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viernes, 4 de diciembre de 2009

Bailando con lobos

Vas a Viena pensando en tomarte un café con el meñique erecto en medio de un decorado de espejos y dorados, y te encuentras con una banda de homínidos ahítos de cerveza. Vas a Viena calculando que a lo mejor te encuentras con un congreso mundial de psiquiatría, y te enteras que han abierto las jaulas de toda Europa y han soltado a los orangutanes. Vas a Viena con los valses de Strauss en el ipod para hacerte al ambiente y tienes que escuchar a una banda de lobotomizados berreando el Que viva España. Vas a Viena con la pena de que no vas a entrar en el Prater, y resulta que el nuevo campo donde te meten lleva un zoológico incorporado, ¡qué adelantos!. Vas a Viena, en fin, pensando que te diriges al corazón de la vieja y culta Europa, dispuesto a disfrutar de la proverbial eficacia germánica, y te encuentras con un campo con vallas de cartón y una Policía que deja pasar toda suerte de artefactos y bangalas y que actúa ante los delincuentes con la premiosidad del alguacil de pueblo ante la cuadrilla de gamberros local liderada por el hijo de un concejal.
Todo eso les pasó a los jugadores y a los aficionados del Athletic que fueron a la capital austríaca. Les dijeron que iban a un partido de fútbol y se encontraron con una kermesse nazi con decoración inequívocamente española. Qué curioso que hubiera banderas rojigualdas con el águila imperial, de esas que se suelen ver en las manifestaciones que organizan los centristas y los obispos en Madrid, y una pancarta donde en letras de molde podía leerse Viva Franco, y en cambio no se viera una sola esvástica, ni se leyera un Heil Hitler o un Viva el Duce. Será que esto último es ilegal y está penado con la cárcel, mientras que aquello son cosas del lejano pasado que es mejor olvidar en lugar de dar la tabarra con la memoria histórica y esas cosas de rojos resentidos.
El Athletic y sus seguidores se vieron rodeados por una jauría de lobos que, aparte de causar miedo, llenaron de vergüenza a cualquier ser humano con un mínimo de decoro y memoria. No deben de estar en este grupo los responsables del Austria, ni los mandos policiales que permitieron a los nazis hacer y bramar todo lo que se les antojó durante las más de dos horas que duró el patético espectáculo. Sólo cabe esperar que la UEFA les aparte de las competiciones internacionales para una buena temporada.
En las mismas fauces de la alimañas, el Athletic dio una lección de saber estar y de madurez, consciente de su superioridad. El Austria había dado muestras sobradas en San Mamés de ser un equipo bastante marmolillo. Quedaba por resolver por qué llevaba una impresionante racha de imbatibilidad en su terreno pero ante los rojiblancos no dieron una sola razón. Siendo generosos, se les podrían conceder los diez primeros minutos del partido, el tiempo que tardaron Mikel San José e Iturraspe en hacerse con el sitio. Cuando se acoplaron a sus compañeros empezó a funcionar la maquinaria del Athletic y ya no paró hasta el final.
Caparrós puso en liza un equipo cuasi juvenil, porque a estos dos semidebutantes hay que añadir la presencia de Muniain haciendo pareja con Llorente. Todo funcionó a la perfección; buenas noticias otra vez de un equipo que ha marcado siete goles en sus dos últimas salidas.
En cuanto el Athletic se estiró pudo calibrar la endeblez del rival. Prácticamente en la primera llegada al área los de Caparrós se cobraron dos remates consecutivos al larguero y el primer gol, todo en la misma jugada. Bien es cierto que medió un fuera de juego flagrante de Javi Martínez, pero ya habíamos quedado en que el nivel de los árbitros es francamente mejorable, bien sean de Matalascañas y actúen en solitario, bien sean noruegos y trabajen en cuadrilla. Ni el linier, ni el juez de gol, ni el árbitro principal, vieron que Javi estaba dos metros por delante del último defensa austríaco cuando centró a la cabeza de San José.
El gol acabó por hundir cualquier esperanza del Austria. Después del descanso la superioridad del Athletic resultó abrumadora. La batuta de Yeste puso la necesaria pausa para que los rojiblancos bailaran en medio de la jauría. El gol de San José desencadenó la crónica de sucesos y a partir de ahí la danza resultó hasta humillante para los locales. Marcó otra vez Llorente, y si llega a estar medianamente fino, hubiera podido repetir suerte en otras dos o tres ocasiones. Fue la más dulce venganza después de tanta vileza.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Con los pies (y el balón) en la tierra

El Athletic sigue proporcionando buenas noticias desde su primer equipo. El regreso a Europa no ha podido ser más afortunado: victoria clara, buen fútbol a ratos y rotación de jugadores aun a riesgo de incurrir en contradicciones como la de poder ver a Zubiaurre gracias a que en su día no encontró equipo al que marcharse siguiendo la invitación del entrenador.
Contra el Austria de Viena el equipo ha demostrado que sabe jugar un fútbol más elaborado que el que mostró cuatro días antes en Jerez. El pelotazo a Llorente y a ver qué pasa como táctica dio paso a un mejor manejo de la pelota desde atrás, aunando paciencia y combinación para crear situaciones de peligro ante la portería rival.
El exitoso arranque liguero tuvo continuación en la competición internacional lo que anima al personal al siempre gratificante y poco esforzado ejercicio de echar las campanas al vuelo, así que habrá que pedir al distinguido público que mantenga los pies en la tierra, como los jugadores mantuvieron ayer el balón a ras de césped. Sólo así podremos aspirar a algo que de verdad merezca la pena.
No es echar agua al vino decir que los futbolistas del Austria de Viena que se presentaron en San Mamés tienen la consistencia futbolística que pueden ofrecer sus convecinos de la Filarmónica, por poner un ejemplo. Blandos, sin malicia alguna, bien educados y amables los que estuvieron en el césped. El par de centenares de tarados que les acompañaba desde la grada no parecían ni del mismo pueblo. Sirvieron de distracción al público en los minutos finales, mucho después de que todo el pescado quedara vendido sobre el terreno de juego.
Es constatar una realidad que el Austria fue un rival flojito, pero equipos de ese nivel han amargado más de una noche en San Mamés. Ayer sucedió que a los ocho minutos Susaeta consiguió engañar a tres árbitros para llevar el balón hasta el punto de penalti. Llorente abrió el marcador y a partir de ahí todo fue mucho más fácil.
La clave estuvo sin duda en que el Athletic se sintió cómodo y superior jugando el balón con criterio, empezando a moverlo de atrás hacia adelante con paciencia y sentido, buscando la verticalidad de Susaeta y Muniain con el apoyo de Iraola y, menos, de Castillo, y el saber estar y el aplomo de un Joseba Etxeberria como no se veía desde hacía tiempo. Ese fútbol relevó a Llorente de la obligación de pegarse con los centrales y le permitió buscar los espacios para encontrar la mejor zona de remate. Así llegó el segundo gol, en un movimiento elemental que, sin embargo, sigue siendo de los más eficaces en el fútbol: apertura a la banda, buen centro y mejor remate. Cuando tienes jugadores para hacerlo no te hace falta más que intentarlo, como lo hizo ayer el Athletic una y otra vez.
Claro que el fútbol de creación pasa por recuperar pronto la pelota y mantener su posesión el mayor tiempo posible y ahí surgió la figura de un Gurpegui que si en Jerez dio equilibrio al equipo en los minutos finales, ante el Austria se erigió prácticamente en el eje sobre el que giró todo el equipo. Si a esto añadimos que Yeste se puso el buzo y colaboró tanto en la recuperación como en la conducción y distribución, nos encontramos con un equipo homologable, en las antípodas del grupo histérico que corre, corre, corre, choca, choca y choca. Tiene mucho que ver con ello el perfil de los jugadores que actuaron anoche. Su elección correspondió, evidentemente, a Caparrós, por lo que hay que adjudicarle su parte de mérito, tanto a la hora de confeccionar el equipo como a la de diseñar el planteamiento. Si además estuvo listo a la hora de los cambios, apresurándose a dar descanso a Llorente, recuperando a David López y dando minutos a jugadores como Mikel San José o Zubiaurre, estamos ante el Caparrós más afortunado de los últimos tiempos. Todo salió bien la noche del jueves. Y eso es decir mucho cuando hablamos del Athletic. Cuestiones tan importantes como la confianza o la autoestima crecieron mucho a lo largo de los noventa minutos ante el Austria. Que no decaiga.

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