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viernes, 12 de junio de 2009

Reflexiones acerca del fichaje de Cristiano Ronaldo

La discusión sobre la ética de gastar una cantidad desorbitada de dinero en un futbolista, no es de ahora. De toda la vida, quienes se manifiestan contrarios al fútbol, aquellos que lo califican como el opio del pueblo y todas esas cosas, han utilizado como uno de los preferidos de su panoplia argumentaria, el de los desmanes económicos que se perpetran en torno al balón, frente a los forofos que dan por bueno cualquier gasto con tal de ver a su equipo metiendo goles y ganando partidos sin atender a cualquier otra consideración.
La discusión viene de muy antiguo y también ha afectado al Athletic. El traspaso de Jesús Garay al Barcelona (acompañado por el del gran Gonzalo Beitia) sirvió, según cuenta la historia apócrifa, nada menos que para construir la tribuna norte de San Mamés. Años más tarde, el traspaso de Alexanco, otro central y también al Barcelona, supuso un récord para la época, 100 millones de pesetas de 1980. Siguiendo con la historia apócrifa, se dice que Beti Duñabeitia, deslumbrado por lo redondo de la cifra, se tuvo que aplicar con entusiasmo a despejar las dudas del jugador, que las tuvo hasta el último momento.
El Athletic también dio el campanazo cuando Arrate se atrevió a fichar al juvenil Joseba Etxeberria por 550 millones de pesetas de 1995. Antes, Aurtenetxe ya había desembolsado 300 millones por Loren. Pero, sin duda, el fichaje más espectacular fue el de Roberto Ríos, que costó nada menos que 2.000 millones de pesetas.
Conviene recordar que estas tres operaciones tuvieron un gran éxito de critica y público en el momento en el que se produjeron, convencida como estaba la afición de su idoneidad por encima de cualquier consideración económica. De la misma forma que esa misma afición, e idéntica crítica, saludaron con una cerrada y unánime ovación el contrato "vitalicio" que firmó Julen Guerrero cuanto era pretendido por unos y otros. Conviene recordarlo porque la desmemoria acostumbra a ser bastante dañina y, sobre todo, injusta.
Evidentemente, los 94 millones que acaba de gastar Florentino Pérez en el fichaje de Cristiano Ronaldo eclipsan no solo las ahora modestas cifras del Athletic, sino incluso los alrededor de 70 millones que el mismo presidente acaba de pagar por Kaká. (No me resisto a volver a recurrir a la historia apócrifa que sostiene que Florentino renunció al fichaje del brasileño en su anterior periodo en la presidencia madridista por lo cacofónico del sobrenombre del futbolista).
El fichaje del jugador del Manchester ha sido hoy portada de la mayoría de los periódicos, lo que certifica el impacto de la noticia. Y ya desde hoy se apunta el inicio del debate acerca de la consideración ética que merece la operación. Desde el papanatismo interesado de los que aplauden con las orejas en letra impresa, hasta quienes tildan de inmoral al presidente del Real Madrid, el abanico mediático es tan amplio como el abanico de colores que escribió Pemán para Lola Flores, quizá porque el objeto de esta discusión solo se puede dar en España o, como mucho, en Italia. Los dispendios de los últimos años en el fútbol inglés han venido sobre todo de la mano de Abramovich, un nuevo rico ruso que ha puesto patas arriba el hasta ahora ordenado fútbol de las islas.
Los defensores del negocio aseguran que Florentino Pérez puede rentabilizarlo mediante el merchandising, los derechos de imagen, la publicidad y los ingresos extra que le llegarán vía televisión o taquillas. Los contrarios rehuyen el argumentario economicista y hablan de ética o de moral, o sea, de valores y conceptos claramente en desuso en nuestros días. Me temo que tienen las de perder y que prevalecerá el brillo del oropel.
Triunfarán los redactores de la ley no escrita del fútbol, esa que en su primer y único artículo, condena o indulta en función de que entre la pelotita. Si el Real Madrid gana títulos, restaura el honor patrio de la meseta mancillado por el Barcelona, y vuelve a convertir a España en el imperio futbolístico donde nunca se pone el sol, todos los millones gastados se darán por buenos y tendrán la consideración de inversión. Si, por el contrario, la cosa no funciona en el campo, y la constelación sufre un eclipse general, Florentino Pérez habrá dilapidado (que no invertido) una fortuna, y habrá vuelto a demostrar que de fútbol no tiene ni idea.
Mientras calculamos todo lo que se podría hacer con la que está cayendo con los 300 millones de euros que dice que se va a gastar el Real Madrid, una legión de pendones, buscavidas, oportunistas, propietarios de restaurantes de lujo, agentes inmobiliarios y periodistas con bandera de conveniencia afilan los dientes y sacan los codos para hacerse un sitio en la barra libre. Es lo que hay. ¿Ética dice usted?. Pero qué cosas dice...

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