El caso es que los dos zangolotinos de las fotos son dos jugadores internacionales de un equipo de Primera División que viste a rayas rojas y blancas. Su profesión ya les otorga la popularidad que otros buscan exhibiéndose en internet, pero parece ser que no han tenido en cuenta ese pequeño detalle. De acuerdo con la vertiginosa secuencia que suelen seguir las noticias en la red, las fotos han circulado en cuestión de milisegundos. Tanto en así que un periódico local decidió anoche publicar una de esas imágenes en su edición digital. La retiró en cuestión de horas. (Edito: Retiró la foto de la portada pero ha pasado a encabezar la lista de las noticias más leídas) El otro diario, tan proclive en tantas ocasiones a airear temas privados de personajes públicos, ha ignorado el tema por completo. (Edito de nuevo: Este diario sigue sin hacer mención a la foto, pero su correspondiente en Gipuzkoa la saca a la portada de su edición digital. Curioso)
Los comentarios de los lectores al pie de la noticia del diario que publicó la foto coincidían en elogiar la forma de divertirse de los protagonistas de la instantánea y en envidiar su juventud y los posibles que les permiten esos lujos. No consta la edad de los comentaristas, obviamente, pero de su léxico y perspectiva se puede deducir sin miedo al error que llevan muchos años afeitándose. Y sus comentarios explican por sí solos porque el diario que publicó la foto la retiró casi de inmediato y el otro no hizo ni mención: en estos momentos eso no es noticia.
Es esta una nueva aportación a la doctrina del relativismo. Y no es de ahora; siempre ha sido así. El hincha que se encuentra en un bar a un jugador tomando un refresco e insiste en invitarle a un combinado cuando las cosas van bien, será el primero en denunciar las veleidades alcohólicas del mismo jugador cuando las cosas vayan mal; aunque lo más fuerte que siga bebiendo ese jugador sea un batido de chocolate. Los dos postadolescentes de las fotos han tenido la fortuna de que la cosa ha salido cuando su equipo está muy arriba en la tabla, se dispone a jugar un partido trascendental en Europa y va a jugar una final de Copa dentro de dos meses. Así que a ojos del aficionado medio son dos machotes que hacen muy bien divirtiéndose en su tiempo libre. Alguno incluso les guiñará el ojo envidiando su suerte. Harán bien nuestros dos héroes en no perder de vista que cuando las cosas vayan peor que ahora ese mismo aficionado que ahora les guiña el ojo, bramará contra sus costumbres licenciosas y exigirá castigos ejemplares.
Mucho mejor para todos si el asunto pasa lo más desapercibido posible y no llega a mayores, porque no estamos más que ante la eternamente repetida historia de unos niños jugando a ser hombrecitos, pero eso no debe excluir que desde el club no les expliquen a este par de insensatos que, a diferencia de lo que ocurre con sus amigos del pueblo, su condición profesional les impide airear su vida privada o exponerse a que otros la aireen, como ha sido el caso. En resumen, que no sean tan pazguatos.
La doctrina del relativismo se puede aplicar también al partido contra el Manchester. Donde unos ven acontecimiento histórico, otros solo advierten un trámite; lo que para los de aquí es puerta que abre el camino hacia la gloria, para los de allí no es más que un portillo que tienen que pasar para tratar de alcanzar un premio de consolación. Está claro que no se vive de la misma forma esta eliminatoria en Manchester que en Bilbao y puede que esta percepción tan opuesta sea la mejor arma para el Athletic. La ilusión con la que afronta el partido, esa motivación extra que tienen los leones y de la que carecen los diablos rojos, servirá para acortar significativamente la distancia futbolística que se supone que existe entre unos y otros. Lo que para los rojiblancos es premio, para los rojos no pasa de ser un incordio y como alguien dijo, el fútbol es un estado de ánimo.
Lo que verdaderamente importa es que los de Bielsa afronten el partido con el espíritu de competición propio de un futbolista profesional, dejando la perspectiva del acontecimieto histórico para los aficionados. Porque lo histórico de verdad para el Athletic no es jugar en Old Trafford, sino eliminar al Manchester United. Está bien eso de rendir culto al mito y celebrar como lo que es, un gran choque, el enfrentamiento contra un club legendario, pero sin perder de vista que también el Athletic es una institución legendaria, que también San Mamés es un escenario de prosapia y que siendo el Manchester United uno de los grandes de Europa, el Athletic se enfrenta, y planta cara, cuatro veces al año a los dos mejores equipos del mundo. Jugar contra el Manchester United no es un premio en sí mismo; el premio es pasar a cuartos de final y para eso hay que conseguir traer la eliminatoria a San Mamés. Y el Athletic tiene posibilidades de hacerlo. Seguro.
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