Después de dos años con el mismo entrenador en el banquillo seguimos sin contar con un equipo fiable, con el mínimo de fiabilidad como para suponer que puede aguantar un trimestre seguido manteniendo un nivel regular. Arriba o abajo, no hay término medio; el problema es que, por mucho que se empeñe la propaganda oficial, estamos más tiempo abajo que arriba.
La norma, la excepción y la evidencia. Es importante distinguir una de otra. Y la norma de este equipo es ésta de comportarse como un equipo menor, frágil, el único incapaz de sumar un solo punto ante eso que se llamó ampulosamente "los Alpes" de la Liga, o sea, la serie en la que sucesivamente todos los equipos se ha enfrentado al Sevilla, Barcelona, Real Madrid y Villarreal. Todos han arañado puntos ante tan temibles rivales; todos menos el Athletic. ¿Alguna explicación?. Ninguna, salvo las relacionadas con algún arbitraje. Pobre argumento para justificar tanto desastre. La excepción fue aquella racha de siete partidos sin perder, que le permitió al equipo colocarse en la zona media de la tabla y animó al optimismo oficial a hablar de la UEFA y esas cosas que tanto gustan en las tertulias de aficionados.
Y la evidencia es lo de Villarreal. Un equipo con un plan de juego elemental como el funcionamiento de un botijo, con una defensa que es la segunda más goleada del campeonato (¿no habíamos quedado en que Caparrós había mejorado mucho la seguridad del equipo?), un centro del campo que si defiende no ataca y si ataca no defiende y una delantera unipersonal, con Llorente como único faro, referencia y esperanza. Que no nos falte Llorente hasta el final de la temporada. ¿No habíamos quedado en que se podía vender a Aduriz porque había delanteros de repuesto?.
Ya estamos aquí otra vez, mirando la tabla por abajo y atentos a los marcadores de los equipos en apuros. Encomendándonos a San Mamés para que nos vuelva a sacar del atolladero en el que el equipo se ha metido solito por una mezcla de autocomplacencia, demagogia, error de cálculo y limitación futbolística. El fogonazo de la noche del Sevilla más que alumbrar el camino, deslumbró y cegó a más de uno. Volvemos exactamente a donde estábamos hace una vuelta, o sea, a jugarnos la vida contra el Mallorca, a apostarnos el cuello contra Osasuna...Es el sino de un equipo que no es sino consecuencia de una plantilla mal construida y peor gestionada, pero esas cosas no se dicen; lo importante es conseguir una entrada para Valencia o celebrar la consagración de la primavera...
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