Fue mucho más fácil de lo que hacían presumir el buen resultado del partido de ida y la situación clasificatoria de Osasuna en la Liga. A pesar de las declaraciones en sentido opuesto de Camacho a lo largo de la semana, había un convencimiento general de que San Mamés vería a un Osasuna menor. Lo que nadie calculaba era que el equipo rojillo fuera tan pequeño; más incluso que el que vimos en la Liga, cuando también cayó por el mismo resultado y planteando similar oposición.
Al Athletic sólo cabría reprocharle ese exceso de cálculo tan del gusto de Caparrós. A punto estuvo de pagarlo muy caro pero, afortunadamente, Portillo falló un penalti que hubiera metido a Osasuna en la eliminatoria con media hora de partido por delante, cuando éste había entrado en una dinámica tontorrona en la que el Athletic especulaba descaradamente con el marcador y el reloj, y Osasuna trataba de adecentar su imagen con los cambios introducidos por Camacho. Se ha dicho una y mil veces que el Athletic no sabe especular, y se ha dicho porque es cierto. Los rojiblancos mostraron su mejor perfil en los primeros minutos, cuando miraron de frente a la portería contraria, se hicieron con todos los rebotes y ganaron todos los choques. Entonces encandilaron a sus seguidores. Luego, cuando miraron al reloj, aburrieron y, en algún momento, hasta preocuparon. Cualquiera sabe por dónde se hubiera ido el partido si Portillo acierta con el penalti. Y esa sombra de duda, esa inquietud que recorrió San Mamés mientras el delantero colocaba el balón en los once metros, no se la merecían ni un Athletic que fue inmensamente superior, ni una afición que reclama su derecho a soñar. Fue una sombra que deslució un tanto el brillo del primer tiempo.
Esa sombra plantea además una duda sobre la profundidad del banquillo rojiblanco. Caparrós ha dado con una alineación tipo que combina a partir de trece o catorce nombres. Y esos son muy pocos para encarar la exigencia de dos competiciones. Es necesario que el técnico de minutos a jugadores alternativos que permitan un respiro a los titulares y se reivindiquen ellos mismos como candidatos al equipo inicial. Pero precisamente su escaso rodaje provoca que el equipo se resienta cuando saltan al césped. Gente como Gurpegui necesita minutos para ser alternativas fiables, pero esos minutos no deben constituir un riesgo para el equipo. Bonito problema cuya resolución medirá la verdadera capacidad del cuerpo técnico. Mientras tanto, a pensar en cómo hincarle el diente al Valencia el domingo. Un partido que será un inmejorable calibre para medir las posibilidades reales del Athletic. Emery y los suyos nos dirán si esto que vivimos es solo una racha de viento a favor, o tenemos algo más sólido por lo que merezca la pena ilusionarse.
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