El de las rachas es uno de los misterios no resueltos del fútbol. Pero ocurre. Hay meses e incluso años en los que parece que a un equipo le ha mirado un tuerto y se convierte en la demostración andante de la ley de Murphy. Todas las tostadas le caen del lado de la mantequilla, los postes de su portería atraen los balones a la red mientras que en la otra los repelen; los árbitros siempre se equivocan en contra, menudean las lesiones y los aficionados ven más a los jugadores en las discotecas que en el campo. Sin ir más lejos, el Athletic ha estado en esa situación hasta antesdeayer como quien dice.
Pero ha cambiado la racha y donde antes era todo no, ahora es todo sí. La cosa empezó a cambiar en Almería, donde el equipo hizo un partido más que aseado y mereció con creces el empate e incluso algo más. Luego vino el partido contra el Valladolid, lo de Betis, y la victoria ante un Getafe que llegó a San Mamés con plomo en las botas después de ganar la semifinal de Copa. Finalmente, en Huelva, sin jugar un pimiento, haciendo el ridículo en casi todos los corners y e interpretando durante muchos minutos la peor versión de la obra, el Athletic se encontró con un punto de oro gracias, además, a un gol de Aduriz, del que apenas se tenían noticias esta temporada pero que, a lo mejor, acaba de cambiar de racha, algo que acostumbran hacer especialmente los goleadores.
El Athletic está de sí, y no queda más que agradecerlo y rogar para que la racha dure al menos por un par de partidos, los suficientes para alcanzar esos cuarenta y cinco puntos que tienen que sobrar para respirar tranquilos. Pero aunque la Virgen se apareciera a los pastorcillos rojiblancos en el Colombino, milagros los justos. Así que dejemos de pensar, y menos mentar, en la UEFA, pese a que ahora esté dos puntos más cerca que el descenso. Seamos serios.



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