Pero todo se dio por bien empleado ante las actuaciones del nuevo portero. Su llegada permitió enseñar la puerta de salida a uno de los que estaban y relegar, hasta la humillación al otro que se quedó. Pero nada importaba. Teníamos portero, por fin, y tanto portero teníamos que cuando se lesionó, se fichó a toda prisa a otro suplente, esta vez del Cádiz, para que defendiera la misma portería que defendieron Lezama, Carmelo o Iribar, por hacer una cita histórica.
El sucesor de Iribar y Zubizarreta empezó a preocupar la siguiente temporada. Este año, Gorka Iraizoz ha dado muestras de un nerviosismo inexplicable, manos de mantequilla y nervios cercanos al baile de San Vito a la hora de sacar de puerta. Problemas misteriosos, influencia del entrenador de porteros con su cámara que lo graba todo... Aficionados, tertulianos y periodistas especulaban con las razones de semejante cambio, sin querer reconocer en ningún momento que quizá, solo quizá, se precipitaron en su primer diagnóstico. Claro que a nadie le gusta rectificar, por mucho que le atribuyan al acto virtud de sabios. La temporada pasada (doce partidos) teníamos no un portero, sino un porterazo y este año volvemos a tener solo un montón de dudas debajo de los palos. ¿Qué ha pasado?. Quí lo sá, contestaría un italiano.
En Santander el Athletic perdió dos puntos de oro por culpa del portero. Es lo que tiene ser el último hombre del equipo. Que cuando fallas es gol en contra y tú eres el culpable. Qué le vamos a hacer. Se dirá que si fulanito no llega a fallar en el área contraria o si menganito acierta con aquel remate a última hora... Se dirá lo que se quiera, pero el Racing le marcó un gol al Athletic sin rematar ni una sola vez entre los tres palos durante todo el partido. Manda huevos, que diría el simpar Trillo.
Es verdad que en el gol que marcó Yeste el balón se envenenó tanto tocando primero en un defensor y luego en el suelo, que cabe atribuir el tanto a la fortuna. Pero el Athletic al menos buscó su suerte en el Sardinero, algo que el Racing no hizo en ningún momento. De la alineación que presentó Caparrós no merece la pena hablar por dos razones: porque que juegue unos u otros es irrelevante y porque por mucho que hablemos no sacaremos nada en limpio. De la posición de Yeste escorado a la banda, más de lo mismo. Llueve sobre mojado.
Jugaron los rojiblancos un partido discretito, pero les bastó con mantener el orden y la concentración para anular a un rival que no es ni la sombra del que sorprendió el año pasado. El Racing se parece más a lo de todas las temporadas, es decir, a un equipo mediocre que tiene que correr y luchar mucho más que el rival para imponerse. No tiene otras virtudes el equipo cántabro, o sea, que se parece mucho al Athletic, y como a los leones a honrados no les gana nadie, el equipo local nunca pudo aspirar a nada más que el empate.
Ni siquiera el hecho de jugar el último cuarto de hora en inferioridad por la expulsión de Orbaiz, dislocó las líneas rojiblancas. Gurpegui ya llevaba unos minutos sobre el terreno y su presencia fue suficiente para mantener la solidez defensiva de un equipo que jugaba favor de marcador.
Nada hacía presagiar que el Athletic podría encajar un gol. Nada hasta que llegó el centro de Colsa que Iraizoz se tragó en una cantada de las que hacen época. Los tres puntos hubieran desahogado al equipo en la clasificación y hubieran supuesto una inyección de moral importante. El error del portero sumerge a todos en un mar de dudas. Tenemos portero o no tenemos portero. A las siete de la tarde del domingo los aficionados se tomaban la pregunta como una ofensa personal. A Iraizoz le toca despejar las dudas con más contundencia que con la que últimamente despeja los balones.
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