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martes, 4 de septiembre de 2012

Éramos pocos...y hablaron López y Mendia



El Athletic no deja de estar en boca de todos. Por si el verano con las obras de Lezama, la salida de Javi Martínez o la cuestión todavía abierta de Llorente no hubiera sido suficiente, ahora llega el Gobierno vasco prácticamente en funciones, a alimentar una nueva polémica cuyo sentido último se escapa, salvo que alguien haya entendido que para hablar del Athletic hay barra libre y que mientras se hable del Athletic no se habla de otras cosas.
Está universalmente aceptado que una de las razones de la extraordinaria repercursión mundial del fútbol es que cualquiera puede hablar de este deporte, sentando cátedra independientemente de su nivel de conocimiento del mismo. El último aficionado le puede discutir una alineación a un seleccionador campeón del mundo y el primero que pasa por la calle puede cuestionar la autoridad de un entrenador con varios títulos en su palmarés. Incluso la portavoz de un gobierno puede, en el ejercicio de sus funciones, cuestionar la decisión de no traspasar a un jugador, como acaba de hacer Idoia Mendia refiriéndose a Llorente y al Athletic.
La hasta ahora consejera de Justicia y ahora también de Interior, dos departamentos por cierto directamente concernidos en el esclarecimiento de las circunstancias de la muerte del joven seguidor del Athletic Iñigo Cabacas, y que todavía cinco meses después de ocurridos los hechos no han dado una sola explicación, se ha sumado a la manifestación que encabezó Patxi López la víspera en el transcurso de una entrevista.
"¿Con cuarenta millones del traspaso de Javi Martínez el Gobierno vasco todavía tiene que financiar el nuevo San Mamés?",pregunta el periodista. Y responde el lehendakari: "Creo que el Athletic debiera implicarse en la financiación del nuevo San Mamés". Insiste el entrevistador con una pregunta afirmación: "Más de lo que estaba hasta ahora". "Bastante más de lo que estaba hasta ahora", asiente López.
Practiquemos la piedad y obviemos que las preguntas tengan más contenido que las respuestas y vayamos al segundo capítulo, protagonizado por la portavoz y multiconsejera Idoia Mendia. "Lo primero que quiero decirles es que el Gobierno ha cumplido y cumple con sus compromisos", se arranca Mendia respondiendo a lo dicho la víspera por Urrutia cuando aseguró que el Athletic cumplirá con los compromisos adquiridos. "Lo que sí es cierto es que el Athletic acaba de recibir unos ingresos de cuarenta millones de euros que no tenía en el momento en el que se adquirieron aquellos compromisos y que cambia sustancialmente la foto económica del Athletic, por no hablar de los millones que ha perdido con el jugador Llorente, que podía haber recuperado. Y por lo tanto, en fin, lo que único que pedimos al Athletic es que podía hacer una reflexión en torno a esa cuestión ¿no?".
Pues no. Somos los ciudadanos los que pedimos a los miembros del Gobierno que hagan una reflexión antes de hablar...incluso en época preelectoral. Y para ayudar a esa reflexión repasemos someramente la historia, todavía breve, puesto que se remonta a enero de 2007, de la sociedad San Mamés Barria SL, encargada de la ejecución y gestión del nuevo campo de fútbol de Bilbao.
El 19 de enero de 2007 el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, Xabier Irala, a la sazón presidente de la BBK y Ana Urquijo, presidenta del Athletic, presentaron el acuerdo que habían alcanzado para establecer el modelo de gestión y financiación del nuevo campo. En su turno de intervención José Luis Bilbao especificó: "Se va a seguir el mismo modelo que se llevó a cabo con el Guggenheim, separando la propiedad de la gestión. No habrá subvenciones, sino una sociedad propietaria, dentro de la cual cada parte será dueña según lo que aporte".
Puede ser que a Patxi López y a Idoia Mendia se les haya escapado este detalle ahora porque, de lo contrario, no cabe duda de que además de la reflexión (Mendia) o de la pasta (López) que le piden al Athletic, hubieran añadido que gustosamente le cederán a cambio una mayor cuota de propiedad, tal vez la que cedería el propio Gobierno vasco.
A lo mejor el detalle se les ha escapado porque pese a que San Mamés Barria SL se constituyó formalmente como sociedad el 6 de marzo de 2007, Patxi López no se reunió formalmente con el Athletic hasta el 18 de septiembre de 2009, cuatro meses después de ser proclamado lehendakari. En aquella reunión el presidente del Athletic, Fernando García Macua, le propuso a López que el Gobierno vasco se sumara a la sociedad San Mamés Barria SL con una aportación de 55 millones de euros. Una cantidad igual a la que aportarían también la BBK y la Diputación Foral de Bizkaia. El Athletic por su parte aportaría 42 millones de euros.
El Gobierno vasco se incorporó oficialmente a la sociedad el 26 de mayo de 2010, ocho meses después de aquel primer contacto entre Ibaigane y Ajuria Enea, y pasados más de tres años de la constitución de San Mamés Barria SL, no sin antes haberse asegurado el gobierno el uso público de parte de la nueva instalación. No se contempló la posibilidad de que el campo contara con una pista de atletismo como inicialmente sugirió el lehendakari, sin duda poco informado del espacio físico destinado al nuevo San Mamés, pero a cambio contará con una recta en los bajos de una de las tribunas y una instalación para la práctica de una disciplina tan popular en Bizkaia como el salto de pértiga.
A modo de resumen podemos concluir que la propuesta de López y Mendía sugiere una nueva modalidad de acuerdos societarios según la cual la aportación de los miembros al fondo común no se establece por acuerdo en el acto de la constitución de la sociedad, sino según los posibles que tenga cada uno en su momento. Según la nueva doctrina que alumbra el Gobierno vasco, el vecino que resulte agraciado con la lotería de Navidad incrementará el importe de su cuota mensual a la comunidad por el mero hecho de que ha cambiado su foto económica, sin que por ello vea incrementado su patrimonio inmobiliario, ni su voto tenga más valor a la hora de elegir la alfombra del portal.
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martes, 7 de octubre de 2008

Asamblea de Compromisarios, el reality rojiblanco

Allá por el pleistoceno, o sea cuando la presidencia de Aurtenetxe y anteriores, el Athletic celebraba sus Asambleas de Compromisarios en el salón de actos de la Escuela de Ingenieros Industriales, cuya puerta de entrada se encontraba cara a cara con la fachada de la conocida como portería de ingenieros en San Mamés. Aquellas eran unas asambleas familiares, a las que acudía un numero de socios que apenas rebasaba el centenar. Compromisarios designados por sorteo, o vaya usted a saber realmente cómo , en aquellos tiempos donde el Athletic era noticia sólo en los terrenos de juego porque, a diferencia de otros, aquel era un club en el que nunca pasaba nada.
Al centenar de socios le acompañaba media docena mal contada de periodistas locales y algún fotógrafo. La única televisión de entonces enviaba a un cámara para que grabara un plano de la mesa presidencial, que por todo atrezzo lucía a un lado la bandera del club que adorna durante todo el año el despacho del presidente. El resto de la infraestructura se limitaba a la presencia de dos responsables de los 'boinas' de San Mamés que, en previsión de algún improbable incidente, guardaban las espaldas de una secretaria del club (mejor dicho, la secretaria) que revisaba en la puerta los carnets y las tarjetas de asistencia de los socios, a muchos de los cuales saludaba por su nombre. A los periodistas les escrutaba de arriba abajo y hasta miraba sus tarjetas de asistencia al trasluz, buscando probablemente alguna falsificación. Al de El Correo le saludaba muy efusivamente por el nombre, pero ninguno de los restantes podía escapar de su celo reglamentarista. Han pasado muchos años pero ahora no puedo evitar rememorar aquellos controles en la puerta del salón de actos de la Escuela de Ingenieros cada vez que en un aeropuerto me hacen quitarme el cinturón.
Una vez sorteado el fielato de la estricta cancerbera, los periodistas se situaban en una de las últimas filas del lado derecho del patio de butacas según se mira al escenario, o sea en la posición teórica del lateral derecho si la mesa presidencial fuera la portería contraria. Y ocupaban aquella fila no porque hubiera reserva alguna, sino por tradición. Una más de las del Athletic.
Empezaba la Asamblea con el discurso el presidente, un discurso largo y tedioso en la mayoría de los casos, donde el mandatario de turno venía a glosar a grandes rasgos lo hecho durante el ejercicio y su propuesta para el futuro, propuesta que tenía su alfa y omega en el importe de la subida de cuotas, único punto del orden del día que interesaba realmente a los presentes. En el duermevela en el que los asistentes seguían el discurso, algún periodista veterano aprovechaba para engañar al compañero novato o a algún fotógrafo despistado. "Te juego un cubata en el próximo viaje a que el primer socio que sale pregunta por el suplemento". "Hecho", le respondía el cándido de turno, incrédulo de las dotes adivinatorias del viejo zorro. Cuando el presidente terminaba su discurso, tomaba el relevo el contador, que refería el balance, cuenta de resultados, activo, pasivo y presupuesto en el tono monocorde con el que el sacerdote de Begoña desgrana las cuentas del rosario cada tarde en Radio Popular. Y a continuación, el primer socio que había pedido la palabra preguntaba, efectivamente, por el suplemento entre el pasmo del pardillo y las carcajadas canallescas de sus colegas.
Luego salían por riguroso turno las dos estrellas de la época: los socios Egido y Lizarraga, que no es que ya estuvieran allí entonces, sino que, a juzgar por el mesarse los cabellos y el rechinar de dientes de sus compañeros de Asamblea, llevaban allí desde tiempos de Daucick por lo menos.
Tenía el primero un estilo en el que destacaba su fina ironía, empañada tan solo por un uso torpe del micrófono, razón por la que probablemente no se entendían los venablos que dirigía a la directiva en forma de sarcasmos y era causa de que sus intervenciones fueran siempre abruptamente interrumpidas por los abucheos del personal, aunque nuestro orador no se amilanaba tan fácilmente, tanto era su tesón para tratar de corregir el rumbo errático de los dirigentes de turno. Lizarraga era de otro estilo. Dueño de una voz tronante, al estilo de los locutores de radio antiguos, sus discursos oscilaban entre la arenga militar y el Sermón de las Siete Palabras. Pero era un hombre ecuánime al que no le dolían prendas para alternar el elogio más amable con la crítica más acerada.
También había otro señor que año tras año subía al estrado para, con paciencia propia del Santo Job y un tono de voz lastimero, exponer que una maldita gotera le arruinaba las tardes futbolísticas pese a pagar una localidad teóricamente cubierta, lo que teniendo en cuenta que antes llovía mucho más, despertaba un cálido sentimiento de solidaridad entre los presentes, incluido los canallas que se seguían riendo de su compañero novato proponiéndole más apuestas ventajistas. Aurtenetxe, siempre solícito, le respondía que trataría de inmediato su problema 'con mucho cariño'. Y así año tras año. Hace tiempo que aquel hombre no ha vuelto a aparecer en las asambleas. Quiero creer que la remodelación de San Mamés cuando el Mundial solucionó sus cuitas.
Se producía por último un conato de discusión sobre si procedía votar a mano alzada o en secreto, urnas mediante, una discusión que la mesa zanjaba con su proverbial habilidad. Ofrecían la posibilidad de la urna, haciendo como un gesto a la secretaria para que sacara el receptáculo, aunque nunca nadie vio alguna, para, a continuación, advertir de que las tortillas de la merienda posterior se estaban enfriando y el vino ya llevaba un tiempo descorchado. Ante tal admonición se votaba a mano alzada y balance, presupuesto y subida de cuotas se aprobaban por un resultado aproximado aunque siempre abrumador, que nunca coincidía con el número de asistentes, pero eso era lo de menos.
Fue Lertxundi quien trasladó la Asamblea al campo cubierto de las instalaciones de Lezama. Su llegada a la presidencia tras unas elecciones tormentosas, vino acompañada ya de un espíritu entre mercantilista y político. De pronto, la Asamblea creció en número de un modo exponencial, y se dividió en facciones. Egido y Lizarraga vieron cómo su estrella perdía brillo ante el advenimiento de una serie de compromisarios que ya no hablaban de pájaros y flores sino de responsabilidad civil, ejecución de avales y váyase señor Lertxundi. El de Portugalete fue el primer presidente del Athletic al que la Asamblea soberana negó dos veces. La primera cuando propuso la ratificación como directivo de Llantada, aquel candidato que a última hora y con nocturnidad no exenta de alevosía, pactó su retirada para facilitar el triunfo de Lertxundi en las urnas a cambio del nombramiento de Clemente como entrenador y un cargo en la Junta. Los socios ratificaron el cambalache en las urnas pero la Asamblea de Compromisarios se negó a pasar por el aro e impidió la entrada del nuevo directivo. Al año siguiente, la misma Asamblea negó, también por primera vez en la historia, la aprobación del presupuesto tras admitir como bueno un balance en el que pocos creían. Fueron los tiempos en los que se dejó ver por primera vez en la tribuna de oradores un joven prometedor llamado Fernando Lamikiz.
Para entonces ya abundaban las cámaras, los micrófonos y los periodistas dispuestos a hacerse eco de lo que ocurría con profusión de pelos, señales y entrevistas a estrellas emergentes como los compromisarios Anta, Zuloaga y algunos otros que muy pronto pasarían del anonimato de su localidad en una tribuna de San Mamés, al brillo cegador de los focos y los flashes.
La época de Arrate no sólo consolidó a los oradores estrella del mandato anterior sino que añadió una nueva especie de compromisario locuaz y agresivo procedente en casi todos los casos de la clase funcionarial. Tipos que disfrutaban del suficiente tiempo libre para leerse la Memoria de cabo a rabo, analizar el balance con precisión de entomólogo, pergeñar estrategias oratorias y preparar preguntas capaces de sorprender al más avezado concursante de televisión. En una ocasión, José Luís Marcaida, alto directivo del BBV, presidente de la Bolsa de Bilbao y a la sazón meticuloso responsable de la economía en la directiva de Arrate, se sorprendió a sí mismo tratando de explicar a un compromisario un diferencial de menos de veinte mil pesetas en una partida menor de un presupuesto de miles de millones. Para entonces ya habían tomado carta de naturaleza los compromisarios que exigían un desglose detallado del capítulo dedicado a viajes 'porque la Real siendo de aquí al lado gasta mucho menos en viajar', y los que en su condición de socios de una teórica empresa que atiende a la razón social de Athletic Club, exigían detalle pormenorizado de los emolumentos de sus empleados, léase futbolistas profesionales. El suplemento seguía levantando pasiones.
Arrate llevó el escenario de Lezama a Euskalduna Jauregia tras un fallido ensayo en un teatro bilbaíno. La Asamblea seguía creciendo a medida que las facciones se consolidaban o se reproducían por partenogénesis. El sobrio escenario del salón de actos de Ingenieros con su bandera y su modesta mesa presidencial con doce directivos, había dado paso a un montaje propio de una convención del partido republicano con un escenario en el que los directivos se sentaban en filas de diez en fondo, decorado de diseño, azafatas, inalámbricos, proyectores, PowerPoint y una batería de urnas con sus correspondientes y reglamentarios interventores.
Fue Javier Uria quien en su breve mandato acabó por fin con la milenaria discusión sobre el suplemento, suprimiéndolo de un plumazo para alegría de la inmensa mayoría, quizá no tanto por el ahorro que les suponía en el bolsillo, sino porque desaparecían un buen numero de oradores que se acababan de quedar sin motivo para subir al estrado. Pero el mandato de Uria conoció lo que a la postre ha venido a suponer la definitiva desnaturalización de la Asamblea de Compromisarios. La irrupción masiva de las televisiones locales culminó el desastre que ya se venía apuntando desde la proliferación de las más variopintas publicaciones y emisoras de radio. Al calor de esta presencia multitudinaria de medios ha surgido como setas después de la lluvia una nueva generación de compromisarios dispuestos a hacer valer el derecho a los cinco minutos de fama que Andy Warhol tuvo a bien conceder en su día a todos los seres humanos. Si el artista hubiera conocido a la masa social del Athletic a lo mejor se lo hubiera pensado dos veces antes de pronunciar la frasecita de marras.
Así las Asambleas que presidieron Ugartetxe, Lamikiz o Ana Urquijo acabaron pareciéndose más a un pleno del Congreso italiano que a una reunión de socios de un club de fútbol. O mejor dicho, a un reality show donde los protagonistas saben de antemano que cuanto más frikis sean ante el micrófono, más cerca estarán de ganarse un puesto en las tertulias de las televisiones locales.
García Macua también tuvo su experiencia el año pasado y la volverá a tener mañana. No ha aguantado la presión y no ha podido sostener su amago de sustituir la presencia masiva de cámaras por un pool. En el pecado llevará la penitencia y solo podrá abandonar Euskalduna Jauregia cuando la madrugada esté muy avanzada. Como se le ocurra recurrir a la vieja estratagema de Aurtenetxe y advertir de que las tortillas se están enfriando antes de que el último orador tenga sus minutos de televisión, puede acabar linchado.

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viernes, 19 de septiembre de 2008

Pelillos a la mar

La presunta iniciativa de un grupo de socios que pretenden exigir responsabilidades a Fernando Lamikiz y su Junta por al 'caso Zubiaurre', no tiene viso alguno de prosperar. El afán de notoriedad, las ganas de Lamikiz de meter el dedo en el ojo de Astiazarán plantándole la presentación del jugador el mismo día que la Real celebraba la junta de accionistas que nombraría presidente a Fuentes, la inconsciencia y el increíble error de un profesional del derecho y entonces ya avezado directivo del fútbol al que se le suponía un suficiente conocimiento del terreno en el que se movía, les ha costado a los socios del Athletic 5 millones de euros, además de una considerable vergüenza y una sensación de ridículo que produce escalofríos. Hasta en estos tiempos en los que, como diría Aurtenetxe, se le ha perdido el respeto al dinero, la cantidad es muy importante. Utilizando el 'patrón fútbol' para entendernos, valdría para fichar a un buen jugador.
Pero esa cifra desaparecerá por el sumidero del balance, como tantas otras. El Athletic puede con todo.
La nota publicada por la actual directiva en la web del club no deja lugar a la duda , sobre todo en su último punto, donde textualmente viene a decir que lo pasado, pasado está, que hay que mirar adelante y que pelillos a la mar. Si el redactor o inspirador de tal nota fuera el superior de un monasterio cisterciense, el texto transluciría bondad, generosidad y caridad cristiana, amen de un afán de superación y un elevado espíritu solidario. Pero tratándose de quienes de tratan, un resumen procaz sería: entre bomberos no nos pisamos la manguera o, dicho de manera más fina, no deseemos a nadie lo que no deseamos para nosotros.
La obligatoriedad de avalar un porcentaje del presupuesto que atañe a los directivos de las entidades de fútbol profesional que todavía conservan la forma jurídica de clubes deportivos (Athletic, Osasuna, Barcelona y Real Madrid), pretende garantizar la responsabilidad que en el caso de las Sociedades Anónimas se establece por otras vías. La norma, a mi juicio, es discutible cuando menos, porque, entre cosas, limita de manera extraordinaria el acceso a la dirección de los clubs solo a aquellos socios que pueden disponer de un aval ciertamente importante. Pero es discutible, sobre todo, porque hasta la fecha no ha tenido plasmación práctica en ningún caso, pese a que sea de dominio público que las economías de los cuatro clubes afectados no están precisamente boyantes.
Centrándonos en el Athletic, la historia demuestra que la práctica habitual ha dejado en agua de borrajas el asunto del aval. La transformación de los clubes en sociedades anónimas comenzó a gestarse en los tiempos en los que Aurtenetxe era presidente del club rojiblanco. El Athletic y los otros tres clubes citados anteriormente quedaron exentos de la obligación por ser entonces los únicos que no presentaban deudas insostenibles en sus cuentas. Fue una especie de premio que, sin embargo, vino con el regalo oculto de la obligación de los directivos de avalar el 15 por cien del presupuesto. Aurtenetxe y su Junta se libraron porque sus balances fueron siempre positivos, pero al acceder Lertxundi a la presidencia, se vio obligado a depositar el famoso aval, porque al ser 'nuevo' no tenía los antecedentes inmaculados de su predecesor.
Y fue entonces cuando en el Athletic se inauguró una dinámica que ha continuado hasta nuestros días con una única excepción. Para empezar las directivas entrantes no suelen tener la misma visión de las cuentas que las directivas salientes. Donde unos ven un balance inmaculado, los otros descubren algo muy parecido a la ruina, de lo que cabe deducir que la elasticidad del Plan General Contable es sólo comparable a la del chicle. Así, en las elecciones de 1994 la candidatura de Arrate, cuya responsabilidad económica estaba en manos de un José Luis Marcaida a quien el rigor contable, como el valor en la mili, se le supone, denunció la política económica llevada a cabo por Lertxundi, a quien, por cierto, por primera vez en la historia una Asamblea le negó el presupuesto, después de aprobarle el balance, lo que tampoco dice mucho en favor de los compromisarios. Sin embargo, una vez instalados en Ibaigane, Arrate y los suyos no hicieron ni siquiera amago de ejecutar los avales de sus predecesores e incluso tuvieron que hacer esfuerzos para calmar a quienes pedían su ejecución en la plaza pública.
La transición entre Arrate y Uria fue mucho más tranquila por su carácter continuista, pero la tormenta se desató cuando Fernando Lamikiz accedió a la presidencia tras Ignacio Ugartetxe. El balance que presentó la directiva saliente arrojaba un ligero beneficio en torno al medio millón de euros pero, reformuladas las mismas cuentas por los entrantes, descubrían un déficit de once millones de euros, un caso digno de estudiar en la London Schools of Economics. La primera Asamblea de Compromisarios bajo la presidencia de Lamikiz constituyó así un homenaje a Kafka con una puesta en escena deslumbrante en la que destacaba la presencia de la directiva saliente dividida en dos grupos: unos en la primera fila del patio de butacas defendiendo su versión de las cuentas, y otros ¡en la mesa presidencial! que las desmentía y exigía responsabilidades, bien sea con la boca pequeña y lavándose las manos en la palangana de la voluntad soberana de la Asamblea. Por dos votos los Compromisarios aprobaron no ejecutar los avales. Todavía me pregunto que hubiera sucedido con los 'ejecutables' que estaban sentados justo al lado del 'verdugo'.
Hemos llegado al último capítulo, por ahora, el de la transición Lamikiz-García Macua, Ana Urquijo mediante, y las aguas han retornado a su tranquilo cauce habitual.
Si alguien está pensando todavía en exigir responsabilidades, es mejor que se vaya quitando esa idea de la cabeza cuanto antes. A los presidentes del Athletic sólo la historia les juzgará. ¿No habíamos quedado en que el sillón de Ibaigane es casi tan importante como el de Ajuria Enea?. Pues eso.

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