Los rusos que vienen ahora a San Mamés no son como aquellos rusos que venían en la época de la película, aquellos grupos de eslavos, pálidos, altos y con corte de pelo militar, a los que los cronistas de la época les atribuían indefectiblemente la condiciones de máquinas sin alma, de piezas automatizadas dentro de un engranaje superior. Al fin y al cabo eran comunistas y ya se sabe que, además de no tener alma, algunos de aquellos individuos tenían rabo y cuernos; qué menos que equiparar a sus futbolistas con máquinas o con cosas peores, si encima eran los que disfrutaban del oro que se habían llevado los comunistas locales a Moscú.
Es obvio que las cosas han cambiado tanto que ya resulta imposible distinguir a simple vista a un equipo ruso de cualquier otro. Hace tiempo que los mecanismos son similares en todas partes, funcionan con el mismo combustible, el dinero, y las piezas son perfectamente intercambiables. El delantero centro del Lokomotiv, sin ir más lejos, el año pasado le metió un gol al Athletic vistiendo la camiseta del Levante. Es lo que tiene esto de la globalización y los tiempos modernos; desde que cayó el muro de Berlín los equipos rusos ni parecen rusos, ni ná, que diría Camacho.
El Lokomotiv es uno de los prototipos del nuevo fútbol ruso como pudimos comprobar en el partido de ida. Con un entrenador portugués, dirigido en el centro del campo por Zapater y Glushakov, sus principales bazas están en su poderoso juego de ataque, donde Caicedo y Maicon hacen valer su potencia y velocidad, además de unas dotes dramáticas en cuanto pisan área, impropias al este del Danubio. Caicedo ya sacó provecho de sus dotes interpretativas a costa de la inocencia de Aurtenetxe, que no jugará en San Mamés por culpa de aquella tarjeta precisamente. Como tampoco lo hará Maicon, que acabó hartando al árbitro y también vio una amarilla. Es esta una buena noticia para el Athletic porque la ausencia del brasileño por fuerza tiene que restar velocidad al juego de contragolpe de su equipo.
El Lokomotiv sigue siendo una incógnita porque el primer partido no permitió calibrar su potencial en su justa medida. El encuentro estuvo condicionado por la doble personalidad que exhibió el Athletic, tan excelso en el primer tiempo como nefasto en el segundo, así que no sabemos a ciencia cierta si el equipo moscovita es tan vulnerable como pareció antes del descanso o tan peligroso como se mostró en la continuación. No hay que olvidar, además, el dato de que el Lokomotiv lleva dos meses y medio sin competir, lo que siempre influye en el rendimiento de cualquier equipo como muy bien lo ha comprobado el Athletic cada vez que ha tenido que afrontar alguna eliminatoria previa en verano. El gol que marcó Muniain en el Luznhiki cobra además un valor extraordinario, tanto que no es exagerado afirmar que otorga al Athletic la condición de favorito.
Por último, las condiciones del partido nada tienen que ver con las que rodearon el encuentro de ida. Ni la temperatura, ni el terreno de juego, ni, sobre todo, el ambiente en las gradas, serán lo mismo. Las colas de socios y aficionados para hacerse con una entrada auguran otro llenazo en un San Mamés que vivirá de nuevo la magia de las noches europeas. Todo el mundo es consciente de lo mucho que hay en juego. Superar al Lokomotiv otorga al Athletic el premio de una eliminatoria con el Manchester United, es decir, la oportunidad de cobrar un protagonismo importante a nivel continental, por no hablar de cosas más prosaicas pero no menos trascendentales, como el rendimiento económico de una nueva ronda.
HA MUERTO BIRITXI
Soy muy malo haciendo necrológicas. Es un género que nunca me ha gustado ni mucho menos, dominado. Hay auténticos especialistas, pero la mayoría suelen acabar hablando del difunto como alguien que tuvo la suerte de cruzarse en sus vidas. Por eso, no voy a hacer aquí una necrólógica. Ha muerto Natxo Biritxinaga, un hombre que nació y vivió en el Athletic, y en este caso no es una frase hecha porque nació y vivió en una vivienda que estaba adosada a una de las tribunas de San Mamés, los más viejos la recordarán, y en el seno de una saga de masajistas rojiblancos. Natxo, o Biritxi, porque de las dos formas se le conocía, era un tipo peculiar, con un sentido del humor que le llevaba a aceptar las bromas de los jugadores y también a instigar alguna, como si eso también formara parte de su trabajo. A raíz de un reportaje con motivo de la última final de Copa, trascendió al gran público la que protagonizó en el vestuario del Bernabéu minutos antes de la final contra el Barcelona: apareció de pronto disfrazado de Eva Nasarre, con calentadores y cinta en el pelo, y la broma ayudó a descargar la tensión del momento.
No era la primera vez que Natxo se disfrazaba ni sería la última, porque Biritxi era de los masajistas de la vieja escuela, de cuando el entrenador no tenía segundo, ni ayudante, ni consejero áulico en nómina; de cuando viajaban once futbolistas, el portero suplente, el entrenador y el masajista y éste tenía que hacer de todo, desde encargarse del material, hasta vendar y dar masajes a los jugadores o repartir las llaves de las habitaciones.
En sus últimos años en activo a Biritxi le dio por aparecer con una cinta rojiblanca en la cabeza en los partidos. Componía una imagen curiosa cuya razón nunca explicó o al menos yo no la conozco. A lo mejor era una reminiscencia de aquel disfraz de Eva Nasarre. Devoto de Clemente, Javi era Dios para él, sobre todo a raíz de los títulos, pero también porque conocía de primera mano la forma de trabajar de muchos entrenadores y su relación con los jugadores y los auxiliares, tenía a los jugadores como parte de su familia. No era raro verle por Lezama una vez jubilado. Lo explicaba a su manera, con una sonrisa: "es que echo mucho de menos a estos cabrones; no puedo estar sin ellos".
Agur Biritxi
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