domingo, 5 de febrero de 2012

Por su mala cabeza

Ocho puntos lleva perdidos el Athletic en el tiempo de descuento. Si le sumamos que en Miranda dejó entreabierta una eliminatoria que debió quedar definitivamente cerrada, tenemos que concluir que este equipo tiene un problema serio que deberá resolver cuanto antes. Una cosa es ser fieles a una idea, lo que está muy bien y dice mucho de los valores del grupo, y otra es ser una cuadrilla de pardillos que va regalando puntos por ahí. Las abuelas suelen querer nietos que sean, sobre todo, sensatos. 'Ten un poco de juicio', les recomiendan en cuanto tienen edad para escuchar un consejo. Al Athletic no se le pide nada extraordinario; simplemente que sea juicioso y que aprenda a guardar lo que tanto cuesta conseguir, sin dilapidarlo con la alegría con que lo hace.
Al margen de la justicia del resultado, no es de recibo que los rojiblancos se dejaran dos puntos ante el Espanyol en el minuto 92, después del trabajo que habían realizado la hora y media anterior. No se puede ir por esta vida con esa magnificiencia insensata, al margen de que tampoco se puede andar por los campos de fútbol con esas botitas tan llamativas como poco eficaces. Doctores tiene la iglesia, y se supone que también le habrán echado un vistazo a este tema, que no es menor, pero tengo para mí que cuando los futbolistas se preocupaban más de la eficacia de las botas que de sus colorines, había menos resbalones en campos en bastante peor estado. Resbalón de Iturraspe en el área: gol del Rayo; resbalón de Javi Martínez en el área: gol del Espanyol. Y no han sido los únicos que hemos visto en los últimos tiempos.
Claro que no se puede culpar a las botas del fiasco del último partido. Hubo más cosas, por supuesto, en un encuentro jugado por los dos equipos, por decirlo de alguna manera, al revés. De salida, el Athletic evidenció una superioridad absoluta sobre un rival que no vio el balón. El Athletic llegaba con tanta facilidad, que estaba claro que era solo cuestión de tiempo que marcaran los de Bielsa. Apenas hubo que esperar veinticinco minutos para que De Marcos abriera la lata. Parecía que el Athletic se iba a llevar el partido con comodidad, pero fue marcar el gol y perder el control de la situación. El Espanyol se fue arriba y sus jugadores más pequeñitos empezaron a crear verdaderos problemas a una defensa más insegura que en anteriores ocasiones, hasta que llegó el empate en una jugada en la que Romaric se vio demasiado solo al borde del área, lo que le otorgó tiempo para componer la figura y soltar un trallazo duro y colocado. Espectacular.
Como espectacular fue el gol de Weiss, ya en el segundo tiempo, que adelantó al Espanyol en el marcador, cuando el Athletic, ya con Susaeta y Herrera en los sitios de David López e Iñigo Pérez, trataba de arreglar el lío en el que se había metido antes del descanso. Con otro portero, el de Weiss se catalogaría como un golazo por la escuadra con todas las de la ley. Con Iraizoz bajo los palos, la sospecha resulta inevitable. Estaba adelantado, pero no eso no quiere decir que mal colocado, según estaba discurriendo la jugada. Pero quedó la impresión de que en un remate desde esa distancia, el portero puede hacer algo más.
Quedó muy tocado el Athletic por ese gol, y dio entonces la impresión de que un Espanyol muy crecido, acabaría llevandose el partido. Pero queda dicho que el encuentro se estaba jugando al revés. Cuando peor lo estaban pasando los de Bielsa, Llorente y Javi Martínez le dieron la vuelta al marcador en dos jugadas bastante similares, más de asalto que de elaboración. Restaban veinte minutos, pero el mundo estaba del revés en San Mamés. El Athletic siguió atacando como si no hubiera un mañana y a punto estuvo de marcar un cuarto gol. No lo logró y hubiera sido el momento de detenerse un momento a recapacitar, recordar los precedentes y plantear los últimos minutos con un espíritu, digamos más utilitarista. Pero se ve que este equipo es muchas cosas menos juicioso y por su mala cabeza dejó escapar una victoria que tenía en las manos en el minuto noventa.
Es esta una reflexión obligada. No se trata de traicionar la esencia del espíritu que pretende inculcar Bielsa, porque se ha demostrado que, pese a todo, renta más beneficios que perjuicios, ni un canto al resultadismo. No se pide que el equipo se encierre en el área ni que los defensas de cuelguen del larguero; mucho menos que se recurra a trucos torticeros para matar el partido. Simplemente se pide un mínimo de sentido común para no dilapidar a última hora lo que tanto cuesta ganar. Es verdad que el Espanyol había hecho méritos para no salir derrotado de San Mamés, pero el marcador estaba ahí y el Athletic debió congelarlo en lugar de enredarse en un toma y daca que no le beneficiaba en absoluto.
Otro dato, más para la reflexión que para la estadística. En dos partidos en los que no ha jugado la pareja de centrales Javi Martínez-Amorebieta, el equipo cuasi imbatible de enero, ha encajado cinco goles y ha vuelto a los orígenes del periodo Bielsa, cuando el Athletic era un grupo capaz de lo mejor arriba y de lo peor atrás, un equipo de ida sin vuelta que provocaba escalofríos cada vez que perdía el balón. El Espanyol consiguió tres goles sin apenas rematar ni pisar área, pese a la sensación inquietante que provocaron siempre sus pequeños y habilidosos delanteros con sus movimientos a veinticinco metros de la portería de Iraizoz.
Lamentar las ocasiones falladas, la mala suerte o lo que pudo haber sido y no es, acaba cansando y, a la larga, pasando factura. El cambio que ha experimentado este equipo es uno de los más profundos de su larga historia. Su juego es una maravilla durante muchos minutos de cada partido y su actitud individual y de grupo despierta admiración. Por supuesto que hay que ser consecuentes con eso y mantener la apuesta con todas las consecuencias...y un matiz: esto es la Liga, no es Disneylandia.
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viernes, 3 de febrero de 2012

El Espanyol ya se llevó cinco goles
de un San Mamés nevado

Ocurrió justo hace veintinueve años. Aquel mes de febrero de 1983 también hacía mucho frío y nevaba en Bilbao y el Athletic ilusionaba a sus seguidores como lo hace ahora. Incluso más. La temporada anterior el equipo había completado una segunda vuelta espectacular, resolviendo con goleadas casi todos sus partidos en San Mamés, lo que le llevó a acabar en cuarta posición. La temporada 82-83 estaba confirmando los buenos augurios del año precedente, y aquel gélido mes de febrero el Athletic de Clemente estaba disputando el liderato con el Real Madrid y el Barcelona. Nadie hablaba todavía de ganar la Liga que se iba a conquistar tres meses después bajo el sol canario. Por esas cosas del calendario, el partido contra el Espanyol se jugó un miércoles, en una noche en la que los lobos se paseaban con bufanda por las calles de Bilbao.
No tenía un mal equipo aquel Espanyol que entrenaba José Mari Maguregi. Liderados por Lauridsen, los Orejuela, Corominas, Márquez y compañía, formaban un grupo apañado que se movía con comodidad por la mitad de la tabla. Bastantes de aquellos jugadores alcanzarían unos años después la final de la UEFA dirigidos por Javier Clemente.
Por eso, cuando sobre un San Mamés nevado el equipo catalán se adelantó en el marcador nada más empezar el partido, la preocupación cundió en la grada. Las condiciones del campo favorecían el juego de destrucción y si ya de antemano parecía un partido complicado por las bajas de Liceranzu y Dani, el 0-1 no auguraba nada bueno.
Muchos años después, veinticinco para ser exactos, mientras estaba preparando mi libro 'Días de gabarra y gloria', tuve la oportunidad de charlar con Isma Urtubi, uno de los protagonistas de aquel partido y de aquellos títulos. Al 'Jabalí', que era como le llamaban, y le llaman todavía sus compañeros, se le afilaba el colmillo recordando aquel episodio un cuarto de siglo después. Y es que aquella gélida noche el Athletic protagonizó una de las exhibiciones de fuerza y talento más espectaculares que se recuerdan en San Mamés. El equipo se comportó en el campo como una división acorazada que aplastó literalmente a un rival hundido en la nieve y el barro. N'Kono, el portero camerunés que hizo historia en el Espanyol por su peculiar forma de actuar bajo los palos y por los pantalones largos de su uniforme de juego, confesaría después del partido que aquella noche vio la nieve por primera vez en su vida. Pero no fue culpa de Tommy N'Kono que el Espanyol encajara cinco goles. Fue responsabilidad de un Athletic poderoso, convencido de sus posibilidades y de su capacidad. No fue casualidad que los goleadores fueran tres de los más fuertes físicamente de aquel equipo. Miguel De Andrés abrió y cerró el marcador rojiblanco, Txema Noriega hizo el segundo y el cuarto y Urtubi fusiló el tercero desde el punto de penalti. El Espanyol conseguiría marcar un segundo gol que maquilló una goleada que pudo ser aún mayor.
Zubizarreta, Urkiaga, Núñez, Goikoetxea, De la Fuente; Gallego, De Andrés, Urtubi; Noriega, Sarabia y Argote, fueron los titulares. Desde el banquillo salieron en el segundo tiempo dos jovencísimos Julio Salinas y Juanjo Elgezabal.
Aquel partido contra el Espanyol despertó en los aficionados más veteranos el recuerdo de otro partido disputado bajo la nieve también un día entre semana, muchos años atrás, nada menos que en 1957, en cuartos de final de la segunda edición de la historia de la Copa de Europa, contra el Manchester United. Aquel partido se recordaba y así lo siguen recordando los veteranos, como 'el partido de la nieve' y quienes estuvieron en San Mamés aquel miércoles de enero a primera hora de la tarde, para aprovechar la luz natural, no dudan en asegurar que fue el mejor partido de la historia de San Mamés. El Athletic también metió cinco goles, pero encajó tres. El 3-0 en la vuelta acabó con su trayectoria europea.
Entrenado por Daucik, el Athletic acababa de conseguir el segundo doblete de su historia, y su debut en la recién nacida Copa de Europa no podía ir mejor. Los leones habían eliminado al Oporto y nada menos que al Honved de Budapest de los Puskas, Czybor, Koczsis y Rakoczi, uno de los mejores equipos de la historia, columna vertebral de una selección húngara que destacaba por su fútbol de alta escuela. Era lógico el ambiente de entusiasmo que reinaba en Bilbao cuando llegó el Manchester United y el partido, según cuentan sus testigos y protagonistas, no desmereció en absoluto.
Los héroes de aquella ocasión fueron Carmelo, Orue, Garay, Canito; Mauri, Maguregi; Artetxe, Markaida, Arieta I, Merodio y Gainza. Prácticamente los 'once aldeanos' que dos años más tarde ganarían la final de Copa en Chamartín al Real Madrid de Di Stéfano, Kopa, Santamaría o Gento, el campeón de las primeras cinco ediciones de la Copa de Europa.
Un año después de aquel célebre partido de la nieve, el 6 de febrero de 1958, un accidente aéreo acabó prácticamente con aquel legendario Manchester United cuando el equipo regresaba de disputar un partido de Copa de Europa contra el Estrella Roja de Belgrado. En el accidente que ha pasado a la historia como la catástrofe de Munich murieron veintitrés personas, entre ellas, seis de los futbolistas que habían jugado en San Mamés: Tommy Taylor, autor del primer gol de su equipo, Lian Whelan, que marcó el tercero, David Pegg, Mark Jones, Eddie Coleman y Geoff Bryne.
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jueves, 2 de febrero de 2012

El Athletic ha superado con éxito la exigente prueba de los nueve partidos de enero

A estas alturas son muchas más las certezas que las dudas sobre el trabajo de Marcelo Bielsa. El cambio profundo que ha experimentado el equipo ha transportado a los aficionados desde el escepticisimo al entusiasmo, pasando por la incredulidad y el asombro. Bielsa ha obrado el prodigio de devolver al Athletic a su identidad natural recorriendo un camino que la mayoría creía vedado para los leones. De pronto ha aflorado en San Mamés el estilo sobre el que se ha construido la leyenda de un equipo indomable. Qué hay más intrínseco al alma del Athletic que la presión agobiante sobre el rival, el robo en posiciones adelantadas, el balón profundo y el centro desde la banda al corazón del área. El espíritu de los viejos leones se ha encarnado en los jugadores de ahora, más livianos algunos, más técnicos otros, menos aguerridos casi todos, pero dignos herederos todos de sus antecesores.
Han llegado también los resultados, acompañados además por una actitud en el campo donde no hay lugar para el engaño y la trampa. La honestidad ha sido siempre parte importante del estilo de este club en todos sus ámbitos; el fair play de jugadores y aficionados es lo que le ha otorgado al campo el título de catedral, un escenario donde se practica la liturgia del fútbol en su pureza y con el máximo esplendor.
Hay buen juego y hay buenos resultados; la fórmula funciona y el público acude al campo con la certeza de que le esperan dos horas de diversión. A estas alturas, solo una duda sigue flotando en el ambiente, una duda que solo el paso del tiempo acabará por despejar y, de momento, el paso de las hojas del calendario parece querer transformar también esa duda en certeza. ¿Aguantará el equipo este ritmo?
Es una pregunta que se siguen haciendo propios y extraños, una vez constatada la idea del técnico de jugar con un grupo muy reducido. Bielsa forma parte del sector de técnicos que prefieren trabajar con plantillas cortas. Otros suelen preferir nóminas largas, con presencia de algunos especialistas para realizar tareas concretas y capacidad para realizar cambios masivos, llamados ahora rotaciones. Tiene indudables ventajas, pero también inconvenientes, como todo, entre ellos, y no el menor, la dificultad de gestionar egos sobredimensionados y eternos agraviados emboscados en el banquillo o fuera de la convocatoria.
Los que como Bielsa prefieren tener poca gente que manejar, sostienen que es más positivo para el grupo que todos sus componentes se sientan útiles a la causa común. Y en caso de verdadero apuro, siempre queda el filial para buscar soluciones, algo que en el caso del Athletic entronca directamente con su tradición.
El técnico argentino adelgazó la nómina en verano y las circunstancias le han dejado prácticamente con lo puesto. Lesionado de gravedad Gurpegi, lastimados también Igor Martínez y Castillo, así como Ocio, descartado Koikili y Zubiaurre missing, nadie podrá reprochar al entrenador que no cuenta con todo lo que tiene. El problema es que lo que tiene son diecisiete jugadores de campo, y no siempre todos disponibles, como la ausencia del lesionado Gabilondo en las últimas citas lo demuestra.
No faltaron los agoreros que viendo a los de siempre correr y presionar como poseídos un partido sí y el siguiente también, concedieron al equipo una vida que no podía ir mucho más lejos que la primera vuelta.
'Estos están muertos para enero', se ha oído con frecuencia en tertulias y mentideros. Bien, 'estos' han jugado nueve partidos en enero, uno cada tres días, han ganado seis, empatado dos y han perdido uno. Han marcado dieciseis goles y han recibido siete; han mantenido su portería a cero en seis partidos y solo han dejado de marcar en dos ocasiones, ambas lejos de San Mamés.
La proeza ha sido cosa de trece jugadores de campo porque, aunque han intervenido dieciséis, la participación de Ibai Gómez, Ekiza y David López ha sido prácticamente testimonial. La jerarquía que ha impuesto Bielsa está meridianamente clara. Tiene un once titular del que solo le apean por causas de fuerza mayor como sanciones o lesiones, y cuenta con tres relevos fijos: San José, que ha ocupado ausencias puntuales de los centrales o sale desde el banquillo para retocar la configuración del equipo, Toquero, que ha aprovechado con éxito la lesión de Llorente para reivindicarse ante el técnico, e Iñigo Pérez, que empieza a parecer una versión del polivalente De Marcos, por las diversas posiciones y tareas a las que le ha destinado el técnico. Iñigo ha sido lateral, medio centro y centrocampista por detrás del delantero centro. Precisamente la presencia de este tipo de jugador polivalente es la que permite a Bielsa ensayar diversas configuraciones del equipo prácicamente con la misma gente. Quizá el técnico de Rosario sigue la idea que un día resumió su preparador físico Luis Bonini en una frase contundente: "un especialista puro es un idiota perfecto".
Ibai Gómez, Ekiza y David López, están participando en menor medida, aunque últimamente, David López ha empezado a contar más, probablemente por la enorme acumulación de partidos que ha presentado el calendario en el último mes.
Enero, con sus nueve partidos, ha sido el periodo más cargado el calendario. En febrero esperan siete encuentros con un nivel de exigencia más elevado, porque vuelve la competición internacional. El Espanyol abre la lista este sábado. Después esperan Mirandés, Betis, Lokomotiv, Málaga, Lokomotiv y Villarreal.
Otra vuelta de tuerca a las piernas de los leones y otro examen para Luis Bonini, el preparador físico en el que Bielsa tiene depositada toda su confianza, sin olvidar a Claudio Vivas y Diego Reyes, conocedores también del medio, lo mismo que el propio Bielsa, que antes del curso de entrenador, había estudiado Educación Física. Bielsa siempre ha elegido a sus preparadores físicos con especial cuidado, porque sabe la importancia que tiene la respuesta física en el desarrollo de su exigente sistema de juego. Bonini le viene acompañando desde sus tiempos en el Atlas mexicano, con el único paréntesis de Vélez Sarsfield, lo que demuestra que la confianza es plena.
Dicen los clásicos que los equipos campeones son aquellos que cuentan con una alineación reconocible, una que los niños recitan de memoria y no la olvidan a lo largo de su vida. Todos los aficionados al fútbol tenemos al menos una alineación de nuestro equipo que repetimos como un mantra. Ponerse a cuestionar que el entrenador cuente siempre con los mismos jugadores no dejan de ser ganas de buscarle tres pies al gato.
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miércoles, 1 de febrero de 2012

Un gol a última hora afea un excelente resultado

El Athletic bajó la persiana de Anduva demasiado pronto. Creyó que lo tenía todo hecho y se adelantó al reloj del árbitro para dar por terminado el partido antes de tiempo. El resultado es que encajó un gol en el último instante que afea un resultado que es excelente pero que era incontestable un minuto antes. Ese tanto de Lambarri viene a ser la coartada que necesitan los de la tele para mantener la audiencia del partido de vuelta y los lectores de los cantares de gesta para conservar la ilusión del milagro. Pero los milagros, por definición, no existen, y el cantar de gesta es un género literario en desuso; si la gente no lee el periódico, como para leer las aventuras de Roldán. Pero seamos serios, el marcador de Anduva es lo suficientemente sólido como para que la semifinal pinte hoy mucho mejor para el Athletic que cuando empezó a las diez de la noche del martes.
Pese a lo reconocido de las casi infinitas dimensiones de la afición rojiblanca, la hinchada del Athletic está en clara minoría en esta eliminatoria. Todo el mundo quería, y quiere, que el Mirandés lograra la hazaña. Sus aficionados en primer lugar, claro; después todos los empadronados en Miranda, distingan un balón de una onza de chocolate, o no; luego, aquellos que encuentran consuelo a los males propios en las desgracias ajenas, que también son unos cuantos; también los aficionados al fútbol a los que les sale la vena romántica y siempre quieren que gane el pequeño aunque ellos sean del Barça o del Madrid y, finalmente, todos aquellos que de refilón, en la tele o en el mercado, han oído hablar no se qué de un equipo de Segunda B que está eliminando a todos los que se le ponen por delante. Todo el mundo era ayer del Mirandés. Hoy estarán a sus cosas y mañana ni se acordarán del asunto. El Athletic se encargó de quitarle interés a la historia en cuarenta y cinco minutos en los que quedó establecida la jerarquía que separa tres categorias futbolísticas.
La caldera en ebullición que se suponía que iba a ser Anduva no fue tal, salvo en los momentos previos al partido y ello en cuanto a sonoridad, porque la famosa grada supletoria con asientos vacíos a la vista no constituía el escenario más intimidatorio. En cuanto el colegiado ordenó el comienzo, el Athletic hizo saber a propios y a extraños que la broma se había acabado. Se hizo con el balón y aplicó la dosis de medicina que necesitaba el Mirandés para calmar su sobreexcitación. Moviendo la pelota de lado a lado del campo y apoyándose en el portero cuando hacía falta, los de Bielsa hicieron correr a los animosos jugadores locales hasta la extenuación. Con el añadido de que la mínima bajada de presión en el centro del campo por parte de los de Pouso, acababa con el balón en su área y cuatro o cinco rojiblancos en posición de remate.
Así llegó el primer gol del Athletic apenas rebasado el primer cuarto de hora. De Marcos dejó sentado a su marcador se fue hasta la línea de fondo, miró y vio a Llorente señalándole el desmarque. El centro perfecto facilitó el cabezazo poderoso del delantero en el segundo palo. Era exactamente lo que el Athletic necesitaba para terminar de poner el partido bajo control.
El Mirandés acusó el golpe. En su argumento no estaba escrito que se verían en inferioridad tan pronto y de semejante manera. Ellos habían estado soñando con un partido más igualado en medio del fragor de una grada entregada, con un rival al que empujaban contra su portería llevados en volandas por su público. En su guión había cantidad de ¡huyyyyys! y ¡ayyyyys!, y muchos ¡Anduva empuja!, una cosa muchísimo más épica que el partido frío, eficaz y metódico que organizó el Athletic. Ocho minutos después, Llorente, como el sábado en Vallecas, tiró de catálogo y eligió la jugada personal para hacer su gol número cien con la camiseta del Athletic. Todavía habrá aficionados de cerebro alicatado hasta el techo que le nieguen el pan y la sal.
Pudo marcar un tercer tanto el Athletic antes del descanso y hasta un cuarto en la segunda parte, pero un linier de espasmódico levantó el banderín señalando inexistentes fueras de juego de Llorente y de Muniain. Con el gol anulado en San Mamés contra el Mallorca, ya son tres los errores de los auxiliares en el mismo tipo de jugada. A pesar de fallos ajenos, la eliminatoria ya estaba en el carril que querían los de Bielsa así que cuando regresaron después del descanso su actitud ya no era la misma que la de la primera parte. Quizá pensaron que el Mirandés acabaría diluyéndose entre la desilusión y el cansancio y que el tramo fínal del partido sería un trámite. Se equivocaron, y su error dio al Mirandés el suficiente aliento para seguir luchando hasta el último instante. Es sintomático, y no dice mucho de su concentración, que los dos jugadores que salieron de refresco, David López e Iñigo Pérez, vieron la tarjeta amarilla en la primera acción en la que intervinieron, por no medir bien en la disputa. Un remate que rozó el larguero o Iraizoz haciendo la parada de la noche a remate de César, no fueron suficientes alarmas para terminar de espabilar a un Athletic adormilado que creyó que el trabajo estaba hecho. Lo estaba y lo está, pero ese gol a última hora de Lambarri, afea el resultado y retrasa una semana el trabajo de las agencias de viaje. A lo mejor incluso le viene bien al Athletic para conservar la tensión necesaria hasta el partido de vuelta.
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martes, 31 de enero de 2012

Fútbol, leyes, usos y costumbres

Además de por el Reglamento, única norma impresa negro sobre blanco que regula el fútbol, este deporte y sus aledaños se rigen por una serie de leyes no escritas y diversos usos y costumbres que se suelen resumir en sentencias y tópicos más o menos afortunados que en su elementalidad esconden verdades indiscutibles del tenor de 'no hay enemigo pequeño', 'los partidos duran noventa minutos' o el ya clásico de Boskov, 'fútbol es fútbol', que resume en tres palabras la esencia de este deporte y que merecería estar esculpido en mármol.
Estos días volvemos a asistir a una nueva repetición de estos usos y costumbres. Han bastado un par de tropiezos y siete puntos de distancia en la tabla, para que los hasta la fecha comedidos jugadores del Barcelona, empiecen a enredarse en unas declaraciones que hasta ahora eran exclusivas de sus grandes rivales blancos. No es que los de Guardiola se hayan salido del tiesto y hayan dicho nada que ofenda a nadie, pero oir a Messi hablar de los árbitros ya supone un cambio cualitativo. Lo de Xavi y su valoración sobre el saber perder de los madridistas, entra en el terreno del puro cotilleo, puesto que se trata de la publicación a traición de una conversación privada, que fue posible porque a un veterano como Xavi le pillaron como a un pardillo y porque alguien de TV3 no acudió en su día a clase de deontología, pero hablar a día de hoy de deontología o simplemente de vergüenza profesional, es como ponerse a recitar con Pedro Crespo aquello de 'al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios', emotivo sí, pero tan absurdo como un colador sin agujeros.
Si los barcelonistas están cumpliendo fielmente con la costumbre de quejarse de los árbitros en época de vacas flacas, la presencia de un equipo de Segunda B en la semifinal de Copa, ha desparramado toda la panoplia de tópicos y lugares comunes que suelen acompañar estos casos extraordinarios, aunque no tan inhabituales como se pueda pensar en un primer momento. El Castilla llegó a jugar una final de Copa contra el Real Madrid, y el Numancia ya se cargó a tres equipos de Primera cuando era un perfecto desconocido, por no hablar de la pléyade de los llamados 'matagigantes', que alcanzaron alguna vez las portadas de los periódicos.
El protagonista es ahora el Mirandés así que, de pronto, la ciudad ferroviaria se ha convertido en el epicentro de la noticia (¡toma topicazo!). Ya sabemos que uno de sus jugadores trabaja por las mañanas en un banco, lo que curiosamente en los tiempos que corren no le ha hecho perder un ápice de popularidad entre sus convecinos, y no hay radio que sintonices o televisión que enciendas, en la que tarde o temprano no acabe saliendo Carlos Pouso o algún eufórico lugareño. Ya nos han informado sobre el número de habitantes de Miranda de Ebro, sus principales fuentes de riqueza, la relación entre el presupuesto del Mirandés y la renta per cápita de Kazajistán, y sabemos también que las entradas para ver el partido cuestan 90 euros, que no en vano la de atizar duro en la taquilla sigue siendo una de las costumbres más arraigadas en este mundo del fútbol ultimamente tan audiovisual.
Decíamos que en este deporte tienen singular importancia los usos y las costumbres, pero también rigen las leyes no escritas. Es verdad que no hay enemigo pequeño, pero al mismo tiempo, una de esas normas que no se pueden leer en ningún sitio como tales, dice que al final del sueño la lógica, que también existe en el fútbol, termina imponiéndose. Al fin y al cabo en castellano hay un dicho para demostrar una cosa y otro para sostener la contraria, así que el fútbol funciona en este sentido como el refranero, o sea, que no hay enemigo pequeño, pero el pez grande se acaba comiendo al chico. Al cumplimiento de esa ley que apela a la lógica se tiene que aferrar el Athletic para alcanzar la final. Está muy bien el entusiasmo que despierta siempre en las masas la pedrada certera de David en la cabeza de Goliath, pero hablamos de fútbol y lo normal suele ser que Goliath coja la piedra y le atice a David, aunque la aplicación de la ley del más fuerte resulte siempre impopular.
El Athletic tiene abierta la puerta que conduce a la final y solo tiene que dar el paso para atravesarla. Depende de sí mismo y cuenta con la ventaja añadida de jugar el segundo partido en San Mamés. Dispone de un equipo manifiestamente superior a su rival y el efecto sorpresa ya no existe por razones obvias y porque Bielsa ya ha demostrado ante el Oviedo y el Albacete que él no se deja sorprender ni permite la relajación a sus jugadores. Normalmente es injusto hablar de fracaso cuando nos referimos a un equipo tan peculiar como el Athletic, pero en este caso, no superar la eliminatoria constituiría un fiasco de dimensiones siderales.
No se trata de exhibir absurdos sentimientos de superioridad, ni de minimizar los méritos del rival, que los tiene, pero si a Urrutia le dicen en septiembre que elija el itinerario de Copa para su equipo, no le hubiera salido mejor. Los rojiblancos lo tienen todo a favor. Ni el Mirandés ni nadie les puede ganar a correr, a entusiasmo, ni a ganas de ganar. Y si hablamos de usos y costumbres, la del Athletic de jugar finales se remonta a 1902. De algo le tendrá que servir.
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