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jueves, 9 de febrero de 2012

El objetivo no es llegar a la final, sino ganarla

Le tomo prestada la frase a Marcelo Bielsa para titular la reflexión inicial el primer día en el que hemos empezado a jugar la final. Tenemos tres meses por delante y seguro que habrá más aspectos que comentar, esperemos que más agradables y propiciadoras de la unidad rojiblanca, que todas aquellas cosas que se dijeron en los tormentosos días previos a la última final, aquella que se recordará más por el juego que dio un notario que por el exhibido por el equipo sobre el terreno de juego.
Han cambiado muchas cosas en estos tres años. Para empezar, la propia vivencia de la semifinal. Hace tres temporadas, el Athletic llevaba un cuarto de siglo sin alcanzar el partido trascendente, aunque se había asomado en un par de ocasiones a la semifinal. Aquel cruce contra el Sevilla tuvo mucho de épico por su carácter histórico. Llegaba la semifinal a Bilbao después de un 2-1 en el Sánchez Pizjuán, logrado en el último minuto por el Sevilla (sí, entonces también el Athletic sufría el último minuto), después de que Llorente hubiera adelantado al equipo antes del descanso. Aquel gol del delantero centro pesaba una tonelada de ilusión en los corazones rojiblancos porque valía una victoria mínima en San Mamés para alcanzar el objetivo. La familia rojiblanca se movilizó como hacía mucho que no lo hacía. Puestos a hacer memoria, San Mamés vivió un ambiente tan potente como cuando el Athletic logró su último título de Liga. Fue una explosión que nació en el corazón de todos y cada uno; nadie tuvo que convocar a los aficionados para que esperaran al equipo a las puertas del hotel, ni nadie organizó a miles de personas para que se apostaran a lo largo de todo el recorrido hasta el campo. Símplemente, sucedió porque la afición percibió que la Copa y el Athletic volvían a encontrarse en el camino. Aquello tuvo la verdad de lo espontáneo. Tres años después, ni la entidad del rival ni las circunstancias del partido han sido las mismas; la fiesta ha sido parecida a primera vista, pero en el fondo ha tenido un algo de impostura que le ha restado autenticidad. Los entusiasmos organizados y previstos, no son tan contagiosos, aunque tampoco vienen mal en estos tiempos. En cualquier caso, que las nuevas generaciones se acostumbren a protagonizar nuevos capítulos de la historia, en lugar de limitarse a escuchar las batallitas de sus padres, también es una buena noticia. Hasta aquí la disgresión pureta.
Han cambiado más cosas y de ahí el titular con la frase de Bielsa. Ahora la percepción de la final es muy distinta a la que se tenía hace tres años. Entonces sí era un objetivo en sí mismo llegar a la final porque incluía el premio del pasaporte europeo. A nadie se le pasaba por la cabeza que el Athletic tuviera alguna posibilidad de ganar a aquel Barcelona que estaba dando sus primeros pasos hacia la meta de ganar todos los títulos en disputa aquel año. Como mucho, el aficionado más optimista soñaba con un remoto e improbable milagro. Ahora, mientras el Athletic goleaba al Mirandés, en su fueron interno los aficionados rojiblancos se adelantaban al pensamiento que expresaría más tarde Bielsa en voz alta: las finales están para ganarlas y a día de hoy este Athletic puede ganar a cualquiera a un solo partido, incluso a este Barcelona que vuelve a cruzarse en el camino. Suelen decir los futbolistas en la derrota que una de las grandezas del fútbol es que siempre te concede la oportunidad de una revancha. Ahí la tienen los leones.
Han cambiado muchas cosas de fondo en estos tres años. La plantilla y el equipo titular sobre todo. Tomando como referencia otras dos finales jugadas en un intervalo de tres años, las de 1955 y 1958, la famosa de los once aldeanos, y repasando las alineaciones que presentó el Athletic, encontramos que tan solo hubo tres cambios, uno de ellos completamente circunstancial. Los once que ganaron al Sevilla en 1958 por 1-0 fueron: Carmelo, Orue, Garay, Artetxe; Mauri, Mauregi; Azkarate, Markaida, Arieta I, Uribe y Gainza. Solo Azkarate, Markaida y Maguregi no estuvieron en la alineación de los once aldeanos. Sus sitios los ocuparon Canito, Etura y Koldo Agirre.
Es verdad que el fútbol ha cambiado mucho y que ahora todo sucede a velocidad de vértigo. Hace tres décadas los aficionados se sabían, además de la suya, buena parte de las alineaciones de todos los rivales. Cada equipo tenía un ramillete de jugadores determinados, identificados con una camiseta y un escudo, que debutaban y se retiraban en el mismo club. Los niños de entonces sabían que a cada cara, a cada nombre, le correspondía una camiseta, siempre la misma, en las colecciones de cromos.
Por su propia peculiaridad, el Athletic se ha mantenido un poco al margen de esa vorágine de compras y ventas, idas y venidas. Por eso llama la atención el repaso de los protagonistas de la final del 2009, comparada aquella lista con la alineación y convocatoria del partido contra el Mirandés que, salvo catástrofe natural, serán muy parecidas a las que presentará Bielsa el día de la final. Caparrós alineó a Iraizoz, Iraola, Ocio, Amorebieta, Koikili; David López, Orbaiz, Javi Martínez, Yeste; Llorente y Toquero. Desde el banquillo salieron Susaeta, Joseba Etxeberria y Jon Vélez y se quedaron sin jugar Armando, Gurpegui, Etxeita y Balenziaga.
Ante el Mirandés repitieron Iraizoz, Iraola, Amorebieta, Javi Martínez y Llorente, solo cuatro fútbolistas de campo. Los nuevos fueron Aurtenetxe, De Marcos, Muniain, Herrera y Susaeta como titular. Desde el banquillo salieron San José, Iñigo Pérez y David López, y se quedaron sin jugar Raul y Toquero. Siete de los jugadores convocados para la final de Valencia ni siquiera pertenecen a la disciplina del Athletic y el técnico no cuenta para nada con dos más.
La renovación ha sido cosa tanto de Caparrós como de Bielsa, puesto que el técnico de Utrera permaneció en el Athletic hasta dos años después de aquella final. Casi se podría afirmar que las altas fueron cosa de Caparrós y las bajas de Bielsa, quien no ha hecho fichaje alguno y se ha limitado a redimensionar una plantilla heredada, dicho en términos numéricos, puesto que su aportación en aspectos técnicos y tácticos y en la reubicación de determinados jugadores, tanto en el campo como en el escalafón de la plantilla, ha sido mucho más enriquecedora.
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domingo, 20 de noviembre de 2011

Un ejercicio de estilo

A estas alturas, y después de partidos como los disputados contra el Barcelona, el Valencia o el Atlético de Madrid, quedaban muy pocas dudas sobre el proyecto que tiene Bielsa para el Athletic. Siempre queda algún recalcitrante, pero, en honor a la verdad, últimamente no se tenían noticias de los cenizos. Después de la exhibición de los rojiblancos en Sevilla, las únicas dudas que se plantean ante este equipo se refieren a determinar dónde está su techo.
El Athletic acabó con dieciocho años sin conocer la victoria en el Sánchez Pizjuán de una manera brillante, completando a lo largo de los noventa minutos un ejercicio de estilo que define cuáles son sus planes. Llenos de confianza, convencidos de que están en el camino correcto, todos los protagonistas se aplicaron a la tarea con el espíritu de los que se saben en posesión de la verdad. Y la verdad futbolística de este equipo es que se está convirtiendo, si de hecho no lo es ya, en la gran atracción de la temporada. Basta con escuchar y leer lo que se dice del Athletic por ahí. Los rojiblancos encantan a público y crítica con la frescura de su juego, con su atrevimiento juvenil, con su honestidad sobre el césped. El Athletic juega, divierte y se divierte, sin una mala cara, sin recurrir a ese mal llamado otro fútbol, sencillamente practicando un fútbol de verdad, el que merece la pena, el de tocar y salir, el de los apoyos continuos, el del pase y el desmarque, el de la solidaridad de los centrocampistas con los defensas, el de los laterales con los delanteros, el fútbol total que en su día preconizó Rinus Michels y del que Johan Cruyff fue su mejor profeta.
El magnífico partido de Sevilla tiene además una trastienda que merece la pena resaltar, y es la extraordinaria versatilidad que Bielsa ha dado a una plantilla aparentemente corta pero que se alarga hasta casi el infinito precisamente por la polivalencia de muchos de sus componentes. En el Sánchez Pizjuán faltaron Amorebieta, Ekiza e Iturraspe, es decir, los dos centrales titulares y el medio centro sobre el que estaba gravitando el equipo en los últimos partidos. A primera vista las ausencias constituían la disculpa perfecta para explicar cualquier fracaso, incluso para justificar una traición momentánea a los principios. A primera vista y para cualquier entrenador. Para Bielsa no; para el técnico argentino no hay disculpa que valga ni circunstancia que le empuje a traicionar su idea, por muy complicada que sea. Recurrió a San José, el tercer central de su lista, escoltado por Aurtenetxe a la izquierda y Javi Martínez a la derecha. Tres centrales que sin balón recibían las ayudas en las bandas de Iraola por la derecha y de De Marcos, otra vez, en la banda izquierda.
Pero la sorpresa que se reservaba el técnico era otra de más calado si cabe: la presencia de Iñigo Pérez como medio centro por delante del eje defensivo, el sitio de Iturraspe. El navarro, descartado en verano, se convirtió ayer en la clave de bóveda del equipo, el hombre en torno al que orbitaron los Herrera, Muniain, Llorente y Susaeta para hacerse con el balón y los espacios hasta acabar desquiciando a un Sevilla reservón y lleno de dudas que nunca supo cómo superar el planteamiento del rival.
La trascendencia del trabajo de Bielsa radica precisamente en su gestión de la plantilla. Todos los jugadores se consideran importantes porque realmente lo son, y saben que tienen que estar preparados para asumir su responsabilidad en cualquier momento. Se dudó en su día, y fue tema de encendido debate, de la decisión de ceder a Orbaiz al Olympiacos. A primera vista otra vez, parecía que el equipo se quedaba huérfano de un jugador importante en una zona del campo crucial. Tres meses después, Iturraspe lleva camino de consolidarse en ese puesto, Iñigo Pérez acaba de presentar su candidatura y Javi Martínez siempre está ahí para lo que haga falta. Incluso Herrera y De Marcos podrían entrar en otras combinaciones.
El trabajo en la trastienda genera como resultado visible exhibiciones como la del Sánchez Pizjuán. Dieciocho años después (Muniain apenas sabía andar cuando el Athletic ganó allí por última vez) los rojiblancos se dieron un homenaje al que se solo se le puede poner el pero de la falta de contundencia. Un equipo que juega tanto y genera tantas ocasiones claras en campo contrario, merece resolver el partido sin necesidad de correr el riesgo de una jugada desafortunada en el último momento. Es cierto que los rojiblancos jugaron con solvencia, incluso con suficiencia, en el tramo final del partido, pero nadie está a salvo de una jugada desgraciada y menos en un campo tan maldito para el Athletic como el del Sevilla.
Afortunadamente esta vez no hubo accidentes y los leones se llevaron los tres puntos como justo premio al repasito que le dieron al equipo de Marcelino a lo largo de los noventa minutos. Tres puntos que ya sitúan al Athletic en los puestos europeos y que sirven para prolongar su racha de imbatibilidad. El equipo sigue creciendo y lo mejor es que todavía no se adivina qué talla puede alcanzar, aunque aquel equipo adolescente de hace apenas un par de meses apunta a que será un chico alto, muy alto.

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lunes, 1 de marzo de 2010

De alivio de luto

El Athletic estaba de luto riguroso después del desastre de Bruselas. Negro total, cabizbajo y, lo que es peor, avergonzado por cómo transcurrió aquel funeral. En Sevilla el Athletic tornó del negro al gris, se puso de alivio de luto, que se decía in illo tempore para describir esa fase del calendario sentimental en el que las familias empezaban a aligerar el negro de sus vestimentas, una vez guardada por un tiempo prudencial la memoria del difunto. El alivio de luto era un paso hacia la normalización, hacia la recuperación del colorido habitual en la vestimenta; una estación intermedia entre la catástrofe vital de la pérdida del ser querido y el regreso a lo cotidiano.
Sevilla pudo ser para el Athletic, o eso esperan sus seguidores, esa estación intermedia entre el desastre de la eliminatoria europea y una cotidianidad liguera en la que el equipo se desenvuelve con cierto desahogo. Tiene un buen pasar en la Liga este Athletic, aunque en demasiadas ocasiones peque de mezquino, o tal vez por ello, que ahí se está centrando ultimamente el debate. ¿Puede más este equipo o está en su techo futbolístico?. Los partidarios de la segunda opción estarán encantados con lo que ocurrió en el Sánchez Pizjuán; los que apuestan por la primera idea vuelven a estar decepcionados. No en vano, el Athletic no supo, o no pudo, ganar a un equipo en inferioridad numérica durante toda la segunda parte. Y no fue cualquiera el expulsado. Romaric, un tipo con aspecto de poli malo de una comisaría del Bronx, estaba siendo, como siempre que juega, ese centrocampista poderoso que mantiene él solo, el equilibrio de la estructura del equipo, y además se estaba convirtiendo prácticamente en el único artillero, bien sea que de larga distancia, de un Sevilla que no encontraba en Jesús Navas el abrelatas que precisaba, ni en Kanoute la dinamita necesaria para abrir una defensa rojiblanca bastante más sólida que en su último partido, aunque eso tampoco sea decir demasiado.
El Sevilla perdió a uno de sus hombres importantes y ni aun así, se decidió el Athletic a ir a por el partido con todo. Faltó decisión y sobraron cálculo y prudencia durante una larguísima segunda parte. Una galopada de De Marcos con pase de la muerte incluido, que acabó con un paradón de Palop a remate a Iturraspe y una doble parada del guardameta sevillista en el saque de la falta que propició al expulsión, fueron todo el bagaje ofensivo de un Athletic que no se decidió a dar un paso adelante e ir a por el partido. A los de Caparrós les pesó demasiado la amenaza del contragolpe del Sevilla, que, todo hay que decirlo, no le perdió la cara al partido ni mucho menos, tras la expulsión, y les pesó, sobre todo, su falta de talento para dominar el juego y llevar peligro al área contraria. Por momentos, los rojiblancos se dieron de bruces contra la realidad de sus propias carencias a la hora del pase, del desmarque, de la creación en definitiva.
Un empate en Sevilla no es mala cosa, pero es poca cuando la ocasión pareció muy propicia para la victoria. Ahí queda el tema para debatir. Lo que no admite discusión es que el regreso a la competición doméstica le vino muy bien a un equipo recién vapuleado en Europa. En su hábitat natural, la competición doméstica, el Athletic sigue teniendo un buen pasar, con algunas estrecheces a veces, pero no tantas como para que de vez en cuando no se pueda permitir darse una alegría. Como todo hijo de vecino, vamos, que ya vemos lo que da de sí esta Liga de las Estrellas cuando sus equipos pasan los Pirineos.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Suicidio colectivo

Como una de esas sectas cuyos miembros se toman un combinado de cianuro con naranja porque el líder ha visto la llegada de un ovni que rescatará a los elegidos, así los jugadores del Athletic se hicieron el harakiri el sábado ante el Sevilla liderados por un Iraizoz al que solo le faltó ponerse una túnica para interpretar su papel. Antes de los cinco minutos Iraola se dejó robar la cartera por Capel en la banda y no tuvo más remedio que cometer una falta. El portero ordenó a Susaeta que formara una barrera unipersonal, o sea, un poste y bajito. Resultado: Renato tiró al primer palo por el hueco e Iraizoz se lanzó tarde y mal. 0-1. Veinte minutos después, Amorebieta, con tiempo para pensar y espacio para maniobrar, decidió despejar flojito de cabeza hacia el centro, es decir, a hacer eso que les dicen a los defensas que no hagan desde alevines. Resultado: Capel agradeció el regalo y se lo hizo llegar a Negredo para que fusilara a placer. 0-2. Un poco antes de que el árbitro pitara el final del primer tiempo, señaló una falta en el lateral del área del Athletic. Centro, remate, el balón que se le escapa a Iraizoz, Amorebieta que duda entre despejar o controlar y Kanoutè que mete el pie sin pensarlo. 0-3. Si a esto se le suma un remate al larguero de Negredo, que tuvo más de casual que de intencionado, tenemos toda la producción ofensiva del Sevilla en el primer tiempo. En términos de rentabilidad, los de Jiménez se pusieron las botas.
Cuentan que cuando en el Real Madrid la c se identificaba con la letra inicial de testículos, y no con la de cartera, allá por los tiempos de las remontadas en la Copa de Europa, la consigna del vestuario era pedir el saque inicial de centro y rematar bien la primera jugada del partido, a poder ser con un disparo a puerta o, en su defecto, con un remate contra la valla de publicidad al lado de la portería, para que la chapa retumbara a modo de cañonazo de salida que acongojara del rival.
Con ese espíritu arrancó por ejemplo el Athletic aquel ya histórico partido de semifinales de Copa contra el Sevilla. Y así le fue. El sábado no ocurrió lo mismo. El Athletic sacó de centro... y perdió el balón al tercer pase para no volverlo a recuperar en todo el partido. Cuatro minutos después llegó el ragalo de Iraola e Iraizoz y a partir de ahí, el desastre.
Como dijo después Caparrós, se concedieron demasiadas ventajas a un rival demasiado fuerte como el Sevilla. Habrá que preguntarse por las razones de tan extraño comportamiento. Por ejemplo podría dar una explicación la persona que, dicen, graba en vídeo todas las acciones de los porteros y les adiestra sobre las partes del juego que se desarrollan lejos de la portería. ¿Correspondió a una instrucción suya la conformación de tan ridícula barrera en el primer gol?. ¿Fue cosa personal e intransferible de Iraizoz?. ¿No acudió el portero a clase el día que explicaron la lección de las barreras?.
Fue la del primer gol una jugada que condicionó todo el partido, pero aquello no tuvo buena pinta desde el minuto inicial. El Sevilla llegó a San Mamés con la lección aprendida y dispuesto a hacer valer su superioridad tanto en aspectos individuales como en los colectivos. Así, Capel trajo por la calle de la amargura a Iraola mientras que Kanoute y Negredo sacaron de sus casillas a Amorebieta que arrastró a toda la línea. Sólo Koikili supo tomarle la medida a Jesús Navas, aunque acabó ahogándose en el naufragio general.
En el centro del campo, los sevillistas respondieron con más músculo y potencia de choque a Javi Martínez y Gurpegui mientras que intimidaron a David López y Susaeta hasta reducirlos a la mínima expresión. Llorente y Toquero fueron pasto de dos centrales de tanto porte físico como ellos, que jugaron, además, con la ventaja de recibir todos los balones de cara y en ventaja para sus intereses. En definitiva, un desastre de proporciones enciclopédicas que no se pudo ni intentar empezar a arreglar con la entrada de Yeste y Muniain tras el descanso, porque Amorebieta se encargó de rematar la cosa ganándose una segunda tarjeta amarilla que estaba cantada desde muchos minutos antes.
Derrotados en los balones aéreos, en las disputas, en los choques, incluso en ese otro fútbol tan del gusto de Caparrós...tras una exhibición semejante no cabe ponerse a discutir sobre rotaciones, estilos de juego o decisiones técnicas. Como mucho cabe preguntarse qué clase de papilla almacenan los jugadores del Athletic en la cavidad que tienen entre las dos orejas, primero para cometer errores de tanto calibre y después para perder el sitio y la compostura hasta acabar pareciendo un equipo malo de juveniles jugando ante un conjunto profesional. A la semana fantástica donde se sumaron seis puntos y una victoria europea, le ha sucedido una semana de saldos en la que se han acumulado dos derrotas a cual más lamentable. Septiembre no ha acabado todavía y ya hemos visto al mejor y al peor Athletic. Queda por saber si habrá término medio o estamos ante un grupo de ciclotímicos que lo mismo te llevan al cielo que están pensando en coger un ovni para irse a Ganimedes.

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jueves, 5 de marzo de 2009

Athletic total

Qué difícil se hace escribir de sentimientos. Qué difícil es reflejar lo que ocurrió en San Mamés la noche del miércoles. Cuatro de marzo de 2009. Una fecha más para apuntar en ese calendario de gloria al que el Athletic le va sumando hojas desde hacer 111 años. Yo estuve allí, podremos decir dentro de unos años los que tuvimos la suerte de vivirlo. En especial todos esos chavales que llevaban dos décadas aguantando que sus padres y sus abuelos les repitieran eso de que yo estuve allí, sin que ellos consiguieran estar en ningún sitio importante. Por fin tienen una referencia que contar; la demostración palpable de que lo que les contaban sus padres y sus abuelos no eran historias adornadas por el paso del tiempo; la evidencia del mito hecho realidad. Los que estuvimos el miércoles en San Mamés vivimos una de esas experiencias que quedan marcadas para toda la vida. Como la que vivimos los afortunados que estuvimos en Las Palmas, o en Valencia, o aquel día contra la Real en San Mamés, o en la final contra el Barcelona de Maradona. La semifinal ganada al Sevilla aporta a la vida del club algo mucho más trascendente que el derecho a jugar una final; significa el eslabón que engancha dos generaciones, la de los que vivimos los últimos éxitos, y la nueva que empezaba a temer que su tiempo pasara en balde. La cadena rojiblanca no solo sigue unida, sino que se alarga hasta el infinito, como siempre ha sido. No hay riesgo de ruptura. La niña que vio en su casa el partido por televisión con la bufanda anudada al cuello, el chaval que saltó al césped cuando acabó el partido, el que bailó entusiasmado en un bar de Pozas porque aun sin entrada quiso estar cerca de la Catedral, ya eran del Athletic, pero ya lo serán para siempre.
El miércoles fue el día del Athletic total, del sentimiento que une a jugadores y afición hasta un extremo incomprensible en otras latitudes. No se trata del manido jugador número doce. Es algo más, es el compartir sensaciones, vivencias, amor a unos colores. Una sociedad partida y repartida en unas elecciones que se acababan de celebrar tres días antes y que han dejado a los políticos mirándose con el ceño fruncido, vivió, vibró, respiró y disfrutó hasta el paroxismo en una comunión perfecta. El Athletic es lo único que nos une; ¡y cómo nos une!.
Era imposible que el Sevilla se saliera con la suya. Jiménez estaba enfadado con sus hombres al final del partido, porque se equivocaron en cosas que, decía, tenían suficientemente estudiadas. Debería ser más comprensivo el entrenador sevillista. Hasta el acero más templado se hubiera fundido en la caldera de San Mamés. Que sus hombres se derritieran como lo hicieron entra dentro de lo comprensible.
Nunca he visto un San Mamés en tal estado de ebullición. Por establecer una comparación, recuerdo el día que se ganó la Liga de la 83-84 en el último partido ante la Real. Pero entonces hubo momentos para el silencio angustiado, para la preocupación por lo incierto del resultado, hasta para el enfado y la decepción ante la visión de un Athletic comido por la responsabilidad, impreciso y desconocido. Frente al Sevilla fue otra cosa. No hubo tregua. Se ovacionó cada robo de balón y hasta cada saque de banda, porque en cada recuperación, en cada choque, en cada carrera, todos recuperábamos, todos chocábamos, todos corríamos. ¿Cómo iba a ganar Kanoute algún salto a Amorebieta si con el central saltábamos cuarenta mil defensas?. ¿Cómo no iba a sucumbir la defensa del Sevilla a la presión de Toquero si con el de Sestao presionábamos cuarenta mil estajanovistas dispuestos a dejarnos las cuerdas vocales como papel de lija?.
El gol de Javi Martínez a los tres minutos de partido se empezó a marcar por la mañana en las calles engalanadas. Lo marcaron los niños que fueron a la ikastola con la camiseta, los chavales que salieron zumbando del instituto con al bufanda entre los libros, los comerciantes que cerraron antes de la hora para ir al partido. El pase que propició ese gol lo dieron los cientos de seguidores que arroparon al autobús del equipo desde el hotel hasta el campo, los cuarenta mil que minutos antes de que los equipos saltaran al campo entonaban a coro el himno y los gritos rituales. ¿Qué el primer gol llegó muy pronto?. Demasiado se hizo esperar en subir al marcador. Lo llevábamos marcando desde hacía una semana por lo menos.
Ese gol fue el último gramo de pólvora que hacia falta para incendiar San Mamés. El equipo superó la ansiedad y se asentó en el terreno al mismo tiempo que el Sevilla de diluía en un mar de dudas. El segundo gol confirmó a Jiménez la inutilidad de su estrategia de utilizar a Fazio como un antiLlorente. El delantero había prolongado el balón en el primer gol y marcado el segundo. Fuera Fazio y dentro Luis Fabiano para poner orden. Demasiado tarde. El Athletic ya había instaurado el caos y en ese caos la defensa del Sevilla se dejó arrebatar el balón otra vez por Llorente para que Toquero marcara el tercero y viviera una experiencia que no olvidará en su vida.
Aquellos que dudaban de la identidad del Athletic, los que pretendían poner en tela de juicio su filosofía, los que al calor de una pretendida modernidad reprochaban la excesiva querencia por la tradición, los que querían caricaturizar la historia como batallita de abuelitos, los que no entendían, en suma, de qué hablamos cuando hablamos del Athletic, lo tienen claro desde ayer. Pudieron ver al Athletic total, una suma de voluntades, una comunión de almas rojiblancas que trasciende el mero hecho del fútbol. Así ha sido más de un siglo y así seguirá siéndolo en adelante. ¡Ah! y Del Nido se lo comió enterito. ¡Vaya si se lo comió!.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

La meteorología se pone rojiblanca

Hoy es el día y los hados se han puesto de nuestra parte. Llueve y hace frío, o sea que se anuncia una noche caliente, como las de antes, en San Mamés. Claro que lo del barrillo y esas cosas era en tiempos en los que los equipos respondían a una serie de características vitales que conformaban su personalidad. Con este tiempo climatológico, hace veinticinco años nadie hubiera dudado de que al Sevilla esta noche le caían cuatro en San Mamés. Era cuando el Athletic contaba con gente acostumbrada a jugar con katiuskas y en el Sevilla había mayoría de andaluces, maestros en jugarla de tacón y acostumbrados a un Sánchez Pizjuán que muchas tardes parecía un descampado reseco.
Ahora es otra cosa. Ahora, en cualquier equipo tienen gente acostumbrada a jugar hasta con nieve, todos los campos son alfombras verdes y los equipos han difuminado su personalidad hasta el extremo de hacerlos irreconocibles.
Pero me gusta que el día haya amanecido frío y lluvioso. En el fútbol sigue habiendo mucho de atavismo y no hay color entre llegar a San Mamés mojado y frotándote las manos para entrar en calor, que hacerlo aplatanado por el viento sur.
La meteorología ya está poniendo de su parte; la afición, también. El equipo tiene la palabra a partir de las ocho en punto.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

Athletic-Sevilla: ¿rotación, táctica, estrategia o picaresca?

El calendario nos ha colocado en medio de un dilema de difícil resolución, en un nudo gordiano que ni siquiera la espada de Alejandro podría resolver de un tajo. El doble enfrentamiento contra el Sevilla abre una serie de interrogantes que el periodismo plantea con corrección política para que técnico y jugadores respondan echando mano del manual de tópicos. El partido inmediato es el más importante. Sería una locura no ir a ganar el partido de Liga. No podemos desperdiciar los tres puntos... son frases manidas que venimos oyendo a lo largo de la semana pronunciadas por los mismos que han afirmado cosas como, la Copa no se nos quita de la cabeza o está claro que hasta el partido contra el Sevilla vamos a vivir partidos como éste, tal y como dijo Caparrós después del empate contra el Recre.
¿En qué quedamos?. ¿El partido de Liga es tan importante que vamos a ir a por él o la Copa lo condiciona todo?. Es lo que tiene el hacer preguntas de manual: que te encuentras respuestas que siguen fielmente el libro de instrucciones.
La corrección política y la hipocresía impiden preguntar (y responder) en voz alta, la cuestión principal. Cómo plantear el primer partido, el del sábado... pero de verdad. Y el aficionado, que no es de ayer, se pone en la piel de Caparrós y Jiménez y piensa lo que él haría si le dejaran decidir.
Jiménez cuenta con ventaja en esta partida de ajedrez. Juega con blancas, porque tiene la iniciativa que le da el marcador del primer partido, y tiene más piezas que poner sobre el tablero. El Sevilla podría hacer cuatro o cinco cambios entre los dos partidos sin que su estructura se resintiera demasiado. Además, su tercera posición en la Liga, lejos de los dos primeros, pero con bastante ventaja también sobre sus perseguidores, le permite especular con los puntos en juego el sábado sin demasiados agobios.
Caparrós juega con negras. No le queda más remedio que salir a ganar el miércoles, porque sólo la victoria (y ni siquiera todas) le da paso a la final. El técnico cuenta además con muchas menos piezas que su rival y tiene una dependencia absoluta de su 'reina'. Porque todo el juego del Athletic está basado en la 'reina'. Peones, alfiles o torres tienen una importancia secundaria en el tablero. La 'reina' es el eje y todos sabemos quién es esa 'reina'.
A Jiménez le basta con neutralizar la 'reina' del rival, incluso puede permitirse un intercambio de piezas, 'reina' por 'reina', porque el resto de sus piezas blancas están mejor colocadas y tienen un juego más potente que las negras sobre el tablero.
Universalmente aceptada esta premisa, la pregunta es si Caparrós se va a arriesgar a hacer jugar a Llorente el sábado o lo va a guardar para el miércoles a salvo de inoportunas lesiones u otros imponderables. Si por algo se caracteriza el técnico del Athletic es por conocer la cara B del fútbol, esa por la que no se pregunta en público aunque todo el mundo sepa de su existencia.

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jueves, 5 de febrero de 2009

San Mamés decidirá

Antes del partido hubiera firmado perder por 2-1 en Sevilla. Y después del partido...también. Perder por la mínima en el partido de ida de una semifinal de Copa habiendo marcado un gol, no es un mal resultado para el Athletic, ni mucho menos. Es verdad que encajar el tanto de la derrota en la prolongación, deja un poso de decepción, pero a los efectos de la eliminatoria ese gol no es tan trascendente. Es verdad que con el empate a uno, el Athletic estaba virtualmente clasificado y que le bastaba con empatar sin goles en San Mamés, pero creo que el empate a cero es un resultado imposible si sobre el terreno están el Sevilla y el Athletic. Los de Caparrós estaban obligados a marcar al menos un gol en el partido de vuelta, y ahora también lo están. Y si el asunto se analiza desde el punto de vista anímico, tan importante en el fútbol y más en el Athletic, a los leones les viene mejor saltar al césped obligados a ganar, que hacerlo especulando con la posibilidad de que el empate también les vale.
No es éste un equipo que sirva para especular, como se pudo comprobar en el Sánchez Pizjuán. Su apuesta por defender el gol que marcó Llorente al filo del descanso, acabó con el equipo no atrincherado en su área, sino aplastado contra su propia portería, que no es lo mismo. Tanto es así, que los dos goles del Sevilla llegaron en remates prácticamente en el área pequeña, tal fue su presión.
Le vino bien el agua al Athletic durante el primer tiempo, no porque favoreciera su juego, que el fútbol de los Yeste, Orbaiz o Llorente no se parece en nada al que apunta el tópico del balonazo, sino por lo que perjudicó la circulación del Sevilla. Los de Jiménez quedaron frenados en el inmenso charco en el que se convirtió el terreno y la ralentización del juego facilitó las cosas a los de Caparrós, que se limitaron a defender con orden las previsibles acometidas de un Sevilla que no entendió cómo se juega en esas circunstancias.
Cuando Llorente consiguió cumplir el objetivo de marcar al menos un gol en Sevilla, hubo quien ya se vio en la final de Valencia. Craso error. El equipo local demostró durante toda la segunda parte que es un rival temible hasta el último minuto por su capacidad de presionar al rival a lo largo de todo el campo. El Athletic se echó atrás, primero voluntariamente, y después porque no le quedó más remedio, superado como estaba en todas las facetas del juego. Con el césped más seco, el Sevilla pudo hacer su juego y ahí demostró que es superior al Athletic. Así de claro. Hacía tiempo que los de Caparrós no se veían metidos en tantos problemas en un partido y al final lo pagaron con una derrota que puede considerarse un triunfo por su cortedad.
Salir vivos de Sevilla era el objetivo y el Athletic puede darlo por cumplido. Conseguir aplazar la resolución de la eliminatoria para San Mamés ya es un triunfo después de jugar noventa minutos en un escenario tradicionalmente inaccesible y ante un rival con una gama de recursos lo suficientemente variada como para hacer daño a un equipo que lo basa casi todo en una entrega fuera de lo común. Ocurre que el Sevilla también sabe apelar a la heroica pero además tiene calidad. Y es bueno que lo recuerden quienes ya se relamen con el ambiente, la presión, y todas esas cosas que se anuncian para el partido de vuelta. San Mamés decidirá, es obvio, pero que nadie olvide que el Athletic tendrá enfrente un rival con su misma capacidad de combate y un punto más de calidad individual.
Queda un mes para ese partido, una eternidad en el reloj del fútbol. Pueden ocurrir muchas cosas hasta entonces. Desde lesiones hasta cualquiera de las circunstancias que hacen a este deporte imprevisible, aunque menos de lo que pueda parecer a primera vista.
Este mes que queda por delante constituye una magnífica ocasión para comprobar hasta qué punto Caparrós sabe gestionar a su plantilla para navegar sin problemas en la Liga y llegar en el mejor momento de forma al partido más importante que jugará el equipo en mucho tiempo. Al club y a la afición, este mes les servirá para mantener viva la llama de la ilusión, que no es poco. El Athletic salió vivo de Sevilla y, lo que es mejor, se siente vivo, una sensación que tratándose de fútbol, puede llegar a ser determinante.

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viernes, 17 de octubre de 2008

Todo hará falta contra el Barça

Dicen que se han agotado las entradas de los fondos de San Mamés para recibir al Barça. No era la impresión que tuve cuando pasé por el campo el miércoles pasado. Las taquillas estaban abiertas para los socios, pero éstos no estaban...ni se les esperaba. Es una buena noticia que los fondos se llenen pese a la presencia de la televisión y de las escasas noticias que han salido desde el propio club durante todos estos días. Ninguna, en realidad, salvo precisamente el anuncio de que la visita del Barcelona sería medio día del club, emitido horas después de la Asamblea de Compromisarios. Por lo demás, nada de nada. Ni un mensaje de aliento, ni una declaración pidiendo apoyo, ni un gesto que transmitiera que en Ibaigane y en Lezama están preparando un partido distinto. Pura rutina. Eso sí, después de la Asamblea, Caparrós salió en la prensa del régimen advirtiendo a los rojiblancos sobre la tan necesaria unidad para llevar la nave a buen puerto. Recordó Caparrós, a modo de admonición, las calamidades que padeció su Sevilla cuando se rompió su unidad.
Me está empezando a cargar Caparrós por su afán de dictar lecciones a una afición que se podría pasar días explicándole a él lo que es el Athletic y lo que es el fútbol. Ya me llamó negativamente la atención cuando en su afán de hacerle la ola a García Macua tras la venta de Aduriz, nos explicó que con aquel dinero mejoraríamos la cantera o podríamos fichar a Xabi Alonso. Ahora, cuando se ha vuelto a tirar en plancha a los pies del presidente, no me ha extrañado en absoluto. Ya le vamos conociendo.
Caparrós podría haber recordado que entre las calamidades que asolaron a su Sevilla destacó sobremanera aquel descenso a Segunda B el verano de 1995, junto con el Celta, por no avalar en el plazo legal la deuda con los jugadores. Aquello no fue producto de la falta de unidad o de las discrepancias de los socios o los accionistas; fue producto de una gestión nefasta, propia de un club de pandereta. Luego sí que hubo unidad de acción para sacar a la calle, en Vigo y en Sevilla, a las masas enardecidas para evitar un descenso que provocaron sus propios dirigentes. ¡Qué país, Miquelarena!.
Pero volvamos al Athletic y al partido contra el Barcelona porque todo le hará falta al equipo no ya para sacar adelante el compromiso, sino para salir de él con daños que no sean irreparables. Le harán falta los fondos llenos, sí, pero también una mayor fe en sus posibilidades, una mejor disposición táctica, un plan de juego y un orgullo que me temo que hace tiempo tiene, por lo menos, congelado. Como le hacen falta tantas cosas, me parece muy complicado que las consiga todas de golpe, así que no tengo más remedio que ser pesimista, muy pesimista respecto a la suerte del Athletic este domingo. Es más, por mucha imaginación que le ponga, no acierto a ver la forma en la que los leones puedan frenar a un rival con tantos recursos y con tantas variables en el juego como el Barcelona.

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lunes, 6 de octubre de 2008

Jornada de puertas abiertas del Athletic

El Athletic celebró el domingo en Sevilla una jornada de puertas abiertas en la que solo faltaron los autógrafos. Se abrió el partido con el fallo de Balenziaga y se cerró con el de Amorebieta. En medio, otra cantada de los centrales y un gol, el tercero, que fue un retrato al aguafuerte de lo que fue el partido. Recordemos. El Athletic intentó un contrataque con poca velocidad y menos espíritu, que acabó en corner. El rechace del saque de esquina se fue a un saque de banda a la altura de la frontal del área grande del Sevilla. Puso el balón en juego David López, lo robó el Sevilla y en un contrataque de libro acabó con el balón en la red de Iraizoz. Cualquier parecido con el contragolpe previo que habían intentado los rojiblancos es pura coincidencia.
He visto muchas veces este partido en Sevilla. Incluso he visto adelantarse al Athletic en el marcador jugando francamente bien, para acabar goleado. He visto de todo en el Sánchez Pizjuán, incluso si fuera americano tendría una camiseta conmemorativa de la última victoria en el campo de Nervión con la leyenda, 'Yo estuve allí'. He visto tantas cosas en aquel campo que ya no me extraña nada, ni siquiera el patético partido de este domingo.
El Athletic no empezó mal. Controló el juego y aguantó veinte minutos decorosos. No hacía nada en ataque, pero el Sevilla tampoco se prodigaba en el área de Iraizoz, a pesar de que el portero ya se tuvo que lucir sacando un cabezazo envenenado a una mano. Hasta que llegó la cantada de novato de Balenziaga. Se supone que al menos habrá servido para que el lateral haya aprendido que el ritmo y la velocidad de las acciones en Primera División no tienen nada que ver con lo que ha estado acostumbrado hasta ahora.
Después llegó la catástrofe previsible para un grupo que sale al campo sujetado por pinzas. En cuanto recibe la más leve sacudida se cae con todo el equipo. El Sevilla sin hacer absolutamente nada más que estar bien colocado en el campo, fue recogiendo los regalos de los rojiblancos en su peculiar jornada de puertas abiertas. Hasta Iraizoz tuvo manos de mantequilla. Mal asunto si el portero empieza a fallar, porque era el último agarradero al que se aferraba la afición, y me temo que hasta el equipo, para creer en algo.
Ya tengo dicho que los problemas del Athletic no son de índole táctica ni responden a un determinado esquema. Son mucho más profundos porque no obedecen a una determinada coyuntura, así que no merece mucho la pena hablar del nuevo experimento de Caparrós colocando a Javi Martínez casi como segundo delantero por delante de una línea de cuatro centrocampistas que ni creo ni destruyó; se limitó a estar como un mueble. De la novedad propuesta por Caparrós me quedo con el vértigo que produce que a estas alturas de la película sigamos con experimentos.

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domingo, 13 de enero de 2008

El gol es la ley del fútbol

Decía Caparrós antes del partido que el Sevilla tiene la mejor plantilla de la Liga. El técnico tendrá sus razones para hacer esta valoración. Pero lo cierto es que la mejor plantilla de la Liga acusó ayer en San Mamés la baja de dos jugadores: sus delanteros Luis Fabiano y Kanouté, que llevan marcados veinte goles, dos más que todos los que ha conseguido el Athletic en la primera vuelta. El Sevilla fue menos Sevilla sin sus delanteros titulares y el equipo de Caparrós lo agradeció y supo aprovechar la circunstancia, que es lo más importante. Porque el Athletic hizo ayer los noventa minutos más completos de la temporada en San Mamés y encima en los momentos de flaqueza le acompaño la suerte que pedía su entrenador la víspera.
Las ausencias del Sevilla no pueden empañar el triunfo de los rojiblancos, labrado a base de constancia, fe y una entrega encomiable de todos los jugadores. Es cierto que los andaluces fueron un equipo romo, pero no es menos verdad que, como decía Caparrós, cuentan con un plantel suficiente para presentar un once muy competitivo. Pero ayer en San Mamés se vio la importancia que tiene el gol en esta Liga. La mejor plantilla de la categoría, Caparrós dixit, sucumbió ante un Athletic que, esta vez sí, vio puerta por fin. Es tal igualdad en esta competición que un detalle, una ausencia, determinan el resultado de un partido. Lo que padeció ayer el Sevilla, la ausencia de gol, lo viene padeciendo el Athletic toda la temporada. Es lo que básicamente diferencia a ambos equipos como se pudo comprobar anoche.
Ningún pero que poner al magnífico y tan necesario triunfo de los leones. Su excelente primer tiempo trajo la recompensa del gol de Yeste tras el excelente pase de David López. Luego, a la vuelta del vestuario, cuando el Sevilla parecía lanzado en pos del empate, el árbitro le cortó las alas expulsando a Escudé por un codazo a Aduriz. Al Athletic le costó un rato entender que estaba en superioridad numérica. El peso de la clasificación obnubila las mentes. Pero el gol oportunista de Susaeta encendió por fin la luz. A partir de ahí, los leones se liberaron definitivamente de la presión y acabaron gustándose.
Mención aparte merece la reacción de San Mamés cuando Aranzubia tuvo que sustituir al lesionado Iraizoz al filo del descanso. La ovación que tributó el público al suplente después de los pitos del pasado miércoles por su grave fallo, sólo puede surgir de una afición sabia, que sabe distinguir el grano de la paja y estar con el equipo en los momentos decisivos. Fue un momento ciertamente delicado el del cambio y se resolvió con brillantez. Fue un golazo que aunque no subió al marcador, puso en ventaja al equipo de casa.

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