Tratándose de una buena noticia, que sin duda lo es, hay que matizar, sin embargo, que en términos de eficacia su importancia es más relativa que el valor simbólico que encierra la normalización de Iparralde como cantera rojiblanca, territorio en el que ya viene trabajando desde hace años de la mano de los clubs Jeanne d'Arc de Biarritz, el Arin Luzien, el Croisés de Saint-André, de Baiona y el Genéts de Angelu, entidades dedicadas al fútbol base que ya han enviado a Lezama a alguna que otra promesa. Pero siendo como es el Aviron la entidad más potente, la trascendencia del fútbol en Iparralde, con unas seis mil fichas en total, no es tan significativa como para pensar que se puedan obtener frutos de inmediato. De hecho, durante los diez años que la Real ha mantenido su convenio con el Aviron no ha captado ni un solo futbolista capaz de alcanzar el primer equipo. Se pueden contar con los dedos de la mano los jugadores de élite que han salido de Iparralde, un territorio volcado con el rugby que tiene al Biarritz Olympique a su santo y seña.
No obstante y pese a la reducida demografía del territorio y la preponderancia del rugby sobre el fútbol, no hay que perder de vista la calidad del trabajo de cantera que se desarrolla en toda Francia de la mano de una Federación que lleva mucho tiempo decidida a dedicar sus mejores esfuerzos no sólo a la base de futbolistas sino también a la de técnicos y entrenadores. La Federación Francesa de Fútbol tiene un plan muy claro al respecto y lo viene desarrollando con éxito durante las dos últimas décadas. Puede que en Iparralde haya pocos chavales jugando al fútbol pero los que lo hacen disfrutan de unas buenas instalaciones y una excelente dirección.



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