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miércoles, 1 de agosto de 2012

La profesionalidad mal entendida

Mal asunto éste de Herrera. Malo para el jugador y malo para el Athletic. Si se le añade que Amorebieta protagoniza un caso similar, matices al margen, el tema puede provocar un incendio de proporciones importantes, si no lo ha provocado ya. Los asuntos médicos suelen ser unos de los más delicados en el siempre frágil equilibrio del complejo vestuario de un equipo profesional. La medicina no es matemática, suelen repetir los galenos, y es verdad; pero cuando se maneja material tan sensible el margen de error se estrecha tanto que desaparece. Los entrenadores quieren a sus jugadores en perfectas condiciones y si no lo están quieren saber cuándo lo estarán con la mayor precisión posible. El margen de error del que disponen los técnicos también es mínimo, no les permiten muchas derrotas precisamente, de ahí su exigencia. No se sabe lo que opina Bielsa de quedarse de golpe con dos jugadores menos, si se confirman las peores expectativas en el caso de Herrera, pero seguro que no será nada bueno. Mal asunto.
La osteopatía de pubis es una de las lesiones más temidas por los futbolistas y por quienes cuidan de su salud, no porque sea una lesión de especial gravedad, de esas que dejan fuera de circulación al jugador durante toda una temporada, sino por sus características, tan dispares que impiden un pronóstico certero y complican la decisión sobre su tratamiento. Se trata de una dolencia que en términos populares puede definirse como latosa. Va y viene, los síntomas se agravan o desaparecen y nunca se acaba de saber muy bien el porqué. A veces el descanso es suficiente, en otras el mero hecho de parar la actividad no hace más que agravar la dolencia; los tratamientos conservadores funcionan... o no; el paso por el quirófano no está exento de efectos secundarios que se producen a veces sí, a veces, no. La pubalgia no es una lesión invalidante. El futbolista puede seguir jugando en función de su umbral de resistencia al dolor y de las ayudas farmacológicas que pueda recibir para sobrellevarlo. Muchas veces la decisión final es suya y solo suya, aunque en no pocas ocasiones es el responsable técnico quien decide acabar con la incertidumbre de la duda perpetua y manda cortar por lo sano. Hay casuistica de sobra en ambos sentidos.
Fernando Amorebieta ha sido operado recientemente por la doctora Ulrike Muschaweck. El central acabó la pasada temporada con problemas de pubis, pero eso no le impidió acudir a la convocatoria con Venezuela, con la que jugó en Montevideo el 2 de julio, aunque ya no pudo hacerlo en Chile diez días más tarde. Amorebieta disfrutó de sus vacaciones y regresó a la actividad como todos sus compañeros el 2 de julio. Lo de que regresó a la actividad es una manera de hablar; no pudo completar ningún entrenamiento y acabó en el quirófano. La lectura más simplista anima a calcular que se ha perdido un mes, un tiempo precioso que significa la diferencia entre estar prácticamente disponible para los primeros compromisos del curso, a estar fuera de combate en el tramo inicial. Pero la medicina no es una ciencia exacta, no lo olvidemos.
Menos comprensible es el caso de Ander Herrera. No es ningún secreto que a lo largo de toda la temporada pasada, el centrocampista solo ha rendido en plenitud de condiciones en ocasiones contadas. Llamado a ser titular indiscutible y una de las piezas básicas en el esquema de Bielsa, el técnico tuvo que cuidarlo con mimo, dosificándole los minutos precisamante en atención a los problemas de pubis que estuvo arrastrando todo el año. La lógica de los legos en la materia médica anunciaba una intervención quirúrgica nada más concluir la competición el 25 de mayo o, en su defecto, unas largas y descansadas vacaciones dedicadas al tratamiento de la lesión. Pero no sucedió ni una cosa ni otra. Herrera no renunció a participar en los Juegos Olímpicos y pactó con Milla aunque solo fuera poder jugar tres minutos, según confesión propia. Se deduce por lo tanto que el jugador sabía que no estaba en condiciones, que el seleccionador también lo sabía y que obviamente Federación y Athletic también estaban al cabo de la calle. Y sin embargo, Herrera entró en la vorágine de una competición en pleno verano. Las consecuencias de su decisión están por ver pero las puede adivinar cualquier observador, entre otras razones porque el propio jugador ha confesado en público cuál es su estado físico real.
Es comprensible que un futbolista joven quiera disfrutar de la participación en unos Juegos Olímpicos porque oportunidades como esa solo se producen una vez en la vida, pero su decisión tiene una muy difícil defensa desde el punto de vista profesional. La profesionalidad implica múltiples aspectos que van mucho más allá del mero hecho de cobrar puntualmente por la actividad que se realiza, en este caso jugar al fútbol. La profesionalidad implica también renuncia a muchas cosas, y no solo al ocio o a la vida alegre propia de la juventud. Estar en unos Juegos Olímpicos es muy bonito pero siempre y cuando el enriquecimiento personal no implique un daño importante a la entidad con la que está comprometido el profesional, y en este caso el daño puede ser mayúsculo. Claro que la duda sobre la profesionalidad se puede extender aquí al seleccionador que llama a un jugador tan consciente de sus limitaciones que se conforma con jugar solo "tres minutos". ¿Qué tiene que pensar el siguiente de la lista que estaba en perfectas condiciones y se ha quedado en casa?. Y qué tiene que pensar una Federación que se supone que quiere contar con el mejor equipo posible en una cita olímpica y ve que uno de sus presuntos titulares se queda en el banquillo en el primer partido porque no está en condiciones de competir. Y ¿qué tiene que decir a todo esto el club de origen del jugador, obligado a cederlo a sabiendas de las circunstancias?.
También Andoni Iraola estaba ante una oportunidad única en su carrera de acudir a una Eurocopa. Futbolista veterano ya, a Iraola sí que le quedan pocas ocasiones para alcanzar una cumbre profesional de semejante calibre y, sin embargo, renunció consciente de que su pubis no estaba en condiciones de afrontar el reto.
No se trata de hacer un ejercicio de maniqueísmo ni de confrontar a presuntos buenos con presuntos malos. Se trata de que cada uno extraiga las conclusiones pertinentes para intentar evitar una repetición en el futuro. El viejo enfrentamiento entre los intereses de la Federación y de los clubes está viviendo aquí un capítulo especialmente intenso. El Athletic está resultando muy seriamente perjudicado sin que ni siquiera le quede el derecho a la protesta. Resignación cristiana. El club se juega mañana buena parte de su futuro esta temporada con un equipo cogido con alfileres en el que faltarán cuatro titulares indiscutibles y un quinto estará obligado a intervenir sin apenas entrenamiento con la merma de rendimiento y el riesgo físico añadido que ello supone. La profesionalidad también atañe a quienes organizan todo esto, porque ellos también cobran, se supone que para pensar.
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jueves, 31 de mayo de 2012

Balance de un año para el recuerdo (II)

Un sistema defensivo con sorpresa y debate

Los laterales son pieza clave en el sistema de Bielsa por su aportación al juego ofensivo del equipo. El técnico rosarino busca provocar el desconcierto en las filas rivales con incorporaciones constantes por las bandas, que aportan superioridad numérica en el centro del campo y soluciones atacantes siempre que prolonguen la carrera prácticamente hasta el banderín de corner. Le costó a Bielsa encontrar a sus jugadores ideales para ocupar posiciones tan vitales, y queda la impresión de que después de sesenta y tres partidos, todavía no está del todo conforme con lo que ha visto.
Empezó la temporada con debate. Descartó a Koikili, que no ha jugado un solo minuto pese a que ha habido partidos en los que Bielsa ha tenido que improvisar un lateral izquierdo, y apartó de la titularidad en la banda derecha a Iraola, para concedérsela a Gurpegui. En el lado izquierdo Castillo pareció el elegido en un primer momento aunque al caer lesionado, finalmente ha sido el joven Aurtenetxe el que ha asumido la responsabilidad convirtiéndose en uno de los más habituales con treinta partidos de Liga como titular, la Copa al completo y trece de los dieciseis partidos de la UEL en el once inicial.Una buena marca para un cuasi debutante que despuntó como central en las categorías inferiores. Se le nota la querencia y la falta de recursos en la banda, pero en general puede decirse que ha cumplido en la medida de sus posibilidades y de su juventud. Por la derecha, Iraola recuperó el sitio antes incluso de que Gurpegui sufriera la gravísima lesión que le ha mantenido apartado prácticamente toda la temporada. El internacional superó el trance y poco a poco recuperó su mejor nivel, aunque en el tramo final ha tenido que sufrir lo suyo, víctima de unos problemas en el pubis que han terminado de apartarle de la Eurocopa.
De Marcos ha sido el comodín al que Bielsa ha recurrido para ocupar cualquiera de los dos laterales, unas veces por pura necesidad y otras como alternativa táctica, pero el alavés ha brillado sobre todo en el centro del campo. Iñigo Pérez ha sido otro de los recursos de emergencia para la banda izquierda con suerte dispar puesto que tampoco es un especialista en la posición, lo que ha puesto de manifiesto dos cosas: las carencias de la plantilla rojiblanca, descompensada en algunas posiciones, y la tendencia de Bielsa a buscar la polivalencia de sus jugadores de forma que de una plantilla muy corta puede extraer equipos de diversas configuraciones con solo mover a dos o tres hombres de sitio.
Pero no fueron las dudas en los laterales los únicos motivos para la discusión que planteó Bielsa en el arranque de la temporada. Fue el eje de la línea donde la aportación del técnico se puso de manifiesto con la presencia de Javi Martínez como segundo central formando pareja con Amorebieta. La posición del de Aiegi provocó el primer gran debate en torno a los sistemas de Bielsa. Javi Martínez había brillado como medio centro desde su llegada al Athletic, posición desde la que alcanzó la internacionalidad absoluta y el Mundial de Sudáfrica. Todavia hoy se discute sobre cuál es la posición donde mejor se desenvuelve un jugador que puede rendir al más alto nivel tanto como central como de medio centro, o incluso en la media punta, sitio que ocupaba en Osasuna cuando el Athletic se fijó en él siendo todavía casi un juvenil. Javi Martínez es lo que los ingleses denominan un box to box, un jugador capaz de rendir a gran nivel prácticamente en todo el campo. Sin embargo, lo que espera Bielsa de Javi lo ofrece mejor desde el eje de la defensa. Con el sistema de Caparrós, la función del navarro era barrer el centro del campo y aportar su poderío físico a base de arrancadas. Bielsa prefiere que se limite a destruir más atrás dejando la conducción y la creación para otros. Prefiere a Iturraspe en la antigua posición de Javi por su mejor criterio a la hora de sacar el balón.
Puede decirse que Javi Martínez ha rayado a gran altura en su nueva posición. De hecho es muy probable que Del Bosque le utilice en ese puesto en la Eurocopa. Como todo el equipo, ha tenido sus altibajos, pero en líneas generales ha respondido a plena satisfacción aunque, como otros, ha fallado en los momentos clave, como han sido las dos finales. El Athletic ha ganado un gran central y sigue disponiendo de un gran centrocampista si la ocasión lo requiere. Ha formado una excelente pareja con Amorebieta, uno de los jugadores a los que más ha beneficiado la llegada de Bielsa. El internacional por Venezuela ha ofrecido esta temporada su mejor perfil desde que llegó al primer equipo. Se le ha visto muy centrado, midiendo su poderío físico en las disputas, muy concentrado en los marcajes y con mucha fortaleza en el juego aéreo en las dos áreas. Le ha venido bien su compromiso con Venezuela y el buen nivel que ha alcanzado en aquella selección y le ha venido bien, sobre todo, Bielsa. Ha sentado la cabeza, se ha encontrado a sí mismo y parece que ya ha decidido lo que quiere ser de mayor: un central de largo recorrido en el Athletic.
Si Amorebieta ha sido uno de los grandes beneficiados por la llegada del argentino, Ekiza y San José han resultado visiblemente damnificados. El primero fue la gran revelación en el tramo final de la pasada temporada, pero no ha podido darle continuidad a su trayectoria en la que acaba de finalizar. Tampoco San José ha terminado de convencer a Bielsa, aunque en la primera fase del curso le eligió como el primer relevo para el tandem titular por su calidad con el balón en los pies. Pero Ekiza acabó comiéndole el terreno, sobre todo a raíz de una buena actuación en el Campo Nou donde sacó a relucir su velocidad y contundencia. Pero no ha sido el del año pasado ni de lejos. Aquel central que acabó con su cuenta de sanciones a cero ha visto este año cinco tarjetas amarillas y una roja, todas por llegar a destiempo, por pura impotencia. No les han sobrado las oportunidades ni a Ekiza ni a San José  por el nulo interés del técnico en las tan traídas y llevadas rotaciones. Con Iñigo Pérez son los que menos partidos han jugado de entre los quince jugadores con los más ha contado el técnico.
El portero es el último hombre o el primero, según se mire, del sistema defensivo de un equipo. Gorka Iraizoz está condenado a vivir no ya bajo la lupa, sino en el porta del microscopio que detecta y amplifica el mínimo fallo. A lo largo de la temporada ha sido el portero de siempre, el que alterna intervenciones excelentes y plenas de reflejos bajo los palos con fallos y dudas en cuanto tiene que abandonar el área pequeña. Los balones cruzados son su martirio, como lo son para todos los porteros aunque el público solo ve sufrir al de su equipo. Ha salvado algunos puntos y ha perdido otros, aunque en la memoria colectiva pesan más estos que aquellos. También ha mantenido al equipo de pie en algunos momentos comprometidos de la competición europea, pero esos suelen ser detalles condenados al olvido, pinceladas de calidad que desaparecen bajo el trazo grueso del error de bulto. La llegada de Bielsa le ha complicado la vida a Iraizoz puesto que se ve obligado a jugar más con los pies y a participar del juego colectivo colaborando en facilitar la salida del balón. Y el juego con los pies es, con diferencia, su punto más débil, un inconveniente grave en un fútbol que cada vez exige a los porteros bastantes más cosas que parar balones. Su falta de progreso en esta faceta siembra una duda más que razonable sobre el trabajo que ha venido haciendo en Lezama. Cinco años después de su llegada, no se advierten progresos. Al portero del Athletic parece costarle además interpretar cada momento del partido y más de una vez se le ha visto con un criterio errático a la hora de imprimir velocidad o tratar de parar el juego, según fuera lo más conveniente para el equipo. El técnico le ha otorgado toda la confianza, puesto que solo ha concedido dos oportunidades a Raúl, una en la Liga y otra en la UEL. Echando un vistazo a la nomina de porteros en activo no se ve a ninguno que sea ostensiblemente mejor que Iraizoz. Que en San Mamés se siga añorando a Zubizarreta o incluso a Iribar, es otra cuestión.
El Athletic ha encajado 81 goles en 63 partidos, 1,2 por encuentro. 52 en los 38 partidos de Liga, 1,3 de promedio; 6 en los 9 de Copa, 0,6 de media; y 23 en los 16 de la UEL, 1,4 por partido.
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domingo, 6 de mayo de 2012

Trámite y emoción en la despedida liguera
del Athletic en San Mamés

Lo mejor del último partido de Liga en San Mamés ocurrió al final, cuando el árbitro pitó por última vez y las emociones se desbordaron; cuando el público puesto en pie dedicó al equipo una ovación interminable que quiso ser al mismo tiempo reconocimiento a una excelente temporada e impulso ante la histórica cita del próximo miércoles en Bucarest. También fue el momento de despedir a dos jugadores de trayectoria corta como rojiblancos pero que, cada uno a su manera, han sabido dejar huella de su paso por el equipo. Gabilondo, 174 partidos en seis temporadas, no tuvo la fortuna de su parte para despedirse con uno de esos golazos que han acabado siendo su seña de identidad como león. Y es que no ha marcado muchos, veinticuatro, pero casi todos han sido de excelente factura cuando no decisivos. Ante el Getafe el público llegó a celebrar la que pudo ser su última diana, pero el balón, repelido por el larguero, rebotó sobre la línea de gol para encontrarse de nuevo con la madera, que acabó devolviéndolo a las manos del portero. Koikili tuvo peor suerte que su compañero, puesto que ni siquiera tuvo la ocasión de despedirse de su público jugando al menos su último minuto. Noventa y ocho partidos le contemplan. Cifra corta que ni siquiera le da derecho a lucir en su solapa la insignia de oro que el club reserva a los centenarios en partidos. Pero Koikili quedará para siempre en la memoria de los aficionados como el futbolista modesto que de pronto llegó desde la Segunda B y consiguió a hacerse con un sitio en la élite; la reivindicación del fútbol de bronce y el espejo en el que se deben mirar los futbolistas jóvenes antes de perder la esperanza de triunfar en la élite.
También Marcelo Bielsa tuvo su sitio de honor en la última noche de la temporada en San Mamés. La grada entonó ese cántico letal que suele ser preludio de despedidas, pero con la letra gozosamente cambiada. "Bielsa quédate", fue el grito coreado por ese orfeón tan bien afinado después tantas actuaciones estelares como ha protagonizado este año. Fue uno de los momentos cumbre de la noche, junto a aquellos en los que la hinchada arrancó con la marcha triunfal de Aida sin necesidad del preludio del gol, solo porque así se lo pedía cuerpo, porque el equipo y el público se merecían una noche festiva y divertida, al margen de lo que estuviera ofreciendo el partido, que era más bien poco, pero era lo que menos importaba la noche del sábado.
Y es que en las tribunas se hablaba de todo menos del partido. Se celebraba la suerte o se lamentaba el infortunio de quien había resultado agraciado en los sorteos de las entradas o no, se ultimaban planes para Bucarest y se intercambiaban consejos y sugerencias. Todo el mundo estaba en otra parte la noche del sábado, incluso los jugadores del Getafe parecían estar más pendientes de organizarse las vacaciones que de amargar la despedida a los leones.
Lo hubieran tenido más sencillo que nunca de habérselo propuesto porque Bielsa, por fin, se tiró de cabeza a este asunto tan debatido de las rotaciones. Solo Aurtenetxe y Herrera comparecieron en el equipo titular, lo que dio pie a más de un comentario. ¿No era Herrera el que venía padeciendo problemas de pubis durante toda la temporada?. Pues el centrocampista fue de los que jugó los noventa minutos.
Después del descanso saltaron al campo Susaeta, Iturraspe e Iraola. Tres titulares habituales que colaboraron a intensificar el asedio sobre la portería del Getafe y a caldear el ánimo de la grada en los últimos cuarenta y cinco minutos de la temporada. Claro que cuando Iraola se acercó a la banda tocándose la ingle, más de uno debió de pensar que la presencia en el campo de tres titulares, cuatro con Herrera, era un riesgo excesivo en vísperas de una cita histórica. Claro que después del año que llevamos, a Bielsa hay que concederle el beneficio de la duda incluso cuando toma decisiones tan excéntricas para el resto de los mortales como esa de incorporar de golpe a tres jugadores que serán decisivos el próximo miércoles.
Poco cabe decir de un partido que el Athletic, a pesar de las ausencias y del ambiente relajado, mereció ganar por juego y por ocasiones y que se le volvió a quedar en un triste empate sin goles por culpa de su penosa puntería y de la falta de claridad en los metros finales o en el pase decisivo. El empate es lo de menos, aunque los puntos perdidos lleven a los rojiblancos a una posición en la clasificación que no es acorde ni con el juego desplegado ni con los méritos contraídos a lo largo de la campaña. No es justo ni estético ver al Athletic a esa altura de la tabla, pero las cosas son como son y no como nos hubiera gustado que fueran.
Poco importa lo que ocurrió ante el Getafe. Fue un simple trámite impuesto por el calendario, un breve e intrascendente paréntesis apenas abierto y cerrado en medio del discurso que el equipo y la afición vienen declamando desde que el Athletic certificó su presencia en la final de Europa League. ¿A quién le interesa Getafe cuando Bucarest ya asoma en el horizonte?. Estamos en la cuenta atrás de una cita con la historia. Tic, tac, el reloj ya desgrana segundo a segundo el tiempo que nos queda antes de abrazarnos con la gloria.
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viernes, 23 de marzo de 2012

La importancia del lateral derecho

La ausencia de Llorente en las últimas alineaciones ha sido considerada en el entorno de Athletic como determinante para restar capacidad al juego del equipo y decisiva en la serie de malos resultados cosechados en las últimas jornadas. A nadie se le oculta el valor que alcanza Llorente en la cotización de la plantilla. Pocos equipos habrá que dependan tanto de un solo futbolista para desarrollar su juego. Ni siquiera Messi o Ronaldo son, probablemente, tan determinantes en sus respectivos equipos como lo es Llorente en el Athletic. Sin Llorente, el equipo rojiblanco pierde una serie de recursos y de soluciones que inciden directamente en el juego de todo el conjunto y en todas las facetas, no solo las referidas el juego de ataque.
Resulta llamativo además que el delantero juegue un papel decisivo en dos sistemas tan dispares como el que ha venido empleando el Athletic en las cuatro temporadas con Caparrós y el que utiliza ahora a las órdenes de Bielsa. Con el anterior entrenador Llorente era un delantero de trazas británicas, un nueve alto y fuerte, dominador del juego aéreo, que prolongaba balones largos a sus compañeros y se fajaba con los centrales rivales para abrir espacios en el área. Su apreciable capacidad goleadora completaba el perfil de un futbolista excepcional.
En los primeros partidos con Bielsa, cuando asistimos al regreso del balón al césped, no faltaron voces que acusaron al entrenador de restar protagonismo a Llorente y hubo quien aventuró incluso que el delantero no servía, o era menos útil, en el nuevo sistema. Quizá la visión repetida del nueve fajador, limitado a pelear balones por arriba, había hecho olvidar a una parte de la afición la calidad técnica del de Rincón de Soto, su nivel de manejo de balón que quedó plasmado para siempre en aquella inolvidable jugada sobre la línea de fondo que precedió al gol contra el Zaragoza en tiempos más oscuros, cuando Llorente era 'Fernandito'.
La calidad de Llorente se adaptó muy pronto a la idea de Bielsa y hoy es el día en el que el delantero vuelve a ser la cúspide del juego de todo el equipo. Por eso, en su ausencia el Athletic queda a la intemperie.
Volvió a ocurrir el pasado miércoles en el Vicente Calderón, aunque en aquel partido hubo otra baja que pasó más desapercibida pero tuvo efectos demoledores para el equipo. Andoni Iraola ocupa una posición más discreta en la alineación. El de lateral derecho es un puesto secundario en comparación con el delantero centro y se supone que es más fácil reparar los daños que se produzcan en esa posición. El de Usurbil ha jugado todos los partidos de la temporada a excepción de choque liguero contra el Zaragoza y el primer tiempo del primer partido de la temporada contra el Rayo. Por algo será.
En el sistema de Bielsa los laterales son fundamentales y adquieren mucho más valor en el campo que el que el fútbol les otorga tradicionalmente. La incorporación constante al ataque de los dos jugadores de banda es lo que provoca situaciones de superioridad numérica en el centro del campo y facilita llegadas masivas al área contraria. Los seguidores del Athletic se han acostumbrado a ver a Iraola y a Aurtenetxe cerca de la portería contraria, pero eso no es lo habitual en otros equipos.
La ausencia de Iraola en el Calderón provocó un efecto dominó que arruinó el juego del Athletic. Le sustituyó De Marcos, el todoterreno que se adapta a cualquier circunstancia. Una solución natural y lógica que nadie cuestionó. Ni siquiera mereció comentario. A De Marcos le sustituyó Iñigo Pérez en el centro el campo y la cosa no funcionó. Son dos jugadores de características muy distintas y no se puede pedir al sustituto la omnipresencia del titular. Y eso que a De Marcos se le pudo ver en más de una ocasión ocupando posiciones en el centro del campo e incluso atravesando todo el terreno en diagonal, siguiendo su querencia, lo que obligaba a Susaeta a un sobreesfuerzo para hacer el relevo en el lateral derecho, con el consiguiente abanono de su posición en ataque.
Cuando Bielsa quiso encontrar soluciones fue peor porque adelantar a De Marcos a la zona ancha le obligó a situar a Javi Martínez en el lateral, una posición anti natural para el navarro. La ausencia de Iraola complicó tanto las cosas, que el Athletic acabó hecho un lío porque, como si se tratara de fichas de dominó, varios jugadores fueron cayendo de su sitio habitual hasta desfigurar el dibujo del conjunto. El Athletic quedó atrapado entre el vacío que le generaba la ausencia de Llorente arriba, y el caos que le provocaba la falta de su lateral derecho habitual. La baja del jugador franquicia del equipo fue muy importante, por supuesto, pero la ausencia de Iraola hizo al menos tanto daño como aquella. Así se explica que el Athletic jugara en el Calderón uno de sus peores partidos de la temporada.
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martes, 20 de marzo de 2012

Dos malas noticias en el mismo día

En cuestión de pocas horas el Athletic ha recibido dos malas noticias: jugará en Barcelona a las diez de la noche del sábado 31 de marzo y no podrá contar con Llorente mañana en el Calderón. Las dos noticias eran previsibles, así que no deben sorprender a nadie. Pero hay una diferencia entre ambas aunque las dos nos hablen de fútbol: una es consecuencia de una circunstancia relacionada íntimamente con el deporte, como lo es una lesión; la otra se ha generado en los despachos en los que se ha elegido la solución más fácil y que menos incomoda al más poderoso.
Vayamos por partes. Es cierto que en caso de colisión de intereses la UEFA otorga preferencia a la Champions League y no olvidemos que, en este caso, el asunto afecta también al Milan y al Shalke 04. El rival del Athletic recibe el sábado 24 al Bayer Leverkusen, cinco días antes del choque con los rojiblancos, y vuelve a jugar el domingo, día 1, en el campo del Hoffenheim. El Milan, rival del Barcelona, recibe al Catania a las seis de la tarde del domingo, día 1, por lo que los blaugranas dispondrán de un día más que los italianos para preparar la eliminatoria.
Concedamos que acompasar ocho partidos europeos y los intereses de televisiones y patrocinadores a los calendarios de nueve Federaciones puede resultar demasiado complicado.
Apliquemos pues el principio de subsidiariedad que rige en la Unión Europea que dispone que los problemas deben ser resueltos en el lugar donde se producen. Y aquí entra en juego la Liga de Fútbol Profesional, organizadora de los campeonatos antes llamados Primera y Segunda División, apodados ahora con alias bancario.
La LFP debió intervenir de oficio y fijar la fecha del Barcelona-Athletic con un criterio que primara los intereses deportivos de los dos equipos y salvaguardara la salud de los protagonistas. Que el Barcelona tiene preferencia para determinar la fecha es obvio, de acuerdo con la prelación de la Champions sobre la Europa League, pero la excepcionalidad de la situación debería estar en este caso por encima de la norma general, más teniendo en cuenta la existencia de una convención, o acuerdo tácito, que establece que entre dos partidos jugados por el mismo equipo debe transcurrir un mínimo de cuarenta y ocho horas. Reloj en mano, la solución no es sencilla. El domingo a las 12 del mediodía han pasado sesenta y un horas después del final del Shalke 04-Athletic, pero entre el final del partido del Camp Nou y el comienzo del Barcelona-Athletic solo hay cincuenta y seis horas. Es verdad que ese horario permite cumplir en ambos casos el mínimo de cuarenta y ocho horas antes citado, pero es mucho pedir que quien tiene preferencia renuncie a su propio descanso para favorecer el del rival. De ahí que hubiera resultado imprescindible la intervención de oficio de una instancia superior pero,conociendo al personal, eso sí que es mucho pedir.
En estos tiempos en los que los expertos en preparación física distinguen entre ciclos cortos y largos de recuperación, siendo los primeros de tres días y los segundos de cuatro o más, el Athletic se ve obligado a disputar un partido cuarenta y siete horas después de haber terminado el anterior, con la complicación añadida que suponen dos desplazamientos en avión. Además de un caso único del fútbol mundial, el rojiblanco se va a convertir en un caso digno de estudio científico.
La otra mala noticia, la de la ausencia de Llorente ante el Atlético de Madrid, habrá que tomarla como lo que es, un accidente de la competición, por mucha influencia negativa que ejerza sobre el rendimiento del Athletic. El delantero no se ha recuperado a tiempo y más vale cuidarlo para que esté a punto en compromisos más trascendentes que el del Calderón. Tampoco estará el sancionado Iraola, por lo que De Marcos volverá al lateral e Iñigo Pérez ocupará un sitio en el centro del campo, lo que le otorga una nueva oportunidad para reivindicarse.
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domingo, 18 de marzo de 2012

Plomo en las piernas, bruma en las cabezas

Más difícil todavía. Como en el viejo chiste del niño de la bici que se quiere lucir ante su madre, ¡mira, sin manos!, ¡mira, sin dientes!, el Athletic quiso rizar el rizo jugando sin ninguno de sus delanteros centros naturales... y acabó sin dientes, encajando una goleada exagerada para lo que había sido el partido, pero goleada de las que duelen por cómo se produjo.
No fue una elección voluntaria prescindir de los dos 'nueves'. Fueron los imponderables en forma de lesión y de sanción los que obligaron a Bielsa a inventar un plan B que, a la vista de cómo transcurrieron las cosas, es evidente que no funcionó. El técnico tenía varias alternativas y eligió la de situar a Susaeta en el eje dando entrada a Iñigo Pérez en la banda izquierda y desplazando a Muniain a la derecha. Con la maniobra el Athletic no ganó un delantero centro y perdió a un extremo y medio. Susaeta no se vio nunca en su nuevo papel en el eje del ataque, Muniain extrañó muchísimo la banda derecha e Iñigo Pérez fue un futbolista intrascendente los cuarenta y cinco minutos que estuvo en el campo.
Hubo plomo en las piernas de los leones, y bruma en sus mentes. El subidón del pasado jueves devino en una bajón de los importantes. El equipo saltó al campo confuso y torpón, moviéndose con lentitud y tropezando más de la cuenta, como si el dolor de cabeza le impidiera pensar. Mal día para tener resaca porque enfrente estaba un Valencia especialista en sacar partido de las debilidades de los rivales. Los levantinos venían también de una jornada europea pero Emery pudo cambiar a cinco jugadores de campo, la mitad del equipo, mientras que Bielsa repetía prácticamente la misma alineación que ganó al United con los cambios obligados de Amorebieta y Llorente.
La ausencia del delantero titular no solo afectó al juego de ataque sino al planteamiento general en otros lugares del campo. Faltaron los automatismos, no había soluciones a los atascos y el juego aéreo fue dominado siempre con comodidad por los centrales blancos. Son demasiados partidos jugando de una forma determinada como para que un cambio brusco no se note como se notó ante el Valencia. Tampoco funcionó la presión adelantada, todo lo contrario que ocurría en la defensa rojiblanca, que acusaba el incordio de los delanteros valencianistas.
A pesar de los pesares, el partido se encaminaba al descanso con un empate a cero lógico por la inoperancia de los dos equipos, enredados en una lucha cuerpo a cuerpo en el centro del campo, cuando apareció San José, que cuando falla es como la española de la copla cuando besa. El central tenía una cesión sencilla para Iraizoz, pero el balón se le quedó corto y Soldado aprovechó para abrir el marcador. Fue una jugada desafortunada que determinó la suerte del partido.
Tras el descanso Bielsa optó por otra de las alternativas que manejaba. Dio entrada a Ibai Gómez en la banda derecha para devolver a Muniain a la izquiera manteniendo a Susaeta en el eje. Tampoco sirvió de nada. El equipo empezó la segunda parte apretando algo más, pero no había velocidad ni precisión, los leones no enlazaban dos pases seguidos y dejaban a su espalda unos huecos de escalofrío. Por uno de esos agujeros se coló Jordi Alba hasta el corazón del área, aprovechando la blandura defensiva de Iturraspe y Javi Martínez, y Soldado fusiló el balón que había quedado suelto.
El partido ya estaba finiquitado cuando el más zoquete de los hermanos Texeira que se dedican al arbitraje, acabó de rematarlo al mostrar la segunda tarjeta amarilla a Iraola, tan justa ésta como absurda había sido la primera que le mostró el colegiado en una jugada en la que, de haber una infracción, la cometió el jugador valencianista que se abalanzó sobre Iraola simulando una obstrucción. Además del killer de Usurbil, fueron amonestados Iturraspe, De Marcos y San José, conocidas fieras corrupias célebres por su peligrosidad. Otros cinco vsalencianistas fueron también amonestados, y alguien de su banquillo, expulsado. Ocho amonestados y dos expulsados en total en un partido disputado por los dos equipos en tono menor. En cambio, ese trasunto de Pepe que atiende por Feghouli se fue tan ricamente sin llamar la atención de Texeira. Cosas del arbitraje español.
Cuatro minutos después de la expulsión de Iraola Bielsa decidió retirar a Herrera para dar entrada a Ekiza, un mensaje claro acerca de lo que esperaba el técnico argentino de los veinte minutos que le quedaban al partido. El Athletic bajó los brazos pero eso no impidió que un balonazo se estrellara en el codo de San José, que estaba de espaldas al remate dentro del área. El penalti le sirvió a Soldado para anotar su tercer gol, un castigo excesivo que no refleja lo que ocurrido en el campo pero que aleja al Athletic del objetivo de la tercera plaza.
Fue un partido excepcional en lo malo para los rojiblancos, que se quedaron sin marcar ante su público por segunda vez esta temporada (antes solo se habían quedado en blanco ante el Granada) y hay que tomarlo así, como una excepción en medio de una vorágine de compromisos saldados con éxito. Así lo entendió el público que llenó la catedral y que despidió al equipo con una ovación cerrada que se traduce por un no pasa nada chavales, alguna vez tenía que ocurrir, pero seguimos confiando en vosotros porque nos habéis dado motivos más que suficientes.
Seguro que el próximo miércoles será otra cosa.
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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Medio año con Bielsa (2)
El orgullo recuperado

En el plano estrictamente deportivo, estos seis meses han bastado para comprobar la profunda evolución del juego del Athletic. Posesión, presencia en campo contrario y protagonismo, fueron las premisas que preconizó el técnico cuando llegó a Bilbao con algunos días de retraso, por cierto, sobre el calendario de pretemporada previsto. Sus ayudantes ya habían dirigido algunas sesiones de trabajo antes de que aquella imagen de la vidoconferencia se materializara en Lezama.
El importante recorte de la plantilla que exigió el entrenador a la junta directiva, alimentó las dudas y los temores, algunos infundados, muchos interesados, entre la afición. El climax de la desconfianza llegó con la salida de Orbaiz, todo un referente, que dejaba huérfano el centro del campo, al menos a primera vista. Otros experimentos como la alineación de Gurpegui como lateral derecho y la relegación de Iraola al banquillo de los suplentes, añadieron armas dialécticas a quienes no terminaban de aceptar el veredicto de las urnas. En el mes agosto se habló de turrón en Bilbao.
Los primeros resultados tampoco ayudaron al entrenador en la propagación de su mensaje. Empezar empatando en casa contra el recién ascendido Rayo Vallecano arrojó más niebla a un verano que resultó soleado en algunos amistosos, aunque transcurriera bajo una perpetua amenaza de tormenta. El estreno europeo tampoco había resultado afortunado, con aquel empate sin goles ante el Trabzonsport en un partido cuya lectura más desapasionada desvelaba que el Athletic había hecho méritos para ganar por goleada.
El silencio de Bielsa tampoco colaboró entonces a remansar las aguas. El mundo rojiblanco caminaba con paso firme hacia una nueva escisión entre los partidarios del cambio y los que se aferraban al pasado. Fueron unos momentos delicados los que vivió el Athletic a lo largo de todo el mes de septiembre, aunque el ruido no llegó a atravesar nunca las paredes de San Mamés, ni siquiera cuando en la quinta jornada el Villarreal empató en la catedral ante un Athletic que seguía sin conocer la victoria en la Liga.
Había ruido en los mentideros y en algunos medios de comunicación, sobre todo del ámbito audiovisual, pero sonaba tan interesado y artificial, que el grueso de la afición rojiblanca supo permanecer en un silencio expectante. La actitud de la afición tuvo mucho que ver con un ejercicio de memoria y esperanza. Memoria para recordar crisis pasadas, artificialmente alimentadas, que acabaron en desastre (Irureta, en el recuerdo) y esperanza basada en la percepción de que algo muy profundo estaba cambiando en el equipo. Los marcadores fallidos no hacían justicia al juego que desplegaban los leones, cada vez más armonioso y espectacular, desmintiendo a aquellos que sostenían que los futbolistas del Athletic no podían jugar a otra cosa que al patadón. Lo que al principio pareció una propensión al suicido, con un equipo volcado en ataque que dejaba desguarnecida a la defensa propia, se desveló como un estilo de juego perfeccionable, que tendría que acabar dando resultados. La victoria en Bratislava, 1-2, primera de aquel angustioso septiembre, tuvo una oportuna ratificación cuando el calendario estaba a punto de perder una nueva hoja, con el triunfo en San Mamés ante el PSG, el rival de referencia en el grupo europeo. Los marcadores ratificaban, por fin, el buen fútbol del Athletic, y la afición comprobaba satisfecha que las palabras de Bielsa, no eran un brindis al sol.
El Athletic tenía el balón y el protagonismo en todos los partidos, fuera quien fuera el rival y el escenario. La victoria en Anoeta cambió el gesto hasta de los más pesimistas, y la goleada sobre Osasuna devolvió por fin la sonrisa a los asistentes a San Mamés, que ahora iban por fin al campo a disfrutar.
La exhibición de ambición del equipo en Valencia y la constante sensación de superioridad que exhibía en todos los partidos convencieron a los más descreídos. El estilo de Bielsa alcanzó su cénit en los partidos ante el Barcelona y el Sevilla. El nuevo estilo del Athletic trascendió los limites del entorno natural rojiblanco y su fama alcanzó incluso a aquellos para los que el fútbol no existe más allá de Madrid y Barcelona. Ahora, al equipo no solo se le pide ganar sino jugar bien y divertir; todo lo que no sea cumplir con tan ambiciosas espectativas se considera una decepción.
Los futbolistas han interiorizado el nuevo estilo con rapidez, demostrando y, lo que es más importante, demostrándose a sí mismos, que son mejores que lo que les decían desde todos los ámbitos. La polivalencia de bastantes de ellos, un aspecto capital en el modus operandi de Bielsa, le permite al entrenador alterar la fisonomía del equipo cambiando de posición a un par de hombres, o con apenas algún relevo. Son aspectos suficientemente comentados y hasta discutidos (como la posición de Javi Martínez) sobre los que no merece mucho la pena insistir. El técnico ha dado tantas muestras de ductilidad como de obstinación en sus decisiones. Hace falta más tiempo, al menos una temporada completa, antes de poner el foco en estos aspectos y en otros como el coste físico que supone disponer de un grupo muy reducido, sometido a una enorme exigencia en cada partido.
En el orden estrictamente resultadista, el balance no puede ser tan positivo. En los veintinco partidos oficiales disputados hasta la fecha, el Athletic ha ganado once, ha empatado nueve y ha perdido cinco. Pero hay que leer con cuidado esos números puesto que son las cifras de la competición europea las que adecentan la estadística general. Si nos circunscribimos a la Liga, el balance es más modesto: cinco victorias, cuatro derrotas y siete empates. Unos números que, en cualquier caso, no hacen justicia al juego desplegado por el Athletic. Las cuatro victorias, dos empates y una derrota en Europa, y los dos triunfos en la Copa, reflejan mejor el desempeño del equipo sobre el terreno de juego. La falta de acierto en el área contraria, la ausencia de un killer al uso, constituye la principal carencia de un equipo que produce juego y ocasiones como para golear en cada partido. La repetida sensación al término de cada partido, de que el Athletic ha merecido más, describe la realidad de este grupo de futbolistas.
Puede afirmarse que el Athletic de Bielsa ha tenido más fútbol que marcadores favorables en estos seis meses, lo que no añade mucho en la eterna discusión entre los resultadistas y sus opositores. La aportación del técnico argentino atañe a aspectos más profundos que el mero juego o los resultados. Al margen de que el equipo juegue mejor o peor, gane o pierda, lo trascendente del cambio radica en la recuperación del orgullo, que se traduce en el respeto reverencial que manifiestan todos los visitantes de San Mamés, que no dudan en plantar un cerrojo en su propia área, y en el descaro con el que el Athletic se desenvuelve cuando actúa como visitante, vaya a donde vaya. Esta recuperación el orgullo, ese sentirse y comportarse como un grande que trasluce el equipo, es lo que más agradece el aficionado que ha sufrido tantos años de penurias y sentimiento de inferioridad alimentado muchas veces desde el propio club. Es la prometida recuperación del estilo.
El aficionado agradece además que Bielsa cumpla con la palabra empeñada a su llegada. El Athletic quiere el balón, quiere jugar en campo contrario y quiere ser el protagonista. A estas alturas, después de veinticinco partidos, ya nadie duda de ello.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Razones para el optimismo

Se dice que el ambiente anda revuelto en los entornos del Athletic, o sea que en tascas, oficinas y tajos se habla del equipo con más pasión de la habitual. No tengo datos para contrastar esa impresión. Si se dice, puede que sea cierto… o puede que se diga precisamente para que sea cierto, no sé si me explico, aquello del medio, el mensaje y todas esas cosas; la opinión pública y la opinión publicada, vamos. Parece que no son pocos los que están encantados de que el Athletic solo haya sumado un punto en los dos primeros partidos. Hay quien se proclama rojiblanco a los cuatro vientos cuando en realidad lo es según el viento que sople en cada momento. Hay quien se toma esto de las elecciones tan a pecho que si no ha ganado el candidato que él ha votado parece que le estés mentando a la madre. Cosas de la naturaleza humana, de las pasiones futbolísticas y de las otras. El asunto me empieza a recordar aquel aciago 1994, cuando hubo quienes llegaron a emplear contra Irureta un argumento de tanto peso como el hecho de que vistiera de chandall en el banquillo. No es broma, ya he oído -y leído- por ahí, que a Bielsa siempre se le ve con el mismo chandall gris de la equipación del Athletic. El siguiente paso será oir y leer, que Bielsa es un triste. El argumentario de cierto tipo de gente tampoco es que dé para mucho más, qué le vamos a hacer. Ahora que a treinta grados de temperatura en la calle hay quien ya habla de turrón, prefiero buscar razones para el optimismo; y he encontrado un buen puñado. El rosario de ocasiones que ha hecho el Athletic, sobre todo ante el Trabzonsport y el Espanyol, el tiempo que los rojiblancos jugaron en la parcela contraria en el partido de Cornellá, la variedad de recursos que han mostrado los rojiblancos para llevar la pelota al corazón del área contraria, el brillo con el que nos deslumbra Muniain jugando en su sitio y liberado de tareas de contención, la rapidez con la que Bielsa decide los cambios y su capacidad para corregir sobre la marcha…Ya, ya sé que a cambio se puede oponer que mejor que corregir sobre la marcha es acertar de salida, los fallos defensivos (que en el Athletic, por desgracia, no son patrimonio de ningún entrenador) la misteriosa desaparición de Iraola, el heredado asunto de los laterales, Ekiza, los goles fallados… Nada que no se pueda corregir a corto o medio plazo, o cuya explicación no nos la proporcione el tiempo, juez implacable que da y quita razones. Es más fácil ganar jugando bien que jugando mal. Y el Athletic está jugando bien en líneas generales. De momento, me quedo con eso (publicado como colaboración en www.eldesmarquebizkaia.com)

sábado, 13 de marzo de 2010

El próximo que lo tire Toquero

Lo de los penaltis este año ya pasa de castaño oscuro. Gabilondo se convirtió en Gijón en el quinto jugador que falla desde los once metros. De lo doce penaltis lanzados este año, el Athletic ha fallado cinco, casi la mitad. Algunos han costado puntos, como el de Gijón, donde los de Caparrós se dejaron dos. Llorente, que empezó fallando este año, ha transformado los tres últimos que ha tirado. Estaba sobre el césped del Molinón, pero el que tiró fue Gabilondo. Será por esas cosas de las sensaciones que dicen los futbolistas de ahora. Antes los futbolistas no tenían esas cosas. Estaban bien o mal; en forma o en baja forma. Ahora no, ahora tienen sensaciones, que pueden ser buenas o malas; motivación, que viene a ser dicho en fino algo así como ganas de dar el callo, o no. Estamos supermotivados, suelen decir en vísperas de jugar contra el Madrid o el Barcelona. Rara vez se les oye semejante cosa cuando el rival es el Valladolid o el Xerez. Cosas del fútbol moderno. El caso es que cuando Fernández Borbalán decretó penalti en la caída de Toquero, Llorente debió de tener malas sensaciones y Gabilondo se encontraría supermotivado. El resultado fue que el Athletic arrojó a la basura la mejor de las ocasiones de las que disfrutó en El Molinón, sobre todo en la segunda parte. Si fuera por motivación, confianza en sus propias fuerzas y buenas sensaciones, Toquero debería ser nombrado desde ya responsable del negociado de penaltis. Desde luego no interpretaría la suerte peor que sus compañeros. ¿Qué pasa?, ¿que todavía no tiene los suficientes galones?
Es un tema éste de los penaltis que Caparrós deberá tomarse en serio. A estas alturas queda claro que el método de que los tire quien levante el dedo no está siendo eficaz. No sé si el entrenador deberá establecer un escalafón de obligado cumplimiento o el Athletic deberá contratar un especialista para que enseñe a los chicos a tirar los penaltis. Total, un especialista más no se notará especialemente en el presupuesto y si tenemos ayudantes, entrenadores de porteros, dietistas, masajistas, recuperadores, psicólogos, médicos diversos y demás gremios, por qué no un entrenador de penaltis, un Panenka, pongamos por caso. Cualquier cosa con tal de evitar esta sensación de bochorno, ese raro fenómeno, caso único también en el fútbol mundial, de un equipo y una afición que cuando les pitan un penalti a favor no saben si alegarse o protestar al árbitro.
También resulta curiosa la elasticidad con la que se toma la disposición táctica un entrenador que, como Caparrós, pasa por ser un profeta del rigor táctico y el trabajo ordenado. En Gijón el técnico volvió a su fórmula más industrial, con Orbaiz, Javi Martínez y Gurpegui juntos en el centro del campo. A los veinticinco minutos Iraola hubo de ser sustituido y Caparrós optó por dar entrada a Susaeta y retrasar al lateral a Gurpegui. La maniobra cambiaba por completo lo que podríamos definir como la filosofía del equipo. Nada tiene que ver el centro del campo original, con el formado por Orbaiz y Javi Martínez por el centro, con Gabilondo y Susaeta en las alas. El primero caracteriza un equipo pensado para la contención; el nuevo propone un juego totalmente opuesto. Caparrós, tan riguroso y ordenado, fue en Gijón, mobile cual piuma al vento. Qué cosas.
Lo bueno del asunto es que así, sin querer, el Athletic fue haciéndose con un partido que empezó sin dueño y acabó haciendo méritos sobrados para llevarse los tres puntos una vez más en su campo talismán. Nada que reprochar por ese lado. Más por las circunstancias del partido que por tener un plan preconcebido, el Athletic cumplió con su palabra de ir a por el partido para confirmar que sus aspiraciones europeas van en serio. Si no se llevó los tres puntos fue porque desperdició un penalti, porque Llorente no está fino y porque el Athletic sigue teniendo muchas dificultades a la hora de la creación. El último cambio, el de Muniain por Toquero en el último minuto, hay que tomarlo como una broma de Caparrós para cerrar el partido. Hay días en que más vale aferrarse al sentido del humor si no se quiere criar una úlcera.

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viernes, 2 de octubre de 2009

Es desesperante

Otra vez en misma piedra. Otra vez los melonazos sin sentido, las alineaciones incomprensibles, los fallos individuales para hacerse un nuevo harakiri. Lo mismo que el día del Sevilla, los mismos errores, la misma actitud, el mismo desenlace. Lógico. ¿Es que no aprenden?. ¿A qué obedece tanta obcecación?.
Decía Caparrós antes del partido que el Athletic buscaba una victoria de prestigio en Bremen. ¿En serio pensaba conseguirla del modo en el que planteó el partido?. ¿Fue él quien ordenó a los futbolistas que jugaran como lo hicieron en el primer tiempo, o es cosa personal e intransferible de los jugadores ir por la vida haciendo regalos al rival en forma de balonazos a la nada y fallos sin sentido?.
Por empezar por el principio: la alineación. Gurpegui pegado a la banda derecha. ¿Se trataba de proteger a Iraola o símplemente había que poner a Gurpegui y no quedaban más sitios, ocupado el centro como estaba por Yeste y Javi Martínez?. Sería bueno conocer la respuesta para hacernos una composición de lugar. Si se trataba de la primera posibilidad, la de proteger a Iraola, de poco sirvió. A la vista de los últimos partidos, Iraola necesita un cuerpo entero de guardaespaldas que le proteja. En Bremen, como el sábado en San Mamés, se dejó robar la cartera por un rival en la misma posición y casi idéntica jugada. Corriendo por la banda de cara a su propia portería, protegiendo un balón que es suyo, en ventaja y con varias alternativas para salir airoso. Pues el sábado Capel le birló la pelota y en Bremen fue Hunt quien sacó partido de la presión. Una vez consumada la pérdida, Iraola cometió falta, como con Capel. El sábado, la falta desembocó directamente en gol con la colaboración especial de Iraizoz. En Bremen, el balón acabó en la red en la segunda jugada, tras el despeje, corto, de la primera acción, la pelota regresó al área rojiblanca, donde Castillo descolocado y blando a más no poder, dejó el balón en pies alemanes para que el futbolista que estuvo en el origen de todo, rematara a la red.
No fueron estos los únicos fallos individuales. A continuación llegó Toquero para pegarle una patada al vacío, acabando de la manera más innoble la que fue probablemente la mejor jugada del Athletic en todo el partido. Una remontada de Llorente por la línea de fondo que acabó con un pase de la muerte que decía remátame. Toquero lo intentó, pero le dio al aire. Lamentable. Como casi toda su actuación mientras estuvo en el campo, condenado a perpetrar locas carreras en pos del balón imposible y a chocar contra unos centrales de hormigón armado, encantados de haberle conocido. La culpa no fue de Toquero, salvo en aquel remate fallido, una mezcla entre la carencia de gesto técnico para asegurar y empacho de balón por verlo tan fácil. La culpa fue de quien le puso en el campo, porque su alineación fue toda una declaración de intenciones del entrenador.
Pero tampoco el de Toquero fue el último fallo individual, cuya trascendencia (pudo significar el empate) quedó disminuida con el siguiente error cometido por Amorebieta, rompiendo el fuera de juego y permitiendo así que Pizarro y Nules se recrearan en la suerte de fusilar a Iraizoz. Amorebiera repetiría en los minutos de prolongación con un penalti de esos que no ofrecen lugar a la duda, pero para entonces ya era tan tarde que daba igual. ¡Menos mal que Caparrós llegó hace tres años para asegurar el juego defensivo del Athletic!.
Entre la actitud timorata de todo el equipo, empeñado en jugar como el día del Xerez, pero con el Werder enfrente, y los fallos individuales, los alemanes se lo pasaron bomba hasta el descanso. Después fue otra cosa. La salida de Muniain y David López, sobre todo la del primero, y la actitud de los rojiblancos al grito de 'de perdidos al río', se sumaron al natural repliegue del Werder Bremen, que quiso jugar el segundo tiempo con el reposo que le otorgaba su clara diferencia en el marcador.
El Athletic pasó a dominar y a merodear el área rival, basado sobre todo en el manejo del balón, el pase corto y el fútbol ratonero de Muniain frente a las torres alemanas. Fue un lavado de cara que acabo encendiendo la chispa de la esperanza cuando el árbitro dejó al Werder Bremen en inferioridad, pero no pasó de ahí. El gol de Llorente llegó cuando ya no había tiempo para nada y, por si acaso, entre David López que perdió un balón fácil en el centro del campo y Amorebieta que derribó a un rival en el área, se encargaron de cerrar definitivamente el partido.
Eso de que hubo dos partidos en uno, como afirmó Caparrós en la sala de prensa, es una verdad solo a medias. Hubo un partido, el que decidió el marcador, que se jugó en los primeros cuarenta y cinco minutos. Lo que hubo después del descanso fue otra cosa: una mezcla entre tacticismo de los alemanes y desesperación de los rojiblancos, que desembocó en una apariencia de reacción que a algunos les puede venir bien para salvar la cara. Pero antes de la reacción, está la acción, y esa fue del Werder Bremen.
Más les vale a los rojiblancos escuchar a su compañero Llorente cuando proclama que se tienen que convencer de que son capaces de jugar como lo hicieron en el segundo tiempo. ¿Habrán escuchado sus palabras?. El domingo lo comprobaremos en Valladolid. El Athletic de las cuatro victorias consecutivas llega a Pucela con tres derrotas seguidas. Por si alguien no se había fijado en la estadística.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Suicidio colectivo

Como una de esas sectas cuyos miembros se toman un combinado de cianuro con naranja porque el líder ha visto la llegada de un ovni que rescatará a los elegidos, así los jugadores del Athletic se hicieron el harakiri el sábado ante el Sevilla liderados por un Iraizoz al que solo le faltó ponerse una túnica para interpretar su papel. Antes de los cinco minutos Iraola se dejó robar la cartera por Capel en la banda y no tuvo más remedio que cometer una falta. El portero ordenó a Susaeta que formara una barrera unipersonal, o sea, un poste y bajito. Resultado: Renato tiró al primer palo por el hueco e Iraizoz se lanzó tarde y mal. 0-1. Veinte minutos después, Amorebieta, con tiempo para pensar y espacio para maniobrar, decidió despejar flojito de cabeza hacia el centro, es decir, a hacer eso que les dicen a los defensas que no hagan desde alevines. Resultado: Capel agradeció el regalo y se lo hizo llegar a Negredo para que fusilara a placer. 0-2. Un poco antes de que el árbitro pitara el final del primer tiempo, señaló una falta en el lateral del área del Athletic. Centro, remate, el balón que se le escapa a Iraizoz, Amorebieta que duda entre despejar o controlar y Kanoutè que mete el pie sin pensarlo. 0-3. Si a esto se le suma un remate al larguero de Negredo, que tuvo más de casual que de intencionado, tenemos toda la producción ofensiva del Sevilla en el primer tiempo. En términos de rentabilidad, los de Jiménez se pusieron las botas.
Cuentan que cuando en el Real Madrid la c se identificaba con la letra inicial de testículos, y no con la de cartera, allá por los tiempos de las remontadas en la Copa de Europa, la consigna del vestuario era pedir el saque inicial de centro y rematar bien la primera jugada del partido, a poder ser con un disparo a puerta o, en su defecto, con un remate contra la valla de publicidad al lado de la portería, para que la chapa retumbara a modo de cañonazo de salida que acongojara del rival.
Con ese espíritu arrancó por ejemplo el Athletic aquel ya histórico partido de semifinales de Copa contra el Sevilla. Y así le fue. El sábado no ocurrió lo mismo. El Athletic sacó de centro... y perdió el balón al tercer pase para no volverlo a recuperar en todo el partido. Cuatro minutos después llegó el ragalo de Iraola e Iraizoz y a partir de ahí, el desastre.
Como dijo después Caparrós, se concedieron demasiadas ventajas a un rival demasiado fuerte como el Sevilla. Habrá que preguntarse por las razones de tan extraño comportamiento. Por ejemplo podría dar una explicación la persona que, dicen, graba en vídeo todas las acciones de los porteros y les adiestra sobre las partes del juego que se desarrollan lejos de la portería. ¿Correspondió a una instrucción suya la conformación de tan ridícula barrera en el primer gol?. ¿Fue cosa personal e intransferible de Iraizoz?. ¿No acudió el portero a clase el día que explicaron la lección de las barreras?.
Fue la del primer gol una jugada que condicionó todo el partido, pero aquello no tuvo buena pinta desde el minuto inicial. El Sevilla llegó a San Mamés con la lección aprendida y dispuesto a hacer valer su superioridad tanto en aspectos individuales como en los colectivos. Así, Capel trajo por la calle de la amargura a Iraola mientras que Kanoute y Negredo sacaron de sus casillas a Amorebieta que arrastró a toda la línea. Sólo Koikili supo tomarle la medida a Jesús Navas, aunque acabó ahogándose en el naufragio general.
En el centro del campo, los sevillistas respondieron con más músculo y potencia de choque a Javi Martínez y Gurpegui mientras que intimidaron a David López y Susaeta hasta reducirlos a la mínima expresión. Llorente y Toquero fueron pasto de dos centrales de tanto porte físico como ellos, que jugaron, además, con la ventaja de recibir todos los balones de cara y en ventaja para sus intereses. En definitiva, un desastre de proporciones enciclopédicas que no se pudo ni intentar empezar a arreglar con la entrada de Yeste y Muniain tras el descanso, porque Amorebieta se encargó de rematar la cosa ganándose una segunda tarjeta amarilla que estaba cantada desde muchos minutos antes.
Derrotados en los balones aéreos, en las disputas, en los choques, incluso en ese otro fútbol tan del gusto de Caparrós...tras una exhibición semejante no cabe ponerse a discutir sobre rotaciones, estilos de juego o decisiones técnicas. Como mucho cabe preguntarse qué clase de papilla almacenan los jugadores del Athletic en la cavidad que tienen entre las dos orejas, primero para cometer errores de tanto calibre y después para perder el sitio y la compostura hasta acabar pareciendo un equipo malo de juveniles jugando ante un conjunto profesional. A la semana fantástica donde se sumaron seis puntos y una victoria europea, le ha sucedido una semana de saldos en la que se han acumulado dos derrotas a cual más lamentable. Septiembre no ha acabado todavía y ya hemos visto al mejor y al peor Athletic. Queda por saber si habrá término medio o estamos ante un grupo de ciclotímicos que lo mismo te llevan al cielo que están pensando en coger un ovni para irse a Ganimedes.

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domingo, 11 de enero de 2009

Una victoria brillante

Lástima de gol a última hora de Forlán. Un 1-3 hubiera estado más de acuerdo con la estética del partido que el 2-3 que figura ahora en todas las tablas. Lástima, porque la brillante victoria que firmó el Athletic merecía un marcador más rotundo que esa ventaja mínima. Pero lo que cuenta es la victoria al fin y al cabo, y gol arriba, gol abajo, los rojiblancos se trajeron tres puntos que valen su peso en oro, por el momento, por el escenario y, por qué no decirlo, por lo inesperado.
Probablemente, en Madrid achacarán la responsabilidad del éxito de los leones a la crisis de los colchoneros y en parte no les faltará razón. Las miserias del equipo de Aguirre son conocidas en todo el planeta fútbol y Caparrós diseñó el partido perfecto para explotarlas a su favor, con el añadido de que los jugadores ejecutaron lo previsto con la precisión de un reloj. Lo que no se acaba de entender es la obcecación del Atlético de Madrid para hundirse en sus propias miserias. Si tienes tantos problemas para sacar el balón jugado desde atrás, lo más lógico es que intentes jugarlo en largo. Al fin y al cabo, el Atlético tiene arriba calidad suficiente para recoger un pase al pie o cazar un balón suelto.
Pero los de Aguirre se empeñaron en salir tocando desde atrás para felicidad de un Athletic que ejecutó la presión arriba con una organización inusitada. Empezaban Vélez y Llorente (así nació el segundo gol), y Susaeta y David López cerraban las bandas, mientras Javi Martínez y Orbaiz levantaban un muro que riase usted del que han construido los israelíes.
El Athletic empezó el partido con muy buena pinta y ni siquiera la desgracia de encajar un gol de auténtica mala fotruna en el único remate a su portería de todo el primer tiempo, alteró su ánimo. Se lo tenían muy creido los leones y no renunciaron al plan previsto. Siguieron jugando como si no hubiera ocurrido nada, y eso que el partido se puso en las peores condiciones para ellos, con un Atlético que, a favor de marcador, podía jugar al contrataque. Ni así. El Athletic se hizo con el balón y con el espacio y solo la falta de pegada le impidió empatar antes. Afortundamente, Koikili acertó a ultimisima hora y consiguió llevar el partido al descanso tal y como había empezado: con empate en el marcador pero con dos equipos de talantes opuestos.
El deprimido Atlético de Madrid se quedó al borde del suicidio cuando Llorente adelantó a su equipo tras un robo de balón en la banda en el enésimo fallo de la defensa colchonera. A partir de ese momento, y quedaba todo el segundo tiempo por delante, el equipo local desahogó su frustración por la vía del matonismo. Pasan presidentes, pasan jugadores y pasan entrenadores, pero el Atlético tiene marcada en su código genético esa inclinación por la violencia. El aficionado más lego puede citar de memoria una docena de ilustres killers que han vestido la camiseta colchonera en los últimos veinte años o treinta años. Hasta aquellos llamados a jugar al fútbol parecen contagiarse cuando firman por el club del Manzanares, como ayer demostró el yerno de Maradona con su alevoso pisotón al tobillo de Iraola así, como quien no quiere la cosa. Afortunadamente para el Athletic, el árbitro, Muñiz Fernández no le perdió la cara al partido y lo mantuvo en un cauce más o menos normal a base de tarjetas amarillas y una expulsión, la de Maniche, a quien bien pudo seguir algún otro compañero.
Los de Caparrós fueron a la suyo y Gabilondo, que acababa de salir para sustituir a David López, en una de esas apariciones que suele tener de vez en cuando, se marcó la jugada del partido para servir en bandeja el gol a Llorente quien, por cierto, aseguró el remate franco con la solvencia de un goleador en racha.
Muerto el partido con ese tercer gol, y en superioridad numérica, a los leones les bastó con capear el temporal de patadas y seguir con la presión para mantener al balón y al rival en su propio campo, mucho más cerca de Leo Franco que de Iraizoz.
Qué diferencia con lo que tuvimos que soportar hace apenas cuatro días ante Osasuna, y qué demostración de la igualdad existente en este campeonato. El Athletic, que venía de empatar de mala manera y a duras penas con dos equipos que ocupan puestos de descenso, como Osasuna y Espanyol, bailó, y pudo golear a placer a un rival que está y aspira a volver a la Champions League.
Cuesta refrenar la euforia después de ver un partido como el del Calderón y el mejor antídoto es precisamente el recuerdo del encuentro de Copa. Pero un equipo con la solvencia y la seguridad que tuvo el Athletic ante el Atlético debe empezar a pensar que por ese camino se llega al éxito. Sin rifar el balón, con disciplina táctica, aplicación y confianza en las posibilidades propias. ¿Habrán aprendido la lección?. El jueves tendremos el primer test.

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domingo, 4 de enero de 2009

La calidad nunca está de sobra

Un golazo de Iraola en un gesto de calidad técnica y atrevimiento, le valió al Athletic para rescatar un punto y cerrar su primer partido del año dando la impresión de que pudo ganar el partido, o al menos, eso entendieron buena parte de los aficionados que casi llenaron San Mamés.
La calidad nunca está de sobra y mucho menos en este Athletic condenado por su entrenador a un fútbol tan industrial como previsible. Los únicos momentos de fútbol, entendido como tal el deporte de mover una pelota entre varios compañeros con intención de superar a un rival, los puso la pareja Iraola-Susaeta en la banda derecha. El resto fue un ejercicio más de tozudez que de voluntad, de juego presuntamente directo, y digo presunto porque el fútbol directo es otra cosa bien distinta que meter pelotazos sobre las dos torres más adelantadas, que de juego medianamente coherente.
El Athletic, que tantas esperanzas había despertado sobre todo a raíz de su victoria ante el Betis, volvió a ser el mismo equipo monótono que tan mal se lo hizo pasar a su afición hasta el mes de diciembre. El Espanyol de Mané, que sin Tamudo es un equipo plano como el paisaje del Sahara, pudo llevarse los tres puntos de San Mamés sin hacer otra cosa que explotar la debilidad defensiva del Athletic para resolver un corner cerrado al primer palo, y romper el ritmo del partido a base de parones, faltas y periquitos caídos sobre el césped como fulminados por un rayo. El equipo catalán dejó claras las razones por las que se encuentra donde se encuentra; el Athletic volvió a evidenciar las enormes dificultades que tiene en San Mamés para abrir a un rival medianamente organizado atrás.
Y eso que prácticamente en el primera jugada, Yeste se plantó solo al borde el área para rematar fuera. Luego, la compenetración de Iraola y Susaeta en la banda derecha, pareció que podía bastar para romper la defensa planteada por Mané. Craso error. Sin saber muy bien ni cómo ni porqué, el Espanyol se hizo con el balón y por ende, con el dominio del partido. Con Yeste aislado en la banda izquierda, y con la pareja Llorente-Vélez oscurecida por la falta de suministro y por su propia torpeza, el Athletic acabó maniatado. La labor de Orbaiz no bastaba para mantener un fútbol fluido y Javi Martínez no despertó hasta el segundo tiempo.
Como cuando las cosas van mal siempre pueden empeorar, llegó el gol del Espanyol en un fallo de los centrales y el portero rojiblanco que no supieron atajar un corner sacado al primer palo. La cosa no fue casual. Otras dos veces repitió jugada el Espanyol y otras tantas corrió el Athletic un riesgo cierto de encajar un gol. En pleno desconcierto, Iraizoz evitó en dos ocasiones que el Athletic llegara al descanso con una avería más seria en el marcador.
El segundo tiempo tuvo incluso menos fútbol, que ya es decir. Etxeberria entró por Yeste sin aportar nada nuevo; Toquero, la última esperanza blanca ocupó el puesto de Vélez para que el respetable se vaya haciendo una idea y Del Olmo reflexione sobre su futuro, y finalmente Gurpegi tuvo que sustituir al lesionado Orbaiz, la peor noticia de la tarde.
Afortunadamente para el Athletic, en medio de la oscuridad surgió de pronto el fogonazo de Iraola, que resultó cegador para el Espanyol. Su gol sirvió para salvar un punto, que no es poca cosa empatar cuando vas perdiendo, y para que San Mamés viviera con ilusión renovada los últimos minutos olvidando el pestiño que había soportado durante más de una hora. Mal asunto éste de dejarse obnubilar por las apariencias, pero en esas estamos: hablando de las posibilidades del Athletic en la Copa minutos después de desnudarse ante uno de los equipos en zona de descenso. Está visto que en la casa rojiblanca son muchos los que todavía creen en los Reyes Magos.

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lunes, 12 de mayo de 2008

Una castaña de despedida

El Athletic despidió la temporada en San Mamés con un ejercicio de impotencia. Los que trataron de vender el partido con el morbo de una vendetta contra el Racing no sé sabe por qué agravios que conocerían solo ellos, se equivocaron de producto. O más bien, lo que se vio en el campo volvió a demostrar que muchas veces el marketing y la publicidad suelen ser engañosos y poco o nada tienen que ver con lo que nos quieren vender. El Athletic, del domingo, mejor dicho su juego, fue como una de esas cosas de teletienda, que aguantan muy justito las apariencias, aunque se note demasiado el plástico que trata de imitar la madera noble, y que, desde luego, no tienen un pase en cuanto las observas de cerca.
El Racing vino a San Mamés convencido de que el empate le servía. En el mejor de los casos para clasificarse para la UEFA, de ahí los gestos de su portero al final del partido, ignorante de lo que había sucedido en el Camp Nou, y en el peor de los supuestos, el punto les otorgaba a los de Marcelino la ventaja de depender de ellos mismos en el última jornada en El Sardinero, donde recibirán a un Osasuna que sigue en 'articulo mortis'.
Fue demasiado rival para el Athletic este Racing que está bien organizado y que se dedicó fundamentalmente a guardar su portería. Los rojiblancos no son un prodigio de imaginación en ataque y si les dejas sin Orbaiz y encima les privas de Yeste el encefalograma es plano, entre otras cosas porque Iraola ha completado una temporada gris, en la que sus incursiones por la banda han brillado por su ausencia, y el Del Horno que se fue al Chelsea, no ha vuelto.
La movilidad de Llorente y algunos intentos de Susaeta, que tampoco es el que debutó, fueron muy pobres armas para sorprender a un equipo bien plantado atrás. Más o menos, al Athletic le vinieron a ocurrir las mismas cosas que le han pasado en todos y en cada uno de los partidos que ha jugado en San Mamés salvo en raras excepciones. La tendencia de Gabilondo a bascular hacia el centro volvió a dejar al equipo sin banda izquierda en ataque, a Javi Martínez le sigue faltando posicionarse diez metros más adelante para poder sacar partido de su llegada al área, que la tiene, y el domingo Gurpegui, cuando jugó en su posición, volvió a evidenciar que a los efectos, estos partidos son para él una pretemporada. Y mejor no comentar nada de cuando se colocó como lateral derecho para ocupar el sitio del lesionado Iraola.
El aburrimiento de un partido en el que las vacaciones de los dos porteros solo se vieron alteradas en algún balón por alto en la portería del Athletic, y no por maldad de los delanteros del Racing sino por ese problema de altura que hace de Armando, a pesar de los pesares y sin ánimo de ofender, un portero de Segunda, no se rompió hasta que el árbitro pitó el final. Las dos últimas temporadas tuvimos numerito de los jugadores con pancartas y cosas así, dando las gracias al estimado público por lo sufrido durante todo el año. A falta del numerito que empezaba a ser tradicional y que, afortunadamente, ese año no han tenido que repetir, surgió Yeste con toda la capacidad de sobreactuación que le da su vena histriónica. Acababa se salir cinco minutos antes y le protestó al árbitro que acabara tan pronto el partido. Normal. Ni siquiera había roto a sudar. Tampoco lo hará el domingo en el Sánchez Pizjuán. Su autoexpulsión suena a mensaje al míster: si me vas a llevar de suplente, creo que es mejor que me ahorre el viaje. Así están las cosas en el Athletic. Eso sí, la Intertoto todavía es matemáticamente posible. Los del agit-prop rojiblanco ya tienen de qué hablar esta última semana.

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