viernes, 16 de enero de 2009

Más fácil de lo esperado

Si Osasuna llegó a Bilbao con alguna duda respecto a cuál debía ser su actitud en el partido, Gabilondo se la despejó en cinco minutos. Cualquier especulación sobre el interés de los navarros por la Copa quedó aclarada en ese escaso lapso de tiempo. El equipo rojillo, plagado de suplentes, se entregó sin condiciones a un Athletic que, esta vez sí, plasmó sobre el terreno de juego todas las buenas intenciones que su técnico y jugadores suelen presentar en la sala de prensa. A los diecisiete minutos, un remate de Vélez se encontró con un rebote afortunado que llevó el balón a la red de Ricardo. Se acabó. La salida espectacular del Athletic obtuvo el premio deseado y el partido y la eliminatoria murieron a pesar de que todavía restaba más de una hora.
Fue mucho más fácil de lo que hacían presumir el buen resultado del partido de ida y la situación clasificatoria de Osasuna en la Liga. A pesar de las declaraciones en sentido opuesto de Camacho a lo largo de la semana, había un convencimiento general de que San Mamés vería a un Osasuna menor. Lo que nadie calculaba era que el equipo rojillo fuera tan pequeño; más incluso que el que vimos en la Liga, cuando también cayó por el mismo resultado y planteando similar oposición.
Al Athletic sólo cabría reprocharle ese exceso de cálculo tan del gusto de Caparrós. A punto estuvo de pagarlo muy caro pero, afortunadamente, Portillo falló un penalti que hubiera metido a Osasuna en la eliminatoria con media hora de partido por delante, cuando éste había entrado en una dinámica tontorrona en la que el Athletic especulaba descaradamente con el marcador y el reloj, y Osasuna trataba de adecentar su imagen con los cambios introducidos por Camacho. Se ha dicho una y mil veces que el Athletic no sabe especular, y se ha dicho porque es cierto. Los rojiblancos mostraron su mejor perfil en los primeros minutos, cuando miraron de frente a la portería contraria, se hicieron con todos los rebotes y ganaron todos los choques. Entonces encandilaron a sus seguidores. Luego, cuando miraron al reloj, aburrieron y, en algún momento, hasta preocuparon. Cualquiera sabe por dónde se hubiera ido el partido si Portillo acierta con el penalti. Y esa sombra de duda, esa inquietud que recorrió San Mamés mientras el delantero colocaba el balón en los once metros, no se la merecían ni un Athletic que fue inmensamente superior, ni una afición que reclama su derecho a soñar. Fue una sombra que deslució un tanto el brillo del primer tiempo.
Esa sombra plantea además una duda sobre la profundidad del banquillo rojiblanco. Caparrós ha dado con una alineación tipo que combina a partir de trece o catorce nombres. Y esos son muy pocos para encarar la exigencia de dos competiciones. Es necesario que el técnico de minutos a jugadores alternativos que permitan un respiro a los titulares y se reivindiquen ellos mismos como candidatos al equipo inicial. Pero precisamente su escaso rodaje provoca que el equipo se resienta cuando saltan al césped. Gente como Gurpegui necesita minutos para ser alternativas fiables, pero esos minutos no deben constituir un riesgo para el equipo. Bonito problema cuya resolución medirá la verdadera capacidad del cuerpo técnico. Mientras tanto, a pensar en cómo hincarle el diente al Valencia el domingo. Un partido que será un inmejorable calibre para medir las posibilidades reales del Athletic. Emery y los suyos nos dirán si esto que vivimos es solo una racha de viento a favor, o tenemos algo más sólido por lo que merezca la pena ilusionarse.

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martes, 13 de enero de 2009

Javi Casas, cedido al Córdoba

Lo adelantó ETB el lunes y hoy lo confirman todos los medios, incluida la web oficial del club, que le dedica a la noticia exactamente dos líneas: Javi Casas jugará en el Córdoba como cedido hasta el final de la temporada. Ahora queda por escuchar la explicación de Caparrós y se agradecería que fuera en términos concisos y comprensibles, eludiendo cualquier demagogia o halago de oídos interesados.
Creo que a Casas le vendrá bien esta estancia en Córdoba puesto que al menos disfrutará de partidos para seguir creyendo que es un jugador de fútbol y no un mueble al que han utilizado a su antojo. Recordemos: sin número toda la temporada pasada, titular el primer partido de este curso y nueve minutos en el Bernabéu como segunda y última oportunidad esta campaña. Después nada. El ostracismo más absoluto y el olvido hasta por parte de los medios.
Quiero suponer que la decisión de ceder a Casas al Córdoba venía madurada de antes y que el anuncio de su cesión después del buen partido de Koikili en el Manzanares obedece a la casualidad. Por cierto, que Koikili tuvo que apechugar con la titularidad en un campo tan complicado como el madrileño, después de una temporada prácticamente en blanco, cuando el año pasado fue el dueño de la posición por encima del repescado Del Horno. Si añadimos el nombre de Balenziaga, el mero repaso a la nómina de laterales izquierdos y su aleatoria utilización en las dos últimas temporadas, nos sitúa ante un panorama por lo menos desconcertante que no dice mucho en favor de la coherencia del cuerpo técnico rojiblanco.
Al margen de su calidad o de sus condiciones para jugar en el primer equipo, Casas ha recibido un trato impropio en un club como el Athletic. Su carrera en el primer equipo ha sido más una peripecia que una trayectoria y si ningún futbolista profesional merece semejante trato, menos un chaval de la cantera de Lezama y en el Athletic. Al jugador le queda el consuelo de que en Córdoba va a jugar y que es improbable que le vayan a tratar peor que en casa.

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domingo, 11 de enero de 2009

Una victoria brillante

Lástima de gol a última hora de Forlán. Un 1-3 hubiera estado más de acuerdo con la estética del partido que el 2-3 que figura ahora en todas las tablas. Lástima, porque la brillante victoria que firmó el Athletic merecía un marcador más rotundo que esa ventaja mínima. Pero lo que cuenta es la victoria al fin y al cabo, y gol arriba, gol abajo, los rojiblancos se trajeron tres puntos que valen su peso en oro, por el momento, por el escenario y, por qué no decirlo, por lo inesperado.
Probablemente, en Madrid achacarán la responsabilidad del éxito de los leones a la crisis de los colchoneros y en parte no les faltará razón. Las miserias del equipo de Aguirre son conocidas en todo el planeta fútbol y Caparrós diseñó el partido perfecto para explotarlas a su favor, con el añadido de que los jugadores ejecutaron lo previsto con la precisión de un reloj. Lo que no se acaba de entender es la obcecación del Atlético de Madrid para hundirse en sus propias miserias. Si tienes tantos problemas para sacar el balón jugado desde atrás, lo más lógico es que intentes jugarlo en largo. Al fin y al cabo, el Atlético tiene arriba calidad suficiente para recoger un pase al pie o cazar un balón suelto.
Pero los de Aguirre se empeñaron en salir tocando desde atrás para felicidad de un Athletic que ejecutó la presión arriba con una organización inusitada. Empezaban Vélez y Llorente (así nació el segundo gol), y Susaeta y David López cerraban las bandas, mientras Javi Martínez y Orbaiz levantaban un muro que riase usted del que han construido los israelíes.
El Athletic empezó el partido con muy buena pinta y ni siquiera la desgracia de encajar un gol de auténtica mala fotruna en el único remate a su portería de todo el primer tiempo, alteró su ánimo. Se lo tenían muy creido los leones y no renunciaron al plan previsto. Siguieron jugando como si no hubiera ocurrido nada, y eso que el partido se puso en las peores condiciones para ellos, con un Atlético que, a favor de marcador, podía jugar al contrataque. Ni así. El Athletic se hizo con el balón y con el espacio y solo la falta de pegada le impidió empatar antes. Afortundamente, Koikili acertó a ultimisima hora y consiguió llevar el partido al descanso tal y como había empezado: con empate en el marcador pero con dos equipos de talantes opuestos.
El deprimido Atlético de Madrid se quedó al borde del suicidio cuando Llorente adelantó a su equipo tras un robo de balón en la banda en el enésimo fallo de la defensa colchonera. A partir de ese momento, y quedaba todo el segundo tiempo por delante, el equipo local desahogó su frustración por la vía del matonismo. Pasan presidentes, pasan jugadores y pasan entrenadores, pero el Atlético tiene marcada en su código genético esa inclinación por la violencia. El aficionado más lego puede citar de memoria una docena de ilustres killers que han vestido la camiseta colchonera en los últimos veinte años o treinta años. Hasta aquellos llamados a jugar al fútbol parecen contagiarse cuando firman por el club del Manzanares, como ayer demostró el yerno de Maradona con su alevoso pisotón al tobillo de Iraola así, como quien no quiere la cosa. Afortunadamente para el Athletic, el árbitro, Muñiz Fernández no le perdió la cara al partido y lo mantuvo en un cauce más o menos normal a base de tarjetas amarillas y una expulsión, la de Maniche, a quien bien pudo seguir algún otro compañero.
Los de Caparrós fueron a la suyo y Gabilondo, que acababa de salir para sustituir a David López, en una de esas apariciones que suele tener de vez en cuando, se marcó la jugada del partido para servir en bandeja el gol a Llorente quien, por cierto, aseguró el remate franco con la solvencia de un goleador en racha.
Muerto el partido con ese tercer gol, y en superioridad numérica, a los leones les bastó con capear el temporal de patadas y seguir con la presión para mantener al balón y al rival en su propio campo, mucho más cerca de Leo Franco que de Iraizoz.
Qué diferencia con lo que tuvimos que soportar hace apenas cuatro días ante Osasuna, y qué demostración de la igualdad existente en este campeonato. El Athletic, que venía de empatar de mala manera y a duras penas con dos equipos que ocupan puestos de descenso, como Osasuna y Espanyol, bailó, y pudo golear a placer a un rival que está y aspira a volver a la Champions League.
Cuesta refrenar la euforia después de ver un partido como el del Calderón y el mejor antídoto es precisamente el recuerdo del encuentro de Copa. Pero un equipo con la solvencia y la seguridad que tuvo el Athletic ante el Atlético debe empezar a pensar que por ese camino se llega al éxito. Sin rifar el balón, con disciplina táctica, aplicación y confianza en las posibilidades propias. ¿Habrán aprendido la lección?. El jueves tendremos el primer test.

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viernes, 9 de enero de 2009

Llorente salva los muebles a última hora

Un Llorente que apenas dio una a derechas durante todo el partido, acabó salvando los muebles en el último suspiro y poniendo de cara una eliminatoria que se había puesto de cara para Osasuna con el gol de Pandiani. La diferencia entre regresar con un 1-0 o con este empate a uno, es como de la noche al día. La eliminatoria, que estaba congelada para el Athletic, adquirió temperatura caribeña gracias a ese oportuno gol del delantero, que recogió un rechace corto de Ricardo a remate de Toquero. Por segunda vez consecutiva, el recién llegado estuvo en la cocina del gol. No está mal para un delantero que, de momento, parece una segunda versión de Vélez con menos pelo.
El gol de Llorente fue lo mejor de una noche de fútbol que no se pareció ni por asomo a una noche copera. Menos tensión sobre el césped que gente en las gradas, apatía del equipo local y conservadurismo visitante. Nada de nada, por lo tanto. El Athletic, con Javi Martínez y Gurpegui en la sala de máquinas, no tuvo fluidez ni ideas para manejar el balón con un mínimo criterio hasta los dominios de Vélez y Llorente. Este último, anulado por Sergio, un tipo que jugó con camiseta de manga corta, no fue ni la sombra del delantero dominador que necesita su equipo. Los de Caparrós encontraron en Susaeta la única solución para armar su juego de ataque. El de Eibar está con ganas de reivindicarse y al igual que contra el Espanyol, fue de lo poco destacado de su equipo.
Para los que se quejaban de la actuación arbitral del domingo en San Mamés, queda el penalti del que fue objeto precisamente Susaeta en los primeros compases del partido, un penalti de libro, de los que deben poner en vídeo en los cursos para árbitros de infantiles, una zancadilla de esas que se ven venir desde que el delantero amaga por dónde va a tirar el regate, porque el defensa en su torpeza, ya le ha enseñado la patita. Pues nada, Alvarez Izquierdo imperturbable, ordenó seguir el juego. Quizá pensó que con pitar aquel penalti a Llorente en el Bernabéu ya ha cumplido con creces su cupo de favores arbitrales ordenados por Villar para favorecer al Athletic. La verdad es que el colegiado no tendrá otra oportunidad como la de ayer para quedar bien con el presidente.
Si el primer tiempo del Athletic fue malo, el segundo fue peor. Osasuna, que había empezado el partido con la cabeza en otro sitio, se centró y regresó del vestuario dispuesto a aprovechar la abulia del rival. Los rojillos se hicieron con el balón y con el espacio para llevar el partido al área de Iraizoz. Como los de Camacho tampoco están como para tirar cohetes, el partido siguió enfilado al empate a cero, y hasta pudo adelantarse el Athletic en su única llegada si Iraola acierta con un cabezazo franco. Pero ocurrió lo contrario. Pandiani, que había sustituido a Ezquerro, cazó un balón que quedó suelto en el área pequeña tras una disputa por alto un tanto blanda de Etxeita, sustituto de Ocio en el tramo final, y llevó el balón a la red entre Iraizoz y Balenziaga.
No hubiera sido justo que el Athletic perdiera el partido, aunque se lo hubiera merecido como castigo a su falta de personalidad para imponerse a un rival que no tenía ninguna gana de disputar la eliminatoria. Por suerte, en la última jugada llegó Llorente al rescate para dar la vuelta a la historia. De la catástrofe al éxito en un segundo afortunado. Así es la Copa.

A propósito de los árbitros y las camisetas


En dos partidos anteriores los árbitros han obligado a Iraizoz a quitarse una camiseta interior cuyas mangas negras, largas hasta las muñecas, sobresalían bajo las mangas cortas de su jersey azul de juego. Se han puesto los árbitros de un puntilloso con los colores que cualquiera diría que sufren daltonismo. Entre sus problemas para distinguir las camisetas, y el afán de los clubes por mejorar sus datos de merchandising, rara es la temporada en la que los equipos no jueguen casi la mitad de sus partidos con su segundo o tercer uniforme. Sin ir más lejos, el Athletic, que ha jugado toda la vida en el Sadar con su equipaje rojiblanco, vistió ayer camiseta azul y pantalón blanco... el mismo color de camiseta que utilizó Iraizoz sin que el árbitro dijera esta boca es mía.
Caben varias preguntas, con algunas respuestas. ¿A quién se le ha ocurrido una equipación en la que las camisetas de los jugadores y la del portero sean prácticamente del mismo color?. Probablemente a nadie en concreto. Los porteros tienen entre sus prerrogativas la elección de su uniforme, así que Iraizoz elegiría el suyo sin preocuparse de pensar en cómo vestían sus compañeros y sin que nadie, de los muchos que rodean al equipo, le dijera nada al respecto. ¿Qué hubiera pasado si el árbitro le exige que se cambie? Pues otro numerito sobre el césped y la evidencia de que alguien en el Athletic había hecho mal las cosas. ¿Por qué le permitió el árbitro vestir el mismo color cuando en dos ocasiones anteriores le llamaron la atención por las mangas?. Pues por la misma razón por la que no pitó el penalti sobre Susaeta. Son árbitros. Qué le vamos a hacer.

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domingo, 4 de enero de 2009

La calidad nunca está de sobra

Un golazo de Iraola en un gesto de calidad técnica y atrevimiento, le valió al Athletic para rescatar un punto y cerrar su primer partido del año dando la impresión de que pudo ganar el partido, o al menos, eso entendieron buena parte de los aficionados que casi llenaron San Mamés.
La calidad nunca está de sobra y mucho menos en este Athletic condenado por su entrenador a un fútbol tan industrial como previsible. Los únicos momentos de fútbol, entendido como tal el deporte de mover una pelota entre varios compañeros con intención de superar a un rival, los puso la pareja Iraola-Susaeta en la banda derecha. El resto fue un ejercicio más de tozudez que de voluntad, de juego presuntamente directo, y digo presunto porque el fútbol directo es otra cosa bien distinta que meter pelotazos sobre las dos torres más adelantadas, que de juego medianamente coherente.
El Athletic, que tantas esperanzas había despertado sobre todo a raíz de su victoria ante el Betis, volvió a ser el mismo equipo monótono que tan mal se lo hizo pasar a su afición hasta el mes de diciembre. El Espanyol de Mané, que sin Tamudo es un equipo plano como el paisaje del Sahara, pudo llevarse los tres puntos de San Mamés sin hacer otra cosa que explotar la debilidad defensiva del Athletic para resolver un corner cerrado al primer palo, y romper el ritmo del partido a base de parones, faltas y periquitos caídos sobre el césped como fulminados por un rayo. El equipo catalán dejó claras las razones por las que se encuentra donde se encuentra; el Athletic volvió a evidenciar las enormes dificultades que tiene en San Mamés para abrir a un rival medianamente organizado atrás.
Y eso que prácticamente en el primera jugada, Yeste se plantó solo al borde el área para rematar fuera. Luego, la compenetración de Iraola y Susaeta en la banda derecha, pareció que podía bastar para romper la defensa planteada por Mané. Craso error. Sin saber muy bien ni cómo ni porqué, el Espanyol se hizo con el balón y por ende, con el dominio del partido. Con Yeste aislado en la banda izquierda, y con la pareja Llorente-Vélez oscurecida por la falta de suministro y por su propia torpeza, el Athletic acabó maniatado. La labor de Orbaiz no bastaba para mantener un fútbol fluido y Javi Martínez no despertó hasta el segundo tiempo.
Como cuando las cosas van mal siempre pueden empeorar, llegó el gol del Espanyol en un fallo de los centrales y el portero rojiblanco que no supieron atajar un corner sacado al primer palo. La cosa no fue casual. Otras dos veces repitió jugada el Espanyol y otras tantas corrió el Athletic un riesgo cierto de encajar un gol. En pleno desconcierto, Iraizoz evitó en dos ocasiones que el Athletic llegara al descanso con una avería más seria en el marcador.
El segundo tiempo tuvo incluso menos fútbol, que ya es decir. Etxeberria entró por Yeste sin aportar nada nuevo; Toquero, la última esperanza blanca ocupó el puesto de Vélez para que el respetable se vaya haciendo una idea y Del Olmo reflexione sobre su futuro, y finalmente Gurpegi tuvo que sustituir al lesionado Orbaiz, la peor noticia de la tarde.
Afortunadamente para el Athletic, en medio de la oscuridad surgió de pronto el fogonazo de Iraola, que resultó cegador para el Espanyol. Su gol sirvió para salvar un punto, que no es poca cosa empatar cuando vas perdiendo, y para que San Mamés viviera con ilusión renovada los últimos minutos olvidando el pestiño que había soportado durante más de una hora. Mal asunto éste de dejarse obnubilar por las apariencias, pero en esas estamos: hablando de las posibilidades del Athletic en la Copa minutos después de desnudarse ante uno de los equipos en zona de descenso. Está visto que en la casa rojiblanca son muchos los que todavía creen en los Reyes Magos.

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