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viernes, 10 de agosto de 2012

El Athletic recordó los viejos tiempos

Qué pronto olvidamos los malos recuerdos. El año con Bielsa ha borrado de nuestra memoria las viejas imágenes del Athletic torpe, perdido, empequeñecido ante rivales insignificantes, saliendo magullado de una novillada sin picadores , que era como calificaba un viejo periodista bilbaino a partidos como el de ayer. El Athletic fue a encontrarse con su pasado en un pueblo perdido de Croacia. Los rojiblancos estuvieron a punto de tirar por la borda todo el prestigio ganado a lo largo de un año de brillo y oropel dominando a rivales de rancio abolengo en sus propios palacios. El equipo poderoso y seguro de sus fuerzas, capaz de imponer siempre su fútbol, ese grupo fiel a un estilo que le ha dado personalidad, se convirtió de pronto en el equipito asustado y desorientado, a merced de un rival rudimentario pero generoso en el esfuerzo y sensato a la hora de calibrar sus auténticas posibilidades.
Los rojiblancos saltaron al campito croata con las manos en los bolsillos, con una falsa suficiencia de nuevo rico, como si exhibiciones pasadas fueran suficientes para amilanar a un rival evidentemente inferior pero con orgullo y honradez suficientes como para pelear ante su público. Fue esa suficiencia, ese dar por hecho lo que todavía no está terminado, lo que acabó metiendo a los de Bielsa en un buen lío. Es verdad que faltaban muchos titulares y que el equipo sigue cogido con alfileres, pero también lo estuvo en San Mamés y entonces los que saltaron al campo se bastaron para dejar clara su jerarquía. Con una semana más de entrenamiento, que a estas alturas es media vida, se suponía que el Athletic podría resolver sin demasiados problemas. Al parecer los jugadores fueron más allá en la suposición y creyeron que podrían acabar con el Slaven sin despeinarse. Craso error.
A los croatas les bastaron los primeros cinco minutos para olvidarse de la impresión que les pudo causar un rival que les aplastó hace siete días. Comprobaron que aunque los jugadores eran los mismos la actitud era muy distinta. Que podían hacer daño con muy poquito a una defensa desajustada casi siempre y que superar el centro del campo era solo cuestión de correr. El Athletic fue apariencia, solo apariencia, esos primeros cinco minutos. Y la apariencia dio paso a un espectro del pasado, al equipo timorato, asustado, perdido, que no tiene el balón y cuando lo encuentra solo sabe facturarlo al patadón ante la evidente imposibilidad de jugarlo con un mínimo criterio.
El Slaven hizo un gol a balón parado, estrelló un remate en el poste y llegó al área interpretando el fútbol en clave de tragicomedia, donde la tragedia la sufría el Athletic porque la comedia la ponían sus jugadores. Aquel viejo Athletic que tanta vergüenza ajena nos ha hecho pasar por esos campos perdidos de los arrabales del fútbol, se retiró al descanso con cara de no estar entendiendo nada.
Afortunadamente, el equipo cuenta ahora con un entrenador que no se anda con medias tintas. Bielsa retiró a Ekiza, Ibai y Toquero para dar entrada a Llorente, Muniain y Ruiz de Galarreta. Modificó además el dibujo del equipo. Iñigo Pérez pasó del lateral izquierdo (donde por cierto volvió a demostrar que no se le ha perdido nada) al centro del campo; Iturraspe, del centro del campo al eje de la defensa y De Marcos, del centro del campo al lateral izquierdo. Ruiz de Galarreta y Muniain se ocuparon entonces de explicar el juego sin balón para dar opciones cómodas a Iñigo Pérez e Iturraspe, quien por fin empezó a ver algo de luz. Susaeta tuvo tiempo para pensar y espacio para moverse, justo lo que necesitó para que nada más empezar el segundo tiempo, diera un pase en profundidad perfecto a Llorente, quien rompiendo el fuera de juego se fue solo hasta el área para regalar el gol a Muniain.
El Athletic fue otra cosa tras el descanso. Nada del otro mundo, pero sí un equipo organizado y seguro de sí mismo capaz de poner al rival en su sitio. Con mejor manejo de balón, con dominio territorial y mayor claridad de ideas, los rojiblancos pudieron incluso adelantarse en el marcador. Si no lo hicieron fue por su proverbial falta de puntería. Para colmo, con el paso de los minutos y con la evidencia de su superioridad, volvió a hacer acto de presencia la maldita suficiencia, esa que hizo a Muniain perder el balón en el centro del campo por querer jugarlo de tacón. La jugada acabó con una nueva demostración del peculiar sentido del humor de Iraizoz tragándose un balón de forma parecida a como se tragó el portero croata el segundo gol en San Mamés, con gran hilaridad en la grada.
Hubo que sufrir hasta el final aunque saltaba a la vista que en los últimos minutos los jugadores del Slaven más que respirar boqueaban como pez fuera del agua, haciendo juego con algunos panchitos que tenían enfrente regalándoles una y otra vez segundos remates, rechaces al borde del área y espacios siderales entre la línea de defensas y el centro del campo.
Nadie dijo que sería fácil porque el Athletic de los suplentes tiene muy poquito que ver con el equipo con todos sus efectivos. De pronto, en un pueblo de Croacia vimos a ese Athletic que creíamos olvidado. Fue un regreso al pasado que esperemos que no se repita en el futuro.
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jueves, 31 de mayo de 2012

Balance de un año para el recuerdo (II)

Un sistema defensivo con sorpresa y debate

Los laterales son pieza clave en el sistema de Bielsa por su aportación al juego ofensivo del equipo. El técnico rosarino busca provocar el desconcierto en las filas rivales con incorporaciones constantes por las bandas, que aportan superioridad numérica en el centro del campo y soluciones atacantes siempre que prolonguen la carrera prácticamente hasta el banderín de corner. Le costó a Bielsa encontrar a sus jugadores ideales para ocupar posiciones tan vitales, y queda la impresión de que después de sesenta y tres partidos, todavía no está del todo conforme con lo que ha visto.
Empezó la temporada con debate. Descartó a Koikili, que no ha jugado un solo minuto pese a que ha habido partidos en los que Bielsa ha tenido que improvisar un lateral izquierdo, y apartó de la titularidad en la banda derecha a Iraola, para concedérsela a Gurpegui. En el lado izquierdo Castillo pareció el elegido en un primer momento aunque al caer lesionado, finalmente ha sido el joven Aurtenetxe el que ha asumido la responsabilidad convirtiéndose en uno de los más habituales con treinta partidos de Liga como titular, la Copa al completo y trece de los dieciseis partidos de la UEL en el once inicial.Una buena marca para un cuasi debutante que despuntó como central en las categorías inferiores. Se le nota la querencia y la falta de recursos en la banda, pero en general puede decirse que ha cumplido en la medida de sus posibilidades y de su juventud. Por la derecha, Iraola recuperó el sitio antes incluso de que Gurpegui sufriera la gravísima lesión que le ha mantenido apartado prácticamente toda la temporada. El internacional superó el trance y poco a poco recuperó su mejor nivel, aunque en el tramo final ha tenido que sufrir lo suyo, víctima de unos problemas en el pubis que han terminado de apartarle de la Eurocopa.
De Marcos ha sido el comodín al que Bielsa ha recurrido para ocupar cualquiera de los dos laterales, unas veces por pura necesidad y otras como alternativa táctica, pero el alavés ha brillado sobre todo en el centro del campo. Iñigo Pérez ha sido otro de los recursos de emergencia para la banda izquierda con suerte dispar puesto que tampoco es un especialista en la posición, lo que ha puesto de manifiesto dos cosas: las carencias de la plantilla rojiblanca, descompensada en algunas posiciones, y la tendencia de Bielsa a buscar la polivalencia de sus jugadores de forma que de una plantilla muy corta puede extraer equipos de diversas configuraciones con solo mover a dos o tres hombres de sitio.
Pero no fueron las dudas en los laterales los únicos motivos para la discusión que planteó Bielsa en el arranque de la temporada. Fue el eje de la línea donde la aportación del técnico se puso de manifiesto con la presencia de Javi Martínez como segundo central formando pareja con Amorebieta. La posición del de Aiegi provocó el primer gran debate en torno a los sistemas de Bielsa. Javi Martínez había brillado como medio centro desde su llegada al Athletic, posición desde la que alcanzó la internacionalidad absoluta y el Mundial de Sudáfrica. Todavia hoy se discute sobre cuál es la posición donde mejor se desenvuelve un jugador que puede rendir al más alto nivel tanto como central como de medio centro, o incluso en la media punta, sitio que ocupaba en Osasuna cuando el Athletic se fijó en él siendo todavía casi un juvenil. Javi Martínez es lo que los ingleses denominan un box to box, un jugador capaz de rendir a gran nivel prácticamente en todo el campo. Sin embargo, lo que espera Bielsa de Javi lo ofrece mejor desde el eje de la defensa. Con el sistema de Caparrós, la función del navarro era barrer el centro del campo y aportar su poderío físico a base de arrancadas. Bielsa prefiere que se limite a destruir más atrás dejando la conducción y la creación para otros. Prefiere a Iturraspe en la antigua posición de Javi por su mejor criterio a la hora de sacar el balón.
Puede decirse que Javi Martínez ha rayado a gran altura en su nueva posición. De hecho es muy probable que Del Bosque le utilice en ese puesto en la Eurocopa. Como todo el equipo, ha tenido sus altibajos, pero en líneas generales ha respondido a plena satisfacción aunque, como otros, ha fallado en los momentos clave, como han sido las dos finales. El Athletic ha ganado un gran central y sigue disponiendo de un gran centrocampista si la ocasión lo requiere. Ha formado una excelente pareja con Amorebieta, uno de los jugadores a los que más ha beneficiado la llegada de Bielsa. El internacional por Venezuela ha ofrecido esta temporada su mejor perfil desde que llegó al primer equipo. Se le ha visto muy centrado, midiendo su poderío físico en las disputas, muy concentrado en los marcajes y con mucha fortaleza en el juego aéreo en las dos áreas. Le ha venido bien su compromiso con Venezuela y el buen nivel que ha alcanzado en aquella selección y le ha venido bien, sobre todo, Bielsa. Ha sentado la cabeza, se ha encontrado a sí mismo y parece que ya ha decidido lo que quiere ser de mayor: un central de largo recorrido en el Athletic.
Si Amorebieta ha sido uno de los grandes beneficiados por la llegada del argentino, Ekiza y San José han resultado visiblemente damnificados. El primero fue la gran revelación en el tramo final de la pasada temporada, pero no ha podido darle continuidad a su trayectoria en la que acaba de finalizar. Tampoco San José ha terminado de convencer a Bielsa, aunque en la primera fase del curso le eligió como el primer relevo para el tandem titular por su calidad con el balón en los pies. Pero Ekiza acabó comiéndole el terreno, sobre todo a raíz de una buena actuación en el Campo Nou donde sacó a relucir su velocidad y contundencia. Pero no ha sido el del año pasado ni de lejos. Aquel central que acabó con su cuenta de sanciones a cero ha visto este año cinco tarjetas amarillas y una roja, todas por llegar a destiempo, por pura impotencia. No les han sobrado las oportunidades ni a Ekiza ni a San José  por el nulo interés del técnico en las tan traídas y llevadas rotaciones. Con Iñigo Pérez son los que menos partidos han jugado de entre los quince jugadores con los más ha contado el técnico.
El portero es el último hombre o el primero, según se mire, del sistema defensivo de un equipo. Gorka Iraizoz está condenado a vivir no ya bajo la lupa, sino en el porta del microscopio que detecta y amplifica el mínimo fallo. A lo largo de la temporada ha sido el portero de siempre, el que alterna intervenciones excelentes y plenas de reflejos bajo los palos con fallos y dudas en cuanto tiene que abandonar el área pequeña. Los balones cruzados son su martirio, como lo son para todos los porteros aunque el público solo ve sufrir al de su equipo. Ha salvado algunos puntos y ha perdido otros, aunque en la memoria colectiva pesan más estos que aquellos. También ha mantenido al equipo de pie en algunos momentos comprometidos de la competición europea, pero esos suelen ser detalles condenados al olvido, pinceladas de calidad que desaparecen bajo el trazo grueso del error de bulto. La llegada de Bielsa le ha complicado la vida a Iraizoz puesto que se ve obligado a jugar más con los pies y a participar del juego colectivo colaborando en facilitar la salida del balón. Y el juego con los pies es, con diferencia, su punto más débil, un inconveniente grave en un fútbol que cada vez exige a los porteros bastantes más cosas que parar balones. Su falta de progreso en esta faceta siembra una duda más que razonable sobre el trabajo que ha venido haciendo en Lezama. Cinco años después de su llegada, no se advierten progresos. Al portero del Athletic parece costarle además interpretar cada momento del partido y más de una vez se le ha visto con un criterio errático a la hora de imprimir velocidad o tratar de parar el juego, según fuera lo más conveniente para el equipo. El técnico le ha otorgado toda la confianza, puesto que solo ha concedido dos oportunidades a Raúl, una en la Liga y otra en la UEL. Echando un vistazo a la nomina de porteros en activo no se ve a ninguno que sea ostensiblemente mejor que Iraizoz. Que en San Mamés se siga añorando a Zubizarreta o incluso a Iribar, es otra cuestión.
El Athletic ha encajado 81 goles en 63 partidos, 1,2 por encuentro. 52 en los 38 partidos de Liga, 1,3 de promedio; 6 en los 9 de Copa, 0,6 de media; y 23 en los 16 de la UEL, 1,4 por partido.
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jueves, 3 de mayo de 2012

Un Athletic irreconocible por las ausencias cae ante un Madrid que impuso su pegada

Había demasiadas cosas al margen del partido anoche en San Mamés y el Athletic lo acabó pagando. Demasiada electricidad en el ambiente, demasiados agravios por los que pasar factura, demasiados frentes abiertos en las gradas como para que estas volcaran la energía positiva que tanto necesita el equipo en las grandes citas. Los días previos se había estado hablando más de lo accesorio que de lo importante. Se hicieron más planes para zaherir al Madrid que para apoyar al Athletic. Había que ganar para evitar que los blancos se hicieran con el título en San Mamés. Error de planteamiento. Había que ganar para sumar tres puntos que siguieran otorgando posibilidades al Athletic; para obtener beneficio propio, no para fastidiar a nadie.
Es verdad que hay motivos sobrados para la animadversión, pero ya va siendo hora de tomarse estos partidos contra el Real Madrid con más naturalidad, en el césped y en la grada. El Athletic sabe muy bien cómo se encaran los partidos a vida o muerte, apenas tenemos que retroceder una semana en el tiempo para comprobarlo, nada que ver con lo que hizo anoche contra el Real Madrid. Una cosa es la intensidad y otra la ansiedad.
Por momentos el partido recordó la carga de la caballería polaca contra los panzers alemanes en los albores de la Segunda Guerra Mundial. El Athletic, muy debilitado por las ausencias y sobreexcitado por el ambiente, se lanzó con todo contra un rival muy concentrado y seguro de sí mismo que tiene en la pegada su mejor arma. En veinte minutos el marcador ya estaba imposible para los rojiblancos. A partir de ahí hubo un ejercicio de voluntad tan encomiable como inútil aderezado de nuevo por un arbitraje que descalifica por sí solo a todo el sistema.
Aunque los entrenadores suelen decir que prefieren centrarse en los que jugaron, no queda más remedio que recordar a los ausentes. Si en Zaragoza faltaron seis titulares, contra el Madrid fueron cinco los que se quedaron fuera. Toda una rotación. A las ausencias anunciadas de Amorebieta, Iturraspe y Herrera, se sumaron la de Muniain, con problemas físicos de última hora, y la de Iraola. Bajas en todas las líneas que obligaron a Bielsa a improvisar una alineación en la que llamaba la atención la presencia de Javi Martínez en el lateral derecho, quizá la única novedad puramente táctica, que tampoco colaboró a que las cosas funcionaran.
Sin sus habituales organizadores, al Athletic le faltaron orden y pausa para manejar el balón ante un rival que prefiere esperar y golpear, así que el Madrid tomó el mando desde el principio y puso cerco a la portería de Iraizoz. La única buena noticia en el arranque fue que el portero rojiblanco desvió un penalti lanzado por Ronaldo al estilo Panenka. Minutos después Higuain marcó un golazo y apenas sin tiempo para reaccionar Ozil culminó un contrataque de libro sentenciando el partido.
Es cierto que entre ambos goles el árbitro no vio una mano de Khedira en el área blanca, al menos tan clara como la que instantes antes le había inducido a pitar penalti al otro lado del campo, pero no vamos a descubrir a estas alturas que el Madrid es el Madrid y sus circunstancias arbitrales. Teixeira, un lince para descubrir infracciones rojiblancas, volvió a padecer una súbida ceguera y no vio otra mano de Xabi Alonso que cortaba un pase hacia Toquero. Merecería el beneficio de la duda si no fuera porque a esa falta de visión le sumó una interpretación del reglamento realmente sui generis, por ejemplo, al perdonar la segunda amarilla a Ramos tras señalarle juego peligroso. Dos horas antes, en el Calderón, el árbitro había expulsado a Godin tras amonestarle por segunda vez en una jugada similar. Cosas de los criterios unificados de los colegiados. Claro que posteriormente Teixeira no dudó en expulsar a Javi Martínez por una segunda mano tan involuntaria como intrascendente.
El árbitro colaboró a enrarecer el ambiente, pero no fue ni la única ni la principal causa de la derrota del Athletic. No jugaron bien los de Bielsa en esta ocasión porque nunca supieron ni pudieron interpretar el fútbol que requerían el partido y el rival y porque fallaron en los momentos decisivos. En el tercer gol, por ejemplo, a los cinco minutos de la reanudación, cuando la entrada de Iraola habia devuelto a la defensa rojiblanca a una fisonomía más habitual. Sin embargo el recién llegado fue uno de los que fallaron en la defensa de un corner que permitió a Cristiano Ronaldo cabecear completamente desmarcado en el área pequeña.
El marcador fue demasiado cruel con los leones, que estrellaron dos balones en la madera e hicieron trabajar a Casillas en más de una ocasión, pero aunque cruel, no fue injusto. El Athletic saltó al campo muy disminuido y acusó muy pronto esa debilidad en forma de goles. Nunca tuvo opción ante un rival que sabía lo que se jugaba y que siempre supo actuar como mejor le convenía.
Resulta ocioso hacer un análisis del partido desde la perspectiva rojiblanca cuando faltó medio equipo. El Real Madrid no es precisamente el mejor rival ante el que improvisar una alineación. Fue una lástima que Bielsa no pudiera contar con sus titulares habituales pero éstas también son las circunstancias del fútbol y entran dentro de lo previsible a lo largo de una temporada. Tanto como la nueva salida de tono de un Cristiano Ronaldo que volvió a demostrar que lo suyo es un caso claro que redención por el deporte. Sólo su habilidad con el balón ha determinado que su nombre y su rostro aparezcan en la sección de deportes en lugar de en la de sucesos.
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domingo, 29 de abril de 2012

Resacón en La Romareda

Hay días en los que uno no está para nada. Días de esos en los que más vale no levantarse de la cama. El Athletic tuvo un día de esos en La Romareda, un día en el que todo le salió mal o peor. Los de Bielsa le regalaron los tres puntos al Zaragoza concediendo dos goles de risa, pero con ser mala la derrota, peor fueron las tarjetas amarillas que vieron Iturraspe y Herrera porque les inhabilitan para jugar el miércoles contra el Real Madrid. Dos de los cinco únicos titulares que comenzaron el partido, acabaron seriamente damnificados y con ellos todo el equipo. En efecto, hay días que es mejor borrar del calendario.
Marcelo Bielsa decidió dar descanso a buena parte de sus titulares. De hecho, solo Iturraspe, Herrera y De Marcos completaban una linea reconocible. Atrás, Iraola era el único habitual junto con Iraizoz. Descanso para los dos centrales titulares, ausencia obligada del lateral izquierdo y delantera inédita con Ibai, Toquero y Gabilondo. Los que pedían rotaciones a Bielsa pueden darse por satisfechos. Seguro que ahora no faltarán voces en esas filas rotacionistas que censurarán al técnico el haber debilitado tanto el equipo. La cosa es estar entretetenidos y buscarle los tres pies al gato.
Sólo un par de detalles, decisivos evidentemente, pero detalles a fin de cuentas, arruinaron el plan de un Athletic que salió mandón, seguro de sí mismo pese a conformar una alineación irreconocible, y ambicioso. El Zaragoza vivió angustiado el arranque del partido, superado en el centro del campo, sin ver el balón y acusando su estado de necesidad. Los suplentes del Athletic se bastaban y se sobraban entonces para mantener la posesión del esférico y rondar el área contraria con cierto peligro. El guardamenta Roberto tuvo que emplearse a fondo en más de una ocasión para evitar un gol que podía acelerar el viaje a Segunda del Zaragoza.
Primer detalle. Iñigo Pérez no es defensa aunque ayer jugó como lateral izquierdo. Un defensa de verdad no se hubiera limitado a acompañar a un rival en su carrera desde el centro del campo hasta el borde del área. Si Iñigo no cumplió con su trabajo en esa jugada, tampoco lo hicieron Ekiza y San José, que olvidaron por completo la coordinación que tenían el año pasado. Entre los tres extendieron la alfombra roja a los pies de Edu Oriol para que éste fusilara a un Iraizoz del que tampoco se puede decir que se ganara el sueldo en ese remate.
Después de sufrir media hora, el Zaragoza vio el cielo abierto con ese gol. Que alcanzara el descanso conservando su ventaja solo fue posible porque un remate a bocajarro de De Marcos se estrelló en la cabeza de Alvarez en la misma línea de gol. No, estaba claro que no era el día del Athletic. Fue el segundo de los detalles que determinaron la suerte del partido.
El tercero llegó nada más iniciarse la reanudación. Bielsa había recurrido a Susaeta para ocupar el puesto de un Gabilondo ausente y se suponía que esa solo iba a ser la primera de las maniobras desde el banquillo rojiblanco. No hubo tiempo para contrastar la eficacia del cambio. Apoño sacó una falta aproximadamente desde la Almunia de doña Godina y el balón se coló en la red tras escurrirse de los guantes de Iraizoz. Hacía tiempo que el portero no cometía un fallo de semejante calibre, pero ya hemos quedado en que hay días en los uno no está para nada.
Dos goles de desventaja son muchos incluso si estás ante un rival en un estado de necesidad como el que padece el Zaragoza. El dominio en el marcador tranquilizó al Zaragoza que a partir de entonces se limitó a nadar y guardar la ropa. La entrada en el campo de Llorente y de Muniain no cambió el rumbo del partido. Para entonces el Athletic ya estaba sumergido en la espesura de una resaca importante. Confusos y descentrados, los leones componían solo una mala imitación del equipo que estamos habituados a ver esta temporada.
Tampoco es la primera vez que le ocurre algo parecido al equipo. Sus dos exhibiciones más brillantes de la temporada, aquellas victorias contra el Manchester United, se saldaron con una triste derrota ante Osasuna en el Sadar y un 0-3 contra el Valencia en San Mamés. Después de eliminar al Lokomotiv, los leones no pasaron el empate en el campo de un Villarreal que a estas horas es el objetivo que se ha marcado alcanzar el Zaragoza para lograr la permanencia a su costa.
Si a la descompresión lógica que tiene que sufrir un equipo que viene de vivir una noche como la del pasado jueves, se le suma un cambio tan radical en la alineación, el resultado más previsible es lo que vimos en La Romareda. Lo triste es que con un poquito de fortuna y otro poquito de acierto, o simplemente un rendimiento normal en un par de jugadas, el partido podía haber tenido un guión bien diferente.
Discutir sobre si el Athletic arruinó sus últimas posibilidades de disputar un puesto para la Champions League resulta ocioso. A estas alturas, con dos finales en perspectiva, el cuerpo técnico tiene que hilar muy fino para conseguir que el equipo llegue a esas citas en el mejor estado de forma posible. Entre la eventualidad de un posible cuarto puesto y la certeza de dos finales, la elección es sencillisima. Perder ante un rival inferior como el Zaragoza puede ser una contrariedad para una afición acostumbrada al éxito este año, pero a veces hay que pagar peajes como esta derrota para poder seguir disfrutando de noches como la del pasado jueves.
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domingo, 1 de abril de 2012

Elogio de la mentira

Le tomo prestado el título a Ignacio Mendiola para resumir lo que fue el partido que disputó el Athletic en el Camp Nou. Asombra oir y leer los ditirambos que han dedicado algunos cronistas al Barcelona por el sucedáneo que se vio la noche del sábado. Empalagan también los halagos de Guardiola al fútbol y a la actitud del Athletic. Su homenaje a los valores de la deportividad hubieran resultado mucho más creíbles si hubiera accedido a jugar el partido a las doce del mediodía del domingo. Con ese simple gesto hubiera sido mil veces más sincero y leal que con la serie de palabras vacuas que pronunció después de ganar tres puntos ante un rival disminuido.
El choque entre el Barcelona y el Athletic fue una gran mentira desde el momento mismo en el que se programó en la fecha y hora en el que se jugó. No se trata ahora de buscar culpables, porque todo el mundo saben dónde se encuentran. Se trata simplemente de recordar las circunstancias que rodearon el partido como ejercico previo a cualquier análisis mínimamente coherente.
El Athletic arrancó el partido con cuatro suplentes y una acumulación de esfuerzo en los cuerpos de los jugadores que condicionaba severamente su rendimiento. Sin Amorebieta, Herrera, Muniain y Llorente, Bielsa recompuso una alineación irreconocible que rindió al nivel de su identidad perdida. El Barcelona, que solo renunció a Xavi y a Cesc, salió prácticamente con toda su artillería pesada y puso cerco a la portería de Iraizoz desde el primer minuto. Tampoco lo tenia tan complicado para hacerlo. Sumó a su calidad natural las limitaciones del rival.
Los rojiblancos tuvieron que sufrir sin balón, obligados a defenderse prácticamente sin opción a una salida coherente con la pelota a ras de césped. Javi Martínez y Ekiza agigantaron sus figuras hasta el extremo, lo que constituye una excelente noticia en sí misma, sobre todo por la recuperación para la causa de un Ekiza que brilló el año pasado pero que estaba deambulando sin pena ni gloria durante el presente curso. Messi puede dar fe de esa recuperación.
El Barcelona lo tuvo muy fácil sobre el papel, pero tardó cuarenta minutos en abrir el marcador, dicen algunos que gracias a una brillante jugada de Iniesta, cuando en realidad el origen de esa jugada estuvo en una pérdida tonta de balón de Ibai Gómez en el centro del campo. Que Ibai necesita todavía adaptarse a la velocidad de ejecución de la máxima categoría queda patente en acciones como la que costó ese gol.
La afición rojiblanca hubiera comprendido que Bielsa renunciara a disputar el partido en las condiciones en la que le obligaban a hacerlo. Por eso puede ser objeto de discusión que decidiera dar entrada tras el descanso a Herrera y a Muniain y minutos más tarde a Llorente. Su empeño en ir a por el partido honra al técnico argentino, aunque su gesto rozó lo quijotesco.
Mateu Lahoz, ese fraude, ya se encargó de alfombrar mejor aún el camino del Barcelona nada más comenzar el segundo tiempo, señalando penalti en una acción que no hubiera pitado de producirse en el centro del campo, según su afamado criterio, ni, mucho me temo, de ocurrir en el otro área.
Fue una derrota anunciada, así que el aficionado rojiblanco ya la había descontado en sus cálculos. La peculiar organización de la Liga española, esa que dicen que es la mejor del mundo, propicia un constante desequilibrio que indigna y aburre. Pero es lo que hay y no parece que haya modo de revertir la situación a corto o medio plazo. Así que más vale que nos quedemos con los aspectos positivos. Por ejemplo, la solvente actuación de Iraizoz, la vergüenza profesional que exhibieron los leones pese a todo y un marcador final que, aunque negativo, cabe considerar asumible.
Y por encima de todo, quedémonos con que el partido constituyó un excelente ensayo general con todo de cara a la final del próximo mes de mayo. Seguro que entonces las cosas no serán como fueron en el Camp Nou, ni mucho menos. Mejor que hacer el elogio de la mentira, es mirar a los ojos a la verdad. Poco más se puede decir después del simulacro que presenciamos la noche del sábado.
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viernes, 30 de marzo de 2012

El Athletic gana a lo grande y como los grandes

Entre el segundo gol de Raúl y el segundo de Llorente medió un infierno para el Athletic. Desde el segundo de Llorente hasta el final del partido, se abrieron las puertas del paraíso para los rojiblancos, el patatal del Veltins Arena se convirtió de pronto en una pradera en la que los leones retozaron y disfrutaron con la pelota como no lo habían hecho hasta entonces, condenados como estuvieron a picar piedra para contener a un rival que atacó en oleadas guiado por un Raúl motivadísimo y en una excelente forma física a sus treinta y cinco años. El Athletic ganó por primera vez en su historia en Alemania, lo hizo a lo grande, marcando cuatro goles y, sobre todo, lo hizo como los grandes, sufriendo cuando fue necesario y exhibiendo una pegada monumental en el momento más oportuno. Por fin la fortuna miró a los ojos a los leones y les acompañó en las situaciones más delicadas del partido, y fueron varias. Es cierto que la inmediatez del primer empate restó mucho valor al gol inaugural de Llorente y dio alas al equipo alemán, pero es justo recordar que tras el segundo gol de Raúl, en aquellos doce minutos que transcurrieron hasta que Llorente reestableciera el nuevo empate, el Athletic tuvo que aguantar un chaparrón apoyándose en las cuerdas, al estilo de los boxeadores acosados por su rival. Afortundamente, cuando nos temíamos lo peor, el tercer gol del Schalke, surgió un Athletic poderoso, el que, como los grandes, supo sacar partido del efecto letal que provocó en su rival una igualada que ni esperaba ni merecía, y golpeó sin piedad hasta dejar la eliminatoria prácticamente sentenciada. Y aún así, no debemos olvidar que en el camino, Huntelaar estrelló un balón en el poste e Iraizoz le sacó a Raúl una de las que normalmente el exmadridista suele enchufar.
Si en Old Trafford el Athletic llamó a las puertas del cielo, en el Veltins Arena se instaló definitivamente en el Olimpo. Su juego no tuvo nada que ver con el que exhibió en Inglaterra, pero el que quiere ser alguien en estos niveles, tiene que saber hacerlo bonito y también ser eficaz. Cada día tiene su afán, y el de ayer era de los de ponerse la coraza y no volver la cara.
El Schalke 04 no engañó a nadie. Resultó ser exactamente el equipo que nos habían anunciado: poderoso en ataque y flojito en defensa. Se desnudó desde el primer minuto para que no hubiera lugar a equívocos. Cuando atacaba hacía sufrir a la defensa del Athletic, pero si los rojiblancos encontraban una salida clara a la pelota, era la defensa germana la que crujía, sobre todo en su costado izquierdo, donde a Iraola, De Marcos y Susaeta les bastaba con repetir el mismo movimiento para superar al lateral y plantarse con ventaja en el área.
Por ahí llegó el gol que abrió el partido y que debió terminar de asentar al Athletic, pero el costado izquierdo de la defensa rojiblanca tampoco estaba siendo la línea Maginot precisamente y hacía rato que los alemanes se habían dado cuenta. Desde allí llevaron el balón hasta la bota oportunista de Raúl, para que empatara el partido y diera oxígeno a los suyos.
Una de las mejores virtudes de Bielsa, y tiene muchas, es su capacidad de análisis y rapidez de maniobra a lo largo de los partidos. El primer tiempo había dejado claro que el centro del campo no estaba funcionando, entre otras razones porque Herrera volvió a no estar y porque Muniain se perdía sin encontrar nunca el sitio para hacer daño. Las constantes pérdidas de balón favorecían extraordinariamente los planes de los alemanes y estaba claro que el Athletic tenía un problema demasiado gordo como para soportarlo durante todo el segundo tiempo. El técnico argentino retiró a Herrera para colocar a Muniain en su sitio y a Ibai Gómez abriendo el campo en la banda izquierda. Mejoró algo la cosa y en el arranque de la segunda parte los rojiblancos dispusieron de más balón, suficiente como para dibujar un par de llegadas más que interesantes que merecieron más acierto en la finalización.
El juego del Athletic se parecía más entonces al que mostró en Manchester, bien es verdad que sin llegar a aquella excelencia, pero en el banquillo contrario también saben maniobrar y Stevens se fue a por el partido dando entrada a Holtby y Jurado, dos centrocampistas de creación.
Si hasta entonces el Schalke había dejado claro que lo suyo es el juego de ataque, a partir de los cambios se convirtió en un equipo unidireccional. Por momentos recordó a ese Athletic que se vuelca en San Mamés hasta llevarse por delante todo lo que encuentra. Los alemanes apretaron y apretaron hasta que Raúl logró un golazo aprovechando un despeje corto de Aurtenetxe.
La eliminatoria pendió de un hilo entonces. Fueron doce minutos en los que la posibilidad de un tercer gol de Schalke fue una amenaza real para un Athletic al que no le quedaba otra que defenderse como mejor podía. Pero este equipo no renuncia a su personalidad ni en los peores momentos. Se defendía, sí, pero contragolpeaba en cuanto veía la menor opción. Una galopada de Susaeta por la banda derecha acabó en centro pasado y corner en el otro lado. Ibai Gómez puso el balón en el primer palo y la cabeza de Llorente lo envió a la red. A los jugadores del Schalke les hubiera dolido mucho menos si se los hubieran pillado con la tapa de un piano. El gol les dejó sin aire y sin esperanza. Estaban pensando en resolver la eliminatoria y se veían con un segundo gol en contra, demoledor de cara al segundo partido. El Athletic, que había salvado una situación muy delicada como un grande, se puso a jugar a lo grande. Cogió el balón y ya no lo soltó. De Marcos, ¡cómo no! hizo el tercero y Muniain se vengó de todos los malditos últimos minutos marcando el cuarto sobre la bocina, como dicen los del basket.
Jugando peor, los leones se traen a San Mames un resultado mejor que en la eliminatoria anterior y siguen dando lustre a la imagen que se están labrando este año en Europa. El pescado de los cuartos de final no está del todo vendido, pero casi. Si todavía queda alguien que quiera seguir debatiendo sobre objetivos, gestión de la plantilla o condición física del equipo, lo puede seguir haciendo. Al fin y al cabo, cada uno es muy libre de perder el tiempo como quiera.
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domingo, 26 de febrero de 2012

El Athletic supera las bajas y el cansacio
para sumar un punto que sabe a poco

Ni la paliza del jueves contra el Lokomotiv, ni los cambios obligados y voluntarios, cuatro, ni la acumulación de partidos, nada parece capaz de influir decisivamente en el funcionamiento del Athletic. Los rojiblancos volvieron a rendir a un gran nivel físico y durante muchos minutos fueron capaces de imponer su fútbol en un campo del que habían salido derrotados las siete últimas temporadas -en más de un caso sin ofrecer la mínima resistencia- y ante un rival que, aunque en horas bajas, sigue contando con futbolistas de la calidad suficiente como para inclinar cualquier partido a su favor. El empate puede resultar incluso decepcionante puesto que el Athletic llegó a ponerse por delante en el marcador, pero el balance de los noventa minutos arroja una igualdad entre los dos equipos que tuvo justo reflejo en el marcador.
Bielsa no podía contar con los sancionados De Marcos y Muniain, ni con el lesionado Amorebieta, y prescindió de Llorente de salida. Los que piden rotaciones estarían satisfechos cuando vieron la alineación. El cuarenta por ciento del equipo cambiado; no está mal. Las ausencias se notaron sobre todo en el primer tiempo, que fue cuando más se echó en falta la omnipresencia de De Marcos, o la chispa de Muniain. Herrera no encontró socios e Iturraspe e Iñigo Pérez apenas se dejaron ver. La solidez defensiva, las correrías de Susaeta y la batalla de Toquero sostuvieron entonces a un Athletic que no se reconocía en el campo pero que se bastaba para mantener a raya a un Villarreal que, pese a todo, no se fiaba y vivía del golazo que cobró Senna a los diez minutos por medio de un golpe franco.
Daba la impresión de que las circunstancias estaban forzando al Athletic a perder un partido que se suponía más que accesible de poder contar con todos los titulares en el campo. Y esa impresión quedó reforzada cuando tras el descanso apareció Llorente en el terreno. Como siempre ocurre cuando coincide con Toquero sobre el césped, éste se fue a la banda y el juego de ataque del Athletic ganó en profundidad. Una jugada de manual, con apertura a Gaizka desde del centro del campo y centro pasado de éste a la cabeza de Llorente, dio lugar al empate. Minutos después Susaeta no repitió el error que cometió en los primeros compases del partido y fusiló a Diego López tras dibujar un contrataque eléctrico que se inició en un gran pase de Herrera.
Pero la mala suerte golpeó en el siguiente minuto al Athletic. Bielsa decidió dar entrada a Ekiza en el lugar de Iñigo Pérez, sin duda pensando en el marcador, pero el cambio coincidió prácticamente con el segundo gol del Villarreal, en un balón que Iraizoz no acertó a sujetar. Fue el único fallo del guardameta, que por lo demás completó una buena actuación, pero es lo que tienen los fallos de los porteros, que son los que más se ven y siempre tienen reflejo en el marcador.
Fueron precisamente los minutos que restaban hasta el final del partido los que trajeron a ese Athletic indomable que no se resigna y se rebela ante la adversidad. Donde cualquier otro equipo se hubiera conformado con defender el empate, cuando las piernas tenían que empezar a pesar por los esfuerzos acumulados, los leones dieron otra vuelta a la tuerca que regula la intensidad de su juego y llevaron el partido a un terreno desconcertante para el Villarreal. La salida de Ibai a falta de diez minutos, aportó el plus de chispa que estaba necesitando el equipo hasta forzar un partido de ida y vuelta en el que los rojiblancos dispusieron de un par de ocasiones para volver a desnivelar el marcador. No lo consiguieron, pero proyectaron una imagen que tiene que llenar de orgullo a una afición que, en su fuero interno, había dado por amortizado un partido que se presentaba con demasiados inconvenientes acumulados. No pensaban lo mismo ni el técnico ni los jugadores, es evidente, y lo pelearon con la ambición habitual. El empate puede saber a poco y esa es, en sí misma, una buena noticia para un equipo que, a pesar de todos los pesares, volvió a acabar el partido apretando en el área rival. Era un partido de transición pero el Athletic lo jugó como si fuera una final, o sea, como siempre.
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domingo, 19 de febrero de 2012

El Athletic noqueó en un suspiro a un Málaga peligroso pero falto de pegada

Analizar los hechos desde la perspectiva del oponente es un inmejorable método para obtener una visión global de la situación, lo que redundará en un más acertado juicio de valor y en un enriquecimiento del argumentario dialéctico. Lo que los anglosajones describen como ponerse en los zapatos del otro y nosotros resumimos con un ponte en su lugar. Analicemos el partido de San Mamés desde la perspectiva del Málaga y experimentaremos la más genuina sensación de estupor. Pongámonos en los zapatos del técnico y los jugadores andaluces en el vestuario una vez acabado el partido y entenderemos el significado de la palabra desolación. Los jugadores y el técnico del Athletic han experimentado esa sensación varias veces esta misma temporada, así que ellos no necesitan una explicación detallada del asunto.
Se suele decir que el fútbol es justo porque siempre te da una oportunidad para la revancha. En el caso que nos ocupa, apenas han tenido que pasar cuatro días desde el esquizofrénico partido de Moscú para que el Athletic haya podido encontrar consuelo a costa de un rival que seguro que a estas horas se sigue preguntando cómo es posible que saliera goleado de San Mamés.
Es lo mismo que se preguntan en su fuero interno jugadores y seguidores rojiblancos, y hasta el propio Bielsa por mucho que en la sala de prensa defendiera la justicia del resultado. Si reducimos el asunto a la relación aritmética entre el número de ocasiones creadas y convertidas, efectivamente, el Athletic fue justo ganador porque fue muchísimo más eficaz que su rival; si analizamos el partido desde otros parámetros habría mucho más que dicutir.
En lo que llevamos de temporada el Athletic no lo ha pasado peor en San Mamés que en el primer tiempo del partido frente al Málaga. Habría que remontarse al día del Betis para encontrar algo parecido. Fueron cuarenta y cinco minutos de sufrimiento para un equipo sobrepasado en el centro del campo y frágil en su defensa, que recibió ocasión tras ocasión y remate tras remate, sostenido únicamente por un colosal Iraizoz, que se vio obligado a realizar hasta tres paradones en la misma jugada. No habían pasado ocho minutos de partido y el Málaga ya había botado cinco saques de esquina. El equipo andaluz superaba al Athletic por tierra y aire sin que los rojiblancos aportaran más que su férrea voluntad de revertir la situación a base de coraje, porque juego, lo que se dice juego, solo se veía en el lado blanquiazul.
El Athletic acusó sobremanera el doble cambio en el eje de la defensa. Sancionado Javi Martínez, la decisión de Bielsa de dar descanso a Amorebieta, pareció tan arriesgada sobre el papel como los hechos se encargaron de demostrar muy pronto. La pareja formada por Ekiza y San José sufrió tanto su falta de rodaje, como el desierto que se abría diez metros por delante de su posición. Desconectado Iturraspe de Herrera y de De Marcos, el Málaga jugaba siempre en superioridad en el centro del campo. La movilidad de los Cazorla, Toulalan o Isco, dejaban casi siempre en ventaja a un poderoso Rondón, muy superior a los dos centrales rojiblancos. Casi media hora le costó al Athletic recuperar el resuello y alejar la pelota de su área, pero si atrás sufría, adelante era incapaz de trenzar alguna jugada digna de ese nombre. Carreras de Muniain por la banda, la brega de Toquero y De Marcos y poquito más constituye su pobre bagaje. Eso sí, a los leones nadie les podrá reprochar que volvieran la cara a la pelea. Además de la brillante actuación de Iraizoz, la entrega incondicional de todos y cada uno de los jugadores de campo le permitió al Athletic alcanzar el descanso sin sufrir más daños que los que padeció en su autoestima.
Esta vez Bielsa supo reaccionar en el descanso y acertó. Recuperó a Amorebieta en el sitio de Ekiza y dio entrada a Llorente para que Toquero ocupara el espacio que dejaba el sustituido Susaeta en su banda. Los cambios surtieron efecto casi de inmediato. Para empezar Amorebieta puso firme a Rondón, que no volvió a disfrutar de un balón en condiciones. No era poco tranquilizar el gallinero del área propia. A partir de esa seguridad recuperada, los rojiblancos entendieron que, a veces, las soluciones más sencillas suelen ser las más adecuadas para resolver las situaciones más complicadas. La apertura a Toquero para que éste sirviera balones al área desde la banda, fue un recurso que empezó a utilizar el Athletic una y otra y otra vez. El Málaga comprendió que no lo tendría tan fácil como en el primer tiempo, aunque nadie todavía imaginaba siquiera el desenlace del partido. Llegó a la antigua usanza: corner y remate. Primero Amorebieta recogiendo un rechace, dos minutos más tarde San José de cabezazo limpio imponiéndose por fin en el juego aéreo. En lo que va del minuto 58 al 60 el Athletic resolvió el partido. Los malaguistas no podían creer que perdían por dos goles cuando sacaron de centro por segunda vez. Tan desconcertados estaban que dejaron que Muniain les robara el balón para servir a Herrera, quien dibujo un excelente recorte sobre la línea de fondo para picar el balón hasta más allá del segundo palo, donde Toquero cazó una volea inverosímil, de extraordinaria ejecución técnica, para cerrar una de las fiestas más cortas que se recuerdan en San Mamés. Tres minutos separaron el infierno del paraíso; y viceversa, claro.
La amplitud del marcador le evitó incluso al Athletic esas agonías de última hora a las que tan aficionado se ha vuelto en los últimos tiempos. Visto y no visto, los rojiblancos se quitaron de encima una losa que empezaba a pesarles lo suyo. Toneladas de coraje para aguantar de pie en los peores momentos, alguna gota de fortuna y unos cuantos aciertos individuales constituyeron la fórmula del éxito. Ya era hora de que la fortuna sonriera de alguna manera a este equipo. ¿El Málaga?, un equipo excelente que mereció muchísimo más. Le tocó interpretar el papel que ha protagonizado el Athletic en varias funciones esta temporada. Está muy bien esto de intercambiar los papeles de vez en cuando. Vaya lo uno por lo otro.
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jueves, 16 de febrero de 2012

Su doble personalidad le vuelve a jugar una mala pasada al Athletic

De un tiempo a esta parte, el Athletic está evidenciando una tendencia al suicidio que empieza a ser muy preocupante, una pulsión autodestructiva que le está arruinando y trae por la calle de la amargura a unos seguidores que comienzan a no saber con qué carta quedarse, que pasan del entusiasmo desmedido que provoca hasta en el espíritu más pusilánime la exhibición de los de Bielsa en el primer tiempo, a la depresión profunda ante la contemplación del mismo equipo en los siguientes cuarenta y cinco minutos. Últimamente este equipo no tiene término medio, pasa sin previo aviso del brillo cegador a la oscuridad más tenebrosa. Los mismos jugadores que convierten en oro todo balón que tocan, se transforman en unos tuercebotas con no le pegan a un balde. No es la primera vez que ocurre; sucedió hace cuatro días en Sevilla. Es algo que no tiene una explicacón razonable, aunque empiezan a menudear teorías que acaban coincidiendo en señalar al desgaste que sufren unos futbolistas que se llevan casi toda la temporada jugando dos partidos a la semana. La teoría del cansancio podría servir para explicar derrumbes en el tramo final de los partidos, pero no para justificar lo ocurrido ante el Betis o en Moscú, por ejemplo, donde los jugadores que dominaron con suficiencia en el primer tiempo se quedaron en el descanso en el vestuario y regresaron al campo sus hermanos, los que hacen el anuncio de la cerveza.
Y cabría decir lo mismo del entrenador, brillante estratega, obsesivo táctico que no deja nada al azar y que imbuye a sus pupilos una ambición y un espíritu de superación ejemplares que, a continuación, no acierta a remediar el desaguisado que se está produciendo ante sus ojos, introduciendo algún cambio o modificando el dibujo.
Nadie que no conozca al Athletic hubiera apostado por su derrota en el descanso del partido del Luzhniki. Al contrario, lo presenciado durante todo el primer tiempo animaba a calcular que los rojiblancos podían dejar sentenciada la eliminatoria bajo la nieve moscovita. El gol de Muniain era un premio escasísimo para la catarata de remates y ocasiones que generaron los leones en los primeros cuarenta y cinco minutos. Tocando el balón con finura y precisión, generando fútbol alrededor del círculo central, los de Bielsa llegaban con frecuencia y facilidad al área contraria, manteniendo una superioridad táctica que les permitía segundas y terceras jugadas. El Lokomotiv, solo podía oponer entonces la potencia de sus dos delanteros, Caicedo y Maicon, y el empuje de Glushakov, poca cosa para asustar a un Athletic que se sentía, y era, muy superior.
Pero en Moscú se juntaron los dos males que más sufre el Athletic: la falta de puntería, que ya se creía superada tras el retorno goleador de Llorente, y ese trastorno de personalidad al que habrá que encontrar rápido remedio antes de que la cosa pase a mayores. Por culpa del primero de los males, el Lokomotiv llegó vivo al descanso. Cuál no sería la sorpresa de los rusos cuando en la continuación se encontraron a otro equipo enfrente. Uno formado por jugadores de pierna blanda que salían perdedores de todas las disputas, que eran incapaces de dar un pase fácil al compañero situado a cuatro metros, que no encontraban a nadie en el campo con la suficiente personalidad para pedir el balón y dirigir la reorganización de un grupo que se estaba desmoronando. De pronto, los dos delanteros de Lokomotiv empezaron a disfrutar de balones en ventaja y del apoyo de sus laterales y centrocampistas, que llegaban con una facilidad inusitada a las inmediaciones del área de Iraizoz. De pronto, el portero se convirtió en el mejor de su equipo. Mal asunto que generalmente no suele conducir a nada bueno. Los tramposillos jugadores del Lokomotiv acabaron por encontrar en la inocencia de Aurtenetxe el premio que llevaban tiempo buscando. Caicedo, como antes Maicon, esperó y esperó, tanto que ya había perdido el balón cuando el lateral sacó la pierna. El árbitro rumano, que no se había dejado engañar en dos ocasiones anteriores, acabó por conceder al ecuatoriano el premio a su constancia.
El Athletic acabó por perder completamente los papeles y el Lokomotiv que había estado a punto de despedirse de Europa, vio clara la posibilidad de reengancharse. A Amorebieta le dio por emular al gran Nureyev pero sin ninguna gracia y Caicedo recogió el regalo para fusilar a Iraizoz. Se pasó de aspirar a resolver el emparejamiento en el primer partido, a mirar el reloj para comprobar angustiados que todavía quedaban veinte minutos de sufrimiento.
La eliminatoria tiene pronóstico incierto aunque, pese a todo, los de Bielsa cuentan con ese gol en campo contrario que vale su peso en oro. Tienen además a su favor la constatación de su superioridad sobre el rival siempre que actuen en modo versión original; si en San Mamés sale la imitación, no tendrán nada que hacer. Convendrá recordar también que el Lokomotiv, que no es tan mal equipo como pareció en el primer tiempo, ni tan bueno como el de la segunda parte, marcó sus dos goles gracias a dos regalos en el área y cimentó todo su fútbol de la segunda parte en los constantes errores de los leones, y en la desaparición de algunos de ellos. Y pese a ello, el Athletic pudo empatar en el último minuto. Hay motivos para el optimismo porque en el partido de vuelta las condiciones serán muy distintas y no solo en lo climatológico. El frío, la nieve y el césped artificial fueron los mismos antes y después del descanso; mejor no buscar por ahí las razones de lo ocurrido. Quizá lo que este equipo necesita es un psicoanalista.
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domingo, 12 de febrero de 2012

El Athletic se empeñó en perder
y lo consiguió en el tiempo añadido

Esta vez el hecho de encajar un gol en el tiempo de descuento entra en el terreno de lo anecdótico. Duele más, pero la verdad es que el Betis pudo conseguir el tanto de la victoria mucho antes. Hizo méritos suficientes y superó al Athletic con una claridad inesperada. Nada que objetar a la victoria de los andaluces, cimentada en los méritos propios, en el empeño que pusieron los de Bielsa en dar facilidades perdiendo constantemente el balón, y en la actuación de un árbitro de espíritu funcionarial que nunca entendió de qué iba la cosa.
Si hay que hacer caso a Bielsa, lo primero que hay que descartar es que la acumulación de partidos pasara factura al Athletic. El técnico explicó su cálculo con claridad meridiana: si esta vez no había rotación era porque mediaba el suficiente tiempo de descanso entre el partido de Copa y el de Liga y entre éste y el próximo de Europa League. Anulada la excusa, habrá que buscar otras razones para tratar de explicar el mal partido de los leones. Fijémonos, por ejemplo, en la exasperante falta de precisión en los pases, en los errores en combinaciones a cuatro metros, en las malas elecciones a la hora de mover la pelota. Si te empeñas en regalar el balón al contrario, le estás concediendo una ventaja que acabas pagando tarde o temprano, como le ocurrió al Athletic.
Los rojiblancos evidenciaron sus problemas desde el primer minuto, lo mismo que el árbitro, al mismo tiempo que el Betis exhibía sus armas. Los de Mel emplearon la presión y la intensidad como elementos disuasorios ante el menor intento de los leones de mover la pelota con cierto criterio. Iriney se convirtió en el hombre clave del encuentro. Se trata de un futbolista enérgico y dinámico que se comió él solito a todo el centro del campo rojiblanco, empleándose por las buenas o por las malas. En los primeros veinte minutos el Betis cometió diez faltas señaladas y el Athletic, una. No está nada mal el promedio de los verdiblancos, una falta cada dos minutos, señaladas por un colegiado que, sin embargo, mostró su primera tarjeta amarilla a Javi Martínez en el minuto 28. Arbitrar un partido es algo más que aplicar más o menos bien la norma; es entender el juego y comprender cuándo un equipo usa el reglamento de manera torticera en su propio beneficio. Pero es excesivo pedir que eso lo entienda Teixeira Vitienes o a cualquier colegiado; lo suyo es otra cosa y así les luce el pelo.
El Athletic fue incapaz de solucionar el problema que le planteó el Betis. Salieron los rojiblancos con la pierna blanda y el espíritu encogido y, como el árbitro, no entendieron lo que estaba pasando. Ya sabemos que Iturraspe nunca superaría un casting para ser el protagonista de Braveheart y que Iñigo Pérez tendría un triste porvenir en la legión extranjera, pero a estas alturas es exigible un mínimo de solidez en las disputas. No es de recibo perderlas todas, ni sufrir falta tras falta con resignación cristiana. Al Athletic le faltó músculo y energía en el centro del campo, toda la que le sobró al Betis, permisividad arbitral mediante. Así no había forma de que progresara el fútbol rojiblanco y por ahí llegó el derrumbe de un equipo que nunca acertó a imponer su juego en ningún sector del campo, porque, oh sorpresa, se vio superado en intensidad por su rival.
Los habilidosos delanteros béticos pusieron en evidencia a unos defensores muchas veces rebasados. Así llegó el primer gol verdiblanco y así sucedieron las ocasiones ante la portería de un Iraizoz que acabó siendo de lo mejor del equipo. Las imprecisiones en los pases y las consiguientes y constantes pérdidas de balón hicieron el resto. Si el Athletic alcanzó el descanso con el marcador igualado, se debió a un gol de fortuna y a que el rival, pese a todo, evidenciaba un nivel general un poco más que justito.
El árbitro impidió que comprobáramos el efecto del cambio de San José por Iñigo Pérez tras el descanso. La expulsión de Javi Martínez, por una segunda tarjeta amarilla tan evitable como exagerada, obligó a una recomposición de líneas que derivó en un Athletic a la antigua usanza, esto es, replegado en su área y fiándolo todo al balonazo sobre un Llorente que dio algunos signos de agotamiento. El técnico retiró a un Muniain que lleva un tiempo empeñado en parecerse más a Onésimo que a Messi, para reforzar la defensa con Ekiza, pero todo resultó inútil. A favor de corriente, Mel fue reforzando su línea de ataque para poner cerco a la portería de Iraizoz. Era cuestión de tiempo y de suerte que el marcador se moviera. Un pase de Muniain a un rival al borde del área preludió un gol bien anulado por el árbitro, el portero rojiblanco evitó el empate con una buena parada y finalmente, como si de una costumbre se tratara, en cuanto el cuarto árbitro mostró el cartel que indica el tiempo añadido, llegó el gol en un remate afortunado tras un penalti no señalado por mano de Ekiza y dos corners consecutivos.
El Athletic completó en el Villamarín uno de sus peores partidos de la temporada, solo comparable al que jugó en la primera vuelta contra el mismo rival. No es descartable que la acumulación de partidos empiece a pesar en las piernas de los leones, pero más que al cansancio físico hay que achacar a la falta de precisión los males que padeció el equipo. El empeño de algunos futbolistas concretos en complicarse la vida en situaciones comprometidas merecería una seria reflexión por parte de los responsables. Hay frivolidades que cuestan muy caras y que dicen muy poco de la inteligencia de quien las comete. El Athletic dejó crecer a un rival en teoría menor hasta servirle el triunfo en bandeja. En Sevilla hubo una acumulación de errores como no se había producido en todo el curso, a la que no fue ajeno ni el propio Bielsa, ¿a qué viene el cambio de Toquero a falta de un minuto para el final de la prolongación?. Estuvo mal el Athletic, sin paliativos, pero tampoco es la primera vez que el equipo rojiblanco hace el canelo en el campo del Betis. Será mejor que nos tomemos la derrota y sobre todo, la forma en que se produjo, como un peaje a la tradición. Queda mucho por delante para enmendar este borrón y el Athletic ha demostrado con creces que es un buen escribano
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domingo, 5 de febrero de 2012

Por su mala cabeza

Ocho puntos lleva perdidos el Athletic en el tiempo de descuento. Si le sumamos que en Miranda dejó entreabierta una eliminatoria que debió quedar definitivamente cerrada, tenemos que concluir que este equipo tiene un problema serio que deberá resolver cuanto antes. Una cosa es ser fieles a una idea, lo que está muy bien y dice mucho de los valores del grupo, y otra es ser una cuadrilla de pardillos que va regalando puntos por ahí. Las abuelas suelen querer nietos que sean, sobre todo, sensatos. 'Ten un poco de juicio', les recomiendan en cuanto tienen edad para escuchar un consejo. Al Athletic no se le pide nada extraordinario; simplemente que sea juicioso y que aprenda a guardar lo que tanto cuesta conseguir, sin dilapidarlo con la alegría con que lo hace.
Al margen de la justicia del resultado, no es de recibo que los rojiblancos se dejaran dos puntos ante el Espanyol en el minuto 92, después del trabajo que habían realizado la hora y media anterior. No se puede ir por esta vida con esa magnificiencia insensata, al margen de que tampoco se puede andar por los campos de fútbol con esas botitas tan llamativas como poco eficaces. Doctores tiene la iglesia, y se supone que también le habrán echado un vistazo a este tema, que no es menor, pero tengo para mí que cuando los futbolistas se preocupaban más de la eficacia de las botas que de sus colorines, había menos resbalones en campos en bastante peor estado. Resbalón de Iturraspe en el área: gol del Rayo; resbalón de Javi Martínez en el área: gol del Espanyol. Y no han sido los únicos que hemos visto en los últimos tiempos.
Claro que no se puede culpar a las botas del fiasco del último partido. Hubo más cosas, por supuesto, en un encuentro jugado por los dos equipos, por decirlo de alguna manera, al revés. De salida, el Athletic evidenció una superioridad absoluta sobre un rival que no vio el balón. El Athletic llegaba con tanta facilidad, que estaba claro que era solo cuestión de tiempo que marcaran los de Bielsa. Apenas hubo que esperar veinticinco minutos para que De Marcos abriera la lata. Parecía que el Athletic se iba a llevar el partido con comodidad, pero fue marcar el gol y perder el control de la situación. El Espanyol se fue arriba y sus jugadores más pequeñitos empezaron a crear verdaderos problemas a una defensa más insegura que en anteriores ocasiones, hasta que llegó el empate en una jugada en la que Romaric se vio demasiado solo al borde del área, lo que le otorgó tiempo para componer la figura y soltar un trallazo duro y colocado. Espectacular.
Como espectacular fue el gol de Weiss, ya en el segundo tiempo, que adelantó al Espanyol en el marcador, cuando el Athletic, ya con Susaeta y Herrera en los sitios de David López e Iñigo Pérez, trataba de arreglar el lío en el que se había metido antes del descanso. Con otro portero, el de Weiss se catalogaría como un golazo por la escuadra con todas las de la ley. Con Iraizoz bajo los palos, la sospecha resulta inevitable. Estaba adelantado, pero no eso no quiere decir que mal colocado, según estaba discurriendo la jugada. Pero quedó la impresión de que en un remate desde esa distancia, el portero puede hacer algo más.
Quedó muy tocado el Athletic por ese gol, y dio entonces la impresión de que un Espanyol muy crecido, acabaría llevandose el partido. Pero queda dicho que el encuentro se estaba jugando al revés. Cuando peor lo estaban pasando los de Bielsa, Llorente y Javi Martínez le dieron la vuelta al marcador en dos jugadas bastante similares, más de asalto que de elaboración. Restaban veinte minutos, pero el mundo estaba del revés en San Mamés. El Athletic siguió atacando como si no hubiera un mañana y a punto estuvo de marcar un cuarto gol. No lo logró y hubiera sido el momento de detenerse un momento a recapacitar, recordar los precedentes y plantear los últimos minutos con un espíritu, digamos más utilitarista. Pero se ve que este equipo es muchas cosas menos juicioso y por su mala cabeza dejó escapar una victoria que tenía en las manos en el minuto noventa.
Es esta una reflexión obligada. No se trata de traicionar la esencia del espíritu que pretende inculcar Bielsa, porque se ha demostrado que, pese a todo, renta más beneficios que perjuicios, ni un canto al resultadismo. No se pide que el equipo se encierre en el área ni que los defensas de cuelguen del larguero; mucho menos que se recurra a trucos torticeros para matar el partido. Simplemente se pide un mínimo de sentido común para no dilapidar a última hora lo que tanto cuesta ganar. Es verdad que el Espanyol había hecho méritos para no salir derrotado de San Mamés, pero el marcador estaba ahí y el Athletic debió congelarlo en lugar de enredarse en un toma y daca que no le beneficiaba en absoluto.
Otro dato, más para la reflexión que para la estadística. En dos partidos en los que no ha jugado la pareja de centrales Javi Martínez-Amorebieta, el equipo cuasi imbatible de enero, ha encajado cinco goles y ha vuelto a los orígenes del periodo Bielsa, cuando el Athletic era un grupo capaz de lo mejor arriba y de lo peor atrás, un equipo de ida sin vuelta que provocaba escalofríos cada vez que perdía el balón. El Espanyol consiguió tres goles sin apenas rematar ni pisar área, pese a la sensación inquietante que provocaron siempre sus pequeños y habilidosos delanteros con sus movimientos a veinticinco metros de la portería de Iraizoz.
Lamentar las ocasiones falladas, la mala suerte o lo que pudo haber sido y no es, acaba cansando y, a la larga, pasando factura. El cambio que ha experimentado este equipo es uno de los más profundos de su larga historia. Su juego es una maravilla durante muchos minutos de cada partido y su actitud individual y de grupo despierta admiración. Por supuesto que hay que ser consecuentes con eso y mantener la apuesta con todas las consecuencias...y un matiz: esto es la Liga, no es Disneylandia.
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sábado, 28 de enero de 2012

Llorente rescata a un Athletic desconocido

Fue como una de aquellas películas de cine mudo en las que los protagonistas se mueven a una velocidad inusitada. Entre las estrecheces del campo de Vallecas y el planteamiento que hizo Sandoval, el Athletic estuvo muchos minutos, demasiados, moviéndose como el gran Charles Chaplin, acelerado, corriendo de aquí para allá, tropezando y enredado consigo mismo. Fue un Athletic desconocido, y no solo por la alineación, que sufrió lo indecible porque el Rayo le sacó del carril por donde había estado circulando toda la temporada. Desde que está Bielsa en el banquillo nadie le había hecho tantas ocasiones al Athletic, ni a nadie habían hecho tan pocas los rojiblancos. Se dirá que es exagerado criticar el ataque de un equipo que marca tres goles fuera de casa y además estrella un balón en el larguero, pero fue prácticamente lo único que hizo el Athletic en el área contraria. No es poco, claro que no, y ahí están los tres puntos para demostrarlo, pero el juego ofensivo del equipo ha estado funcionando mejor en casi todas las salidas. Goles son amores, pero en este caso el mérito le corresponde solo a su autor, el inmenso Fernando LLorente.
El Athletic acusó los cuatro cambios que introdujo Bielsa. Javi Martínez, Muniain, Herrera y De Marcos dejaron sus sitios a San José, David López, Iñigo Pérez y Toquero. Descontando al portero, es un cambio que afecta al cuarenta por ciento de la alineación. Mucha novedad es esa para un grupo que ha venido estando formado prácticamente por los mismos.
Le faltó pausa al Athletic pero es que el Rayo puso todos los medios para que no la tuviera. Las dimensiones del Teresa Rivero favorecieron el plan del equipo de casa. No es lo mismo hacer presión en todo el campo en Chamartín que en Vallecas; allí mueres en el intento; en el barrio todo está a dos pasos.
Ya no es noticia que el Athletic sufre sin balón, pero una cosa es que te quiten el balón y otra que pierdas los papeles. Se notó, y de qué manera, la ausencia de Javi Martínez. Los que dudaban de su papel en el eje de la defensa ya pueden ir buscando otra cantinela para pasar el rato. Amorebieta fue menos grande sin su socio y San José las pasó canutas ante los hábiles delanteros rayistas, liderados por el eterno Tamudo hasta que se tuvo que retirar con un brazo lastimado, para alivio de los rojiblancos.
Sólo el Real Madrid había conseguido batir a Iraizoz en todo el mes de enero, y el Rayo le metió dos. El primero en un saque de corner de libro, con peinada en el primer palo y fusilamiento sumario en el área pequeña; el segundo por las manos blandas del portero. Y si no cayeron más fue porque los delanteros franjirrojos son habilidosos pero dentro de un orden, de lo contrario no estarían en el Rayo, y fallaron ocasiones cantadas, sobre todo en la segunda mitad.
Menos mal que Fernando Llorente llegó al rescate con el catálogo debajo del brazo. Peinada perfecta a un gran saque de falta de Iñigo Pérez; control con el pecho, apertura de espacio y remate letal por abajo; cabezazo picado marcando los tiempos para llevar a la red un gran centro lateral de Toquero. ¿Quiere usted más modelos?. Elevación por encima del marcador y cabezazo brutal con la frente, como dicen los clásicos que hay que rematar los corners.
Es probable que las cosas no hubieran cambiado mucho con todos los titulares en el campo, o sí, que diría don Mariano, pero es una hipótesis indemostrable, así que sobra plantearla. Los que estuvieron, habituales e interinos, se emplearon a fondo aunque con suerte y rendimiento irregular, alternando acciones brillantes con esas otras que despiertan en los aficionados una irresistible necesidad de estrangular al autor.
Lo que sí es noticia es que el Athletic se fue del campo con la sensación de llevarse algo más de lo meritado. Pero tampoco está mal que en el arranque de la segunda vuelta lleguen al casillero rojiblanco los puntos que se quedaron en el camino de forma inmerecida en la primera mitad de la competición, sin ir más lejos contra este mismo Rayo que se llevó un punto de San Mamés.
Y tampoco está mal que el equipo tenga el coraje de levantarse dos veces y ganar a base de trabajo y sufrimiento, que no todo va a ser exquisitez y lucimiento. Además, lo de Vallecas va a venir estupendamente para preparar el próximo partido de Copa. El terreno de Anduva tiene unas dimensiones físicas similares a las de San Mamés, pero ya sabemos que el fútbol vive muchas veces en una cuarta dimensión. Por eso nos gusta tanto.
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lunes, 24 de octubre de 2011

Buenas noticias, malas noticias

Marcelo Bielsa describió el partido de Valencia como 'referencial'. En efecto, era la primera salida de la temporada al campo de un rival poderoso, eterna alternativa al Madrid y al Barcelona, frustrada cada año en un magma de constructores devenidos en presidentes, directivos aventureros, accionistas especuladores y una afición a la que le gustaría que su equipo fuera el Madrid para ganar al Barcelona. Cosas que ocurren en el Levante español.
La salida a Valencia constituía un examen a la filosofía bielsista y servía para calibrar su nivel de arraigo en las mentes de los futbolistas del Athletic. Se trataba, en suma, de comprobar, cómo se comportarían los rojiblancos en el campo de un rival de verdadera entidad. Se dirá que ya demostraron su talante en el campo del Málaga, pero no es lo mismo un nuevo rico sin más pedigri que el que le dan los petrodólares de un jeque, que se irán cómo y por donde han venido, y la prosapia de un clásico como el Valencia.
Llegado el momento de valorar la experiencia 'referencial' uno se queda con aquel viejo chiste que empieza por tengo dos cosas que contarte, una buena y una mala. En este caso, lo podríamos sustituir por tengo varias cosas que contarte, unas buenas y otras malas, que viene a ser lo mismo.
Empecemos por las buenas. A excepción de unos primeros cinco minutos escalofriantes, el Athletic demostró durante toda la primera parte que la idea de Bielsa está muy asentada en la plantilla. El equipo tocó el balón, se manejó con prestancia en el centro del campo y miró con fijeza a la portería contraria hasta el punto de marcar un gol, mal anulado por el árbitro a instancias del auxiliar, y estrellar un balón en el poste en cabezazo de Llorente. Los rojiblancos fueron netamente superiores al Valencia, suyos fueron el balón y las ocasiones y ellos pusieron el fútbol mientras la grada abroncaba a los locales. El Athletic pasaba con nota el examen que se había autoimpuesto su técnico. En efecto, este equipo sale a ganar a cualquier campo y asume idéntico protagonismo en San Mamés o de viaje.
Ahora tocan las malas noticias. El equipo de Bielsa perdió el balón y el sitio tras el descanso. Regresó al campo con la misma indolencia con la que había empezado el partido, pero a diferencia de la primera parte, en la que se rehizo pronto y encontró su sitio y su fútbol, en la continuación quedó a merced de un Valencia que echó el resto, aceleró el ritmo, puso más fe en sus acciones y acabó devolviendo al Athletic el aspecto que tenía en temporadas anteriores, o sea, el de un equipo que no tiene más remedio que defenderse con uñas y dientes porque regala constantemente el balón y los espacios al contrario. Desde luego, el Athletic de la segunda parte no fue el equipo que promete Bielsa, ni mucho menos.
Habría que calibrar hasta que punto influyó en aquel desastre lo accidentado del partido. El mister arriesgó mucho con un doble cambio en el descanso: Toquero por el tocado Llorente y Gurpegui por Iraola. Ya es la segunda vez que Bielsa retira a Iraola a medio partido, tal vez porque considere que esa es la dosis de minutos más adecuada a suministrar a un futbolista que lleva años jugando todos los partidos. El Athletic perdió prestancia y pausa arriba, porque lo que ofrece Toquero es algo muy distinto a lo que aporta Llorente, y creo que eso tuvo algo que ver con el desmoronamiento general. La lesión de Gurpegui obligó además a un cambio de urgencia, dando entrada a Herrera para llevar a De Marcos al lateral, y el equipo pareció acusar tanto movimiento. Un último factor se vino a sumar a los ya comentados. El cansancio, o la falta de chispa, de un equipo que había jugado el jueves un partido muy exigente. También el Valencia había jugado el miércoles, pero Emery, a diferencia de Bielsa, introdujo cambios en una alineación que, además, tiene una prestancia física superior a la del Athletic en el conjunto de sus jugadores. Es curioso que fuera en esta fase del partido cuando el Athletic lograra su gol, pero la jugada fue una genialidad aislada de Muniain; nada que ver con la hilazón del juego, que dominaba cada vez con más claridad el Valencia.
Y luego está Iraizoz, a quien nunca le estarán suficientemente agradecidos los responsables de esos programas resumen de fin de año que eligen las cosas más disparatadas que han ocurrido en los últimos doce meses. El portero del Athletic parece empeñado en convertirse en una figura de Youtube con sus acciones absurdas. La de ayer en el último suspiro del primer tiempo supera a la de Anoeta. Por no hablar del gol, bien trabajado por Soldado, pero muy difícil de entender sin la colaboración del portero.
Unas veces por Iraizoz y otras por la empanada que asola a todo el equipo en determinadas fases de los partidos, el caso es que la afición del Athletic no gana para sobresaltos, y el buen trabajo general de los mismos protagonistas queda, lamentablemente, en un segundo plano en la memoria colectiva. En Valencia, por ejemplo, las gentes rojiblancas alcanzaron el descanso con una sonrisa de satisfacción en sus rostros por el juego desplegado por su equipo, y acabaron torciendo el morro cuando el árbitro pitó el final del partido certificando que el Athletic había conseguido un empate de mucho mérito en un campo siempre complicado.
Buenas noticias, malas noticias. Difícil elegir con cuáles nos quedamos o cuáles describen mejor la realidad de este equipo. El jueves llega otro partido 'referencial', esta vez en San Mamés, ante el siempre imprevisible Atlético de Madrid. Veremos que nuevas noticias nos ofrecen Bielsa y los suyos.

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lunes, 19 de septiembre de 2011

Desmadre en la catedral

Más de treinta años viendo al Athletic cada semana es tiempo más que suficiente para desarrollar una especie de sexto sentido que permite deducir bastante aproximadamente por qué derroteros va a transcurrir un partido a partir de lo acontecido en los primeros cinco minutos. Podría resumirse en que si el Athletic no ha forzado un par de corners, no ha levantado un par de centros o no ha hecho moverse al portero rival en esos primeros cinco minutos, malo. Y no se habla aquí del Athletic de las grandes ocasiones, ese que sale desmelenado a comerse el mundo. No, me refiero al Athletic cotidiano, a ese que, sobre todo en San Mamés, intimida al rival en el arranque explicándole clarito y por derecho, que diría aquel, quién manda en el campo. En los viejos tiempos en los que el Real Madrid apelaba a la épica y a los pisotones de Juanito para eliminar equipos alemanes en el Bernabéu, Camacho recurría a la psicología parda para aleccionar a sus compañeros. El saque inicial debía ser suyo, y el primer remate, de no ir a puerta, debía estrellarse contra la valla de la publicidad para que el sonido del balonazo retumbando en la chapa provocara el doble efecto de encender a la grada y amilanar al rival. Hoy en día los anuncios no son de chapa, sino tableros luminosos, así que ahora Camacho diría que ni hay ruido ni hay ná. Sin llegar a verbalizarlo de esa manera, también el Athletic ha practicado siempre esa estrategia de intimidación temprana. Corners, centros, balones sobre el punto de penalti, anticipación, al menos durante los primeros veinte minutos, tiempo suficiente para poner en situación al graderío y al rival. Ya sabemos que no es ese el estilo que predica Bielsa, pero a su manera, hay formas de hacer entender al contrario que tendrá que sudar sangre si quiere llevarse algo de San Mamés. Ocurrió contra el Rayo y ocurrió contra el Betis. En esos primeros cinco minutos que marcan la temperatura del partido, fue el rival quien se hizo con el balón y con el espacio llevando el partido a la parcela del Athletic y desvelando un equipo rojiblanco apocado, reconocible como el de sus peores tardes. Suele suceder en estos casos que todo se pone en contra. Anoche Iraizoz mostró el camino a los andaluces organizando una barrera mal colocada y peor construida para defender una falta que solo Ayza Gámez vio en una disputa de Amorebieta. La falta no tenía excesivo peligro, pero el medio punterazo de Beñat, ¡qué casualidad!, se coló por el lado del portero, sin necesidad de parábola ni exquisiteces, porque la puerta estaba abierta. Este gol en contra a los seis minutos sacó al Athletic de un partido en el que ni siquiera había entrado. Minutos después, un fallo defensivo masivo que empezó en una absurda protesta sobre si el balón había salido por la banda o no, desembocó en dos jugadores béticos libres de marca en el área pequeña con el balón controlado. Si los dos equipos hubieran pactado entonces acabar el partido, y solo habían transcurrido doce minutos, todos lo hubiéramos agradecido, sobre todo el Athletic.
Marcelo Bielsa alineó el mismo equipo que tan buena imagen había ofrecido el jueves en Bratislava. Qué sucedió para que ese equipo tan pizpireto y atrevido se convirtiera en apenas tres días en el pelotón de los torpes, pertenece a los arcanos del fútbol. Queda dicho que la puesta en escena fue lamentable, pero es que después se sucedieron los errores, individuales y de concepto, hasta convertir al Betis en un gigante apoyado en dos delanteros diminutos que acabaron desquiciando a una defensa que tampoco es que necesitara mucho para ponerse a cazar mariposas. Bielsa lo intentó permutando las posiciones de Javi Martínez, que volvió a empezar de central, y Gurpegui, de Susaeta y Gabilondo en las bandas, pero nada salía porque el Athletic asistía impotente a la exhibición de un equipo que hacía exactamente lo que el técnico argentino había ordenado hacer a sus jugadores, es decir, presionar muy arriba la salida del balón y mantener su posesión el mayor tiempo posible. Sin balón, el Athletic entró en una agonía de la que solo empezó a salir a base de un derroche de coraje tan encomiable como inútil. Acortar distancias antes del descanso se antojaba un milagro tal y como estaban las cosas, pero ya está dicho que en estos casos, todo suele salir mal. El triunfo que hubiera supuesto llegar a la caseta con un 1-2, se frustró en el tiempo de descuento por culpa de una mano tan involuntaria como evidente de De Marcos dentro del área. El penalti restableció en el marcador la diferencia que había existido sobre el terreno de juego. El en otras ocasiones expeditivo Bielsa, esta vez tuvo demasiadas dudas a la hora de introducir cambios en un equipo que no funcionaba. Mucha gente calentando en la banda para nada, como si el argentino estuviera pensando que aquello solo se podía solucionar cambiando a los once. Los rojiblancos se dedicaron a hacer la guerra por su cuenta: Muniain quería ganar el partido él solo, Susaeta se entregaba a un permanente ejercicio de autohipnosis, Llorente no sabía si iba o venía, hacía mucho tiempo que Gabilondo se había ido, si es que alguna vez estuvo, y hasta Iraola daba por momentos explicaciones de por qué había sido suplente los dos primeros partidos. Mientras tanto los delanteros del Betis se movían en el área de Iraizoz como Pedro por su casa, trenzando jugadas entre la incredulidad y el esperpento. El Athletic estaba roto por el eje desde el minuto uno y nadie acertaba a poner remedio mientras todas las miradas se fijaban en unos defensas siempre vendidos. Sobrevino el caos que alcanzó su punto culminante en la tangana que acabó con la expulsión de Mario. El partido, por llamarle algo, se convirtió en un remedo de esas películas americanas que relatan las peripecias de unos adolescentes bobos y sobrehormonados que no encuentran la manera de llevarse al catre a la guapa de clase. La película podía titularse desmadre en la catedral. Los aficionados regresaron a sus casas ya de madrugada, atónitos tras lo que habían presenciado. Hacía tiempo que no habían visto a su equipo tan frágil y desarmado, a merced de un rival que le pudo endosar una goleada abochornante. Y sin embargo, los leones, apelando a la única razón de su casta, consiguieron llegar a los minutos finales manteniendo la posibilidad de empatar el partido, pese a que muchos acusaban de forma escandalosa el esfuerzo del jueves sumado al castigo del propio partido. Quienes después del partido de Bratislava preguntaban dónde se juega este año la final de la Europa League, murmuraban anoche a modo de mantra, 'ahora vamos a Málaga y luego viene el Villarreal', sin terminar de asimilar lo que acababan de presenciar. llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: Athletic lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar

lunes, 26 de octubre de 2009

Otro harakiri

En el fútbol no todos los contactos son falta, ni todas las faltas son merecedoras de tarjeta. Eso lo deben de saber todos los árbitros, incluido Undiano Mallenco. Que un partido en el que por no haber, no hubo ni una mala mirada entre los jugadores, acabe con uno de los equipos con nueve, seis tarjetas amarillas y una roja directa, denota que algo no ha funcionado bien. Puedo conceder que los jugadores sancionados cometieron estupideces dignas de ser castigadas, pero estoy seguro de que un árbitro de más calidad hubiera actuado de otra forma. Me refiero, sobre todo, a la primera tarjeta amarilla que vio Gurpegui, tras una zancadilla a un rival disputando un balón al que el rojiblanco no hubiera llegado nunca. ¿Era la acción merecedora de tarjeta a aquellas alturas del partido?. Probablemente sí, pero probablemente Undiano no se la hubiera sacado a Drenthe o a Piqué, por decir dos nombres. ¿Fue penalti el balonazo a las manos de Castillo?. Probablemente sí, pero balonazos de esos hemos visto cientos en todos los campos con el árbitro mirando al tendido. Vamos a fijarnos cómo reacciona en adelante Undiano en ese tipo de acciones.
¿Influyó Undiano en el desenlace del partido?. Probablemente sí, pero más influyeron pongamos que Gurpegui, autoexpulsándose al filo del descanso tratando de solucionar con un error un error previo, o casi todos sus compañeros por su actitud negligente durante todo el encuentro.
Hasta el momento de la expulsión el Athletic circuló sin problemas por el terreno de juego gracias, sobre todo, al escaso nivel que demostró un Getafe premioso y dubitativo. Si Soldado tiró una vez al larguero, Llorente tiró a las nubes la que quizá fue la mejor jugada del Athletic en todo el partido. Si Iraizoz tuvo que emplearse a fondo en algún otro remate, Susaeta puso a prueba los puños de Ustari en el saque de una falta. Era un partido menor disputado por dos equipos menores, pero eso no era malo para los intereses de este Athletic que vuelve a recorrer el camino desde la opulencia a la indigencia.
Una de las características de este Athletic es su acusada debilidad psicológica. La expulsión de Gurpegui le derrotó en el descanso y con ese talante salió en la segunda parte. El cambio lógico de Caparrós sacrificando al inoperante Toquero para cubrir el hueco en el centro del campo con Orbaiz, no sirvió de nada. Los rojiblancos tenían el estigma de la derrota grabado en la frente y llegó al cuarto de hora tras la reanudación en otra jugada desafortunada. Un tiro duro desde el borde del área dio en la pierna de Ustaritz y el balón quedó muerto a los pies de Soldado en el punto de penalti. El rebote podía haberse ido a mil sitios distintos, pero acabó en los pies del delantero del Getafe. En tardes como la de Getafe suelen suceder estas cosas.
El gol de Soldado cerró el partido porque el Athletic, confirmados sus temores, no demostró la mínima capacidad de reacción. Iraizoz fue el único que siguió cumpliendo con su obligación y evitó una goleada de sonrojo. Llorente, el otro rojiblanco que había levantado la cabeza, abandonó a falta de un cuarto de hora aquejado de un golpe y, a juzgar por su cara, una depresión de caballo.
Tres partidos ganados, cuatro perdidos y uno empatado es un balance que cabría calificar como discreto a estas alturas; ni frío ni calor. Las malas noticias llegan cuando analizas la secuencia. Entonces compruebas que la trayetoria es una espectacular caída en picado. Y ese es el problema: la tendencia, que dicen los estadísticos.

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