Finlandia no es tierra de futbolistas. Hubo uno que hizo carrera en el extranjero, Jari Litmanen, pero su héroe nacional en lo que a deporte se refiere es Paavo Nurmi, un atleta que dominó las carreras de fondo en la década de los 20 y que acumuló medallas olímpicas a barullo. Tiene una estatua a la entrada del estadio olímpico de Helsinki que seguramente veremos en los periódicos la semana que viene, cuando salga en las fotos justo al lado de ese señor que suele viajar con el Athletic tocado con una gorra de cosaco.
El lanzamiento de jabalina también se les da bien a los finlandeses y lo de esquiar o patinar sobre hielo, ni te cuento; son una potencia en los Juegos de Invierno. Ya me gustaría ver lo que da de sí el abusón de Aduriz esquiando, por ejemplo. Claro que por la misma regla de tres, alguno de los de la docena de seguidores que acompañaron al HJK en San Mamés te dirá que ya le gustaría ver lo que da de sí jugando al fútbol a Schüller, por citar a uno cualquiera de los de su equipo.
El fútbol no se les da demasiado bien a los finlandeses y como además las cosas se ven muy distintas allá por Escandinavia, ni siquiera tienen la malicia suficiente para disimular sus carencias. Los del Slaven Belupo de la eliminatoria anterior, sin ir más lejos, eran solo un poco menos malos, pero en los Balcanes, a diferencia de en Escandinavia, jugar no jugarán, pero competir, compiten a todo: al baloncesto, al waterpolo, al fútbol … y al mus si les enseñas el valor de un amarreko y a pasarse señas.
Veinticinco minutos tardó el Athletic en encarrilar el partido y la eliminatoria. Después, San Mamés recordó los viejos tiempos, cuando el partido de Aste Nagusia servía de presentación del equipo de cara a la nueva temporada; era algo así como la aportación del Athletic a la fiesta. Iban Marijaia, la txupinera y el pregonero y al conjunto resultante se le llamaba partido de homenaje al socio. Viejas buenas costumbres desaparecidas en la vorágine de los tiempos modernos. El partido contra el conjunto finlandés tuvo el aire festivo de aquellos encuentros. El Athletic se aseguró su entrada en Europa dándose un homenaje.
Les costó a los rojiblancos encontrar el camino del gol, y no fue porque no lo estaban viendo delante de sus narices, sino porque no las tenían todas consigo después del fiasco contra el Betis. No hacía falta ninguna brújula para encontrar la portería de Wallen, bastaba con abrir el juego por las bandas, sobre todo por la derecha, donde Iraola y Susaeta martirizaron al lateral de aquella zona. Pero faltaba remate y sobraba desconfianza. Se fallaban ocasiones y aunque lo más cerca de Iraizoz que estuvieron los finlandeses era un poco más allá del círculo central, había que oir los suspiros y los quejidos del respetable las escasas ocasiones en las que un rival llegaba a otear el horizonte con la pelota en los pies.
Pero Aduriz cobró un excelente cabezazo a un centro de Iraola y allí se acabó todo, o empezó, según se mire. Cuando seis minutos después Susaeta cabeceó un córner en el segundo palo el público tomó conciencia de que estaba viendo un partido histórico. Iñigo Pérez cerró la cuenta del primer tiempo con un magnífico saque de falta en el que el balón entró muy abajo después de superar limpiamente la barrera
Para que no quedaran dudas, Aduriz amplió la cuenta nada más regresar del vestuario, lo que acabó por hundir a un rival que ni siquiera era capaz de amagar una apertura de líneas en busca del gol. Un lujito de Susaeta dentro del área culminando un contratraque, pareció matar el partido. Bielsa comenzó a cambiar jugadores y el Athletic se fue quedando dormido en los laureles, con los jugadores buscando el lucimiento personal o la jugada imposible, como si estuvieran en un entrenamiento en Lezama. Fue cuando el Helsinki remató por primera vez; lo hizo casi desde el círculo central, sorprendiendo a Iraizoz, aunque el balón fue repelido por el larguero. Hubiera sido un chiste que el Athletic encajara un gol, pero a punto estuvo. El susto sacó a los jugadores de su somnolencia y en la siguiente jugada Iraola hizo el sexto. Pudo haber más, porque el larguero repelió dos remates y el portero hizo media docena de paradas de mérito, amén de los remates fáciles que fallaron los leones, pero tampoco era cosa de ensañarse.
Antes de ese sexto gol el espectáculo se había trasladado a la grada, cuando a los botarates de siempre les dio por vocear consignas contra Llorente, respondidas por la censura prácticamente unánime del resto del campo. Si ésta va a ser la constante de la temporada estamos aviados, pero crímenes más graves se han cometido en nombre de la libertad de expresión así que habrá que prepararse para convivir con una actitud que no beneficia en nada al Athletic, aunque explicarles esto a los que opinan a gritos es como tratar de que el gran Benito Floro ilustre a los futbolistas finlandeses sobre su celebrada teoría acerca de la importancia del saque de banda en el juego de contrataque.
Volviendo a lo estrictamente deportivo, es estupendo que por una vez, el Athletic consiga encarar un partido de vuelta con la tranquilidad del que ya ha hecho los deberes. El temido trago de las eliminatorias previas de agosto no ha sido tan desagradable como en alguna ocasión anterior. Además, contra el HJK se vieron algunos detalles que animan a pensar a que la lección del día del Betis está digerida. Como muestra, el zapatazo con el que se libró del balón Iturraspe en una jugada del primer tiempo más o menos en el mismo sitio donde perdió el cuero ante Beñat el pasado domingo en la jugada que dio origen al primer gol.
Claro que harán bien los rojiblancos en no relajarse ni tomar la goleada de ayer como la prueba definitiva de que han superado sus males. Hubo algunas situaciones, malos entendimientos, pases fallidos o relajaciones en el marcaje que no se notaron porque había un finlandés delante; mejor no imaginar qué hubiera pasado si el finlandés se apellida Falcao, por ejemplo.
Pero problemas de ajuste propio y flojera del rival al margen, concedamos al Athletic el mérito que le corresponde en tan extraordinario marcador. Hubo ambición, goles a pares que alivian la sensación de orfandad que puede dejar alguna deserción, y una importante recuperación de la autoestima. El Athletic estará en el sorteo de grupos de la UEL. Objetivo cumplido, que era de lo que se trataba. Magnifico.
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