí se sitúa el techo de Bielsa y los suyos.
Solo lo que rodeó aquellos dos partidos merecería un análisis detallado, desde el relato de quienes, como si se tratara de Fort Apache, rodearon San Mamés a la búsqueda de una entrada, hasta lo que se vivió en Bilbao el día del partido de vuelta, pasando por los múltiples programas especiales emitidos en televisión a lo largo de aquella semana inolvidable o las toneladas de papel que se emplearon para narrar no solo la hazaña sino también sus antecedentes históricos.
Nada de eso ha sucedido ahora en torno a la eliminatoria que comenzará en horas ante el equipo alemán. Las cosas han vuelto a la normalidad. No hubo tumulto ante las taquillas ni ha habido necesidad de organizar un puente aéreo para transportar a la afición. A efectos futbolísticos, el del Schalke 04 es un nombre que no le dice nada al aficionado medio y muy poco al experto. La legión de manchesterólogos que surgió de pronto hace quince días, no ha encontrado la debida sucesión de expertos en el equipo alemán. En la panadería ya no se discute con familiaridad sobre los títulos nobiliarios de Ferguson ni sobre la grandeza de Old Trafford. Y es que hay que tomar aire antes de lanzarse a pronunciar Gelsenkirchen sin salpicar al interlocutor.
Después de toda la lírica y la épica que adornó la anterior eliminatoria, toca ahora recuperar la prosa, olvidarse del verso y centrarse en el sujeto, verbo y predicado, todo seguido y en su orden, que diría aquel. Poner los pies en el suelo y armarse mental y físicamente para encarar a un rival que volverá a exigir el máximo del Athletic aunque de distinta forma a cómo lo hizo el United. Sobre el papel, el equipo alemán es inferior al inglés, y los de Bielsa deberían tener más accesible esta eliminatoria que la anterior, aquella que imposible en teoría y fue felizmente superada en la práctica.
Claro que se trata de un equipo alemán y eso ya supone un título en sí mismo. Orden táctico y perseverancia hasta el último minuto son dos de las cualidades que se le suponen a cualquier equipo teutón. Es el tópico al que se recurre para definirles, pero al fin y al cabo, un tópico no deja de ser una verdad repetida.
El fútbol alemán está experimentando una positiva evolución general en las últimas temporadas a partir de una organización seria y rigor económico basado en un reparto proporcional de los ingresos por televisión y otros conceptos y un control del gasto que impide los despilfarros tan habituales más al sur, que ha elevado el nivel medio de sus equipos e incrementado la competitividad en la Bundesliga, lo que se ha traducido en el regreso de la afición a unos estadios que presentan cada semana las gradas más pobladas de toda Europa.
Esa mejoría general del espectáculo y de la competición hay que entenderla sobre todo en al ámbito doméstico,aunque ya empieza a tener reflejo más allá de sus fronteras. El fútbol alemán mantiene tres representantes en los torneos europeos, el Bayern en Champions y el Hannover y el Schalke 04 en Liga Europa, lo que le coloca solo por detrás de la Liga española, que cuenta con cinco equipos en liza.
Curiosamente el Borussia Dortmund, actual líder y dominador de la Bundesliga, acabó último en la fase de grupos de la Champions por detrás del Arsenal, Marsella y Olympiacos, lo que le impidió incluso entrar en la repesca de la Liga Europa.
Tres viejos conocidos como los exmadridistas Raúl y Huntelaar, y Jurado (Mallorca y Atlético de Madrid) son puntales del Schalke 04, aunque éste último no está apareciendo demasiado en los últimos partidos. Otro exmadridista como Metzelder, el vallisoletano Escudero, procedente del Murcia, y el portero Hildebrand, que defendió un año la portería del Valencia, completan la nómina de jugadores conocidos por la afición rojiblanca y conocedores a su vez del Athletic.
El estado de gracia que están atravesando Huntelaar y Raúl (22 goles el holandés, solo uno menos que el máximo realizador de la Bundesliga, Mario Gómez, y 12 goles el exmadridista) supone el peligro principal de un Shalke 04 que ya ha anotado 60 dianas en su competición doméstica. A cambio, su defensa es bastante vulnerable, lo que debería hacer bastante factible al Athletic cumplir el objetivo de marcar como visitante.
Lejos del glamour de las grandes estrellas del Manchester United y de los focos de Old Trafford, al Athletic le tocará picar piedra para traer la eliminatoria abierta a San Mamés. Los resultados de los últimos partidos de Liga no han sido los mejores, pero tampoco hubo grandes exhibiciones rojiblancas antes y durante su eliminatoria con los ingleses. Entre los misterios insondables que sigue encerrando el fútbol, permanece el de los cambios radicales que suelen experimentar los equipos cuando pasan de una competición a otra. La brillante trayectoria europea del Athletic es el mejor aval para confiar en el grupo de Bielsa.
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martes, 27 de marzo de 2012

Unas entradas por las nubes, una Liga de chiste y un penalti fallado

Cada vez que me atizan un euro y medio por una muestra sin valor de café y dos gotas de leche suelo tener la tentación de retar al camarero a que si tiene huevos me lo diga en pesetas, así que ahora no me voy privar de traducir los precios que ha fijado la Federación Española de Fútbol para las entradas de la final de Copa. Entre 60 y 250 euros, o sea, entre 10.000 y 40.000 pesetas en números redondos, 9.983 y 41.597 para ser exactos. ¿No te entran ganas de decirle a Villar a qué no tienes huevos de decírmelo en pesetas? Pues eso.
Se dirá que las más caras, las más cercanas al palco, o los palcos VIP, serán las menos y que el grueso de la tropa de aficionados irá a las localidades de detrás de la portería. Silbar al rey desde primera fila o desde un palco privado no puede valer lo mismo que hacerlo desde el quinto pino, aunque en el quinto pino te aticen diez mil del ala.
El Athletic debería enviar una copia de la lista de precios al Manchester United y al Shalke 04 para que en Inglaterra y en Alemania comprueben lo que nos cuesta aquí el fútbol y dejen de mirar a Ibaigane como si fuera la cueva de Luis Candelas porque les cobren 90 euros por cada entrada para San Mamés. “Pagamos cientos de millones de euros (a España) para que salgan de la mierda y luego los clubes se eximen de pagar la deuda para pagar a estrellas como Cristiano o Messi. Esto no puede ser así”, dijo Uli Hoeness el otro día cuando se enteró del pufo que tienen los clubes españoles solo con Hacienda. Como se entere de lo que paga aquí el personal por ir al fútbol pide que el Gobierno español devuelva las autopistas que ha construido con los fondos europeos.

Ya conocemos lo que piensa el exinternacional alemán y actual presidente del Bayern Munich de la organización económica de la Liga española, pero no sabemos lo que opina de su faceta meramente deportiva. Se le podría enviar copia de la clasificación para que comprobara que cuando todavía restan nueve jornadas que disputar, matemáticamente el título ya solo puede ser cosa de dos, Real Madrid y Barcelona. Si el Valencia, tercer clasificado, sumara los 27 puntos que quedan en liza, llegaría a los 74 puntos, uno menos que los 75 que ya tiene el Real Madrid.
Claro que si miramos al otro extremo de la tabla, vemos que el tercer clasificado está a la misma distancia del segundo, que es el Barcelona, y del Racing de Santander, que es el tercero por la cola. Es decir, que 22 puntos separan al Valencia tanto del subcampeonato como del descenso.
Recuerdo cómo allá por el mes de septiembre, algunos exégetas se apresuraban a desmentir que ésta fuera una Liga menos competida que la escocesa, por citar alguna especialmente descompensada, porque el Levante había ganado al Real Madrid. Esta es la realidad de lo que definen como la mejor Liga del mundo. Platini, que ya cuenta con el visto bueno de Bruselas, debe poner en vigor de inmediato el llamado fair play económico. Será la única manera de que la jerarquía se establezca sobre el césped y no en los despachos.

Hablando de jerarquía, no se puede olvidar lo que ocurrió el domingo en San Mamés cuando el árbitro pitó penalti a favor del Athletic. Las imágenes de televisión muestran cómo Javi Martínez entrega el balón a Llorente, pero este se lo deja arrebatar por Muniain tras una breve discusión. Hasta la fecha había sido el delantero el último encargado de lanzar desde los once metros, así que el cambio solo puede obedecer a la decisión personal de Muniain abonada por la dejación de sus funciones de quien, en principio, se supone que era el elegido. No estamos hablando de un golpe de estado, pero estas cosas es mejor tenerlas habladas de antemano y tener establecida una jerarquía, de manera que no haya espacio ni para la duda ni para el espectáculo de dos jugadores del mismo equipo discutiendo por el balón como si estuvieran en el patio del colegio. Y tampoco vale eso de que lo tire el que más confianza tenga en ese momento. El penalti es una suerte sencilla pero que requiere una cierta especialización e incluso algún estudio previo, en este caso del portero rival, en estos tiempos de videos y cuidado de los mínimos detalles. He perdido la cuenta de los penaltis que ha fallado el Athletic en las últimas temporadas, pero al menos media docena de rojiblancos en activo han marrado desde los once metros. Cuando los partidos se deciden por pequeños detalles, este es un lujo asiático que el Athletic no se puede permitir.
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viernes, 16 de marzo de 2012

Fue maravilloso

Lo histórico no era jugar contra el Manchester United o visitar Old Trafford. Lo histórico era eliminar al legendario equipo inglés, al actual lider de la Premier, al subcampeón de Europa en vigor, a la colección de estrellas que maneja un mito viviente como Ferguson; superar a la institución futbolística más global, esa que vende cientos de miles de camisetas rojas en Asia o en el continente americano, la organización diseñada para funcionar como una multinacional. Imponerse al gigante económico y futbolístico desde los valores de siempre, a partir del trabajo paciente y bien hecho a lo largo de años de angustias y penurias deportivas con el único sustento de la fe en las convicciones propias, con el apoyo incondicional de una afición que sabe estar en su sitio en las duras y en las maduras, una hinchada que no da la espalda al equipo cuando está en sus peores momentos y que se pone en primera fila para llevar a sus jugadores en volandas cuando necesitan ese aliento extra que iguale desde la grada le presunta superioridad del rival. El Athletic global no vende camisetas en China, ni falta que le hace; el Athletic global es el que abarca a jugadores, técnicos, dirigentes, socios y aficionados que son, como bien se pudo comprobar ayer, toda la sociedad sin distinción de capacidad económica, credos, razas o ideologías. La afición del Athletic es algo más que una hinchada al uso, es un movimiento popular imparable cuando se activa en las grandes ocasiones. Ese Athletic global hizo historia eliminando al Manchester United, como pedía Bielsa, como querían los jugadores, como soñaban los seguidores.
A estas horas los jugadores del Manchester United se están preguntando todavía qué pasó, que les pasó, anoche en San Mamés. La explicación es sencilla y compleja a la vez. Les pasó por encima el Athletic, todo el Athletic. Esa sería la respuesta sencilla, comprensible para cualquiera que viera el partido en cualquier punto del mundo. Si quisieran una ampliación, convendría que consultaran con sus propios aficionados. A lo mejor les contarían que ellos también fueron un día un equipo como el Athletic, celoso de sus tradiciones y de su historia, arropado por unos hinchas identificados con sus colores y con sus jugadores, un grupo humano reconocido y reconocible capaz de sobreponerse a las adversidades y de defender un escudo por el orgullo de portarlo en la camiseta. Aquel United que ganó la última Champions League del siglo pasado volteando el marcador de la final en los dos últimos minutos del partido, se parecía bastante al Athletic que ha jugado esta eliminatoria, por ejemplo.
Observaban los seguidores ingleses las calles de Bilbao teñidas de rojo y blanco durante todo el día, con cara de envidia. Veían ancianos ataviados con la camiseta rojiblanca, madres con la bufanda del equipo que iban a recoger a sus hijos que bajaban del autobús escolar vestidos también de futbolistas, grupos de jóvenes anticipando la fiesta, toda una ciudad patas arriba por un partido, por un equipo. No es fácil entenderlo si no eres del Athletic.
¿Cómo explicar lo que ocurrió en San Mamés?. No es sencillo encontrar palabras para describir una explosión emocional como la que se vivió en la catedral durante dos horas. Fue como si todo lo que se había estado soñando durante todos estos días, todo lo que había estado ocurriendo desde la mañana a lo largo y ancho de la ciudad, se hubiera sublimado en la olla a presión del viejo campo. Hacía falta algo mucho más consistente que un subcampeón de Europa, que un lider de la Liga inglesa, para parar todo aquello. Y claro, el United acabó aplastado por la marea rojiblanca que llegaba en oleadas desde las cuatro gradas empujando a unos jugadores que sabían que no podían fallar.
En partidos como el de ayer las cuestiones tácticas suelen pasar a un segundo plano. Ferguson admitió su error del partido de ida y reforzó su centro del campo para plantar batalla allí donde siete días antes había perdido la guerra. Su elección le llevó a renunciar a un tipo tan peligroso como Chicharito, quizá el jugador que más daño hizo a la defensa del Athletic en Old Trafford. Recuperó también a un veterano tan fiable como Rio Ferdinand para apuntalar una zaga que los rojiblancos habían dinamitado en el primer partido.
Bielsa no hizo cambios. Hace tiempo que tiene su once ideal y le de igual que llueva o luzca el sol, que enfrente esté el Manchester United o el Mirandés. Se trata de coger el balón, mirar hacia la portería contraria y buscar los caminos para llegar allí cuanto antes y cuantas más veces mejor, sin mirar ni al reloj ni al marcador.
El partido, como tal, duró veinte minutos, los que tardó el Athletic en marcar su primer gol. Hasta entonces el Manchester United plantó cara y amagó un par de ataques para demostrar que no estaba dispuesto a dejarse intimidar por un rival que le bailó siete días antes. Pero el Athletic ya se había hecho con el balón y lo movía con sentido, de banda a banda, buscando las diagonales y los espacios. Muniain culminó una excelente combinación con un remate a la base del poste y De Marcos envió el balón a las nubes a puerta vacía. Fue la primera gran ocasión. Poco después los leones ensayaron otra variante: en lugar de dibujar media docena de pases en el centro del campo, Amorebieta cruzó un envío largo desde su campo que Llorente llevó de volea a la red. Fue el mismo gol que le dio la victoria al Athletic en Anoeta en la primera vuelta. Rio Ferdinand no debió de haber visto aquel video.
Un cabezazo de Giggs fue la única respuesta que acertó a articular un United muy tocado por ese gol que empezaba a ponerle la eliminatoria imposible. Lo que sucedió tras el descanso ya está en la historia del Athletic. El equipo de Bielsa fue construyendo minuto a minuto, con la precisión de un orfebre, un monumento al fútbol en mármol de Carrara. Imposible destacar a un solo jugador. Iraizoz, siempre seguro, entendió muy bien el juego desde su posición, Amorebieta se comió a Rooney, Javi Martínez tapó, robó y condujo como un coloso, Aurtenetxe se hacía dueño de la banda izquierda, a Iraola se le fue por centímetros el gol de la temporada, Herrera volvió a brillar con luz propia, tanto como un Muniain que volvió locos a los zagueros ingleses y un De Marcos que marcó otra vez y volvió a estar en todas partes, como Susaeta, o como Toquero, otra vez una máquina en la banda derecha, al que se le fueron arriba dos remates francos, uno de ellos merecedor de los honores del gol; y qué decir de Iturraspe, otra vez, como en el partido de ida, de menos a más para erigirse en un imponente mariscal de campo, o de un bravo Llorente que, renqueante, marcó el gol que encarrilaba la eliminatoria y aguantó lesionado hasta que no pudo más.
Lo peor, si es que se puede hacer semejante afirmación en un partido que rozó la excelencia, volvió a ser el resultado. El Athletic, que ya había merecido dejar resuelta la eliminatoria en el primer partido, perdió ayer la ocasión de firmar una goleada de escándalo que hubiera dado la vuelta al mundo. Hasta estos niveles hemos llegado con este equipo: no solo eliminamos a todo un Manchester United sino que merecemos hacerlo por goleada.
La victoria por la mínima no refleja lo que sucedió en San Mamés pero, como les ocurre a los que asistieron al célebre partido de la nieve, los que estuvimos allí no olvidaremos nunca aquella noche en la que el Athletic pasó por encima del Manchester United y además tendremos el apoyo de unas imágenes más nítidas que aquella vieja filmación del NoDo para demostrarlo. Hemos vivido en directo un episodio histórico y lo evocaremos durante toda la vida porque, sencillamente, fue algo maravilloso.
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viernes, 9 de marzo de 2012

Un Athletic de ensueño arrasa al United
en el campo y en la grada

Las nuevas generaciones del Athletic ya tienen algo que contar a sus sucesores. Los 8.000 seguidores que disfrutaron en Old Trafford de un partido memorable podrán pronunciar durante el resto de sus días una corta frase, solo tres palabras, que les identificará como parte de la historia del club: "yo estuve allí".
Llevo viendo partidos del Athletic ininterrumpidamente durante más de treinta años. Por devoción y por obligación profesional he visto prácticamente todos los partidos que ha jugado el equipo desde 198o hasta ayer, incluidos los amistosos de verano, y soy incapaz de recordar una exhibición como la que acabo de presenciar en Old Trafford. El 1-5 de Las Palmas, que sirvió para ganar una Liga fue el resultado de una superioridad aplastante, pero ante un rival inerte abocado al descenso. El 0-1 en el Santiago Bernabéu en el partido de ida de la semifinal previa a la final de Copa que se ganó al Barcelona, fue también un partido en el que el Athletic fue muy superior, esta vez ante un rival de entidad. Fue tal el desempeño de los leones aquel partido, que siempre recordaré el titular de mi crónica: "El Athletic bailó con el cadáver del Real Madrid". Aquel cadáver resucitó en el partido de vuelta y nos obligó a una prórroga y a una tremenda tanda de penaltis. Fue también un partido histórico aquel, pero más por lo heróico del comportamiento del equipo que por el fútbol. Cinco días después, en Valencia, aquellos leones volvieron a dar otra lección de garra y de entrega hasta la extenuación. El vuelo del balón desde la bota de Dani hasta la cabeza de Txema Noriega para marcar el 1-2 fue uno de los instantes más emotivos que he vivido con el Athletic. Como lo fueron la final contra el Barcelona de Maradona, o algunos partidos a cara de perro en el coliseo blaugrana.
Lo de Old Trafford ha sido otra cosa. Por el escenario, por el rival... pero sobre todo por el juego desplegado por un equipo que ha demostrado que es capaz de ganar a cualquiera en cualquier sitio y, lo mejor de todo, que se lo ha creído y que sabe que todavía no conoce dónde están sus límites. Hay muchas formas de ganar, tantas como de perder. El Athletic eligió la mejor manera de ganar en un escenario y ante un rival que le dan a la victoria una repercusión mundial. A estas horas el universo del fútbol ha puesto sus ojos en este viejo club que luce más lozano y joven que nunca. Después de catorce visitas a las Islas, ha llegado la primera victoria allí, y ¡de qué manera!.
Es una noche para la historia. En el teatro de los sueños, el Athletic fue el dream team, un equipo de ensueño, una máquina de hacer fútbol que dejó boquiabiertos a todos los que presenciaron el soberbio espectáculo que ofreció.
Impresiona repasar la alineación del Manchester United, y asusta ver quiénes se han quedado en el banquillo. No nos engañemos. Queríamos soñar y confiábamos en la ambición de este Athletic modelado por Bielsa, pero en nuestro fuero interno temíamos que, de no rozar la perfección, podíamos vivir una pesadilla de noventa minutos.
En no pocas ocasiones el rumbo que puede tomar un partido se puede adivinar en sus primeros compases. Ayer fue uno de esos días. La puesta en escena del Athletic fue más que esperanzadora, cobrando el primer remate en el primer minuto, y llegando con mucha gente al área rival. Los leones le tomaron muy pronto la medida al rival y al partido, mucho antes que un United que empezó quizá con cierta suficiencia, confiado en la dinamita que tiene del centro del campo hacia adelante. Y los hechos parecieron dar la razón a Ferguson cuando a los veinte minutos Rooney fusiló de cerca a Iraizoz tras un excelente movimiento de Chicharito dentro del área. Era no solo el primer remate de los ingleses, sino la primera vez que llegaban al área del Athletic. El gol parecía confirmar que a los equipos más grandes les basta con muy poquito para inclinar los partidos hacia su lado.
Pero lo mejor iba a llegar a partir de ese gol. El Manchester se recostó en su defensa, un poco porque no tenía el balón y otro poco porque entendía que podía hacer mucho daño al Athletic jugando a la contra. Y por momentos dio la impresión de que la cosa les podía funcionar. Los de Bielsa llegaban en oleadas al área de De Gea, pero dejaban a su espalda un vacío que producía escalofríos.
Fueron minutos en los que el Athletic vivió peligrosamente. Pero este equipo se ha acostumbrado a convivir con el riesgo; no sabe jugar de otra forma que no sea con generosidad y ambición, la mirada clavada en la portería rival. No merecía el Athletic, ni de lejos, estar perdiendo el partido y los leones no se resignaron. Catapultados por un Iturraspe gigantesco, Herrera, Susaeta y De Marcos fabricaban fútbol a destajo, trenzaban pases, dibujaban túneles, abrían pasillos para las llegadas de Iraola hasta el borde el área, de Aurtenetxe por el otro lado. Muniain se vaciaba entonces en un trabajo generoso en la recuperación pero poco eficaz en el ataque y Llorente, que ya había sufrido un penalti no señalado cuando el marcador señalaba tablas, a duras penas podía ser frenado por Smnalling.
Era frustrante ver al Athletic creando ocasiones, metiéndose hasta la cocina del United para equivocar el último pase o errar el remate. El repaso futbolístico ya estaba adquiriendo dimensiones considerables cuando Llorente conectó por fin, el remate ganador a un minuto del descanso. El empate era un resultado corto, hacía justicia solo a medias y quedaba medio partido por delante.
Fue en el segundo tiempo cuando el magnífico Athletic de la primera parte creció hasta convertirse en un coloso futbolístico. Ya no le valía al rival su táctica de esperar un contrataque, pero ahora no tenía más remedio que defenderse como podía de la avalancha que se le venía encima. De Gea salvó a su equipo con dos paradones que justifican por sí solos los numerosos errores que ha cometido esta temporada, pero ni el buen portero del United podía ser capaz por sí solo de frenar a un Athletic desatado.
Tocando en corto y en largo, dibujando paredes en la media luna o abriendo a las bandas, los de Bielsa llegaban por todas partes y en manada, de cinco en cinco. El balón y el fútbol eran suyos, pero el marcador seguía señalando una igualada más injusta cada minuto que pasaba.
Ferguson, sin querer, dio más grandeza todavía al triunfo rojiblanco. Metió en el campo a Anderson para reforzar sus posiciones alrededor del círculo central, territorio rojiblanco desde donde sus centrocampistas dibujaban un fútbol sublime. Por momentos pareció que el United recuperaba el resuello y sacaba el orgullo de su grandeza. Los reds estaban siendo barridos en el campo y en la grada y eso no lo podían consentir. Fue entonces cuando llegó la delicatessen de Herrera, elevando un globito sobre los centrales ingleses para que De Marcos lograra, por fin, adelantar al Athletic en el marcador.
El delirio no obnubiló a los leones. Salió Nani a salvar los muebles de los locales, pero a estas alturas el Athletic era una maquinaria perfecta. El gol de Muniain apareciendo de la nada tras un sprint brutal de treinta metros en el minuto 90 estableció en el marcador un pálido reflejo de lo que había ocurrido en el césped. Lástima que la maldición del último minuto se presentara en esta ocasión en forma de penalti en el tiempo añadido. Fue una pena porque el 2-3 final no se corresponde con el baño futbolístico que le dio el Athletic al United.
Decía ayer que lo histórico no era jugar en Old Trafford, sino ganarle al Manchester United. Pues bien el Athletic acaba de escribir una de las páginas más bellas de su larga historia. La de ayer fue una de esas noches en las que ser del Athletic es un motivo redoblado de orgullo. Por lo que hicieron los que vistieron de corto y por lo que hizo, cómo no, ese ejército pacífico que invadió Manchester con las únicas armas de sus bufandas y su inquebrantable fe rojiblanca. Athletic, ¡qué grande!
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miércoles, 7 de marzo de 2012

El relativismo aplicado al fútbol y a los futbolistas

Andan circulando por la red unas fotografías de dos postadolescentes haciendo cosas propias de su edad, o sea, haciendo el tonto. Hay miles de imágenes semejantes circulando por internet porque esa obsesión por inmortalizarse haciendo tonterías es uno de los factores que diferencian a los jóvenes de ahora de sus padres y abuelos. Todos hicimos el tonto cuando teníamos esa edad en la que se estrena maquinilla de afeitar, pero en nuestro caso procurábamos que aquello no trascendiera de la intimidad de la cuadrilla. Ahora ocurre todo lo contrario. Nuestros jóvenes necesitan verse en foto o video haciendo el botarate y proclamarlo a los cuatro vientos para que no queden dudas. Es como si vivieran en una constante repetición de la jugada gracias a que cuentan con todo un arsenal de cacharritos que sirven para fotografiar y para grabar y a que han perdido cualquier sentido mínimamente relacionado con el pudor.
El caso es que los dos zangolotinos de las fotos son dos jugadores internacionales de un equipo de Primera División que viste a rayas rojas y blancas. Su profesión ya les otorga la popularidad que otros buscan exhibiéndose en internet, pero parece ser que no han tenido en cuenta ese pequeño detalle. De acuerdo con la vertiginosa secuencia que suelen seguir las noticias en la red, las fotos han circulado en cuestión de milisegundos. Tanto en así que un periódico local decidió anoche publicar una de esas imágenes en su edición digital. La retiró en cuestión de horas. (Edito: Retiró la foto de la portada pero ha pasado a encabezar la lista de las noticias más leídas) El otro diario, tan proclive en tantas ocasiones a airear temas privados de personajes públicos, ha ignorado el tema por completo. (Edito de nuevo: Este diario sigue sin hacer mención a la foto, pero su correspondiente en Gipuzkoa la saca a la portada de su edición digital. Curioso)
Los comentarios de los lectores al pie de la noticia del diario que publicó la foto coincidían en elogiar la forma de divertirse de los protagonistas de la instantánea y en envidiar su juventud y los posibles que les permiten esos lujos. No consta la edad de los comentaristas, obviamente, pero de su léxico y perspectiva se puede deducir sin miedo al error que llevan muchos años afeitándose. Y sus comentarios explican por sí solos porque el diario que publicó la foto la retiró casi de inmediato y el otro no hizo ni mención: en estos momentos eso no es noticia.
Es esta una nueva aportación a la doctrina del relativismo. Y no es de ahora; siempre ha sido así. El hincha que se encuentra en un bar a un jugador tomando un refresco e insiste en invitarle a un combinado cuando las cosas van bien, será el primero en denunciar las veleidades alcohólicas del mismo jugador cuando las cosas vayan mal; aunque lo más fuerte que siga bebiendo ese jugador sea un batido de chocolate. Los dos postadolescentes de las fotos han tenido la fortuna de que la cosa ha salido cuando su equipo está muy arriba en la tabla, se dispone a jugar un partido trascendental en Europa y va a jugar una final de Copa dentro de dos meses. Así que a ojos del aficionado medio son dos machotes que hacen muy bien divirtiéndose en su tiempo libre. Alguno incluso les guiñará el ojo envidiando su suerte. Harán bien nuestros dos héroes en no perder de vista que cuando las cosas vayan peor que ahora ese mismo aficionado que ahora les guiña el ojo, bramará contra sus costumbres licenciosas y exigirá castigos ejemplares.
Mucho mejor para todos si el asunto pasa lo más desapercibido posible y no llega a mayores, porque no estamos más que ante la eternamente repetida historia de unos niños jugando a ser hombrecitos, pero eso no debe excluir que desde el club no les expliquen a este par de insensatos que, a diferencia de lo que ocurre con sus amigos del pueblo, su condición profesional les impide airear su vida privada o exponerse a que otros la aireen, como ha sido el caso. En resumen, que no sean tan pazguatos.
La doctrina del relativismo se puede aplicar también al partido contra el Manchester. Donde unos ven acontecimiento histórico, otros solo advierten un trámite; lo que para los de aquí es puerta que abre el camino hacia la gloria, para los de allí no es más que un portillo que tienen que pasar para tratar de alcanzar un premio de consolación. Está claro que no se vive de la misma forma esta eliminatoria en Manchester que en Bilbao y puede que esta percepción tan opuesta sea la mejor arma para el Athletic. La ilusión con la que afronta el partido, esa motivación extra que tienen los leones y de la que carecen los diablos rojos, servirá para acortar significativamente la distancia futbolística que se supone que existe entre unos y otros. Lo que para los rojiblancos es premio, para los rojos no pasa de ser un incordio y como alguien dijo, el fútbol es un estado de ánimo.
Lo que verdaderamente importa es que los de Bielsa afronten el partido con el espíritu de competición propio de un futbolista profesional, dejando la perspectiva del acontecimieto histórico para los aficionados. Porque lo histórico de verdad para el Athletic no es jugar en Old Trafford, sino eliminar al Manchester United. Está bien eso de rendir culto al mito y celebrar como lo que es, un gran choque, el enfrentamiento contra un club legendario, pero sin perder de vista que también el Athletic es una institución legendaria, que también San Mamés es un escenario de prosapia y que siendo el Manchester United uno de los grandes de Europa, el Athletic se enfrenta, y planta cara, cuatro veces al año a los dos mejores equipos del mundo. Jugar contra el Manchester United no es un premio en sí mismo; el premio es pasar a cuartos de final y para eso hay que conseguir traer la eliminatoria a San Mamés. Y el Athletic tiene posibilidades de hacerlo. Seguro.
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miércoles, 29 de febrero de 2012

En Inglaterra afirman que "el Athletic
estafa a los fans del United"

'Athletic ripping United fans off', titula su artículo Andy Mitten, un prestigioso periodista que escribe con asiduidad en diversos medios ingleses. Un vistazo al diccionario para comprender con exactitud el significado que le dan los ingleses al verbo to rip off, nos descubre los siguientes: chingar, clavar, currar, embromar, estafar, joder, tumbar. He elegido la quinta acepción para titular con la traducción, pero es evidente que Mitten no se anda con medias tintas a la hora de calificar la política de precios del Athletic para el choque contra el Manchester United. Ni él ni los responsables de la entidad inglesa. Tanto es así, que el club de los diablos rojos ha elevado una protesta a la UEFA de la que, según se desprende de lo que escribe el periodista, no esperan sacar nada en limpio de acuerdo con sus experiencias anteriores. Claro que de los comentarios que ha suscitado el artículo entre sus lectores se deduce también que, al margen de algún exaltado, a nadie le sorprende en Inglaterra la noticia del precio porque la mayoría coincide en admitir que incrementar el valor de las entradas en determinados partidos es una práctica bastante habitual, incluso en las Islas.
El artículo, con su incendiario titular, es la respuesta al precio que ha puesto el Athletic para las entradas del partido de Europa League en San Mamés, que ciertamente contrasta con el que ha señalado el Manchester United para la ida en Old Trafford. Los ingleses pagarán 92 euros (77.5 libras), para sentarse en San Mamés, lo que el periodista no duda en calificar de extorsión a sus fans, mientras que los seguidores del Athletic podrán acceder al 'teatro de los sueños' por 42 euros (36 libras), es decir, menos de la mitad.
Ésta es, al parecer, la razón principal por la que los ingleses no habían enviado todavía ayer martes las entradas para su venta en Bilbao, mientras que el Athletic sí ha remitido las suyas a Manchester para su gestión por parte del club de los diablos rojos. De hecho, los aficionados ingleses podían comprar las entradas para San Mamés desde ayer en la página web se su club, dando cuenta, eso sí, de su plan de viaje detallado.
Aunque Andy Mitten se esfuerza en explicar las razones de esta política de precios e incluso se muestra comprensivo y la justifica diferenciando a los socios que verán premiada su fidelidad con precios más asequibles, de los espectadores eventuales que acuden atraídos por el glamour de las grandes citas, ha preferido utilizar la brocha gorda para titular, despreciando el pincel para hacer una matización importante: el Athletic no ha establecido sus precios solo para los aficionados del Manchester United, sino para todos aquellos que quieran acudir a San Mamés sin ser socios del club, sean ingleses o vascos. Mitten recuerda, eso sí, que los mismos precios estuvieron en vigor en San Mamés en anteriores partidos de la EL, tal y como lo hizo el propio Athletic en un comunicado hecho público a última hora de la tarde del martes a través de la pagina web oficial. Es éste un matiz que condiciona todo el argumentario del periodista y, por ende, del propio Manchester United, y deja en evidencia la tendenciosidad del titular: Los precios son los que son para todos y la única diferencia se establece en relación a la condición de socio o de mero aficionado de quien acuda a la taquilla.
Es previsible que ese dato sea definitivo para que la UEFA no tome en consideración la reclamación de los ingleses. No hay discriminación, ni extorsión ni, mucho menos, estafa, o cualquiera que sea la acepción en la que estuviera pensando el periodista cuando escribió su titular. Hay unos precios que los clubes fijan libremente y de los que, salvo que hayan cambiado las cosas, la propia UEFA se suele llevar un porcentaje.
Siendo esto así, no es menos cierto que los aficionados del Manchester United encuentren razones para sentirse agraviados, las mismas que esgrimieron los seguidores del Athletic cuando tuvieron conocimiento de los precios que determinó el Mirandés para el partido de ida de la semifinal de Copa, o los que suelen fijar los rivales de los rojiblancos más cercanos en lo geográfico, cuando barruntan un desplazamiento masivo de seguidores del Athletic a sus campos.
La petición a la UEFA para que establezca medidas generales contra la escalada de precios que sufre el fútbol con la que Andy Mitten cierra su artículo, puede considerarse una reflexión interesante, propia de alguien que ve este deporte desde la mentalidad inglesa, donde el fútbol, todavía, sigue siendo un espectáculo relativamente barato, sobre todo si lo comparamos con los precios que rigen en el Continente.
Este asunto de los precios de las entradas amenaza con enrarecer el ambiente de lo que se presuponía que iba a ser una gran fiesta del fútbol. De momento, los plazos ya empiezan a apretar al Athletic y a sus aficionados, quienes, a una semana de la cita de Old Traford, siguen sin saber si dispondrán de una entrada para poder planificar su viaje, una situación que obligó al Athletic a emitir un segundo comunicado aclarando su posición al respecto, circunstancia muy poco habitual en un club en general poco dado a extenderse en demasiadas explicaciones, lo que indica el nivel de preocupación que está generando este tema.
El club ya expresó su temor al conflicto que podría provocar la demanda de entradas y los hechos certifican lo fundado de esos temores. De pronto, el Athletic se está viendo inmerso en un terremoto cuyo epicentro se encuentra en las taquillas de San Mamés. Tiene que gestionar, sin apenas tiempo para maniobrar, las aproximadamente 3.800 entradas que enviará el Manchester United para la ida, y casi sin solución de continuidad, manejar el reducido aforo de San Mamés para la vuelta, con el ingrediente añadido de un casi seguro desplazamiento masivo de ingleses, que acapararán la grada sur del campo obligando a reubicar a los socios afectados en otras tribunas. Tanta es la expectación que está generando la eliminatoria, que el partido contra la Real Sociedad, que tradicionalmente genera problemas de taquilla, está pasando completamente desapercibido en esta ocasión.
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viernes, 24 de febrero de 2012

El Athletic tuvo que recurrir a la épica
para resolver un partido enrevesado

Pocos partidos se suelen ver tan complejos como el que jugaron el Athletic y el Lokomotiv. Dijo Bielsa en la sala de prensa que fue un partido de muchos matices. Sería quizá más descriptivo decir que hubo varios partidos dentro del mismo partido, hasta convertir el choque en un asunto más mental que futbolístico, con movimientos más propios del ajedrez que del deporte del balón. Hubo tantas cosas a lo largo de los noventa minutos que contarlas todas daría para escribir una de esas novelas río que lo mismo sirven para leer, que de almohada para la playa por su volumen. Una novela que podría escribirse además en diversas claves, recurriendo al género o subgénero que más domine el autor. Hubo novela negra, protagonizada por un Lokomotiv suburbial; hubo también bastantes páginas de misterio e intriga y, cómo no, hubo un sitio preferente para la épica que, como no podía ser de otro modo, le correspondió en su totalidad al Athletic. La novela tuvo un planteamiento que hubiera desalentado al mejor lector, con el campo medio vacio y frío en el comienzo, y un nudo enrevesado pero un final feliz, con un San Mamés en ebullición rendido al coraje de sus héroes.
Hubo también un entrenador, Bielsa, que se equivocó de salida, y otro, Bielsa también, que estuvo ágil y decidido para ir cambiando esquemas y retocando posiciones a lo largo de todo el segundo tiempo hasta convertir a su equipo en un carrusel que supo mantenerse girando hasta el último minuto.
Es curioso cómo la baja de un lateral, en principio un puesto secundario, puede provocar un verdadero lío en un equipo. Faltaba Aurtenetxe y Bielsa optó por poner en su lugar a De Marcos manteniendo a Toquero en el sitio del todoterreno. Se vio muy pronto que no era una buena solución. Couceiro también había estudiado muy bien al Athletic y planteó un partido de contención basado a partes iguales en un excelente posicionamiento de su equipo, en la caradura de la mayoría de sus jugadores y -aquí entra un factor incontrolable- en la ineptitud de un árbitro que se dejó tomar el pelo durante todo el partido por los jugadores rusos. También cabe extraer una conclusión de la actuación del colegiado, a saber, que si en Polonia tienen a este semoviente por internacional, sufren un problema arbitral que no lo arregla ni la virgen de Chestokova. El arbitraje del tal Pawel Gil solo se hubiera podido comprender de estar todavía en vigor el Pacto de Varsovia.
Pero vayamos a los problemas que nos importan, que fueron los que sufrió el Athletic durante todo el partido. El Lokomotiv sembró un campo de minas en San Mamés. Muy bien escalonados en tres líneas, los rusos cerraron los caminos hacia su portería, minimizando los espacios y jugando con el cronómetro, sin ningún empacho en perder tiempo desde el minuto uno. La opción del doble delantero con Toquero junto a Llorente, aunque Gaizka trataba de moverse a lo largo de todo el frente de ataque, no funcionó porque había demasiada gente para tan poco espacio y porque los rojiblancos no sabían encontrar desde atrás líneas de pase entre las trincheras de los rusos. Se vio pronto que aquello estaba muy complicado. El Athletic no podía imprimir ritmo al partido, constantemente interrumpido por el Lokomotiv, y sin ritmo ni velocidad los rojiblancos se asfixiaban en su propia red de pases a ninguna parte.
Bielsa lo vio claro y en el descanso cambió completamente el sistema. Retiró a dos de los más desafortunados, Iturraspe y Susaeta, metió a San José en el eje de la defensa para adelantar a Javi Martínez al centro del campo donde, efectivamente, hacía falta más energía, y sacó a Iñigo Pérez para colocarlo de lateral y devolver así a De Marcos a su posición en la media punta.
Con la nueva configuración el Athletic jugó los mejores minutos del partido. Toquero, más pegado a la banda derecha, volvió a asociarse de maravilla con De Marcos, igual que ante el Málaga, y desde aquel lado empezaron a llover balones al área de Guilherme como no lo habían hecho a lo largo de toda la primera parte. Entonces se pudo apreciar, por fin, la superioridad de los rojiblancos sobre su rival y se atisbó la resolución de la eliminatoria. Lástima que durara tan poco. Apenas catorce minutos, el tiempo que tardó Amorebieta en ver su segunda tarjeta amarilla. También ese asunto merece su microrrelato. Caicedo eligió chocar con Amorebieta en lugar de disputar un balón aéreo. Era falta del delantero, pero la cosa acabó en un rifi rafe que al colegiado saldó amonestando a los dos, lo más fácil. En una jugada posterior, Amorebieta se despistó, nadie le avisó de la presión que le iba a hacer un rival a su espalda y no tuvo más remedio que derribarle. Nada que objetar a la segunda tarjeta, pero que Tarasov llegara al minuto noventa en el terreno de juego, después de una infinidad de faltas, dos manos y una agresión a Muniain, define la incompetencia del colegiado.
Con uno menos solo quedaba recurrir a la épica y el león despertó de inmediato. Casi en la jugada siguiente, un defensa impidió que el disparo de Herrera llegara a la red. Fue la mejor ocasión del partido. En el corner consiguiente, Llorente cabeceó superando a tres defensores y Muniain fusiló desde cerca. Si San Mamés ya estaba volcado el gol terminó por fundir a equipo y público en la misma lucha. Quedaba media hora larga de sufrimiento. Cuando flaqueaban las piernas arreciaban las gargantas; cuando el miedo silenciaba al graderío, surgían tipos como Muniain o De Marcos, ¡qué carrera de área a área de ida y vuelta se pegó en el minuto 85!, como Javi Martínez o Toquero, como el propio Llorente defendiendo hasta en la posición de lateral, poniendo todos el corazón, muriendo en la pelea.
Y desde la banda, Bielsa corregía una y otra vez. Retiró a Herrera para reforzar la trinchera con Ekiza; Javi otra vez al eje de la defensa e Iñigo Pérez al medio; De Marcos de regreso al lateral, Munian a los relevos, Iraola a echar una mano a los centrales y Toquero en su ayuda. El Lokomotiv metía delanteros y el Athletic se reinventaba. Fue un despliegue sensacional de todos, jugadores y banquillo, que dice mucho de un equipo excelentemente trabajado, con jugadores polivalentes capaces de rendir en distintos puestos, de asumir responsabilidades y de ser fieles a una idea. De hecho, en esa larga media hora el Lokomotiv solo pudo cobrar un remate lejano, que Iraizoz detuvo sin problemas. Si la tensión se disparó hasta el límite fue por el carácter irrevocable en una eliminatoria de un gol, un solo gol que en esas condiciones puede venir en un golpe de mala suerte. No se produjo y llegó, por fin, el final feliz que merecía el Athletic por su esfuerzo y porque, en el balance general, demostró ser superior a su rival. El viejo león apareció en el momento preciso. Donde no alcanzó el fútbol, llegó el corazón indómito de este equipo. San Mamés sufrió y disfrutó como en las grandes noches. El Lokomotiv es ya un capítulo más de este largo cantar de gesta. El Manchester United ya asoma en el horizonte.
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viernes, 3 de febrero de 2012

El Espanyol ya se llevó cinco goles
de un San Mamés nevado

Ocurrió justo hace veintinueve años. Aquel mes de febrero de 1983 también hacía mucho frío y nevaba en Bilbao y el Athletic ilusionaba a sus seguidores como lo hace ahora. Incluso más. La temporada anterior el equipo había completado una segunda vuelta espectacular, resolviendo con goleadas casi todos sus partidos en San Mamés, lo que le llevó a acabar en cuarta posición. La temporada 82-83 estaba confirmando los buenos augurios del año precedente, y aquel gélido mes de febrero el Athletic de Clemente estaba disputando el liderato con el Real Madrid y el Barcelona. Nadie hablaba todavía de ganar la Liga que se iba a conquistar tres meses después bajo el sol canario. Por esas cosas del calendario, el partido contra el Espanyol se jugó un miércoles, en una noche en la que los lobos se paseaban con bufanda por las calles de Bilbao.
No tenía un mal equipo aquel Espanyol que entrenaba José Mari Maguregi. Liderados por Lauridsen, los Orejuela, Corominas, Márquez y compañía, formaban un grupo apañado que se movía con comodidad por la mitad de la tabla. Bastantes de aquellos jugadores alcanzarían unos años después la final de la UEFA dirigidos por Javier Clemente.
Por eso, cuando sobre un San Mamés nevado el equipo catalán se adelantó en el marcador nada más empezar el partido, la preocupación cundió en la grada. Las condiciones del campo favorecían el juego de destrucción y si ya de antemano parecía un partido complicado por las bajas de Liceranzu y Dani, el 0-1 no auguraba nada bueno.
Muchos años después, veinticinco para ser exactos, mientras estaba preparando mi libro 'Días de gabarra y gloria', tuve la oportunidad de charlar con Isma Urtubi, uno de los protagonistas de aquel partido y de aquellos títulos. Al 'Jabalí', que era como le llamaban, y le llaman todavía sus compañeros, se le afilaba el colmillo recordando aquel episodio un cuarto de siglo después. Y es que aquella gélida noche el Athletic protagonizó una de las exhibiciones de fuerza y talento más espectaculares que se recuerdan en San Mamés. El equipo se comportó en el campo como una división acorazada que aplastó literalmente a un rival hundido en la nieve y el barro. N'Kono, el portero camerunés que hizo historia en el Espanyol por su peculiar forma de actuar bajo los palos y por los pantalones largos de su uniforme de juego, confesaría después del partido que aquella noche vio la nieve por primera vez en su vida. Pero no fue culpa de Tommy N'Kono que el Espanyol encajara cinco goles. Fue responsabilidad de un Athletic poderoso, convencido de sus posibilidades y de su capacidad. No fue casualidad que los goleadores fueran tres de los más fuertes físicamente de aquel equipo. Miguel De Andrés abrió y cerró el marcador rojiblanco, Txema Noriega hizo el segundo y el cuarto y Urtubi fusiló el tercero desde el punto de penalti. El Espanyol conseguiría marcar un segundo gol que maquilló una goleada que pudo ser aún mayor.
Zubizarreta, Urkiaga, Núñez, Goikoetxea, De la Fuente; Gallego, De Andrés, Urtubi; Noriega, Sarabia y Argote, fueron los titulares. Desde el banquillo salieron en el segundo tiempo dos jovencísimos Julio Salinas y Juanjo Elgezabal.
Aquel partido contra el Espanyol despertó en los aficionados más veteranos el recuerdo de otro partido disputado bajo la nieve también un día entre semana, muchos años atrás, nada menos que en 1957, en cuartos de final de la segunda edición de la historia de la Copa de Europa, contra el Manchester United. Aquel partido se recordaba y así lo siguen recordando los veteranos, como 'el partido de la nieve' y quienes estuvieron en San Mamés aquel miércoles de enero a primera hora de la tarde, para aprovechar la luz natural, no dudan en asegurar que fue el mejor partido de la historia de San Mamés. El Athletic también metió cinco goles, pero encajó tres. El 3-0 en la vuelta acabó con su trayectoria europea.
Entrenado por Daucik, el Athletic acababa de conseguir el segundo doblete de su historia, y su debut en la recién nacida Copa de Europa no podía ir mejor. Los leones habían eliminado al Oporto y nada menos que al Honved de Budapest de los Puskas, Czybor, Koczsis y Rakoczi, uno de los mejores equipos de la historia, columna vertebral de una selección húngara que destacaba por su fútbol de alta escuela. Era lógico el ambiente de entusiasmo que reinaba en Bilbao cuando llegó el Manchester United y el partido, según cuentan sus testigos y protagonistas, no desmereció en absoluto.
Los héroes de aquella ocasión fueron Carmelo, Orue, Garay, Canito; Mauri, Maguregi; Artetxe, Markaida, Arieta I, Merodio y Gainza. Prácticamente los 'once aldeanos' que dos años más tarde ganarían la final de Copa en Chamartín al Real Madrid de Di Stéfano, Kopa, Santamaría o Gento, el campeón de las primeras cinco ediciones de la Copa de Europa.
Un año después de aquel célebre partido de la nieve, el 6 de febrero de 1958, un accidente aéreo acabó prácticamente con aquel legendario Manchester United cuando el equipo regresaba de disputar un partido de Copa de Europa contra el Estrella Roja de Belgrado. En el accidente que ha pasado a la historia como la catástrofe de Munich murieron veintitrés personas, entre ellas, seis de los futbolistas que habían jugado en San Mamés: Tommy Taylor, autor del primer gol de su equipo, Lian Whelan, que marcó el tercero, David Pegg, Mark Jones, Eddie Coleman y Geoff Bryne.
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