También parece haber unanimidad a la hora de señalar con el dedo a los que no aparecerán en el poster de la próxima temporada. Caparrós ha sido lo suficientemente explícito a lo largo de la temporada como para que queden dudas.
Empezando por los que ya han estado fuera este año, no parece que ninguno de ellos se haya ganado el regreso. Lafuente sólo ha jugado en el Sporting cuando el titular Cuéllar ha estado lesionado, y teniendo en cuenta que éste no es santo de la devoción de la parroquia del Molinón, no parece que el de Retuerto lo hubiera tenido difícil para hacerse con el sitio a poco que se hubiera esmerado. No ha sido el caso, o al menos así lo ha entendido Preciado, que ha mantenido su apuesta por un portero discutido por la afición. Si, como parece, en el Athletic siguen apostando por Armando a la espera de alguna perla del filial, el destino de Lafuente parece lejos de San Mamés.
Otro tanto ocurre con Casas, que apenas ha tenido unos minutos en un Córdoba que está peleando por evitar el descenso. De todas formas, el lateral, víctima de las volubles decisiones de Caparrós, siempre ha parecido el culpable de todos los males de la defensa rojiblanca a ojos de la afición. Pasar de no tener número a ser titular y acabar como cedido, en apenas doce meses es como para hacérselo mirar, pero no precisamente al jugador.
El de Tiko es un caso especial. La grave lesión que padeció en el Camp Nou jugando con Euskadi ha sido finalmente decisiva en el último tramo de su carrera. Su cesión al Eibar no ha sido sino el anticipo de su despedida del Athletic. Tampoco ha tenido suerte con las lesiones en Ipurua, por lo que con un año de contrato todavía con Ibaigane, habrá que hilar fino para encontrar una solución. Una verdadera lástima porque Tiko llegó a rayar a gran altura.
Zubiaurre también es un caso especial por los motivos que todos conocemos y, será precisamente ese factor el que favorezca su regreso. Ha estado jugando partidos con cierta regularidad en el Elche, donde incluso, aunque sea a título anecdótico, hay que recordar que ha marcado un gol en un lanzamiento de falta. Merece una oportunidad para demostrar que, al fin y a la postre, tiene un sitio en la plantilla.
De entre los que han estado pero como si fueran transparentes a ojos de Caparrós, la principal incógnita la constituye Murillo, por su condición de recién renovado aunque nadie sepa ni por ni para qué. Joseba del Olmo pidió una oportunidad para demostrar que vale para Primera División, pero los escasos minutos que ha jugado han servido para dejar claras las diferencias que hay entre incordiar a las defensas contrarias en Ipurua y desenvolverse con la debida velocidad, visión y técnica ante coberturas de Primera División. No se puede quejar. Iñigo Vélez de Mendizabal ni siquiera ha tenido esa oportunidad, así que habrá que esperar a que demuestre en otro equipo si es bueno o malo, algo que podría ser aplicable a Garmendia, un futbolista del que todavía no se sabe si va o viene, aunque, y esto es lo peor, el entrenador tampoco parece saber dónde sacarle rendimiento.
Pero de entre todos, el caso más sangrante es sin duda el de Iñaki Muñoz. Que este jugador haya estado viendo los partidos no ya desde el banquillo, sino desde la grada, mientras Orbaiz y Javi Martínez se han estado dejando la vida sobre la hierba semana tras semana, es algo que clama al cielo. A Muñoz le han bastado los cuatro ratos que le ha concedido Caparrós para demostrarle lo equivocado que está, pero no parece que ni el propósito de enmienda ni la capacidad analítica, sean las mejores cualidades del técnico.
Un caso similar es el de Gurpegi aunque quiero creer que el de Andosilla no está en ninguna lista de posibles bajas. Incluso en cuerpos y direcciones técnicas tan surrealistas como los que actualmente dirigen el Athletic cabe encontrar un atisbo de sensatez y sentido común.
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