Sigo apoyándome en terceros. En un momento dado de la retransmisión del partido de Málaga, el comentarista de Canal Plus hizo una reflexión en voz alta: 'La verdad es que suerte, lo que se dice suerte, no está teniendo el Athletic este año', afirmó cuando el marcador todavía no se había movido. Apelar a la mala suerte después de la tercera derrota consecutiva en Liga puede parecer banal, pero es que en el caso que nos ocupa, es difícil sustraerse a contemplar este factor, de peso más que probado en una actividad que no deja de ser un juego. Baste recordar cómo jugó el Athletic en La Rosaleda el año pasado y cómo empató Javi Martínez en el descuento y compararlo con lo que sucedió anoche. Las ocasiones falladas en Cornellá y los regalos concedidos graciosamente al Rayo y al Betis completan el cuadro. ¡Claro que el análisis debe ser más profundo!, pero contemplando todas las variables.
Confieso que después de la escabechina que sufrió la estructura defensiva del Athletic ante el Betis, esperaba el partido contra el Málaga con inquietud. Ni la entrada de Ekiza parecía suficiente para apuntalar una defensa tan ruinosa, teniendo en cuenta que Bielsa apostaba de salida por colocar al etéreo Iturraspe como medio centro. El desarrollo del partido volvió a poner de manifiesto que los designios del fútbol son inescrutables. Ante un Málaga de poderosísimo juego ofensivo, la defensa del Athletic opuso un fútbol de tanta garantía que el equipo andaluz llegó al descanso habiendo cobrado un disparo al palo en saque de falta y una penetración peligrosa por la la banda que acabó en remate alto. A cambio, el Athletic había ofrecido una lección de solvencia en su retaguardia y un fútbol de ataque inusual para cualquier equipo que juega fuera de casa. Otra buena noticia fue el desempeño de Oscar De Marcos como lateral izquierdo hasta convertirse en el jugador más destacado en el bando rojiblanco. Bien en defensa y contumaz corriendo su banda una y otra vez, el chaval se desveló como el lateral que necesita el juego que propone Bielsa. Como Iraola mejoró notablemente respecto de su actuación del domingo, el Athletic dispuso de suficientes alternativas en las dos bandas como para terminar dominando el partido a partir de los primeros veinte minutos. Son aspectos estos, que se quedan en el limbo de las crónicas enterradas por la crudeza del resultado. De ganar en Málaga ahora todo el mundo estaría hablando de las cosas positivas del equipo, que las hay, pero en cambio, el aficionado medio, en su tendencia al masoquismo, prefiere recordar la lentitud de Llorente en el área, el regate que siempre le sobra a Susaeta, pese a que el de Eibar está asumiendo un protagonismo importante a las órdenes de Bielsa, o la frialdad de Gabilondo. Claro que siempre nos quedará Muniain, en cuyas extraordinarias cualidades coinciden ganadores y perdedores de los comicios, si bien ahora nadie recuerda, la memoria es selectiva y frágil, que si el navarro está destacando este año sobremanera, hasta convertirse en el líder del facto sobre el terreno de juego, es porque por fin, está jugando cómo y donde verdaderamente puede desarrollar todo su fútbol.
Pero queda dicho que todas las reflexiones vienen marcadas por ese único punto que figura en el casillero del Athletic a estas alturas. Y es verdad que el equipo ya empieza a necesitar una victoria como el comer para revertir la tendencia. Una victoria que sirva sobre todo para que los jugadores no pierdan la fe, un triunfo que permita aclarar el panorama y que garantice al proyecto un voto de confianza, que sin duda merece por todo lo que apunta, acallando esas trompetas empeñadas en anunciar el apocalipsis.
Menéame
GBookmarks: marcar