Creía que ya lo había visto todo en el fútbol o casi todo, pero no contaba con que podría llegar a ver a Toquero en el centro del campo. Fue la apoteosis del esperpento que se vivió en San Mamés el domingo; el número final que tenía reservado Caparrós para los admiradores de su baile de San Vito en el banquillo. Pero no se consigue colocar a Toquero en el centro del campo así como así; hay que recorrer un largo camino previo para alcanzar esa cumbre y el Athletic lo fue recorriendo paso a paso de la mano de su entrenador.
Probablemente Caparrós y su escudero Luci serán los únicos de este mundo que no vean que Muniain pegado a la banda desperdicia la mitad de su talento, aquella que encuentra su límite en la línea de cal. Muniain es un jugador de salida por la derecha y la izquierda, imprevisible en su inspiración, una centella en los últimos veinte metros, un tipo que merodeando la media luna del área puede volver loca a cualquier defensa. Contra el Xerez se pasó todo el primer tiempo y buena parte del segundo pegadito a la banda. Luego, en el frenesí final, jugó por una banda, por la otra y por el centro, por donde se le ocurrió o por donde encontró un sitio para circular sin chocar con nadie.
Obcecado el Athletic en jugar contra el Xerez de la misma forma en la que jugó contra el Depor, contra el Zaragoza o contra el Madrid, el equipo se fue espesando hasta adquirir la textura del chocolate y eso que se adelantó en el marcador a los dos minutos de partido. Con Muniain preso en la banda izquierda, fue Orbaiz quien asumió la tarea de poner algo de pausa, de buscar la elaboración, de tratar de aplicar el sentido común en definitiva, hasta erigirse en el mejor jugador de un equipo mediocre. Como premio Caparrós lo dejó en la caseta en el descanso. En su lugar salió Susaeta para ocupar la banda derecha mientras Gurpegi y Javi Martínez se hacían con el eje. Como la cosa seguía sin funcionar, el técnico decidió que había llegado la hora de darle la responsabilidad a De Cerio: hala chaval, sal y resuelve esto que nos hacen falta goles y eso de que llevas un año sin jugar se lo dirás a todas. Salió De Cerio y se fue Gurpegui, lo que ocasionó un desajuste evidente entre el centro del campo y la delantera. Y ahí llegó lo de Toquero en el centro del campo o como media punta, que es la versión caritativa que se ha usado para aminorar el dislate. Para entonces el equipo ya no se parecía en nada al original, ni en su composición, ni en su esquema, ni en su plan. Aquello andaba manga por hombro, que decían nuestras abuelas. Cualquier otro equipo distinto del Xerez le hubiera hecho una avería al Athletic. Pero los equipos que están en la situación del Xerez suelen ser como un pararrayos que atrae para sí todas las desgracias. Llorente, un alma en pena todo el partido, cabeceó el empate y a falta de cinco minutos desvió a la red un tiro de Susaeta que no iba a ninguna parte, ante la gentil parálisis de toda la defensa andaluza. Si a los delanteros se les mide por sus goles, Llorente cumplió con creces con su parte del trabajo. Otros no podrán decir lo mismo. Se trata de sudar menos y de pensar más; y no solo entre los que se visten de corto.
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