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domingo, 16 de septiembre de 2012

Aduriz brilla en medio del caos y Llorente añade pimienta al debate

Cuando Johan Cruyff dijo aquello de que el fútbol es un juego de fallos, no podía suponer hasta qué punto acertaba con su definición. El Espanyol y el Athletic hicieron una demostración empírica de la teoría del holandés. A lo largo de noventa minutos los dos equipos rivalizaron en sumar errores hasta convertir el partido en un caos del que emergió un empate que hizo justicia a los méritos de ambos. Los dos cometieron parecido número de errores e hicieron todo lo posible para que el encuentro se desarrollara siempre en la dirección contraria a sus intereses. El Athletic dejó antes el descanso que el Espanyol cobrara una ventaja que no había merecido; luego fueron los periquitos los que entraron en una dinámica suicida que permitió a los leones igualar la contienda. El final fue una ruleta rusa en la que pasó de todo y de la que ambos protagonistas consiguieron salir sin daños irreparables.
Decía Manolo Sarabia durante la retransmisión que Bielsa y Pochetino estaban jugando una partida de ajedrez. Algún gamberro que pasaba por allí le debió de pegar una patada al tablero derribando todas las figuras. Fue imposible para los dos contendientes recolocarlas en el sitio correcto. El ajedrez, juego sesudo y calmado, dio paso a un frenesí de errores en cadena que llevaron la partida al caos.
Sarabia se refería a los movimientos que hizo Bielsa prácticamante desde el principio del partido. Como si la disposición táctica que había elegido le hubiera dejado de gustar en cuanto el balón se puso en movimiento, el técnico rojiblanco empezó a intercambiar sus piezas hasta conseguir que nadie entendiera nada. Que no lo entienda el espectador, pase. El problema llega cuando son los intérpretes los que no entienden su papel.
No empezó del todo mal el Athletic, controlando con cierta suficiencia a un Espanyol preso de sus propias urgencias. Es cierto que los rojiblancos tampoco creaban nada y que su solvencia defensiva era más bien consecuencia de la inoperancia de los rivales. La presión muy adelantada de los periquitos cegaba la salida con el balón de los rojiblancos, sobre todo porque Iturraspe, muy atrás , quedaba demasiado lejos de Muniain y De Marcos, haciendo imposible la conexión. Empezó entonces el baile. Iñigo Pérez, lateral izquierdo otra vez, se colocó por delante de Iturraspe en el eje del centro del campo, dejando toda la banda izquierda para un Ismael López que no llegaba ni arriba ni abajo. Por no llegar abajo vino el primer gol del Espanyol. Javi López le ganó la espalda con facilidad dentro del área y fusiló a Iraizoz.
Pudo empatar Aduriz casi en la siguiente jugada, pero su cabezazo, rebotado en un rival, se estrelló en el larguero. A continuación Longo no logró empujar a la red después de regatear a Iraizoz, pero a la siguiente oportunidad, se deshizo de Gurpegui, Amorebieta e Isma López para fusilar a Iraizoz. El rechace del portero cayó a los pies de Verdú que había iniciado la jugada treinta metros atrás.
No había hecho nada el Espanyol para irse con ventaja al descanso, pero se fue con un colchón de dos goles achacables únicamente a un sistema defensivo que amenaza ruina.
Una jugada que no tuvo consecuencias describe la situación. Falta contra el Athletic a veinticinco metros de la portería. Iraizoz se desgañita pidiendo una barrera de tres. Se colocan dos. A última hora se acerca De Marcos a completar el número pero alguien le advierte de un jugador rival desmarcándose por la banda derecha. De Marcos vuelve sobre sus pasos y se encamina a la banda como quien se acerca al kiosko dándose un paseo a comprarse un helado. El Espanyol saca la falta exactamente al hombre desmarcado mientras De Marcos sigue a medio camino; ni está en la marca ni está en la barrera. Esta vez no pasó nada, pero la jugada es para que Bielsa la incluya en la antología de su videoteca.
De Marcos se quedó en el descanso en la caseta dejando su sitio a Ibai Gómez. Como San José ya había sustituido al lesionado Pérez el técnico tenía material fresco para seguir enredando. Instaló definitivamente a Iraola en el centro del campo, a San José lo alternó como medio centro y como stopper con Iturraspe, que durante muchos minutos estuvo condenado en el lateral derecho por la propia inercia del juego. Crecía el caos y los cambios despistaban a unos y a otros. De pronto Aduriz dibujó un cabezazo extraordinario para acortar distancias y romper el frágil sistema nervioso de un Espanyol que empieza a estar preocupado por su juego y por su cosecha de puntos.
Desordenados, desubicados, equivocando acciones sencillas, pero con un corazón y una fe dignos de mejor causa, los leones vieron la posibilidad de enderezar el desastre y se hicieron con el partido. Para que no faltara de nada Bielsa dio entrada a Llorente en el minuto 69 y uno después, en el 70, el delantero puso en la red el primer balón que tocó. Era el detalle que faltaba para que el partido estuviera completo y al aficionado no le falte tema de conversación durante la semana.
Pero todavía habría más. Con el Athletic volcado en busca de la victoria, Susaeta se comió un balón en el área del Espanyol y el contrataque, a medias entre un gran movimiento de Longo y el despiste general de la defensa rojiblanca, acabó en el tercer gol del equipo local. ¿Era lo último que faltaba?. ¡Qué va!. El saque de centro llevó la pelota al área del Espanyol y Susaeta muy forzado sobre la línea de fondo, centró a ver qué pasaba. Pasó que Aduriz enganchó un voleón que dejó mudo a todo el estadio. Todavía Iraizoz tuvo tiempo a hacer su ya habitual aportación personal al club de la comedia en el que se ha convertido el sistema defensivo del Athletic, pero Amorebieta llegó a tiempo de evitar la derrota jugándose el penalti y la expulsión.
Bielsa reconoció después del partido que las numerosas variables que empleó son sinónimo de inseguridad y demostración de que todavía no ha sido capaz de dotar al equipo de un sistema defensivo estable, que pasa por mantener unas posiciones fijas y unas rutinas. Reconocer el error es el primer e imprescincible paso para buscar una solución. A lo mejor ésta se encuentra en la simpleza y en el sentido común; o sea, los defensas, a defender; los centrocampistas, a crear; los delanteros, a atacar. Quizá a partir de este orden tan elemental algunos jugadores puedan encontrar la seguridad necesaria para ir recuperando forma y sensaciones. Algunos están para muy poquito, pero hacerles saltar al campo provistos de un mapa y una brújula tampoco les ayuda nada.
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sábado, 30 de enero de 2010

Esta película ya la habíamos visto

Hubo días en El Alamein en los que se contabilizaron menos heridos que en el campo del Espanyol. La imagen de Ustaritz coronado por una venda sanguinolienta, hecho un ecce homo, resume lo que fue el partido entre el equipo catalán y el Athletic: un, rosario de sucesos que acabó con una nueva derrota de los de Caparrós. Pasara lo que pasara, anduviera el balón por donde anduviera, al final todo quedaba en un rojiblanco en el suelo pidiendo la asistencia de los sanitarios. Y el caso es que, en muchas ocasiones, las bajas las producía el fuego amigo. Chocaron Gurpegi y Ustaritz, Amorebieta le arreó un balonazo en la cara a Koikili, un españolista envió a la enfermería a Yeste...un codazo por allí, una patada por aquí, en fin, una sangría, en la acepción literal de la palabra. Cómo sería la cosa que uno de los suplentes saltó al campo con un esparadrapo en la frente; lo que se dice ponerse la venda antes de la herida. Cualquiera diría que el partido fue violento. Nada más lejos de la realidad, fue un partido normal, aburrido en el que todo lo que ocurrió lo hizo por casualidad.
De fútbol hubo muy poquito, casi nada en una primera parte en la que las asistencias trabajaron más que los propios futbolistas, y algo más tras el descanso, sobre todo a raíz de que el Espanyol marcara su gol, esta vez a los trece minutos de la reanudación, lo que cabe interpretar como una ligera mejora en la empanada postpapilla con la que suelen regresar los rojiblancos desde el vestuario. Y llamar fútbol a lo que se vio tras ese gol, no deja de ser un ejercicio de generosidad.
Caparrós es a los entrenadores de fútbol lo que Ozores a los directores de cine. Siempre hace la misma película. Pase lo que pase, esté quien esté enfrente, Caparrós tiene su guión, y no lo cambia, así se remuevan los cimientos del mundo. Durante dos años, ha venido obsequiando al respetable con un esquema que fracasaba a ojos vista y que, lógicamente, obtuvo una respuesta negativa de crítica y público. Esta temporada ha cambiado un tanto el reparto, pero, la cabra tira al monte tanto como Caparrós a la repetición, el técnico se ha vuelto a obcecar con lo suyo. Ozores se hizo millonario llevando a las pantallas una y otra vez la historia de dos españoles calvos y rijosos que trataban de ligarse a unas suecas. La variante estaba en que unas veces la historia se desarrollaba en Marbella y otras, en Torremolinos. Caparrós, ni eso. Pone más o menos a los mismos al comienzo y después del descanso da entrada a Muniain y a De Marcos. Revulsivo le llaman al asunto. Le salió bien en Zaragoza y ese es motivo suficiente para que la cosa tenga más reposiciones que Verano azul.
Esta vez, el técnico siempre podrá decir que de salida tenía la ausencia de Javi Martínez, y que además perdió a Yeste a las primeras de cambio. Y es verdad, pero tanto como que pese a la ausencia de un par de los primeros actores, él siguió insistiendo con el mismo argumento, tan conocido por el público. Y por los otros directores claro.
Ni un solo remate a puerta en todo el partido, es el balance final de un primer tiempo carente de ritmo, constantemente interrumpido por choques, balonazos y lesiones varias, y una continuación que se resolvió con Iraizoz subiendo a rematar un corner en el último minuto, o sea, a la desesperada, con muchas prisas y pocas ideas, pese a la entrada en escena de los dos actores a quienes Caparrós está encasillando en el papel de revulsivo.
Dijo el técnico allá por Navidad que el mes de enero iba a marcar el futuro del Athletic. Cuatro partidos fuera y la visita del Real Madrid a San Mamés, presentaban ciertamente el mes como un Rubicón. El balance son cuatro puntos sobre los quince posibles,siete goles en contra y tres a favor, una victoria, un empate y tres derrotas. Como para pensar en la Champions League, como se le escapó a alguno tras la victoria ante el Real Madrid. Por cierto, después del partido contra el Espanyol ningún periodista preguntó al presidente sobre sus planes de futuro. Menos mal

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domingo, 4 de enero de 2009

La calidad nunca está de sobra

Un golazo de Iraola en un gesto de calidad técnica y atrevimiento, le valió al Athletic para rescatar un punto y cerrar su primer partido del año dando la impresión de que pudo ganar el partido, o al menos, eso entendieron buena parte de los aficionados que casi llenaron San Mamés.
La calidad nunca está de sobra y mucho menos en este Athletic condenado por su entrenador a un fútbol tan industrial como previsible. Los únicos momentos de fútbol, entendido como tal el deporte de mover una pelota entre varios compañeros con intención de superar a un rival, los puso la pareja Iraola-Susaeta en la banda derecha. El resto fue un ejercicio más de tozudez que de voluntad, de juego presuntamente directo, y digo presunto porque el fútbol directo es otra cosa bien distinta que meter pelotazos sobre las dos torres más adelantadas, que de juego medianamente coherente.
El Athletic, que tantas esperanzas había despertado sobre todo a raíz de su victoria ante el Betis, volvió a ser el mismo equipo monótono que tan mal se lo hizo pasar a su afición hasta el mes de diciembre. El Espanyol de Mané, que sin Tamudo es un equipo plano como el paisaje del Sahara, pudo llevarse los tres puntos de San Mamés sin hacer otra cosa que explotar la debilidad defensiva del Athletic para resolver un corner cerrado al primer palo, y romper el ritmo del partido a base de parones, faltas y periquitos caídos sobre el césped como fulminados por un rayo. El equipo catalán dejó claras las razones por las que se encuentra donde se encuentra; el Athletic volvió a evidenciar las enormes dificultades que tiene en San Mamés para abrir a un rival medianamente organizado atrás.
Y eso que prácticamente en el primera jugada, Yeste se plantó solo al borde el área para rematar fuera. Luego, la compenetración de Iraola y Susaeta en la banda derecha, pareció que podía bastar para romper la defensa planteada por Mané. Craso error. Sin saber muy bien ni cómo ni porqué, el Espanyol se hizo con el balón y por ende, con el dominio del partido. Con Yeste aislado en la banda izquierda, y con la pareja Llorente-Vélez oscurecida por la falta de suministro y por su propia torpeza, el Athletic acabó maniatado. La labor de Orbaiz no bastaba para mantener un fútbol fluido y Javi Martínez no despertó hasta el segundo tiempo.
Como cuando las cosas van mal siempre pueden empeorar, llegó el gol del Espanyol en un fallo de los centrales y el portero rojiblanco que no supieron atajar un corner sacado al primer palo. La cosa no fue casual. Otras dos veces repitió jugada el Espanyol y otras tantas corrió el Athletic un riesgo cierto de encajar un gol. En pleno desconcierto, Iraizoz evitó en dos ocasiones que el Athletic llegara al descanso con una avería más seria en el marcador.
El segundo tiempo tuvo incluso menos fútbol, que ya es decir. Etxeberria entró por Yeste sin aportar nada nuevo; Toquero, la última esperanza blanca ocupó el puesto de Vélez para que el respetable se vaya haciendo una idea y Del Olmo reflexione sobre su futuro, y finalmente Gurpegi tuvo que sustituir al lesionado Orbaiz, la peor noticia de la tarde.
Afortunadamente para el Athletic, en medio de la oscuridad surgió de pronto el fogonazo de Iraola, que resultó cegador para el Espanyol. Su gol sirvió para salvar un punto, que no es poca cosa empatar cuando vas perdiendo, y para que San Mamés viviera con ilusión renovada los últimos minutos olvidando el pestiño que había soportado durante más de una hora. Mal asunto éste de dejarse obnubilar por las apariencias, pero en esas estamos: hablando de las posibilidades del Athletic en la Copa minutos después de desnudarse ante uno de los equipos en zona de descenso. Está visto que en la casa rojiblanca son muchos los que todavía creen en los Reyes Magos.

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lunes, 7 de abril de 2008

El Athletic sigue dando buenas noticias

Como el día del Getafe, el Athletic hizo valer un gol tempranero para ganar al Espanyol y obtener el certificado de permanencia con siete jornadas de antelación al final de la temporada. No suele ser mala cosa que un equipo sepa hacer valer un solo gol para ganar un partido. Es señal de solvencia, aunque obligue a sus seguidores, poco acostumbrados a estas cosas, a vivir con el corazón en un puño. Claro que en el caso del Athletic, más que señales de solvencia, estos marcadores tan apretados lo que emiten son síntomas de que el equipo está casado con la fortuna, que tampoco es mala cosa. Un balón de Rufete al palo, un penalti fallado por el casi infalible Tamudo, un balón sacado en la raya por la defensa y las agonías de los diez últimos minutos, con Armando pidiendo socorro, no son precisamente señal de solvencia defensiva, sino una invitación a comprar lotería. Se dirá que antes, Javi Martínez y Susaeta tuvieron la sentencia en sus botas y hasta que Llorente envió unos centímetros por encima el larguero un cabezazo franco a la salida de un corner. Y es verdad que todo eso sucedió. Pero tan verdad como que también ocurrió lo anteriormente relatado, así que vaya lo uno por lo otro. En San Mamés se vieron las caras un equipo tocado por la diosa fortuna, que cree en lo que hace, porque ultimamente todo le sale bien, y otro, el Espanyol, al que parece que le ha mirado un tuerto y que desconfía de todo, porque todo lo que le puede salir mal, le sale mal, o peor.
Ganó el Athletic gracias a un gol de factura tan bella como antigua. Apertura del interior a la banda, centro preciso del extremo zurdo y cabezazo impecable del delantero centro, elevándose con potencia y dirigiendo el cuero con intención. Llorente, Gabilondo y Garmendia firmaron una jugada que hubieran rubricado Urtubi, Argote y Dani, o Panizo, Gainza y Zarra. Claro que aquellos la hacían muchas más veces que estos. Pero bueno, no está mal que a los chicos de ahora les de por imitar de vez en cuando lo que hacían sus mayores. Fue un golazo de los que siempre han gustado en San Mamés y que cargan de razón a los aficionados veteranos que sostienen que el fútbol se hace por las bandas.
Lástima que el Athletic no sacara entonces más partido de su evidente superioridad sobre el dubitativo Espanyol. Además de los fallos en la boca de gol del inconmesurable Javi Martínez y de Susaeta, autor después de un penalti tan claro como absurdo, parte de culpa de que los rojiblancos no pudieran desarrollar todo su potencial ofensivo la tuvo el marcaje que le hizo el árbitro a Llorente, pitándole falta en contra en casi todas las disputas, tanto las ganadas como las perdidas, y sin distinguir casi nunca la entrada al balón de la agresión. En la segunda parte Javi Martínez fue derribado por detrás en el centro del campo sin que el jugador españolista tuviera opción alguna a disputar el balón, una jugada de catón de las que se ponen como ejemplo de tarjeta roja, sin que el colegiado se diera por enterado. El andaluz Paradas Romero debe de ser uno de esos árbitros que designa Villar para ayudar al Athletic. Será por eso que acertó tanto en el penalti señalado a Susaeta, como en el gol anulado a Llorente en el último minuto.
La retirada antes del descanso del lesionado Yeste varió el concepto futbolístico del Athletic, porque Muñoz es jugador para otras cosas. Pero mucho más varió el partido la entrada de Coro y de Riera por parte del Espanyol. El primero acabó mandando a la caseta a Del Horno para que Koikili intentara aportar algo más de solidez en la banda, y el segundo completó la faena sacando de su sitio constantemente a los centrales rojiblancos hasta hacernos recordar en algunos momentos aquella defensa de mantequilla que ha estado llevando al Athletic a la ruina futbolística los dos últimos años. Si un equipo aspira a ganar por uno a cero, tiene que demostrar más solvencia y seriedad que la que enseñó el equipo de Caparrós en la segunda parte. Las imprecisiones y las pérdidas constantes de balón estuvieron muy por encima de algunos intentos de juego de contragolpe para el que, de saque, hace falta tener mucha más velocidad de la que ahora mismo tiene Joseba Etxeberria.
El partido se descabaló en el segundo tiempo hasta acabar con el Athletic encerrado en su área y pidiendo la hora. Como la racha sigue, los rojiblancos consiguieron alcanzar indemnes el pitido final con gran alegría de la parroquia que, como no es tonta, puesta a sufrir, le gusta más cuando la cosa tiene final feliz. Con cuarenta y tres puntos, y el Zaragoza, tercer equipo en descenso, a diez puntos, la permanencia parece asegurada. Mejor dejar para otro día el hablar de otras aspiraciones.

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jueves, 17 de enero de 2008

Por fin una alegría

Romper el pronóstico pesimista es una novedad para este Athletic, y en Montjuic lo consiguió aunque fuera con una buena dosis de fortuna en el desarrollo del partido. Es una buena noticia que de vez en cuando las cosas le salgan bien a un equipo peligrosamente habituado a la fatalidad. No es exagerado afirmar que, después del Mallorca, verdugo del Real Madrid, la del Athletic ha sido la gran sorpresa de los octavos de final de la Copa. Confieso, y escrito está, que no di un duro por la suerte del equipo cuando el sorteo le emparejó con el Espanyol y con la misma sinceridad me alegro de haberme equivocado.
De alguna manera, lo de los penaltis en Barcelona vino a ser la revancha por lo que ocurrió en el partido de Liga con aquel autogol de última hora de Ocio. Y eso que la historia estuvo a punto de repetirse en aquella jugada personal de Tamudo en el último aliento de la prórroga, que acabó con un remate que salió rozando el palo.
La alegría por el resultado de la eliminatoria no debe hacer olvidar, sin embargo, que al Athletic le costó lo que no está en los escritos hacerle un gol a un rival que jugó más de medio partido con diez jugadores por una acción en la que el árbitro vio una agresión donde apenas hubo más que un forcejeo. Sólo a partir de la expulsión el Athletic pasó a dominar un partido que para entonces ya perdía por culpa de las manos de mantequilla de un Aranzubia, cuyos fallos empiezan a ser más que preocupantes. Luego, en la prórroga, cuando el árbitro reestableció la igualdad expulsando a Prieto con dos amarillas en apenas diez minutos, el Espanyol volvió a tomar la iniciativa pese al desgaste físico que para entonces sufría y a punto estuvo de resolver con la jugada de Tamudo antes mencionada o antes con un cabezazo de Moisés al larguero. Caparrós no podrá negar que la suerte que pedía antes del partido contra el Sevilla, sigue acompañando a su equipo.
Del partido de Montjuic me quedo con la aportación de Del Horno al juego ofensivo mientras tuvo fuerza. Sus remates y sus llegadas por la banda aportan sin duda un plus de calidad del que está careciendo el equipo e incluso contribuyen a activar a la otra banda, donde Iraola (autor del gol) se mostró mucho más activo en posiciones ofensivas que en otras ocasiones. Viendo lo que podría aportar Del Horno al Athletic, se entiende menos que Koikili, un jugador tan honrado como limitado, le esté quitando el puesto. La recuperación de este jugador para el fútbol sería el mejor fichaje de invierno.

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jueves, 10 de enero de 2008

El Athletic se repite más que el ajo y San Mamés se indigesta

¿Dónde había visto yo antes este partido?. Ah, sí, en San Mamés. Y no una vez, sino prácticamente cada vez que voy esta temporada. El Athletic arranca bien, domina, no es menos que el rival, tiene ocasiones, las falla. El rival llega una vez, o dos, y marca. Entonces el Athletic se descompone, pierde el sitio, sus jugadores parecen de regional, el público murmura y se acaba el partido. Con suerte, se ha conseguido un empate.
Contra el Espanyol se repitió el argumento de pe a pa. Da igual que digan que la Copa es una competición distinta, porque el Athletic es el mismo, ya jueguen los habituales o aquellos a los que no vemos el pelo habitualmente. ¿Que los de Caparrós merecieron un resultado mejor?. Probablemente sí, pero no se vive de méritos y menos en la Copa.
Después de pasarnos tres días lamentando el gol que falló Llorente en el primer minuto del Sardinero, va Yeste y falla lo mismo y de la misma forma. Aduriz, que era el delantero centro, ni falló. No tuvo ocasión. Peleó, bregó, chocó, se cayó, se tiró y todo eso, pero esas cosas también las hacen los del pressing catch. De Aduriz se esperan, sobre todo, goles, pero este año estamos en que no.
Vi el partido junto a un viejo rockero del gol, Pello Uralde, que comprende los problemas del Athletic. El gol le cuesta mucho a todo el mundo, me dijo a modo de explicación y de justificación de lo que le está ocurriendo al equipo rojiblanco. Es cierto, por eso es tan caro y los delanteros cotizan tanto en el mercado. Y es por eso por lo que los problemas del Athletic son tan preocupantes, porque no puede comprar goles ni pagándolos a millón. ¿Toquero dice usted?... ¡Vamos hombre!.
Lamentablemente acerté en mi comentario cuando el sorteo nos emparejó con el Espanyol. Pero no me atribuyo mérito alguno. En este caso me incluyo dentro de la inmensa mayoría. San Mamés no fue el campo que se espera en unos octavos de final de la Copa. Frío, sin fe, rutinario, el público acudió al campo porque la entrada está pagada en la cuota y no es cosa de tirar el carné. Pero no hubo el calor de la Copa, ni se vio un partido desgarrado, como corresponde a un torneo en el que no hay posibilidad de rectificación. Y es que el equipo también fue rutinario, previsible, frío, comedido. Sota, caballo y rey.
Me gustó Muñoz y me gustó Susaeta, que a veces me recuerda a Mendiguren, para lo bueno de su habilidad en el espacio corto, y para lo malo de su escaso recorrido. San Mamés ya ha dictado sentencia para Aranzubia y sólo queda esperar que Iraizoz reaparezca ante el Sevilla y no se vuelva a lesionar hasta el final de la temporada. Me temo que la sentencia de Del Horno está también al caer. Que un tipo que ha sido internacional y ha jugado en el Chelsea y en el Valencia se deje arrebatar el puesto por un jugador recién llegado de la Segunda B, lo dice todo. Su imagen ante el Espanyol en los últimos minutos, congestionado, arrastrándose en el campo, dando boqueadas para aparentar que seguía al rival, fue esclarecedora. Tampoco Tiko y Muñoz están jugando, así que no me vale lo de la falta de ritmo. Ahora bien, ¿nadie en Lezama es consciente de la condición física de este jugador?.
De lo de las rayas de Caparrós escribiré mañana. Me temo que el incidente tiene más categoría de síntoma que de mera anécdota y merece unas líneas que no caben en este post que ya es demasiado largo.

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viernes, 4 de enero de 2008

Me temo que la Copa será de trago corto

Mala suerte en el sorteo, aunque a la vista de lo que había en el bombo, era complicado que saliera algo mucho mejor. Antiguamente la Copa era 'nuestro torneo' y ahora, según expresión generalizada en los medios, no pasa de ser 'el sueño' de la Copa, que, por seguir con el tópico tan del gusto del periodismo deportivo, se convertirá en pesadilla dentro de quince días. Llámeseme pesimista, o incluso cenizo, pero no apuesto medio euro por la suerte del Athletic en la eliminatoria contra el Espanyol. Y tengo muchas razones para sostenerlo. El equipo de Valverde es uno de los conjuntos más en forma ahora mismo y además en los últimos tiempos le ha cogido el gusto a esta competición. Empezar la eliminatoria en San Mamés es una desventaja añadida para el Athletic, que se queda sin ese 'factor c' que tantas eliminatorias le ayudó a decidir a su favor antaño. En la Copa hay que marcar goles para resolver, y los rojiblancos tienen ahí un déficit que acabará trayéndoles por la calle de la amargura no sólo en la Copa, sino también en la Liga. Al tiempo.
Decía el otro día Caparrós que ve a su equipo en similares condiciones que al ochenta por ciento de los rivales. Pues bien, el Espanyol está en ese veinte por cien que el propio técnico rojiblanco sitúa por encima de su equipo. Ya vimos lo que pasó en Montjuic en el partido de Liga (no nos engañemos; el autogol de Ocio en el último minuto restableció la justicia en el marcador. Aceptémoslo. Hoy en día el Espanyol es mejor que el Athletic.
Escrito lo cual, aferrémonos a Boskov, fútbol es fútbol, y a las creencias más acendradas de nuestra fe futbolística, o sea, los partidos duran noventa minutos, la eliminatoria se decidirá en el segundo partido, en el fútbol puede pasar cualquier cosa, y hoy en día no hay enemigo pequeño. Amén.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

La seguridad defensiva

La derrota más dolorosa. Es el titular y la idea en la que coinciden la mayoría de la prensa y los aficionados y, efectivamente, pocas cosas habrá más dolorosas en el fútbol que perder como lo hizo el Athletic en Montjuic: de autogol en el último minuto y después de haber dispuesto de ventaja en el marcador desde prácticamente la primera jugada del partido. Pero, contra la opinión general, creo que lo más doloroso de este asunto, no es el autogol de Ocio sino el conjunto de circunstancias que desembocaron en ese desenlace y que merecen una reflexión que nadie parece dispuesto a hacer, ni dentro ni fuera, fieles todos al discurso oficial. Ese que afirma que el equipo está creciendo, que esto no es lo que era y que dónde va a comparar la seguridad defensiva de este año con la de las dos temporadas anteriores. Vale. Ayer el mejor volvió a ser el portero, pero tal vez sea eso lo que algunos entienden por mejora de la seguridad defensiva. Por no hablar del autogol de Ocio, el gran fichaje que iba a salvarnos de todos nuestros males defensivos. Me gustaría leer lo que se hubiera escrito y dicho si Sarriegi hace ese magnífico despeje hacia atrás con la espinilla.
Y qué decir del experimento de Ustaritz en la banda derecha. En Montjuic quedó claro que la apuesta de Caparrós para el eje de la zaga es la pareja Amorebieta-Ocio y para mantenerla prefirió desplazar a Ustaritz a la banda donde se perdió, como se perdía día sí y día también Amorebieta, cuando le colocaban en la banda izquierda en temporadas pasadas. Por edad y condiciones, ambos deben formar el eje central del futuro en la defensa del Athletic y esperemos que por muchos años. Experimentos como el de ayer sólo sirven para concitar dudas en los jugadores y desconfianza entre los aficionados.
El Athletic perdió por un autogol en el último minuto porque los noventa minutos anteriores (ochenta y ocho para ser más exactos, desde el gol de Gabilondo) prefirió entregar el balón al Espanyol y confiar en su seguridad defensiva, esa que dicen que tanto ha mejorado. Como hizo ante el Levante y como hizo ante el Valladolid. Y entregar el balón al rival entraña esos riesgos. Ocurrió que el Espanyol de Valverde es bastante más equipo que los citados y además llegó una jugada desgraciada en el último minuto. Lo de Ocio fue mala suerte en un instante puntual. Lo de los otros ochenta y ocho minutos, no. Y eso es lo grave... y lo doloroso.
Volviendo a lo de siempre. El Athletic vuelve a estar a un punto del descenso. Es verdad que hay un buen número de equipos por detrás, pero la situación es esa: el próximo partido en San Mamés, con el Depor de Lotina como visitante, la victoria vuelve a ser de obligado cumplimiento. Pero, de momento, mañana hay Copa.

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viernes, 9 de noviembre de 2007

Ernesto Valverde y algún otro

El domingo espera el Espanyol y con él Ernesto Valverde y algún otro ex rojiblanco, como Mari Lacruz. Todavía nadie ha dado una razón convincente para explicar porqué ambos están en el Espanyol y no en el Athletic. En el caso del defensa se dirá que algún técnico decidió no contar con él. Vale. Repasemos el juego defensivo desde su salida, aunque sólo sea como saludable ejercicio de reflexión. Ya sé que Lacruz no es Beckenbauer y que no le faltaban detractores, sobre todo en sus momentos de baja forma. Pero nadie podrá negar su polivalencia como lateral o central, incluso alguna vez como medio centro, su contundencia atrás, y su llegada a la portería rival a balón parado, que algún que otro gol le dio al Athletic. Visto lo que hemos tenido y lo que tenemos, a mí se me sigue haciendo difícil entender porqué no hubiéramos podido seguir contando con un veterano como el navarro sobre todo en muchas fases en las que a la defensa del Athletic le ha sobrado, sobre todo, bisoñez.
Y qué decir de Valverde. Tuvo la mala suerte de estar ya ocupando el banquillo cuando llegó un presidente que quería ser (entre otros) como Berlusconi cuando descubrió en la Serie B a un entonces oscuro Arrigo Sachi para el banquillo del Milan más brillante. Eso, y ser un hombre cercano a Zubizarreta, a la sazón director técnico del club. Tengo para mí que la salida del ex portero precipitó la marcha de Valverde y sospecho que el técnico tampoco puso de su parte para quedarse en aquella situación. O sea, que se juntaron el hambre y las ganas de comer, con el catastrófico resultado ya conocido para el Athletic.
Valverde, que ya fue uno de esos raros futbolistas que usan la cabeza para pensar en lugar de para rematar, y un estimable fotógrafo aficionado, sigue siendo, ahora en el banquillo, un entrenador un tanto atípico. Dice cosas cuando habla, y sobre todo habla con sus planteamientos sobre el terreno de juego. Su fútbol es reconocible y la cosa tiene su mérito porque lo ha puesto en práctica en dos equipos como el Athletic y el Espanyol, que no cuentan con una constelación de estrellas. Pero es que Valverde es de esos entrenadores que saben explotar las virtudes de futbolistas medianos, para hacerlos mejores o sacarles todo el rendimiento. Sin decir nombres, en el Athletic hay ahora jugadores que siguen sin alcanzar el rendimiento que dieron cuando tenían a Ernesto en el banquillo.
No me olvido de otros ex rojiblancos que están junto a Valverde en el Espanyol, como Azpiazu, su segundo, o Abando, un preparador físico más que contrastado que también tuvo que salir del Athletic de mala manera después de un montón de años trabajando con la base. Los tres estuvieron juntos en el último Athletic europeo, y los tres siguen juntos ahora en el Espanyol. Coherencia y continuidad son dos palabras que no se han pronunciado mucho durante estos últimos años en el Athletic.

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