De fútbol hubo muy poquito, casi nada en una primera parte en la que las asistencias trabajaron más que los propios futbolistas, y algo más tras el descanso, sobre todo a raíz de que el Espanyol marcara su gol, esta vez a los trece minutos de la reanudación, lo que cabe interpretar como una ligera mejora en la empanada postpapilla con la que suelen regresar los rojiblancos desde el vestuario. Y llamar fútbol a lo que se vio tras ese gol, no deja de ser un ejercicio de generosidad.
Caparrós es a los entrenadores de fútbol lo que Ozores a los directores de cine. Siempre hace la misma película. Pase lo que pase, esté quien esté enfrente, Caparrós tiene su guión, y no lo cambia, así se remuevan los cimientos del mundo. Durante dos años, ha venido obsequiando al respetable con un esquema que fracasaba a ojos vista y que, lógicamente, obtuvo una respuesta negativa de crítica y público. Esta temporada ha cambiado un tanto el reparto, pero, la cabra tira al monte tanto como Caparrós a la repetición, el técnico se ha vuelto a obcecar con lo suyo. Ozores se hizo millonario llevando a las pantallas una y otra vez la historia de dos españoles calvos y rijosos que trataban de ligarse a unas suecas. La variante estaba en que unas veces la historia se desarrollaba en Marbella y otras, en Torremolinos. Caparrós, ni eso. Pone más o menos a los mismos al comienzo y después del descanso da entrada a Muniain y a De Marcos. Revulsivo le llaman al asunto. Le salió bien en Zaragoza y ese es motivo suficiente para que la cosa tenga más reposiciones que Verano azul.
Esta vez, el técnico siempre podrá decir que de salida tenía la ausencia de Javi Martínez, y que además perdió a Yeste a las primeras de cambio. Y es verdad, pero tanto como que pese a la ausencia de un par de los primeros actores, él siguió insistiendo con el mismo argumento, tan conocido por el público. Y por los otros directores claro.
Ni un solo remate a puerta en todo el partido, es el balance final de un primer tiempo carente de ritmo, constantemente interrumpido por choques, balonazos y lesiones varias, y una continuación que se resolvió con Iraizoz subiendo a rematar un corner en el último minuto, o sea, a la desesperada, con muchas prisas y pocas ideas, pese a la entrada en escena de los dos actores a quienes Caparrós está encasillando en el papel de revulsivo.
Dijo el técnico allá por Navidad que el mes de enero iba a marcar el futuro del Athletic. Cuatro partidos fuera y la visita del Real Madrid a San Mamés, presentaban ciertamente el mes como un Rubicón. El balance son cuatro puntos sobre los quince posibles,siete goles en contra y tres a favor, una victoria, un empate y tres derrotas. Como para pensar en la Champions League, como se le escapó a alguno tras la victoria ante el Real Madrid. Por cierto, después del partido contra el Espanyol ningún periodista preguntó al presidente sobre sus planes de futuro. Menos mal



4 comentarios:
Aupa JC, me pareció uno de esos varios partidos que hace el Athletic a lo largo de la temporada. Que los juega por imperativo legal. Porque lo dice el calendario. Entonces van, salen al campo, un poquito por aquí y otro por allá y vuelta a Bilbao. Sin tensión y sin convertir en objetivo inmeditato el ganar partidos muy factibles de ganar (con intención claro) para alimentar nuestras ansias de cava para celebrarlo. En fin, como estar en dimensiones interestelares diferentes. La suya, cansina y aburrida y la nuestras, podemos ganar (porque se puede ganar perfectamente, al menos queriendo hacerlo) y cóomo nos podemos. En fin tú lo has dicho, esta película ya la habiamos visto antes.
Siendo ligeramente corrosivo: y encima a valverde le dimisionan! Para que luego digan que los astros no tienen conjunciones
A Valverde y a Mendilibar. ¿Qué lees en los astros, Pintxo?.
Txus, ahora dice algún jugador que el partido contra el Xerez es un partido trampa. ¡Qué miedo!
Yo me quedo con esos homínidos que alojados en uno de los fondos se pasaron el encuentro haciendo el mismo gesto y vociferando la misma monserga. Nunca había visto una relación tan directa entre fealdad y cortedad mental.
Porque fútbol, menos que nunca, y el guión del cineasta Caparrós vale que sea el mismo, pero que condene a alguien como Muniain siempre al papel de secundario que tiene que hacer gracia los últimos minutos no me gusta. Y que se vuelva a dejar como extras a la mitad de la plantilla pareció que era un error del pasado ya enmendado, pero volvemos a lo mismo.
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