La racha de cinco partidos de Liga sin ganar que completó el Athletic el pasado sábado en el Camp Nou, la peor de la era Bielsa, ha llevado al equipo a la segunda mitad de la tabla. No obstante, la caída no hubiera sido tan pronunciada si los rojiblancos no se hubieran dejado antes tantos puntos en el camino, la mayoría de forma totalmente inmerecida.
El Athletic ha estado pagando desde el primer minuto la factura de estar en tres competiciones. El empate ante el Rayo en la jornada inaugural de la Liga en San Mamés llegó tres días después de aquella increíble igualada sin goles con el Trabzonsport, después de un partido en el que los leones dispusieron de una docena de ocasiones claras para mover el marcador.
Peor les fueron las cosas después de conseguir su primera victoria del curso en el campo del Slovan de Bratislava porque, a continuación, el Betis se llevó los tres puntos de San Mamés. La victoria ante el PSG tuvo continuidad en el triunfo de Anoeta ante la Real, pero al empate con el Salzburgo en San Mamés le siguió otra igualada en Valencia con un gol en el último minuto, un contratiempo que se ha convertido en otra de las constantes de la temporada.
A la victoria en Salzburgo le siguió el empate con el Barcelona, y tras ganar al Slovan en la catedral, los leones empataron en Mallorca. La fase de grupos concluyó con derrota en París y victoria ajustada ante el Zaragoza en San Mamés.
En las eliminatorias directas, los leones se consolaron por su derrota en Moscú ante el Lokomotiv goleando al Málaga, pero eliminar a los rusos en San Mamés no sirvió para ganar en Villarreal, donde el Athletic no pasó del empate.
La brillante eliminatoria ante el Manchester United costó muy cara a efectos ligueros: derrotas ante Osasuna y Valencia, ésta en San Mamés. Finalmente, el choque ante el Schalke 04 y la falta de tiempo de recuperación pesaron en las piernas de los de Bielsa en el partido del Camp Nou.
Las cosas han ido incluso peor cuando la Copa ha interferido en el calendario liguero. El Athletic solo consiguió ganar dos partidos -al Levante y al Rayo- después de un choque copero. La victoria ante los granotas llegó tras el empate sin goles en Albacete, un empate que llegó inmediatamente después de que el Athletic eliminara al Oviedo en San Mamés. Después de jugar en la capital del Principado, los leones no pudieron pasar del empate ante al Racing en San Mamés, de nuevo con un gol en contra de última hora. La eliminatoria con el Mallorca tuvo su contrapunto en una derrota en el Bernabéu y una victoria en Vallecas. La semifinal con el Mirandés fue más dañina para la Liga. Empate con el Espanyol, con otro gol de última hora, tras el partido de ida, y derrota en el campo del Betis después de festejar el paso a la final.
Los datos constituyen un elemento objetivo para el análisis y de ellos se deduce que el Athletic sufre en la Liga cuando se le acumulan los partidos de otras competiciones. Con ser totalmente subjetivas, las percepciones dicen que ese castigo acumulado no hubiera sido tal de haber mediado una pizca de buena suerte en muchos de los choques que se saldaron con empate o derrota. El observador más imparcial concede que al Athletic se le ha escapado este año por lo menos una decena de puntos por auténtico infortunio o por falta de pericia y madurez para cerrar partidos que ha tenido en la mano.
Es un tema para el debate, lo mismo que otro que está íntimamente emparentado con la acumulación de partidos, como es el asunto de la condición física del equipo. El empeño de Bielsa de utilizar a un grupo reducísimo alimenta este debate. Hay quien está viendo cansado al equipo desde antes de Navidad y no faltan los que auguran una catástrofe en el tramo final de la temporada. Sin embargo, la realidad no acaba de confirmar tan negros presagios. Al contrario, goles como el que marcó Muniain en Manchester o jugadas como la de Susaeta, que precedió al cuarto gol en Gelsenkirchen, parecen demostrar todo lo contrario, es decir, que el Athletic llega a los últimos minutos de los partidos con más reservas que sus rivales, que suelen acaban agotados tras contrarrestar durante una hora el alto ritmo de los rojiblancos.
Esa es al menos la percepción que queda en la grada. Los datos objetivos concentrados en los parámetros que miden los expertos, están en manos del cuerpo técnico y éste no da señales de cambio lo que indica que esos datos coinciden con la percepción general.
No obstante, pensando en un futuro a corto y medio plazo, es evidente que la plantilla del Athletic es demasiado corta para afrontar muchas temporadas con la exigencia de la actual. La falta de relevo es evidente y no se adivinan demasiadas soluciones. Lesiones de larga duración como las que han sufrido Gurpegui, Igor Martínez o Castillo han mermado mucho la plantilla privando a Bielsa de alternativas, pero da la impresión de que haría falta algo más para contar con mayores garantías.
Por su propia condición, el Athletic tiene que cuidar al máximo las carreras de sus jugadores. Aquí no vale con hablar de proyectos con nombre propio que implican cambios masivos en las plantillas de un año para otro. El Athletic vive de la continuidad de sus jugadores clave y del relevo natural que aporta la cantera con sus años de bonanza y de sequía. En otras palabras, los Muniain, Javi Martínez, Herrera, Susaeta y compañía, tienen que durar muchos años en el equipo y en la memoria reciente tenemos el caso de alguna estrella apagada de forma prematura por el sobreesfuerzo que se le exigió en los primeros años de su carrera.
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