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viernes, 24 de agosto de 2012

El Athletic se da un homenaje

El partido del Athletic contra el HJK Helsinki se explica en una jugada: Susaeta marcó un gol cabeceando un córner en el área pequeña. El aficionado medio no necesita más detalles para comprender de qué estamos hablando. El Athletic se encontró con uno de los rivales más flojitos que han pasado por San Mamés en la última década, un conjunto al que con mucha buena voluntad y buenas dosis de imaginación se le pueden adivinar algunas cualidades futbolísticas que probablemente pondrá en práctica en su Liga doméstica, ante rivales iguales o inferiores. Durante los primeros veinte minutos, mientras los de Bielsa actuaban algo encogidos todavía por el recuerdo de lo ocurrido el domingo pasado, los finlandeses trataron de hilar algún pase y de llevar el balón controlado hacia la portería contraria. Apenas consiguieron atravesar la línea del medio campo en un par de ocasiones, pero se les vio que al menos intentan mover la pelota con cierto criterio. Claro que para jugar a ciertos niveles, además de buena voluntad se requiere velocidad, agresividad, técnica individual y colectiva, visión del juego, en fin, todo eso que los entrenados por Muurinen no tienen aunque se ve que les gustaría.
Finlandia no es tierra de futbolistas. Hubo uno que hizo carrera en el extranjero, Jari Litmanen, pero su héroe nacional en lo que a deporte se refiere es Paavo Nurmi, un atleta que dominó las carreras de fondo en la década de los 20 y que acumuló medallas olímpicas a barullo. Tiene una estatua a la entrada del estadio olímpico de Helsinki que seguramente veremos en los periódicos la semana que viene, cuando salga en las fotos justo al lado de ese señor que suele viajar con el Athletic tocado con una gorra de cosaco.
El lanzamiento de jabalina también se les da bien a los finlandeses y lo de esquiar o patinar sobre hielo, ni te cuento; son una potencia en los Juegos de Invierno. Ya me gustaría ver lo que da de sí el abusón de Aduriz esquiando, por ejemplo. Claro que por la misma regla de tres, alguno de los de la docena de seguidores que acompañaron al HJK en San Mamés te dirá que ya le gustaría ver lo que da de sí jugando al fútbol a Schüller, por citar a uno cualquiera de los de su equipo.
El fútbol no se les da demasiado bien a los finlandeses y como además las cosas se ven muy distintas allá por Escandinavia, ni siquiera tienen la malicia suficiente para disimular sus carencias. Los del Slaven Belupo de la eliminatoria anterior, sin ir más lejos, eran solo un poco menos malos, pero en los Balcanes, a diferencia de en Escandinavia, jugar no jugarán, pero competir, compiten a todo: al baloncesto, al waterpolo, al fútbol … y al mus si les enseñas el valor de un amarreko y a pasarse señas.
Veinticinco minutos tardó el Athletic en encarrilar el partido y la eliminatoria. Después, San Mamés recordó los viejos tiempos, cuando el partido de Aste Nagusia servía de presentación del equipo de cara a la nueva temporada; era algo así como la aportación del Athletic a la fiesta. Iban Marijaia, la txupinera y el pregonero y al conjunto resultante se le llamaba partido de homenaje al socio. Viejas buenas costumbres desaparecidas en la vorágine de los tiempos modernos. El partido contra el conjunto finlandés tuvo el aire festivo de aquellos encuentros. El Athletic se aseguró su entrada en Europa dándose un homenaje.
Les costó a los rojiblancos encontrar el camino del gol, y no fue porque no lo estaban viendo delante de sus narices, sino porque no las tenían todas consigo después del fiasco contra el Betis. No hacía falta ninguna brújula para encontrar la portería de Wallen, bastaba con abrir el juego por las bandas, sobre todo por la derecha, donde Iraola y Susaeta martirizaron al lateral de aquella zona. Pero faltaba remate y sobraba desconfianza. Se fallaban ocasiones y aunque lo más cerca de Iraizoz que estuvieron los finlandeses era un poco más allá del círculo central, había que oir los suspiros y los quejidos del respetable las escasas ocasiones en las que un rival llegaba a otear el horizonte con la pelota en los pies.
Pero Aduriz cobró un excelente cabezazo a un centro de Iraola y allí se acabó todo, o empezó, según se mire. Cuando seis minutos después Susaeta cabeceó un córner en el segundo palo el público tomó conciencia de que estaba viendo un partido histórico. Iñigo Pérez cerró la cuenta del primer tiempo con un magnífico saque de falta en el que el balón entró muy abajo después de superar limpiamente la barrera
Para que no quedaran dudas, Aduriz amplió la cuenta nada más regresar del vestuario, lo que acabó por hundir a un rival que ni siquiera era capaz de amagar una apertura de líneas en busca del gol. Un lujito de Susaeta dentro del área culminando un contratraque, pareció matar el partido. Bielsa comenzó a cambiar jugadores y el Athletic se fue quedando dormido en los laureles, con los jugadores buscando el lucimiento personal o la jugada imposible, como si estuvieran en un entrenamiento en Lezama. Fue cuando el Helsinki remató por primera vez; lo hizo casi desde el círculo central, sorprendiendo a Iraizoz, aunque el balón fue repelido por el larguero. Hubiera sido un chiste que el Athletic encajara un gol, pero a punto estuvo. El susto sacó a los jugadores de su somnolencia y en la siguiente jugada Iraola hizo el sexto. Pudo haber más, porque el larguero repelió dos remates y el portero hizo media docena de paradas de mérito, amén de los remates fáciles que fallaron los leones, pero tampoco era cosa de ensañarse.
Antes de ese sexto gol el espectáculo se había trasladado a la grada, cuando a los botarates de siempre les dio por vocear consignas contra Llorente, respondidas por la censura prácticamente unánime del resto del campo. Si ésta va a ser la constante de la temporada estamos aviados, pero crímenes más graves se han cometido en nombre de la libertad de expresión así que habrá que prepararse para convivir con una actitud que no beneficia en nada al Athletic, aunque explicarles esto a los que opinan a gritos es como tratar de que el gran Benito Floro ilustre a los futbolistas finlandeses sobre su celebrada teoría acerca de la importancia del saque de banda en el juego de contrataque.
Volviendo a lo estrictamente deportivo, es estupendo que por una vez, el Athletic consiga encarar un partido de vuelta con la tranquilidad del que ya ha hecho los deberes. El temido trago de las eliminatorias previas de agosto no ha sido tan desagradable como en alguna ocasión anterior. Además, contra el HJK se vieron algunos detalles que animan a pensar a que la lección del día del Betis está digerida. Como muestra, el zapatazo con el que se libró del balón Iturraspe en una jugada del primer tiempo más o menos en el mismo sitio donde perdió el cuero ante Beñat el pasado domingo en la jugada que dio origen al primer gol.
Claro que harán bien los rojiblancos en no relajarse ni tomar la goleada de ayer como la prueba definitiva de que han superado sus males. Hubo algunas situaciones, malos entendimientos, pases fallidos o relajaciones en el marcaje que no se notaron porque había un finlandés delante; mejor no imaginar qué hubiera pasado si el finlandés se apellida Falcao, por ejemplo.
Pero problemas de ajuste propio y flojera del rival al margen, concedamos al Athletic el mérito que le corresponde en tan extraordinario marcador. Hubo ambición, goles a pares que alivian la sensación de orfandad que puede dejar alguna deserción, y una importante recuperación de la autoestima. El Athletic estará en el sorteo de grupos de la UEL. Objetivo cumplido, que era de lo que se trataba. Magnifico.
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jueves, 10 de mayo de 2012

Al Athletic le pudieron la presión y Falcao

Buenos días tristeza. La ilusión se ha tornado decepción, la algarabía se ha vuelto silencio y la risa, llanto. ¡Teníamos tantas esperanzas en esta final!, ¡estábamos tan convencidos de que esta vez el fútbol nos devolvería lo que nos quitó hace muchos años!. Una final se puede perder, claro. Bien que lo sabe un club que ha perdido catorce finales, quince ya, pero a ninguno se nos pasaba por la cabeza perder así, sin reconocer en un grupo de futbolistas agarrotados a ese equipo que ha deslumbrado a Europa. No entraba en ninguno de nuestros cálculos. El Athletic no fue el Athletic en la final y bien que lo estamos pagando.
Pedía Bielsa que el equipo jugara con naturalidad porque si el fútbol fluía por sus cauces naturales el Athletic tenía buena parte del camino avanzado. No queria el técnico artificios ni extras porque se tratara de una final. De hecho siguió ocn sus rutinas previas a cualquier partido, como queriendo subrayar la normalidad. No le hicieron caso sus hombres, no pudieron hacerle caso porque les superó la presión y sucumbieron antes de saltar al campo.
Hay partidos en los que adivinas su desenlace por lo que ves en los primeros compases. No consiste de leer los posos del café ni de ninguna extraña quiromancia; se trata únicamente en saber interpretar las señales que emite el equipo, y anoche esas señales fueron negativas desde antes el inicio.
Solo había que ver las caras de la mayoría de los leones en los largos prolegómenos del partido, cuando formados en fila esperaban para salir al terreno de juego. No se veía convicción en los gestos, no había fiereza en la mirada. Se apreciaba tensión, mucha tensión y un punto de miedo al éxito, de exceso de responsabilidad que hacía que los jugadores no se comportaran como deportistas a punto de saltar a la palestra en busca de la gloria. El Athletic ya estaba perdiendo la final entonces, aunque todavía no nos dieramos, no quisieramos, darnos cuenta, empeñados como estábamos en matar nuestros propios nervios con cánticos y gritos.
Diez segundos de partido, pase de Iraola a un rival situado a cuatro metros en el centro del campo. Medio minuto, pase de Javi Martínez a un rival situado a dos metros al borde del área. Las primeras señales, esas que nos anuncian cómo está el equipo, no auguraban nada bueno. Un minuto, dos, cuatro, y el Athletic seguía sin dar dos pases seguidos, confuso, agarrotado, moviéndose con torpeza como si se desenvolviera en un medio hostil, desconocido. El Atlético salió mucho más seguro de lo que hacía. Presión adelantada, tremenda, impidiendo salir al rival, estrechándole los caminos, haciéndole sentirse inseguro.
Al Athletic le pesaba la responsabilidad y le pesaba la oposición del contrario y ambas presiones se complementaban para acabar aplastándole. Temíamos la sobreexcitación, la aceleración, el impulso desbocado de los de Bielsa, pero los leones se mostraban lentos, imprecisos, abrumados por lo que se esperaba de ellos, temerosos de fallar, lo que siempre hace mucho más probable el fallo.
Seis minutos. Gol de Falcao. Aunque colombiano, tiene apellido de crack brasileño. Y es un crack, vaya si lo es. El Athletic necesitaba serenidad, pausa, que corrieran los minutos para habituarse al escenario, romper a sudar para que la transpiración se llevara los nervios. El gol en contra fue como uno de esos golpes en frío que condicionan todo el combate al boxeador que se mantiene en pie por inercia aunque en su interior ya esté KO. El Atlético seguía su guión con precisión y el Athletic tartamudeaba. Los de Simeone dieron un paso atrás solo para observar la portería de Iraizoz con más perspectiva. Los de Bielsa tenían más el balón, pero en zonas intrascendentes, justo donde los colchoneros querían que estuviera. Es cierto que a Llorente le hicieron un penalti que ni el colegiado ni ninguno de sus numerosos ayudantes quiso ver, pero fue un penalti como los trescientos que le han hecho este año al delantero; un penalti que los usos y costumbres arbitrales han incluido en el capítulo de los que no se pitan.
Pero a pesar de todo había un sitio todavía para la esperanza o eso queríamos creer. El Athletic no podia estar todo el partido jugando tan mal y el Atlético tampoco es un equipo muy fiable en su rendimiento. Daba la impresión de que a medida que pasaban los minutos los leones se iban encontrando. Un par de pases por aquí, una apertura por allá, aparecían algunos automatismos y el equipo empezaba a ser reconocible cuando llegó el segundo gol, el que cerró la final. Falló Amorebieta que se entretuvo demasiado con el balón en los pies hasta perderlo. Falcao en el área pequeña volvió a ser letal. Iraizoz, que no había tocado el balón, se fue por segunda vez a la red a recogerlo. Dos remates, dos goles. A unos les salía todo, a los otros, nada.
Cambió Bielsa en el descanso. Se quedaron en la caseta Iturraspe y Aurtenetxe y entraron Iñigo Pérez e Ibai Gómez. Otra configuración, otro equipo, ¿otro partido?. No era problema de uno o de otro, ni siquiera era una cuestión táctica. El asunto era mucho más profundo. El partido se estaba perdiendo en las cabezas de los futbolistas y eso no hay entrenador que lo arregle.
Tocaba apelar a la heróica, mantener la esperanza en la desesperación, sacar fuerzas de flaqueza y tener fe, mucha fe, que es, como se sabe, creer en lo que no se ve. Y anoche en Bucarest no se veía al Athletic por ningún sitio. Un gol, un solo gol bastaba para volver a un partido en el que el equipo no había estado nunca. El Athletic ha marcado en todos los partidos de la UEL excepto en aquel del debut contra el Trabzonsport. Había que buscar algún motivo para seguir confiando. Pues tampoco. Los leones hubieran necesitado toneladas de fortuna que les ayudaran a recomponerse y no tuvieron ni una pizca. Todos los rebotes eran para el rival, el resbalón inoportuno lo sufría siempre uno con camiseta verde.
Obcecados, cada vez más angustiados por su propia angustia, los leones se olvidaron de todo lo que les había llevado hasta allí. Muniain hacía la guerra por su cuenta intentando solucionar él solo lo que no podía todo el equipo, Susaeta no existía, Llorente penaba aislado, encerrado entre los dos centrales y así todos.
El Atlético es capaz de lo mejor y de lo peor y en Bucarest le tocó hacer, ¡casualidad!, el partido del año. Falcao decidió la final y sus compañeros remaron muy cómodos siempre a favor de corriente. No hay nada que objetar. Fueron mejores, jugaron mejor su partido y ganaron con todo merecimiento.
Al Athletic que ha estado escribiendo en esta competición europea algunas de las mejores líneas de su historia con una caligrafía exquisita se le fue a caer un borrón justo cuando solo le quedaba poner el punto final y la rúbrica. ¡Qué pena!.
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miércoles, 25 de abril de 2012

El último paso antes de la cumbre

Escarmentar en cabeza ajena es un ejercicio ciertamente difícil pese a que el buen sentido aconseja practicarlo. En cualquier orden de la vida nunca creemos que las cosas nos pueden pasar a nosotros. Los accidentes, las desgracias inauditas, las catástrofes naturales...siempre son cosas que les pasan a otros u ocurren muy lejos. Hasta que nos afectan a nosotros o suceden a las puertas de nuestra casa.
Viene esta disquisición a cuento de la euforia desatada en el entorno del Athletic en vísperas de la resolución de la semifinal de la UEL. Aunque haya sido por una recomendación de la UEFA, como ha explicado el club, el hecho de poner en marcha el procedimiento para repartir las entradas de la final antes de que yaha concluído la semifinal, es lo más parecido a vender la piel del oso antes de cazarlo. Anunciar fecha, hora y programa de la salida de la gabarra, como se ha hecho, debería ser motivo suficiente para que todos los supersticiosos de la villa y alrededores activaran todos sus amuletos.
Los entusiasmos desbordados nunca han sido buenos ni en el fútbol ni en ninguna actividad. El optimismo medido y razonado, los planteamientos a partir de una visión positiva de las cosas, están muy bien y ayudan al éxito de le empresa. No se trata de ser cenizos ni de ver gigantes donde solo hay molinos, pero la imagen del Camp Nou a las once de la noche del martes debería estar muy presente en las cabezas de todos los involucrados en el partido contra el Sporting: técnicos, jugadores y público.
Marcelo Bielsa, como siempre, ha puesto un punto de mesura en todo esto. Nada de llamamientos al público "su apoyo siempre es incondicional", ni arengas a los jugadores, "los jugadores profesionales tienen asumidos los aspectos que rodean a este tipo de partidos, los contemplan y los suavizan". Normalidad, la tensión justa y la cabeza todo lo fría que se pueda mantener cuando un jugador sabe que está a noventa minutos de jugar una final europea. Eso es lo que pide el técnico a sus hombres. Ni más ni menos.
El Athletic ha completado un recorrido brillante por Europa y se encuentra a un solo paso de alcanzar la cumbre. El más difícil, el más arriesgado, el paso que no admite rectificación alguna, el que lleva a la cima o al abismo. Es una suerte que lo tenga que dar en San Mamés porque estará acompañado por cuarenta mil voluntarios que no solo le ayudarán a darlo, sino que están dispuestos a llevarle en volandas hasta donde haga falta.
Habrá dos partidos simultáneos en la catedral: el que se juegue en la grada será lineal, siempre mirando hacia adelante, empujando al equipo durante los noventa minutos. El Athletic no tendrá rival ahí pese a que unos cientos de portugueses intenten plantar cara.
El que se dispute sobre el césped será otra cosa, algo más complejo que requerirá otro tipo de actitud. El primer trabajo del Athletic será precisamente no dejarse llevar por el empuje de la grada y actuar en cada momento según le demanden las circunstancias. Sobre el papel el Athletic es mejor equipo que el Sporting, pero mejor no recordar esas superioridades teóricas ahora. Donde los rojiblancos tienen que ser mejores es sobre el césped y ya se encargará el Sporting de discutirle esa jerarquía.
A estas alturas pocas cosas se pueden decir de lo meramente deportivo. En partidos de ese voltaje muchas veces esos aspectos quedan minimizados por otras muchas circunstancias. La emotividad, la inspiración personal, la garra, la capacidad de sufrimiento... suelen ser más decisivos que las cuestiones tácticas o técnicas que, por lo demás están lo suficientemente estudiadas por los protagonistas como para que supongan una sorpresa. Sa Pinto ha recuperado a Matías Fernández, ausente por lesión en el primer partido, y Bielsa ha perdido a De Marcos por aquella absurda tarjeta amarilla de Alvalade. Jugará Ibai abriendo el campo y Muniain por dentro, asociado con Herrera. Nada que llame la atención, en definitiva, en ninguno de los bandos.
No se juega una semifinal europea toddos los días, así que sobra recordar que estamos ante una cita con la historia. Han sido varias esta extraordinaria temporada y en cada una el Athletic ha estado a la altura de la exigencia. Como decíamos en vísperas del choque contra el Manchester United, lo histórico no es llegar, sino ganar. ¡Vamos leones, hacedlo una vez más!.
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