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jueves, 31 de mayo de 2012

Balance de un año para el recuerdo (II)

Un sistema defensivo con sorpresa y debate

Los laterales son pieza clave en el sistema de Bielsa por su aportación al juego ofensivo del equipo. El técnico rosarino busca provocar el desconcierto en las filas rivales con incorporaciones constantes por las bandas, que aportan superioridad numérica en el centro del campo y soluciones atacantes siempre que prolonguen la carrera prácticamente hasta el banderín de corner. Le costó a Bielsa encontrar a sus jugadores ideales para ocupar posiciones tan vitales, y queda la impresión de que después de sesenta y tres partidos, todavía no está del todo conforme con lo que ha visto.
Empezó la temporada con debate. Descartó a Koikili, que no ha jugado un solo minuto pese a que ha habido partidos en los que Bielsa ha tenido que improvisar un lateral izquierdo, y apartó de la titularidad en la banda derecha a Iraola, para concedérsela a Gurpegui. En el lado izquierdo Castillo pareció el elegido en un primer momento aunque al caer lesionado, finalmente ha sido el joven Aurtenetxe el que ha asumido la responsabilidad convirtiéndose en uno de los más habituales con treinta partidos de Liga como titular, la Copa al completo y trece de los dieciseis partidos de la UEL en el once inicial.Una buena marca para un cuasi debutante que despuntó como central en las categorías inferiores. Se le nota la querencia y la falta de recursos en la banda, pero en general puede decirse que ha cumplido en la medida de sus posibilidades y de su juventud. Por la derecha, Iraola recuperó el sitio antes incluso de que Gurpegui sufriera la gravísima lesión que le ha mantenido apartado prácticamente toda la temporada. El internacional superó el trance y poco a poco recuperó su mejor nivel, aunque en el tramo final ha tenido que sufrir lo suyo, víctima de unos problemas en el pubis que han terminado de apartarle de la Eurocopa.
De Marcos ha sido el comodín al que Bielsa ha recurrido para ocupar cualquiera de los dos laterales, unas veces por pura necesidad y otras como alternativa táctica, pero el alavés ha brillado sobre todo en el centro del campo. Iñigo Pérez ha sido otro de los recursos de emergencia para la banda izquierda con suerte dispar puesto que tampoco es un especialista en la posición, lo que ha puesto de manifiesto dos cosas: las carencias de la plantilla rojiblanca, descompensada en algunas posiciones, y la tendencia de Bielsa a buscar la polivalencia de sus jugadores de forma que de una plantilla muy corta puede extraer equipos de diversas configuraciones con solo mover a dos o tres hombres de sitio.
Pero no fueron las dudas en los laterales los únicos motivos para la discusión que planteó Bielsa en el arranque de la temporada. Fue el eje de la línea donde la aportación del técnico se puso de manifiesto con la presencia de Javi Martínez como segundo central formando pareja con Amorebieta. La posición del de Aiegi provocó el primer gran debate en torno a los sistemas de Bielsa. Javi Martínez había brillado como medio centro desde su llegada al Athletic, posición desde la que alcanzó la internacionalidad absoluta y el Mundial de Sudáfrica. Todavia hoy se discute sobre cuál es la posición donde mejor se desenvuelve un jugador que puede rendir al más alto nivel tanto como central como de medio centro, o incluso en la media punta, sitio que ocupaba en Osasuna cuando el Athletic se fijó en él siendo todavía casi un juvenil. Javi Martínez es lo que los ingleses denominan un box to box, un jugador capaz de rendir a gran nivel prácticamente en todo el campo. Sin embargo, lo que espera Bielsa de Javi lo ofrece mejor desde el eje de la defensa. Con el sistema de Caparrós, la función del navarro era barrer el centro del campo y aportar su poderío físico a base de arrancadas. Bielsa prefiere que se limite a destruir más atrás dejando la conducción y la creación para otros. Prefiere a Iturraspe en la antigua posición de Javi por su mejor criterio a la hora de sacar el balón.
Puede decirse que Javi Martínez ha rayado a gran altura en su nueva posición. De hecho es muy probable que Del Bosque le utilice en ese puesto en la Eurocopa. Como todo el equipo, ha tenido sus altibajos, pero en líneas generales ha respondido a plena satisfacción aunque, como otros, ha fallado en los momentos clave, como han sido las dos finales. El Athletic ha ganado un gran central y sigue disponiendo de un gran centrocampista si la ocasión lo requiere. Ha formado una excelente pareja con Amorebieta, uno de los jugadores a los que más ha beneficiado la llegada de Bielsa. El internacional por Venezuela ha ofrecido esta temporada su mejor perfil desde que llegó al primer equipo. Se le ha visto muy centrado, midiendo su poderío físico en las disputas, muy concentrado en los marcajes y con mucha fortaleza en el juego aéreo en las dos áreas. Le ha venido bien su compromiso con Venezuela y el buen nivel que ha alcanzado en aquella selección y le ha venido bien, sobre todo, Bielsa. Ha sentado la cabeza, se ha encontrado a sí mismo y parece que ya ha decidido lo que quiere ser de mayor: un central de largo recorrido en el Athletic.
Si Amorebieta ha sido uno de los grandes beneficiados por la llegada del argentino, Ekiza y San José han resultado visiblemente damnificados. El primero fue la gran revelación en el tramo final de la pasada temporada, pero no ha podido darle continuidad a su trayectoria en la que acaba de finalizar. Tampoco San José ha terminado de convencer a Bielsa, aunque en la primera fase del curso le eligió como el primer relevo para el tandem titular por su calidad con el balón en los pies. Pero Ekiza acabó comiéndole el terreno, sobre todo a raíz de una buena actuación en el Campo Nou donde sacó a relucir su velocidad y contundencia. Pero no ha sido el del año pasado ni de lejos. Aquel central que acabó con su cuenta de sanciones a cero ha visto este año cinco tarjetas amarillas y una roja, todas por llegar a destiempo, por pura impotencia. No les han sobrado las oportunidades ni a Ekiza ni a San José  por el nulo interés del técnico en las tan traídas y llevadas rotaciones. Con Iñigo Pérez son los que menos partidos han jugado de entre los quince jugadores con los más ha contado el técnico.
El portero es el último hombre o el primero, según se mire, del sistema defensivo de un equipo. Gorka Iraizoz está condenado a vivir no ya bajo la lupa, sino en el porta del microscopio que detecta y amplifica el mínimo fallo. A lo largo de la temporada ha sido el portero de siempre, el que alterna intervenciones excelentes y plenas de reflejos bajo los palos con fallos y dudas en cuanto tiene que abandonar el área pequeña. Los balones cruzados son su martirio, como lo son para todos los porteros aunque el público solo ve sufrir al de su equipo. Ha salvado algunos puntos y ha perdido otros, aunque en la memoria colectiva pesan más estos que aquellos. También ha mantenido al equipo de pie en algunos momentos comprometidos de la competición europea, pero esos suelen ser detalles condenados al olvido, pinceladas de calidad que desaparecen bajo el trazo grueso del error de bulto. La llegada de Bielsa le ha complicado la vida a Iraizoz puesto que se ve obligado a jugar más con los pies y a participar del juego colectivo colaborando en facilitar la salida del balón. Y el juego con los pies es, con diferencia, su punto más débil, un inconveniente grave en un fútbol que cada vez exige a los porteros bastantes más cosas que parar balones. Su falta de progreso en esta faceta siembra una duda más que razonable sobre el trabajo que ha venido haciendo en Lezama. Cinco años después de su llegada, no se advierten progresos. Al portero del Athletic parece costarle además interpretar cada momento del partido y más de una vez se le ha visto con un criterio errático a la hora de imprimir velocidad o tratar de parar el juego, según fuera lo más conveniente para el equipo. El técnico le ha otorgado toda la confianza, puesto que solo ha concedido dos oportunidades a Raúl, una en la Liga y otra en la UEL. Echando un vistazo a la nomina de porteros en activo no se ve a ninguno que sea ostensiblemente mejor que Iraizoz. Que en San Mamés se siga añorando a Zubizarreta o incluso a Iribar, es otra cuestión.
El Athletic ha encajado 81 goles en 63 partidos, 1,2 por encuentro. 52 en los 38 partidos de Liga, 1,3 de promedio; 6 en los 9 de Copa, 0,6 de media; y 23 en los 16 de la UEL, 1,4 por partido.
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domingo, 29 de abril de 2012

Resacón en La Romareda

Hay días en los que uno no está para nada. Días de esos en los que más vale no levantarse de la cama. El Athletic tuvo un día de esos en La Romareda, un día en el que todo le salió mal o peor. Los de Bielsa le regalaron los tres puntos al Zaragoza concediendo dos goles de risa, pero con ser mala la derrota, peor fueron las tarjetas amarillas que vieron Iturraspe y Herrera porque les inhabilitan para jugar el miércoles contra el Real Madrid. Dos de los cinco únicos titulares que comenzaron el partido, acabaron seriamente damnificados y con ellos todo el equipo. En efecto, hay días que es mejor borrar del calendario.
Marcelo Bielsa decidió dar descanso a buena parte de sus titulares. De hecho, solo Iturraspe, Herrera y De Marcos completaban una linea reconocible. Atrás, Iraola era el único habitual junto con Iraizoz. Descanso para los dos centrales titulares, ausencia obligada del lateral izquierdo y delantera inédita con Ibai, Toquero y Gabilondo. Los que pedían rotaciones a Bielsa pueden darse por satisfechos. Seguro que ahora no faltarán voces en esas filas rotacionistas que censurarán al técnico el haber debilitado tanto el equipo. La cosa es estar entretetenidos y buscarle los tres pies al gato.
Sólo un par de detalles, decisivos evidentemente, pero detalles a fin de cuentas, arruinaron el plan de un Athletic que salió mandón, seguro de sí mismo pese a conformar una alineación irreconocible, y ambicioso. El Zaragoza vivió angustiado el arranque del partido, superado en el centro del campo, sin ver el balón y acusando su estado de necesidad. Los suplentes del Athletic se bastaban y se sobraban entonces para mantener la posesión del esférico y rondar el área contraria con cierto peligro. El guardamenta Roberto tuvo que emplearse a fondo en más de una ocasión para evitar un gol que podía acelerar el viaje a Segunda del Zaragoza.
Primer detalle. Iñigo Pérez no es defensa aunque ayer jugó como lateral izquierdo. Un defensa de verdad no se hubiera limitado a acompañar a un rival en su carrera desde el centro del campo hasta el borde del área. Si Iñigo no cumplió con su trabajo en esa jugada, tampoco lo hicieron Ekiza y San José, que olvidaron por completo la coordinación que tenían el año pasado. Entre los tres extendieron la alfombra roja a los pies de Edu Oriol para que éste fusilara a un Iraizoz del que tampoco se puede decir que se ganara el sueldo en ese remate.
Después de sufrir media hora, el Zaragoza vio el cielo abierto con ese gol. Que alcanzara el descanso conservando su ventaja solo fue posible porque un remate a bocajarro de De Marcos se estrelló en la cabeza de Alvarez en la misma línea de gol. No, estaba claro que no era el día del Athletic. Fue el segundo de los detalles que determinaron la suerte del partido.
El tercero llegó nada más iniciarse la reanudación. Bielsa había recurrido a Susaeta para ocupar el puesto de un Gabilondo ausente y se suponía que esa solo iba a ser la primera de las maniobras desde el banquillo rojiblanco. No hubo tiempo para contrastar la eficacia del cambio. Apoño sacó una falta aproximadamente desde la Almunia de doña Godina y el balón se coló en la red tras escurrirse de los guantes de Iraizoz. Hacía tiempo que el portero no cometía un fallo de semejante calibre, pero ya hemos quedado en que hay días en los uno no está para nada.
Dos goles de desventaja son muchos incluso si estás ante un rival en un estado de necesidad como el que padece el Zaragoza. El dominio en el marcador tranquilizó al Zaragoza que a partir de entonces se limitó a nadar y guardar la ropa. La entrada en el campo de Llorente y de Muniain no cambió el rumbo del partido. Para entonces el Athletic ya estaba sumergido en la espesura de una resaca importante. Confusos y descentrados, los leones componían solo una mala imitación del equipo que estamos habituados a ver esta temporada.
Tampoco es la primera vez que le ocurre algo parecido al equipo. Sus dos exhibiciones más brillantes de la temporada, aquellas victorias contra el Manchester United, se saldaron con una triste derrota ante Osasuna en el Sadar y un 0-3 contra el Valencia en San Mamés. Después de eliminar al Lokomotiv, los leones no pasaron el empate en el campo de un Villarreal que a estas horas es el objetivo que se ha marcado alcanzar el Zaragoza para lograr la permanencia a su costa.
Si a la descompresión lógica que tiene que sufrir un equipo que viene de vivir una noche como la del pasado jueves, se le suma un cambio tan radical en la alineación, el resultado más previsible es lo que vimos en La Romareda. Lo triste es que con un poquito de fortuna y otro poquito de acierto, o simplemente un rendimiento normal en un par de jugadas, el partido podía haber tenido un guión bien diferente.
Discutir sobre si el Athletic arruinó sus últimas posibilidades de disputar un puesto para la Champions League resulta ocioso. A estas alturas, con dos finales en perspectiva, el cuerpo técnico tiene que hilar muy fino para conseguir que el equipo llegue a esas citas en el mejor estado de forma posible. Entre la eventualidad de un posible cuarto puesto y la certeza de dos finales, la elección es sencillisima. Perder ante un rival inferior como el Zaragoza puede ser una contrariedad para una afición acostumbrada al éxito este año, pero a veces hay que pagar peajes como esta derrota para poder seguir disfrutando de noches como la del pasado jueves.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Copa, las rotaciones y Bielsa

Si se confirman las predicciones de los periodistas que acuden a diario a Lezama, el Athletic debutará en Copa ante el Oviedo con el mismo equipo que empató en Mallorca, con el único cambio de Iñigo Pérez en el puesto de Aurtenetxe. El asunto merece una reflexión. En primer lugar llama la atención el presunto desprecio del técnico por las llamadas rotaciones; contó con los habituales para ganar al Slovan y al parecer va a seguir en la misma postura en el debut copero. Es verdad que la plantilla rojiblanca está lo sufientemente ajustada como para que no haya tantos efectivos para un cambio masivo en la alineación, pero tampoco son tan escasos como para que el técnico se vea imposibilitado de dar algunos descansos. Otra cosa es que un repaso detallado de los minutos que ha jugado cada uno depare alguna sorpresa como la de comprobar que, en realidad, ha sido la propia competición, con sus sanciones y sus lesiones, la que ha ido rotando a los rojiblancos. En este sentido, la presumible ausencia de Llorente bastaría por sí misma para hablar de rotación.
Se trata del debut de Bielsa en la Copa como entrenador rojiblanco, así que faltan elementos para juzgar su decisión. Puede que su idea sea la de intentar resolver la eliminatoria en la ida y dejar el descanso de algunos jugadores para el partido de vuelta. ¿Cuántas veces no han hecho esta reflexión los aficionados cuando han visto a su equipo hacer el ridículo en campos de segunda o peores?.
El de Oviedo no es un partido de trámite, y menos para un técnico que entiende la competición como lo hace Bielsa, es decir, sin concesiones de ningún tipo. Habrá que esperar al encuentro ante el PSG, intrascentente en lo deportivo (aunque no en lo económico) para hacernos una idea más cabal acerca de la gestión de plantilla del argentino.
Pero el avance de intenciones del técnico de cara al partido de Oviedo, deja otra pieza para el análisis. La presumible inclusión de Iñigo Pérez en el lugar que hasta ahora había venido ocupando Aurtenetxe en el lateral izquierdo. Llama la atención que el técnico vuelva a las andadas y piense en Iñigo Pérez para un puesto en el que ya lo probó en el lejano partido ante el Espanyol, con escaso éxito. Llama tanto la atención la nueva probatura como los problemas que se siguen centrando en la misma posición. Descartado Koikili y ausente por lesión Castillo, Aurtenetxe parece haber decepcionado en los dos últimos partidos la confianza que le había concedido el entrenador. Baste recordar que en ambos el míster repitió el cambio en el descanso, dando entrada a Gabilondo para que De Marcos pasara al lateral izquierdo. Es ésta última otra de las alternativas que ha venido barajando Bielsa en no pocos partidos, aunque al parecer ahora quiere insistir con Iñigo Pérez. Para el esquema de juego del Athletic es imprescindible contar con dos laterales con salida al ataque y buen manejo del balón. Si en un dibujo más conservador y menos exigente, ya había problemas para encontrar el candidato ideal, es lógico que ahora la selección se complique mucho más.
De todas formas no es el mejor síntoma que a estas alturas continuemos con las probaturas y menos cuando ese ha sido prácticamente el único frente de crítica que ha tenido Bielsa hasta el momento. No es un buen síntoma y no precisamente por la indecisión del entrenador, sino porque queda claro que estamos ante un problema de estructura de plantilla y no de coyuntura de bajas formas o lesiones. Y lo que es peor no es descabellado deducir de las pruebas de Bielsa que tampoco se adivina una solución a corto plazo en la cantera. Y recordemos que quien suele ocupar ese sitio en el Bilbao Athletic fue en su día uno de aquellos fichajes del fútbol base que no pasaron desapercibidos.

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viernes, 2 de diciembre de 2011

Más herramientas para asaltar fortines

La fama del Athletic de Bielsa también llega a Eslovaquia, como bien demostró la víspera del partido el entrenador del Slovan con sus declaraciones. Así que los rojiblancos se encontraron con una nueva muralla a derribar en San Mamés en una noche poco grata para el fútbol. El viento es el peor enemigo del futbolista y la noche estuvo ventosa, amén de anodina. El público acudió a la grada relajado por la poca trascendencia del partido y el propio equipo saltó al campo con un cierto espíritu funcionarial, impropio de este grupo. Bielsa aprovechó para hacer una nueva prueba, poblando el centro del campo de más gente de creación si cabe. Con De Marcos en el puesto de Iraola y Javi Martínez otra vez central, Iñigo Pérez ocupó el medio centro por delante de los dos stoppers, dejando unos metros más adelante a Iturraspe, escoltado por Susaeta, Herrera y Muniain, con Llorente arriba del todo. No se puede pedir más capacidad de creación a un equipo, pero toda la imaginación de los rojiblancos se quedaba en fuegos de artificio en la zona que va desde el centro del campo hasta el borde del área. En el terreno donde se deciden los partidos apenas ocurría nada, muchas veces por la superpoblación de jugadores rivales, y otras por el empecinamiento de los de casa en llegar con el balón cosido a la bota hasta el área pequeña.
No sucedía nada pero tampoco le importaba demasiado al personal, convencido en su fuero interno de que el Slovan acabaría cayendo como fruta madura. Cuando De Marcos encontró en el área un balón sin dueño y lo llevó a la red, dio la impresión de que, efectivamente, el pronóstico unánime se acabaría cumpliendo. Abierta la lata, lo lógico era pensar que el Slovan daría un paso adelante aunque fuera por vergüenza profesional, y que ahí encontraría el Athletic los huecos para rematar el partido.
Con lo que nadie contaba era con el fallo de Iraizoz. Dudó el portero en la salida, calculó mal el tiempo y el espacio, y el balón no llegó al área, que era donde él decidió esperarle para recogerlo con las manos, en lugar de dar dos pasos y despejarlo con el pie. Llegó antes el jugador eslovaco para dejarle en evidencia y marcar un gol que no esperaba ni el más pesimista de los locales ni el más soñador de los visitantes. Que el partido llegara al descanso con empate daba pie a una profunda reflexión sobre lo injusto del orden universal, la relatividad de esta vida o incluso para volver a Kant y pensar un rato en la crítica de la razón pura. Pero la perspectiva de un bocadillo de tortilla es demasiada tentación incluso para el aficionado más juicioso.
El que llegó al descanso ya pensado fue Bielsa, quien decidió empezar el segundo tiempo con una formación sustanciamente distinta. Dejó en la caseta a Iñigo Pérez para dar entrada a Iraola en la banda, lo que devolvía a De Marcos al centro del campo y a Iturraspe al medio centro. De nuevo toda una lección de cómo un solo cambio puede revolucionar tácticamente a todo el equipo. El otro cambio, el de Toquero por Llorente, puede parecer, y de hecho lo es, un más simple hombre por hombre, pero su resultado fue más apreciable en el cómputo final. Quizá Bielsa pudo comprobar por fin el efecto que produce la presencia de Toquero en el equipo y en la grada. No hablamos de fútbol, o quizá sí, porque el fútbol no es solo el manejo más o menos ordenado del balón. Toquero aporta otras cosas, esos intangibles que al final suelen ser tan determinantes o más que esos datos que reflejan las estadísticas tan de moda.
Por decirlo sencillo, Toquero le puso las pilas al equipo y a la grada. El anodino primer tiempo, dio paso a la electricidad del segundo. El Slovan se seguía defendiendo en su área, pero ahora el Athletic le atacaba de una manera diferente, más sanguínea. La conducción con el balón cosido a la bota dejaba paso al barullo en el área, al balón colgado; la imprecisión alternaba con el taconazo exquisito. Cuando el propio Toquero le colocó dos sombreros a su par en el filo de la línea de fondo, el partido ya estaba donde quería el Athletic.
Que el gol de Susaeta fuera de un cabezazo como sin querer, no resta mérito al triunfo rojiblanco, porque nadie en sus cabales puede dudar de la incontestable superioridad que manifestó el equipo local incluso en los momentos de mayor despiste, que los tuvo, sobre todo en los minutos previos al descanso. El gol mal anulado a Herrera por inexistente fuera de juego, hubiera servido para que el marcador reflejara mejor lo que sucedió en el terreno de juego, pero los árbitros son árbitros, aquí y en Estonia, qué le vamos a hacer. La UEFA puede seguir ensayando con la recuperación de los antiguos jueces de gol, armar a los colegiados con micrófonos y pinganillos y hasta pueden pitar con sonido estereofónico. El error es parte de la condición humana y los referees, además de humanos, son árbitros.
Bielsa, que toma nota de todo, pudo comprobar de forma empírica que hay ocasiones en las que el corazón supera a la razón. No estuvo mal el experimento de Iñigo Pérez e Iturraspe ocupando el eje del equipo, porque ambos surtieron de balones interesantes a sus compañeros en las bandas y dieron sentido al juego de ataque, pero estuvo mejor la reivindicación de Toquero. Probablemente no será un futbolista del gusto de Bielsa, ni será nunca un titular en su esquema, pero el delantero demostró que tiene garra de sobra, voluntad para parar un tren y suficiente fútbol en las botas como para ser una alternativa eficaz a la hora de asaltar los fortines con los que se va a seguir encontrando el Athletic en San Mamés.
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domingo, 20 de noviembre de 2011

Un ejercicio de estilo

A estas alturas, y después de partidos como los disputados contra el Barcelona, el Valencia o el Atlético de Madrid, quedaban muy pocas dudas sobre el proyecto que tiene Bielsa para el Athletic. Siempre queda algún recalcitrante, pero, en honor a la verdad, últimamente no se tenían noticias de los cenizos. Después de la exhibición de los rojiblancos en Sevilla, las únicas dudas que se plantean ante este equipo se refieren a determinar dónde está su techo.
El Athletic acabó con dieciocho años sin conocer la victoria en el Sánchez Pizjuán de una manera brillante, completando a lo largo de los noventa minutos un ejercicio de estilo que define cuáles son sus planes. Llenos de confianza, convencidos de que están en el camino correcto, todos los protagonistas se aplicaron a la tarea con el espíritu de los que se saben en posesión de la verdad. Y la verdad futbolística de este equipo es que se está convirtiendo, si de hecho no lo es ya, en la gran atracción de la temporada. Basta con escuchar y leer lo que se dice del Athletic por ahí. Los rojiblancos encantan a público y crítica con la frescura de su juego, con su atrevimiento juvenil, con su honestidad sobre el césped. El Athletic juega, divierte y se divierte, sin una mala cara, sin recurrir a ese mal llamado otro fútbol, sencillamente practicando un fútbol de verdad, el que merece la pena, el de tocar y salir, el de los apoyos continuos, el del pase y el desmarque, el de la solidaridad de los centrocampistas con los defensas, el de los laterales con los delanteros, el fútbol total que en su día preconizó Rinus Michels y del que Johan Cruyff fue su mejor profeta.
El magnífico partido de Sevilla tiene además una trastienda que merece la pena resaltar, y es la extraordinaria versatilidad que Bielsa ha dado a una plantilla aparentemente corta pero que se alarga hasta casi el infinito precisamente por la polivalencia de muchos de sus componentes. En el Sánchez Pizjuán faltaron Amorebieta, Ekiza e Iturraspe, es decir, los dos centrales titulares y el medio centro sobre el que estaba gravitando el equipo en los últimos partidos. A primera vista las ausencias constituían la disculpa perfecta para explicar cualquier fracaso, incluso para justificar una traición momentánea a los principios. A primera vista y para cualquier entrenador. Para Bielsa no; para el técnico argentino no hay disculpa que valga ni circunstancia que le empuje a traicionar su idea, por muy complicada que sea. Recurrió a San José, el tercer central de su lista, escoltado por Aurtenetxe a la izquierda y Javi Martínez a la derecha. Tres centrales que sin balón recibían las ayudas en las bandas de Iraola por la derecha y de De Marcos, otra vez, en la banda izquierda.
Pero la sorpresa que se reservaba el técnico era otra de más calado si cabe: la presencia de Iñigo Pérez como medio centro por delante del eje defensivo, el sitio de Iturraspe. El navarro, descartado en verano, se convirtió ayer en la clave de bóveda del equipo, el hombre en torno al que orbitaron los Herrera, Muniain, Llorente y Susaeta para hacerse con el balón y los espacios hasta acabar desquiciando a un Sevilla reservón y lleno de dudas que nunca supo cómo superar el planteamiento del rival.
La trascendencia del trabajo de Bielsa radica precisamente en su gestión de la plantilla. Todos los jugadores se consideran importantes porque realmente lo son, y saben que tienen que estar preparados para asumir su responsabilidad en cualquier momento. Se dudó en su día, y fue tema de encendido debate, de la decisión de ceder a Orbaiz al Olympiacos. A primera vista otra vez, parecía que el equipo se quedaba huérfano de un jugador importante en una zona del campo crucial. Tres meses después, Iturraspe lleva camino de consolidarse en ese puesto, Iñigo Pérez acaba de presentar su candidatura y Javi Martínez siempre está ahí para lo que haga falta. Incluso Herrera y De Marcos podrían entrar en otras combinaciones.
El trabajo en la trastienda genera como resultado visible exhibiciones como la del Sánchez Pizjuán. Dieciocho años después (Muniain apenas sabía andar cuando el Athletic ganó allí por última vez) los rojiblancos se dieron un homenaje al que se solo se le puede poner el pero de la falta de contundencia. Un equipo que juega tanto y genera tantas ocasiones claras en campo contrario, merece resolver el partido sin necesidad de correr el riesgo de una jugada desafortunada en el último momento. Es cierto que los rojiblancos jugaron con solvencia, incluso con suficiencia, en el tramo final del partido, pero nadie está a salvo de una jugada desgraciada y menos en un campo tan maldito para el Athletic como el del Sevilla.
Afortunadamente esta vez no hubo accidentes y los leones se llevaron los tres puntos como justo premio al repasito que le dieron al equipo de Marcelino a lo largo de los noventa minutos. Tres puntos que ya sitúan al Athletic en los puestos europeos y que sirven para prolongar su racha de imbatibilidad. El equipo sigue creciendo y lo mejor es que todavía no se adivina qué talla puede alcanzar, aunque aquel equipo adolescente de hace apenas un par de meses apunta a que será un chico alto, muy alto.

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