El Athletic preparó el domingo un homenaje a Gurpegui a pie forzado, que es una técnica de versificación que usan los payadores chilenos y que consiste en componer las estrofas a partir de unas rimas obligadas. Nuestros bertsolaris también lo hacen. En San Mamés también obligaron a la rima de alinear a Gurpegui cuando es obvio que, después de dos años de inactividad, no está para jugar noventa minutos y menos en una posición tan vital para el equipo como el centro de la defensa. Si lo del Bernabéu hace siete días no tuvo medio pase, en San Mamés hubo más de lo mismo. De nada sirvió que Amorebieta completara un partido rozando la excelencia. A su lado, Gurpegui comprobó que una cosa es correr en Lezama y otra, enfrentarse a un tipo con Güiza, que quiere ganar el Pichichi. Por ahí llegó el primer gol, como llegó alguno también en Madrid.
Pero habíamos quedado en que Gurpegui se merece eso, o sea, pasillo, we will roock you, y titular contra viento y marea. Craso error. Si Gurpegui no se merece algo, es que le pongan a los pies de los caballos como le han puesto dos partidos consecutivos, salvo que de lo que se trate es de que recupere ritmo de competición a marchas forzadas, pensando en la próxima temporada, a pesar de que todo el equipo sufra, y mucho, con el proceso, lo que dice bien poco de quienes siguen vendiendo la moto de la posición Intertoto.
Pero hubo más en San Mamés frente al Mallorca que bien hubiera podido comentar aquel locutor que se quedó sin nada que decir, cosa grave cuando tienes un micrófono delante. Sobre todo, la romería que organizó Caparrós en el eje longitudinal del equipo. Arrancar el partido con Gurpegui de central, Garmendia de medio centro y Yeste en la media punta, ya suena a broma incluso a estas alturas de la temporada, cuando los partidos ya tienen un ambiente veraniego para los equipos que no se juegan nada. Pero lo mejor estaba por venir. Como ni Garmendia funcionaba en su posición (ni funcionará) ni Yeste lo hacía en la suya, mediado el primer tiempo se produjo la permuta de posiciones. Pero aquello no iba a acabar ahí. Prácticamente nada más empezar la segunda parte, Yeste fue sustituido para que Murillo ocupara primero la posición de medio centro, tal vez para contrarretar la presencia de Ibagaza, para acabar retrasándose unos metros hasta el eje de la defensa, lo que llevó a Gurpegui al puesto de medio centro los últimos minutos del partido. Si para completar la faena Nunes estaba poniendo firme a Llorente, podremos decir que el Athletic jugó todo el partido sin espinazo, lo que le convirtió, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, en un ser invertebrado, y así no hay manera de practicar ni la posición Intertoto ni nada.
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