lunes, 7 de mayo de 2012

El partido de nuestra vida

Lo han dicho los jugadores del Athletic con estas palabras o similares: "es el partido de nuestra vida". De la suya y de la de todos los aficionados rojiblancos, sin duda. Es el partido en el que el Athletic disputará el título que le falta, un título europeo que culmine una historia repleta de triunfos domésticos pero vacía en el nivel internacional. Se dirá que el Athletic ya jugó una final europea en 1977 y es verdad pero no es lo mismo. Las finales de la Copa de la UEFA se jugaban entonces en el formato de doble partido, como si se tratara de una eliminatoria más. Había una doble oportunidad. De hecho, la derrota mínima en el Comunale de Turín se consideró un buen resultado de cara al partido de vuelta en San Mamés. Ni qué decir tiene que ahora aquel resultado significaría directamente el fracaso. Ahora es una final, un partido que no permite rectificación, todo o nada, cara o cruz.
Llevamos días entregados a la evocación. Los medios de comunicación han liderado el ejercico de nostalgia y los héroes del 77 están ocupando papel y tiempo en radio y televisión. Se merecen ese sitio y ese tiempo aunque solo sea para que el reconocimiento de las nuevas generaciones les sirva de pequeño consuelo a aquel terrible fiasco de hace treinta y cinco años.
Los que tuvimos la suerte de vivir aquello hemos rememorado minuto a minuto nuestra experiencia en aquella Copa de la UEFA, unos pocos privilegiados como futbolistas, todos como aficionados que disfrutamos como nunca antes lo habíamos hecho con las hazañas de nuestro equipo. Los más jóvenes han podido conocer ahora en detalle aquel brillante capítulo de la historia del Athletic.
Recordar es un ejercicio saludable siempre y cuando no se caiga en la melancolía y aquella temporada 76-77, admitámoslo, tiene más de melancólica que de gloriosa. Fue la temporada de las finales perdidas, la de la frustración inmensa después del desbordamiento de la ilusión. El desastre de un equipo llamado a disfrutar del fulgor de la gloria que se tuvo que conformar con acariciarla con la punta de los dedos y acabó abrasado. Aquellos jugadores merecieron mucho más de lo que consiguieron, merecieron un sitio en el Olimpo rojiblanco pero se quedaron a las puertas. Algunos de aquella generación, los más jóvenes entonces, todavía llegaron a tiempo para conquistar la gloria de las Ligas y de la Copa seis años más tarde, después de atravesar un desierto que incluyó una grave crisis deportiva que, también entonces, hizo temblar alguna estructura.
Todos recordamos estos días dónde estábamos aquella tarde en la que Bettega frustró nuestro sueño marcando aquel gol en San Mamés que sentenció la final. Todos sabemos dónde estábamos cuando Madariaga acertó desde los once metros aquel penalti que Rojo provocó en Milan y nos devolvió a una competición de la que ya estábamos eliminados, o qué estábamos haciendo mientras Irureta marcaba en el Camp Nou para dejar en la cuneta a aquel tremendo Barcelona que se había ido de San Mamés con un 2-1 que nos dejó con un nudo en la garganta. Y todos recordamos, cómo no, aquella cesión de Lasa a Iribar casi en el último minuto de la semifinal contra el Racing White, cuando el empate sin goles en San Mamés nos estaba abriendo la puerta de la final.
Pero llegados a estas alturas es mejor mirar hacia adelante. La historia está ahí para repasarla en los momentos en los que no tenemos otra cosa más a mano para certificar nuestra grandeza. Ahora mismo tenemos un presente sublime y un futuro que se anuncia espléndido. Y ahí cerca, dentro de unas horas que ya se están haciendo eternas, nos espera el partido de nuestra vida, ese que todos llevamos tanto tiempo soñando con disputar, hasta el punto de que en nuestra conciencia colectiva se había convertido más en una fantasía de forofos que en una posibilidad real. Porque, seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros hubieran pensado en serio que el Athletic podría volver a disputar una final europea a estas alturas de la ley Bosman y de los presupuestos hinchados por jeques árabes, magnates rusos o cualquier otra clase de millonarios de dudosa condición?.
Pues ahí la tenemos, tan real y tan cerca. Es el partido de nuestra vida, el de los que ya llevamos jugados unos cuantos partidos importantes, y el de los que ahora empiezan a disputar sus primeros partidos decisivos. Es nuestro partido, nuestra final. La que vamos a ganar seguro, porque 114 años después ya va siendo hora de que el nombre del Athletic figure en el palmarés europeo.
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domingo, 6 de mayo de 2012

Trámite y emoción en la despedida liguera
del Athletic en San Mamés

Lo mejor del último partido de Liga en San Mamés ocurrió al final, cuando el árbitro pitó por última vez y las emociones se desbordaron; cuando el público puesto en pie dedicó al equipo una ovación interminable que quiso ser al mismo tiempo reconocimiento a una excelente temporada e impulso ante la histórica cita del próximo miércoles en Bucarest. También fue el momento de despedir a dos jugadores de trayectoria corta como rojiblancos pero que, cada uno a su manera, han sabido dejar huella de su paso por el equipo. Gabilondo, 174 partidos en seis temporadas, no tuvo la fortuna de su parte para despedirse con uno de esos golazos que han acabado siendo su seña de identidad como león. Y es que no ha marcado muchos, veinticuatro, pero casi todos han sido de excelente factura cuando no decisivos. Ante el Getafe el público llegó a celebrar la que pudo ser su última diana, pero el balón, repelido por el larguero, rebotó sobre la línea de gol para encontrarse de nuevo con la madera, que acabó devolviéndolo a las manos del portero. Koikili tuvo peor suerte que su compañero, puesto que ni siquiera tuvo la ocasión de despedirse de su público jugando al menos su último minuto. Noventa y ocho partidos le contemplan. Cifra corta que ni siquiera le da derecho a lucir en su solapa la insignia de oro que el club reserva a los centenarios en partidos. Pero Koikili quedará para siempre en la memoria de los aficionados como el futbolista modesto que de pronto llegó desde la Segunda B y consiguió a hacerse con un sitio en la élite; la reivindicación del fútbol de bronce y el espejo en el que se deben mirar los futbolistas jóvenes antes de perder la esperanza de triunfar en la élite.
También Marcelo Bielsa tuvo su sitio de honor en la última noche de la temporada en San Mamés. La grada entonó ese cántico letal que suele ser preludio de despedidas, pero con la letra gozosamente cambiada. "Bielsa quédate", fue el grito coreado por ese orfeón tan bien afinado después tantas actuaciones estelares como ha protagonizado este año. Fue uno de los momentos cumbre de la noche, junto a aquellos en los que la hinchada arrancó con la marcha triunfal de Aida sin necesidad del preludio del gol, solo porque así se lo pedía cuerpo, porque el equipo y el público se merecían una noche festiva y divertida, al margen de lo que estuviera ofreciendo el partido, que era más bien poco, pero era lo que menos importaba la noche del sábado.
Y es que en las tribunas se hablaba de todo menos del partido. Se celebraba la suerte o se lamentaba el infortunio de quien había resultado agraciado en los sorteos de las entradas o no, se ultimaban planes para Bucarest y se intercambiaban consejos y sugerencias. Todo el mundo estaba en otra parte la noche del sábado, incluso los jugadores del Getafe parecían estar más pendientes de organizarse las vacaciones que de amargar la despedida a los leones.
Lo hubieran tenido más sencillo que nunca de habérselo propuesto porque Bielsa, por fin, se tiró de cabeza a este asunto tan debatido de las rotaciones. Solo Aurtenetxe y Herrera comparecieron en el equipo titular, lo que dio pie a más de un comentario. ¿No era Herrera el que venía padeciendo problemas de pubis durante toda la temporada?. Pues el centrocampista fue de los que jugó los noventa minutos.
Después del descanso saltaron al campo Susaeta, Iturraspe e Iraola. Tres titulares habituales que colaboraron a intensificar el asedio sobre la portería del Getafe y a caldear el ánimo de la grada en los últimos cuarenta y cinco minutos de la temporada. Claro que cuando Iraola se acercó a la banda tocándose la ingle, más de uno debió de pensar que la presencia en el campo de tres titulares, cuatro con Herrera, era un riesgo excesivo en vísperas de una cita histórica. Claro que después del año que llevamos, a Bielsa hay que concederle el beneficio de la duda incluso cuando toma decisiones tan excéntricas para el resto de los mortales como esa de incorporar de golpe a tres jugadores que serán decisivos el próximo miércoles.
Poco cabe decir de un partido que el Athletic, a pesar de las ausencias y del ambiente relajado, mereció ganar por juego y por ocasiones y que se le volvió a quedar en un triste empate sin goles por culpa de su penosa puntería y de la falta de claridad en los metros finales o en el pase decisivo. El empate es lo de menos, aunque los puntos perdidos lleven a los rojiblancos a una posición en la clasificación que no es acorde ni con el juego desplegado ni con los méritos contraídos a lo largo de la campaña. No es justo ni estético ver al Athletic a esa altura de la tabla, pero las cosas son como son y no como nos hubiera gustado que fueran.
Poco importa lo que ocurrió ante el Getafe. Fue un simple trámite impuesto por el calendario, un breve e intrascendente paréntesis apenas abierto y cerrado en medio del discurso que el equipo y la afición vienen declamando desde que el Athletic certificó su presencia en la final de Europa League. ¿A quién le interesa Getafe cuando Bucarest ya asoma en el horizonte?. Estamos en la cuenta atrás de una cita con la historia. Tic, tac, el reloj ya desgrana segundo a segundo el tiempo que nos queda antes de abrazarnos con la gloria.
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viernes, 4 de mayo de 2012

El Athletic se juega su primer título europeo contra su antigua sucursal de Madrid

El destino ha querido que el Athletic pueda conseguir el primer título europeo de su palmarés ganando en la final a un rival que fundó hace casi un siglo. Es de sobra conocido que el Atlético de Madrid comenzó su andadura futbolística como una sucursal del Athletic, hasta el punto de que el nombre original del equipo madrileño fue el de Athletic, la misma denominación inglesa que el club que le dio origen. Un grupo de estudiantes bilbainos que sin duda echaban de menos el deporte que ya practicaban en casa, decidieron organizarse para jugar al fútbol, y no vieron medio más natural que continuar con lo que ya tenían en su lugar de origen. En abril de 1903 fundaron el Athletic de Madrid, que funcionó como una sucursal durante cuatro años hasta que se desligó oficalmente del Athletic Club en febrero de 1907 constituyendoss como club totalmente independiente
Las relaciones entre el equipo de Bilbao y el de Madrid eran las propias de un club nodriza y su sucursal, y siguieron así incluso después de que los madrileños se independizaran, hasta el punto de que en los medios de comunicación bilbaínos se daba noticia de las andanzas del Athletic madrileño con la misma cercanía de trato y cariño que dispensaban al Athletic Club.
Pero la cordialidad no eximía de rivalidad deportiva las relaciones entre ambas instituciones, toda vez que en muy poco tiempo la sucursal madrileña se convirtió en uno de los grandes de la época. Y esa rivalidad ya despertaba pasiones entre la cada vez más numerosa afición a lo que entonces conocían como foot-ball.
El 1 de enero de 1911 tuvo lugar uno de aquellos choques que empezaban a arrastrar masas a los campos de fútbol. El partido se disputó en Lamiako y los periódicos ya calentaban de víspera el ambiente previo. Con el título ‘Match Madrid-Bilbao’, La Gaceta del Norte presentaba el partido como un acontecimiento que describía de esta manera. “El match Madrid-Bilbao tiene locos a los futbolistas. Forman en cada esquina corrillos belicosos que se seguir así van a necesitar de la intervención de la fuerza pública. Los optimistas o partidarios de los bilbaínos apuestan cualquier objeto de los señores Arzuaga y Rodríguez que vence el campeón pese a quien pese…Para ellos nadie como el Athletic de Bilbao. ¡Vencerá!, exclaman"
"Por su parte lo pesimistas o partidarios del Madrid aseguran que quien se mete en un bolsillo a la Gimnástica es muy capaz de merendarse en una tarde al señor campeón aunque jueguen Arzuaga, Belauste, Iza, Iceta, Arbaiza y quien se desee.En más de una ocasión respetables personas han necesitado intervenir para calmar los ánimos, pues aquello más parecía el partido del campeonato en el que obtuvo el título que ostenta el Athletic que una reunión de ciudadanos pacíficos”.
Conviene hacer unas acotaciones a la reseña de La Gaceta del Norte para su mejor comprensión. La referencia en el título a Madrid y Bilbao diferencia a dos contendientes con el mismo nombre: Athletic.
La apuesta de cualquier objeto de los señores Arzuaga y Rodríguez, que cita el texto, se refiere a la tienda de material deportivo que tenían dichos señores en el Arenal. Dicha tienda de material deportivo fue centro de operaciones de afiliación de socios y jugadores, distribución y cobro de carnets, logística para viajes y todo aquello relacionado con la actividad del Athletic, algo así como una sede extraoficial del Club, del que Arzuaga, además, era jugador.
El Athletic de Bilbao era el campeón vigente y el Athletic de Madrid llegaba a este partido amistoso después de derrotar a la Gimnástica de Madrid, un grande de aquellos años.
Como era costumbre de la época, los dos clubes anunciaron sus teams de víspera, por telégrafo los madrileños.
Se alinearon por el Athletic de Madrid con camiseta azul: Asuero; I. De Aldecoa, Allende; Cárdenas, Ruete, Mandiola; Isaura, Belaunde, Garnica, Palacio y Smith.
Por el Athletic de Bilbao, con uniforme rojo: Cuartango; Arzuaga, J.M. Amann; Iza, J. Belauste, S. Belauste; Hurtado, Azcárate, Arbaiza, Veitch e Iceta.
Y puntualizaba La Gaceta del Norte: “Como se supone que todo bilbaíno que tenga siete reales en el bolsillo o que pueda proporcionárselos ira el domingo a Lamiaco se ha dispuesto por la Compañía de ferrocarriles que todos los trenes paren en la estación del campo. Nada, que a las tres y media, en que comenzará la lucha va a parecer aquello un campo de juego inglés. Por lo numeroso del público, se entiende”.
El partido, arbitrado por el jugador bilbaíno Luis Arana, acabó con empate a dos goles y la rivalidad deportiva previa, dio paso al hermanamiento de los dos equipos en torno a una mesa. La cena se celebró en el hotel Torrontegui, y los comensales dieron buena cuenta del siguiente menú: Aperitivos variados, Ostras, Puré de habas, Croquetas de ave, Angulas de la Isla, Perdices a la cazadora, Solomillo a la inglesa, Postres de leche, frutas, pastas y queso. Vinos blanco y tinto Bodegas Bilbainas, Palacio y Rioja Alta.
Los jugadores y sus acompañantes debieron pasárselo en grande según la reseña de La Gaceta del Norte. “La alegría fue extraordinaria, sin límites. Se llegó hasta a tirar a goal, y con una precisión que había que sonreírse”.

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jueves, 3 de mayo de 2012

Un Athletic irreconocible por las ausencias cae ante un Madrid que impuso su pegada

Había demasiadas cosas al margen del partido anoche en San Mamés y el Athletic lo acabó pagando. Demasiada electricidad en el ambiente, demasiados agravios por los que pasar factura, demasiados frentes abiertos en las gradas como para que estas volcaran la energía positiva que tanto necesita el equipo en las grandes citas. Los días previos se había estado hablando más de lo accesorio que de lo importante. Se hicieron más planes para zaherir al Madrid que para apoyar al Athletic. Había que ganar para evitar que los blancos se hicieran con el título en San Mamés. Error de planteamiento. Había que ganar para sumar tres puntos que siguieran otorgando posibilidades al Athletic; para obtener beneficio propio, no para fastidiar a nadie.
Es verdad que hay motivos sobrados para la animadversión, pero ya va siendo hora de tomarse estos partidos contra el Real Madrid con más naturalidad, en el césped y en la grada. El Athletic sabe muy bien cómo se encaran los partidos a vida o muerte, apenas tenemos que retroceder una semana en el tiempo para comprobarlo, nada que ver con lo que hizo anoche contra el Real Madrid. Una cosa es la intensidad y otra la ansiedad.
Por momentos el partido recordó la carga de la caballería polaca contra los panzers alemanes en los albores de la Segunda Guerra Mundial. El Athletic, muy debilitado por las ausencias y sobreexcitado por el ambiente, se lanzó con todo contra un rival muy concentrado y seguro de sí mismo que tiene en la pegada su mejor arma. En veinte minutos el marcador ya estaba imposible para los rojiblancos. A partir de ahí hubo un ejercicio de voluntad tan encomiable como inútil aderezado de nuevo por un arbitraje que descalifica por sí solo a todo el sistema.
Aunque los entrenadores suelen decir que prefieren centrarse en los que jugaron, no queda más remedio que recordar a los ausentes. Si en Zaragoza faltaron seis titulares, contra el Madrid fueron cinco los que se quedaron fuera. Toda una rotación. A las ausencias anunciadas de Amorebieta, Iturraspe y Herrera, se sumaron la de Muniain, con problemas físicos de última hora, y la de Iraola. Bajas en todas las líneas que obligaron a Bielsa a improvisar una alineación en la que llamaba la atención la presencia de Javi Martínez en el lateral derecho, quizá la única novedad puramente táctica, que tampoco colaboró a que las cosas funcionaran.
Sin sus habituales organizadores, al Athletic le faltaron orden y pausa para manejar el balón ante un rival que prefiere esperar y golpear, así que el Madrid tomó el mando desde el principio y puso cerco a la portería de Iraizoz. La única buena noticia en el arranque fue que el portero rojiblanco desvió un penalti lanzado por Ronaldo al estilo Panenka. Minutos después Higuain marcó un golazo y apenas sin tiempo para reaccionar Ozil culminó un contrataque de libro sentenciando el partido.
Es cierto que entre ambos goles el árbitro no vio una mano de Khedira en el área blanca, al menos tan clara como la que instantes antes le había inducido a pitar penalti al otro lado del campo, pero no vamos a descubrir a estas alturas que el Madrid es el Madrid y sus circunstancias arbitrales. Teixeira, un lince para descubrir infracciones rojiblancas, volvió a padecer una súbida ceguera y no vio otra mano de Xabi Alonso que cortaba un pase hacia Toquero. Merecería el beneficio de la duda si no fuera porque a esa falta de visión le sumó una interpretación del reglamento realmente sui generis, por ejemplo, al perdonar la segunda amarilla a Ramos tras señalarle juego peligroso. Dos horas antes, en el Calderón, el árbitro había expulsado a Godin tras amonestarle por segunda vez en una jugada similar. Cosas de los criterios unificados de los colegiados. Claro que posteriormente Teixeira no dudó en expulsar a Javi Martínez por una segunda mano tan involuntaria como intrascendente.
El árbitro colaboró a enrarecer el ambiente, pero no fue ni la única ni la principal causa de la derrota del Athletic. No jugaron bien los de Bielsa en esta ocasión porque nunca supieron ni pudieron interpretar el fútbol que requerían el partido y el rival y porque fallaron en los momentos decisivos. En el tercer gol, por ejemplo, a los cinco minutos de la reanudación, cuando la entrada de Iraola habia devuelto a la defensa rojiblanca a una fisonomía más habitual. Sin embargo el recién llegado fue uno de los que fallaron en la defensa de un corner que permitió a Cristiano Ronaldo cabecear completamente desmarcado en el área pequeña.
El marcador fue demasiado cruel con los leones, que estrellaron dos balones en la madera e hicieron trabajar a Casillas en más de una ocasión, pero aunque cruel, no fue injusto. El Athletic saltó al campo muy disminuido y acusó muy pronto esa debilidad en forma de goles. Nunca tuvo opción ante un rival que sabía lo que se jugaba y que siempre supo actuar como mejor le convenía.
Resulta ocioso hacer un análisis del partido desde la perspectiva rojiblanca cuando faltó medio equipo. El Real Madrid no es precisamente el mejor rival ante el que improvisar una alineación. Fue una lástima que Bielsa no pudiera contar con sus titulares habituales pero éstas también son las circunstancias del fútbol y entran dentro de lo previsible a lo largo de una temporada. Tanto como la nueva salida de tono de un Cristiano Ronaldo que volvió a demostrar que lo suyo es un caso claro que redención por el deporte. Sólo su habilidad con el balón ha determinado que su nombre y su rostro aparezcan en la sección de deportes en lugar de en la de sucesos.
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miércoles, 2 de mayo de 2012

La visita del Real Madrid le pilla
al Athletic pensando en otras cosas

Ni los socios más veteranos recuerdan una visita del Real Madrid a San Mamés más intrascendente que la programada para esta noche. Ninguna de las numerosas circunstancias que suelen rodear a un partido de fútbol, más incluso si se trata de un clásico como éste, colaboran a incrementar el interés del partido. El Real Madrid llega con el título de Liga en el bolsillo y el Athletic piensa más en las dos finales que tiene que disputar que en una competición cuyo premio mayor, la clasificación para la Champions, ya le queda demasiado lejos. Las ausencias forzosas de los sancionados Iturraspe y Herrera y la del lesionado Amorebieta restan al Athletic el suficiente potencial como para acabar de enfriar el poco entusiasmo que puede despertar el partido. La hora tardía, el día entre semana y la televisión en abierto son los últimos añadidos que faltaban para terminar de ahuyentar a la afición.
De lo que pudo haber sido, un choque eléctrico, tremendo por la entidad y la rivalidad de los dos contendientes, a lo que será, un partido con envoltura de clásico pero vacío de contenido. El interés se centra en un aspecto tangencial del choque como es el recibimiento que dispensará San Mamés al Real Madrid y si, de llegar el caso, el Athletic hará pasillo a su rival en su condición de campeón de Liga.
Salvo algún aficionado recién llegado de una remota provincia china que se ha hecho seguidor de la Liga gracias a los partidos que le han televisado a las doce del mediodía, todo el mundo sabe que San Mamés pitará al Real Madrid con bastante más intensidad de lo que es habitual. La afición rojiblanca todavía está sangrando por la herida de la negativa a ceder el Santiago Bernabéu para la final de Copa, lo que ha provocado la frustración de al menos diez millares de rojiblancos. Quien no quiso ser anfitrión no puede aspirar a convertirse en un invitado bienvenido.
En cuanto a la cuestión del pasillo, efectivamente podría darse el caso de que el Real Madrid saltara al césped de San Mamés como campeón. El Barcelona juega dos horas antes y si los blaugranas no ganan al Málaga en el Camp Nou, la aritmética dará el título a los blancos cuando estén en el calentamiento previo al partido.
En ningún artículo del reglamento de competición está escrito que nadie tenga que hacer pasillo al campeón. Se trata de una costumbre arraigada, como tantas otras que abundan en el fútbol. Una cuestión mezcla de educación y fair play. Tampoco en ningún lugar del reglamento está escrito dónde hay que jugar las finales de Copa; pero un vistazo al historial basta para conocer dónde se ha jugado casi siempre, incluso cuando uno de los finalistas era el propietario del campo. Siempre ha sido, además de otras consideraciones, una cuestión de educación y fair play, la que este año, casualidad, le han faltado a alguien al que el fútbol, el fair play y la educación (y diría que hasta el Real Madrid), le importan un pimiento.
La del famoso pasillo es una discusión ociosa si el Barcelona gana su partido, así que no merece la pena incidir en ella aunque se supone que el Athletic tendrá decidida su postura ante la eventualidad de que se plantee la situación. La grandeza de las instituciones se mide en este tipo de escenarios. El presidente del Real Madrid y su troupe de pelotas, correveidiles y paniaguados ya se han encargado de dejar a la institución blanca a la altura del barro con el asunto de la final. Al Athletic no le hace falta abundar en el asunto. Son ellos los que se han retratado. La educación y el fair play no están reñidos con la verdad y el Real Madrid sabe lo que piensa el Athletic al respecto. Si no se tienen noticias de que se haya suspendido la comida entre directivas (otras de las tradiciones no escritas) se supone que la institución rojiblanca actuara con coherencia en todos los ámbitos.
Es una lástima que ante un duelo entre el Athletic y el Real Madrid se esté hablando más de estos asuntos tangenciales que de los aspectos deportivos. Hubiera sido un gran choque éste, de llegar en otro momento. Ahora solo será un partido interesante, como lo son siempre estos encuentros, aunque se den en el contexto de un torneo veraniego. Pero entre lo interesante y lo apasionante hay toda una gama de matices que establecen una diferencia sustancial.
No hay que olvidar que al Athletic le hacen falta los tres puntos porque, como ha subrayado Bielsa, si ya no puede ser cuarto está obligado a luchar por ser quinto. Conseguir ese puesto puede ahorrar muchos problemas a los rojiblancos el próximo mes de agosto. Se trata de evitar las eliminatorias previas de la UEL y eso pasa por ocupar la quinta plaza o ganar alguna de las dos finales que tiene que disputar el equipo. Pero la necesidad de unos puntos que sirvan para organizar mejor el calendario apremia menos que el entusiasmo que ha desatado en el equipo y en todo su entorno la posibilidad de levantar un trofeo. Esas son palabras mayores que sepultan el discurso racional que recuerda que la Liga todavía no ha terminado para el Athletic. Así lo dice el calendario, pero ahora mismo todo el mundo en el Athletic quiere pasar cuanto antes las hojas del almanaque para llegar a lo que verdaderamente interesa.
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