En Soria había que ganar o ganar y el Athletic cumplió con su obligación pese a que tuvo que vencer primero a un par de los varios enemigos que tiene en casa. A la mala suerte general y a la mala cabeza particular. A esa mala suerte que últimamente transforma cualquier disparo lejano en una bala perdida que acaba dando en el corazón de los rojiblancos; a esa mala cabeza de quien vino para aportar experiencia y que se dedica a sumar tarjetas gratuitas que acaban luego en expulsiones exageradas. Se puede discutir la segunda amarilla que vio Ocio en Los Pajaritos. Pero convendría que antes le explicaran que lo que no puede hacer es ganarse una primera amonestación en un saque de falta a favor, una amonestación que muy bien pudo ser una tarjeta roja, porque pegar un codazo a un rival con el balón parado es expulsión, en Soria y en Katmandú. Si Ocio se queja de que los árbitros le miran mal, razón de más para que no se dedique a darles motivos que les alegren la vista. Ocio le hizo una avería al Athletic que no tuvo mayores consecuencias porque enfrente estaba el paupérrimo Numancia. Ante cualquier otro rival, el desenlace hubiera sido una nueva derrota.
Afortunadamente, el Athletic jugó la final que tenía que ganar, sí o sí, frente al colista. Y se notó. El Numancia sólo dio sensación de peligro durante los veinte minutos que pasaron desde su afortunado gol hasta el empate de Toquero. En ese periodo, con el subidón del gol, la expulsión de Ocio, un trallazo al larguero y el desbarre del Athletic,tuvo el Numancia la oportunidad de sentenciar. Antes, en los diez minutos iniciales, once contra once, los de Caparrós demostraron que habían ido a por el partido. Después, diez contra once, y con el providencial empate de Toquero, el Athletic volvió a ser superior, muy superior, lo que certificó Llorente al regreso del vestuario tras el descanso.
Un solo motivo de inquietud restaba tras el gol de Llorente. Saber si este Athletic renqueante en lo físico iba a ser capaz de aguantar la embestida desesperada de un Numancia herido de muerte. Por fortuna, la expulsión de Boris frenó el previsible asalto final de los sorianos hasta el punto de que Iraizoz no tuvo que intervenir ni una sola vez durante todo el segundo tiempo.
Gracias otra vez a la Federación y a las televisiones, el Athletic no conocerá a ciencia cierta el reflejo clasificatorio que tendrá su victoria hasta la noche del jueves, cuando acaben dos partidos cruciales: el Villarreal-Recre y el Sporting-Espanyol. En el mejor de los casos, los rojiblancos podrían quedar a siete puntos del descenso y en el peor, a cuatro; caben todas las variantes intermedias. Sólo entonces cabrá valorar con exactitud los puntos de Soria, aunque el sentido común ya nos dice que cotizan a la par del patrón oro.
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