domingo, 3 de junio de 2012

Un año más con Bielsa


Se confirma que Marcelo Bielsa seguirá un año más en el Athletic. Es una gran noticia porque su continuidad era imprescindible para la consolidación de un proyecto que trasciende los resultados a corto plazo. Ya habrá tiempo de analizar en profundidad las consecuencias de esta renovación. De momento, vamos a celebrarlo con el sonido original de una canción casi de postguerra que la afición de San Mamés ha vuelto a poner de moda aunque sea con una versión bastante sui generis.
La canción me trate algún recuerdo heredado de mis mayores. En un cine de pueblo, el obligatorio No-Do proyectaba unas imágenes de Franco jugando con su hija en una playa. Alguien aprovechando el anonimato que le daba la oscuridad de la sala, empezó a silbar (debemos de tener una fijación con esto) la cancioncilla. Poco a poco, otros se fueron animando hasta que el coro elevó la voz, "a lo loco, a lo loco" como banda sonora de las imágenes que pretendían subrayar el perfil familiar del dictador. Ironía popular. El último argumento ante la brutalidad. La pareja de la guardia civil presente en la sala ordenó detener la proyección y dejar la imagen fija de Franco en la pantalla durante la hora y media que debía durar la película programada. Tiempos de dictadura que para la inmensa mayoría fueron tiempos de sufrimiento, aunque para algunos, ahora devenidos en demócratas de toda la vida, fueron tiempos vividos con una placidez extraordinaria. De vez en cuando viene bien recuperar la memoria de las pequeñas anécdotas que describen aquellos años para no olvidar de dónde venimos y para no perder la perspectiva de quiénes somos. Nosotros y ellos.
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viernes, 1 de junio de 2012

Balance de un año para el recuerdo (III)

La sala de máquinas del Athletic, la gran aportación de Bielsa

El fútbol se gesta en el centro del campo. La identidad de un equipo se labra en esa amplia zona donde concurren las dos facetas de este deporte: la recuperación del balón y la creación del juego. Es necesario disponer de la herramienta para ponerse a trabajar y la herramienta del futbolista es el balón. Hay quien renuncia y prefiere construir su juego basándose en la sorpresa, en la prestidigitación del mago que muestra sus manos vacías solo un instante antes de desplegar una baraja de naipes o hacer volar a una paloma. Son los magos del contrataque, los que de la nada fabrican una ocasión de gol. No es ese el estilo de Bielsa. Prefiere manejar la herramienta, disponer del balón para crear moviéndolo de aquí para allá, buscando el camino más corto hacia la portería contraria que, como se sabe y al contrario de lo que dicta la geometría tradicional, en el fútbol no es la línea recta. Eso sí, a Bielsa le corre prisa tener el balón y por eso manda a sus hombres a buscarlo alli donde esté con espíritu depredador. Si cuando se trata de proteger la portería al técnico no le importa retrasar su línea defensiva hasta el área pequeña (sobran los dedos de una mano para contar los fueras de juego que provoca la defensa rojiblanca en un partido), cuando toca recuperar, quiere hacerlo muy adelante, cerca de la meta contraria, para que así el camino hasta el gol sea lo más corto posible. La presión adelantada refleja la imagen de un equipo ambicioso hasta la ansiedad; el trabajo desplegado para recuperar el balón en territorio enemigo denota valentía y confianza en las propias fuerzas. Pero hay que hacerlo muy bien para que no se vuelva en contra.
El Athletic tuvo serios problemas para ejecutar la idea de su entrenador durante los dos primeros meses de la competición. El equipo y con él su público, vivió en un sobresalto continuo porque cada error suponía una puñalada en la espalda. Robar el balón arriba requiere una numerosa presencia de jugadores en zonas muy alejadas de la portería propia. Si el rival consigue evitar el asedio, y con un solo pase certero puede eliminar a medio Athletic, la consecuencia inmediata es una situación de peligro ante la portería de Iraizoz. Para terminar de complicar más el tema, Bielsa quitó del centro del campo a Javi Martínez, el jugador más capacitado para la recuperación y lo sustituyó por un Iturraspe que nunca ha destacado por ser un futbolista especialmente aguerrido ni sacrificado.
Pero fue precisamente sobre Iturraspe donde Bielsa empezó a construir su Athletic. Del robar y dar de Javi Martínez el Athletic pasó al robar y crear de Iturraspe. El medio centro es un puesto desde el que se dispone de una visión panorámica de juego y esa es una ventaja sustancial para un futbolista con criterio. Iturraspe ha dado este año un curso completo de un fútbol magnífico a partir de la sencillez de su concepción. Como los más grandes, el chaval de Abadiño ha jugado con ese estilo en el que parece que todo es muy fácil. Pases sencillos al compañero que está de cara, balones en ventaja a los laterales o media vuelta y a empezar de nuevo si no aparecen claras las líneas de pase. Tocar y moverse, pasar y apoyar, sin barroquismos, fácil, como quien no quiere la cosa. Así han jugado siempre los cerebros de los equipos más competitivos. Iturraspe ha sido otro de los grandes beneficiados por la llegada de Bielsa. El año pasado llevaba camino de convertirse en esa eterna promesa de Lezama que acaba rumiando su fracaso en el Albacete o en el Salamanca. Un tecniquillo más, un mingrafía de esos que desesperan a los aficionados que piden legionarios con barba de tres días vestidos de futbolistas. Le costó unos cuantos partidos hacerse con los galones, pero la confianza que depositó en él Bielsa, manteniéndole contra viento y marea, acabó por rendir un magnífico dividendo. El Athletic tiene un cerebro privilegiado en su sala de máquinas que juega y hace jugar al equipo exactamente como quiere el entrenador.
Otro de los que le tienen que regalar una placa labrada a Bielsa es Oscar De Marcos. Al igual que Iturraspe, el de Laguardia estaba el año pasado a punto de engrosar la larga lista de debutantes que han acabado desperdigados por la Segunda B. De Marcos añadía a su aspecto de futbolista frío y poco implicado, su condición de fichaje procedente del Alavés, más dinero malgastado en detrimento de la cantera de Lezama y del fútbol de bronce local, bramaba ese sector de la afición con tendencia al fundamentalismo bizkaitarra. De pronto, De Marcos se ha convertido este año a ojos de ese mismo sector no ya en un legionario de barba cerrada, sino en todo un centurión que es capaz de continuar en el campo con un desgarro en los testículos, sin torcer el gesto ni desmayarse ante la visión de semejante espectáculo debajo del pantalón. Se sabía que era poseedor de una técnica más que apreciable y una velocidad competitiva. Lo que nadie sabía, salvo Bielsa, era que De Marcos es una fiera incansable que corre más a medida que pasan los minutos y que disfruta reventando rivales engañados por su aspecto de niño que nunca ha roto un plato. Su impresionante despliegue ha estado detrás de algunos de los mejores partidos que ha jugado el Athletic. Lástima que en el tramo final el chaval haya sucumbido a su condición humana. Aunque durante los meses de invierno pareció una máquina de acero inoxidable, la primavera nos devolvió a un jugador de carne y hueso, agotado después de tanto esfuerzo. En el tramo final el Athletic ha echado mucho en falta su vigor a la hora de presionar y su capacidad de desdoble en los relevos. Su cansancio ha tenido mucho que ver con la flojera general del equipo en los últimos partidos.
Ander Herrera ha aprovechado en muchos encuentros el dinamismo de De Marcos para sacar a relucir el fútbol exquisito por el que fue fichado del Zaragoza. Una lesión en el tramo inicial y una pubialgia que le ha martirizado durante meses nos han dejado un Herrera intermitente. Cuando ha jugado en plenitud de condiciones se ha revelado como un media punta letal, perfectamente conectado con el medio centro y brillante en la distribución en los metros decisivos, además de atrevido en la jugada individual al borde del área. Lo peor de su temporada han sido esos problemas físicos que han minado su juego y muchas veces le han nublado la mente cuando la claridad de ideas es una de sus mejores virtudes. También habría que achacarle cierta inconsciencia para jugar balones complicados en terrenos comprometidos y una tendencia a la filigrana y el taconazo que seguro que corregirá con el tiempo. Con el balón en los pies disfruta como si estuviera jugando a fútbol sala con los amigos, olvidando que en un partido de Primera División ciertas licencias se suelen pagar muy caras.
Estos tres jugadores han sostenido prácticamente el centro del campo  a lo largo de toda la temporada. Iturraspe ha participado en 35 partidos de Liga, cuatro de ellos como suplente, mientras que De Marcos solo ha faltado a cuatro citas siendo titular en las 34 restantes. Herrera, que como ya se ha dicho, ha atravesado problemas físicos, ha sido titular en 25 ocasiones y suplente en 7, pero aunque ha sido el jugador más sustituido, está en el grupo de los diez que han superado los 2.000 minutos de juego. Iñigo Pérez, el suplente más utilizado en el centro del campo, no llega a los mil minutos de juego. Gabilondo y David López han intervenido en 704 y 402 minutos respectivamente.
Es curioso el caso de Iñigo Pérez. Descartado en principio por Bielsa, acabó teniendo una oportunidad y se ganó la confianza del técnico con una gran demostración en el Sánchez Pizjuán, en uno de los partidos cumbre de la temporada. Ha jugado en el medio centro como relevo de Iturraspe, en la media punta en el sitio de Herrera, y en el lateral izquierdo. Ha acreditado lo que ya se sabía de él: buena técnica y buen golpeo a balón parado, pero no ha terminado de confirmar lo que apuntó en aquel partido de Sevilla. La polivalencia juega a su favor, porque el técnico quiere jugadores de ese corte, pero quizá esa misma dispersión le ha impedido afianzarse en un puesto concreto. Ha terminado la temporada y no está claro si Bielsa se equivocó descartándole o acertó recuperándole.
Mucho más claro ha quedado el papel de Gabilondo. Titular en los primeros tiempos, en los que Bielsa apreció su buena técnica y su compromiso cuando el equipo no tiene el balón, desapareció de las alineaciones para volver solo en momentos muy concretos y casi siempre por causa de fuerza mayor. El de Añorga ya se ha despedido del Athletic dejando una hoja de servicios en la que se subraya su profesionalidad tanto en los buenos tiempos como cuando las cosas le han ido peor.
David López ha jugado menos todavía. Su calidad técnica parecía reclamar una presencia más continuada, pero hubiera tenido que brillar muchísimo más en los escasos minutos que le concedió Bielsa para discutir un sitio a los titulares.
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jueves, 31 de mayo de 2012

Balance de un año para el recuerdo (II)

Un sistema defensivo con sorpresa y debate

Los laterales son pieza clave en el sistema de Bielsa por su aportación al juego ofensivo del equipo. El técnico rosarino busca provocar el desconcierto en las filas rivales con incorporaciones constantes por las bandas, que aportan superioridad numérica en el centro del campo y soluciones atacantes siempre que prolonguen la carrera prácticamente hasta el banderín de corner. Le costó a Bielsa encontrar a sus jugadores ideales para ocupar posiciones tan vitales, y queda la impresión de que después de sesenta y tres partidos, todavía no está del todo conforme con lo que ha visto.
Empezó la temporada con debate. Descartó a Koikili, que no ha jugado un solo minuto pese a que ha habido partidos en los que Bielsa ha tenido que improvisar un lateral izquierdo, y apartó de la titularidad en la banda derecha a Iraola, para concedérsela a Gurpegui. En el lado izquierdo Castillo pareció el elegido en un primer momento aunque al caer lesionado, finalmente ha sido el joven Aurtenetxe el que ha asumido la responsabilidad convirtiéndose en uno de los más habituales con treinta partidos de Liga como titular, la Copa al completo y trece de los dieciseis partidos de la UEL en el once inicial.Una buena marca para un cuasi debutante que despuntó como central en las categorías inferiores. Se le nota la querencia y la falta de recursos en la banda, pero en general puede decirse que ha cumplido en la medida de sus posibilidades y de su juventud. Por la derecha, Iraola recuperó el sitio antes incluso de que Gurpegui sufriera la gravísima lesión que le ha mantenido apartado prácticamente toda la temporada. El internacional superó el trance y poco a poco recuperó su mejor nivel, aunque en el tramo final ha tenido que sufrir lo suyo, víctima de unos problemas en el pubis que han terminado de apartarle de la Eurocopa.
De Marcos ha sido el comodín al que Bielsa ha recurrido para ocupar cualquiera de los dos laterales, unas veces por pura necesidad y otras como alternativa táctica, pero el alavés ha brillado sobre todo en el centro del campo. Iñigo Pérez ha sido otro de los recursos de emergencia para la banda izquierda con suerte dispar puesto que tampoco es un especialista en la posición, lo que ha puesto de manifiesto dos cosas: las carencias de la plantilla rojiblanca, descompensada en algunas posiciones, y la tendencia de Bielsa a buscar la polivalencia de sus jugadores de forma que de una plantilla muy corta puede extraer equipos de diversas configuraciones con solo mover a dos o tres hombres de sitio.
Pero no fueron las dudas en los laterales los únicos motivos para la discusión que planteó Bielsa en el arranque de la temporada. Fue el eje de la línea donde la aportación del técnico se puso de manifiesto con la presencia de Javi Martínez como segundo central formando pareja con Amorebieta. La posición del de Aiegi provocó el primer gran debate en torno a los sistemas de Bielsa. Javi Martínez había brillado como medio centro desde su llegada al Athletic, posición desde la que alcanzó la internacionalidad absoluta y el Mundial de Sudáfrica. Todavia hoy se discute sobre cuál es la posición donde mejor se desenvuelve un jugador que puede rendir al más alto nivel tanto como central como de medio centro, o incluso en la media punta, sitio que ocupaba en Osasuna cuando el Athletic se fijó en él siendo todavía casi un juvenil. Javi Martínez es lo que los ingleses denominan un box to box, un jugador capaz de rendir a gran nivel prácticamente en todo el campo. Sin embargo, lo que espera Bielsa de Javi lo ofrece mejor desde el eje de la defensa. Con el sistema de Caparrós, la función del navarro era barrer el centro del campo y aportar su poderío físico a base de arrancadas. Bielsa prefiere que se limite a destruir más atrás dejando la conducción y la creación para otros. Prefiere a Iturraspe en la antigua posición de Javi por su mejor criterio a la hora de sacar el balón.
Puede decirse que Javi Martínez ha rayado a gran altura en su nueva posición. De hecho es muy probable que Del Bosque le utilice en ese puesto en la Eurocopa. Como todo el equipo, ha tenido sus altibajos, pero en líneas generales ha respondido a plena satisfacción aunque, como otros, ha fallado en los momentos clave, como han sido las dos finales. El Athletic ha ganado un gran central y sigue disponiendo de un gran centrocampista si la ocasión lo requiere. Ha formado una excelente pareja con Amorebieta, uno de los jugadores a los que más ha beneficiado la llegada de Bielsa. El internacional por Venezuela ha ofrecido esta temporada su mejor perfil desde que llegó al primer equipo. Se le ha visto muy centrado, midiendo su poderío físico en las disputas, muy concentrado en los marcajes y con mucha fortaleza en el juego aéreo en las dos áreas. Le ha venido bien su compromiso con Venezuela y el buen nivel que ha alcanzado en aquella selección y le ha venido bien, sobre todo, Bielsa. Ha sentado la cabeza, se ha encontrado a sí mismo y parece que ya ha decidido lo que quiere ser de mayor: un central de largo recorrido en el Athletic.
Si Amorebieta ha sido uno de los grandes beneficiados por la llegada del argentino, Ekiza y San José han resultado visiblemente damnificados. El primero fue la gran revelación en el tramo final de la pasada temporada, pero no ha podido darle continuidad a su trayectoria en la que acaba de finalizar. Tampoco San José ha terminado de convencer a Bielsa, aunque en la primera fase del curso le eligió como el primer relevo para el tandem titular por su calidad con el balón en los pies. Pero Ekiza acabó comiéndole el terreno, sobre todo a raíz de una buena actuación en el Campo Nou donde sacó a relucir su velocidad y contundencia. Pero no ha sido el del año pasado ni de lejos. Aquel central que acabó con su cuenta de sanciones a cero ha visto este año cinco tarjetas amarillas y una roja, todas por llegar a destiempo, por pura impotencia. No les han sobrado las oportunidades ni a Ekiza ni a San José  por el nulo interés del técnico en las tan traídas y llevadas rotaciones. Con Iñigo Pérez son los que menos partidos han jugado de entre los quince jugadores con los más ha contado el técnico.
El portero es el último hombre o el primero, según se mire, del sistema defensivo de un equipo. Gorka Iraizoz está condenado a vivir no ya bajo la lupa, sino en el porta del microscopio que detecta y amplifica el mínimo fallo. A lo largo de la temporada ha sido el portero de siempre, el que alterna intervenciones excelentes y plenas de reflejos bajo los palos con fallos y dudas en cuanto tiene que abandonar el área pequeña. Los balones cruzados son su martirio, como lo son para todos los porteros aunque el público solo ve sufrir al de su equipo. Ha salvado algunos puntos y ha perdido otros, aunque en la memoria colectiva pesan más estos que aquellos. También ha mantenido al equipo de pie en algunos momentos comprometidos de la competición europea, pero esos suelen ser detalles condenados al olvido, pinceladas de calidad que desaparecen bajo el trazo grueso del error de bulto. La llegada de Bielsa le ha complicado la vida a Iraizoz puesto que se ve obligado a jugar más con los pies y a participar del juego colectivo colaborando en facilitar la salida del balón. Y el juego con los pies es, con diferencia, su punto más débil, un inconveniente grave en un fútbol que cada vez exige a los porteros bastantes más cosas que parar balones. Su falta de progreso en esta faceta siembra una duda más que razonable sobre el trabajo que ha venido haciendo en Lezama. Cinco años después de su llegada, no se advierten progresos. Al portero del Athletic parece costarle además interpretar cada momento del partido y más de una vez se le ha visto con un criterio errático a la hora de imprimir velocidad o tratar de parar el juego, según fuera lo más conveniente para el equipo. El técnico le ha otorgado toda la confianza, puesto que solo ha concedido dos oportunidades a Raúl, una en la Liga y otra en la UEL. Echando un vistazo a la nomina de porteros en activo no se ve a ninguno que sea ostensiblemente mejor que Iraizoz. Que en San Mamés se siga añorando a Zubizarreta o incluso a Iribar, es otra cuestión.
El Athletic ha encajado 81 goles en 63 partidos, 1,2 por encuentro. 52 en los 38 partidos de Liga, 1,3 de promedio; 6 en los 9 de Copa, 0,6 de media; y 23 en los 16 de la UEL, 1,4 por partido.
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miércoles, 30 de mayo de 2012

Balance de un año para el recuerdo (I)

El Athletic desarrolló un excelente
argumento pero falló en el desenlace

El Athletic ha vivido un año para el recuerdo, una de esas temporadas que adquirirán valor histórico cuando se vean desde la perspectiva temporal suficiente. Ha sido un carrusel de sensaciones que arrancó el día de San Fermín de 2011 y acaba de terminar la semana pasada en el estadio Vicente Calderón. Las elecciones trajeron una nueva directiva y un nuevo entrenador, recibido entre el recelo y la expectación por una afición y unos medios que, seamos sinceros, en su inmensa mayoría poco o nada sabían de la trayectoria del rosarino hasta que Urrutia lo presentó como su elegido. Marcelo Bielsa y su equipo de trabajo se encontraron a su llegada al Athletic con una serie de juicios de valor sin mayor fundamento que el que alimentaban las filias y las fobias de quienes los emitían. Un año después de su llegada, contamos con los suficientes elementos de juicio para analizar su rendimiento en el banquillo del Athletic. Aquella afición que les recibió con tanta curiosidad como recelo, juzga ahora a partir de una serie de certezas. Con la final perdida, la masa rojiblanca se pronunció en el Calderón sin dejar lugar para la duda, ‘Bielsa, quédate’, le pidieron. Hubo otra final, también perdida, en la que la afición dictó una sentencia histórica desde la grada. Mientras el Zaragoza de los ‘cinco magníficos’ le estaba dando al Athletic un repaso similar al que le dio el Barcelona durante media hora, la hinchada cantaba aquello de ‘Iribar cojonudo’, proclamando así al Txopo como uno de los mejores, si no el mejor portero de la historia rojiblanca. La afición aclamó entonces a un portero que estaba evitando una goleada de la misma forma que ahora, casi medio siglo después, pedía que continúe a un entrenador que acaba de perder dos finales. Por encima de los resultados, el público sabe percibir otras cosas más profundas. Ahora, esa afición espera impaciente la decisión del técnico respecto a su futuro y cruza los dedos para que siga al menos un año más en el banquillo rojiblanco.
El Athletic ha vivido en una montaña rusa desde la llegada de Bielsa. Siempre con la adrenalina disparada, alternando sin solución de continuidad subidones inesperados y vertiginosos, con caídas al vacío de las que vuelcan el corazón. No ha habido tiempo para el aburrimiento a lo largo de una temporada en la que los partidos se han sucedido sin tregua con un nivel de exigencia máximo para el equipo.
Es una inmejorable noticia que los debates, cuando los ha habido, se hayan producido siempre en torno a aspectos futbolísticos. La posición de Javi Martínez, el progreso de Iturraspe, la soledad de Llorente, la portería, la explosión de De Marcos, la resurrección de Susaeta… han sido los principales temas de conversación. De las entradas solo se ha hablado para lamentar su escasez y las colas ante las taquillas han sido poco menos que constantes, pero en ningún caso ha habido espacio para la sospecha o, directamente, la censura de ciertas actitudes y modos del pasado. Han hablado los futbolistas y el técnico. Los directivos han guardado silencio, en público y en privado, y el presidente ha dicho lo justo, o incluso algo menos. Lo suficiente en cualquier caso en un mundo en el que habitualmente las mayores insensateces suelen llegar desde los despachos. Es cierto que la bonanza deportiva ha facilitado mucho las cosas pero no son pocos los casos en los que las bonanzas deportivas se tornan temporales a partir de una declaración desafortunada.
El gran debate ha girado, y lo sigue haciendo, en torno a la gestión que ha hecho Bielsa de una plantilla voluntariamente corta de salida y más recortada después por tres lesiones de larga duración que han privado al técnico de recambios que hubieran sido importantes en determinados momentos. Las dichosas rotaciones han estado en el centro de una discusión que suena bizantina. Es verdad que el equipo ha llegado agotado física y mentalmente al tramo decisivo del curso, pero cabe preguntarse si cambiando las alineaciones hubiera siquiera llegado a ese tramo decisivo o se hubiera diluido como tantas otras veces en una clasificación tan cómoda como mediocre. Achacar las derrotas en las finales a la condición física resulta cuando menos aventurado si ambas se han producido en los primeros veinte minutos, cuando las fuerzas están intactas. Recordar que el Athletic no ha marcado un solo gol en el último mes y olvidar que ha sido precisamente en esos partidos cuando más ha cambiado Bielsa sus alineaciones y todo el mundo estaba con la cabeza en otro sitio, es un ejercicio que no ayuda precisamente a realizar un análisis certero.
Nada más acabar la final de Copa Bielsa se refirió al extraordinario nivel de exigencia al que ha estado sometido el equipo en tres competiciones, como elemento de reflexión a contraponer con la capacidad de crecimiento de una plantilla joven. Parece lógico pensar que ahí subyace si no una autocrítica, si al menos un reconocimiento de la necesidad de algún cambio en la composición y en el volumen de la plantilla de cara a la próxima temporada.
Si resumiéramos el recorrido del Athletic este curso en un gráfico que reflejara su rendimiento, encontraríamos una línea ligeramente ascendente al principio, que acentuaría la tendencia en el mes de noviembre, seguiría subiendo cada vez más vertical los meses de diciembre, enero y febrero, para alcanzar su punto más alto en marzo, mantenerse en una meseta hasta la primera semana de abril y desde ahí iniciar un lento declive acentuado en el tramo final del dibujo.
Noviembre fue el mes en el que el Athletic de Bielsa disparó los primeros fogonazos que deslumbraron a todo el mundo en aquellos partidos contra el Barcelona y el Sevilla, pero convendría recordar que acto seguido, el equipo perdió en San Mamés, de manera injusta si se quiere, ante el Granada. Era entonces cuando todavía en no pocos foros se profetizaba que el Athletic no pasaría de Navidad sin reventar. Diciembre pasó con siete partidos, y enero con nueve y la clasificación para la final de Copa en el bolsillo. En marzo llegó la doble apoteosis ante el Manchester United y el Schalke 04, el punto culminante de la temporada, unos partidos que ya ocupan un nuevo capítulo en la larga historia del Athletic. Fue como el canto del cisne rojiblanco. La eliminatoria ante el Sporting de Portugal ya fue otra cosa muy diferente y todo lo demás está tan a flor de piel que no merece la pena recordar en este momento.
Ahora solo cabe esperar la decisión de Bielsa. Alguna vez ha dicho el técnico que le importa tanto el camino como la meta, el cómo tanto como el qué, el triunfo alcanzado mediante el buen fútbol. Su Athletic ha desarrollado a lo largo de estos meses un argumento brillante partiendo desde un planteamiento sorprendente. Es verdad que el desenlace no ha estado a la altura del resto de la obra. Los protagonistas han olvidado su papel en el momento culminante y han hecho, nunca mejor empleado el símil teatral, mutis por el foro. Sencillamente, no han estado cuando más se les esperaba. Ahí tiene un reto apasionante un técnico tan perfeccionista como Bielsa. Ha hecho un excelente trabajo estos meses, pero no lo ha completado. Queda tarea por delante y hay que confiar en que un hombre de su personalidad no eludirá el reto.
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martes, 29 de mayo de 2012

Twitter, la taberna global

Este fin de semana se ha reproducido un fenómeno que ya va siendo habitual en el mundo informático en el que nos ha tocado vivir. Twitter ha sido la herramienta mediante la que se ha propagado un rumor que ha desatado la inquietud entre los aficionados del Athletic. Dicho rumor apuntaba a que hoy martes, Fernando Llorente ofrecería una rueda de prensa en el hotel Carlton. Como aderezo, alguien había visto incluso a Arsene Wenger, el manager del Arsenal, por las calles de Bilbao. En estos tiempos en los que todo el mundo sale a la calle armado de móvil y cámara para inmortalizarse haciendo cualquier tontería, no había una sola foto que certificara tal presencia, pero qué importan esas pequeñeces ante la magnitud del océano.
La cosa empezó la tarde noche del domingo y no fue desmentida con la suficiente rotundidad y las fuentes necesarias hasta la mañana del lunes, pero ayer por la noche todavía seguía habiendo incautos que daban por hecha la salida del delantero del Athletic y aún se podían leer algunos retwitts al respecto.
Twitter es una red social en la que se han muerto o han matado a varios famosos, comenzando nada menos que por el presidente de EE.UU. y siguiendo por cantantes de presencia mundial, actores o políticos varios. Expandir un rumor en twitter, por muy absurdo que pueda parecer en un principio, es relativamente sencillo. La mecánica de retwitear multiplica en pocos segundos hasta el infinito cualquier cosa con apariencia de noticia, mucho más si esa presunta noticia es lo que, como lo de LLorente, se calificaba como bomba. Tampoco constituye ningún misterio. La mecánica del retwitt no es más que la traducción informática del boca a oreja de toda la vida, lo que los cásicos llamaron comadreo.
Y es que las redes sociales nos han convertido a todos en unas comadres, ávidas de chascarrillos que contar y transmitir. La humanidad ha venido haciendo esto durante toda su existencia. La función de los mercados, además de la propia del comercio, era la de reunir a gentes venidas de puntos diversos para que compartieran información. Los adolescentes que retwittean noticias bomba con fruición y cara de estar inventando el mundo, están haciendo lo mismo que hacían sus tatarabuelos. La diferencia es que unos manejan un teclado y los otros sostenían en sus manos, digamos que un manojo de puerros. La propagación de rumores está en la naturaleza humana. Y sería un ejercicio inocuo si no fuera, en la mayoría de los casos, maledicente. Pero no se trata aquí de establecer juicios morales.
Vivimos en la sociedad de la información aunque eso no presupone que ésta sea de más calidad o tenga más credibilidad. Cuando decimos esto de la sociedad de la información nos estamos refiriendo a cantidad, no a calidad. El rumor de la rueda de prensa de Llorente es buena prueba de ello.
Al parecer la historia partió de una radio de Bilbao, o al menos allí sitúan sus propagadores el origen del embuste para otorgarle credibilidad. Otras fuentes aseguran que esa radio encontró la presunta noticia en una página de internet y la llevó a sus micrófonos provocando su primera amplificación. Twitter se encargaría del resto.
Que una serie de aficionados del Athletic se dedique a hablar de las cosas del club al que siguen, es algo natural y en principio no debe ser causa de mayores problemas. Se ha hecho siempre en los tajos, en las oficinas, en los bares... El Athletic siempre es tema de conversación y cuando hay una conversación nunca falta la figura del enterado que presume de disponer de las mejores fuentes que le certifican la veracidad del chascarrillo. Lo peligroso es cuando el que ejerce de enterado es un profesional de la comunicación al que se le supone un cierto criterio (el de la prudencia debería ser el primero).
Y en esta taberna global que es twitter, algunos medios de comunicación y algunos profesionales de la cosa no se diferencian nada de la figura del aficionado enterado que, acodado a la barra, suelta en voz alta lo primero que se le ocurre, con la única certificación de que lo sabe de buena tinta. En este asunto de Llorente se hablaba de una rueda de prensa de cuya convocatoria nadie sabía nada, ni la dirección del hotel donde se decía que se iba a producir, ni el Athletic, ni los propios medios de comunicación que, sin haberla recibido, especulaban sobre su contenido una vez alcanzado el estadio de hablar por no callar. Es propio de la condición humana tratar de disimular la ignorancia sobre algún determinado tema del que todo el mundo habla, probablemente desde el mismo nivel de ignorancia. Nadie podía saber nada de una rueda de prensa inexistente, pero no faltaron especulaciones sobre su contenido. Además de la posibilidad de que Llorente anunciara su salida del Athletic se apuntaba a la presentación de la marca de botas que usaría en la Eurocopa, una campaña de la ONG que apadrina o incluso algún asunto comercial relacionado con la producción de peras de su localidad de origen, Rincón de Soto. Sería cómico si no fuera porque eran algunos profesionales de la información los generadores de estas especulaciones, y lo hacían además desde el papel del enterado de la barra del bar.
Es cierto que hubo otros profesionales, y no pocos, que pusieron desde el primer momento en cuarentena todo lo que se estaba diciendo y apelaron a un contraste de las fuentes, entonces todavía imposible, antes de otorgar credibilidad al asunto. Pero, claro, fueron barridos por quienes hace tiempo que decidieron que el rumor es mucho más divertido que la noticia, por aquellos que siguen la máxima de que la verdad no te estropee un buen titular y por los miles de aficionados a las malas noticias que, como todo el mundo sabe, son mucho más interesantes que las buenas. Hace algunos años, la cosa se hubiera ido extendiendo poco a poco, txikito a txikito, de bar a bar, de barrio a barrio. Ahora, en pocos minutos el asunto llegó por lo menos hasta Inglaterra, donde incluso un presunto periodista del Times se animó a hacer su aportación resumiendo en una cifra la inexistente conversación que habían mantenido Wenger y Llorente en Bilbao. Lo mejor de la historia es el corolario que le ha puesto su involuntario protagonista. "Yo flipo". Pues eso.
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