Por razones fácilmente comprensibles para cualquier mediano conocedor del Athletic y de sus circunstancias, Urrutia y Bielsa se han convertido en una especie de diana de dos caras sobre la que hacer puntería. Unas veces se le pega una patada al presidente en el trasero del entrenador y otras se procede contra las posaderas del máximo mandatario para atizar al técnico. Lo triste del caso es que en más de una ocasión ni siquiera cabría achacar tales actuaciones a la maldad o a una intención torticera; se atiza porque algo hay que hacer, algo hay que escribir o de algo hay que hablar. Se cogen las hojas del rábano y se tira a ver qué sale, sin más, sin segundas o terceras intenciones. Porque la vida es así.
Y de esta forma van pasando los días, pasando de un tema a otro como las abejas van de flor en flor. Los argumentos se suceden como las modas. De la noche a la mañana todo el mundo deja de vestir de color naranja y se viste de verde, sin que nadie aporte una explicación al fenómeno que no sea la puramente comercial: nos hacen cambiar de color para que sigamos comprando. Aplíquese la teoría al Athletic y se verá que casa bastante.
Se agotó el asunto de las obras de Lezama, de las que, por cierto, nadie ha dicho ni escrito si se han terminado, en qué estado se encuentran o si les gusta el color. Continuó con el culebrón de la pareja Martínez-Llorente, y ahora tendremos unos días ocupados con otras obras, las de San Mamés.
Pero el asunto Martínez-Llorente ha dejado una secuela mucho más sabrosa que ya están mordiendo algunos: la de las relaciones de la plantilla con el entrenador, un asunto mucho más morboso que las aburridas declaraciones, réplicas y contrarréplicas de los políticos, tema además que, no nos engañemos, requiere más delicadeza en el tratamiento porque el que manda manda y a tí te encontré en la calle.
Las presuntas malas relaciones entre Bielsa y los jugadores han dado pie hasta a fantásticas (o fantasmagóricas) llamadas de teléfono a cierta emisora denunciando poco menos que el maltrato al que somete el técnico a los chicos y presentando a Bielsa como un sádico psicópata que desayuna futbolista crudo por las mañanas.
En la misma línea hay que entender la profusa divulgación de unas manifestaciones de Galder Cerrajería en una emisora de Oviedo, su destino deportivo una vez resuelto su contrato con el Athletic, en las que básicamente afirma que Bielsa trata a los futbolistas como meras herramientas y que no hay relación con el técnico al margen del fútbol. No es lo determinante lo que dice Cerrajería, un futbolista que en realidad nunca ha estado a las órdenes de Bielsa, sino el interés que han puesto unos cuantos en destacar unas afirmaciones que el jugador podría hacer para referirse a muchos entrenadores. Cerrajería no habla mal de Bielsa, aunque quienes han dado pábulo a sus frases pretendan que esa sea la interpretación del aficionado. Salvo el matiz peyorativo que pueda tener el uso del término herramientas aplicado a los futbolistas, nada de lo que dice el jugador resulta excepcional en las relaciones de un vestuario.
En todas las casetas hay jugadores que no tragan al técnico, normalmente los que menos juegan, y en todos los equipos hay tensiones derivadas de una actividad que está sometida al estrés de un escrutinio público cada tres o cuatro días. Hay entrenadores que basan su autoridad en el colegueo con la plantilla y quienes eligen el distanciamiento; los que se pasan el día en el vestuario de jugadores y los que envían a su segundo para citarles en su despacho. Formas de proceder y métodos légitimos y válidos todos ellos.
Ocurre que se construyó la teoría de que más de media plantilla quiere abandonar el Athletic porque no soporta a Bielsa y ahora hay que encontrar los argumentos para sostenerla, asunto peliagudo si partimos del relato del propio técnico en su última comparecencia.
Pero no hay que minusvalorar algunas contumacias y menos cuando tenemos una jornada sin competición, un vacío de quince días sumamente peligroso para un club en la situación actual del Athletic. Harían bien los asesores de comunicación de Urrutia en sugerirle algunos temas inocuos con los que ir pasando el rato.
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