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jueves, 6 de septiembre de 2012

Electricidad en el ambiente

De un tiempo a esta parte, da la impresión de que el Athletic da calambre. Se nota la electricidad en el ambiente y el chispazo salta por cualquier nimiedad provocando un incendio al que siempre acude con presteza un camión de bomberos cargado de bidones de gasolina. Jefes de obra, intermediarios, periodistas, la asociación de veteranos del Bayern de Munich, rojiblancos retirados, presidentes eméritos, presidentes en activo, entrenadores propios y ajenos...todos han terciado en los asuntos del Athletic durante este verano. La convocatoria de elecciones también ha servido para que los políticos se acerquen al club al olor del voto. Hay quien incluso ha pretendido hacer de la presencia o de la ausencia de los jugadores en el circo motivo de polémica y hasta de crítica al entrenador por programar un entrenamiento la misma tarde en la que estaba anunciada la visita a la carpa. A este nivel ha llegado la electricidad ambiental.
Por razones fácilmente comprensibles para cualquier mediano conocedor del Athletic y de sus circunstancias, Urrutia y Bielsa se han convertido en una especie de diana de dos caras sobre la que hacer puntería. Unas veces se le pega una patada al presidente en el trasero del entrenador y otras se procede contra las posaderas del máximo mandatario para atizar al técnico. Lo triste del caso es que en más de una ocasión ni siquiera cabría achacar tales actuaciones a la maldad o a una intención torticera; se atiza porque algo hay que hacer, algo hay que escribir o de algo hay que hablar. Se cogen las hojas del rábano y se tira a ver qué sale, sin más, sin segundas o terceras intenciones. Porque la vida es así.
Y de esta forma van pasando los días, pasando de un tema a otro como las abejas van de flor en flor. Los argumentos se suceden como las modas. De la noche a la mañana todo el mundo deja de vestir de color naranja y se viste de verde, sin que nadie aporte una explicación al fenómeno que no sea la puramente comercial: nos hacen cambiar de color para que sigamos comprando. Aplíquese la teoría al Athletic y se verá que casa bastante.
Se agotó el asunto de las obras de Lezama, de las que, por cierto, nadie ha dicho ni escrito si se han terminado, en qué estado se encuentran o si les gusta el color. Continuó con el culebrón de la pareja Martínez-Llorente, y ahora tendremos unos días ocupados con otras obras, las de San Mamés.
Pero el asunto Martínez-Llorente ha dejado una secuela mucho más sabrosa que ya están mordiendo algunos: la de las relaciones de la plantilla con el entrenador, un asunto mucho más morboso que las aburridas declaraciones, réplicas y contrarréplicas de los políticos, tema además que, no nos engañemos, requiere más delicadeza en el tratamiento porque el que manda manda y a tí te encontré en la calle.
Las presuntas malas relaciones entre Bielsa y los jugadores han dado pie hasta a fantásticas (o fantasmagóricas) llamadas de teléfono a cierta emisora denunciando poco menos que el maltrato al que somete el técnico a los chicos y presentando a Bielsa como un sádico psicópata que desayuna futbolista crudo por las mañanas.
En la misma línea hay que entender la profusa divulgación de unas manifestaciones de Galder Cerrajería en una emisora de Oviedo, su destino deportivo una vez resuelto su contrato con el Athletic, en las que básicamente afirma que Bielsa trata a los futbolistas como meras herramientas y que no hay relación con el técnico al margen del fútbol. No es lo determinante lo que dice Cerrajería, un futbolista que en realidad nunca ha estado a las órdenes de Bielsa, sino el interés que han puesto unos cuantos en destacar unas afirmaciones que el jugador podría hacer para referirse a muchos entrenadores. Cerrajería no habla mal de Bielsa, aunque quienes han dado pábulo a sus frases pretendan que esa sea la interpretación del aficionado. Salvo el matiz peyorativo que pueda tener el uso del término herramientas aplicado a los futbolistas, nada de lo que dice el jugador resulta excepcional en las relaciones de un vestuario.
En todas las casetas hay jugadores que no tragan al técnico, normalmente los que menos juegan, y en todos los equipos hay tensiones derivadas de una actividad que está sometida al estrés de un escrutinio público cada tres o cuatro días. Hay entrenadores que basan su autoridad en el colegueo con la plantilla y quienes eligen el distanciamiento; los que se pasan el día en el vestuario de jugadores y los que envían a su segundo para citarles en su despacho. Formas de proceder y métodos légitimos y válidos todos ellos.
Ocurre que se construyó la teoría de que más de media plantilla quiere abandonar el Athletic porque no soporta a Bielsa y ahora hay que encontrar los argumentos para sostenerla, asunto peliagudo si partimos del relato del propio técnico en su última comparecencia.
Pero no hay que minusvalorar algunas contumacias y menos cuando tenemos una jornada sin competición, un vacío de quince días sumamente peligroso para un club en la situación actual del Athletic. Harían bien los asesores de comunicación de Urrutia en sugerirle algunos temas inocuos con los que ir pasando el rato.
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martes, 21 de agosto de 2012

San Mamés cumple hoy noventa y nueve años

San Mamés cumple 99 años. Tal día como hoy, en 1913, el Athletic y el Racing de Irun estrenaron la que con el paso del tiempo se convertiría en la catedral del fútbol. Bilbao celebraba, como ahora, su Semana Grande y la prensa local se hizo eco del acontecimiento. Decía 'El Porvenir Vasco': "Como único número de los festejos figuraba ayer en el programa la inauguración del campo del foot-ball del Athletic Club, y puede decirse que ha sido de los que con mayor brillantez se han celebrado. Puede ufanarse hoy el Athletic Club de tener un campo de foot-ball magnífico, elegantísimo, en el que están atendidas admirablemente todas las necesidades que esa clase de campos requiere y como no habrá otro igual en toda España".
José María Mateos, periodista, seleccionador, testigo directo de las andanzas iniciales del Athletic y autor de la primera historia escrita del club, la que abarca sus primeros 25 años de vida, describió así el acontecimiento en las páginas de 'La Gaceta del Norte': "El nuevo campeón ¿estupendo? Estupendo es poco ¿Maravilloso? Maravilloso no me parece bastante ¿Colosalísimo? Puede que más sea el juicio que ha merecido el campo de foot-ball que ayer inauguró el Athletic, a los millares y millares de personas que se extendieron por las graderías y paseos de aquel encantador jardín".
Los millares y millares de personas que creyó ver Mateos en el estreno de San Mamés, fueron exactamente 3.500, el primer aforo del campo, poco más que un terreno vallado y una pequeña tribuna de madera. Su construcción se había presupuestado en 50.000 pesetas, de las que 40.700 se recaudaron mediante la suscripción de obligaciones por parte de los socios. La obra dirigida por el arquitecto Manuel María Smith, acabó costando 89.061,92 pesetas, de acuerdo con las anotaciones del tesorero del club, Roberto de Arteche.
Bajo la presidencia de Alejandro de la Sota, la asamblea de socios celebrada el 10 de septiembre de 1912 aprobó el proyecto de construcción y el modo de financiación. El club se comprometía a devolver semestralmente las obligaciones que suscribirían los socios. La directiva calculó que amortizar aquellas 50.000 pesetas no sería una tarea especialmente dificultosa porque preveía grandes beneficios en el nuevo campo. No en vano, por fin el Athletic podría disputar sus partidos en Bilbao, ahorrando a sus seguidores el enconces nada sencillo desplazamiento a Lamiako o a Jolaseta.
El Athletic compró los terrenos de la vega de San Mamés a los herederos de Novia de Salcedo y el 20 de enero de 1913 se puso la primera piedra.
Pero aunque el paso definitivo se dio en aquella asamblea de septiembre de 1912, el Athletic ya llevaba no menos de dos años intentando conseguir un campo en la ciudad que colmase sus espectativas y las de sus cada vez más numerosos seguridores. De hecho, proclamado campeón en 1910 y designada la ciudad de Bilbao como sede de la Copa de 1911, el Athletic quiso disponer de un campo apropiado para acoger aquella Copa. Bajo la presidencia de Pedro Astigarraga el club hizo numerosas gestiones que no sirvieron de mucho a pesar de que la prensa cantó victoria en mas de una ocasión. Ya el 14 de enero de 1911 La Gaceta del Norte proclamaba desde un titular: "¡Ya hay campo!", y desarrollaba la noticia en el siguiente texto: "Tuvimos ocasión de hablar ayer con un capitular bilbaino, el cual nos dio una noticia que creemos será del agrado de los futbollistas. Nos aseguró que la Comisión de Fomento ha tratado de la cuestión del campo del football y emitido sobre ello un informe que irá a la próxima sesión del Ayuntamiento, por no haber habido tiempo para llevarlo a la que ayer se celebró. En el informe se propone la cesión al Athletic del espacioso campo de Basurto, convertido hoy en ferial". Y el periodista añadía de su propia cosecha: "Lo que no sabemos es si el Ayuntamiento entregará arreglado el campo o concederá subvención o no hará ni lo uno ni lo otro. Nosotros, modestamente opinamos que debía conceder una subvención al Athletic para que éste se encargase de los arreglos. ¿La razón? Pues porque el campeonato que se ha de celebrar en Abril ha de proporcionar al pueblo de Bilbao ingresos, toda vez que aparte de la media docena de equipos que han de venir, han de acudir otras muchas personas de las regiones de donde acudan los teams para presenciar la hermosa lucha. Hora era ya que el foot ball tuviese un campo en Bilbao. Puede decirse que ha llegado la hora del desarrollo de este higiénico y magnífico sport, hoy de moda en el mundo civilizado,y que en Bilbao no era estimado convenientemente por no ser conocido".
Pero, nuestro gozo en un pozo, cuatro días después, el 18 de enero de 1911, el mismo periódico desmentía lo anunciado en sus páginas. Bajo un titular menos entusiasta y más escueto. "El campo del Athletic", La Gaceta del Norte daba cuenta del contratiempo: "Algunos nos han preguntado por qué el Ayuntamiento no ha concedido, aunque solo sea para el campeonato de España, la campa que sirvió para aviación para celebrar los matchs de football. Hemos hablado con el presidente de la Comisión municipal de Fomento, quien nos hizo saber que con gran sentimiento no pudieron acceder a ello, por haberse acordado quince días antes de solicitarse ese campo, el sacar a concurso la plantación en él de árboles y la instalación de jardines"
Tras los fallidos intentos de hacerse con los terrenos del entonces rural Basurto y más tarde los del actual Parque de doña Casilda, lo que obligó al Athletic a organizar el Campeonato de España en Jolaseta, por fin, el 21 de agosto de 1913 llegó el día tan esperado de la inauguración del campo de San Mamés.
El Athletic organizó un triangular con el Racing de Irun y el Shepherd's Bush. En el partido inaugural jugaron por el Athletic: Ibarretxe, Hurtado, Solaun, Iceta, José María Belausteguigoitia, Eguía, Acedo, Moreno (Pichichi), Zuazo, Cortadi y Pinillos. Por el Racing de Irun: Echart, Retegui, Patricio, Arocena, Adarraga, Boada, Eizaguirre, Castillejo, Arocena, Carrasco y Ayestarán.
Zuazo hizo el saque inicial y Pichichi marcó el primer gol a poco de empezar el partido. Antes del descanso Patricio hizo el empate que sería definitivo. Al día siguiente el Shepherd's Bush ganó 3-1 al Racing de Irun y el 24 de agosto los ingleses ganaron 1-0 al Athletic.
El 21 de septiembre el Athletic volvería a perder en San Mamés, por idéntico resultado, 1-0, ante el Deportivo Español de Barcelona. El equipo rojiblanco tuvo que esperar hasta el 19 de octubre para ganar el primer partido en su nuevo campo. Se trataba del encuentro inaugural del Campeonato Regional y el Athletic ganó 2-0, al Arenas. Ambos equipos fallaron un penalti cada uno. Jugaron: Ibarreche, Solaun, Hurtado, Eguía, J.M. Belauste, Iceta, Cortadi, Zuazo, Cortazar, Pichichi y R. Belauste. Por el Arenas se alinearon: F. Peña, R. Hurtado, Arbaiza, Usobiaga, Pagaza, J.M.Peña, Rica, Uriarte, Hormaechea, Vallana y Jauregui.
San Mamés no ha dejado de crecer y de sufrir modificaciones a lo largo de su casi centenaria historia. En la primera mitad de la década de los veinte el aforo se amplió con la construcción de una segunda tribuna, la de Capuchinos y la ampliación de la principal originaria. Antes de que se estrenara la Liga en 1929, San Mamés ya podía acoger a 10.000 espectadores.
El 8 de diciembre de 1926 se colocó en una de las esquinas de la tribuna el busto en recuerdo a Pichichi, obra del escultor Quintín de la Torre, quien es también el autor del monumento a Larraza instalado en Lezama.
La construcción de la tribuna de Misericordia y la organización de la general elevaron a más de 30.000 el aforo de la catedral durante la postguerra y en 1952 se alcanzó el aforo máximo, 47.000 espectadores, gracias a los 15.000 nuevos asientos que se colocaron en la nueva Tribuna Principal, colgada del célebre arco, una audaz obra de ingeniería para la época que permitió al Athletic disponer de una de las tribunas más grandes del Continente sin postes que dificulten la visión.
Entre el final de la década de los cincuenta y el comienzo de la de los sesenta se construyeron los segundos pisos de las actuales tribunas Norte y Sur, más tarde se instaló la iluminación artificial, y en 1972 se construyó la tribuna Este encima de la general, que siguió siendo una localidad de pie hasta el Mundial de 1982, acontecimiento que provocó la remodelación prácticamente integral del campo tanto en su parte visible y tribunas como en las infraestructuras debajo de los graderíos, vestuarios, sala de prensa y demás servicios.
En 1998, coincidiendo con el centenario del club se retiraron las vallas que rodeaban el terreno de juego, obligatorias desde mediados de la década de los setenta, lo que a su vez provocó la desaparición de las ultimas localidades de pie, situadas tras las porterías, reduciendo el aforo a las casi 40.000 localidades de hoy en día.
San Mamés se encamina hacia el siglo de vida en la que con toda probabilidad será su última temporada de competición. Del Athletic y de su afición depende que el nuevo campo siga siendo la catedral del fútbol.
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lunes, 20 de agosto de 2012

Mensaje de esperanza desde el caos

Seis remates a puerta, cinco goles. Un balón perdido absurdamente en una zona comprometida; una contra que remata un rival libre de marca entre tres rojiblancos dentro del área; un mal centro que se convierte en un lujo tras tocar en un defensa; un despeje a los pies del rival más desmarcado dentro del área grande mientras toda la defensa hace la línea en el área pequeña; un defensa se descuelga rompiendo un fuera de juego que debía ser de libro. Así llegaron los cinco goles del Betis al Athletic ayer en San Mamés: errores propios, montones de errores propios; ni pizca de suerte en los rebotes; una sensación generalizada de caos. Y a todo esto, el portero, fusilado en cuatro de los cinco remates, bien es cierto, tirándose siempre al lado contrario a por donde entró el balón. Pero esa, la del portero, me temo que será otra historia este año.
Menos mal que Ander Herrera nos informó la semana pasada que se encuentra al cien por cien. Si no nos lo llega a decir no nos hubieramos dado cuenta. Porque contra el Betis lo disimuló muchísimo. Lento, sin pase ni desborde, ciego a la hora de buscar al compañero...un desastre. Lo mismo que Iturraspe, agravada su actuación por el error que costó el primer gol a los seis minutos. Se hundió con todo el equipo el centrocampista de Abadiño, y nunca mejor empleada la frase. Bielsa lo tuvo que retirar del campo a los 23 minutos después de comprobar que Ander no estaba dando una a derechas. A derechas, ni a izquierdas. Pocas veces se ha visto en San Mamés a un jugador tan patéticamente perdido.
Con Iturraspe y Herrera apagados o fuera de servicio, el Athletic fue incapaz de superar la presión adelantada del Betis, que buscó las cosquillas del rival en su propia área. No había manera de que el Athletic sacara el balón jugado desde atrás, y las constantes pérdidas en el centro del campo, por culpa la mayoría de las veces por eso que en el tenis llaman errores no forzados, sembró el pánico en una defensa de cartulina en la que solo se alineaba uno de los titulares del año pasado.
Al Betis le entró todo, pero es que es muy difícil que no te entre cuando tiras tan a placer. Sin un dique de contención por delante, Gurpegui y San José sufrieron lo que no está en los escritos, siempre en desventaja ante los atacantes rivales, pero también muy lentos y desubicados en acciones que un central debe resolver por sus propios medios. La primera media hora de la Liga en San Mamés fue una pesadilla. Por momentos daba la impresión de que la estatua de Don Diego plantada en el punto de penalty hubiera supuesto un mayor obstáculo para los béticos.
Los entrenadores tienen cosas incomprensibles. Bielsa, también. Debe de ser por aquello que decía un antiguo miembro del Athletic cargado de ironía. Los entrenadores despachan directamente con Dios después de desayunar. Y en esas charlas descubren cosas del fútbol inaccesibles para el resto de los mortales aficionados. Esa debe de ser una de las razones por las que el técnico de Rosario sigue insistiendo con Iñigo Pérez en el lateral izquierdo; o por lo que eligió empezar el partido con Toquero en el eje del ataque dejando a Aduriz en el banquillo. Le preguntas a un turista japonés que ayer se hacía fotos con Marijaia y te dirá: Toquero es muy bueno levantando balones desde la banda, pero como nueve no funciona. Bueno, pues Toquero otra vez como nueve hundiéndose con todo el equipo, como Iturraspe.
Bielsa rectificó pronto, pero ya era tarde. La entrada de Ruiz de Galarreta por Iturraspe llevó a Iñigo Pérez al eje del centro del campo y a De Marcos al lateral. En el descanso Herrera y Toquero se quedaron en la caseta y entraron Ibai Gómez y Aduriz. Fue otra cosa, digamos que más canónica, y el partido cambió como de la noche al día. Un pase sutil de Aduriz preludió el primer gol de De Marcos y después un San José imperial cabeceó dos corners a la red remontando un partido que hacía tiempo que se daba por perdido.
Fue esta reacción del Athletic una de las señales positivas que se pudieron percibir en San Mamés. Este equipo tiene alma; coraje suficiente para sobreponerse a la adversidad y calidad y recursos como para competir a un nivel muy alto. Si la primera media hora del partido fue un caos, la primera media hora de la segunda parte nos devolvió a un Athletic capaz de trenzar juego, de buscar las bandas, de hacer daño con muy poquito, como recordábamos haberlo visto el año pasado. Sin Amorebieta, Aurtenetxe, Muniain y la pareja de dos en el campo, no está nada mal el rendimiento que ofreció el equipo durante bastantes minutos.
Otro mensaje para la esperanza, quizá el mejor y más importante, lo emitió la grada. El público de San Mamés volvió a estar en su sitio dando una lección de comportamiento, responsabilidad y apoyo a los colores. Recibió al equipo con una ovación que sonó más fuerte y cariñosa de lo habitual. Sostuvo a los jugadores y les animó sin un solo reproche mientras contemplaba la debacle; vibró y disfrutó con la remontada; asumió con resignación el chasco final y despidió a los suyos con unos aplausos reconfortantes de verdad. Nadie aludió a los ausentes. La grada emitió un mensaje muy claro al césped. Vosotros sois nuestro equipo y vamos a estar con vosotros por encima de todo. La ovación que se llevó el desolado Iturraspe cuando fue sustituído en el minuto 23 solo se puede escuchar en San Mamés.
Hubo un mensaje de esperanza en medio del caos. Las gentes rojiblancas llegaron al campo hartas de un verano inaudito, hasta las narices de estar en boca de todos y de no ganar para sustos y disgustos. San Mamés sonó como un ¡ya está bien!, una catarsis colectiva que se hubiera consumado de culminar el Athletic su remontada. No pudo ser porque este equipo tiene una descomunal vía de agua, capaz de hundir un trasatlántico. Ningún equipo que se tenga por serio puede conceder cinco goles en su campo. Problemas como la pérdida de balones en zonas comprometidas, que se suponían superados el año pasado, volvieron a aparecer con toda su crudeza. El eje de la defensa es una zona demasiado comprometida como para improvisar una solución de la noche a la mañana pero, de momento, no hay otra que aguantar con lo que queda disponible.
Volviendo a los aspectos positivos, no está nada mal que el equipo sea capaz de marcar tres goles, mucho más en unas circunstancias como las de ayer. Ruiz de Galarreta sigue apuntando muy buenas maneras, De Marcos vuelve a aparecer, Aduriz ha regresado con mucha hambre, Susaeta no ha perdido brillo... Hay razones para la esperanza aunque pueda sonar raro decirlo después de lo del domingo.
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miércoles, 2 de mayo de 2012

La visita del Real Madrid le pilla
al Athletic pensando en otras cosas

Ni los socios más veteranos recuerdan una visita del Real Madrid a San Mamés más intrascendente que la programada para esta noche. Ninguna de las numerosas circunstancias que suelen rodear a un partido de fútbol, más incluso si se trata de un clásico como éste, colaboran a incrementar el interés del partido. El Real Madrid llega con el título de Liga en el bolsillo y el Athletic piensa más en las dos finales que tiene que disputar que en una competición cuyo premio mayor, la clasificación para la Champions, ya le queda demasiado lejos. Las ausencias forzosas de los sancionados Iturraspe y Herrera y la del lesionado Amorebieta restan al Athletic el suficiente potencial como para acabar de enfriar el poco entusiasmo que puede despertar el partido. La hora tardía, el día entre semana y la televisión en abierto son los últimos añadidos que faltaban para terminar de ahuyentar a la afición.
De lo que pudo haber sido, un choque eléctrico, tremendo por la entidad y la rivalidad de los dos contendientes, a lo que será, un partido con envoltura de clásico pero vacío de contenido. El interés se centra en un aspecto tangencial del choque como es el recibimiento que dispensará San Mamés al Real Madrid y si, de llegar el caso, el Athletic hará pasillo a su rival en su condición de campeón de Liga.
Salvo algún aficionado recién llegado de una remota provincia china que se ha hecho seguidor de la Liga gracias a los partidos que le han televisado a las doce del mediodía, todo el mundo sabe que San Mamés pitará al Real Madrid con bastante más intensidad de lo que es habitual. La afición rojiblanca todavía está sangrando por la herida de la negativa a ceder el Santiago Bernabéu para la final de Copa, lo que ha provocado la frustración de al menos diez millares de rojiblancos. Quien no quiso ser anfitrión no puede aspirar a convertirse en un invitado bienvenido.
En cuanto a la cuestión del pasillo, efectivamente podría darse el caso de que el Real Madrid saltara al césped de San Mamés como campeón. El Barcelona juega dos horas antes y si los blaugranas no ganan al Málaga en el Camp Nou, la aritmética dará el título a los blancos cuando estén en el calentamiento previo al partido.
En ningún artículo del reglamento de competición está escrito que nadie tenga que hacer pasillo al campeón. Se trata de una costumbre arraigada, como tantas otras que abundan en el fútbol. Una cuestión mezcla de educación y fair play. Tampoco en ningún lugar del reglamento está escrito dónde hay que jugar las finales de Copa; pero un vistazo al historial basta para conocer dónde se ha jugado casi siempre, incluso cuando uno de los finalistas era el propietario del campo. Siempre ha sido, además de otras consideraciones, una cuestión de educación y fair play, la que este año, casualidad, le han faltado a alguien al que el fútbol, el fair play y la educación (y diría que hasta el Real Madrid), le importan un pimiento.
La del famoso pasillo es una discusión ociosa si el Barcelona gana su partido, así que no merece la pena incidir en ella aunque se supone que el Athletic tendrá decidida su postura ante la eventualidad de que se plantee la situación. La grandeza de las instituciones se mide en este tipo de escenarios. El presidente del Real Madrid y su troupe de pelotas, correveidiles y paniaguados ya se han encargado de dejar a la institución blanca a la altura del barro con el asunto de la final. Al Athletic no le hace falta abundar en el asunto. Son ellos los que se han retratado. La educación y el fair play no están reñidos con la verdad y el Real Madrid sabe lo que piensa el Athletic al respecto. Si no se tienen noticias de que se haya suspendido la comida entre directivas (otras de las tradiciones no escritas) se supone que la institución rojiblanca actuara con coherencia en todos los ámbitos.
Es una lástima que ante un duelo entre el Athletic y el Real Madrid se esté hablando más de estos asuntos tangenciales que de los aspectos deportivos. Hubiera sido un gran choque éste, de llegar en otro momento. Ahora solo será un partido interesante, como lo son siempre estos encuentros, aunque se den en el contexto de un torneo veraniego. Pero entre lo interesante y lo apasionante hay toda una gama de matices que establecen una diferencia sustancial.
No hay que olvidar que al Athletic le hacen falta los tres puntos porque, como ha subrayado Bielsa, si ya no puede ser cuarto está obligado a luchar por ser quinto. Conseguir ese puesto puede ahorrar muchos problemas a los rojiblancos el próximo mes de agosto. Se trata de evitar las eliminatorias previas de la UEL y eso pasa por ocupar la quinta plaza o ganar alguna de las dos finales que tiene que disputar el equipo. Pero la necesidad de unos puntos que sirvan para organizar mejor el calendario apremia menos que el entusiasmo que ha desatado en el equipo y en todo su entorno la posibilidad de levantar un trofeo. Esas son palabras mayores que sepultan el discurso racional que recuerda que la Liga todavía no ha terminado para el Athletic. Así lo dice el calendario, pero ahora mismo todo el mundo en el Athletic quiere pasar cuanto antes las hojas del almanaque para llegar a lo que verdaderamente interesa.
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viernes, 27 de abril de 2012

Una noche inolvidable

¿Te acuerdas de aquella noche que eliminamos al Sporting?. ¿Cuántas veces nos haremos esa pregunta de ahora en adelante?. En vísperas de otros momentos históricos, que sin duda llegarán, en épocas malas, que también vendrán, y en los días horribles que, cómo no, también nos tocará sufrir cuando nos entren las dudas y estemos en riesgo de perder la fe en esta maravillosa utopía. La pregunta por sí sola nos animará y nos reconfortará sin necesidad de que nos den una respuesta. La conocemos de sobra. ¿Te acuerdas de aquella noche?. Y nos vendrán a la memoria las imágenes y las sensaciones que vivimos el partido en el que eliminamos al Sporting y San Mamés estalló en el último minuto. Habrá explosiones nucleares más suaves que la que hizo temblar anoche los cimientos de la vieja catedral cuando Llorente marcó el gol que nos ponía en la final.
Recordaremos todo lo que sufrimos los ochenta y nueve minutos anteriores, cómo nos abrazamos a nuestro vecino de localidad, cómo lloramos, cómo reímos, cómo gritamos al viento un grito largo, liberador, cuando vimos el balón dentro de la portería. No sabíamos cómo había llegado hasta allí, pero allí estaba, dentro, y bien dentro. El árbitro señalando el centro del campo y los leones formando una montaña rojiblanca en el corner entre la Norte y la Este. En aquel momento no había crisis, ni paro, ni prima de riesgo, ni problemas de ningún tipo. El mundo había dejado de girar en aquel instante mágico y las imágenes sucedían como a cámara lenta. Abrazos, puños en alto, bufandas al aire. Gol, gol, goool. ¡Estamos en la final!.
Los que no tuvieron la inmensa fortuna de estar en San Mamés, también recordarán siempre aquel momento en el que el Athletic se ganó el pase a la segunda final europea de su historia. Y años más tarde recordarán con detalle dónde estaban viendo el partido, con quién lo vieron, cómo saltaron de alegría, cómo se abrazaron con un desconocido.
¿Te acuerdas cuando eliminamos al Sporting?. Y en la respuesta muda encontraremos todas las razones que nos hacen ser del Athletic desde que vimos la primera luz hasta que nos envuelva la última oscuridad. Somos del Athletic porque solo siendo del Athletic se pueden vivir noches como aquella en la que eliminamos al Sporting.
Analizar el partido desde una perspectiva futbolística es una tarea tan imposible como intentar racionalizar los sentimientos. Anoche San Mamés no fue el escenario en el que se jugó un simple partido de fútbol, sino una inmensa caldera en la que entraron en ebullición tantas emociones que acabaron desbordándola. Por mucho que Bielsa planificara el partido y explicara a cada jugador lo que tenía que hacer en cada momento y circunstancia, nunca hubiera podido explicarles cómo se puede poner freno a un corazón desbocado. Porque ese era el verdadero problema de los jugadores del Athletic anoche, contener el impulso de unos corazones de león latiendo a un ritmo frenético, al ritmo que imponía una grada que empujaba, y empujaba y empujaba, redoblando el ánimo, elevando el diapasón cada vez que intuía que el equipo se quedaba.
Intentaron los rojiblancos tomarse el partido con calma. Javi Martínez y Amorebieta tocaban atrás con paciencia, buscando la salida de Iturraspe, esperando que Herrera o Muniain bajaran a recibir para servir a las bandas. El plan era el esperado: hacerse con el balón y moverlo con calma a la espera del hueco en la muralla rival y sin arriesgar una pérdida que podía ser letal. El Sporting tampoco sorprendió. Presión adelantada para impedir que funcionara la sala de máquinas del Athletic, y velocidad para intentar sorprender a la contra. Ya había hecho lo mismo en su campo.
Todo el buen trabajo que desarrollaban los portugueses en la zona ancha, se les venía abajo cuando el Athletic superaba la primera línea de presión. Atrás, sobre todo los centrales, mostraban una flojera que invitaba al optimismo. Cada vez que los leones ligaban tres pases seguidos, lograban colocar el balón delante de la portería de Rui Patricio. Así llegó el primer gol. Un balón recuperado en el costado derecho por Herrera, centro de Munian al pecho de Llorente y dejada de éste de espaldas a la portería para que Susaeta, de cara, voleara a la red.
Después del arranque dubitativo, el gol tenía que facilitar las cosas, pero si a los del Sporting también les llaman leones, será por algo. Como en Lisboa, tomó el mando Martins, un centrocampista de gran dinamismo y apreciable técnica que supo moverse en los espacios que le dejaba el triángulo Iturraspe, Herrera, Muniain. Desde allí, empezó a catapultar a los veloces Capel y Van Wolfswinkel. No es que Iraizoz pasase apuros, pero los portugueses se mostraban amenazantes desde su dominio del centro del campo. Y es que el gol no hizo variar a Sa Pinto su planteamiento inicial. El técnico conoce muy bien al Athletic y a San Mamés y sabe de las limitaciones de su equipo. Nada de riesgos; paciencia y esperar una oportunidad. Al fin y al cabo, seguían estando a un gol de la final y la zaga del Athletic también se veía comprometida cuando algún portugués enfilaba el área en velocidad.
Llegó el empate en un rebote que cazó el goleador Van Wolfswinkel, pero, afortunadamente, tal y como ocurrió el día del Schalke, la reacción del Athletic fue inmediata y a los portugueses al alegría les duró apenas dos minutos. Otra vez Llorente puso en evidencia a los dos centrales para servir a Ibai el balón que pondría de nuevo en ventaja a los rojiblancos.
Era importante llegar al descanso minimizando el golpe del gol en contra y el Athletic agradeció el acierto de Ibai. Quedaba toda la segunda parte para marcar un tanto más y los leones hicieron méritos suficientes para lograrlo. Rui Patricio desvió lo justo un gran disparo de Susaeta y un magnífico cabezazo cruzado de Javi Martínez a la salida de un corner se encontró con el poste. Es cierto que también Insúa estrelló un saque de falta en la base del poste, pero hubiera sido demasiado que el Sporting cobrara dos goles en tres remates.
Todo el segundo tiempo fue un ejercicio agonístico por parte de Athletic, un canto al esfuerzo y al espíritu de sacrifico de todos y cada uno de los leones, incluídos los espectadores, parte actívisima del encuentro, sosteniendo y empujando al equipo con una modulación de la intensidad del ánimo que no se hubiera podido mejorar ni entrenando. Electricidad en el ambiente y derroche de sudor sobre el césped compusieron un cóctel demasiado fuerte incluso para el áspero paladar de un Sporting aguerrido y coriáceo, bien plantado en su parcela y amenazando siempre con dos flechas merodeando el círculo central.
Era imposible que el fútbol fuera tan cruel como para castigar al Athletic con un fracaso. Quien pone tanto corazón solo merece el éxito incluso en este juego a veces tan injusto. La fortuna se hizo esperar pero al fin se presentó en el momento más oportuno, en ese en el que lo que ocurre es irremediable. Faltaban dos minutos para la prórroga cuando Llorente coló un remate inverósimil entre el poste y el cuerpo del portero. San Mamés estalló y la onda expansiva levantó dos palmos del suelo a cientos de miles de rojiblancos allí donde estuvieran. A los que nos pilló en la Catedral todavía nos tiemblan las rodillas.
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miércoles, 4 de abril de 2012

Lo importante, lo accesorio y lo superfluo

Está claro que la eliminatoria con el Schalke 04 tiene muy poco que ver con el cruce con el Manchester United. En el ánimo de la afición rojiblanca ha pesado más el nombre del rival que el nivel de la competición. No es lo habitual que unos octavos de final despierten más pasión que unos cuartos, pero así es en esta ocasión y así habrá que tomarlo.
Los diferentes calibres que se pueden utilizar para medir el interés que despierta un partido arrojan resultados más tibios ahora que cuando hace quince días llegaron los ingleses a Bilbao. Las taquillas de San Mamés son el mejor termómetro para medir la fiebre rojiblanca. El club ha sacado ahora a la venta para el público 1.800 entradas, cuando ante el Manchester United las taquillas ni se abrieron tras agotarse las entradas al paso de socios y socios barria. Que se hayan repetido las colas nocturnas merecería otro comentario pero, por resumir, digamos que el asunto se ha convertido en una estupenda disculpa para apuntarse a una gaupasa entre semana.
La fecha vacacional y el resultado del partido de ida tampoco ayudan a despertar pasiones. Sin duda Bilbao será una fiesta en las horas previas al partido, pero no se aprecia en el ambiente el entusiasmo que desbordaban los días anteriores a la llegada de los diablos rojos. Seguro que el gremio de hostelería podría reflejar la diferencia con cifras que siempre son mucho más precisas que la percepción de cada uno.
Con ser significativo el asunto del ambiente que rodea un partido, más si tiene la trascendencia del paso a una semifinal europea, no deja de ser un aspecto accesorio al mismo. Lo que de verdad importa es lo que vaya a pasar en el rectángulo de juego y eso está íntimamente relacionado con la actitud y la concentración de los protagonistas. Afortunadamente, el Athletic ha dado pruebas más que sobradas de que no hay nada que temer al respecto. A lo largo de la temporada los rojiblancos han demostrado que nunca dan un partido por resuelto antes de tiempo y que no se les pasa por la cabeza la posibilidad de minusvalorar al rival, ni por su presumible inferioridad ni por efecto del marcador. Cuando Bielsa decidió alinear a todos sus titulares en el debut copero en Oviedo, envió un mensaje meridianamente claro a sus jugadores, a los rivales y a los aficionados: no hay lugar para la relajación cuando se compite.
Así que al margen de aspectos puntuales, como la posición de Javi Martínez en el lugar del sancionado Iturraspe y la entrada del recuparado Ekiza en el eje de la defensa, está garantizado que el equipo se tomará los noventa minutos que le restan por jugar contra el Schalke 04 con la misma intensidad con que lo hizo frente al United. De las manifestaciones de los jugadores se desprende que tienen interiorizado el discurso de su entrenador y que la ventaja en el marcador no les va a relajar lo más mínimo. Mejor así.
Lo importante, la actitud del equipo, está garantizado y lo accesorio, el ambiente, acabará estando a la altura de las circunstancias, seguro. Pero a esta eliminatoria le acompaña un aspecto cuando menos superfluo y, como poco, desconcertante. Me refiero a esa especie de culto a Raúl que empezaron alimentando desde Madrid pero que, sorprendentemente, está encontrando eco en algunos medios locales. De pronto, la entrañable y tradicional ofrenda floral a Pichichi por parte del equipo debutante en San Mamés, lleva camino de convertirse en un acto a mayor gloria de Raúl por la circunstancia de que el exmadridista es a la sazón el capitán del Schalke y por lo tanto encargado de llevar a cabo dicha ofrenda.
Nadie puede poner en duda la extraordinaria carrera profesional de Raúl, ni su calidad como deportista. El Athletic sabe bastante de sus cualidades porque, vestido de blanco, el delantero ha batido la portería rojiblanca en una docena de ocasiones. Pero eso no debe hacer olvidar que Raúl sigue siendo un rival quien, sin ir más lejos, batió dos veces a Iraizoz, simuló un penalti y tiró de su equipo los noventa minutos del partido de ida. Se comportó como el gran profesional que es y como el rival más peligroso del Athletic. A veces la caballerosidad y el papanatismo están separados por una línea muy fina. Aplaudir a Raúl como se aplaudió a Giggs o a Ferdinand, como despedida y reconocimiento a una carrera, es algo muy propio de la afición de San Mamés. Lo demás sobra porque lo que importa, no lo olvidemos, es eliminar al Schalke 04 y alcanzar la semifinal de la Liga Europa. Ni más ni menos.
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miércoles, 28 de marzo de 2012

Después de la lírica llega el turno de la prosa

No cabe duda de que desplazar a un millar de seguidores a un partido de cuartos de final de la segunda competición europea tiene un mérito indudable y dice mucho de la implicación de la afición del Athletic con su equipo. Pero la cifra no resiste una mínima comparación con aquel ejército de ocho mil rojiblancos que asaltó Manchester en la anterior eliminatoria. El dato sirve como termómetro para tomar la temperatura al choque contra el Shalke 04 en cuartos de final, una ronda que el Athletic no alcanzaba desde que en la temporada 76-77 llegara a la final de la UEFA. LLegar al cruce con el Manchester United se consideró, antes de alcanzarlo, un objetivo en sí mismo; una vez logrado, el equipo elevó la apuesta y culminó sus dos mejores partidos del año eliminando al mítico equipo inglés. Hasta el momento, ahí se sitúa el techo de Bielsa y los suyos.
Solo lo que rodeó aquellos dos partidos merecería un análisis detallado, desde el relato de quienes, como si se tratara de Fort Apache, rodearon San Mamés a la búsqueda de una entrada, hasta lo que se vivió en Bilbao el día del partido de vuelta, pasando por los múltiples programas especiales emitidos en televisión a lo largo de aquella semana inolvidable o las toneladas de papel que se emplearon para narrar no solo la hazaña sino también sus antecedentes históricos.
Nada de eso ha sucedido ahora en torno a la eliminatoria que comenzará en horas ante el equipo alemán. Las cosas han vuelto a la normalidad. No hubo tumulto ante las taquillas ni ha habido necesidad de organizar un puente aéreo para transportar a la afición. A efectos futbolísticos, el del Schalke 04 es un nombre que no le dice nada al aficionado medio y muy poco al experto. La legión de manchesterólogos que surgió de pronto hace quince días, no ha encontrado la debida sucesión de expertos en el equipo alemán. En la panadería ya no se discute con familiaridad sobre los títulos nobiliarios de Ferguson ni sobre la grandeza de Old Trafford. Y es que hay que tomar aire antes de lanzarse a pronunciar Gelsenkirchen sin salpicar al interlocutor.
Después de toda la lírica y la épica que adornó la anterior eliminatoria, toca ahora recuperar la prosa, olvidarse del verso y centrarse en el sujeto, verbo y predicado, todo seguido y en su orden, que diría aquel. Poner los pies en el suelo y armarse mental y físicamente para encarar a un rival que volverá a exigir el máximo del Athletic aunque de distinta forma a cómo lo hizo el United. Sobre el papel, el equipo alemán es inferior al inglés, y los de Bielsa deberían tener más accesible esta eliminatoria que la anterior, aquella que imposible en teoría y fue felizmente superada en la práctica.
Claro que se trata de un equipo alemán y eso ya supone un título en sí mismo. Orden táctico y perseverancia hasta el último minuto son dos de las cualidades que se le suponen a cualquier equipo teutón. Es el tópico al que se recurre para definirles, pero al fin y al cabo, un tópico no deja de ser una verdad repetida.
El fútbol alemán está experimentando una positiva evolución general en las últimas temporadas a partir de una organización seria y rigor económico basado en un reparto proporcional de los ingresos por televisión y otros conceptos y un control del gasto que impide los despilfarros tan habituales más al sur, que ha elevado el nivel medio de sus equipos e incrementado la competitividad en la Bundesliga, lo que se ha traducido en el regreso de la afición a unos estadios que presentan cada semana las gradas más pobladas de toda Europa.
Esa mejoría general del espectáculo y de la competición hay que entenderla sobre todo en al ámbito doméstico,aunque ya empieza a tener reflejo más allá de sus fronteras. El fútbol alemán mantiene tres representantes en los torneos europeos, el Bayern en Champions y el Hannover y el Schalke 04 en Liga Europa, lo que le coloca solo por detrás de la Liga española, que cuenta con cinco equipos en liza.
Curiosamente el Borussia Dortmund, actual líder y dominador de la Bundesliga, acabó último en la fase de grupos de la Champions por detrás del Arsenal, Marsella y Olympiacos, lo que le impidió incluso entrar en la repesca de la Liga Europa.
Tres viejos conocidos como los exmadridistas Raúl y Huntelaar, y Jurado (Mallorca y Atlético de Madrid) son puntales del Schalke 04, aunque éste último no está apareciendo demasiado en los últimos partidos. Otro exmadridista como Metzelder, el vallisoletano Escudero, procedente del Murcia, y el portero Hildebrand, que defendió un año la portería del Valencia, completan la nómina de jugadores conocidos por la afición rojiblanca y conocedores a su vez del Athletic.
El estado de gracia que están atravesando Huntelaar y Raúl (22 goles el holandés, solo uno menos que el máximo realizador de la Bundesliga, Mario Gómez, y 12 goles el exmadridista) supone el peligro principal de un Shalke 04 que ya ha anotado 60 dianas en su competición doméstica. A cambio, su defensa es bastante vulnerable, lo que debería hacer bastante factible al Athletic cumplir el objetivo de marcar como visitante.
Lejos del glamour de las grandes estrellas del Manchester United y de los focos de Old Trafford, al Athletic le tocará picar piedra para traer la eliminatoria abierta a San Mamés. Los resultados de los últimos partidos de Liga no han sido los mejores, pero tampoco hubo grandes exhibiciones rojiblancas antes y durante su eliminatoria con los ingleses. Entre los misterios insondables que sigue encerrando el fútbol, permanece el de los cambios radicales que suelen experimentar los equipos cuando pasan de una competición a otra. La brillante trayectoria europea del Athletic es el mejor aval para confiar en el grupo de Bielsa.
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viernes, 2 de marzo de 2012

El lío de las entradas, las colas en San Mamés
y la venta por internet

Vivimos tiempos de exageración y desmesura. El hecho más nimio se magnifica a través de los cada vez más omnipresentes altavoces mediáticos. Todo es noticia siempre que contribuya a alimentar la ilusión de que vivimos en una sociedad informada y que no afecte sus cimientos, claro. El fútbol es un formidable generador de esa clase de noticias de consumo inmediato, íntimamente emparentadas con el cotilleo y cada vez más alejadas del hecho deportivo. Entrenadores pagados de sí mismos que tienen más protagonismo en la sala de prensa que en el banquillo, periodistas devenidos en frikis que hacen del show su modus vivendi, directivos que alimentan rumores y egos mientras llevan a la ruina las instituciones que dirigen...hace tiempo que el fútbol dejó de ser de los futbolistas para quedar en manos de toda la patulea que les rodea.
Viene esta digresión a cuento de todo lo que ha ocurrido en torno a las famosas entradas para el partido de Manchester. El Athletic no es una excepción en estos tiempos desmedidos, es más, se diría que lidera algunos aspectos de la exageración, a veces para bien pero otras para mal, así que tampoco hay que extrañarse de nada.
Pocos casos de entusiasmo tan desmedido se habrán producido en el fútbol europeo por una eliminatoria de octavos de final de la segunda competición continental. Desde que el sorteo deparó la posibilidad de un cruce con el Manchester United se desató una especie de histeria que se ha ido retroalimentando sin que, a día de hoy, se sepa dónde y cómo puede terminar la cosa. Y, seamos sinceros, sin que tampoco se sepa a ciencia cierta a qué obedece todo esto, que ya empieza a tomar un penoso cariz de papanatismo, y lo que nos queda en el tiempo que falta para el partido. Si tomamos el dato de que los ingleses han remitido más entradas de las exigidas por la norma de la UEFA (el Athletic sacará a la venta 2.500 más el próximo lunes) podemos deducir que les sobran, o sea que el interés que ha despertado el partido en Manchester se ajusta más a la medida de unos octavos de final. Y eso que el Athletic es uno de los históricos del fútbol europeo, el más antiguo del fútbol peninsular, que mantiene una identidad única que seguro que envidian y admiran los tan tradicionales seguidores de los diablos rojos, y que la Catedral es un campo solo tres años más joven que el mitificado Teatro de los sueños. Es decir, que si es por historia, tradición o abolengo, el Athletic y sus seguidores no tienen nada que envidiar de su rival. El United tiene más títulos, eso sí, como el Barcelona o el Real Madrid, logrados tras renunciar a las esencias y abrazar el mercantilismo. En esencias no solo les ganamos a todos sino que les podemos mirar por encima del hombro.
Sin duda predispuesto por el entusiasmo general, fue el propio club el primero que alimentó la psicosis de las entradas alertando de su preocupación por un posible problema de orden público en las taquillas, o al menos, eso dijeron los medios que dijo el club, porque no se corresponde esa presunta preocupación con las medidas tomadas al respecto: unas cuantas vallas alrededor de las ventanillas.
Estaba claro que iba a haber colas, pero en este estado de cosas no podían ser unas colas normales, al uso de otros grandes partidos. Como había algo más de cuatro mil entradas a la venta, alguien decidió que había cuatro mil personas en la cola con la misma técnica contable que se utiliza para aforar manifestaciones, o sea, a o ojo de buen cubero y pensando en ajustar el titular. Todos los medios se han pasado horas dando por buena la cifra sin que nadie cayera en la cuenta de que se despachaba una entrada por carnet, sí, pero que cada persona podía presentar dos carnets. Y si alguien cayó en la cuenta poco le importó: una cola de cuatro mil tipos siempre da un titular mucho más lucido que una de dos mil. A las ocho de la tarde se vendió la última entrada. Hubo quien hizo la misma cola que para adquirir una localidad para el partido contra el Granada. La cuenta de los 4.000 al guano. ¿Alguien ha rectificado?. Para qué...
Ya está dicho que el Athletic es un club de tradiciones y entre ellas figura una que muchos aficionados y medios mantienen con especial fidelidad: en caso de duda Ibaigane es culpable. En cumplimiento de esta tradición desde el minuto uno menudearon las quejas por la mala organización del asunto y las acusaciones a la obsoleta maquinaria del club, desconocedora de las nuevas tecnologías que tan fácil hacen la vida a los compradores de entradas.
Voy a ser políticamente incorrecto. Siempre ha habido problemas para conseguir entradas en los partidos importantes y siempre ha habido colas en San Mamés cuando se avecinaba un encuentro especialmente interesante. Si la afición rojiblanca destaca por algo es por su entusiasmo y fidelidad. Pero la moda de las gaupasas es relativamente reciente. Diría que no se remonta a más de quince años. De memoria, se podría situar el estreno en el último partido de la temporada 97-98 cuando el Athletic logró su calificación para la Champions ante el Zaragoza. Los presuntos cuatro mil que pernoctaron a las puertas de San Mamés lo hicieron para obtener una entrada que les permitirá un viaje en el que por todos los conceptos gastarán unos cuatrocientos euros por cabeza calculando por abajo. No se trataba de una cola para obtener un empleo ni para conseguir un trasplante de riñón. Sarna con gusto no pica,decían en la postguerra. Lo que el club no puede calcular es cuándo se le ocurrirá ir a la taquilla al primero de la cola. En esta progresión, en un par de eliminatorias muy bien podríamos alcanzar las dos noches de gaupasa. Pretender que empleados del club acudan a ordenar la hilera es ponerles a los pies de los caballos según reza la tradición mencionada más arriba.
La alternativa de internet es la más barajada por todos como solución ideal para evitar lo que algunos han calificado como espectáculo tercermundista nada menos(en el tercer mundo estarían encantados de hacer una cola para poder gastarse cuatrocientos euros). El autor de la teoría debe de ser de la misma escuela del que contó a los que estaban en la cola. Según los datos del Eustat correspondientes a 2011, los usuarios de internet varones mayores de quince años eran en Bizkaia el 61 por cien de la población, porcentaje que se reducía al 50'8 por cien en el caso de las mujeres. La media de edad de la masa social del Athletic se situa en torno a los cincuenta años. Según el Eustat, en la franja de edad de mayores de cuarenta y cinco años el porcentaje de usuarios de internet se reducía en 2011 a un 33,2 por cien. Siguiendo con los datos del Instituto Vasco de Estadística el 61,9 por cien de las familias de Bizkaia dispone de ordenador en el hogar, pero solo el 56,8 dispone de conexión a internet. El 55 por cien cuenta con correo eléctronico en casa.
Nadie duda de que internet será la solución a medio plazo. De hecho, las cifras de utilización se han doblado desde 2002 y es razonable suponer que dentro de unos años su uso será tan universal como lo es ahora el del teléfono pero, de momento, parece complicado que pueda sustituir a los métodos tradicionales a la luz de la estadística. Si el Athletic decidiera mañana vender sus entradas por internet, se formaría una cola de socios en Ibaigane reclamando su derecho a comprar un boleto sin necesidad del pago añadido de una tarifa de banda ancha. Utilizar un método mixto, taquillas-internet es inviable. De hecho el Athletic renuncia siempre a utilizar la red de cajeros automáticos en los partidos problemáticos.
Por otra parte si la escasez de entradas suele alimentar siempre las sospechas hacia la Directiva, pese a que ésta desglose las que saca a la venta y las que se queda, de qué estaríamos hablando si las entradas se gestionaran por internet y se agotaran, digamos que en diez minutos.
No se trata de comparar, ni mucho menos, pero a la misma hora en la que en Bilbao se acusaba al Athletic de vivir en la penumbra de las cavernas, donde no llega la luz radiante de las nuevas tecnologías, en Donostia también hacían cola ante las taquillas de Anoeta para comprar una entrada para San Mamés sin que se tenga conocimiento de que nadie aprovechara el tiempo para hacer su sesuda aportación al mundo de las TIC y el I+D. Eso sí, la Real les agradeció el esfuerzo con un gorro y una bufanda a cada uno. Todo un detalle.
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miércoles, 22 de febrero de 2012

¡Que vienen los rusos!

Tomo prestado el título de una vieja película que tuvo cierto éxito en su momento. Se trataba de una comedia que relataba las vicisitudes de la relación entre la tripulación de un submarino soviético encallado de forma accidental en la costa de un pueblecito estadounidense, y la población local. Eran los años de la guerra fría, lo que hacía comprensible un argumento que ahora suena surrealista. La cosa acababa bien y todos se hacían amigos. Se ve que el movimiento hippie y su consigna, haz el amor y no la guerra, empezaba a calar también en las neuronas de los guionistas de cine.
Los rusos que vienen ahora a San Mamés no son como aquellos rusos que venían en la época de la película, aquellos grupos de eslavos, pálidos, altos y con corte de pelo militar, a los que los cronistas de la época les atribuían indefectiblemente la condiciones de máquinas sin alma, de piezas automatizadas dentro de un engranaje superior. Al fin y al cabo eran comunistas y ya se sabe que, además de no tener alma, algunos de aquellos individuos tenían rabo y cuernos; qué menos que equiparar a sus futbolistas con máquinas o con cosas peores, si encima eran los que disfrutaban del oro que se habían llevado los comunistas locales a Moscú.
Es obvio que las cosas han cambiado tanto que ya resulta imposible distinguir a simple vista a un equipo ruso de cualquier otro. Hace tiempo que los mecanismos son similares en todas partes, funcionan con el mismo combustible, el dinero, y las piezas son perfectamente intercambiables. El delantero centro del Lokomotiv, sin ir más lejos, el año pasado le metió un gol al Athletic vistiendo la camiseta del Levante. Es lo que tiene esto de la globalización y los tiempos modernos; desde que cayó el muro de Berlín los equipos rusos ni parecen rusos, ni ná, que diría Camacho.
El Lokomotiv es uno de los prototipos del nuevo fútbol ruso como pudimos comprobar en el partido de ida. Con un entrenador portugués, dirigido en el centro del campo por Zapater y Glushakov, sus principales bazas están en su poderoso juego de ataque, donde Caicedo y Maicon hacen valer su potencia y velocidad, además de unas dotes dramáticas en cuanto pisan área, impropias al este del Danubio. Caicedo ya sacó provecho de sus dotes interpretativas a costa de la inocencia de Aurtenetxe, que no jugará en San Mamés por culpa de aquella tarjeta precisamente. Como tampoco lo hará Maicon, que acabó hartando al árbitro y también vio una amarilla. Es esta una buena noticia para el Athletic porque la ausencia del brasileño por fuerza tiene que restar velocidad al juego de contragolpe de su equipo.
El Lokomotiv sigue siendo una incógnita porque el primer partido no permitió calibrar su potencial en su justa medida. El encuentro estuvo condicionado por la doble personalidad que exhibió el Athletic, tan excelso en el primer tiempo como nefasto en el segundo, así que no sabemos a ciencia cierta si el equipo moscovita es tan vulnerable como pareció antes del descanso o tan peligroso como se mostró en la continuación. No hay que olvidar, además, el dato de que el Lokomotiv lleva dos meses y medio sin competir, lo que siempre influye en el rendimiento de cualquier equipo como muy bien lo ha comprobado el Athletic cada vez que ha tenido que afrontar alguna eliminatoria previa en verano. El gol que marcó Muniain en el Luznhiki cobra además un valor extraordinario, tanto que no es exagerado afirmar que otorga al Athletic la condición de favorito.
Por último, las condiciones del partido nada tienen que ver con las que rodearon el encuentro de ida. Ni la temperatura, ni el terreno de juego, ni, sobre todo, el ambiente en las gradas, serán lo mismo. Las colas de socios y aficionados para hacerse con una entrada auguran otro llenazo en un San Mamés que vivirá de nuevo la magia de las noches europeas. Todo el mundo es consciente de lo mucho que hay en juego. Superar al Lokomotiv otorga al Athletic el premio de una eliminatoria con el Manchester United, es decir, la oportunidad de cobrar un protagonismo importante a nivel continental, por no hablar de cosas más prosaicas pero no menos trascendentales, como el rendimiento económico de una nueva ronda.

HA MUERTO BIRITXI
Soy muy malo haciendo necrológicas. Es un género que nunca me ha gustado ni mucho menos, dominado. Hay auténticos especialistas, pero la mayoría suelen acabar hablando del difunto como alguien que tuvo la suerte de cruzarse en sus vidas. Por eso, no voy a hacer aquí una necrólógica. Ha muerto Natxo Biritxinaga, un hombre que nació y vivió en el Athletic, y en este caso no es una frase hecha porque nació y vivió en una vivienda que estaba adosada a una de las tribunas de San Mamés, los más viejos la recordarán, y en el seno de una saga de masajistas rojiblancos. Natxo, o Biritxi, porque de las dos formas se le conocía, era un tipo peculiar, con un sentido del humor que le llevaba a aceptar las bromas de los jugadores y también a instigar alguna, como si eso también formara parte de su trabajo. A raíz de un reportaje con motivo de la última final de Copa, trascendió al gran público la que protagonizó en el vestuario del Bernabéu minutos antes de la final contra el Barcelona: apareció de pronto disfrazado de Eva Nasarre, con calentadores y cinta en el pelo, y la broma ayudó a descargar la tensión del momento.
No era la primera vez que Natxo se disfrazaba ni sería la última, porque Biritxi era de los masajistas de la vieja escuela, de cuando el entrenador no tenía segundo, ni ayudante, ni consejero áulico en nómina; de cuando viajaban once futbolistas, el portero suplente, el entrenador y el masajista y éste tenía que hacer de todo, desde encargarse del material, hasta vendar y dar masajes a los jugadores o repartir las llaves de las habitaciones.
En sus últimos años en activo a Biritxi le dio por aparecer con una cinta rojiblanca en la cabeza en los partidos. Componía una imagen curiosa cuya razón nunca explicó o al menos yo no la conozco. A lo mejor era una reminiscencia de aquel disfraz de Eva Nasarre. Devoto de Clemente, Javi era Dios para él, sobre todo a raíz de los títulos, pero también porque conocía de primera mano la forma de trabajar de muchos entrenadores y su relación con los jugadores y los auxiliares, tenía a los jugadores como parte de su familia. No era raro verle por Lezama una vez jubilado. Lo explicaba a su manera, con una sonrisa: "es que echo mucho de menos a estos cabrones; no puedo estar sin ellos".
Agur Biritxi
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martes, 7 de febrero de 2012

Hoy es el día

Ha llegado el día y será un día muy largo, gracias a la servidumbre que imponen las televisiones al fútbol. Las diez de la noche es prime time para la televisión de este país (lo que describe bastante bien a este país y a su paisajane) pero nunca ha sido un horario futbolístico, y menos para los partidos que se juegan entre semana. Hasta hace relativamente poco, cuando los clubes eran libres para decidir sus horarios, solo el Valencia acostumbraba a jugar a las diez y media de la noche los sábados de determinadas épocas el año, el inicio del otoño y en primavera, sobre todo. Cada club maniobraba en función de las características y hábitos de su masa social. Así, el Athletic jugaba indefectiblemente a las ocho y cuarto, para dar tiempo a llegar al campo a los numerosos socios que trabajan en el sector del comercio.
Pero habrá que esperar hasta las diez de la noche para que el Athletic de el último paso que le separa de la final. Tiene un punto esquizofrénico el estado de ánimo de la afición rojiblanca. Nadie duda de que su equipo estará en la final, y ya hay hasta quien ha concretado sus planes para estar allí en forma de reserva de hotel o petición de permiso en el trabajo pero, al mismo tiempo, es imposible alejar de la mente ese puntito de inquietud que provoca la incertudumbre inherente a cualquier juego, y el fútbol lo es.
Hace casi medio siglo, un reputado periodista deportivo argentino, Dante Panzeri, definió el fútbol como la dinámica de lo impensado. Difícilmente se puede resumir mejor este deporte en tan corto enunciado. Esa dinámica de lo impensado hace tan grande este juego y mantiene el interés de las masas más allá de los noventa minutos. Es tan grande la probabilidad de que ocurra lo impensado, que puede suceder incluso fuera del límite de los noventa minutos, como ocurrió en San Mamés el sábado ante el Espanyol. Al Athletic le toca hacer el trabajo para que esta noche, todo suceda de acuerdo con el guión previsto, sin dar la mínima oportunidad al azar o a la casualidad para que se produzca lo impensado.
También hay quien cita con aversión a un árbitro históricamente nefasto para el Athletic, especulando con una de esas decisiones incomprensibles que suelen condicionar fatalmente un partido. En algunas pesadillas de los hinchas rojiblancos aparece la figura de Undiano Mallenco blandiendo una tarjeta roja ante la cara de un jugador del Athletic; en otras, el colegiado navarro señala con su dedo índice el punto de penalti del área de Iraizoz. Los más aprensivos han soñado ambas escenas en el minuto diez de la misma pesadilla, y se despiertan bañados en sudor frío mientras retumban en sus mentes las palabras fatídicas: penalti y expulsión.
Pero seamos lo suficientemente racionales para soñar con los ojos abiertos. El Athletic regresó con un 0-1 de Oviedo y en el partido de vuelta San Mamés registró una de esas tristes entradas propias de los partidos intrascendentes. De Albacete se volvió con un peor resultado, empate a cero, y todas las conversaciones giraban en torno a la identidad del siguiente rival: Mallorca o Real Sociedad. Ante el equipo de Caparrós el 2-0 de partido de la catedral no garantizaba casi nada para la vuelta, pero los aficionados cruzaban los dedos para que el Mirandés siguiera protagonizando sorpresas y apartara al Espanyol del camino. Ahora quedan noventa minutos con 1-2 a favor. El equipo burgalés tendría que marcar dos goles en San Mamés y quedarse a cero el Athletic, un resultado que no se ha dado en toda la temporada ante rivales de mucho mayor empaque. Incluso en el fútbol hay sido para la lógica y ésta dice que los de Bielsa están en el escenario soñado.
San Mamés se llenará y se vivirá el ambiente de las grandes noches, porque no todas las noches se juega una semifinal de Copa, al margen de cuál sea la entidad del rival. No hace falta que nadie prepare nada para que la afición esté con el equipo al máximo, como lo está en las ocasiones especiales. Los entusiasmos organizados de antemano y las alegrías programadas, no son ni entusiasmos, ni alegrías. La parroquia de la catedral tiene la suficiente experiencia en estas cosas como para saber comportarse como la ocasión lo requiere.
Hace tres años al Athletic le tocó protagonizar la gesta de voltearle el marcador a un excelente Sevilla. Esta noche el argumento es exactamente el contrario. Se trata de asumir el papel de favoritos y de imponer en el marcador la superioridad que ya se puso de manifiesto en el partido de ida. Hace tres años fue la épica, esta noche debe ser la eficacia. Los dos caminos son igualmente válidos. Ambos desembocan en la final. Hoy es el día que debe preceder a una gran noche.
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lunes, 26 de diciembre de 2011

Euskal Selekzioa: es fútbol, no es un botellón

El presidente de la Federación Vasca de Fútbol, Santiago Arostegi, ha hecho un llamamiento al sentido común de los que acudirán el miércoles a San Mamés a presenciar el Euskadi-Túnez programado para esta Navidad. No es la primera vez que desde la FVF se hace este tipo de llamamiento, y es que, de un tiempo a esta parte, el comportamiento de una parte del público que acude a los partidos de la Euskal Selekzioa, deja bastante que desear, mejor dicho, deja un saldo de destrozos que dice bien poco de la educación y del talante de quien los provoca.
Ha llovido mucho desde aquel Euskadi-Irlanda que en 1979 supuso el inicio de la historia moderna del combinado vasco tras el largo túnel de la guerra y la postguerra. No se trata de idealizar la memoria, ni de afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero si todavía queda algo del espíritu que alumbró aquel partido, no es precisamente el comportamiento de cierto sector de los asistentes a la grada.
La corrección política hace que los medios de comunicación prefieran refugiarse en el tópico de la fiesta del fútbol vasco para los grandes titulares, ignorando o relegando a un breve como mucho, las consecuencias no deseadas de esa fiesta. Funciona el mismo mecanismo que en las informaciones que dan cuenta de los diversos Kilometroak, Ibilaldia y similares que se celebran en cada Territorio. Lo justo de la causa y la grandeza de la participación popular ocultan los macrobotellones en los que muchos preadolescentes comienzan su relación con don Simón y sus parientes.
Las palabras de Arostegi recordando que todo aquel dinero que se emplee en reparar desperfectos se detraerá del que se debería destinar al fútbol vasco, no son mera retórica. El presidente de la FVF sabe de qué habla y con ser malo que en un partido de la selección se produzcan destrozos, es incluso peor la imagen que se refleja a ojos de quienes nos visitan. La invasión de campo en los últimos minutos del partido contra Venezuela, la presencia de gente sentada en la valla publicitaria tras la portería con los pies al borde el terreno de juego, las bengalas, los petardos... no contribuyen precisamente a la causa de la proyección internacional de la imagen de la selección.
A fuerza de hablar de la fiesta del fútbol vasco no son pocos los que han acabado identificando este partido como una celebración más dentro del programa navideño. Lo que a nadie se le pasa por la cabeza hacer en un partido del Athletic, de la Real o de Osasuna, pasa por permitido cuando se trata de la selección. La relación con el fútbol de una parte no desdeñable de quienes acuden a este partido, se limita a esta cita; su interés por el fútbol se circunscribe a la magnífica oportunidad de participar en una juerga que congrega a treinta mil juerguistas: el macrocotillón navideño, vamos.
A la FVF le corresponde la buena organización del evento, pero no se lo ponen fácil. Un incremento de la seguridad privada resulta, además de caro, contraproducente por lo que supone de incitación a la transgresión, sin contar con la escasa popularidad que tienen aquí los uniformes, sean del color que sean. Se ha probado a dejar en manos del propio fútbol el mantenimiento del orden, mediante la participación de voluntarios identificados. La idea, aunque encomiable, no ha tenido demasiado éxito.
Como siempre, la educación y el convencimiento son las mejores herramientas para evitar desmanes, aunque la abundancia de alcohol y la coartada de la masa suelen ser enemigos muchas veces insuperables. No sobraría que ESAIT, desde su posición de referencia para muchos, echara una mano en esa tarea de concienciación. Federación, técnicos, jugadores y rivales, se toman muy en serio este partido. Es hora de que el público se lo tome también en serio y que acuda a San Mamés convencido de que va a un partido de fútbol, no a un botellón.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una plantilla con poco margen para la rotación

El hecho de que el Athletic esté ya clasificado para la siguiente fase de la Europa League resta trascendencia al partido ante el Slovan y anima a más de uno a calcular que Bielsa dispondrá de un equipo de circunstancias para este choque. Habría que matizar, sin embargo, eso de la escasa trascendencia del último partido de la fase de grupo que se disputará en San Mamés, porque los puntos en juego siguen teniendo un valor deportivo...y económico. Acabar como campeón de grupo garantiza jugar el segundo partido de los dieciseisavos de final en casa, una circunstancia que siempre otorga una pequeña ventaja competitiva. Por otro lado, la UEFA, en previsión de que se produzcan esta clase de partidos intrascendentes en la fase de liguilla, al menos para uno de los contendientes, ha establecido unos incentivos económicos en forma de primas por puntos, que no deberían ser desechadas de antemano en los tiempos que corren aunque, evidentemente, el interés deportivo prime sobre el económico a la hora de tomar una decisión. Por último, y no menos importante, está el asunto del público. No ha tenido una gran respuesta en taquilla esta primera fase de la competición europea. Los abonos vendidos han sido muchos menos de los esperados por el club, y si las gradas ya presentaron un aspecto muy pobre ante el PSG, el día del Salzburgo la asistencia fue más parecida a la de un partido de Copa contra un Segunda B, que a la que se espera en una competición europea. Un club que como el Athletic, cuenta con una afición fiel y una más que asentada tradición de noches europeas en San Mamés, debería analizar en profundidad qué es lo que ha pasado para que ocurra este fenómeno. La crisis, la saturación de fútbol en televisión o la escasa entidad teórica de los rivales, podrían facilitar algunas pistas al respecto aunque me temo que no todas. En cualquier caso la institución ha reaccionado bien, premiando a los socios que se hicieron con el abono con la posibilidad de hacerse con entradas a precios de saldo. La excelente respuesta en taquilla anuncia una gran entrada que estará formada por aficionados, o no tanto, que no se suelen acercar habitualmente por la catedral. Una razón más para que los que salten al césped traten de ganarse una ampliación de la clientela, además de mantener el debido respeto a los habituales.
Centrándonos en lo deportivo, resulta obvio pensar que un partido de estas características es el más propicio para que el entrenador recurra a eso que se ha dado en llamar rotación. Lo que ocurre en el Athletic es que Bielsa dispone de una plantilla lo suficientemente reducida como para que apenas tenga margen suficiente para cambiar el aspecto del equipo porque, además, la propia dinámica de la competición, en forma de sanciones o lesiones, ya ha estado haciendo su propia rotación de una manera natural.
Si acudimos a los números, tenemos que, además del portero, son Llorente, Muniain, De Marcos, Susaeta y Javi Martínez los que más minutos han jugado, seguidos de cerca por Iraola, Amorebieta e Iturraspe, y un poco más lejos, Aurtenetxe. Los centrales San José y Ekiza se han repartido los minutos y la condición de titulares, mientras que un jugador considerado indiscutible como Herrera, ha tenido un importante descanso forzoso por culpa de una lesión y la posterior intervención quirúrgica. Quedarían pues, como relevos naturales con plaza fija en la plantilla únicamente Toquero, Gabilondo, Iñigo Pérez y David López. A ellos cabría sumar a Ramalho o Ibai, además del resto de los jugadores del filial inscritos en la lista previa para la competición europea, cuyo concurso masivo desfiguraría la alineación hasta extremos poco probables en un equipo de Bielsa. Hasta ahora, el técnico argentino ha demostrado no ser amigo de cambios y ha preferido recurrir a diversas combinaciones con un grupo reducido de jugadores a los que, eso sí, ha dotado de la suficiente polivalencia como para que la baraja pareciera muy distinta con las mismas cartas. Tiene margen para dar un respiro a algunos de los fijos pensando en el partido del próximo domingo en Mallorca, aunque no tanto como para que nos encontremos con un equipo irreconocible. Por cierto, que el partido europeo no podía haber estado mejor situado en el calendario. Mejor no pensar en lo que hubiera sido en el plano mediático, una semana entera hablando, escribiendo y estableciendo comparativas entre Caparrós y Bielsa.

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lunes, 7 de noviembre de 2011

El viejo león ha vuelto con toda su grandeza

Se han acabado los calificativos para describir el choque que el Athletic y el Barcelona disputaron anoche sobre el anegado césped de San Mamés. Fue sin duda uno de los partidos más bellos que se recuerdan en la época moderna. Se podrá recordar quizá la fiesta de la semifinal de Copa ante el Sevilla, pero no es lo mismo. Aquello fue una exhibición del Athletic arrollando al rival e incrustándolo contra su propia portería. Lo de anoche fue otra cosa, fue el choque de dos grandes equipos de igual a igual, sin superioridad ni a un lado ni a otro, un partido de ida y vuelta discutido sobre el simple argumento de a ver quién puede más. Cada uno con sus armas, parecidas algunas, muy distintas la mayoría, sin perder la cara en ningún momento, sin miedo a nada, con limpieza. Eso fue lo que hizo al partido mucho más grande de la media a la que estamos acostumbrados. Seguro que en el barcelonismo piensan lo mismo. Podrán recordar decenas de goleadas y exhibiciones de su equipo, pero lo de San Mamés fue otra cosa. Lo dijo Guardiola. Nunca se había enfrentado a un rival tan intenso, tan agresivo, tan capaz de robarle todos los espacios.
Como los calificativos se han acabado, recurriré a un par de datos que describen el encuentro. Uno de ellos es el de las alineaciones. El Barcelona alineó a su equipo de gala, sin reservas de ningún tipo, dando al partido la categoría que requería. Pero es que la alineación del Athletic merece comentario aparte. Bielsa dispuso un equipo con apenas dos defensas y medio para encarar al Barcelona, ni más ni menos. Contó con un central nato como Amorebieta, un jugador que puede ser central o lateral como Aurtenetxe y pare usted de contar. Iraola es un lateral de corte eminentemente ofensivo, y Javi Martínez, el segundo central, puede describirse como un futbolista tanto de destrucción como de creación, que lo mismo te roba el balón en el área propia que monta una acción de contrataque. El resto del equipo lo formaron Iturraspe, De Marcos, Muniain, Susaeta, Herrera y Llorente, seis jugadores de pura creación. Teniendo enfrente al Barcelona, un equipo que en cuanto te despistas para mirar el reloj te ha hecho tres goles, la cosa tiene una lectura que explica bien a las claras por dónde dirige sus pasos este Athletic de Bielsa.
El segundo dato describe el partido en general. Tal y como estaba el césped, la intensidad con la que se jugó y el ardor que pusieron todos los protagonistas en la pelea, los auxiliares no tuvieron que salir ni una sola vez al campo a restañar herida alguna. No hubo teatro ni engaño, el que se caía se levantaba con la ayuda del que le había derribado. De los noventa minutos reglamentarios, se jugarían ochenta u ochenta y cinco. No hubo eso que se ha venido en llamar el otro fútbol, hubo solo fútbol de verdad, el único que interesa y eso hay que agradecérselo a dos entrenadores que van con la verdad por delante y la practican.
Porque hubo, no lo olvidemos, algunos sectores interesados en dudar de la palabra de Bielsa cuando afirmaba que su equipo jugaría siempre fiel a sus principios al margen del nivel del rival. El técnico demostró ser fiel a su palabra saliendo a ganar en Valencia, saliendo a ganar al Atlético de Madrid... y saliendo a ganar a todo un Barcelona discutiéndole sus argumentos más preciados, la posesión del balón y el protagonismo en el campo.
Creo que a pesar que desde la óptica rojiblanca el resultado fue cruel, el empate es un marcador justo. Lo injusto de verdad hubiera sido que uno de los dos equipos saliera derrotado de un partido semejante. Pero en este caso hasta el resultado deviene anecdótico ante la inmensidad de lo que se vio en San Mamés. El rugido del viejo león se multiplicó a través de la televisión hasta llegar a todo el mundo. Este tremendo Barcelona fue, además, la mejor caja de resonancia para propagar su eco. El viejo león ha regresado y lo ha hecho con toda su grandeza. El Athletic que todos queremos, ese del que nos sentimos tan orgullosos, ya está aquí de nuevo. Saliendo a ganar, mirando a los ojos a cualquier rival, sin trampa ni cartón. Con fútbol de verdad. ¡Qué maravilla!

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viernes, 21 de octubre de 2011

Se atascan los cerrojos

Ahora se entiende mejor a Bielsa cuando dice que prefiere enfrentarse a equipos que le ataquen. A su fútbol, o al menos a la interpretación que de él hace el Athletic, se le atragantan los equipos que ponen toda la atención en defender. El Salzburgo fue la versión austriaca del mejor catenaccio italiano. Cuando no tenía el balón formaba una línea de seis defensas, con marcas individuales, y dos mediocampistas atentos a tapar huecos e impedir un primer pase de los rojiblancos en condiciones. El Athletic se estrelló una y otra vez ante semejante muralla. Lo intentó por dentro, se oían voces en la grada pidiendo que lo intentara por las bandas, pero ni por dentro, ni por fuera. Allá donde se orientara la jugada había una pared insalvable.
Para resolver problemas como el planteado por el Salzburgo hace falta un punto más de velocidad en la ejecución y toneladas de paciencia para escudriñar el hueco por donde se pueden colar al mismo tiempo balón y delantero. Además, es necesaria una precisión quirúrgica en los pases, sobre todo en el último, para que el cuero supere el bosque de cuerpos y piernas. El Athletic no tuvo ni velocidad de ejecución, ni precisión en el pase y la recepción. En cuanto a la paciencia, no sé, yo la denominaría empanada, que no es lo mismo.
Ocurrió el día del PSG y se repitió ante los austriacos. San Mamés no vivió una de esas mágicas noches europeas donde el ambiente se palpa desde horas antes en la ciudad. El partido se disputó en un ambiente gélido. Se han vivido en la catedral minutos de silencio más ruidosos que los dos o tres primeros minutos del partido de ayer. Acabada la parafernalia habitual de la Europa Leage, pitó el árbitro el comienzo del partido en medio del más respetuoso de los silencios. El público se lo tomó como si estuviera en la ópera, y el efecto sobre el césped fue demoledor, tal vez porque los jugadores salieron pensando que el Salzburgo sería algo así como un coro de tiples.
Habrá que analizar con seriedad qué pasa para que en un partido de competición europea, y ya van dos este año, se registre poco más de media entrada y la afición vaya al campo con un espíritu funcionarial que tira de espaldas, algo así como si hay que venir se viene, pero sin exagerar. La crisis puede tener bastante que ver con la escasa respuesta en la taquilla; lo que no se entiende muy bien es la actitud de los que sí fueron al campo.
Público y equipo no reaccionaron hasta que el Salzburgo ya llevaba dos goles de ventaja. La primera media hora fue un continuo deambular con el balón por parte de los rojiblancos en las zonas templadas del terreno, allí donde no pasa nada. Nadie sabe por qué extraña razón se minimizó a un rival al que nadie conocía. Los dos últimos triunfos del Athletic y el escaso renombre del conjunto austriaco pintaron un partido de esos que se ganan sin bajarse del autobús. Craso error que esperemos que sirva de lección para el futuro.
La verdad es que al margen de una buena organización defensiva y de dos puntas rápidos para explotar los habituales espacios que dejan a su espalda los rojiblancos, el Salzburgo tampoco pareció la octava maravilla futbolística. Defendió recurriendo a la acumulación de personal tres metros por delante de su área, el gran Maguregi hubiera dicho lo del autobús aparcado en la portería, y eso le bastó para anular a un Athletic desesperantemente fallón y corto de miras. Recurrir a que los medios puntas bajen a recibir el primer pase de espaldas a la portería rival, para devolver inmediatamente la pelota al defensa ante la imposibilidad de girarse para encontrar un compañero desmarcado, no conduce a nada ante una defensa que no cae en la trampa de perseguir al jugador en su movimiento y que se limita a esperar manteniendo el orden. Susaeta intentó la jugada no menos de cincuenta veces, siempre con el mismo resultado: cero. Iraola no encontró nunca un pasillo en su banda y cuando lo atisbó falló en el centro o en la recepción. Por el otro lado, a Aurtenetxe le ocurría algo parecido y por dentro ya queda dicho que Susaeta no tuvo su día. De Marcos quiso ser más vertical pero tampoco le acompañó el acierto, mientras que Muniain comprobó que los austriacos le conocen muy bien y saben que es el hombre a anular. Javi Martínez fue otro de los que se perdió en la espesura, en un partido torcido para sus características. Queda Iturraspe, pero este chico sigue siendo un futbolista gallego en el sentido peyorativo, que diría la ínclita Rosa Díez, experta interprete de comunicados. Los técnicos hablan maravillas y Bielsa demuestra que confía en su fútbol cuando le da la manija, pero el chaval sigue sin completar un partido redondo que confirme tan altas expectativas.
Si hay que quedarse con aspectos positivos en una noche que amenazó con siniestro total, hay que volver a mirar al banquillo, desde donde se tomaron de nuevo decisiones en forma de cambios, que podrán ser discutibles, pero que demuestran que hay ideas, nervio y capacidad de decisión. Otra cosa será analizar si sacar a un témpano como Gabilondo para calentar una noche tan gélida en lo futbolístico, sea la mejor de las ideas, o si para que entrara Herrera debía salir Iraola, pero ambos cambios alteraron la fisonomía del equipo, que era de lo que se trataba ante un partido atascado en el que el rival había tomado la medida a la propuesta inicial del Athletic.
También hay que destacar como positivo el propio resultado, al margen de cómo se produjo y lo que cada cual piense de los penaltis. El empate fue el mal menor y hasta se pudo intentar ganar en el último cuarto de hora. Dice mucho en favor de un equipo que había jugado el lunes y que se encontró con dos goles en contra que le sentaron como dos coces en la entrepierna.
Y por último, last but not least, un dato que aportó en su twitter Iñaki Zanguitu, uno de los tipos que conozco que más saben del Athletic. Los rojiblancos empezaron el partido de ayer con un equipo íntegramente formado en Lezama salvo dos jugadores, Javi Martínez y Oscar De Marcos, fichados a edades tempranas. Eso sí que fue lo mejor de una noche en la que pareció que todos teníamos la cabeza en otro sitio.

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miércoles, 19 de octubre de 2011

El día del club, una institución trasnochada

La Junta Directiva del Athletic Club, en reunión celebrada el lunes 17 de octubre, ha decidido declarar como Medio Día del Club el partido frente al FC Barcelona, correspondiente a la decimosegunda jornada de Liga y a disputarse el domingo día 6 de noviembre, en horario por confirmar. 
Ya tenemos el primer Medio Día del Club de la temporada. El segundo será cuando venga el Real Madrid. Ninguna sorpresa por ese lado. Estas cosas me retrotraen a mi cada vez más lejana infancia, a un campo de Regional, que no era mucho más que un barrizal rodeado por una valla de hormigón y limitado por dos porterías de madera. Tardes oscuras de lluvia y frío en las que pasaba orgulloso por la barrera de madera que hacía de puerta enseñando al señor que cortaba los billetes una cartulina con el escudo del equipo y mi nombre mecanografiado junto a un número y la leyenda: socio infantil. Pasaba así a todos los partidos menos a uno, en el que tenía que esperar a que mi padre hiciera cola en la taquilla para comprar las entradas, una excepción que me explicaba cada año. Es que hoy es el día de ayuda al club y tenemos que pagar todos para que tenga algo más de dinero.
El Día del Club tenía una justificación en aquellos lejanos tiempos en los que las cuotas de los socios y la recaudación en taquillas eran los únicos ingresos que tenían los clubes de fútbol. Es una institución contemporánea a la rifa del jamón en el descanso. Obsérvese que se escribe del jamón y no de un jamón, porque está muy extendida la sospecha de que se trata siempre del mismo jamón, que nunca toda a nadie y si le toca no se lo lleva a casa, en parte porque las momias no forman parte de nuestra cultura gastronómica y en parte por solidaridad con el Club a quien tanto le dolería desprenderse de algo al que le ha cogido cariño con el paso de los años. Después vinieron también las participaciones en la Lotería de Navidad y la rifa de la cesta, versión más sofisticada de la del jamón. Tiempos heróicos, de economía de guerra y medias remendadas una y otra vez; de jerseys de portero tejidos a mano y contratos de diez meses, los que dura la temporada, que es cuando hay partidos y por lo tanto, taquillas. Muchos directivos del fútbol de Regional, esos a los que de verdad el fútbol les cuesta tiempo y dinero, podrían contar muchas cosas al respecto ahora mismo.
El Día de Ayuda al Club, que ese era el nombre original, devino en el resumido Día del Club. Con el paso de los años, la visón de marketing de un presidente desdobló el Día del Club en dos Medios Días del Club. "En lugar de pagar una entrada completa hemos pensado que sería más amable para ustedes pagar la mitad en dos veces", les explicó a los compromisarios en una Asamblea. Lo que no les explicó es que así el club podía incrementar el precio de las entradas para el público en general dos veces en lugar de una, y si se lo explicó, no lo recuerdo.
La prerrogativa que tiene la Junta Directiva de declarar un Día del Club o dos Medios Días, viene reflejada en los Estatutos. Se me ocurre que ahora que va a haber un nuevo intento de modernizarlos, se podría proponer la supresión de una institución trasnochada, poco acorde con los tiempos que vivimos. No es cosa de renunciar a unos ingresos con los que ya cuenta el club; se trata de mantener esos ingresos por otra vía, por ejemplo, por la del incremento del precio del carnet de socio en una cantidad similar, o ligeramente inferior al importe de los dos Medios Días del Club, con posibilidad de devolución en caso de renuncia del socio a acudir a esos partidos. Es decir, cobrar por adelantado y dejar abierta la posibilidad de reintegro, en lugar de esperar a que el socio se anime a comprar la entrada correspondiente en vísperas de los partidos señalados, ejercicio no siempre sencillo. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, todavía no se sabe a qué hora se jugará el partido.
Para compensar, se podría incrementar, digamos que con más alegría, el importe del precio de las entradas de venta al público, teniendo en cuenta que ese día serán muchos los no habituales interesados en acudir a San Mamés, procedentes de territorios limítrofes donde abundan los seguidores de los equipos de referencia. Seguramente desde la administración del club se alegarán poderosas razones de intendencia para demostrar la inviabilidad de la propuesta.
Pero el hecho cierto es que el Día del Club es un incordio para el socio y una rémora para el equipo. Para empezar, el socio se ve obligado a comprar la entrada bien acudiendo a la taquilla en un calendario determinado, o a algún cajero automático que no es accesible para todos. Recuérdese además que se trata de los partidos ante los rivales más interesantes, por lo que el socio que paga su cuota para ver al Rayo, el Levante, o al Granada, tiene que aflojar el bolsillo cuando vienen el Real Madrid y el Barcelona.
La consecuencia directa, salvo temporadas excepcionales, suele ser una renuncia que oscila entre el treinta y el cuarenta por cien de la masa social, con lo que los habituales de la grada no están en los partidos cruciales. A nadie se le escapa que el aspecto de los graderíos de San Mamés suele ser muy distinto en esos partidos. Por la ausencia de unos y la presencia masiva de seguidores del equipo rival que ese día acuden al campo a animar a los suyos. Ver a medio San Mamés celebrar un gol del Madrid o del Barcelona resulta demoledor para el espíritu rojiblanco, y no sé si la recompensa económica equilibra el patético espectáculo. Si es así no hay más que hablar. Si pensamos que es en los partidos grandes cuando San Mamés tiene que ser más grande, creo que merecería darle una vuelta al asunto.


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