La necesidad de contar con un delantero que supla con garantias a Llorente alimenta tanto el deseo como los rumores. El hecho de que no haya elección posible y Aduriz sea esa única alternativa, simplifica bastante las cosas.
No es de ahora esa necesidad imperiosa de un hombre resolutivo en el área. Desde que Carlos Ruiz lograra el Pichichi en la temporada 74-75 marcando 19 goles, ha llovido mucho y el Athletic ha vivido mejor o peor cubierto. Lezama llevaba cuatro temporadas funcionando cuando Carlos consumó su proeza, pero dos años después de aquel Pichichi, el Athletic ya recurrió a un fichaje que también fue un culebrón en su época. Aitor Agirre, un delantero centro prototipo de tanque, se vistió de rojiblanco en la temporada 77-78, procedente del Racing de Santander después de protagonizar el rumor de cada verano al menos los tres años anteriores. Que un chico de Sondika estuviera metiendo goles por esos mundos no les encajaba ni a los aficionados ni a los medios de comunicación de la época, así que Aitor llegó por fin a San Mamés aquel verano del 77. Marcó diez goles en los dos años que estuvo y nunca pudo considerarse titular.
La misma temporada que Carlos se convertía en el máximo goleador de Primera, debutó Dani en el Athletic. Coincidieron pues en el equipo el último Pichichi rojiblanco y el último gran goleador, el único de la era moderna que se ha ganado un sitio entre los diez máximos realizadores de la historia del club. Dani, con sus 199 goles ocupa el tercer puesto de esa clasificación histórica, solo por detrás de Zarra y de Bata. Carlos, acabó sus días como rojiblanco con 115 goles marcados.
Pero Lezama ya estaba funcionando y no tardaría en dar sus primeros frutos. Sarabia era juvenil cuando Carlos fue Pichichi, y debutó en el primer equipo un año antes de la llegada de Aitor Agirre, pero el curso posterior tuvo que marcharse cedido al Barakaldo, desde donde regresó para instalarse definitivamente y entrar en la historia del Athletic con sus 118 goles y el espectáculo de su fútbol. Llegó practicamente al mismo tiempo que Bengoetxea, así que ambos pueden presumir de ser los dos primeros delanteros que proporcionó Lezama. Sus trayectorias resumen el precepto bíblico que ha regido desde entonces en la cantera en lo que se refiere a la producción de atacantes: han sido muchos los llamados, pero muy pocos los elegidos.
Si nos centramos en los delanteros goleadores de referencia que ha tenido el Athletic desde Manolo Sarabia, podemos decir que Lezama ha aportado además al primer equipo a Julio Salinas (aunque solo estuviera cuatro años en los que marcó 29 goles) y a Fernando Llorente (92 goles en las ocho temporadas que llevaba el año pasado). Entre Sarabia y Llorente el club tuvo que recurrir a los fichajes de Uralde (40 goles en tres temporadas), Loren (9 goles en dos temporadas), Ziganda (91 goles en siete cursos), Joseba Etxeberria (104 goles en 15 años) y Urzaiz (129 goles en once temporadas), para darles la responsabilidad de liderar el ataque.
Sería injusto, no obstante, olvidar a otros productos de los primeros tiempos de Lezama como fueron Noriega y Endika, autores de goles históricos y que asumieron un rol importante cuando la delantera titular era la formada por Dani, Sarabia y Argote. Y de entre los fichajes también hay que recordar a jugadores como Valverde (50 goles en seis temporadas), Ezquerro o Jon Andoni Goikoetxea, unos por su aportación en forma de juego y goles, otros por lo que significó en su momento su adquisición.
Lezama ha aportado una considerable cifra de delanteros al primer equipo durante todo este tiempo, aunque la inmensa mayoría no acabó de cuajar o tuvo una aportación notablemente inferior a los citados como referencia. Arrien, Sarriugarte, De Diego, Roberto Martínez, Uribarrena, Huegun, Bolo, Suances, Bidaurrazaga, Alvaro, o los más recientes, Garmendia o Jon Vélez, completan una lista salpicada por fichajes como los de Jabo, Luke, Mario Bermejo, Sívori, Toquero o Díaz de Cerio.
En la persona de Aritz Aduriz, el objeto de deseo que tanto ha dado que hablar desde que fuera traspasado al Mallorca, convergen todas las categorías referidas en este texto. Es un producto de Lezama que no cuajó en su día en el primer equipo, que llegó como refuerzo de emergencia para triunar y que ahora se contempla como un fichaje de mucho más relumbrón que lo que pueden significar los 23 goles que marcó los cuatro años que estuvo en el Athletic.
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