Fue contra Croacia cuando los de Del Bosque se encontraron con mayores dificultades. Si alguna característica tiene el deporte balcánico, en cualquier especialidad y en sus versiones tanto individual como colectiva, es la competitividad. El equipo de Bilic planteó un partido extremadamente táctico, más parecido a una partida de ajedrez que a un encuentro de fútbol. Conocedor de su inferioridad explotó todos sus recursos para mantener las tablas en el marcador y forzar un cara o cruz en los últimos minutos. Le salió cruz porque arriesgó al máximo con los cambios en el tramo final, pero muy bien le podía haber salido cara si Rakitic no remata al muñeco la ocasión más clara del partido o si el alemán Stark y sus ayudantes hubieran hecho un arbitraje más neutral. Hubo penalti de Ramos a Mandzukic en el primer tiempo en las mismas narices del quinto o sexto árbitro, que uno ya no sabe cuántos hay ni para qué sirven, pero la jugada se saldó con una tarjeta amarilla a un croata por protestar y Mandzukic en la banda, lesionado. También habría bastante que decir de la posición de Iniesta en la jugada del gol y de su control del balón con el brazo extendido. No quiere esto decir que los españoles no merecieran el triunfo o cuando menos el empate, pero por mucho menos se montan escándalos internacionales si se cuenta con los suficientes medios.
Vicente Del Bosque volvió a apostar por Torres como delantero centro aunque en esta ocasión el jugador no le agradeció la confianza con goles. En ningún momento pudo con la pareja de centrales croata y solo pudo asomar la cabeza cuando cayó a la banda en busca el balón. Su actuación no debió de convencer al seleccionador, quien mediada la segunda parte optó por volver a la versión de equipo sin delantero centro dando entrada a Navas por Torres. El jugador del Sevilla se quedaba pegado a la banda y Silva adelantaba su posición desde el centro del campo para intentar sorprender con llegadas desde la segunda línea. El canario, que había sido el jugador más creativo de su equipo hasta entonces, bajó muchísimo en su aportación al quedarse sin espacios ni recorrido. Del Bosque lo sacó del campo para que Cesc ocupara su sitio. Finalmente, ya con el marcador a favor, puso a Negredo en el lugar de Xavi.
Todas las maniobras del seleccionador se centraron en la posición del 'nueve' y en ninguna se paró a mirar a Llorente, que quizá hubiera podido aportar alguna cosa que le estaba faltando al equipo. Altura, por ejemplo, para disputar balones a una defensa de talla más que importante. El equipo español tuvo que recurrir a las subidas de Ramos en los balones parados para ganar apenas un par de disputas en el juego aéreo. Llorente hubiera podido aportar también posesión del balón en zonas adelantadas en los últimos minutos, pero Del Bosque eligió a Negredo para esa tarea. Da la impresión de que el seleccionador confía más en su equipo cuando juega sin un 'nueve' específico y que solo algunas circunstancias, entre las que la presión externa no es la más descartable, le han hecho transigir con Torres. La rectificación le salió bien ante Irlanda puesto que el favorito de la prensa madrileña respondió con dos goles, pero la cosa no funcionó ante Croacia como todo el mundo, incluso los más incondicionales, pudo comprobar.
Del Bosque prefirió hacer dos maniobras sobre el mismo puesto en lugar optar por un cambio hombre por hombre, manteniendo el dibujo.
Puestas así las cosas, el mensaje no puede ser más claro para Llorente. Salvo accidente, el delantero del Athletic va a tener pocas oportunidades o ninguna, para darse a valer en esta Eurocopa. Del Bosque ve en él más una solución de última hora que una alternativa para introducir alguna variante en el juego. La estrella del Athletic se convierte en un actor secundario cuando viste otros colores y visita vestuarios en los que el entrenador tiene dónde elegir. Haría bien en reflexionar sobre esto antes de reunirse de nuevo con Urrutia cuando acabe la Eurocopa.
El otro león presente en la competición le ha adelantado en minutos. Al contrario de lo que ocurrió en el último Mundial, en el que Llorente jugó un rato más, en esta ocasión Javi Martínez ya acumula los veinticinco minutos que jugó en el tramo final contra Irlanda. La suya fue una actuación intrascendente en una fase del partido en el que el rival ya había bajado los brazos. Jugó en su antiguo puesto del centro del campo, oxigenando con su presencia la línea más atareada del equipo. Es su papel en esta selección, facilitar el descanso de las figuras en los partidos menos comprometidos para garantizar su frescura en los momentos culminantes. Javi Martínez, uno de los líderes del Athletic, se convierte en este caso en un gregario, de lujo como suelen decir los narradores de ciclismo, pero gregario al fin y al cabo, que tampoco está nada mal viendo quiénes son los jefes de fila.



1 comentario:
Y que siga asi JUANCAR, esan nizun.... cada minuto que no juega, y no va a jugar nada, euros que nos ahorramos en la renovación.
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