viernes 9 de marzo de 2012

Un Athletic de ensueño arrasa al United
en el campo y en la grada

Las nuevas generaciones del Athletic ya tienen algo que contar a sus sucesores. Los 8.000 seguidores que disfrutaron en Old Trafford de un partido memorable podrán pronunciar durante el resto de sus días una corta frase, solo tres palabras, que les identificará como parte de la historia del club: "yo estuve allí".
Llevo viendo partidos del Athletic ininterrumpidamente durante más de treinta años. Por devoción y por obligación profesional he visto prácticamente todos los partidos que ha jugado el equipo desde 198o hasta ayer, incluidos los amistosos de verano, y soy incapaz de recordar una exhibición como la que acabo de presenciar en Old Trafford. El 1-5 de Las Palmas, que sirvió para ganar una Liga fue el resultado de una superioridad aplastante, pero ante un rival inerte abocado al descenso. El 0-1 en el Santiago Bernabéu en el partido de ida de la semifinal previa a la final de Copa que se ganó al Barcelona, fue también un partido en el que el Athletic fue muy superior, esta vez ante un rival de entidad. Fue tal el desempeño de los leones aquel partido, que siempre recordaré el titular de mi crónica: "El Athletic bailó con el cadáver del Real Madrid". Aquel cadáver resucitó en el partido de vuelta y nos obligó a una prórroga y a una tremenda tanda de penaltis. Fue también un partido histórico aquel, pero más por lo heróico del comportamiento del equipo que por el fútbol. Cinco días después, en Valencia, aquellos leones volvieron a dar otra lección de garra y de entrega hasta la extenuación. El vuelo del balón desde la bota de Dani hasta la cabeza de Txema Noriega para marcar el 1-2 fue uno de los instantes más emotivos que he vivido con el Athletic. Como lo fueron la final contra el Barcelona de Maradona, o algunos partidos a cara de perro en el coliseo blaugrana.
Lo de Old Trafford ha sido otra cosa. Por el escenario, por el rival... pero sobre todo por el juego desplegado por un equipo que ha demostrado que es capaz de ganar a cualquiera en cualquier sitio y, lo mejor de todo, que se lo ha creído y que sabe que todavía no conoce dónde están sus límites. Hay muchas formas de ganar, tantas como de perder. El Athletic eligió la mejor manera de ganar en un escenario y ante un rival que le dan a la victoria una repercusión mundial. A estas horas el universo del fútbol ha puesto sus ojos en este viejo club que luce más lozano y joven que nunca. Después de catorce visitas a las Islas, ha llegado la primera victoria allí, y ¡de qué manera!.
Es una noche para la historia. En el teatro de los sueños, el Athletic fue el dream team, un equipo de ensueño, una máquina de hacer fútbol que dejó boquiabiertos a todos los que presenciaron el soberbio espectáculo que ofreció.
Impresiona repasar la alineación del Manchester United, y asusta ver quiénes se han quedado en el banquillo. No nos engañemos. Queríamos soñar y confiábamos en la ambición de este Athletic modelado por Bielsa, pero en nuestro fuero interno temíamos que, de no rozar la perfección, podíamos vivir una pesadilla de noventa minutos.
En no pocas ocasiones el rumbo que puede tomar un partido se puede adivinar en sus primeros compases. Ayer fue uno de esos días. La puesta en escena del Athletic fue más que esperanzadora, cobrando el primer remate en el primer minuto, y llegando con mucha gente al área rival. Los leones le tomaron muy pronto la medida al rival y al partido, mucho antes que un United que empezó quizá con cierta suficiencia, confiado en la dinamita que tiene del centro del campo hacia adelante. Y los hechos parecieron dar la razón a Ferguson cuando a los veinte minutos Rooney fusiló de cerca a Iraizoz tras un excelente movimiento de Chicharito dentro del área. Era no solo el primer remate de los ingleses, sino la primera vez que llegaban al área del Athletic. El gol parecía confirmar que a los equipos más grandes les basta con muy poquito para inclinar los partidos hacia su lado.
Pero lo mejor iba a llegar a partir de ese gol. El Manchester se recostó en su defensa, un poco porque no tenía el balón y otro poco porque entendía que podía hacer mucho daño al Athletic jugando a la contra. Y por momentos dio la impresión de que la cosa les podía funcionar. Los de Bielsa llegaban en oleadas al área de De Gea, pero dejaban a su espalda un vacío que producía escalofríos.
Fueron minutos en los que el Athletic vivió peligrosamente. Pero este equipo se ha acostumbrado a convivir con el riesgo; no sabe jugar de otra forma que no sea con generosidad y ambición, la mirada clavada en la portería rival. No merecía el Athletic, ni de lejos, estar perdiendo el partido y los leones no se resignaron. Catapultados por un Iturraspe gigantesco, Herrera, Susaeta y De Marcos fabricaban fútbol a destajo, trenzaban pases, dibujaban túneles, abrían pasillos para las llegadas de Iraola hasta el borde el área, de Aurtenetxe por el otro lado. Muniain se vaciaba entonces en un trabajo generoso en la recuperación pero poco eficaz en el ataque y Llorente, que ya había sufrido un penalti no señalado cuando el marcador señalaba tablas, a duras penas podía ser frenado por Smnalling.
Era frustrante ver al Athletic creando ocasiones, metiéndose hasta la cocina del United para equivocar el último pase o errar el remate. El repaso futbolístico ya estaba adquiriendo dimensiones considerables cuando Llorente conectó por fin, el remate ganador a un minuto del descanso. El empate era un resultado corto, hacía justicia solo a medias y quedaba medio partido por delante.
Fue en el segundo tiempo cuando el magnífico Athletic de la primera parte creció hasta convertirse en un coloso futbolístico. Ya no le valía al rival su táctica de esperar un contrataque, pero ahora no tenía más remedio que defenderse como podía de la avalancha que se le venía encima. De Gea salvó a su equipo con dos paradones que justifican por sí solos los numerosos errores que ha cometido esta temporada, pero ni el buen portero del United podía ser capaz por sí solo de frenar a un Athletic desatado.
Tocando en corto y en largo, dibujando paredes en la media luna o abriendo a las bandas, los de Bielsa llegaban por todas partes y en manada, de cinco en cinco. El balón y el fútbol eran suyos, pero el marcador seguía señalando una igualada más injusta cada minuto que pasaba.
Ferguson, sin querer, dio más grandeza todavía al triunfo rojiblanco. Metió en el campo a Anderson para reforzar sus posiciones alrededor del círculo central, territorio rojiblanco desde donde sus centrocampistas dibujaban un fútbol sublime. Por momentos pareció que el United recuperaba el resuello y sacaba el orgullo de su grandeza. Los reds estaban siendo barridos en el campo y en la grada y eso no lo podían consentir. Fue entonces cuando llegó la delicatessen de Herrera, elevando un globito sobre los centrales ingleses para que De Marcos lograra, por fin, adelantar al Athletic en el marcador.
El delirio no obnubiló a los leones. Salió Nani a salvar los muebles de los locales, pero a estas alturas el Athletic era una maquinaria perfecta. El gol de Muniain apareciendo de la nada tras un sprint brutal de treinta metros en el minuto 90 estableció en el marcador un pálido reflejo de lo que había ocurrido en el césped. Lástima que la maldición del último minuto se presentara en esta ocasión en forma de penalti en el tiempo añadido. Fue una pena porque el 2-3 final no se corresponde con el baño futbolístico que le dio el Athletic al United.
Decía ayer que lo histórico no era jugar en Old Trafford, sino ganarle al Manchester United. Pues bien el Athletic acaba de escribir una de las páginas más bellas de su larga historia. La de ayer fue una de esas noches en las que ser del Athletic es un motivo redoblado de orgullo. Por lo que hicieron los que vistieron de corto y por lo que hizo, cómo no, ese ejército pacífico que invadió Manchester con las únicas armas de sus bufandas y su inquebrantable fe rojiblanca. Athletic, ¡qué grande!
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miércoles 7 de marzo de 2012

El relativismo aplicado al fútbol y a los futbolistas

Andan circulando por la red unas fotografías de dos postadolescentes haciendo cosas propias de su edad, o sea, haciendo el tonto. Hay miles de imágenes semejantes circulando por internet porque esa obsesión por inmortalizarse haciendo tonterías es uno de los factores que diferencian a los jóvenes de ahora de sus padres y abuelos. Todos hicimos el tonto cuando teníamos esa edad en la que se estrena maquinilla de afeitar, pero en nuestro caso procurábamos que aquello no trascendiera de la intimidad de la cuadrilla. Ahora ocurre todo lo contrario. Nuestros jóvenes necesitan verse en foto o video haciendo el botarate y proclamarlo a los cuatro vientos para que no queden dudas. Es como si vivieran en una constante repetición de la jugada gracias a que cuentan con todo un arsenal de cacharritos que sirven para fotografiar y para grabar y a que han perdido cualquier sentido mínimamente relacionado con el pudor.
El caso es que los dos zangolotinos de las fotos son dos jugadores internacionales de un equipo de Primera División que viste a rayas rojas y blancas. Su profesión ya les otorga la popularidad que otros buscan exhibiéndose en internet, pero parece ser que no han tenido en cuenta ese pequeño detalle. De acuerdo con la vertiginosa secuencia que suelen seguir las noticias en la red, las fotos han circulado en cuestión de milisegundos. Tanto en así que un periódico local decidió anoche publicar una de esas imágenes en su edición digital. La retiró en cuestión de horas. (Edito: Retiró la foto de la portada pero ha pasado a encabezar la lista de las noticias más leídas) El otro diario, tan proclive en tantas ocasiones a airear temas privados de personajes públicos, ha ignorado el tema por completo. (Edito de nuevo: Este diario sigue sin hacer mención a la foto, pero su correspondiente en Gipuzkoa la saca a la portada de su edición digital. Curioso)
Los comentarios de los lectores al pie de la noticia del diario que publicó la foto coincidían en elogiar la forma de divertirse de los protagonistas de la instantánea y en envidiar su juventud y los posibles que les permiten esos lujos. No consta la edad de los comentaristas, obviamente, pero de su léxico y perspectiva se puede deducir sin miedo al error que llevan muchos años afeitándose. Y sus comentarios explican por sí solos porque el diario que publicó la foto la retiró casi de inmediato y el otro no hizo ni mención: en estos momentos eso no es noticia.
Es esta una nueva aportación a la doctrina del relativismo. Y no es de ahora; siempre ha sido así. El hincha que se encuentra en un bar a un jugador tomando un refresco e insiste en invitarle a un combinado cuando las cosas van bien, será el primero en denunciar las veleidades alcohólicas del mismo jugador cuando las cosas vayan mal; aunque lo más fuerte que siga bebiendo ese jugador sea un batido de chocolate. Los dos postadolescentes de las fotos han tenido la fortuna de que la cosa ha salido cuando su equipo está muy arriba en la tabla, se dispone a jugar un partido trascendental en Europa y va a jugar una final de Copa dentro de dos meses. Así que a ojos del aficionado medio son dos machotes que hacen muy bien divirtiéndose en su tiempo libre. Alguno incluso les guiñará el ojo envidiando su suerte. Harán bien nuestros dos héroes en no perder de vista que cuando las cosas vayan peor que ahora ese mismo aficionado que ahora les guiña el ojo, bramará contra sus costumbres licenciosas y exigirá castigos ejemplares.
Mucho mejor para todos si el asunto pasa lo más desapercibido posible y no llega a mayores, porque no estamos más que ante la eternamente repetida historia de unos niños jugando a ser hombrecitos, pero eso no debe excluir que desde el club no les expliquen a este par de insensatos que, a diferencia de lo que ocurre con sus amigos del pueblo, su condición profesional les impide airear su vida privada o exponerse a que otros la aireen, como ha sido el caso. En resumen, que no sean tan pazguatos.
La doctrina del relativismo se puede aplicar también al partido contra el Manchester. Donde unos ven acontecimiento histórico, otros solo advierten un trámite; lo que para los de aquí es puerta que abre el camino hacia la gloria, para los de allí no es más que un portillo que tienen que pasar para tratar de alcanzar un premio de consolación. Está claro que no se vive de la misma forma esta eliminatoria en Manchester que en Bilbao y puede que esta percepción tan opuesta sea la mejor arma para el Athletic. La ilusión con la que afronta el partido, esa motivación extra que tienen los leones y de la que carecen los diablos rojos, servirá para acortar significativamente la distancia futbolística que se supone que existe entre unos y otros. Lo que para los rojiblancos es premio, para los rojos no pasa de ser un incordio y como alguien dijo, el fútbol es un estado de ánimo.
Lo que verdaderamente importa es que los de Bielsa afronten el partido con el espíritu de competición propio de un futbolista profesional, dejando la perspectiva del acontecimieto histórico para los aficionados. Porque lo histórico de verdad para el Athletic no es jugar en Old Trafford, sino eliminar al Manchester United. Está bien eso de rendir culto al mito y celebrar como lo que es, un gran choque, el enfrentamiento contra un club legendario, pero sin perder de vista que también el Athletic es una institución legendaria, que también San Mamés es un escenario de prosapia y que siendo el Manchester United uno de los grandes de Europa, el Athletic se enfrenta, y planta cara, cuatro veces al año a los dos mejores equipos del mundo. Jugar contra el Manchester United no es un premio en sí mismo; el premio es pasar a cuartos de final y para eso hay que conseguir traer la eliminatoria a San Mamés. Y el Athletic tiene posibilidades de hacerlo. Seguro.
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martes 6 de marzo de 2012

Caramba con el villarato

Hace muchos años el genial Manuel Vicent bautizó como tontos de corner a aquellos espectadores que ocupaban las localidades de las esquinas de los campos y que cuando un jugador se disponía a botar un corner, saludaban con la mano a la cámara de televisión para que les vieran en casa, en aquellos tiempos en los que salir en televisión, aunque fuera en blanco y negro, era un acontecimiento al alcance de muy pocos. Tan extraordinario era aquello de salir en la tele que algunos se paraban en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos que tenían a modo de reclamo una cámara que enfocaba a los paseantes para que estos salieran en los aparatos expuestos. Algunos incluso se saludaban a sí mismos desde la acera, como los de los corners.
La versión moderna de aquellos héroes la constituyen ahora todos esos que se llenan la boca hablando de 'villarato' y que a estas alturas estarán hechos un lío, aunque como en esto, igual que en todo, hay bobos de dos clases, unos se estarán llenando de razón y saludándose con la manita, mientras los otros seguirán sin entender nada. Que los primeros se lo expliquen a los segundos y vamos ganando tiempo.
La final de Copa se jugará por fin en el Vicente Calderón el día 25 de mayo, escenario y fecha que había propuesto el Barcelona frente a la alternativa del día 20 y La Cartuja defendida por el Athletic. La Federación Española recurrió al método de la votación entre sus miembros en la sesión en la que Villar inauguraba un nuevo mandato y Josu Urrutia estrenaba cargo federativo como presidente del Athletic. El Barcelona no envió representación al acto para darle aire mediático a su protesta por lo ocurrido en torno a la expulsión de Piqué y las posteriores declaraciones de Sánchez Arminio defendiendo la honorabilidad del árbitro Velasco Carballo y pidiendo una sanción añadida para el central azulgrana.
Al igual que existen dos clases de tontos de villarato, los que miran al Barcelona y los que acusan al Athletic, conviven también dos corrientes de opinión en el seno de la afición rojiblanca a la hora de identificar la sede idónea para la final, una vez descartado el Santiago Bernabéu, y ambas pueden esgrimir argumentos de peso semejante para defender sus respectivas teorías hasta llegar al empate infinito.
Desde la óptica rojiblanca, la sede finalmente elegida tiene como ventaja la comodidad del desplazamiento, la amplia infraestructura hostelera de la ciudad y la tradición. A nadie se le escapa que, al margen del campo propiamente dicho, escenarios como la Puerta del Sol o determinados establecimientos de hostelería, forman parte indisoluble del paisaje de una final. En contra se percibe una cierta sensación de riesgo por los antecedentes habidos. Las consignas que gritaban los mamíferos semirracionales que se suelen pastar en el fondo sur del Santiago Bernabéu, no son precisamente tranquilizadoras y en un desplazamiento masivo como el que se producirá, la chispa puede saltar en cualquier momento y por el motivo más nimio. El Calderón dispone además de cinco mil localidades menos que La Cartuja y el estado del césped plantea una duda más que razonable teniendo en cuenta que pocos días antes se celebrará allí un concierto.
A favor de La Cartuja figura la garantía de un buen césped y, sobre todo, el número de localidades, además de una ciudad que ha estado al margen de la polémica previa. El desplazamiento era más complicado y la teoría de una menor presencia de barcelonistas es más que discutible puesto que a una final no solo acuden aficionados desde la ciudad de origen y el Barcelona, como el Athletic, cuenta con numerosas peñas en Andalucía.
Pero al margen de estas consideraciones, la elección de la sede ha puesto de manifiesto diversas paradojas que conviene no perder de vista. Ha sido magnífico el papelón del portavoz de la directiva del Barcelona, Toni Feixa, y el del club azulgrana en general, negándose a acudir a la reunión de hoy en la Federación porque sus argumentos en favor de la sede del Calderón no habían sido tenidos en cuenta. Papelón solo un poco superior al de los siempre bien informados expertos de la cosa que apostaban por la elección de Mestalla como alternativa intermedia, por no hablar del ridículo, éste en sesión continua, que han vuelto a hacer los que sostienen poco más o menos que el Athletic sobrevive en este negocio gracias exclusivamente a Villar y sus favores.
Así es el fútbol, sobre el césped de los campos y sobre las alfombras de los despachos. Y como la rueda tiene que seguir girando, no faltarán quienes encuentren en la elección del Calderón la forma de compensar a un ofendido Barcelona por al ya comentado asunto de Piqué, aunque a diez puntos del líder es previsible que en adelante tengamos más 'asuntos Piqué' o similares.
De momento, aquí el único que tiene motivos para sentirse ofendido es el Athletic, víctima colateral de la guerra entre el Real Madrid y el Barcelona y sus respectivas terminales mediáticas, que se ha visto privado de jugar en el único escenario que garantizaba una oferta razonable a la enorme demanda de entradas que se producirá y que tendrá que jugar en un campo que no reúne las condiciones de aforo y habrá que ver si cumple los mínimos exigibles en cuando a césped tratándose de una final.
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domingo 4 de marzo de 2012

Susaeta ilumina a un Athletic
que añoró a Iturraspe

Sería faltar a la verdad afirmar que el Athletic jugó el derby contra la Real Sociedad con el freno de mano echado, pero durante demasiados minutos lo pareció por la falta de ritmo y de velocidad del equipo de Bielsa. Tampoco reflejaría lo que ocurrió en el partido decir que los rojiblancos jugaron prácticamente todo el encuentro mirando al marcador con el rabillo del ojo y apoyándose en la ventaja mínima de la que disfrutó desde el minuto 24. Puede que en algún momento tuviera la tentación de hacerlo, pero sería más exacto afirmar que durante toda la segunda parte tuvo que correr por detrás de los jugadores de la Real para mantener la victoria. Y tuvo que hacerlo porque no supo sentenciar el partido en un primer tiempo en el que fue muy superior y en el que tuvo, además del gol, un saque de falta de Susaeta al larguero y una ocasión doble, cabezazo de Llorente repelido por Bravo y remate al muñeco del propio Susaeta con el portero chileno vencido en el suelo.
Llegaba la Real Sociedad a San Mamés precedida de una fama que habla de una personalidad contradictoria de equipo indolente con mentalidad frágil que, sin embargo, apunta en ocasiones buenas maneras gracias a sus jugadores más jóvenes. Hablamos de un equipo bastante inofensivo cuando le toca viajar, capaz de culminar actuaciones tan espeluznantes como la que le costó su eliminación de la Copa en Mallorca. Claro que todos esos antecendentes pierden valor para el análisis cuando el equipo guipuzcoano visita San Mamés. El derby es para ellos el partido del año y ganarlo justifica toda la temporada por encima de cualquier otra valoración global.
Así que el Athletic se encontró un rival más aguerrido de lo habitual que inició el partido presionando muy arriba para tratar de impedir la salida del balón de los rojiblancos desde atrás.
Y, lo que son las cosas, el Athletic se encontró con un problema inesperado: el equipo acusó mucho más de lo previsto la falta de Iturraspe. Jugador discutido todavía por muchos por la frialdad con la que desempeña su fútbol, ganó la batalla de la opinión al estilo del Cid, o sea, en ausencia. Para que a la discusión no le falten alicientes, resulta que Javi Martínez volvió al puesto de medio centro que muchos le adjudican como ideal para sus características y, bien sea porque lo extrañó después de tanto tiempo sin aparecer por allí, o porque Zurutuza supo taparle las salidas, lo cierto es que el navarro no acertó a arrancar el juego de su equipo desde la sala de máquinas. ¡Qué cosas!.
Privado el Athletic de una de las bazas que le están haciendo fuerte este año, Herrera tuvo que asumir unos metros más adelante, la responsabilidad de ordenar el juego del equipo. Contó para ello con la ayuda de un De Marcos intermitente y de un Muniain que se empleó con más inteligencia y visión global que en otras ocasiones. Y el Athletic disfrutó, sobre todo, de un Susaeta que avisó, marcó y fue siempre el hombre más incisivo del equipo, supliendo en la tarea de complicar la vida a la defensa rival a un Llorente que no estuvo, ni de lejos, al nivel que estaba acreditando en los últimos partidos.
Los de Bielsa debieron resolver el partido antes del descanso. No lo hicieron y les tocó sufrir durante media hora como penitencia. La Real regresó del vestuario dispuesta a conseguir el gol que le diera el empate. Y de hecho tardó dos minutos en conseguirlo; para su desgracia lo logró en la modalidad fantasma, que es como se definen aquellos goles en los que no queda claro si el balón entró o no, o si lo hizo en su totalidad, como exige el reglamento. La verdad es que fue una jugada muy difícil para el árbitro y para el linier porque el balón está entre la mano y la pierna de Iraizoz. En las imágenes de televisión parece que, efectivamente, el balón entró, pero en este caso, el error, de existir, es comprensible. De hecho, ni los propios jugadores de la Real se extendieron demasiado en la reclamación.
Tampoco nos ajustaríamos a la realidad del partido si resumiéramos su resultado en esa jugada. Es verdad que el Athletic jugó en su propio campo buena parte de esa media hora inicial del segundo tiempo, que perdió el balón y, como dijo Bielsa en la sala de prensa, el control del partido, pero tampoco se recuerdan más ocasiones de peligro cierto de la Real Sociedad cuando disfrutó del dominio de la situación. Un tiro lejano que se iba fuera y que Iraizoz metió dentro para que Griezman no lo aprovechara fue el mayor susto para la parroquia. Se le añade un tirito blando del francés a las manos de Iraizoz en el primer tiempo, después de ganarse el sitio en el área para un remate fácil, y tenemos toda la producción ofensiva de una Real Sociedad con más apariencia que eficacia y con una sobremotivación que le vendría muy bien mantener en otros campos que no fueran San Mamés.
El inspirado Susaeta cerró el partido con un saque de falta magistral cuando quedaban diez minutos para la conclusión. Para entonces, Toquero llevaba un rato largo ocupando el sitio de Llorente e Iñigo Pérez ya estaba reforzando el centro del campo como relevo de Herrera. También Mountanier maniobró desde el banquillo, pero dio la impresión de que favoreció al Athletic con alguno de sus cambios. El afán de reforzar el ataque dando entrada a Agirretxe le llevó a quitar a Aranburu, lo que debilitó el centro del campo realista, concediendo un respiro a los rojiblancos.
El Athletic sumó tres puntos completando un partido que quedó bastante por debajo de otras exhibiciones mucho más brillantes. El equipo estuvo espeso, con un discurso falto de la fluidez de otras ocasiones y jugando un poco a trompicones. Cuando conectaron los jugadores de creación el balón llegó al área rival con facilidad, pero esa conexión ocurrió solo en momentos aislados. Vayan los tres puntos sumados en tono gris por los empates o las derrotas cedidas después de pintar el arco iris sobre el césped. El fútbol da y quita. También los árbitros. El Mateu Lahoz de ayer, es el mismo Mateu Lahoz que pitó no hace tanto al Athletic en el Bernabéu; vaya también lo uno por lo otro.
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viernes 2 de marzo de 2012

El lío de las entradas, las colas en San Mamés
y la venta por internet

Vivimos tiempos de exageración y desmesura. El hecho más nimio se magnifica a través de los cada vez más omnipresentes altavoces mediáticos. Todo es noticia siempre que contribuya a alimentar la ilusión de que vivimos en una sociedad informada y que no afecte sus cimientos, claro. El fútbol es un formidable generador de esa clase de noticias de consumo inmediato, íntimamente emparentadas con el cotilleo y cada vez más alejadas del hecho deportivo. Entrenadores pagados de sí mismos que tienen más protagonismo en la sala de prensa que en el banquillo, periodistas devenidos en frikis que hacen del show su modus vivendi, directivos que alimentan rumores y egos mientras llevan a la ruina las instituciones que dirigen...hace tiempo que el fútbol dejó de ser de los futbolistas para quedar en manos de toda la patulea que les rodea.
Viene esta digresión a cuento de todo lo que ha ocurrido en torno a las famosas entradas para el partido de Manchester. El Athletic no es una excepción en estos tiempos desmedidos, es más, se diría que lidera algunos aspectos de la exageración, a veces para bien pero otras para mal, así que tampoco hay que extrañarse de nada.
Pocos casos de entusiasmo tan desmedido se habrán producido en el fútbol europeo por una eliminatoria de octavos de final de la segunda competición continental. Desde que el sorteo deparó la posibilidad de un cruce con el Manchester United se desató una especie de histeria que se ha ido retroalimentando sin que, a día de hoy, se sepa dónde y cómo puede terminar la cosa. Y, seamos sinceros, sin que tampoco se sepa a ciencia cierta a qué obedece todo esto, que ya empieza a tomar un penoso cariz de papanatismo, y lo que nos queda en el tiempo que falta para el partido. Si tomamos el dato de que los ingleses han remitido más entradas de las exigidas por la norma de la UEFA (el Athletic sacará a la venta 2.500 más el próximo lunes) podemos deducir que les sobran, o sea que el interés que ha despertado el partido en Manchester se ajusta más a la medida de unos octavos de final. Y eso que el Athletic es uno de los históricos del fútbol europeo, el más antiguo del fútbol peninsular, que mantiene una identidad única que seguro que envidian y admiran los tan tradicionales seguidores de los diablos rojos, y que la Catedral es un campo solo tres años más joven que el mitificado Teatro de los sueños. Es decir, que si es por historia, tradición o abolengo, el Athletic y sus seguidores no tienen nada que envidiar de su rival. El United tiene más títulos, eso sí, como el Barcelona o el Real Madrid, logrados tras renunciar a las esencias y abrazar el mercantilismo. En esencias no solo les ganamos a todos sino que les podemos mirar por encima del hombro.
Sin duda predispuesto por el entusiasmo general, fue el propio club el primero que alimentó la psicosis de las entradas alertando de su preocupación por un posible problema de orden público en las taquillas, o al menos, eso dijeron los medios que dijo el club, porque no se corresponde esa presunta preocupación con las medidas tomadas al respecto: unas cuantas vallas alrededor de las ventanillas.
Estaba claro que iba a haber colas, pero en este estado de cosas no podían ser unas colas normales, al uso de otros grandes partidos. Como había algo más de cuatro mil entradas a la venta, alguien decidió que había cuatro mil personas en la cola con la misma técnica contable que se utiliza para aforar manifestaciones, o sea, a o ojo de buen cubero y pensando en ajustar el titular. Todos los medios se han pasado horas dando por buena la cifra sin que nadie cayera en la cuenta de que se despachaba una entrada por carnet, sí, pero que cada persona podía presentar dos carnets. Y si alguien cayó en la cuenta poco le importó: una cola de cuatro mil tipos siempre da un titular mucho más lucido que una de dos mil. A las ocho de la tarde se vendió la última entrada. Hubo quien hizo la misma cola que para adquirir una localidad para el partido contra el Granada. La cuenta de los 4.000 al guano. ¿Alguien ha rectificado?. Para qué...
Ya está dicho que el Athletic es un club de tradiciones y entre ellas figura una que muchos aficionados y medios mantienen con especial fidelidad: en caso de duda Ibaigane es culpable. En cumplimiento de esta tradición desde el minuto uno menudearon las quejas por la mala organización del asunto y las acusaciones a la obsoleta maquinaria del club, desconocedora de las nuevas tecnologías que tan fácil hacen la vida a los compradores de entradas.
Voy a ser políticamente incorrecto. Siempre ha habido problemas para conseguir entradas en los partidos importantes y siempre ha habido colas en San Mamés cuando se avecinaba un encuentro especialmente interesante. Si la afición rojiblanca destaca por algo es por su entusiasmo y fidelidad. Pero la moda de las gaupasas es relativamente reciente. Diría que no se remonta a más de quince años. De memoria, se podría situar el estreno en el último partido de la temporada 97-98 cuando el Athletic logró su calificación para la Champions ante el Zaragoza. Los presuntos cuatro mil que pernoctaron a las puertas de San Mamés lo hicieron para obtener una entrada que les permitirá un viaje en el que por todos los conceptos gastarán unos cuatrocientos euros por cabeza calculando por abajo. No se trataba de una cola para obtener un empleo ni para conseguir un trasplante de riñón. Sarna con gusto no pica,decían en la postguerra. Lo que el club no puede calcular es cuándo se le ocurrirá ir a la taquilla al primero de la cola. En esta progresión, en un par de eliminatorias muy bien podríamos alcanzar las dos noches de gaupasa. Pretender que empleados del club acudan a ordenar la hilera es ponerles a los pies de los caballos según reza la tradición mencionada más arriba.
La alternativa de internet es la más barajada por todos como solución ideal para evitar lo que algunos han calificado como espectáculo tercermundista nada menos(en el tercer mundo estarían encantados de hacer una cola para poder gastarse cuatrocientos euros). El autor de la teoría debe de ser de la misma escuela del que contó a los que estaban en la cola. Según los datos del Eustat correspondientes a 2011, los usuarios de internet varones mayores de quince años eran en Bizkaia el 61 por cien de la población, porcentaje que se reducía al 50'8 por cien en el caso de las mujeres. La media de edad de la masa social del Athletic se situa en torno a los cincuenta años. Según el Eustat, en la franja de edad de mayores de cuarenta y cinco años el porcentaje de usuarios de internet se reducía en 2011 a un 33,2 por cien. Siguiendo con los datos del Instituto Vasco de Estadística el 61,9 por cien de las familias de Bizkaia dispone de ordenador en el hogar, pero solo el 56,8 dispone de conexión a internet. El 55 por cien cuenta con correo eléctronico en casa.
Nadie duda de que internet será la solución a medio plazo. De hecho, las cifras de utilización se han doblado desde 2002 y es razonable suponer que dentro de unos años su uso será tan universal como lo es ahora el del teléfono pero, de momento, parece complicado que pueda sustituir a los métodos tradicionales a la luz de la estadística. Si el Athletic decidiera mañana vender sus entradas por internet, se formaría una cola de socios en Ibaigane reclamando su derecho a comprar un boleto sin necesidad del pago añadido de una tarifa de banda ancha. Utilizar un método mixto, taquillas-internet es inviable. De hecho el Athletic renuncia siempre a utilizar la red de cajeros automáticos en los partidos problemáticos.
Por otra parte si la escasez de entradas suele alimentar siempre las sospechas hacia la Directiva, pese a que ésta desglose las que saca a la venta y las que se queda, de qué estaríamos hablando si las entradas se gestionaran por internet y se agotaran, digamos que en diez minutos.
No se trata de comparar, ni mucho menos, pero a la misma hora en la que en Bilbao se acusaba al Athletic de vivir en la penumbra de las cavernas, donde no llega la luz radiante de las nuevas tecnologías, en Donostia también hacían cola ante las taquillas de Anoeta para comprar una entrada para San Mamés sin que se tenga conocimiento de que nadie aprovechara el tiempo para hacer su sesuda aportación al mundo de las TIC y el I+D. Eso sí, la Real les agradeció el esfuerzo con un gorro y una bufanda a cada uno. Todo un detalle.
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