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jueves, 22 de septiembre de 2011

Este proyecto se merece un voto de confianza

Al Athletic no le queda otra que apelar a la paciencia y al sentido común de todos sus integrantes, empezando por los socios, después de la nueva derrota cosechada en Málaga. El ambiente post electoral está haciendo estragos y eso es lo peor que le puede pasar a un equipo que sigue amagando pero no acaba de concretar. Ha estado muy oportuno Pako Ruiz en Deia recordando que Heynckes empezó su segundo ciclo en el banquilllo rojiblanco con los mismos números que ahora tiene Bielsa. Estaría bien que lo tuvieran en cuenta quienes datan la fundación del club en 2007, más que nada para que tengan una referencia. Entonces no se habló ni de crisis, ni de finales. El prestigio del técnico alemán no estaba en cuestión y la temporada acabó con tranquilidad y un equipo en crecimiento. Lo deseable sería que ahora sucediera lo mismo; otra cosa será que ocurra, tal y como se está agitando el ambiente en algunos círculos.
Sigo apoyándome en terceros. En un momento dado de la retransmisión del partido de Málaga, el comentarista de Canal Plus hizo una reflexión en voz alta: 'La verdad es que suerte, lo que se dice suerte, no está teniendo el Athletic este año', afirmó cuando el marcador todavía no se había movido. Apelar a la mala suerte después de la tercera derrota consecutiva en Liga puede parecer banal, pero es que en el caso que nos ocupa, es difícil sustraerse a contemplar este factor, de peso más que probado en una actividad que no deja de ser un juego. Baste recordar cómo jugó el Athletic en La Rosaleda el año pasado y cómo empató Javi Martínez en el descuento y compararlo con lo que sucedió anoche. Las ocasiones falladas en Cornellá y los regalos concedidos graciosamente al Rayo y al Betis completan el cuadro. ¡Claro que el análisis debe ser más profundo!, pero contemplando todas las variables.
Confieso que después de la escabechina que sufrió la estructura defensiva del Athletic ante el Betis, esperaba el partido contra el Málaga con inquietud. Ni la entrada de Ekiza parecía suficiente para apuntalar una defensa tan ruinosa, teniendo en cuenta que Bielsa apostaba de salida por colocar al etéreo Iturraspe como medio centro. El desarrollo del partido volvió a poner de manifiesto que los designios del fútbol son inescrutables. Ante un Málaga de poderosísimo juego ofensivo, la defensa del Athletic opuso un fútbol de tanta garantía que el equipo andaluz llegó al descanso habiendo cobrado un disparo al palo en saque de falta y una penetración peligrosa por la la banda que acabó en remate alto. A cambio, el Athletic había ofrecido una lección de solvencia en su retaguardia y un fútbol de ataque inusual para cualquier equipo que juega fuera de casa. Otra buena noticia fue el desempeño de Oscar De Marcos como lateral izquierdo hasta convertirse en el jugador más destacado en el bando rojiblanco. Bien en defensa y contumaz corriendo su banda una y otra vez, el chaval se desveló como el lateral que necesita el juego que propone Bielsa. Como Iraola mejoró notablemente respecto de su actuación del domingo, el Athletic dispuso de suficientes alternativas en las dos bandas como para terminar dominando el partido a partir de los primeros veinte minutos. Son aspectos estos, que se quedan en el limbo de las crónicas enterradas por la crudeza del resultado. De ganar en Málaga ahora todo el mundo estaría hablando de las cosas positivas del equipo, que las hay, pero en cambio, el aficionado medio, en su tendencia al masoquismo, prefiere recordar la lentitud de Llorente en el área, el regate que siempre le sobra a Susaeta, pese a que el de Eibar está asumiendo un protagonismo importante a las órdenes de Bielsa, o la frialdad de Gabilondo. Claro que siempre nos quedará Muniain, en cuyas extraordinarias cualidades coinciden ganadores y perdedores de los comicios, si bien ahora nadie recuerda, la memoria es selectiva y frágil, que si el navarro está destacando este año sobremanera, hasta convertirse en el líder del facto sobre el terreno de juego, es porque por fin, está jugando cómo y donde verdaderamente puede desarrollar todo su fútbol.
Pero queda dicho que todas las reflexiones vienen marcadas por ese único punto que figura en el casillero del Athletic a estas alturas. Y es verdad que el equipo ya empieza a necesitar una victoria como el comer para revertir la tendencia. Una victoria que sirva sobre todo para que los jugadores no pierdan la fe, un triunfo que permita aclarar el panorama y que garantice al proyecto un voto de confianza, que sin duda merece por todo lo que apunta, acallando esas trompetas empeñadas en anunciar el apocalipsis.
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domingo, 10 de enero de 2010

La fórmula necesita revisión

Las gentes del fútbol, tan dadas a la superstición y hasta al esoterismo, suelen decir que un equipo que juega dos partidos consecutivos en su campo o de viaje, nunca repite el mismo resultado. Teniendo en cuenta que el Athletic ya había perdido en Mallorca hace siete días, lo tenía bien en Málaga de ser cierta la teoría. No tengo datos estadísticos a mano que certifiquen el aserto, pero algo de cierto debe de haber porque el Athletic no salió derrotado de La Rosaleda. Medió para ello una de esas decisiones arbitrales que solo pueden entender los muy iniciados. El penalti que señaló Pérez Burrull a favor de los rojiblancos sirvió, además de para salvar un punto, para reforzar esa otra teoría futbolística no certificada por datos, que asegura que al final de la temporada errores y aciertos arbitrales suelen acabar compensados en el balance de cada equipo. Pérez Burrull y el Athletic han librado grandes batallas en el pasado (sobre todo algún ex entrenador rojiblanco), hasta el punto de que el colegiado era siempre mirado con recelo desde el bando de los leones. A partir de lo de La Rosaleda habrá que convenir en que Pérez Burrull se equivoca a partes iguales y va ganando amigos allí donde va. A corto plazo no parece que nadie le vaya a invitar a pescadito frito en La Carihuela.
Caparrós repitió por enésima vez la fórmula que tan buenos resultados le ha estado dando los dos últimos meses, obviando que en Mallorca dicha fórmula ya evidenció cierta flojera. Y en Málaga los fallos se repitieron. El asunto es viable siempre y cuando todos los miembros del equipo cumplan con la parte que les corresponde y ni en Mallorca ni en Málaga los encargados de la creación y del juego de ataque estuvieron a la altura de las circunstancias. Susaeta no es el mismo de antes de cumplir el partido de sanción y Llorente está como ausente, interpretando su versión más abúlica, pasto de faltas e indolente para la pelea. El técnico recuperó a Toquero, y el chaval le respondió con un remate seco a la base del poste y su proverbial espíritu de lucha; no decepcionó en este sentido, pero hace falta algo más de solvencia en la conducción, más capacidad de desborde y mejor control en los espacios cortos; más técnica en definitiva, algo que no cabe exigir al delantero. Él cumplió con su parte del papel, incordiando, peleando, presionando arriba y hasta rematando; fueron sus compañeros los que se ausentaron.
Y así, sin creación, el juego del Athletic se limita a un cansino ejercicio de control y defensa, solvente, bastante solvente, pero carente de alternativas para inquietar al rival o aspirar a más que a un empate sin goles, salvo el improbable caso de que suene la falta por casualidad.
El Málaga es un equipo en apuros que está tratando de sacar la cabeza con los escasos recursos de que dispone. Esos recursos se pueden resumir en el papel del brasileño Duda, técnico, hábil y peligroso a balón parado según el prototipo de futbolista de su país. Fue Duda quien más problemas causó a la defensa del Athletic y fue él quien sacó una magnífica falta al corazón del área pequeña para que Wellington cabeceara a la red sorprendiendo con su incorporación a los dos centrales rojiblancos.
Como en Mallorca, el Athletic se vio en desventaja en el marcador, pero el rival que tenía enfrente no era el que dirige Manzano, afortundamente. El Málaga se echó atrás con la intención de defender su tesoro durante todo el segundo tiempo, pero no contó con Pérez Burrull.
Tampoco Caparrós contaba con el penalti salvador, así que volvió del descanso con David López en el equipo ocupando el lugar, que no la posición, de Iraola, y después fue dando entrada a De Marcos en el sitio de Susaeta y a Muniain en el lugar de Orbaiz. Los dos chavales ya se han convertido en los revulsivos oficiales, según la división del trabajo establecida por el técnico en aquella tarde de Zaragoza de tan grato recuerdo. Que posteriormente no haya funcionado tan bien, es lo de menos; Caparrós ha demostrado con creces ser hombre más bien empecinado.
No hay razón para descartar de buenas a primeras una fórmula que ha dado buenos resultados y ha servido para asentar al equipo, y hace bien Caparrós en insistir. Pero hasta el mejor sistema en la pizarra requiere una buena ejecución sobre el césped, lo que depende de los intérpretes y tanto en Mallorca como en Málaga, algunos han dejado bastante que desear.
El punto sumado en Málaga tiene un valor más psicológico que real porque evita la segunda derrota consecutiva en vísperas de recibir al Real Madrid. El resultadismo imperante hará olvidar en las próximas horas las circunstancias del partido, del que solo quedará memoria del punto sumado, que servirá para encender la ilusión de cara al partido contra los blancos. Ya se sabe, orgullo, autoestima, por qué no vamos a poder con ellos, y todas esas cosas que se dicen en estas circunstancias. Convendrá, sin embargo, no olvidar que para ganar al Madrid habrá que hacer algo más que en estos dos últimos partidos.

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lunes, 15 de septiembre de 2008

El único resultado posible

Es lo que tiene el perder el primer partido. Los equipos derrotados en la jornada inaugural de la Liga se llenan de ansiedad por quitarse el cero de encima cuanto antes, si puede ser sumando la primera victoria, esa que rompe el hielo, mucho mejor. No en vano la primera suele ser una de las victorias más celebradas en la intimidad del vestuario. Si pensamos en el Athletic y en cómo cayó derrotado la primera jornada, la ansiedad debe de ser mucho mayor. No es de extrañar por lo tanto que en Málaga los rojiblancos buscaran amarrar como fuera el punto que regala la Federación. Lo consiguieron y habrá que darlo por bueno sobre todo porque jugando como jugaron los de Caparrós, sólo podían aspirar al empate. Como el Málaga hizo otro tanto o menos, en La Rosaleda se dio el único resultado posible: empate a cero.
Fue un partido con pocas noticias aunque, en cierta forma, las escasas que se produjeron fueron favorables para el Athletic. Para empezar, ya sabemos que el Málaga será, salvo milagro en el mercado de invierno, uno de los equipos que quedará por detrás del Athletic al final de la temporada. Ya lo sospechamos cuando vimos a los andaluces perder ante los rojiblancos en la pretemporada, aquel partido en el que Jon Vélez pareció Van Basten en un par de jugadas, y el domingo las sospechas se tornaron certezas. Claro que esa buena noticia también tiene su reverso. Si el Athletic no fue capaz de sumar los tres puntos ante semejante rival, ¿dónde conseguirá sumarlos?.
La otra y última buena noticia fue el debut de Iturraspe y Balenziaga, dos chavales con buena pinta que, sin deslumbrar, hacen concebir esperanzas de que acabarán instalándose en el primer equipo esta misma temporada. El lateral lo tiene más fácil, porque para eso lo han fichado y ya sabemos en qué consideración tiene Caparrós a sus dos rivales para el puesto. El técnico ya proclamó que el lateral izquierdo está ahí para el que quiera cogerlo, así que Balenziaga lo tiene claro. El chaval mostró buenas maneras y algunos detalles interesantes, que es lo que se suele decir cuando un debut no viene acompañado de fuegos artificiales. Uno, que a estas alturas ya ha visto muchos estrenos en el Athletic, presume de tener buen ojo para los nuevos, así que me voy a mojar: Balenziaga puede ser un buen lateral para el Athletic; sin alardes pero cumplidor, que no será poco.
Iturraspe lo tiene más difícil pese a que parece el ojito derecho del entrenador, a juzgar por como lo ha promocionado durante todo el verano. Lo tiene más difícil porque su sitio en el campo es más complicado y porque tiene más competencia. Pero también parece un jugador en disposición de luchar por el puesto siempre que no le caiga demasiada responsabilidad y que la sensatez prevalezca en todos los ámbitos, empezando por él mismo, siguiendo por el entrenador y acabando por el público. La palabra clave es paciencia. No sobran futbolistas en el Athletic y a primera vista y a la espera de más exámenes, parece que Iturraspe lo es, de acuerdo con la clasificación que hacía un antiguo entrenador del Athletic que dividía a su plantilla entre futbolistas y no futbolistas.
Y hasta aquí las buenas noticias que produjo un partido miserable en el que de fútbol sólo se vio el primer cuarto de hora de la segunda parte cuando el Athletic decidió mover el balón en lugar de usarlo como un proyectil. El punto palía un tanto la ansiedad que produce ver un cero en el casillero, pero es sólo una sensación momentánea. A medida que transcurra la semana, volveremos a sentir esa extraña sensación de ahogo en la garganta. El domingo llega el Valladolid, que ya lleva trabajo adelantado después de ganar con todo merecimiento a un Atlético de Madrid que parecía dispuesto a comerse el mundo. Está claro que aquí nadie se come nadie, pero es imprescindible morder mucho más de lo que lo hizo el Athletic en La Rosaleda.

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