domingo, 11 de diciembre de 2011

Marcelo, tenemos dos problemas

Cuando después de jugar ocho partidos de Liga en San Mamés el Athletic solo ha ganado dos, dejamos de hablar de síntomas para empezar a referirnos directamente a la enfermedad. Desde los primeros compases de la temporada se pudo apreciar que el equipo de Bielsa jugaba bastante mejor, más suelto, con más ideas, como visitante; se suponía que sería cuestión de tiempo que encontrara el medio de encontrar su camino en San Mamés. No ha sido así, al contrario, han sido los rivales los que han aprendido de memoria cómo contrarrestar el juego de los rojiblancos en su propio campo; ahí están los resultados para confirmarlo.
En el minuto 90 del partido contra el Racing, pensaba que el Athletic tenía un problema, el de la falta de resolución ante la portería contraria. Dos minutos más tarde, nos encontramos con que los rojiblancos tienen no uno sino dos problemas, uno en cada portería, en la contraria y en la propia. Le cuesta un mundo marcar y le hace gol el primero que pasa por su área. Así no hay manera de progresar por mucho que lo intente. Resulta ocioso hablar de mala suerte y otras zarandajas cuando no se tiene la suficiente solvencia para amarrar un partido diez miserables minutos, ni se sabe defender una falta en el último suspiro.
Ante el Racing se repitió la historia del partido contra el Granada, con el agravante de que los cántabros no perdieron tanto tiempo ni defendieron con tanta solidez y tantos efectivos como hicieron los andaluces. Es más, cada vez que el Athletic consiguió simplemente meter el balón en el área se pudo apreciar que la zaga racinguista tenía carencias más que evidentes, hasta el punto de que ni el persistente empate, ni la paulatina falta de ideas de los rojiblancos se antojaban suficiente lastre como para impedir un gol que se anunciaba inevitable. Así ocurrió cuando Toquero centró un balón más o menos a la buena de Dios y Aurtenetxe lo empujó a la red cabeceando de cerca tras superar la blanda oposición de un defensor.
Lo que ocurrió después entra en el terreno de la ciencia ficción. El Racing que no había hecho nada hasta entonces, salió a un ataque desesperado que acabó rompiendo a un Athletic convertido en un flan porque ninguno de sus jugadores tuvo ni la entereza ni la sangre fría suficentes para poner orden y llevar el partido a donde le convenía.
El nuevo fiasco alimenta un debate que lleva camino de convertirse en el tema estrella en los próximos días. Me refiero a la posición de Javi Martínez en el centro de la defensa. Bielsa es muy libre, faltaría más, de elegir sus alineaciones y sus sistemas, pero tampoco puede pretender que la afición acepte como dogma de fe todas sus decisiones. Ya sabemos lo cerca que quedan los dogmas de fe de los autos de fe y nadie quiere que alguien acabe ardiendo en la hoguera. No sobraría una explicación, aunque solo fuera para ordenar una discusión en la que, a simple vista, una inmensa mayoría está alineada contra la decisión del técnico.
Soy de los que creo que Javi Martínez puede jugar en cualquier posición de una línea recta imaginaria trazada entre los dos puntos de penalti. Estamos ante un futbolista 'box to box' que dicen los ingleses, capaz de rendir prácticamente en todo el campo y en diversas tareas. Se trata de descubrir dónde rinde más o qué beneficios puede aportar al equipo un hipotético sacrificio de sus cualidades. Javi Martínez ha llegado a la selección jugando a un altísimo nivel en el centro del campo. Si se retrasa su posición, se supone que es para incoporar al centro del campo a un jugador que aporte cosas que el de Aiegi no ofrece. Es decir, que si Martínez juega de central es porque se supone que Iturraspe es más potente en la creación y más fiable a la hora de dar salida al balón.
Se supone, porque ayer no se vio nada de eso. Durante todo el segundo tiempo Iturraspe jugó prácticamente pegado a Javi Martínez, metido entre los centrales, a decenas de metros de donde se suponía que estaba la base de operaciones del equipo, dando pases de tres metros y sin arriesgar lo más mínimo en la salida. Si saca una sillita y se sienta en el círculo central, su aportación hubiera sido similar. El resultado fue que el Athletic tuvo a dos buenos futbolistas haciéndose mutua compañía donde no pasaba nada. Un lujo que no se pueden permitir ni siquiera equipos con plantillas de muchísimo más empaque.
La dependencia de Llorente no es causa de debate. Aquí hay unanimidad absoluta. La discusión surge a la hora de encontrar una solución a su ausencia. Apelar al fichaje de Aduriz está bien para animar las tertulias a pie de barra pero, mientras tanto, Bielsa tiene que resolver con lo que tiene y, de momento, la única solución que ha ensayado ha sido la de dar entrada a Toquero en la misma posición que ocupa el internacional. Ha quedado claro que Toquero, de por sí un futbolista mucho más limitado que Llorente, rinde mucho más en la banda, donde impone su fortaleza y saca partido de la suerte que mejor domina, el centro en carrera, que asumiendo la responsabilidad de situarse en el eje del ataque. Ayer dio el centro del gol y sirvió algunos otros balones más que aprovechables. El problema es que el que centra no puede rematar, ni siquiera corriendo como corre Toquero, y los jugadores de segunda línea del Athletic tampoco destacan por tener un físico imponente para disputar balones a los centrales.
Bielsa sigue teniendo trabajo por delante, mucho trabajo. Tiene dos problemas que necesita resolver urgentemente si no quiere verse metido en un lío. El Athletic tiene menos puntos de los que merece su juego, pero en el fútbol no se vive de los méritos sino de los puntos. No se trata de quedarse en el 'clasificación amigo', que conste; se trata de que la esgrima, el preciosismo y el juego de piernas se concreten en un directo al mentón que ponga al rival patas arriba.

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viernes, 9 de diciembre de 2011

Preguntas en el aire después del estreno en la Copa

¿Mereció la pena el esfuerzo?. Es la primera pregunta que se plantea tras observar que el equipo titular de Bielsa se estrenó en la Copa con un raquítico 0-1, a todas luces injusto para la cantidad de ocasiones que generó. Hay otras pregutas que llevan la respuesta incorporada. Por ejemplo. ¿Hay relevo para Llorente?. Evidentemente no, y aunque sea políticamente incorrecto escribirlo, Toquero se retrata cada vez que le asignan esa responsabilidad en este equipo. El jugador más querido de San Mamés disimulaba mucho mejor sus limitaciones en el tosco esquema anterior. Ahora, cuando el equipo juega con otra armonía, desentona incluso ante los ojos de los más fanáticos admiradores de su entrega y disposición al combate. El papel de Toquero en este equipo es otro: el de solución de última hora para asaltar fortines, como ocurrió la noche del Slovan, el de galvanizador de equipo y afición cuando el partido se duerme... pero nunca el de sustituir a Llorente en el liderato del ataque. Y no se tome como desprecio. Hoy en día Llorente es para el Athletic lo que Messi para el Barcelona: un jugador insustituible. Así que queda seguir rogando para que el internacional vuelva cuanto antes y permanezca entero otra tacada de noventa y tantos partidos. Añorar a Aduriz es llorar por la leche derramada. Los errores históricos tienen eso, que hacen daño a largo plazo. El Athletic sabe bastante de eso.
Pero volvamos a la primera pregunta. ¿Mereció la pena el desgaste al que sometió Bielsa al Athletic para tan magro resultado? Es una cuestión que no tiene respuesta porque nunca sabremos qué hubiera sucedido de alinear los rojiblancos un equipo más experimental. No lo sabremos aunque uno se lo puede imaginar a la luz de la experiencia. En esta clase de partidos el pequeño se crece al calor del público y el grande se achica en su indolencia hasta acabar haciendo el ridículo más de una vez. Obsérvese lo que le sucedió ayer mismo al Atlético de Madrid en Albacete. Salvo casos excepcionales, la diferencia de calidad global entre la plantilla de un Primera y un Segunda B no es tan estratósferica como pueda parecer a primera vista, y menos cuando median el llamado factor campo y otras circunstancias intangibles pero influyentes como la motivación de los jugadores. Y no hablo de equipos titulares sino de plantillas. El equipo de Primera tiene un grupo de quince o dieciseis jugadores claramente superior a los titulares del de Segunda B, pero a partir de ahí, los que no juegan habitualmente conforman un colectivo aprovechable tomados de uno en uno, pero de rendimiento poco fiable como grupo. No están habituados a jugar juntos, ni a asumir la responsabilidad de llevar el peso del equipo, tarea reservada a los titulares habituales. En el caso concreto del Athletic, además, estamos ante una plantilla realmente corta que, de elegir Bielsa la opción de la rotación, le hubiera obligado a recurrir a algunos elementos del Bilbao Athletic, equipo que milita en la misma categoría que el Oviedo.
Elucubraciones al margen, todos hubieramos dado por bien empleado el esfuerzo de los titulares rojiblancos si llegan a acertar la mitad de las ocasiones que crearon. Si la eliminatoria hubiera quedado liquidada en esos noventa minutos, no tendríamos dudas ni preguntas. El problema es que no fue así, por una carencia que viene lastrando al equipo durante toda la temporada: la escasa puntería que demuestran casi todos en boca de gol o, por decirlo de otra forma, la ausencia de un goleador, de un hombre de área, como tienen prácticamente todos los equipos, y que obliga a los rojiblancos a generar una cantidad ingente de ocasiones para aprovechar un par de ellas.
Al Athletic no le están cundiendo los esfuerzos en forma de goles, ni su buen fútbol en forma de puntos en la Liga. Y lo curioso es que el de San Mamés es el quinto equipo más goleador de Primera, por detrás de los dos inalcanzables y a tres goles del Valencia y el sorprendente Levante y a tan solo uno del Atlético de Madrid. Lo que ocurre es que a la vista del fútbol desplegado y las ocasiones creadas, casi todos los partidos se han cerrado con la sensación de que el Athletic mereció o pudo conseguir algo más, tanto en puntos como en goles.
Algo de esto volvió a suceder en Oviedo tras noventa minutos en los que la superioridad rojiblanca fue mayor sobre el irregular césped que en el marcador. Y fue una lástima porque cuando las cosas se hacen con la seriedad y el rigor como las hizo el Athletic, el premio debe ser mayor que una victoria mínima que sí, encarrila la eliminatoria sin lugar a dudas, pero deja parte del trabajo pendiente para el segundo partido.
Sigue flotando en el ambiente la duda de qué pasará con las piernas de quienes están jugando tantos partidos a medida que pasen las semanas y esa duda no se resolverá por lo menos hasta que pasen un par de meses. Bielsa parece muy seguro de lo que hace y habrá que confiar en su profesionalidad y en la de sus ayudantes.

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Copa, las rotaciones y Bielsa

Si se confirman las predicciones de los periodistas que acuden a diario a Lezama, el Athletic debutará en Copa ante el Oviedo con el mismo equipo que empató en Mallorca, con el único cambio de Iñigo Pérez en el puesto de Aurtenetxe. El asunto merece una reflexión. En primer lugar llama la atención el presunto desprecio del técnico por las llamadas rotaciones; contó con los habituales para ganar al Slovan y al parecer va a seguir en la misma postura en el debut copero. Es verdad que la plantilla rojiblanca está lo sufientemente ajustada como para que no haya tantos efectivos para un cambio masivo en la alineación, pero tampoco son tan escasos como para que el técnico se vea imposibilitado de dar algunos descansos. Otra cosa es que un repaso detallado de los minutos que ha jugado cada uno depare alguna sorpresa como la de comprobar que, en realidad, ha sido la propia competición, con sus sanciones y sus lesiones, la que ha ido rotando a los rojiblancos. En este sentido, la presumible ausencia de Llorente bastaría por sí misma para hablar de rotación.
Se trata del debut de Bielsa en la Copa como entrenador rojiblanco, así que faltan elementos para juzgar su decisión. Puede que su idea sea la de intentar resolver la eliminatoria en la ida y dejar el descanso de algunos jugadores para el partido de vuelta. ¿Cuántas veces no han hecho esta reflexión los aficionados cuando han visto a su equipo hacer el ridículo en campos de segunda o peores?.
El de Oviedo no es un partido de trámite, y menos para un técnico que entiende la competición como lo hace Bielsa, es decir, sin concesiones de ningún tipo. Habrá que esperar al encuentro ante el PSG, intrascentente en lo deportivo (aunque no en lo económico) para hacernos una idea más cabal acerca de la gestión de plantilla del argentino.
Pero el avance de intenciones del técnico de cara al partido de Oviedo, deja otra pieza para el análisis. La presumible inclusión de Iñigo Pérez en el lugar que hasta ahora había venido ocupando Aurtenetxe en el lateral izquierdo. Llama la atención que el técnico vuelva a las andadas y piense en Iñigo Pérez para un puesto en el que ya lo probó en el lejano partido ante el Espanyol, con escaso éxito. Llama tanto la atención la nueva probatura como los problemas que se siguen centrando en la misma posición. Descartado Koikili y ausente por lesión Castillo, Aurtenetxe parece haber decepcionado en los dos últimos partidos la confianza que le había concedido el entrenador. Baste recordar que en ambos el míster repitió el cambio en el descanso, dando entrada a Gabilondo para que De Marcos pasara al lateral izquierdo. Es ésta última otra de las alternativas que ha venido barajando Bielsa en no pocos partidos, aunque al parecer ahora quiere insistir con Iñigo Pérez. Para el esquema de juego del Athletic es imprescindible contar con dos laterales con salida al ataque y buen manejo del balón. Si en un dibujo más conservador y menos exigente, ya había problemas para encontrar el candidato ideal, es lógico que ahora la selección se complique mucho más.
De todas formas no es el mejor síntoma que a estas alturas continuemos con las probaturas y menos cuando ese ha sido prácticamente el único frente de crítica que ha tenido Bielsa hasta el momento. No es un buen síntoma y no precisamente por la indecisión del entrenador, sino porque queda claro que estamos ante un problema de estructura de plantilla y no de coyuntura de bajas formas o lesiones. Y lo que es peor no es descabellado deducir de las pruebas de Bielsa que tampoco se adivina una solución a corto plazo en la cantera. Y recordemos que quien suele ocupar ese sitio en el Bilbao Athletic fue en su día uno de aquellos fichajes del fútbol base que no pasaron desapercibidos.

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domingo, 4 de diciembre de 2011

Dos no juegan si uno no quiere

En el duelo de banquillos que se planteó en el Iberostar, Caparrós le ganó a Bielsa. Basta con repasar el catálogo de horrores que deparó el partido para comprobar su marcado caracter caparrosiano. Duro, trabado, espeso, con preponderancia de las defensas sobre los ataques, con un diluvio de tarjetas acompasado a la sucesión de choques, faltas y jugadores por los suelos. Fue sin duda el peor partido de los jugados por el Athletic de Bielsa hasta la fecha, un Athletic desconocido e irreconocible en su reiteración de balonazos e imprecisiones. Por momentos, pareció que Caparrós se sentaba en los dos banquillos y que ambos equipos jugaban bajo la misma premisa: resultado, amigo.
Y es que el Athletic se olvidó de los principios en Mallorca,en la doble acepción de la palabra. No es la primera vez que los rojiblancos se olvidan de que al principio también hay que jugar. Le ocurrió en Gijón y en Valencia, también en Cornellá. Pero con ser preocupante, esa laguna no es lo más grave. Lo de Mallorca fue mucho peor, porque el equipo, durante amplias fases del partido, renunció a los principios que ha venido inculcándole Bielsa. Ese movimiento continuo, ese tocar y tocar, esa paciencia con el balón hasta encontrar el hueco...todo eso, y algo más olvidaron los rojiblancos en el campo balear.
La torrija inicial se saldó con un gol en contra a los dos minutos, lo que puso el partido en el terreno que quería Caparrós. El Mallorca tiene enormes dificultades con el gol. Con el que le marcó a Iraizoz, solo ha anotado once, lo que le sitúa como el tercer peor realizador de la categoría. Que un equipo con semejante problema, encuentre la solución en dos minutos, describe con precisión la lamentable puesta en escena del Athletic.
A partir de ahí, el Mallorca pudo dedicarse a lo que más le gusta a su entrenador. Líneas juntas, presión, marcajes al hombre, disputas sin contemplaciones, todo ello con un ojo en el reloj y el otro en el marcador. Solo en contadas ocasiones el Athletic supo contarrestar semejante planteamiento. La presencia de Toquero en la punta del ataque pareció reavivar viejos instintos de sus compañeros. Como si el sustituto de Llorente fuera la personificación de un estilo determinado de juego, los rojiblancos cayeron una y otra vez en la tentación del pelotazo largo. El puente aéreo entre el eje de la defensa y el del ataque, dejó fuera de juego demasiadas veces al centro del campo. Como en tiempos que creíamos felizmente superados, Muniain y Susaeta torcían el cuello para ver sobrevolar el balón sobre sus cabezas, mientras que Iturraspe parecía no entender qué estaba pasando allí.
Toquero tardó más de veinte minutos en tocar su primer balón. Marcó un golazo de cabeza en el saque de una falta. Lástima que estuviera en flagrante fuera de juego.
El Mallorca no tuvo reparos en ceder metros, pero organizado siempre para que fuera Amorebieta quien iniciara el juego del Athletic. Bien, es una propuesta que puede conducir razonablemente al éxito de quien la practica. Pero siempre y cuando y el damnificado se resigne a serlo, como lo hicieron los rojiblancos durante tanto tiempo. Una cosa es que te cieguen las vías de salida y otra que lo aceptes como si no hubiera otras soluciones. Dio la impresión de que la postura del Athletic fue algo así como si tu no arriesgas nada, no pretendas que yo te haga el favor de regalarte un fallo.
La apuesta del Mallorca tuvo su lógica hasta el filo del descanso. Ganaba y le iba muy bien así. Pero nada cambió en el equipo de Caparrós cuando Amorebieta llevó a la red el envío de Herrera. Todo siguió igual en el bando mallorquinista mientras que Bielsa volvió a ensayar una combinación ya probada: retirar a Aurtenetxe para dar entrada a Gabilondo retrasando a De Marcos al lateral. En principio, el cambio potenciaba la profundidad de la banda izquierda, pero en la práctica el Athletic continuó con el recurso de la patada a seguir de Amorebieta. En las escasas ocasiones en las que los rojiblancos intentaron otras vías tan sencillas como que un centrocampista bajara a recibir, se vio que podían hacer daño a la dura defensa del Mallorca, pero esta vez la voluntad y el acierto no coincidieron en las filas rojiblancas. Tal vez el partido del jueves acabó pasando factura en forma de imprecisiones en el pase, malos controles y falta de explosividad en carreras y disputas. Lo intentaron los de Bielsa, que se pasaron prácticamente todo el segundo tiempo en campo contrario, pero hacía falta más velocidad, más chispa, más imaginación, para romper a un rival que prefería asegurar el empate a ensayar cualquier aventura que le llevara a la victoria.
A los jugadores del Athletic no se les puede reprochar ni falta de ambición, ni falta de entrega. Buscaron una victoria que en el tramo final se les escapó porque un jugador rival sacó un balón de la raya o porque al agotado Muniain se le nubló la vista cuando no había ningún obstáculo entre él y la portería rival. Es verdad que Iraizoz también tuvo que hacer un paradón postrero, en el único remate con peligro que le llegó en todo el partido, pero en el balance final, el balón rondó más veces la portería de Auate. Solo una cosa cabe censurar a los de Bielsa: los demasiados minutos en los que se resignaron y entraron en el juego que les proponía el Mallorca, aunque, claro está, buena parte del mérito lo tuvo el planteamiento de Caparrós tan mezquino y eficaz como casi siempre.
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viernes, 2 de diciembre de 2011

Más herramientas para asaltar fortines

La fama del Athletic de Bielsa también llega a Eslovaquia, como bien demostró la víspera del partido el entrenador del Slovan con sus declaraciones. Así que los rojiblancos se encontraron con una nueva muralla a derribar en San Mamés en una noche poco grata para el fútbol. El viento es el peor enemigo del futbolista y la noche estuvo ventosa, amén de anodina. El público acudió a la grada relajado por la poca trascendencia del partido y el propio equipo saltó al campo con un cierto espíritu funcionarial, impropio de este grupo. Bielsa aprovechó para hacer una nueva prueba, poblando el centro del campo de más gente de creación si cabe. Con De Marcos en el puesto de Iraola y Javi Martínez otra vez central, Iñigo Pérez ocupó el medio centro por delante de los dos stoppers, dejando unos metros más adelante a Iturraspe, escoltado por Susaeta, Herrera y Muniain, con Llorente arriba del todo. No se puede pedir más capacidad de creación a un equipo, pero toda la imaginación de los rojiblancos se quedaba en fuegos de artificio en la zona que va desde el centro del campo hasta el borde del área. En el terreno donde se deciden los partidos apenas ocurría nada, muchas veces por la superpoblación de jugadores rivales, y otras por el empecinamiento de los de casa en llegar con el balón cosido a la bota hasta el área pequeña.
No sucedía nada pero tampoco le importaba demasiado al personal, convencido en su fuero interno de que el Slovan acabaría cayendo como fruta madura. Cuando De Marcos encontró en el área un balón sin dueño y lo llevó a la red, dio la impresión de que, efectivamente, el pronóstico unánime se acabaría cumpliendo. Abierta la lata, lo lógico era pensar que el Slovan daría un paso adelante aunque fuera por vergüenza profesional, y que ahí encontraría el Athletic los huecos para rematar el partido.
Con lo que nadie contaba era con el fallo de Iraizoz. Dudó el portero en la salida, calculó mal el tiempo y el espacio, y el balón no llegó al área, que era donde él decidió esperarle para recogerlo con las manos, en lugar de dar dos pasos y despejarlo con el pie. Llegó antes el jugador eslovaco para dejarle en evidencia y marcar un gol que no esperaba ni el más pesimista de los locales ni el más soñador de los visitantes. Que el partido llegara al descanso con empate daba pie a una profunda reflexión sobre lo injusto del orden universal, la relatividad de esta vida o incluso para volver a Kant y pensar un rato en la crítica de la razón pura. Pero la perspectiva de un bocadillo de tortilla es demasiada tentación incluso para el aficionado más juicioso.
El que llegó al descanso ya pensado fue Bielsa, quien decidió empezar el segundo tiempo con una formación sustanciamente distinta. Dejó en la caseta a Iñigo Pérez para dar entrada a Iraola en la banda, lo que devolvía a De Marcos al centro del campo y a Iturraspe al medio centro. De nuevo toda una lección de cómo un solo cambio puede revolucionar tácticamente a todo el equipo. El otro cambio, el de Toquero por Llorente, puede parecer, y de hecho lo es, un más simple hombre por hombre, pero su resultado fue más apreciable en el cómputo final. Quizá Bielsa pudo comprobar por fin el efecto que produce la presencia de Toquero en el equipo y en la grada. No hablamos de fútbol, o quizá sí, porque el fútbol no es solo el manejo más o menos ordenado del balón. Toquero aporta otras cosas, esos intangibles que al final suelen ser tan determinantes o más que esos datos que reflejan las estadísticas tan de moda.
Por decirlo sencillo, Toquero le puso las pilas al equipo y a la grada. El anodino primer tiempo, dio paso a la electricidad del segundo. El Slovan se seguía defendiendo en su área, pero ahora el Athletic le atacaba de una manera diferente, más sanguínea. La conducción con el balón cosido a la bota dejaba paso al barullo en el área, al balón colgado; la imprecisión alternaba con el taconazo exquisito. Cuando el propio Toquero le colocó dos sombreros a su par en el filo de la línea de fondo, el partido ya estaba donde quería el Athletic.
Que el gol de Susaeta fuera de un cabezazo como sin querer, no resta mérito al triunfo rojiblanco, porque nadie en sus cabales puede dudar de la incontestable superioridad que manifestó el equipo local incluso en los momentos de mayor despiste, que los tuvo, sobre todo en los minutos previos al descanso. El gol mal anulado a Herrera por inexistente fuera de juego, hubiera servido para que el marcador reflejara mejor lo que sucedió en el terreno de juego, pero los árbitros son árbitros, aquí y en Estonia, qué le vamos a hacer. La UEFA puede seguir ensayando con la recuperación de los antiguos jueces de gol, armar a los colegiados con micrófonos y pinganillos y hasta pueden pitar con sonido estereofónico. El error es parte de la condición humana y los referees, además de humanos, son árbitros.
Bielsa, que toma nota de todo, pudo comprobar de forma empírica que hay ocasiones en las que el corazón supera a la razón. No estuvo mal el experimento de Iñigo Pérez e Iturraspe ocupando el eje del equipo, porque ambos surtieron de balones interesantes a sus compañeros en las bandas y dieron sentido al juego de ataque, pero estuvo mejor la reivindicación de Toquero. Probablemente no será un futbolista del gusto de Bielsa, ni será nunca un titular en su esquema, pero el delantero demostró que tiene garra de sobra, voluntad para parar un tren y suficiente fútbol en las botas como para ser una alternativa eficaz a la hora de asaltar los fortines con los que se va a seguir encontrando el Athletic en San Mamés.
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