miércoles 1 de febrero de 2012

Un gol a última hora afea un excelente resultado

El Athletic bajó la persiana de Anduva demasiado pronto. Creyó que lo tenía todo hecho y se adelantó al reloj del árbitro para dar por terminado el partido antes de tiempo. El resultado es que encajó un gol en el último instante que afea un resultado que es excelente pero que era incontestable un minuto antes. Ese tanto de Lambarri viene a ser la coartada que necesitan los de la tele para mantener la audiencia del partido de vuelta y los lectores de los cantares de gesta para conservar la ilusión del milagro. Pero los milagros, por definición, no existen, y el cantar de gesta es un género literario en desuso; si la gente no lee el periódico, como para leer las aventuras de Roldán. Pero seamos serios, el marcador de Anduva es lo suficientemente sólido como para que la semifinal pinte hoy mucho mejor para el Athletic que cuando empezó a las diez de la noche del martes.
Pese a lo reconocido de las casi infinitas dimensiones de la afición rojiblanca, la hinchada del Athletic está en clara minoría en esta eliminatoria. Todo el mundo quería, y quiere, que el Mirandés lograra la hazaña. Sus aficionados en primer lugar, claro; después todos los empadronados en Miranda, distingan un balón de una onza de chocolate, o no; luego, aquellos que encuentran consuelo a los males propios en las desgracias ajenas, que también son unos cuantos; también los aficionados al fútbol a los que les sale la vena romántica y siempre quieren que gane el pequeño aunque ellos sean del Barça o del Madrid y, finalmente, todos aquellos que de refilón, en la tele o en el mercado, han oído hablar no se qué de un equipo de Segunda B que está eliminando a todos los que se le ponen por delante. Todo el mundo era ayer del Mirandés. Hoy estarán a sus cosas y mañana ni se acordarán del asunto. El Athletic se encargó de quitarle interés a la historia en cuarenta y cinco minutos en los que quedó establecida la jerarquía que separa tres categorias futbolísticas.
La caldera en ebullición que se suponía que iba a ser Anduva no fue tal, salvo en los momentos previos al partido y ello en cuanto a sonoridad, porque la famosa grada supletoria con asientos vacíos a la vista no constituía el escenario más intimidatorio. En cuanto el colegiado ordenó el comienzo, el Athletic hizo saber a propios y a extraños que la broma se había acabado. Se hizo con el balón y aplicó la dosis de medicina que necesitaba el Mirandés para calmar su sobreexcitación. Moviendo la pelota de lado a lado del campo y apoyándose en el portero cuando hacía falta, los de Bielsa hicieron correr a los animosos jugadores locales hasta la extenuación. Con el añadido de que la mínima bajada de presión en el centro del campo por parte de los de Pouso, acababa con el balón en su área y cuatro o cinco rojiblancos en posición de remate.
Así llegó el primer gol del Athletic apenas rebasado el primer cuarto de hora. De Marcos dejó sentado a su marcador se fue hasta la línea de fondo, miró y vio a Llorente señalándole el desmarque. El centro perfecto facilitó el cabezazo poderoso del delantero en el segundo palo. Era exactamente lo que el Athletic necesitaba para terminar de poner el partido bajo control.
El Mirandés acusó el golpe. En su argumento no estaba escrito que se verían en inferioridad tan pronto y de semejante manera. Ellos habían estado soñando con un partido más igualado en medio del fragor de una grada entregada, con un rival al que empujaban contra su portería llevados en volandas por su público. En su guión había cantidad de ¡huyyyyys! y ¡ayyyyys!, y muchos ¡Anduva empuja!, una cosa muchísimo más épica que el partido frío, eficaz y metódico que organizó el Athletic. Ocho minutos después, Llorente, como el sábado en Vallecas, tiró de catálogo y eligió la jugada personal para hacer su gol número cien con la camiseta del Athletic. Todavía habrá aficionados de cerebro alicatado hasta el techo que le nieguen el pan y la sal.
Pudo marcar un tercer tanto el Athletic antes del descanso y hasta un cuarto en la segunda parte, pero un linier de espasmódico levantó el banderín señalando inexistentes fueras de juego de Llorente y de Muniain. Con el gol anulado en San Mamés contra el Mallorca, ya son tres los errores de los auxiliares en el mismo tipo de jugada. A pesar de fallos ajenos, la eliminatoria ya estaba en el carril que querían los de Bielsa así que cuando regresaron después del descanso su actitud ya no era la misma que la de la primera parte. Quizá pensaron que el Mirandés acabaría diluyéndose entre la desilusión y el cansancio y que el tramo fínal del partido sería un trámite. Se equivocaron, y su error dio al Mirandés el suficiente aliento para seguir luchando hasta el último instante. Es sintomático, y no dice mucho de su concentración, que los dos jugadores que salieron de refresco, David López e Iñigo Pérez, vieron la tarjeta amarilla en la primera acción en la que intervinieron, por no medir bien en la disputa. Un remate que rozó el larguero o Iraizoz haciendo la parada de la noche a remate de César, no fueron suficientes alarmas para terminar de espabilar a un Athletic adormilado que creyó que el trabajo estaba hecho. Lo estaba y lo está, pero ese gol a última hora de Lambarri, afea el resultado y retrasa una semana el trabajo de las agencias de viaje. A lo mejor incluso le viene bien al Athletic para conservar la tensión necesaria hasta el partido de vuelta.
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martes 31 de enero de 2012

Fútbol, leyes, usos y costumbres

Además de por el Reglamento, única norma impresa negro sobre blanco que regula el fútbol, este deporte y sus aledaños se rigen por una serie de leyes no escritas y diversos usos y costumbres que se suelen resumir en sentencias y tópicos más o menos afortunados que en su elementalidad esconden verdades indiscutibles del tenor de 'no hay enemigo pequeño', 'los partidos duran noventa minutos' o el ya clásico de Boskov, 'fútbol es fútbol', que resume en tres palabras la esencia de este deporte y que merecería estar esculpido en mármol.
Estos días volvemos a asistir a una nueva repetición de estos usos y costumbres. Han bastado un par de tropiezos y siete puntos de distancia en la tabla, para que los hasta la fecha comedidos jugadores del Barcelona, empiecen a enredarse en unas declaraciones que hasta ahora eran exclusivas de sus grandes rivales blancos. No es que los de Guardiola se hayan salido del tiesto y hayan dicho nada que ofenda a nadie, pero oir a Messi hablar de los árbitros ya supone un cambio cualitativo. Lo de Xavi y su valoración sobre el saber perder de los madridistas, entra en el terreno del puro cotilleo, puesto que se trata de la publicación a traición de una conversación privada, que fue posible porque a un veterano como Xavi le pillaron como a un pardillo y porque alguien de TV3 no acudió en su día a clase de deontología, pero hablar a día de hoy de deontología o simplemente de vergüenza profesional, es como ponerse a recitar con Pedro Crespo aquello de 'al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios', emotivo sí, pero tan absurdo como un colador sin agujeros.
Si los barcelonistas están cumpliendo fielmente con la costumbre de quejarse de los árbitros en época de vacas flacas, la presencia de un equipo de Segunda B en la semifinal de Copa, ha desparramado toda la panoplia de tópicos y lugares comunes que suelen acompañar estos casos extraordinarios, aunque no tan inhabituales como se pueda pensar en un primer momento. El Castilla llegó a jugar una final de Copa contra el Real Madrid, y el Numancia ya se cargó a tres equipos de Primera cuando era un perfecto desconocido, por no hablar de la pléyade de los llamados 'matagigantes', que alcanzaron alguna vez las portadas de los periódicos.
El protagonista es ahora el Mirandés así que, de pronto, la ciudad ferroviaria se ha convertido en el epicentro de la noticia (¡toma topicazo!). Ya sabemos que uno de sus jugadores trabaja por las mañanas en un banco, lo que curiosamente en los tiempos que corren no le ha hecho perder un ápice de popularidad entre sus convecinos, y no hay radio que sintonices o televisión que enciendas, en la que tarde o temprano no acabe saliendo Carlos Pouso o algún eufórico lugareño. Ya nos han informado sobre el número de habitantes de Miranda de Ebro, sus principales fuentes de riqueza, la relación entre el presupuesto del Mirandés y la renta per cápita de Kazajistán, y sabemos también que las entradas para ver el partido cuestan 90 euros, que no en vano la de atizar duro en la taquilla sigue siendo una de las costumbres más arraigadas en este mundo del fútbol ultimamente tan audiovisual.
Decíamos que en este deporte tienen singular importancia los usos y las costumbres, pero también rigen las leyes no escritas. Es verdad que no hay enemigo pequeño, pero al mismo tiempo, una de esas normas que no se pueden leer en ningún sitio como tales, dice que al final del sueño la lógica, que también existe en el fútbol, termina imponiéndose. Al fin y al cabo en castellano hay un dicho para demostrar una cosa y otro para sostener la contraria, así que el fútbol funciona en este sentido como el refranero, o sea, que no hay enemigo pequeño, pero el pez grande se acaba comiendo al chico. Al cumplimiento de esa ley que apela a la lógica se tiene que aferrar el Athletic para alcanzar la final. Está muy bien el entusiasmo que despierta siempre en las masas la pedrada certera de David en la cabeza de Goliath, pero hablamos de fútbol y lo normal suele ser que Goliath coja la piedra y le atice a David, aunque la aplicación de la ley del más fuerte resulte siempre impopular.
El Athletic tiene abierta la puerta que conduce a la final y solo tiene que dar el paso para atravesarla. Depende de sí mismo y cuenta con la ventaja añadida de jugar el segundo partido en San Mamés. Dispone de un equipo manifiestamente superior a su rival y el efecto sorpresa ya no existe por razones obvias y porque Bielsa ya ha demostrado ante el Oviedo y el Albacete que él no se deja sorprender ni permite la relajación a sus jugadores. Normalmente es injusto hablar de fracaso cuando nos referimos a un equipo tan peculiar como el Athletic, pero en este caso, no superar la eliminatoria constituiría un fiasco de dimensiones siderales.
No se trata de exhibir absurdos sentimientos de superioridad, ni de minimizar los méritos del rival, que los tiene, pero si a Urrutia le dicen en septiembre que elija el itinerario de Copa para su equipo, no le hubiera salido mejor. Los rojiblancos lo tienen todo a favor. Ni el Mirandés ni nadie les puede ganar a correr, a entusiasmo, ni a ganas de ganar. Y si hablamos de usos y costumbres, la del Athletic de jugar finales se remonta a 1902. De algo le tendrá que servir.
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sábado 28 de enero de 2012

Llorente rescata a un Athletic desconocido

Fue como una de aquellas películas de cine mudo en las que los protagonistas se mueven a una velocidad inusitada. Entre las estrecheces del campo de Vallecas y el planteamiento que hizo Sandoval, el Athletic estuvo muchos minutos, demasiados, moviéndose como el gran Charles Chaplin, acelerado, corriendo de aquí para allá, tropezando y enredado consigo mismo. Fue un Athletic desconocido, y no solo por la alineación, que sufrió lo indecible porque el Rayo le sacó del carril por donde había estado circulando toda la temporada. Desde que está Bielsa en el banquillo nadie le había hecho tantas ocasiones al Athletic, ni a nadie habían hecho tan pocas los rojiblancos. Se dirá que es exagerado criticar el ataque de un equipo que marca tres goles fuera de casa y además estrella un balón en el larguero, pero fue prácticamente lo único que hizo el Athletic en el área contraria. No es poco, claro que no, y ahí están los tres puntos para demostrarlo, pero el juego ofensivo del equipo ha estado funcionando mejor en casi todas las salidas. Goles son amores, pero en este caso el mérito le corresponde solo a su autor, el inmenso Fernando LLorente.
El Athletic acusó los cuatro cambios que introdujo Bielsa. Javi Martínez, Muniain, Herrera y De Marcos dejaron sus sitios a San José, David López, Iñigo Pérez y Toquero. Descontando al portero, es un cambio que afecta al cuarenta por ciento de la alineación. Mucha novedad es esa para un grupo que ha venido estando formado prácticamente por los mismos.
Le faltó pausa al Athletic pero es que el Rayo puso todos los medios para que no la tuviera. Las dimensiones del Teresa Rivero favorecieron el plan del equipo de casa. No es lo mismo hacer presión en todo el campo en Chamartín que en Vallecas; allí mueres en el intento; en el barrio todo está a dos pasos.
Ya no es noticia que el Athletic sufre sin balón, pero una cosa es que te quiten el balón y otra que pierdas los papeles. Se notó, y de qué manera, la ausencia de Javi Martínez. Los que dudaban de su papel en el eje de la defensa ya pueden ir buscando otra cantinela para pasar el rato. Amorebieta fue menos grande sin su socio y San José las pasó canutas ante los hábiles delanteros rayistas, liderados por el eterno Tamudo hasta que se tuvo que retirar con un brazo lastimado, para alivio de los rojiblancos.
Sólo el Real Madrid había conseguido batir a Iraizoz en todo el mes de enero, y el Rayo le metió dos. El primero en un saque de corner de libro, con peinada en el primer palo y fusilamiento sumario en el área pequeña; el segundo por las manos blandas del portero. Y si no cayeron más fue porque los delanteros franjirrojos son habilidosos pero dentro de un orden, de lo contrario no estarían en el Rayo, y fallaron ocasiones cantadas, sobre todo en la segunda mitad.
Menos mal que Fernando Llorente llegó al rescate con el catálogo debajo del brazo. Peinada perfecta a un gran saque de falta de Iñigo Pérez; control con el pecho, apertura de espacio y remate letal por abajo; cabezazo picado marcando los tiempos para llevar a la red un gran centro lateral de Toquero. ¿Quiere usted más modelos?. Elevación por encima del marcador y cabezazo brutal con la frente, como dicen los clásicos que hay que rematar los corners.
Es probable que las cosas no hubieran cambiado mucho con todos los titulares en el campo, o sí, que diría don Mariano, pero es una hipótesis indemostrable, así que sobra plantearla. Los que estuvieron, habituales e interinos, se emplearon a fondo aunque con suerte y rendimiento irregular, alternando acciones brillantes con esas otras que despiertan en los aficionados una irresistible necesidad de estrangular al autor.
Lo que sí es noticia es que el Athletic se fue del campo con la sensación de llevarse algo más de lo meritado. Pero tampoco está mal que en el arranque de la segunda vuelta lleguen al casillero rojiblanco los puntos que se quedaron en el camino de forma inmerecida en la primera mitad de la competición, sin ir más lejos contra este mismo Rayo que se llevó un punto de San Mamés.
Y tampoco está mal que el equipo tenga el coraje de levantarse dos veces y ganar a base de trabajo y sufrimiento, que no todo va a ser exquisitez y lucimiento. Además, lo de Vallecas va a venir estupendamente para preparar el próximo partido de Copa. El terreno de Anduva tiene unas dimensiones físicas similares a las de San Mamés, pero ya sabemos que el fútbol vive muchas veces en una cuarta dimensión. Por eso nos gusta tanto.
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viernes 27 de enero de 2012

Fútbol en el patio trasero

Si los estadounidenses consideran Centroamérica como su patio trasero, Vallecas es el patio trasero futbolístico de Madrid. De siempre, las visitas a Madrid han tenido algo especial. Cuando un equipo va a jugar en el Santiago Bernabéu, los jugadores saben que se van a exhibir en un escaparate que concita millones de miradas, los entrenadores se esmeran en dar con la táctica que muestre al mundo su sabiduría, los directivos viajan con la corbata nueva, y algunos aficionados, con los calzoncillos limpios; por si acaso. La visita al Real Madrid es la gran salida de la temporada. Cuanto toca el Manzanares es otra cosa. Sigue siendo Madrid, pero es un Madrid más suburbial, como de Rastro. Y, qué decir de Vallecas. No hay jacuzi en el vestuario de Vallecas, ni ministros en el palco. Tampoco aparece esa fauna peculiar que se suele citar en el palco del Manzanares y sus aledaños. Vallecas es otra cosa. Menos Madrid. El patio trasero. El oropel y las luces del Santiago Bernabéu, quedan muy lejos del campo de la calle Payaso Fofó. Aquí las cosas son más simples y las dimensiones, más humanas. Los porteros, son los porteros de campo de fútbol de toda la vida, con su chaqueta y su gorra de plato, y los de seguridad, son eso, seguratas, no guardias pretorianos a los que hay que pedir perdón y cuadrarse antes de pasar. Si el césped está mal, o muy mal, que seguro que lo estará, es sencillamente porque no puede estar mejor. Y los aficionados no hacen mosaicos ni monerías de esas (en realidad tampoco tienen mucho espacio para hacerlo). Los más ruidosos ondean banderas con la efigie del Ché Guevara, algo tan original en el fútbol español como la propia camiseta del equipo, con su franja roja cruzada.
Los viejos cronistas, los de la época de Felines y Rocamora, solían referirse al Rayo Vallecano como 'el simpático equipo de Vallecas'. Ya se sabe que los equipos simpáticos, por definición, son aquellos que pierden mansamante, sin dar una mala patada. Sus propios aficionados utilizan el diminutivo cariñoso para referirse a su equipo. En los bares de la Avenida de la Albufera el Rayo es el Rayito.
Pero que nadie se llame a engaño, que hace tiempo que el Rayito dejó de ser el simpático equipo de barrio madrileño. Ya lo demostró cuando visitó San Mamés en la primera vuelta. El Athletic está obligado a devolver la moneda y sumar tres puntos que le mantengan en los puestos donde se juegan las cosas de verdad al final de la temporada, pero no lo tendrá fácil. Vallecas no es el campo más cómodo para hacer el juego que quiere Bielsa. El césped estará irregular y el balón se moverá como guiado por control remoto por un chiflado. Lo estrecho del campo permite poner la pelota en el área con un saque de banda, y si el portero tiene un toque medianamente decente, los saques de puerta alcanzan fácilmente el borde del área contraria.
Pero es en esa clase de campos donde se juega la verdad de la Liga. Está muy bien lucirse en el baile de los grandes salones, pero es en el patio trasero donde se juegan los cuartos. Bielsa, argentino a fin y al cabo, conoce bien ese fútbol suburbial, de potrero, donde a la concentración habitual hay que sumarle la necesaria dosis de picardía para saber por dónde te quieren robar la cartera.
Será un partido áspero y peleado, uno de esos encuentros en los que la estética pasa a un segundo plano porque se impone el espíritu industrial. Si los jóvenes leones de Bielsa quieren saber cómo se juega en Vallecas, tienen a quién preguntar. No han sido pocos sus antecesores que han acabado o han pasado alguna temporada en el Rayo; podrían casi formar un equipo completo. Imanol Etxeberria, Oscar Vivanco, Corino, Estibariz, Aiarza, Pizo Gómez, Bolo y Urzaiz fueron en su día jugadores del Rayito, aunque si hay un futbolista vasco al que se le pueda identificar vistiendo la camiseta franjirroja, ese es Imanol Ibarrondo.

EDITADO DESPUES DE LA CONVOCATORIA
Javi Martínez no viaja a Vallecas. Bielsa ha preferido resguardarle al comprobar que arrastra algunas molestias musculares. La ausencia de Javi altera considerablemente el sistema defensivo del equipo, aunque el técnico tiene recursos suficientes para encontrar una solución. Entran en la lista Alvaro Peña y, por fin, Ruiz de Galarreta. Posiblemente no sea ni el mejor escenario ni el mejor rival para un debut, ni tampoco es seguro que lleguen a participar, pero es una buena noticia que los recambios ya estén llamando a la puerta.
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jueves 26 de enero de 2012

Justicia poética

El jardinero del Iberostar acabó haciéndole la vida más fácil al Athletic en Mallorca. El erial que tienen por aquellos pagos como campo de fútbol, acabó jugando una mala pasada a sus inquilinos. El equipo de Bielsa no estaba sufriendo ningún apuro para defender la renta del primer partido pero estaba a la espera del asalto con todo que los de Caparrós debían ejecutar en los últimos minutos. Faltaba un cuarto de hora para el final cuando Ramis cedió el balón a su portero, Calatayud puso el interior de su bota derecha para recibir el envío y éste, juguetón, saltó por encima para terminar alojándose en la red. El ondarrutarra Zubikarai debió esbozar una sonrisa amarga en aquel momento. Algunas generaciones de rojiblancos, los que sufrieron más de un infierno en el viejo Luis Sitjar, los que jugaron con unos pantalones verdes, los que cayeron allí en otra eliminatoria copera... el tesorero del club que sigue intentando tapar el agujero del impago de Aduriz, se reirían con ganas con el número cómico y por la alegría de ver a su equipo definitivamente en la semifinal. Los más veteranos retrocedieron casi una veintena de años, cuando en un amistoso jugado en San Mamés, el gran Franco Baresi le coló un gol idéntico a Taconi. En aquella ocasión la culpa no la tuvo el césped, sino una bolita de papel albal estratégicamente situada en el borde del área pequeña del gol norte. El invencible Milan cayó en la catedral rompiendo una racha de alrededor de un centenar de partidos invicto. Capello dijo que aquello no contaba porque era un amistoso. Otros tiempos.
El gol de Ramis decidió el partido de Mallorca, pero no la eliminatoria. Esa llevaba mucho tiempo decantada, prácticamente desde que acabó el encuentro de San Mamés. Meterle dos goles a este Athletic es tarea reservada a equipos mucho más grandes o que jueguen con más grandeza que el Mallorca. Joaquín Caparrós planteó el partido casi en el plano psicológico. Su idea era no sufrir daños irreparables al principio, para poder llegar al tramo decisivo con posibilidades de éxito. Durante todo el primer tiempo, el equipo que tenía que remontar se dedicó más a defender que a atacar, una paradoja nacida de la mente de su entrenador. El Athletic hizo eso que ahora se llama defender con el balón, esto es, mantener su posesión de forma que el rival no tenga otra cosa que hacer que mirar. Durante muchísimo tiempo la pelota circuló de las botas de Javi Martínez a las de Amorebieta, de las de éste a las de Iturraspe, y vuelta a empezar. Alguna vez se asomaba por allí algún mallorquinista a hacer como que presionaba, poca cosa como para inquietar a un Iraizoz que no tuvo que intervenir para otra cosa que no fuera devolver una cesión o sacar de puerta. Defender tan lejos de la portería evita cualquier sensación de agobio y eso siempre se agradece.
El Athletic tuvo algunas ocasiones para remachar la eliminatoria, casi siempre por fallos de defensas o portero rivales, pero ni Muniain, ni De Marcos, ni Llorente anduvieron finos. La lesión de Muniain cerca del descanso obligó al técnico a reordenar el esquema dando entrada a Toquero y cambiando de banda a Susaeta. Fueron unos movimientos que condicionaron lo que ocurrió a continuación.
Tras el descanso Caparrós puso en marcha la segunda parte de su idea, aunque fue el Athletic el que le facilitó las cosas. Ocurrió que los rojiblancos perdieron el balón que había sido suyo durante todo el primer tiempo. Muniain es un jugador que incluso lejos de su mejor momento, aporta una considerable posesión de la pelota y ofrece soluciones a sus compañeros para mantenerla. Susaeta no compensó su ausencia en esa faceta porque el de Eibar no entró tantas veces al centro como lo hace Muniain. Para colmo a Herrera le dio por ponerse fallón en el pase y el control hasta el punto de que Bielsa le retiró para el cuarto de hora. El Athletic perdió el centro del campo, Toquero y Llorente quedaron desconectados y los rojiblancos se tuvieron que dedicar a defender en plan clásico, o sea, con la defensa en el borde del área y siempre expuestos al albur de las decisiones de un árbitro de criterio imprevisible. Pereira creaba problemas a Aurtenetxe y buscaba el área como escenario donde poner en práctica sus dotes interpretativas, aunque, afortundamente, Del Cerro Grande no picó. No hubo nunca peligro real, pero sí una permanente e incómoda sensación de incertidumbre.
La salida al campo de Chori Castro, su hombre más incisivo, culminó la pregonada estrategia de Caparrós, pero la noticia fue el propio Athletic, el más defensivo y vulgar de toda la era Bielsa, encerrado atrás, definitivamente perdido el balón y renunciando a cualquier cosa que no fuera dejar pasar el tiempo, sostenido únicamente en la seguridad de los imperiales Javi Martínez y Amorebieta, bien secundados por Iraola. Como rendidos al influjo de su antiguo entrenador, los rojiblancos recuperaron modos y maneras que creíamos olvidados. Vimos durante ese tramo del partido a un Athletic ramplón y especulador que nada tuvo que ver con el equipo alegre y ambicioso al que ya nos habíamos acostumbrado. Dicen que todo se contagia menos la hermosura y el Athletic se contagió del fútbol áspero y tosco de su rival dejándose llevar a un terreno que no le convenía. Llegó ese gol que volveremos a ver en los resúmenes de la próxima nochevieja y el Mallorca se quedó sin poder desarrollar la tercera parte de su plan, ese que apuntaba a la búsqueda del milagro en el último cuarto de hora.
La final queda a un solo paso, el que obliga a superar al sorprendente Mirandés y el Athletic llega a la cita presentando un balance copero de cinco victorias, un empate, nueve goles a favor y ninguno en contra. El equipo de Pouso tiene mucho mérito y Anduva será un fortín, vale, pero en septiembre hubieramos aplaudido con las orejas si nos dicen que a estas alturas estaríamos ante semejante escenario.
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