Ahora se ha sabido, porque así lo ha hecho saber la familia a través de este comunicado, que Rodolfo Ares ha ofrecido a los padres de Iñigo Cabacas una indemnización económica para cerrar el caso ante la imposibilidad material de avanzar en la investigación y concluir quién fue el autor del disparo que acabó con la vida del joven. La oferta habla por sí sola de la catadura moral del individuo. Ares debe saber que la indemnización, en su caso, la establecerá la sentencia de un juez; lo otro, lo que ofrece el consejero, no es una indemnización; es una suerte de chantaje, es la indigencia moral de poner precio a una muerte; es insultar la memoria de Iñigo Cabacas y agredir a su familia diciéndoles tomen este dinero y olvídense del asunto.
Parecía difícil caer más bajo, pero se ve que tipos como el actual consejero de Interior son capaces de superarse a sí mismos. Tres meses después, sin ningún avance reseñable en la investigación, sin datos de interes aportados a los tribunales, esa es la solución que ofrece el responsable último de la policía vasca: dinero a cambio de justicia. Cómo pudimos ser tan ingenuos quienes pensamos que el consejero de Interior presentaría su dimisión en los días posteriores al suceso, cuando desde la propia Ertzaintza salían a la luz las reservas de los agentes por la utilización de un material peligroso y poco controlable, como lo demuestra el hecho de su retirada a raiz de la muerte de Iñigo.
El verbo dimitir no se conjuga en ciertas instancias. Es más fácil, como ha vuelto a hacer Ares, apelar a la ideología de la abogada que representa a la familia para contaminar el caso. Si ya lo hizo en el primer momento insistiendo en la cercanía de la herriko taberna, cómo no iba a recurrir ahora a la trayectoria política de Jone Goirizelaia. Los padres de Iñigo Cabacas llevan tres meses dándole una lección de dignidad pero está claro que la talla política y moral del consejero no da para más.
Menéame
GBookmarks: marcar